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miércoles, 27 de noviembre de 2019

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN

Ventajas de viajar en tren es el debut en la dirección de Aritz Moreno donde Javier Gullón acomete el difícil reto de adaptar la novela de Antonio Orejudo Utrilla. Presentada en el pasado Festival de Sitges fue, junto a El hoyo, una de las sensaciones del certamen.
Debo reconocer lo original de su planteamiento. Después de que una mujer deje ingresado a su marido en una clínica psiquiátrica regresa a su casa en tren donde coincide con un médico del centro que le propone contarle la historia de alguno de sus pacientes. De esa manera, la película se estructura a base de relatos aparentemente auto conclusivos que, de una manera u otra, terminarán convergiendo unos en otros, no solo argumentalmente sino incluso reinventando alguna de las propias historias.
Dice el slogan de la película que la verosimilitud está sobrevalorada y no puede ser una definición más cierta para la película. Con un impresionante elenco de actores, grandes secundarios alrededor de Pilar Castro, no hay que tomarse en serio ninguna de las historias, solo disfrutarlas como si de unas muñecas rusas se tratase (metáfora extraída de la propia película), donde cada una encierra el secreto de la siguiente. Por eso, conviene prestar el máximo de atención a las mismas.
No es esta una película para ver en un momento de cansancio o como simple distracción, ya que nos exponemos a perdernos detalles que nos van a terminar desconcertando en el tramo final, haciéndonos pensar que no hemos entendido nada de lo que nos está contando el director, aunque de ser así no sería impedimento para haber disfrutado (nunca mejor dicho) del trayecto del viaje.
Dicho esto, debo confesar que tampoco termino de compartir todas las excelencias que se están diciendo sobre la misma. Quizá porque acudí a verla con las expectativas demasiado altas o porque tiene un humor algo surrealista que no terminó de conectar conmigo, hay algo en el tono de Ventajas de viajar en tren con el que no acabé de comulgar. Es cierto que Moreno sabe jugar en todo momento con los límites y aunque roza el mal gusto en muchos momentos no llega nunca a cruzar ciertas líneas, pero aun así me faltó algo (y no descarto que sea más culpa mía que de la propia película) para terminar de conectar con lo que estaba viendo en pantalla (y perdonad que sea tan inconcreto, pero esta es una de esas películas de las que conviene desvelar lo menos posible).
En cualquier caso, es probable que, guste más o menos, sea necesario un segundo visionado para, una vez advertido de lo que nos vamos a encontrar, poder disfrutarla 8º no) en mayor medida.
Propuesta valiente e interesante, eso sí, que debe aplaudirse, aunque solos sea por ese intento de trastocar las reglas y jugar con el propio espectador.


Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 18 de septiembre de 2019

QUIEN A HIERRO MATA

Paco Plaza y Jaume Balagueró son dos de los principales estandartes del cine de terror patrio, amén de buenos amigos con carreras curiosamente paralelas. Mientras que empezaron juntos con ese producto puramente alimenticio que fue OT: La película, sus primeros trabajos por separado tenían una curiosa coincidencia en su título: Mientras Plaza presentaba El segundo nombre, Balagueró triunfaba con Los sin nombre.
Luego llegaría [REC], cuyas dos primeras películas dirigirían a medias para encargarse cada uno de ellas de la tercera y el final. Y tras algún coqueteo televisivo y un retorno al terror más enfermizo (Verónica uno y Musa otro), sus dos mejores trabajos en los últimos años de nuevo se definen por una curiosa coincidencia, como cerrando el círculo de sus carreras. Esa coincidencia se llama Luis Tosar.
Si Mientras Duermes es posiblemente la obra cumbre de Balaguero, más cercana al terror psicológico que a la sangre y vísceras propias de sus historias de zombies, Quien a hierro mata va a suponer, sin duda, un antes y un después en la filmografía de Plaza. Se podría decir que también aquí se aleja el director valenciano totalmente del terror para componer una historia, con Tosar en el epicentro, que es más un drama humano que ora cosa. Y aún así, con un guion muy bien construido y su maestría para dar forma a unos personajes tan terrenales como fantasmagóricos, el resultado es más aterrador que cualquier película de muertos vivientes, hombres lobos o posesiones demoníacas.
Quien a hierro mata cuenta la historia de un enfermero atento, entregado a sus pacientes, que descubre que el nuevo interno de la residencia en la que trabaja es un famoso señor de la droga, el capo de una mafia gallega que, en cierto sentido, arruinó parte de su pasado y que el destino le ofrece en bandeja la posibilidad de cobrarse una merecida venganza.
Sin embargo, es posible que el tiempo de la venganza ya haya pasado. Mario, el protagonista al que encarna Tosar, está felizmente casado y a la espera de la llegada de su primer hijo, así que podría ser buena idea dejar las cosas como están y no remover la escoria acumulada en su pasado.
Quien a hierro mata es una historia de venganzas, el propio nombre lo indica, pero es también una película sobre elecciones. Elecciones vitales, de esas que, con un simple paso equivocado, puede poner una vida del revés. Por eso, en la película de Plaza no hay realmente buenos y malos (o no hay buenos, mejor dicho), moviéndose casi todos en unos claroscuros inciertos que nunca deja claro quien es el que posee el metafórico hierro con el que poder matar.
Quien a hierro mata se construye poco a poco, dejando que conozcamos bien a los personajes y nos encariñemos o despreciemos según sea el caso, decorando la historia con persecuciones, tiroteos y todo lo que una buena historia sobre mafiosos y drogadictos, para estallar en un giro final aterrador que deja un contundente mensaje: disfruta de tu vida al máximo, nunca sabes lo que te puede durar.
Dicen que la venganza es un plato que se sirve frío. Pero, en ocasiones, la comida fría es mejor tirarla a la basura. Lo que uno decida hacer o no es lo que diferencia esta película de un drama social televisivo de la brillante película de terror psicológico que es.
Un magnífico título que demuestra, de nuevo, todo el talento de Plaza para orquestar una función desasosegante, pero que sin duda sería mucho menos sin la presencia del que, indiscutiblemente, es el mejor actor de panorama español actual. Inmenso Luis Tosar ya sea en comedia o drama, como villano o víctima, como intrépido o acorralado. No hay límites para sus personajes, y aquí lo demuestra una vez más.

Valoración: Nueve sobre diez.

sábado, 20 de octubre de 2018

LA SOMBRA DE LA LEY

Con la estupenda El desconocido, el realizador Dani de la Torre ya demostró pertenecer a ese grupo de cineastas que han mamado toda su vida cine americano y no se sienten obligados a trabajar bajo ese estigma que impone que una película española deba estar condicionada por unas reglas propias de nuestra filmografía, obsesionada con unas diferencias con respecto al Hollywood de toda la vida que, si bien es muy de agradecer en algunos casos (tómese como ejemplo el cine de Almodóvar) es lo que en muchos otros condiciona ese desprecio irracional por la producción patria.

La sombra de la ley es una película española, pero que nace con una ambición desmedida y unas ganas terribles de ser una hermana bastarda de Scorsese y Coppola, directores en cuyos espejos aspira a reflejarse sin rubor alguno. Pocas veces se había hecho en nuestro país una película con semejantes delirios de grandeza, que reflejasen una época bastante poco visitada (el propio director reconoció que desconocía la existencia de gánsters en España) con un diseño de producción muy lujoso, desde la exquisitez de los decorados (qué magnífica es esa Barcelona en pleno desarrollo), el vestuario y hasta el más mínimo detalle de la ambientación, rematada por una banda sonora que llega a la cumbre con la voz de Ainoha Arteta, para que no falte de nada.
Y con semejante propósito, no podía faltar un reparto a la altura, con el inconmensurable Luis Tosar a la cabeza pero bien secundado por Michelle Jenner, Ernesto Alterio, Fernando Cayo, Vicente Romero, Manolo Solo o Paco Tous.
La sombra de la ley es una película de mafiosos ambientada en la Barcelona de 1921, que arranca con el espectacular robo a un tren cargado de armas del ejército y la posterior investigación policial, que sospecha que los anarquistas son quienes están detrás del asunto.
Así pues, La sombra de la ley es un thriller de época en toda regla, pero es mucho más que eso: es un retrato social de una sociedad convulsa, posiblemente la que marcó los cimientos de muchos de los problemas que nos acucian hoy en día (y que pocas veces se han visto reflejados en el cine, aunque me viene a la mente Tierra y Libertad, de Ken Loach), una reflexión sobre el poder y la codicia y, ¿cómo no?, una carta de amor a ese cine marcado por grandes títulos como Los Intocables de Eliot Ness de Brian de Palma o Érase una vez en América, de Sergio Leone.
La película es, por tanto, técnicamente perfecta y argumentalmente muy interesante, con espectaculares planos secuencia y escenas de acción muy impactantes. Es quizá en sus excesos donde se puede encontrar alguna fisura que empañe el resultado final. Es tanto lo que pretende abarcar Dani de la Torre, abordar tantas historias y hacerlas tan corales, que el ritmo termina por verse afectado, siendo en ese sentido algo inferior a El desconocido. La corrupción de las altas esferas, el trafico de influencias, los conflictos sociales de los trabajadores que marcan los primeros sindicatos, los movimientos feministas en manos de las sufragistas, la historia de amor alrededor del music hall... Muchas ramas para un tronco que a lo primero que aspira es a ser un buen policíaco y se empaña ligeramente ante la imposibilidad de conseguir la justa medida a todas ellas.
Con todo, la película raya la excelencia y es una extraordinaria propuesta para universalizar, una vez más, nuestro cine y nuestra historia.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 7 de octubre de 2018

OLA DE CRÍMENES

Viendo las primeras críticas negativas de Venom, y ante lo poco que me apetecía el adulcoramiento que esperaba de Christopher Robin, esta era, a priori, la película que esperaba con más ganas de entre los estrenos del viernes, principalmente por la presencia siempre estimulante de Maribel Verdú, ya que me cuesta recordar una película suya de los últimos años que me haya decepcionado (incluso la flojita Fin tenía elementos de interés). 
Sin embargo, una vez vista, Ola de crímenes ha dejado mucho que desear. No porque sea una mala película, sino porque es demasiado simplona y va siempre a lo fácil. Juan Luis Caviaro lo define perfectamente en su comentario para el portal Espinof: es demasiado negra para considerarla una comedia ligera pero demasiado ligera para ser una comedia negra.
Gracia Querejeta vuelve a dirigir a la Verdú tras la interesante experiencia en Felices 140 en una trama desmadrada llena de crímenes y giros de guion imprevisibles, un poco en la estela de títulos como ¿Quién mató a Bambi?, con un reparto espectacular aunque, en la mayoría de los casos, infrautilizado. En el fondo, Maribel Verdú es duela y señora el cotarro y la cámara sólo se centra en ella (quizá en exceso, hasta el punto de que si la película la hubiese dirigido un hombre habría encontrado en ella un evidente toque machista). 
La historia parte del asesinato del exmarido de la protagonista, Leyre (un ejemplo de lo que comentaba del reparto, la presencia de Luis Tosar aquí es casi anecdótica) en manos de su hijo y la cadena de acontecimientos que ello provoca, con policías corruptos, tramas empresariales oscuras (cualquier comparación con el retrato de realidad social de El reino es pura fantasía) y mafiosos e poca monta. Todo es muy delirante, pero a la vez muy tonto, buscando los trucos de prestidigitación en sus trampas de guion que no se molestan en ningún momento en resulta mínimamente verosímiles.
Con ello, el gran trabajo de casting se ve empañado por unos diálogos simples y un guion que no les permite trabajar demasiado sus personajes, con lo que ni siquiera los esfuerzos de Maribel Verdú logran que la película alce el vuelo en ningún momento.
Con todo, dejando las exigencias de lado (si alguien quiere una buena comedia española todavía puede encontrar Yucatán en los cines), la película resulta entretenida, y al menos la puesta en escena de Querejeta es elegante y funcional.
Poco más se puede rascar en una película que posiblemente se olvide rápido y quede como una simple anécdota dentro de la filmografía de sus protagonistas, una broma simpática en una época en que la comedia española merece, por méritos propios, una mayor exigencia.

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 7 de septiembre de 2018

YUCATÁN

Me pareció sorprendente el giro hacia la comedia del director mallorquín Daniel Monzón después de los buenos frutos que había cosechado con thrillers como Celda 211 o El Niño, aunque saber que seguía contando con el gran Luis Tosar como cabeza de reparto me permitía mantener las expectativas ante este cambio de rumbo.
Y nunca mejo dicho, ya que el rumbo del film lo marca un transatlántico de lujo que hace que, por momentos, uno piense que está ante un publirreportaje de Pullmantur, aunque apenas arranca la acción el ritmo es tan frenético y loco que apenas hay tiempo de reparar en ello.
Yucatán es una película de estafadores muy en la línea de los Ocean de George Clooney aunque con un humor desenfrenado más propio de los Coen que de Soderberg. Por ello, aunque nos encontremos ante una nueva apuesta de comedia española, esta vez la puesta en escena es más propia de un elegante producto hollywoodiense que del estilo autoreferencial de los Apellidos vascos-catalanes, la familia española que se casa en día de partido o ese mejor verano que arranca en un pueblo rural de mala muerte.
La película se centra en el triangulo (amoroso y profesional) que conforman los personajes de Tosar, Rodrigo de la Serna y Stephanie Cayo, todos ellos soberbios, aunque la guinda del pastel se encuentra de la mano del único personaje que huye del divertimento, un magistral Joan Pera que es la verdadera alma de Yucatán al componer un personaje tierno, dolorosamente solitario (pese a ser el único de todos acompañado por su familia) y muy humano.
Como todo buen crucero vacacional, Yucatán cuenta con una serie de compañeros de viaje que entran y salen de escena, transitando por los pasillos y reforzando la trama principal, unos, o ayudando a rellenar el contexto argumental, otros. Y en este caso tampoco hay una mala decisión de casting, con la participación del monologuista Agustín Jiménez, tremendamente divertido, o la omnipresente Toni Acosta.
Con el gran Jorge Guerricaechevarría y el propio Monzón firmando el guion, la película está plagada de giros sorprendentes, sabiendo moverse con ingenio y efectividad entre la comedia romántica, las grandes estafas y la intriga, pero es en su apartado más sensible donde más consigue transmitir, ofreciendo un mensaje sobre la codicia y el amor por el dinero y brillando especialmente en el apartado musical, tanto en la composición de Roque Baños como en la elección de las canciones que decoran el film. También aquí, con las actuaciones musicales que se ofrecen en el escenario del crucero (maravillosa Cayo), Monzón muestra su dominio total.
Es difícil saber conjugar tantos géneros diferentes y no flaquear en el ritmo. Ese es el mérito principal de Monzón y el motivo por el que Yucatán es una película tan meritoria. Todo está calculado milimétricamente y funciona de maravilla, incluso cuando se recurre a momentos de slapstic algo manidos o el guion amenaza con dirigirse hacia aguas demasiado reconocibles.
Se mire por donde se mire, con sus posibles errores o carencias, Yucatán es una gran película, emocionante, divertida y tierna, y el binomio Monzón-Tosar una apuesta segura.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 13 de mayo de 2017

PLAN DE FUGA, otra buena peli de atracos

Plan de fuga es otro thriller de atracos español, y ante su estreno uno no puede evitar preguntarse si no se está empezando a abusar ya un poquito del tema. Después de Al final del túnel, Cien años de perdón o incluso cosas más dispares como El mundo es nuestro, la nueva película de Iñaqui Dorronsolo invitaba a pensar que iba a ser otra más del montón, y si encima tenía entre sus protagonistas a Luis Tosar y Javier Gutiérrez, excelentes siempre pero quizá demasiado omnipresentes últimamente, pues peor todavía.
Sin embargo, una vez vista, se agradece el intento de apostar por algo diferente, en una historia de personajes donde el atraco termina siendo el mcguffin y lo importante es el mensaje de amistad y/o lealtad que deriva de la relación entre el protagonista y el personaje de Gutiérrez. Además, Tosar y Gutiérrez son meros comparsas (junto a la cada vez más destacable Alba Galocha) en una película que parece concebida para mayor lucimiento de Alain Hernández y que el actor catalán sabe recompensar con una magnífica interpretación.
Víctor es un delincuente especializado en atravesar tabiques de acero que es contactado por una banda organizada que pretenden dar un gran golpe sin saber que la policía los tiene vigilados. A partir de ahí, los giros son constantes, con algunas sorpresas más imprevisibles que otras, que funciona con bastante perfección pese a que la subtrama romántica no llegue a fluir con suficiente naturalidad.
Plan de fuga huye del prototipo de peli de atracos convencional, y de su mayor virtud se puede encontrar también su principal defecto. Tan preparados nos tienen con el atraco que se supone mueve la trama que este tarda demasiado en llegar, haciendo que por momentos la película parezca naufragar. Así, cuando al final llega, es demasiado tarde para reconducir la acción, precipitando el film hacia terrenos más tópicos y menos sorprendentes, por más que el desenlace final logre desconcertar y funcione bastante bien.
Aun con sus defectos, Plan de fuga aspira a cambiar un poco las convicciones del género y solo por ello y por el trabajo de Hernández la película, que en ningún momento llega a aburrir, ya merece la pena.
Plan de fuga no es, ni de lejos, la mejor película de atracos de la historia, pero quizá su problema es que, después de tantos años (décadas, más bien) pegando palos al cine español, ahora nos hemos vuelto muy exigentes. Y es que tampoco podemos pedir que todo sean Islas Mínimas, ¿no?

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 5 de diciembre de 2016

1898. LOS ÚLTIMOS DE FILIPINAS. Héroes a su pesar.

No es que quiera hacer leña del árbol caído, pero después de la polémica de la semana pasada alrededor del boicot a La Reina de España (una película que por cierto rezumaba españolismo por todas partes) se estrena ahora un título bélico que esconde en su interior una feroz crítica a la defensa obsesiva e irracional de la bandera y la absurdez de matar (o morir) en nombre de esa cosa llamada Patria.
1898, los últimos de Filipinas recrea, con gran precisión y todo lujo de detalles, el Sitio de Baler, ese asedio que sufrió un pelotón del ejército español durante la insurrección de Filipinas y que los mantuvo acorralados en el interior de una iglesia durante 337 días, durante los cuales el mundo exterior continuó avanzando, la guerra entre España y Filipinas terminó, Estados unidos traicionó su alianza con la colonia asiática y los soldados sitiados ni se enteraron de todo ello. O no se quisieron enterar, más bien.
La película es una ficción que inventa algunos personajes, todos ellos soldados jóvenes, y elimina otros para narrar una historia dramáticamente real, donde los temores y la cabezonería de los militares al mando, el capitán Enrique de las Morenas y el teniente Martín Cerezo, respectivamente (ambos personajes reales, estos sí), provocaron y alargaron hasta la extenuación uno de los episodios más absurdos y crueles de la historia militar en España, al negarse a rendir la plaza pese a las evidencias de que la guerra había terminado. A medio camino entre héroes y locos, estos pobres desgraciados se enfrentaron a los ataques filipinos y a las enfermedades en un cautiverio desolador que no tendría por qué haber tenido lugar y luchando por un país en el que estaban empezando a dejar de creer.
Los últimos de filipinas es una expresión popular muy utilizada, aunque seguro que apenas hace un año muchos jovenzuelos de este país ignoraban el origen de la misma, por más que exista una película anterior (dirigida por Antonio Román en 1945) sobre la misma gesta. Sin embargo, el principal problema al que se debe enfrentar la película de Salvador Calvo (que debuta como director de cine tras una larga carrera televisiva) es la cercanía con dos episodios de la magnífica serie El ministerio del Tiempo que este mismo año reflejaba con brillantez esta misma contienda.
Posibles spoilers televisivos aparte (que por un lado restan emoción a lo que podemos encontrarnos en la pantalla grande pero que también puede servir como divertido complemento), 1898, los últimos de Filipinas es una excelente película, en la que el generoso presupuesto luce en cada segundo de metraje, ya sea en la recreación de esa selva filipina tan impactante (y que se ha rodado entre Gran Canaria y Guinea en lugar de en la isla de Luzón real) como en las violentas y desagradables escenas de guerra.
1898, los últimos de Filipinas recrea una batalla real sí, pero aprovecha también para hacer un discurso en contra del falso patriotismo y de las crueldades de las guerras, invitando a reflexionar sobre quiénes son los buenos y quienes los malos en cada absurdo enfrentamiento entre países por un puñado de tierra con menos valor que la sangre derramada. Filipinas bien podría ser el Vietnam español, y como tal la película me recuerda en su mensaje al Platoon de Oliver Stone o a cualquiera de sus retratos en contra de la política militar americana, aunque es evidente que Calvo ha revisionado también Apocalipsis Now, El Álamo y algún que otro título de Kubrick, cuyo espíritu flota en el ambiente. No sé si Fernando Trueba habrá visto esta película ni qué pensará de ella, pero tras su visionado uno podría plantearse si en caso de guerra uno también debería ir con el enemigo. Es más feroz la crítica al “Imperio español” de esta obra que cualquier discurso en alguna entrega de premios. Quizá por eso no está triunfando en taquilla como se merece, porque al español le gusta mucho insultar a su propio país, pero no permite que sea otro el que lo critica, prefiriendo taparse los ojos y tratar de reírse con patochadas como Villaviciosa de al lado en lugar de saber aceptar la realidad.
Pero Salvador Calvo no está solo en su propósito, y para que la película funcione el dinero y una estética impecable (¡que maravillosos planos cenitales!) no lo es todo, así que nada mejor que aliarse con un casting insuperable que une dos generaciones extraordinarias. Si por un lado Luis Tosar, Javier Gutierrez, Eduard Fernández, Carlos Hipólito y Karra Elejalde están fuera de toda duda y su grandiosidad se da por hecho, no es para nada desmerecedor el papel de los jóvenes, con un magistral Álvaro Cervantes que pisa cada vez con paso más firme y unos Patrick Criado, Miguel Herrán y Alexandra Masangkay que no se quedan atrás.
En definitiva, magnífica película que resulta tan emocionante y emotiva como didáctica, y a la cual el único pero que se le podría poner es su duración, algo excesiva.
Así se hacen las leyendas. Así se forjan los héroes… Así caen los imperios.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 25 de abril de 2016

TORO: El difícil camino de la redención.

Más allá de las comedias más o menos correctas o el costumbrismo que ha caracterizado nuestro cine, desde los lejanos años de Berlanga hasta el Almodóvar actual, el despegue de calidad (o por lo menos de reconocimiento en taquilla, de manera generalizada) ha venido mediante apuestas por un cine de estilo cortado por un patrón específico.
Si hasta hace poco parecía que lo que caracterizaba al cine español moderno eran las películas de género, esa forma tan simplista de englobar al suspense, al fantástico  y al terror, donde proliferaron autores como Alejandro Amenábar, Jaume Balagueró, J.A. Bayona o Paco Plaza, ahora es tiempo para los thrillers de corte policiaco. En los últimos meses se han reivindicado nombres como Alberto Rodríguez (La Isla Mínima), Daniel Monzón (Celda 211, El Niño) o enrique Urbizu (No habrá paz para los malvados), y sólo en lo que llevamos de año se han estrenado con éxito obras como El desconocido (Dani de la Torre) o Cien años de perdón (Daniel Calpalsoro).
Kike Maillo es un director que podría estar en la lista de los primeros merced a su debut en el largometraje con EVA, aquella fábula futurista con robots demasiado humanos, pero salta definitivamente al segundo con su nueva película, protagonizada por los dos actores más taquilleros del panorama nacional: Mario Casas (le pese a quien le pese) y Luis Tosar (que interviene, curiosamente, en la mayoría de las películas antes mencionadas).
Toro cuenta la historia de dos hermanos (Casas y Tosar) fieles retratos del perdedor de bajos fondos, simples delincuentes de poca monta a merced de Romano,  un “padrino” brillantemente interpretado por José Sacristán (actor que vive una segunda juventud gracias a su apuesta por los jóvenes valores, lo que le ha permitido aparecer en títulos como la imprescindible Magical Girl de Carlos Vermut o la más floja Vulcania de José Skaf). 
Cuando uno de ellos, apodado Toro, el preferido de Romano, decide retirarse para vivir una vida de legalidad, un último trapicheo se tuerce, provocando la muerte delm tercero de los hermanos. Toro cumple condena en la cárcel pero cuando logra la condicional, convertido en un hombre nuevo, descubre que no es fácil huir de los fantasmas del pasado.
Ambientada en Torremolinos y sus alrededores, Toro es una intensa historia de redención y segundas oportunidades, muy sórdida en algunos momentos, cuyas evidentes debilidades de un guion algo tramposo y facilón se compensan con los recursos visuales de Maillo, que lejos de limitarse a poner la cámara para plasmar la historian y punto exige un protagonismo para sí mismo en forma de planos líricos y juegos de luz que ayudan, junto a las tres interpretaciones principales, a aumentar el nivel de la película y que se intuye desde los mismos títulos de crédito, en los que se refleja algo del estilo de Fincher.
Apenas acabamos de inaugurar el segundo trimestre del 2016 y ya parece que estamos ante otro año glorioso para nuestro cine, con apuestas descaradamente arriesgadas como esta que, rápidamente, se va a posicionar como uno de los títulos más interesantes de la cartelera actual, junto a la Kiki de Paco León.
Después, claro está, saldrá el espabilado de turno diciendo que el cine español es una mierda y que todas las películas son iguales. Pero allá cada uno con su ceguera…

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 6 de marzo de 2016

CIEN AÑOS DE PERDÓN: Entretenimiento efectivo aunque vacío.

Me encuentro ante una extraña dualidad a la hora de escribir sobre esta película. Siempre he defendido a ultranza las virtudes del cine español. Y me refiero con ello no a poner nuestra producción patria por encima de lo que nos llega del otro lado del charco (no soy tan iluso) sino más bien a pretender ver que aquí se pueden hacer filmes tan virtuosos como los financiados con dinero yanqui.
Cien años de perdón es un claro ejemplo de que aquí se pueden hacer películas americanas de muy buena factura. No importa las nacionalidades ni las fobias que se puedan sentir hacia la cinematografía propia para disfrutar de un entretenimiento de casi dos horas sobre un atraco a un banco que recuerda poderosamente al estilo visual de Sidney Lumet, Michael Mann o incluso la escena inicial de El Caballero oscuro de Nolan. Hay, incluso, un deje argumental del Plan oculto de Spike Lee, siempre sirviéndose de ese invento que Alfred Hitchcock dio a llamar McGuffin. Y todo eso, sin olvidarnos de que estamos ante unos ladrones con un tufillo a héroes que al final deben caernos bien y quedar casi como los buenos de la historia, como si de unos Clooneys, Pitts o Damon del montón fuesen y trabajaran para la banda de un tal Ocean. Todo, como pueden ver, referentes muy americanos.
Mezclando todo ello en una batidora la película de Daniel Calparsoro sobre un atraco con rehenes en una España corrupta y de inestables ideologías políticas funciona bien en cuanto a ritmo y emoción, consagrándose a las virtudes de sus dos protagonistas, unos Luis Tosar y Rodrigo de la Serna que contagian química, y a un cuidado ejercicio de estilismo que permite que la película navegue entre el thriller y la crónica social sin permitir que decaiga en ningún momento el interés.
Pertenece este trabajo a esa colección de títulos más o menos admirables que demuestran que nos tics que tanto han dado al cine de nuestro país (y que tantos odios han engendrado también) son cosa de otros tiempos. Un cine dinámico, ecléctico y, digámoslo claro, muy comercial, como son las obras de Enrique Urbizu,  Daniel Monzón o Alberto Rodríguez. Unas películas que, insisto, no tienen nada que envidiar al cine americano.
Sin embargo, si me niego a situar al cine español por debajo del yanqui tampoco sería justo exigirle menos que a aquel. Si bien es cierto que Cien años de perdón puede resultar tan entretenida como otras películas de ladrones con aires de Robin Hood como la mencionada Ocean’s eleven, Le llaman Bodhi, The Town o Reservoir dogs, también resulta a la postre tan vacía de contenido como algunas de las aquí mencionadas.  Es Cien años de perdón una película que se disfruta mediante su visionado pero que se olvida al término del mismo, culpa en parte de una exceso de personajes apenas elaborados o que, por ahondar en el arquetipo, rezan el ridículo, caso de los interpretados por Raúl Arévalo o Luis Callejo, por poner un par de ejemplos.
Quizá el principal problema de Cien años de perdón, y que impide que llegue a ser una gran película pese a sus evidentes méritos, es la pretensión de su director, Calparsoro, por querer profundizar en una deriva que se le va de las manos. La insistencia de convertir a los villanos en héroes con una subtrama de corrupción política que al final no va a ningún sitio desinfla una historia en la que parece que lo que se pretende es explicar al espectador algo que ya conoce sobradamente: los chanchullos del poder. Y ese ejercicio estéril de pretenciosidad, insistiendo sobre lo evidente, hace que se pierda demasiado tiempo dando vueltas en círculo y se abandone la fuerza de una trama que debiera haber sido más negra y policiaca.
Es cine de entretenimiento comercial, sí, pero no de autor. Aunque se pretende.

Valoración: seis sobre diez.

jueves, 8 de octubre de 2015

EL DESCONOCIDO (8d10)

Dirigida por Dani de la Torre en lo que supone un magistral debut en la dirección cinematográfica de este gallego formado en el mundo de la televisión y escrita por Alberto Marini (guionista de la también inquietante Mientras duermes y a punto de debutar también como director –ver próximamente mis comentarios sobre el festival de Sitges- con Summer Camp) El desconocido podría definirse a groso modo como una mezcla entre la inquietante pero algo falta de ritmo Última llamada (aquella con Colin Farrell pegado todo el metraje a una cabina telefónica) y la adrenalítica Speed (la primera, que la segunda fue un churro), aunque ver a Luis Tosar casi toda la película sentado en el asiento del conductor de su coche puede recordarnos también a la sobrevalorada Locke con Tom Hardy.
Carlos es un directivo de banca que comienza su jornada como un día cualquiera: llevando a los niños al colegio, malas caras con su esposa y llamadas telefónicas que adelantan su horario laboral. Pero todo cambia cuando al subir al coche con sus dos hijos recibe una llamada en un móvil que hay en el interior del vehículo advirtiéndole que están sentados sobre una serie de bombas que detonarán si no accede a traspasar una importante cantidad de dinero a una cuenta del desconocido que da nombre a la película. Un chantaje en toda regla, vamos.
A partir de ahí el personaje al que da vida Luis Tosar deberá lidiar con toda una serie de circunstancias (la necesidad de localizar a su mujer para autorizar el traspaso de dinero, la impaciencia lógica de los niños a la que se suma posteriormente una preocupante herida del chaval, la intervención de la policía…) para lograr satisfacer los deseos de su misterioso interlocutor antes de que decida hacerle volar por los aires.
Sin pretender ser una metáfora política, algo hay en la historia de crítica social, estando el escándalo de las Preferentes y otras artimañas no muy loables por parte de entidades financieras puestas en tela de juicio. Precisamente ese es uno de los grandes aciertos de un guion (sin demasiados alardes en forma de giros argumentales, algo que quizá lastre un poco a la historia) que permite el lucimiento de un colosal Luis Tosar que consigue emocionar con su interpretación pese a la ambigüedad de su personaje, invitando en todo momento al debate: ¿es Carlos al final víctima o villano? No es este un truco de guion, sino una premisa para que cada uno saque sus propias conclusiones.
Pero, insisto, no es de esto de lo que va la película. Es un simple macguffin, una excusa para contextualizar una historia que en realidad es un thriller angustiante y claustrofóbico, un canto de amor al cine de Tony Scott (al que va dedicado el film) o John Frankenheimer. Sacando brillante partido a los cuatro millones de presupuesto y dando vida  a la cidad de A Coruña (innegable protagonista secundaria del film), De la Torre desfruta imitando el cine de acción americano con espectaculares persecuciones, grandes despliegues policiales, helicópteros y explosiones. Casi como Michael Bay, pero en bueno. Bueno, ¿he dicho imitando? Pues casi mejorando. Ya le gustaría a muchas superproducciones de allí tener el ritmo y el virtuosismo con las cámaras aquí demostrados.
El desconocido podría llegar a rozar la perfección sino fuera por una ligera linealidad en cuanto a su argumento. Cierto es que Marini no pretende serpentear mucho con giros que dejen boquiabiertos al espectador centrándose más en la angustia creciente de los protagonistas, pero se le podría haber sacado algo más de chicha al personaje que interpreta Javier Gutierrez (¡cómo ha cambiado la vida de este actor su interpretación en La Isla Mínima!) mientras que hay alguna insinuación respecto a cierto abogado amigo de su mujer que acaba difuminándose. Nimiedades que no llegan a impedir que la película sea tan disfrutable (o habría que decir mejor tan poco disfrutable, pues te mantiene todo el rato con el corazón en un puño) y de la que no puedo criticar ni su espectacular final (lo digo porque he leído por ahí que es lo peor del film, cosa que no comparto).
Tosar es, junto con Javier Cámara y alguno más, uno de los más grandes actores españoles de la actualidad, y lo demuestra acaparando toda la responsabilidad de la película, protagonizando la mayoría de los planos y demostrando una extensa variedad de registros sin apenas poder utilizar el lenguaje corporal por razones obvias. Toda una lección actoral en un papel que era todo un desafío y del que pocos podrían salir airosos.
A su alrededor, la también debutante Paula del Río le sabe dar réplica con una descarada frescura, mientras que Goya Toledo, Elvira Mínguez y Fernando Cayo completan el reparto de una gran película que seguro estará muy presente en las principales categorías de los premios Goya correspondientes a este año.
Un aplauso por el prometedor debut de Dani de la Torre. Habrá que seguirlo muy de cerca.

viernes, 18 de septiembre de 2015

MA MA (8d10)

El esperado regreso de Julio Medem a las pantallas después del tibio recibimiento que tuvo Habitación en Roma se ha saldado ahora con una disparidad crítica tan sólo comparable a los amores y odios que acostumbra a provocar Pedro Almodóvar, pese a que la propuesta de Medem sea a la postre (alucinaciones aparte) mucho más convencional que el cine del manchego.
Producida por Penélope Cruz, dueña y señora del film tanto a un lado como a otro de la pantalla, Ma ma cuenta la historia de Magda, madre recién separada y maestra en paro a la que detectan un cáncer de pecho. Con esta premisa es evidente que no estamos ante una comedia, pero el drama de Magda no está tratado tampoco bajo una tentadora sensiblería propia de un melodrama televisivo.
Quizá sea esta falta de recreo en el drama más descansado lo que ha indignado a sus detractores, pues Medem, tratando de distanciarse de forma consciente de la lágrima fácil dota a Magda de un sentido del humor muy negro que la ayuda tanto a ella como al espectador a superar el dolor.
Fácil de caer en comparaciones con Camino o la magnífica serie de televisión Pulseres Vermelles (Pulseras Rojas), Ma Ma trata sobre el cáncer, sí, pero no es una película sobre la muerte sino que, todo lo contrario, habla sobre el amor por la vida, las segundas oportunidades, la maternidad...
Ma ma es una dura y sobrecogedora historia de superación, pero también es un cuento de hadas, una fantasía bienintencionada y hermosa, un canto a la fe y a la esperanza.
Por motivos que no alcanzo a comprender, Pe puede pasar de ser desconsoladamente idolatra tanto como odiada sin causa aparente, y la aceptación de este film será un buen rasero para ello, pues pese a contar con el siempre perfecto Luis Tosar y la interesante aportación (tanto interpretativa como musical) de Asier Etxeandia (sin olvidarnos del joven Teo Planell, muy correcto también), ya he comentado que Ma Ma es Penélope Cruz, para bien y para mal. Ella es la que lleva la historia y copa casi todos los planos, es la esencia vital para todos los personajes que la rodean y el motor del estado de ánimo del espectador. Si ella funciona, la película funciona. Si no, no. Así de simple. Y a mi entender (que nunca he admirado especialmente a la actriz madrileña) la mujer está sublime.
La nota discordante la encuentro en Julián, ese ginecólogo al que no critico sus excentricidades musicales (yo mismo he conocido a alguno que dedicaba parte de la hora de visita en su consulta a contar chistes o enseñar fotos de sus vacaciones), pero si me rechina esa intromisión en la intimidad de Magda, esa facilidad para atravesar la barrera médico/paciente y convertirse sin saber bien cono en un miembro adoptivo de la familia, sin que se nos explique con claridad sus motivaciones personales (está enamorado, quizá, de Magda? Al menos, lo parece).
Detalles nimios como este aparte, la película consigue emocionar y estremecer, plagada de grandes hallazgos visuales propios de su director y recursos interesantes como el uso metafórico de la nieve o la natación de algunas secuencias desde el punto de vista del corazón de Magda.

jueves, 14 de mayo de 2015

A CAMBIO DE NADA (6d10)

No está nada mal el debut tras las cámaras de Daniel Guzmán, un joven al que muchos identificarán sólo por haber sido el novio de la pija en Aquí no hay quien viva pero que tras su cara de buen chico esconde además de a un estupendo actor a un hábil boxeador, motorista profesional y, tal y como descubrimos ahora, un buen guionista y director.
A cambio de nada narra los problemas de un adolescente atrapado por las secuelas del matrimonio roto de sus padres que se ve abocado a una rutina definida por la delincuencia y la soledad. Con confesos rasgos autobiográficos, la película pretende ser, ante todo, un alegato a la amistad, representada de manera intergeneracional por el amigo de toda la vida del protagonista, un veterano mecánico "de la vieja escuela" tan leal como ilegal, que aporta algo parecido a la figura paterna que el chico necesita, y una anciana tan necesitada de compañía como el propio protagonista.
Con estos datos la película puede recordar levemente a Barrio, de Fernando León de Aranoa, aunque esa fotografía tan poco elegante en busca de un híper realismo así como la autenticidad de sus desconocidos intérpretes (me refiero a los protagonistas, que en el reparto hay grandes nombres como LuisTosar o Miguel Rellán), me remiten personalmente a las Carminas de Paco León, aunque sin llegar a aportar por ese humor tan castizo y descarado.
No estamos ante una película redonda, que carece en su arranque de una correcta empatía con el protagonista, al que el deterioro de la estructura familiar no parece justificación suficiente para su comportamiento, desconcertando por momentos la intemporalidad de la historia, que parece reflejar una fría década de los ochenta pese a poderse ver matrículas actuales y hablar de euros, pero con todo resulta cuanto menos interesante y un prometedor debut para Guzmán que tiene en su acierto para el casting su mejor baza y al que habrá que estar atentos a su futuro más inmediato.

lunes, 29 de diciembre de 2014

MUSARAÑAS (5d10)

Pintaba bien al principio esta película de terror dirigida a cuatro manos por Juanfer Andrés y Esteban Roel al amparo de Álex de la Iglesia como director, pero al igual que en los films más flojos de de la Iglesia, la película arranca muy bien pero se desinfla completamente al llegar a su tercio final.
Ambientada en una España de postguerra (aunque prácticamente apenas se sale del interior de un piso), Musarañas cuanta la historia de dos hermanas, Montse, la mayor (interpretada por una Macarena Gómez definitivamente alejada de los papeles de comedia que la hicieron popular en televisión), atormentada por su pasado y afectada por varias fobias que la impiden salir de su propio domicilio, y su hermana pequeña (Nadia de Santiago), que vive con la culpa de haber causado la muerte de su madre durante el parto.
Los días transcurren lentos y rutinarios en casa de las dos hermanas hasta que Montse, católica hasta rozar el fanatismo y que entabla conversaciones con su padre muerto, se ve en la obligación de socorrer a Carlos, el vecino de arriba, que tiene un accidente en las escaleras y al que acoge secretamente en su casa, confundiéndose a partir de entonces su rol entre el de enfermera y carcelera.
Con claras reminiscencias al Misery de Stephen King, la película arranca con lentitud, construyendo poco a poco los personajes y permitiéndonos conocerlos bien, pudiéndolos amar u odiar con apenas tres pinceladas de su carácter e historia, para dar un giro a los acontecimientos a partir del ecuador de la película (con la entrada en escena de Carolina Bang, también productora) para entrar en una espiral de acción que no se detendrá hasta el final de la película.
Lo malo no es lo irregular del cambio de ritmo, sino la incoherencia de su final con respecto a cómo nos han hecho entender a los personajes hasta ahora. Y no me refiero a los esperados giros de guion y descubrimientos sorpresa que no voy a revelar, sino a la simple reacción de los protagonistas, a la manera en que se aceptan ciertas situaciones aun contradiciendo las personalidades que nos habían dibujado sobre ellos, simplemente porque es necesario para el desarrollo de la historia. Así, el desenlace no parece una consecuencia lógica del avance de los acontecimientos, sino una imposición del guion que no encuentra un camino más coherente para alcanzar un final que, aunque sorprende, no es tan exageradamente impactante como para justificar esto.
Así toda la claustrofobia y la angustia que estábamos sintiendo desde el arranque de la trama (desde mucho antes de la entrada en escena de Carlos), se pierde cuando nos invitan a mirar la pantalla con escepticismo y casi hasta burla.
Una pena, pues hasta el momento estaba resultando una gran película, pero la torpeza de sus creadores la condenan a un simple entretenimiento, por más que las actuaciones femeninas sean extraordinarias y el Carlos de Hugo Silva no moleste.

domingo, 31 de agosto de 2014

EL NIÑO (8d10)

Pocas veces una película española había creado tanta expectación como El niño. Tras un complicado proceso de producción (básicamente para conseguir financiación) de más de cinco años al fin se estrena la nueva película de Daniel Monzón, el nuevo niño mimado del cine patrio tras la exitosa Celda 211.
Pero todo lo bueno que conlleva un gran hype (la película va a ser un éxito de taquilla sin ningún género de dudas) también se convierte en un inconveniente ante lo fácil que le puede resultar decepcionar tanto a los más ansiosos como a los típicos buitres carroñeros (y de esos en nuestro cine hay muchos) que están atentos al menos signo de debilidad para saltar sobre la yugular de Monzón y cebarse con su película (cuanta envidia hay en este país y como se desprecian a los que tienen éxito).
¿Y cuál es la realidad sobre este film policiaco ambientado en Gibraltar y con las redes de tráfico de drogas como telón de fondo? Pues así, a bote pronto, antes de entrar en valoraciones más detalladas, hay que decir que la cinta es excelente. Tras la maestría que Monzón demostró en el rodaje de interiores durante la claustrofóbica Celda 211, ahora sale al aire libre para lucirse con persecuciones, tiroteos y peleas varias donde la cámara se mueve con libertad demostrando que el realizador balear no tiene límites. Su firmeza a la hora de dirigir es indiscutible y los actores cumplen a la perfección (algunos como Tosar con la brillantez que le caracteriza) mientras que el guion es interesante y los diálogos están a la altura.
¿Es, entonces, una película perfecta? Pues lo cierto es que no. He dicho que el guion es interesante, pero no magistral, y ahí está el eslabón más débil de esta cadena de aciertos que es El Niño. Y es que la trama se maneja mediante dos historias paralelas, casi como si des dos películas diferentes se tratase, que terminan por confluir , y mientras una es brillante y mantiene al espectador en constante tensión (la investigación policial, con todos los tópicos del género muy bien aprovechados, como las misiones fallidas, las lealtades más allá de lo profesional y las posibles filtraciones por culpa de algún poli corrupto), la otra, la que pertenece al personaje llamado Niño es más débil y carece de la fuerza de la primera, con unos personajes más flojos y una relación sentimental que quizá distrae en exceso de la historia principal. Y no creo que sea casualidad que las mejores interpretaciones correspondan también a la primera trama.
El Niño y el Compi son dos amigos hijos de su generación, sin trabajo de futuro y con el deseo (y el sueño de lograr mucho dinero por el camino fácil. Por eso no se asustan cuando a través de un tercer chaval, Rachid, entran en el negocio del narcotráfico. Cuando tras una primera misión más exitosa para sus jefes que satisfactoria para ellos deciden montarse el negocio por su cuenta, entrarán en un mundo que les viene grande.
El Niño debe ser interpretada como una película coral, como una colección de personajes muy interesantes, cada uno con su propia historia y problemas, que se entremezclan de manera más o menos casual: agentes encargados de combatir el tráfico de drogas, la policía fronteriza, los traficantes marroquís, un capo mafioso apodado El Inglés, una nueva banda de kosovares y, en medio de todo este fregado, los tres chavales y Amina, la hermana de Rachid, contacto de los chicos en Marruecos y, a la postre, objeto del deseo del Niño. El error de Monzón (y por extensión de la productora y distribuidora –estando Telecinco tras la producción la publicidad televisiva en Mediaset ha sido casi omnipresente este verano) ha sido pretender centrar toda la atención en el Niño y Amina, quizá queriendo ampliar su carrera comercial y convenciendo al público femenino que la historia de amor es tan potente como la historia de cuerpos decapitados colgando del puente o las palizas que los kosovares propinan a sus enemigos. Monzón parece ser un maestro no ya en descubrir talentos (como nos lo quieren vender) sino en sacar el máximo partido de sus actores. Lo hizo con Alberto Ammann, que brillaba en Celda 211 pero prácticamente no ha vuelto a destacar, y lo ha repetido ahora con Jesús Castro, un debutante en esto del cine con una profunda mirada que brilla como Niño pero al que no le auguro mucho futuro comercial en un futuro cercano, más allá de la popularidad que este papel le pueda otorgar. La suya es una interpretación de carácter, por lo que funciona mucho mejor cuando trata de desafiar a la policía o intimidar a los marroquíes mejor que en las escenas románticas, las cuales las comparte con una Mariam Bachir cumplidora pero que tampoco aporta un carisma espectacular.
Por eso, pese a que el foco mediático esté sobre Jesús Castro, donde Monzón pone toda la carne en el asador es en la otra película, la policiaca, donde Luis Tosar está tan magistral como siempre (en un papel, por cierto, totalmente antagónico al de Malamadre) y magníficamente secundado por talentos como Sergi Lopez, Eduard Fernández y la habitualmente desaprovechada Bárbara Lennie, consiguiendo que, tras 130 minutos de película que en ningún momento aburren, uno desee incluso más minutos para saber algo más de ellos, conocer sus conclusiones, adivinar si alguna vez hubo algo más que amistad entre los personajes de Tosar y Lennie… Y para redondear el tema, el gran Ian McShane como el terrible villano, el Inglés, en un personaje que también sabe a poco y que se podría imaginar que sus pocas escenas se deben más al temor de alargar en exceso el metraje de film que a otra cosa.
Como sea, no tengo nada que reprochar a la película (quizá me habría agradado más un final menos dulce, pero eso es ya una cuestión personal), que con sus carencias y defectos me ha entusiasmado (muchos directores americanos deberían aprender de Monzón a filmar persecuciones en coche, lancha o helicóptero…) y ni siquiera las desviaciones argumentales con trasfondo comercial me han molestado. Para que me entendáis es como querer imaginar Titanic sin la trama amorosa.
Yo aplaudo a Monzón y recomiendo su película con los ojos cerrados. Es cine del bueno y una de las mejores películas españolas de los últimos tiempos. Y quien no lo quiera ver… Bueno, el que tiene un problema es él, no Monzón.

viernes, 4 de julio de 2014

UNA NOCHE EN EL NUEVO MÉXICO * (6d10)

Habría resultado difícil adivinar que cuando Robert Duvall se entusiasmó con el guion de Bill Wittliff y se empeñó en protagonizar la película iba a ser el polifacético Emilio Aragón el encargado de dirigirla. Así, el salto a Hollywood del antiguo "payaso de la tele" tras el buen sabor de boca que dejó su debut con Pájaros de papel le supone todo un desafío, para el que decide rodearse de amigos de confianza como Luis Tosar y Javier Gutiérrez en un breve cameo, aunque todo el peso de la acción recae en el triángulo formado por Angie Cepeda, Jeremy Irvine y, por supuesto, Duvall.
Una noche en el viejo México arranca con dos historias condenadas a entremezclarse, la reunión de un anciano vaquero con un nieto al que no conocía (una historia que recuerda ligeramente en las formas a El secreto de los McCann, con el propio Duvall como cabeza de cartel) y el destino de una importante cantidad de dinero proveniente del narcotráfico que va cambiando continuamente de manos.
Con una clara inspiración en la América de Cormac McCarthy, Aragón acierta en el retrato del viejo y cabezota vaquero que se niega a aceptar que se encuentra en el ocaso de su vida y que ve en su nieto una oportunidad de redención a la vez que la adhesión al grupo de la cantante Patty Wafers le da un soplo de vitalidad,  pero pierde fuelle con la parte más negra de la historia, con una dirección efectiva pero plana y un ritmo narrativo que quiere parecerse a los hermanos Coen pero no lo consigue.
Cargada de arquetipos, la película funciona si no se le exige demasiado, si se acepta como una melancólica mirada a una América crepuscular, tierna a la vez que desangelada.
Emilio Aragón sale airoso de su aventura, pero carece aún de la fuerza y la confianza que solo la experiencia puede aportar. Con todo, su apuesta, a la que se le agradecería algo de riesgo visual, es interesante y atractiva. Solo el joven Irvine desentona en su justita interpretación.

Y si con ello no nos basta. Valga con recordar al gran, magnífico e inconmensurable Robert Duvall, cuya simple presencia ya justifica el visionado de cualquier película.