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viernes, 31 de enero de 2020

TE QUIERO, IMBÉCIL

Dirigida por la barcelonesa Laura Mañá, la película Te quiero, imbécil no aspira a inventar nada. 
Anclada en el género de la comedia romántica más convencional, se ajusta perfectamente a un esquema invariable, más cuando quien lleva el peso de la película es el protagonista femenino, donde entra en acción la indispensable participación del amigo de turno.
De hecho, el film es tan previsible que incluso el propio título es un spoiler que delata lo que inevitablemente va a suceder al final. No importa. Mañá prefiere apostar a las cartas de la sencillez y la simpatía dejando que sean las situaciones cómicas y el carisma de sus protagonistas los que lleven a buen puerto a la película.
Efectivamente, Quim Gutiérrez cumple con su papel a la perfección (quizá podríamos decir que corre el peligro de encasillarse un poco), mientras que Natalia Tena está brillante en una composición divertidísima muy alejada de sus papeles más serios (Amar10.000 kilómetros), salvajes (Juego de Tronos) o estrafalarios (saga de Harry Potter).
Solo con la química entre ellos dos se puede justificar la película, que apuesta también por un amor gamberro, algo tópico en ocasiones, pero bastante efectivo, que consiguen que la película funcione a todos los niveles y se pueda ver con agrado.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 27 de noviembre de 2019

VENTAJAS DE VIAJAR EN TREN

Ventajas de viajar en tren es el debut en la dirección de Aritz Moreno donde Javier Gullón acomete el difícil reto de adaptar la novela de Antonio Orejudo Utrilla. Presentada en el pasado Festival de Sitges fue, junto a El hoyo, una de las sensaciones del certamen.
Debo reconocer lo original de su planteamiento. Después de que una mujer deje ingresado a su marido en una clínica psiquiátrica regresa a su casa en tren donde coincide con un médico del centro que le propone contarle la historia de alguno de sus pacientes. De esa manera, la película se estructura a base de relatos aparentemente auto conclusivos que, de una manera u otra, terminarán convergiendo unos en otros, no solo argumentalmente sino incluso reinventando alguna de las propias historias.
Dice el slogan de la película que la verosimilitud está sobrevalorada y no puede ser una definición más cierta para la película. Con un impresionante elenco de actores, grandes secundarios alrededor de Pilar Castro, no hay que tomarse en serio ninguna de las historias, solo disfrutarlas como si de unas muñecas rusas se tratase (metáfora extraída de la propia película), donde cada una encierra el secreto de la siguiente. Por eso, conviene prestar el máximo de atención a las mismas.
No es esta una película para ver en un momento de cansancio o como simple distracción, ya que nos exponemos a perdernos detalles que nos van a terminar desconcertando en el tramo final, haciéndonos pensar que no hemos entendido nada de lo que nos está contando el director, aunque de ser así no sería impedimento para haber disfrutado (nunca mejor dicho) del trayecto del viaje.
Dicho esto, debo confesar que tampoco termino de compartir todas las excelencias que se están diciendo sobre la misma. Quizá porque acudí a verla con las expectativas demasiado altas o porque tiene un humor algo surrealista que no terminó de conectar conmigo, hay algo en el tono de Ventajas de viajar en tren con el que no acabé de comulgar. Es cierto que Moreno sabe jugar en todo momento con los límites y aunque roza el mal gusto en muchos momentos no llega nunca a cruzar ciertas líneas, pero aun así me faltó algo (y no descarto que sea más culpa mía que de la propia película) para terminar de conectar con lo que estaba viendo en pantalla (y perdonad que sea tan inconcreto, pero esta es una de esas películas de las que conviene desvelar lo menos posible).
En cualquier caso, es probable que, guste más o menos, sea necesario un segundo visionado para, una vez advertido de lo que nos vamos a encontrar, poder disfrutarla 8º no) en mayor medida.
Propuesta valiente e interesante, eso sí, que debe aplaudirse, aunque solos sea por ese intento de trastocar las reglas y jugar con el propio espectador.


Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 14 de abril de 2019

LO DEJO CUANDO QUIERA

Ya he comentado en alguna ocasión la facilidad del cine español actual de producir comedias casi en serie, y en ello los de Mediaset son casi unos especialistas, acostumbrados a convertir en oro todo lo que tocan. Con Lo dejo cuando quiera repiten, además, una exitosa fórmula que ya les dio buenos frutos en las destacables Perfectos desconocidos y Sin rodeos, es decir, adaptar una película de éxito de otra filmografía vecina. En este caso, el director Carlos Therón, acostumbrado a lidiar con éxitos como Es por tu bien o Fuga de cerebros 2, ha variado un poco la fórmula, ya que en lugar de limitarse a fotocopiar la película italiana original se ha limitado a inspirarse en el punto de partida para crear su propia historia.
Además, Therón, también guionista, se sale de los estándares habituales de la comedia española representada en la imagen de Dani Rovira y compañía para componer una comedia más gamberra de lo habitual, muy heredera del cine de Jud Apalow pero también de aquellas comedias zafias de los ochenta, tipo Los albóndigas en remojo o Porkis, a la par que está ahí la innegable sombra de la serie Breaking Bad.
Lo hace, además, sin dejar de lado la sociedad actual, ya que aprovecha para reflejar la realidad de una generación, la que ronda la cuarentena, nacida para comerse el mundo y a la que la crisis y las malas decisiones gubernamentales condenó a la mediocridad. Esto se contrapone, además, con el desencanto de la llamada generación del futuro, comparando ambas y sabiéndolas distanciar y a la vez acercar con una pericia que (sin perder de vista que esto, en el fondo, no aspira más que a ser un gran chiste) ya quisiera para sí la insoportable After.
Pero dejémonos de reflexiones profundas y analíticas. Como ya he dicho, Lo dejo cuando quiera, la historia de unos profesores universitarios maltratados por la vida (y por su propia mediocridad) cuyo destino cambia cuando se lanzan a comercializar las pastillas que ellos mismos han creado, es muy gamberra y macarra, y eso es lo que mejor la diferencia de la mediocridad en la que amenazaba caer la comedia española en los últimos tiempos.
No es una obra maestra, ni lo pretende. Es, simplemente, una propuesta muy divertida en la que sus actores (casi todos de origen televisivo) se entregan a fondo y en el que el elenco femenino, aunque en un rol secundario, sobresale con eficacia, enriqueciendo la trama principal. Y mucha atención al brillante trabajo de un Ernesto Alterio desatado.
Ridículamente tonta, pero tronchante y eficaz a la vez. No se le puede (ni debe) pedir más.


Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 20 de octubre de 2018

LA SOMBRA DE LA LEY

Con la estupenda El desconocido, el realizador Dani de la Torre ya demostró pertenecer a ese grupo de cineastas que han mamado toda su vida cine americano y no se sienten obligados a trabajar bajo ese estigma que impone que una película española deba estar condicionada por unas reglas propias de nuestra filmografía, obsesionada con unas diferencias con respecto al Hollywood de toda la vida que, si bien es muy de agradecer en algunos casos (tómese como ejemplo el cine de Almodóvar) es lo que en muchos otros condiciona ese desprecio irracional por la producción patria.

La sombra de la ley es una película española, pero que nace con una ambición desmedida y unas ganas terribles de ser una hermana bastarda de Scorsese y Coppola, directores en cuyos espejos aspira a reflejarse sin rubor alguno. Pocas veces se había hecho en nuestro país una película con semejantes delirios de grandeza, que reflejasen una época bastante poco visitada (el propio director reconoció que desconocía la existencia de gánsters en España) con un diseño de producción muy lujoso, desde la exquisitez de los decorados (qué magnífica es esa Barcelona en pleno desarrollo), el vestuario y hasta el más mínimo detalle de la ambientación, rematada por una banda sonora que llega a la cumbre con la voz de Ainoha Arteta, para que no falte de nada.
Y con semejante propósito, no podía faltar un reparto a la altura, con el inconmensurable Luis Tosar a la cabeza pero bien secundado por Michelle Jenner, Ernesto Alterio, Fernando Cayo, Vicente Romero, Manolo Solo o Paco Tous.
La sombra de la ley es una película de mafiosos ambientada en la Barcelona de 1921, que arranca con el espectacular robo a un tren cargado de armas del ejército y la posterior investigación policial, que sospecha que los anarquistas son quienes están detrás del asunto.
Así pues, La sombra de la ley es un thriller de época en toda regla, pero es mucho más que eso: es un retrato social de una sociedad convulsa, posiblemente la que marcó los cimientos de muchos de los problemas que nos acucian hoy en día (y que pocas veces se han visto reflejados en el cine, aunque me viene a la mente Tierra y Libertad, de Ken Loach), una reflexión sobre el poder y la codicia y, ¿cómo no?, una carta de amor a ese cine marcado por grandes títulos como Los Intocables de Eliot Ness de Brian de Palma o Érase una vez en América, de Sergio Leone.
La película es, por tanto, técnicamente perfecta y argumentalmente muy interesante, con espectaculares planos secuencia y escenas de acción muy impactantes. Es quizá en sus excesos donde se puede encontrar alguna fisura que empañe el resultado final. Es tanto lo que pretende abarcar Dani de la Torre, abordar tantas historias y hacerlas tan corales, que el ritmo termina por verse afectado, siendo en ese sentido algo inferior a El desconocido. La corrupción de las altas esferas, el trafico de influencias, los conflictos sociales de los trabajadores que marcan los primeros sindicatos, los movimientos feministas en manos de las sufragistas, la historia de amor alrededor del music hall... Muchas ramas para un tronco que a lo primero que aspira es a ser un buen policíaco y se empaña ligeramente ante la imposibilidad de conseguir la justa medida a todas ellas.
Con todo, la película raya la excelencia y es una extraordinaria propuesta para universalizar, una vez más, nuestro cine y nuestra historia.

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

PERFECTOS DESCONOCIDOS: genialmente divertida, aterradoramente real.

Me cuentan que Perfectos desconocidos no es un proyecto personal de Álex de la Iglesia, sino una película de encargo. La película inédita en España Perfetti sconosciuti fue un éxito el año pasado en Italia, y a alguien se le ocurrió que sería buena idea hacer un remake a la española.
Desde luego, la base de la misma es sumamente interesante. Por un lado, estamos ante la típica historia del grupo de amigos que se reúnen para una cena rutinaria en la que comienzan a salir los trapos sucios de cada uno, algo que ya hiciera con brillantez Kenneth Brannagh en la magnífica Los amigos de Peter y que se ha utilizado como excusa argumental en innombrables ocasiones, siendo Pequeñas mentiras sin importancia o La invitación dos ejemplos recientes y muy diferentes a la vez. Por otro lado estamos ante una película de corte fantástico que tiene como macguffin un fenómeno astral inusual (los meteoritos o los eclipses son los ejemplos más clásicos, y en este sentido me viene a la mente la interesante Coherence). Y, por último, nos encontramos ante una sátira sobre el dominio que la tecnología e Internet ejercen sobre las redes sociales. En el primer gran éxito del director, El día de la Bestia, el diablo era el villano de la función. En este caso, el demonio se oculta tras las redes sociales y, sobretodo, la adicción a ellas, cual tentación en el desierto, que nos impide prescindir del teléfono móvil ni aunque sea por unas horas.
Siete amigos, tres parejas y el solterón del grupo, se reúnen para una velada amenazantemente aburrida con la excusa de presenciar juntos un espectacular eclipse de luna hasta que a uno de ellos se le ocurre un inocente juego: dejar todos los móviles en el centro de la mesa y, cada vez que haya una llamada o llegue un mensaje, escucharla/leerlo todos en voz alta. Al fin al cabo, entre ellos no hay secretos. O eso creen...
A partir de esta propuesta, De la Iglesia y Guerricaechevarría, su guionista de cabecera, componen una magistral mezcla de intriga y humor, una descarnada sucesión de engaños y mentiras (con importancia en este caso) que van a poner a prueba la resistencia del grupo de amigos.
Siendo inédita la película original, no me es posible valorar la parte de mérito que corresponde a la dupla De la Iglesia-Guerricaechevarría a la hora de confeccionar el guion, pero lo que resulta innegable es que, por más que se trate todo de un trabajo de encargo, el realizador de El bar o Mi gran noche consigue hacer suya la historia, consiguiendo plasmar en la película todas sus señas de identidad y logrando que una película que transcurre en su práctica totalidad en el interior de una casa no tenga para anda un aspecto teatral (algo que no terminó de conseguir Vicente Villanueva en Toc toc).
Pese a las situaciones tan dramáticas e incómodas en las que cualquier espectador puede verse, en un momento u otro, reflejado, De la Iglesia tiene la pericia de abordarlo todo con un humor (negro) muy efectivo, sin que por ello se abandone nunca la intriga ante las situaciones que, pese a no ser excesivamente originales, logran mantener expectante al respetable.
Siendo esta una de las mejores películas de Álex de la Iglesia, no sería justo quitar al elenco de intérpretes su parte de mérito. Todos ellos están excepcionales y ayudan a que la película funcione a tan alto nivel. 
Las parejas formadas por Belén Rueda y Eduard Fernández (que repiten rol tras La noche que mi madre mató a mi padre), Ernesto Alterio y Juana Acosta (pareja en la vida real), Eduardo Noriega y Dafne Fernández y el solitario Pepón Nieto funcionan compactados como engranajes de un reloj y logran resultar creíbles al saber mantenerse histriónicos sin ser por ello histéricos. Al fin y al cabo, cualquiera de las situaciones a las que se ven sometidos invitan a la exageración, pero todos logran medir sus interpretaciones sin llegar a cruzar nunca esa peligrosa linea.
Por todo ello, estamos posiblemente ante una de las películas más redondas de su director, y una de las mejores comedias españolas de este año, aunque las situaciones reflejadas (y los brillantes diálogos) no son, en ocasiones, cosa de risa. Por menos se han roto muchas parejas en la vida real.
Y es que, como ya he dicho, esto de los móviles han de ser un invento del Diablo. Y si no, a ver cuantas familias, en las reuniones navideñas, se atreven a aventurarse con este juego.

Valoración: Ocho sobre diez.

jueves, 14 de mayo de 2015

SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES (7d10)

Sexo fácil, películas tristes narra la historia de Pablo Diuk (Ernesto Alterio), antaño escritor de éxito y en la actualidad en horas bajas debido al temido bloqueo del artista, que encuentra una salida en la oportunidad que le brinda un amigo productor de escribir el guion de una comedia romántica. El problema estriba en cómo lograr la inspiración necesaria para una historia de amor cuando su propio matrimonio hace aguas.
Esta es la premisa de la que parte el director Alejo Flah, que con este título debuta como realizador de largometrajes, para narrar dos historias en paralelo, la real y la imaginaria, cada una de ellas fiel reflejo de lo que en la otra sucede. No es excesivamente original la idea de contarnos en cine dos historias en paralelo, aunque quizá el referente más cercano se encuentre en la fallida En tercera persona, donde Paul Haggis nos propiciaba un juego algo más rocambolesco y engañoso sobre la imaginación de un autor y sus propias miserias. No obstante, mientras en aquella se buscaba sorprender al espectador con la por otro lado previsible sorpresa final, en Sexo fácil, historias tristes las cartas se ponen sobre la mesa desde el primer momento, no permitiendo que confundamos en ningún momento realidad con ficción, y centrando el punto de mira den la intimidad de los sentimientos de los protagonistas (una mirada claramente masculina, eso hay que reconocerlo) más que en la propia acción.
Buena heredera de los signos de identidad del cine argentino la película suma con acierto el humor con la tristeza, dando forma a un análisis sobre el desamor y la soledad, penetrando en los medios y fobias del creador y aprovechando de piso para desgranar los arquetipos de un género cinematográfico tan estereotipado como efectivo.
Alterio y Julieta Cardinali funcionan como muestra real de la destrucción de un matrimonio, mientras que Quim Gutiérrez y Marta Etura hacen gala de una química convincente y atractiva que ayuda al espectador a permanecer cómplice de una historia tan previsible como exige la situación (en este punto resulta especialmente gracioso ver como el desarrollo de la historia va cambiando a merced de los caprichos de la productora como la incursión, por ejemplo, de cierto viaje a París), teniendo el personaje de Camila como nexo común entre ambas historias en una metáfora perfecta de cómo funciona la inspiración de un escritor.
Con buenas interpretaciones e ingeniosos diálogos (y Carlos Areces, como siempre, en plan roba escenas) la trama avanza sin complicaciones hacía un desenlace que puede no ser del gusto de muchos pero al que no se le puede acusar de tramposo.
Al fin y al cabo, el propio protagonista, mediante su voz en off, lo viene anunciando desde la primera frase de la película.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUIÉN MATÓ A BAMBI? (7d10)

Hace poco escuché un debate en un programa de radio sobre la mala pinta que tenía la película española Espérame en el infierno a juzgar por su trailer, afirmando que eso de los avances era un punto a mejorar de nuestro cine.
Algo así se podría decir de ¿Quién mató a Bambi?, film de Santi Amodeo, que al ver el trailer se puede intuir cierta gracia en su argumento pero que parece plagado de estrellas desganadas que recitan sus diálogos sin convencimiento alguno. Y, efectivamente, debo estar de acuerdo con los contertulios de la emisora: ¡qué mal se hacen los trailers en España!
Y es que pese al avance de situaciones sin sentido, diálogos mutilados y conversaciones sin gracia, lo cierto es que ¿Quién mató a Bambi? ha resultado ser una comedia tan absurda, desmedida y loca como divertida.
Partiendo de dos argumentos aparentemente separados vamos a conocer como Edu (Ernesto Alterio) y Gigi (Enrico Vecchi), compinchados con Mati (Clara Lago) planifican el secuestro del déspota jefe del padre de Edu (José Ángel Egido), interpretado por Pedro Mari Sánchez, para pedir un buen rescate por él. Por otro lado, David (Quim Gutiérrez) es novio de Paula (Úrsula Corberó), hija de la presunta víctima de los secuestradores, quien a su vez es el jefe de su futuro yerno. Durante una entrevista entre ambos el padre de Paula tiene un ataque y David busca la ayuda de su amigo Mudo (Julián Villagrán), pero cuando regresan al despacho de su jefe lo encuentran herido y en ropa interior. Asustados, deciden ocultar el cuerpo del hombre en el maletero del coche mientras deciden la mejor manera de llevarlo a un hospital sin ser acusados de nada. Mientras, el padre de Edu -que es quien ha robado el traje de su jefe, junto con otros objetos personales- se dispone a llevarse también su coche cuando, por error, es encapuchado y secuestrado por Edu y Gigi.
El lío está servido. Estos son solo los diez primeros minutos de esta comedia de enredo inspirada ligeramente en un film mexicano donde todo puede suceder y en la que las confusiones y equívocos irán en aumento hasta llegar a un hilarante final.
Nada tiene sentido en un guion pleno de ridiculeces e incoherencias donde cabe de todo, desde un abogado pastillero, un taxista bizco psicópata, un homenaje final a Resacón en Las Vegas y hasta la aparición especial de Andrés Iniesta. Pero da igual. Si aceptamos el dicho de que el fin justifica los medios,  el fin aquí es la sonrisa constante y la carcajada esporádica. Y eso lo consigue.
Sin más pretensiones que la de hacer pasar un buen rato, ¿Quién mató a Bambi? es por momentos tronchante, con un ritmo bien medido y un desarrollo paralelo de las dos historias bien configurado, con el único pero del montaje atropellado y con saltos en el tiempo de los primeros cinco minutos.
A partir de ahí, Santi Amodeo se luce pintándonos una sonrisa en el rostro.

Y eso siempre es de agradecer.