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miércoles, 6 de diciembre de 2017

PERFECTOS DESCONOCIDOS: genialmente divertida, aterradoramente real.

Me cuentan que Perfectos desconocidos no es un proyecto personal de Álex de la Iglesia, sino una película de encargo. La película inédita en España Perfetti sconosciuti fue un éxito el año pasado en Italia, y a alguien se le ocurrió que sería buena idea hacer un remake a la española.
Desde luego, la base de la misma es sumamente interesante. Por un lado, estamos ante la típica historia del grupo de amigos que se reúnen para una cena rutinaria en la que comienzan a salir los trapos sucios de cada uno, algo que ya hiciera con brillantez Kenneth Brannagh en la magnífica Los amigos de Peter y que se ha utilizado como excusa argumental en innombrables ocasiones, siendo Pequeñas mentiras sin importancia o La invitación dos ejemplos recientes y muy diferentes a la vez. Por otro lado estamos ante una película de corte fantástico que tiene como macguffin un fenómeno astral inusual (los meteoritos o los eclipses son los ejemplos más clásicos, y en este sentido me viene a la mente la interesante Coherence). Y, por último, nos encontramos ante una sátira sobre el dominio que la tecnología e Internet ejercen sobre las redes sociales. En el primer gran éxito del director, El día de la Bestia, el diablo era el villano de la función. En este caso, el demonio se oculta tras las redes sociales y, sobretodo, la adicción a ellas, cual tentación en el desierto, que nos impide prescindir del teléfono móvil ni aunque sea por unas horas.
Siete amigos, tres parejas y el solterón del grupo, se reúnen para una velada amenazantemente aburrida con la excusa de presenciar juntos un espectacular eclipse de luna hasta que a uno de ellos se le ocurre un inocente juego: dejar todos los móviles en el centro de la mesa y, cada vez que haya una llamada o llegue un mensaje, escucharla/leerlo todos en voz alta. Al fin al cabo, entre ellos no hay secretos. O eso creen...
A partir de esta propuesta, De la Iglesia y Guerricaechevarría, su guionista de cabecera, componen una magistral mezcla de intriga y humor, una descarnada sucesión de engaños y mentiras (con importancia en este caso) que van a poner a prueba la resistencia del grupo de amigos.
Siendo inédita la película original, no me es posible valorar la parte de mérito que corresponde a la dupla De la Iglesia-Guerricaechevarría a la hora de confeccionar el guion, pero lo que resulta innegable es que, por más que se trate todo de un trabajo de encargo, el realizador de El bar o Mi gran noche consigue hacer suya la historia, consiguiendo plasmar en la película todas sus señas de identidad y logrando que una película que transcurre en su práctica totalidad en el interior de una casa no tenga para anda un aspecto teatral (algo que no terminó de conseguir Vicente Villanueva en Toc toc).
Pese a las situaciones tan dramáticas e incómodas en las que cualquier espectador puede verse, en un momento u otro, reflejado, De la Iglesia tiene la pericia de abordarlo todo con un humor (negro) muy efectivo, sin que por ello se abandone nunca la intriga ante las situaciones que, pese a no ser excesivamente originales, logran mantener expectante al respetable.
Siendo esta una de las mejores películas de Álex de la Iglesia, no sería justo quitar al elenco de intérpretes su parte de mérito. Todos ellos están excepcionales y ayudan a que la película funcione a tan alto nivel. 
Las parejas formadas por Belén Rueda y Eduard Fernández (que repiten rol tras La noche que mi madre mató a mi padre), Ernesto Alterio y Juana Acosta (pareja en la vida real), Eduardo Noriega y Dafne Fernández y el solitario Pepón Nieto funcionan compactados como engranajes de un reloj y logran resultar creíbles al saber mantenerse histriónicos sin ser por ello histéricos. Al fin y al cabo, cualquiera de las situaciones a las que se ven sometidos invitan a la exageración, pero todos logran medir sus interpretaciones sin llegar a cruzar nunca esa peligrosa linea.
Por todo ello, estamos posiblemente ante una de las películas más redondas de su director, y una de las mejores comedias españolas de este año, aunque las situaciones reflejadas (y los brillantes diálogos) no son, en ocasiones, cosa de risa. Por menos se han roto muchas parejas en la vida real.
Y es que, como ya he dicho, esto de los móviles han de ser un invento del Diablo. Y si no, a ver cuantas familias, en las reuniones navideñas, se atreven a aventurarse con este juego.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 10 de junio de 2016

NUESTROS AMANTES: el amor puede estar a la vuelta de la esquina.

Escrita y dirigida por Miguel Ángel Lamata, Nuestrosamantes es una pequeña joyita de nuestro cine, una de esas películas que se digieren poco a poco y que, más allá de su visionado inicial, dejan un agradable poso en el espectador.
Definida como una comedia romántica al uso, la película es mucho más, no siendo tan divertida en líneas generales de lo que cabría esperar pero evitando en todo momento la estupidez y la sal gruesa que suelen poblar muchas producciones similares. Al contrario, Nuestros amantes se caracteriza por unas líneas de diálogo magníficas y un juego de ajedrez dialéctico entre unos Eduardo Noriega y Michelle Jenner que están sensacionales.
La premisa es muy sencilla: dos desconocidos se encuentran casualmente y se proponen jugar mutuamente a iniciar una relación de amistad sin saber (ni querer saber) nada uno del otro. Dos libros en blanco por escribir, que, pese a derivar en un previsible (y obligado) final, recorrerán un camino por el que seducirán al público con inteligencia.
En una época en la que estamos acostumbrados a ir al cine a ver explosiones y grandes batallas cargadas de épica, resulta reconfortante poder refugiarse de vez en cuando en la sencillez de un film en la que una escena tan simple como dos personas caminando y hablando por un parque de Zaragoza resulta mucho más entretenida que las dos horas que dura Warcraft. Lamata consigue, con su guion, que nos sintamos cómplices de la historia entre Carlos e Irene a la vez que nos planteemos qué haríamos nosotros mismos de encontrarnos en su situación. Y todo ello sin perder en ningún momento la sonrisa.
Pero por encima de todo, aparte de la buena hora y media que uno pasa durante la proyección, el gran mérito de la película es que uno se lleva la historia consigo a su propia casa, recuperando escenas y diálogos en el futuro, en lugar de olvidarla apenas salir de la sala de cine.
Es Nuestros amantes una película fresca y dinámica, con cinco actores (no hay que olvidar las aportaciones pequeñas pero maravillosas de Gabino Diego, Amaia Salamanca y Fele Martínez) en estado de gracia, que te deja con ganas de más. Quizá carezca del ruido mediático de otras producciones españolas con gigantes televisivos en sus espaldas, pero merece la pena que se le dé una oportunidad y dejarse llevar por un cuento que, como poco, dará un poco de luz a nuestros corazones.
Enamorémonos de nuevo y brindemos, ¿cómo no?, por nuestros amantes.

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 5 de febrero de 2013

EL ÚLTIMO DESAFÍO (8d10)

Hace ya algún tiempo que se nota que vuelven los ochenta. Regresan grupos musicales míticos, se vuelven a vestir ropas que dábamos por muertas, se estrenan remakes de películas que eran carne de videoclub... Así que ahora les toca a los actores hacer acto de presencia. Cuando Schwarzenegger terminó su periplo político y anunció que volvía al cine todos los que estamos en la línea de la cuarentena (lustro arriba, lustro abajo) aplaudimos a rabiar, pues en su campo era sin duda el mejor y algunas de sus obras merecen pasar a la historia del cine, caso de Terminator, Depredador o Desafío total. Por si fuera poco, los remakes o secuelas que se han hecho sin su presencia (Conan con Jason Momoa, Desafío total con Colin Farrell o Terminator Salvation con Sam Worthington) han ayudado a agrandar aún más su fama. Tras los cameos en Los Mercenarios 1 y 2 (verdadero homenaje a esos grandes e hipermusculados iconos ochenteros) Arnie regresa como protagonista, y eso, por sí solo, ya es todo un acontecimiento. Con lo que no contábamos nadie (ni el propio Schwarzie, me imagino) es con que los cuarentones no llenamos las salas de cine, y para los chavales de quince a veinte años el austríaco no es absolutamente nadie. Así,  El último desafío,  pese a sus esfuerzos de marketing (curioso como en América el actor compartía cartel con Johnny Knoxville, famoso entre los jovenzuelos pos sus bobadas en Jackass, en muchos países de Europa destacaban más a Forest Whitaker, actor de prestigio con Oscar incluido,  y aquí en España Schwarzenegger copaba toda la atención de la publicidad, aunque quizá habría valido la pena destacar un poco también a Eduardo Noriega), será recordada como el mayor fracaso de taquilla de Arnie, por más que estoy convencido que cuando llegue al mercado doméstico otro gallo cantará,  como pasó con otro producto con regusto a los ochenta como la más que correcta Dreed.
Y lo cierto es que El último desafío es una muy buena película. No una obra maestra pero sí una producción muy recomendable que se disfruta de principio a fin y con grandes dosis de acción y humor repartidas con inteligencia. Además, el reparto coral evita la posibilidad de empacho austriaco (como sucede en ocasiones con películas de Tom Cruise), que hay que reconocer que los años pasan para todos incluso para Terminator.
Dirigida por Kim Jee-Woon, realizador coreano que aterriza en Hollywood suavizando algo los rasgos más característicos de su cine pero filmando escenas de acción con maestría y sin permitir que el ritmo se le escape de las manos, la película cuenta la historia de un veterano sheriff retirado voluntariamente a un tranquilo pueblo fronterizo donde nunca pasa nada, que resulta ser un punto estratégico fundamental para los planes de huida de Gabriel Cortez. Unos planes, por cierto, calculados hasta el último detalle y cubriendo cualquier eventualidad, no dejando nada al azar. Nada, excepto claro está, la intromisión de un sheriff veterano y cabezota.
Pese a la edad volvemos a tener al mejor Schwarzenegger, con ese estilo suyo tan personal y su sentido del humor y la ironía que lo caracterizó, pero consciente además de sus limitaciones, con diversas alusiones a su edad y bastante autoparodia. En pos de proteger al pueblo que lo ha adoptado forma un curioso grupito entre ayudantes y voluntarios formando, volviendo a las referencias de los 80, una versión/homenaje al Equipo-A. Veamos, repasemos: tenemos al jefe (el gran Arnie), al guapo (Rodrigo Santoro), el loco (Johnny Knoxville), la chica (Jaimie Alexander, la Sif de Thor) y como variante étnica, el cambio de un negro Baracus por un mexicano (Luis Guzmán,  ese actor cuya gigantesca estatua de bronce corona la universidad comunitaria de Greendale).
Brilla además con buena nota la presencia española de Eduardo Noriega, haciendo una vez más de villano, con el punto de locura y cinismo adecuado, encarnando a la perfección a esa gran amenaza que todos temen.

En resumen, gran retorno del héroe al mundo del cine en un espectáculo de puro disfrute. Si conseguirá meterse de nuevo al público en el bolsillo solo el tiempo lo dirá.