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martes, 26 de noviembre de 2019

TERMINATOR: DESTINO OSCURO

Los que me conocen saben que soy un fan incondicional de James Cameron y cómo recorrí toda Barcelona, en aquella época en la que aún no existía la venta por Internet, para conseguir una entrada para Terminator 2: el juicio final el mismo día del estreno. La película de 1992 cambió la historia del cine y también mi propia historia con el cine, y desde entonces soy un entusiasta entregado a todo lo relacionado con la saga, lo que me convierte además en un exigente algo tiquismiquis.

Ya de partida tengo un gran problema con Terminator: Destino oscuro: la falta de respeto. Siempre he considerado que una productora es libre de hacer la película que le dé la gana, pero tiene la obligación también de cargar con esa responsabilidad de cara al futuro. Bien es cierto que en la saga Terminator hay multitud de productoras empleadas (casi cada película ha terminado con el quiebre de alguna de ellas), pero eso no me parece justificable para el ejercicio de prepotencia que supone el despreciar el trabajo de colegas de profesión. Así que igual que me alegré de que fracasara el proyecto de Neil Blomkamp para hacer “su” película de Alien ignorando los trabajos de David Fincher y Jean-Pierre Jeunet, me indigné al saber que el propio Cameron bendecía que se echara por tierra las visiones de Jonathan Mostow, McG y Alan Taylor, todas ellas reivindicables a su manera y a las que Terminator: Destino oscuro no logra superar con claridad. Así que sí, por mucho que renieguen, Terminator: la rebelión de las máquinas, Terminator Salvation y Terminator Génesis existen, igual que existe la trilogía de precuelas de Star Wars o igual que existe Indiana Jones y la Calavera de Cristal.
Aceptando con resignación que esta Terminator: Destino oscuro pretenda ser la “verdadera” Terminator 3, parecía un signo de esperanza la implicación de James Cameron en el proyecto (sí, el mismo James Cameron que ha ido aplaudiendo el estreno de cada nueva película para despreciarla una vez que no ha funcionado como se esperaba en taquilla), pero con ello llegamos al segundo gran problema que tengo con el film: las disputas entre director y productor. Este es otro mal endémico del Hollywood actual: contratar a un director con oficio y estilo para luego no dejarle trabajar a su manera. Ya se habló de las peleas en el set de rodaje entre Cameron (productor) y Robert Rodriguez (director) en Alita: ángel de combate, la cual logró sobrevivir y terminar siendo una muy estimable propuesta. Casos parecidos se encuentran en los despidos de Chris Miller y Phil Lord en Han Solo: una historia de Star Wars, Edgar Wright en Ant man y eso por no mencionar ya desastres mayúsculos como los que propiciaron el fracaso de La Liga de la Justicia.
Aquí ha pasado casi lo mismo. Se confía en un director con relativo prestigio, Tim Miller, avalado por el éxito de su Deadpool (quizá una única película es demasiado poco bagaje para una empresa como el resurgir de Terminator) para luego convertir la sala de montaje en una guerra sin cuartel. Al final, el resultado no es ni una película de Miller ni una de Cameron y, como siempre, quien sale perdiendo es el aficionado.
Terminator: Destino oscuro nace con el propósito de recuperar la senda perdida y mantener la esencia de sus personajes (algo que, a mi entender, nunca se había abandonado salvo, quizá, en el caso de Salvation). Para ello se ha confiado en una película muy autorreferencial que homenajea demasiado a Terminator 2 hasta el punto que casi se podría considerar un remake de la misma. Con David S. Goyer colaborando en el guion) ¿pero porque le dejan escribir todavía a ese hombre?), la película me recordó por momentos a Star Wars: el despertar de la fuerza, con ese intento de volver a los orígenes para crear algo nuevo. Sin embargo, si en el caso de Star Wars se tenía a un director que sabía jugar con maestría con las emociones (ya comenté en su momento que Abrams meparece el mejor director que ha pasado por la franquicia), Miller está muy por debajo de Cameron, mientras que los nuevos personajes, por más que mole esa Grace a la que da vida Mackenzie Davis, no bastan para justificar esta especie de reinicio, ya que tanto Dani Ramos (Natalia Reyes) como el villano REV-9 (Daniel Luna), una fotocopia poco inspirada del T-1000 se me quedan muy justitos. Vamos, que no son ni Rey ni Kylo Ren, para que nos entendamos.
Es cierto que algunos de los momentos homenaje funcionan muy bien, como ese arranque en la playa, y que recuperar a Linda Hamilton y a Arnold Schwarzenegger es algo impagable, pero no alcanza lo suficiente como para hacerse merecedora de ser canónica por encima de las tres anteriores. La falta de riesgo es lo que más la condena, echándose en falta alguna propuesta valiente como la de prescindir de los viajes en el tiempo de Salvation y volver a John Connor villano como en Génesis. Al final, es un poco más de lo mismo, con un terminator viniendo del futuro para matar a alguien y alguien viniendo para impedirlo. Para eso ya tuvimos Terminator 3, que ganaba a esta en espectacularidad.
Un ejemplo para resumir los errores de está película: cuando James Cameron dirigió Terminator 2 pagaron a la ciudad de Los Angeles un pastizal `para desviar el cauce del río y poder filmar en sus canales. En Terminator 3 para la escena en el futuro se empelaron un montón de animatrónics. En esta película, sin embargo, hasta las armas que utilizan están creadas por CGI. Un paso atrás en la inventiva visual de la película que, sin poderse acusar de tener unos efectos malos, resta credibilidad al conjunto.
Pese a todo, Terminator: Destino oscuro es un buen entretenimiento que puede llegar a hacer las delicias de los fans y que para nada se merece el varapalo que se está llevando en taquilla. Quizá el problema haya sido el quererla vender precisamente como secuela directa de Terminator 2, lo que la lleva al conjunto de decepciones de taquilla de los últimos meses (como ZombielandDoctor Sueño) que tienen como denominador común el concepto de secuela tardía.
En resumen, un buen entretenimiento que, si hubiese seguido el hilo de Génesis y nos la hubiesen vendido como Terminator 6 estaría a la altura de las circunstancias pero que precisamente por pretender enterrar a las anteriores secuelas merece ser analizada con más exigencia. Y si nos ponemos exigentes es donde se nota el descalabro.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 12 de julio de 2015

TERMINATOR: GÉNESIS (7d10)

Una vez más, al acudir a una sala de cine a ver una secuela/remake/reboot de un clásico de nuestra infancia nos asalta la inevitable pregunta: ¿era necesario?
En el más puro sentido de la palabra la respuesta es un rotundo NO. Cuando una película es tan interesante y emocionante como Terminator y tiene una secuela absolutamente brutal y revolucionaria como Terminator 2: El juicio final, no hay ninguna necesidad de volver a remover las cenizas del pasado, aparte del hecho de que va a ser imposible estar a la altura (ya se intentó en dos ocasiones y una serie de televisión y no se logró).  Podría ser un caso parecido al de Jurassic World, imposible de estar a la altura de la primera pero mucho más entretenida que sus flojitas secuelas.
Pero, como con Jurassic World, hay una segunda respuesta válida: si de verdad hay que hacerlo, hagámoslo bien. Y conscientes de que no se va a repetir la magia ni la genialidad de las dos obras de James Cameron (no en vano es uno de los mejores cineastas de la historia) se han esforzado para hacer una historia coherente, acorde con el paso de los años y lleno de autoreferencias y homenajes a las películas de 1984 y 1991 respectivamente.
De algún modo se podría decir que los productores han aprendido de los errores anteriores. Si la primera película era tremendamente original, violenta y (por momentos) aterradora y la segunda era un espectáculo visual adrenalítico y sin dar un respiro al espectador, parecía que ya todo estaba dicho en un universo que ni Cameron ni el propio Schwarzenegger parecían interesados en recuperar. Cuando al fin se hizo Terminator 3: la rebelión de las máquinas en el 2003 se trató de avanzar algo en la historia, pero la película de Jonathan Mostow terminó siendo una simple historieta más de robots venidos del futuro con una T-X macizorra sustituyendo al T-1000 de  metal líquido y dejando a todo el mundo con las ganas de ver por fin la guerra del futuro que tan solo había insinuado brevemente Cameron. Tras el fiasco en taquilla hubo que esperar seis años más para ver por fin esa guerra del futuro, pero para ello se tuvo que renunciar a los dos pilares fundamentales de la franquicia: los viajes en el tiempo y el bueno de Arnie, liado en asuntos de política y al que solo se le ve digitalmente y de forma muy breve. Terminator: Salvation de McG fue la que peor funcionó en taquilla y obligaba o bien a finiquitar la saga o a replantearla de nuevo.
Tras el buen trabajo de J.J.Abrams en Star Trek y de Bryan Singer en X-men: días del futuro pasadoel camino a seguir parecía claro para el director Alan Taylor (recién salido de Thor: el mundo oscuro). Al fin y al cabo, si hay una saga con derecho a modificar su historia mediante viajes en el tiempo es esta, ¿no?
Así, la acción arranca tal y como lo hacía la primera, pero dando más detalles. En el futuro John Connor está a punto de derrotar a Skynet de manera que este hace un desesperado ataque final enviando a un T-800 a 1984 para asesinar a Sarah Connor, la madre de John, y evitar que el líder de los humanos llegue a nacer siquiera. Kyle Reese, el mejor amigo de John (y que todos menos él sabemos que es también su padre), deberá viajar tras el ciborg para salvar la vida de Sarah. Sin embargo, cuando llega a 1984 la historia, tal y como él la conocía, ha cambiado.
Me apasiona el tema de los viajes en el tiempo, considerando que, dentro de la ciencia ficción más fantasiosa, debe ser tomado como un simple divertimento. La opción de los guionistas Laeta Kalogridis    y Patrick Lussiern de crear diversas líneas temporales me resulta interesante, además de permitirnos ver (la magia del maquillaje y los efectos digitales) a tres Schwarzeneggers de distintas edades. Obviando (aunque tampoco creo que renegando, como se ha dicho por ahí) la tercera y cuarta parte de la saga el film de Taylor se compone de un complicado jeroglífico de  viajeros temporales que permite ver otra vez en acción al T-1000 (con otro actor, claro) y a un nuevo villano, aunque ni rastro de ningún T-X.  Lo malo de meterse en estos berenjenales es que las paradojas son casi inevitables (todo Terminator en sí es una gran paradoja, intencionada en un primer momento), y al final de la película se encuentra uno con demasiadas preguntas sin responder que pueden llegar a molestar, sobre todo por no saber si se deben a fallos de guion, vagueza de los guionistas o simples puertas abiertas de cara a futuras entregas.
En el apartado interpretativo, con un Schwarzenegger tan inmenso como siempre, podemos mirar con lupa a Emilia Clarke, que sale bien parada en su transformación en Sarah Connor. Aunque las comparaciones con Linda Hamilton sean odiosas hay que agradecer que su rol sea ligeramente diferente al de su predecesora para poderse distanciar un poco.
No funcionan mal los otros dos protagonistas, Jason Clarke y Jai Courtney, pese a que ninguno de los dos sean actores santos de mi devoción, de los cuales no hablaré demasiado por no entrar en spoilers (aunque la propia productora, incomprensiblemente, se ha empeñado en hacerlo, tanto en alguno de los posters –no los aquí reproducidos- como en el tráiler), aunque se echa en falta algo más de importancia en el papel del inmenso J.K. Simmons, recuperando al uno de los policías anónimos que sufrió el ataque del Terminator de la primera película.
En fin, que la historia, por más que se vuelve algo previsible hacia su final, es más que convincente, con todo lo que uno podría esperar de una secuela de Terminator y que no nos habían dado desde que Cameron dejó la franquicia. No es oro todo lo que reluce, por supuesto, y ni Taylor es Cameron ni su película está  a la altura de los dos primeros clásicos, pero la acción está bien filmada, no concede un respiro al espectador y está salpicada con ligeras dosis de humor como era menester. De nuevo en referencia a mi opinión de Jurassic World debo repetir que no tiene esta película (muy hija de su tiempo pese a todo) el alma ni la magia de aquellos primeros Terminators, pero como blockbuster veraniego cumple con creces.
Eso sí, para los que la vemos doblada, se echa mucho de menos el doblaje de Constantino Romero. Sin él, eso de “Volveré” no suena igual de bien.  




viernes, 22 de agosto de 2014

LOS MERCENARIOS 3 (5d10)

Floja, muy floja la segunda secuela de aquella gamberrada cargada de testosterona y hormonas que parió en 2010 Sylvester Stallone con la excusa de reunir a todas las viejas glorias (y amigos de juergas y Planet Hollywood varios) del cine de acción de los 80, por más que en aquella ocasión las aportaciones de nombres como Schwarzenegger o Willis fuese puramente anecdótica.
En 2012, ya con Stallone fuera de la silla de director, se trató de repetir la jugada, sumando más carnaza a la ecuación y con un sentido del humor que compensaba las carencias de guion.
Aun sin ser verdaderas rompetaquillas el invento parece funcionar y el grupo de “abueletes” se ha vuelto a reunir de nuevo para seguir sumando nombres hasta completar un casting de verdadero infarto (lástima que el propio Bruce Willis y Chuck Norris se hayan bajado del carro). Así, tenemos de nuevo a la pareja protagonista formada por Stallone y Jason Statham bien rodeada por Dolph Lungren, Randy Couture, Terry Crews, Arnold Schwarzenegger y, en menor medida, Jet Li, a los que se le suman Wesley Snipes, Kelsey Grammer, Harrinson Ford y Antonio Banderas en una aventura que quiere plantear un recambio generacional totalmente fallido y en la que las apuestas jóvenes resultan lo más insulso del film, ya que la excusa argumental obliga a prescindir también de la figura emergente de Liam Hemsworth y en su lugar apostar por los desconocidos Victor Ortiz, Glen Power, Ronda Rousey y como supuesta “estrellita”, el “crepuscular” Kellan Lutz, el que protagonizó aquella espantosa versión de Hércules.
Con  todo, y como ya sucediera en Machete Kills, quien se lleva el gato al agua y se come –literalmente- a todos sus compañeros de reparto, es Mel Gibson como el villano de la función. Gibson, una causa perdida para Hollywood, es junto a Statham el único con el carisma suficiente como para mantener el tipo y a él le pertenecen los mejores diálogos y escenas, siendo una lástima que el inevitable (y estúpidamente previsible) duelo final no sea entre estos dos grandes actores, ya que –por muy coral que quiera ser la apuesta-, el único y definitivo gallo del corral debe ser un Stallone cada vez más mermado y caricaturesco.
Como no puede ser de otra manera, la película es una sucesión de escenas de acción a cual más inverosímil, una montaña rusa que desborda adrenalina por doquier y que, por lo tanto, entretiene sin muchas complicaciones, siempre y cuando uno esté dispuesto a dejarse el cerebro en la puerta del cine. Y por ello su mayor problema (aparte de la cobardía de la productora de apostar por una calificación PG-13, que implica que haya mucha menos sangre y violencia de la que el film se merece) es la pretensión de su director, Patrick Hughes, de querer tomarse demasiado en serio el tema, con algunos momentos supuestamente reflexivos sobre el paso del tiempo y las oportunidades perdidas que rechinan por su carencia de emotividad y provocan que se eche demasiado en falta el humor absurdo y delirante de su predecesora, ese cachondeo total que confería a la película más la sensación de fiesta entre amigos de gimnasio que de historia seria y con trasfondo. 
En esta ocasión, Hughes (siempre bajo la batuta de un Stallone empeñado en querer ser guionista) parece querer decir algo profundo, sin conseguirlo en ningún momento y sólo el personaje de Banderas y momentos a cuentagotas de Schwarzenegger, aportan el humor deseado para el tono de la franquicia. 
Además, la nueva oleada de actores que pretenden representar a la jovial futura generación de Mercenarios no aporta nada especial al film, estando todos ellos vacuos de carisma ni personalidad, y demostrando que pese a la supuesta coralidad del film los únicos que de verdad suman son la pareja formada por el omnipresente Stallone y el siempre solvente Statham (hace gracia que se encuentre en el bando de los “acabados” cuando es de lejos el actor que más trabaja actualmente de todo el reparto). 
Una trama sin pies ni cabeza, unos diálogos deficientes y unas interpretaciones demasiado poco esforzadas (cuanto tiempo hace que Harrinson Ford perdió su estrella…) hacen que Los Mercenarios 3 sea la más floja de la saga y que evidencie unos síntomas de cansancio que ponen en serias dudas la posibilidad de que haya una cuarta entrega. Y si la hubiera, mi humilde consejo sería que se olviden de pipiolos insulsos que no conectan ni con el público ochentero (que no nos engañemos, es al único que le puede interesar estas películas) ni al juvenil de hoy en día y apuesten por el despiporre y por seguir metiendo carnaza en pantalla: ¿qué tal unos nuevos Mercenarios con Dwayne Johnson, Vin Diesel, Steven Segal y Jackie Chan? Y si se inventan como resucitar a Van Damme, mejor.
Esto es, a la postre, lo que todos queremos: basura casposa y geriátrica pero con cachondeo.








jueves, 17 de julio de 2014

SABOTAGE (7d10)

Resulta interesante a la par que curiosa y casi hasta desconcertante, la nueva incursión en el cine del bueno de Schwarzenegger. 
Se trata de su curta película (sin contar el breve y divertido cameo de Los Mercenarios) tras su regreso a Hollywood después de su etapa política y visto el calibre de esta última película parece claro que, pese a que está confirmado que repetirá los roles de Conan y de Terminator, el austriaco va a continuar apostando por el riesgo, como ya hiciera a principios de su carrera.
Los que seguimos al héroe de acción por antonomasia de los 80’ sabemos que sus personajes adrenalíticos sueles estar cargados de una ironía y un sentido del humor que parecían (a diferencia de los films de Stallone, al menos al principio de su carrera) hasta dulcificar la violencia que podía contener sus películas, incluso en manos de directores tan extremos como Paul Verhoeven. Sabotage, sin embargo, huye de cualquier ápice de humor, siendo una película madura, realista e incómoda, con grandes dosis de sangre y violencia e incluso algo de sexo.
En realidad, el culpable de todo esto es David Ayer, guionista de la magnífica Training day (de Antoine Faqua, con Denzel Washington y Ethan Hawke) y que se encargó de dirigir (además de escribir) títulos tan destacados como Vidas al límite o Sin tregua (y actualmente rueda Fury, con Brad Pitt), todas ellas películas muy oscuras donde se muestra la crudeza que se oculta tras la realidad del mundo policíaco, mucho menos heroico y magnificado de lo que el cine suele retratarlo.
En esta ocasión, Schwarzenegger interpreta a John 'Breacher' Wharton, el líder de un grupo de asalto de la DEA que si bien son toda una leyenda en su lucha contra la droga tienen también una cara oculta cuando, en su último trabajo, tratan de robar diez millones de dólares de un cártel. Pero todo va a salir mal: uno de sus hombres muere en la misión, el gobierno se huele algo y comienzan a investigarlos y, para colmo, el dinero desaparece sin que ninguno de ellos sepa que ha pasado. Tras seis meses siendo investigados las aguas parecen volver a su cauce, pero entonces, uno a uno, los duros mercenarios comenzarán a ser asesinados, siendo la última misión del grupo simplemente sobrevivir, con la forzosa colaboración de la investigadora de homicidios Caroline Brentwood.
Con un reparto ligeramente coral en el que destacan Olivia Williams (recordada por ser la mujer de Bruce Willis en El sexto sentido, aunque su papel más celebrado fue en An Education), Sam Worthington (Avatar, Furia de Titanes), Terrence Howard (Iron Man, Prisioneros) y Mireille Enos (de la serie The Killing y, más recientemente, Guerra Mundial Z), y con la presencia fugaz del “perdido” Josh Holloway, Joe Manganiello o Martin Donovan, Arnold Schwarzenegger termina por coronarse como rey de la función, aunque las escenas de acción recuerden que el paso de los años no son algo baladí y su despliegue físico se limite a escenas de tiroteos y poco más.
Sabotage toma inspiración en la clásica novela de Agatha Christie Diez negritos, ya que David Ayer construye toda la trama alrededor del misterioso asesino que, indudablemente, conoce a fondo las cualidades de cada uno de los miembros del grupo. Así, la película se desarrolla con un notable ritmo, sin renunciar a escenas sucias, incómodas y hasta enfermizas, mutando del thiller al slasher (hay momentos de auténtico gore) para culminar en un tono casi crepuscular que podría recordar films de Sam Peckinpah o incluso Clint Eastwood. Ayer se desenvuelve con su estilo habitual, con una cámara nerviosa e inquieta y escenas de puro videojuego, consiguiendo un resultado final loco, desmedido y algo irregular.
El principal defecto de la película, sin embargo, debe encontrarse precisamente en el guion, en una historia que comienza a flaquear cuando se empiezan a desatar las sorpresas y que obliga a dudar de las motivaciones de algunos personajes, para lo que alguna situación totalmente forzada (como el affaire entre Schwarzenegger y Williams) no ayuda demasiado.
Con todo, entretenida y disfrutable siempre y cuando seamos conscientes de que vamos a ver a una serie de personajes corruptos, malhablados y desagradables, no al viejo amigo Arnie al que tanto habíamos echado de menos.

sábado, 7 de diciembre de 2013

PLAN DE ESCAPE (7d10)

Por fin ha sucedido. Lo que los chavales llevamos más de veinte años esperando (y mientras, sin darnos cuenta, nos hemos convertido en cuarentones) se ha hecho realidad. Schwarzenegger y Stallone (Arnie y Sly los llamábamos, que ya eran como de la familia) han hecho al fin una peli juntos.
Bueno, sí, ya coincidían dos minutos en Los Mercenarios y algo más (no mucho) en Los Mercenarios 2, pero eso no cuenta, ¿no? Eso eran fiestas de jubilados, que son como la feria de abril, que si no tienes invitación te pierdes lo mejor. Y además, con tanto amiguete por ahí metido el subidón de ver a ellos dos juntos se deslucía un poco.
Ahora sí. Por fin, después de tanto tiempo soñando con un Rambo versus Depredador (sí, cuando uno es joven el concepto bizarro es algo maravilloso) o con Terminator cantándole la pana al Juez Dreed, ha llegado el momento de que los dos musculosos del celuloide más famosos de la historia compartan chascarrillos y puñetazos a lo grande.
Para la ocasión han elegido a un director sueco (no sé si será una broma privada del austriaco, eso de trabajar con un director de nombre más difícil de escribir que el suyo propio), un tal Jan Mikael Håfström, que lo mejorcito que tiene en su filmografía era ese petardazo de 1408 (o como aburrir adaptando a Stephen King), pero que –seamos realistas- es lo de menos. Nadie se va a fijar en él, o al menos en lo bueno. Porque cagadas de racord –gafas que no deberían llevar puestas, helicópteros que desaparecen…) hay unas cuantas.
La excusa para juntar a estos dos armarios roperos (para cuyos cuerpos no parecen pasar los años; sus rostros ya son otra cosa) es una aventura carcelaria, de las que el italoamericano ya sabe bastante (pasó por las mismas penurias en Encerrado y durante buena parte de Tango y Cash, ¿será que le va la marcha?) y será por eso que es quien lleva el peso de la película, cediendo a un ligero segundo plano a Arnie. Ray Breslin (Stallone) se dedica a fugarse de cárceles de máxima seguridad para comprobar así sus deficiencias, pero esta vez parece haber dado con un hueso demasiado duro de roer. Alguien le ha tendido una trampa y todos los protocolos son violados cuando es enviado a una prisión en paradero desconocido sin que ni siquiera sus compañeros de equipo (Amy Ryan y 50 Cent) sepan dónde se encuentra. Y allí es donde entra en juego Emil Rottmayer (Schwarzenegger) otro preso con quien hará buenas migas y que juntos planearán la huida (con un tercer preso en discordia, Faran Tahir).
Lo bueno de una película de estas características es que es difícil que decepcione. La trama tiene momentos de completa ridiculez (todo lo que maquina Breslin en sus fugas es absurdo e inverosímil), pero da igual. Ver a estas dos viejas glorias del pasado pegando (y recibiendo, pero eso es lo de menos, a ellos no les duelen) tiros a diestro y siniestro y haciendo explotar cosas no tiene precio. Eso es lo que uno quiere ver al acudir a estas películas, y en ese sentido ofrece todo lo que promete. Si además te dan unos caramelitos de propina en forma de buenas actuaciones como las apariciones de Jim Caviezel (que malo que es el tío, no se le pegó nada de su interpretación de Cristo), Sam Neill y Vicent D’Onofrio, pues ¿para qué pedir más?
Persecuciones, engaños, trampas, traiciones, sorpresas, dramas familiares del pasado, violencia, mucha testoterona y demasiados tópicos es lo que nos espera en Plan de escape, un reencuentro entre dos viejos amigos que quizá llega demasiado tarde. Tras el fracaso de sus últimas películas por separado, la divertida El Último desafío y la más floja (aunque con el antaño prestigioso Walter Hill a los mandos) Una bala en la cabeza, esta será la prueba de fuego para dos dinosaurios que se niegan a ser extinguidos o convertirse en carne de Reality o películas de poca monta como les ocurre a sus compañeros de correrías Seagal y Van Damme.

Los ochenta ya pasaron y solo el público puede decidir si deben volver o no.

martes, 5 de febrero de 2013

EL ÚLTIMO DESAFÍO (8d10)

Hace ya algún tiempo que se nota que vuelven los ochenta. Regresan grupos musicales míticos, se vuelven a vestir ropas que dábamos por muertas, se estrenan remakes de películas que eran carne de videoclub... Así que ahora les toca a los actores hacer acto de presencia. Cuando Schwarzenegger terminó su periplo político y anunció que volvía al cine todos los que estamos en la línea de la cuarentena (lustro arriba, lustro abajo) aplaudimos a rabiar, pues en su campo era sin duda el mejor y algunas de sus obras merecen pasar a la historia del cine, caso de Terminator, Depredador o Desafío total. Por si fuera poco, los remakes o secuelas que se han hecho sin su presencia (Conan con Jason Momoa, Desafío total con Colin Farrell o Terminator Salvation con Sam Worthington) han ayudado a agrandar aún más su fama. Tras los cameos en Los Mercenarios 1 y 2 (verdadero homenaje a esos grandes e hipermusculados iconos ochenteros) Arnie regresa como protagonista, y eso, por sí solo, ya es todo un acontecimiento. Con lo que no contábamos nadie (ni el propio Schwarzie, me imagino) es con que los cuarentones no llenamos las salas de cine, y para los chavales de quince a veinte años el austríaco no es absolutamente nadie. Así,  El último desafío,  pese a sus esfuerzos de marketing (curioso como en América el actor compartía cartel con Johnny Knoxville, famoso entre los jovenzuelos pos sus bobadas en Jackass, en muchos países de Europa destacaban más a Forest Whitaker, actor de prestigio con Oscar incluido,  y aquí en España Schwarzenegger copaba toda la atención de la publicidad, aunque quizá habría valido la pena destacar un poco también a Eduardo Noriega), será recordada como el mayor fracaso de taquilla de Arnie, por más que estoy convencido que cuando llegue al mercado doméstico otro gallo cantará,  como pasó con otro producto con regusto a los ochenta como la más que correcta Dreed.
Y lo cierto es que El último desafío es una muy buena película. No una obra maestra pero sí una producción muy recomendable que se disfruta de principio a fin y con grandes dosis de acción y humor repartidas con inteligencia. Además, el reparto coral evita la posibilidad de empacho austriaco (como sucede en ocasiones con películas de Tom Cruise), que hay que reconocer que los años pasan para todos incluso para Terminator.
Dirigida por Kim Jee-Woon, realizador coreano que aterriza en Hollywood suavizando algo los rasgos más característicos de su cine pero filmando escenas de acción con maestría y sin permitir que el ritmo se le escape de las manos, la película cuenta la historia de un veterano sheriff retirado voluntariamente a un tranquilo pueblo fronterizo donde nunca pasa nada, que resulta ser un punto estratégico fundamental para los planes de huida de Gabriel Cortez. Unos planes, por cierto, calculados hasta el último detalle y cubriendo cualquier eventualidad, no dejando nada al azar. Nada, excepto claro está, la intromisión de un sheriff veterano y cabezota.
Pese a la edad volvemos a tener al mejor Schwarzenegger, con ese estilo suyo tan personal y su sentido del humor y la ironía que lo caracterizó, pero consciente además de sus limitaciones, con diversas alusiones a su edad y bastante autoparodia. En pos de proteger al pueblo que lo ha adoptado forma un curioso grupito entre ayudantes y voluntarios formando, volviendo a las referencias de los 80, una versión/homenaje al Equipo-A. Veamos, repasemos: tenemos al jefe (el gran Arnie), al guapo (Rodrigo Santoro), el loco (Johnny Knoxville), la chica (Jaimie Alexander, la Sif de Thor) y como variante étnica, el cambio de un negro Baracus por un mexicano (Luis Guzmán,  ese actor cuya gigantesca estatua de bronce corona la universidad comunitaria de Greendale).
Brilla además con buena nota la presencia española de Eduardo Noriega, haciendo una vez más de villano, con el punto de locura y cinismo adecuado, encarnando a la perfección a esa gran amenaza que todos temen.

En resumen, gran retorno del héroe al mundo del cine en un espectáculo de puro disfrute. Si conseguirá meterse de nuevo al público en el bolsillo solo el tiempo lo dirá.