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jueves, 17 de julio de 2014

SABOTAGE (7d10)

Resulta interesante a la par que curiosa y casi hasta desconcertante, la nueva incursión en el cine del bueno de Schwarzenegger. 
Se trata de su curta película (sin contar el breve y divertido cameo de Los Mercenarios) tras su regreso a Hollywood después de su etapa política y visto el calibre de esta última película parece claro que, pese a que está confirmado que repetirá los roles de Conan y de Terminator, el austriaco va a continuar apostando por el riesgo, como ya hiciera a principios de su carrera.
Los que seguimos al héroe de acción por antonomasia de los 80’ sabemos que sus personajes adrenalíticos sueles estar cargados de una ironía y un sentido del humor que parecían (a diferencia de los films de Stallone, al menos al principio de su carrera) hasta dulcificar la violencia que podía contener sus películas, incluso en manos de directores tan extremos como Paul Verhoeven. Sabotage, sin embargo, huye de cualquier ápice de humor, siendo una película madura, realista e incómoda, con grandes dosis de sangre y violencia e incluso algo de sexo.
En realidad, el culpable de todo esto es David Ayer, guionista de la magnífica Training day (de Antoine Faqua, con Denzel Washington y Ethan Hawke) y que se encargó de dirigir (además de escribir) títulos tan destacados como Vidas al límite o Sin tregua (y actualmente rueda Fury, con Brad Pitt), todas ellas películas muy oscuras donde se muestra la crudeza que se oculta tras la realidad del mundo policíaco, mucho menos heroico y magnificado de lo que el cine suele retratarlo.
En esta ocasión, Schwarzenegger interpreta a John 'Breacher' Wharton, el líder de un grupo de asalto de la DEA que si bien son toda una leyenda en su lucha contra la droga tienen también una cara oculta cuando, en su último trabajo, tratan de robar diez millones de dólares de un cártel. Pero todo va a salir mal: uno de sus hombres muere en la misión, el gobierno se huele algo y comienzan a investigarlos y, para colmo, el dinero desaparece sin que ninguno de ellos sepa que ha pasado. Tras seis meses siendo investigados las aguas parecen volver a su cauce, pero entonces, uno a uno, los duros mercenarios comenzarán a ser asesinados, siendo la última misión del grupo simplemente sobrevivir, con la forzosa colaboración de la investigadora de homicidios Caroline Brentwood.
Con un reparto ligeramente coral en el que destacan Olivia Williams (recordada por ser la mujer de Bruce Willis en El sexto sentido, aunque su papel más celebrado fue en An Education), Sam Worthington (Avatar, Furia de Titanes), Terrence Howard (Iron Man, Prisioneros) y Mireille Enos (de la serie The Killing y, más recientemente, Guerra Mundial Z), y con la presencia fugaz del “perdido” Josh Holloway, Joe Manganiello o Martin Donovan, Arnold Schwarzenegger termina por coronarse como rey de la función, aunque las escenas de acción recuerden que el paso de los años no son algo baladí y su despliegue físico se limite a escenas de tiroteos y poco más.
Sabotage toma inspiración en la clásica novela de Agatha Christie Diez negritos, ya que David Ayer construye toda la trama alrededor del misterioso asesino que, indudablemente, conoce a fondo las cualidades de cada uno de los miembros del grupo. Así, la película se desarrolla con un notable ritmo, sin renunciar a escenas sucias, incómodas y hasta enfermizas, mutando del thiller al slasher (hay momentos de auténtico gore) para culminar en un tono casi crepuscular que podría recordar films de Sam Peckinpah o incluso Clint Eastwood. Ayer se desenvuelve con su estilo habitual, con una cámara nerviosa e inquieta y escenas de puro videojuego, consiguiendo un resultado final loco, desmedido y algo irregular.
El principal defecto de la película, sin embargo, debe encontrarse precisamente en el guion, en una historia que comienza a flaquear cuando se empiezan a desatar las sorpresas y que obliga a dudar de las motivaciones de algunos personajes, para lo que alguna situación totalmente forzada (como el affaire entre Schwarzenegger y Williams) no ayuda demasiado.
Con todo, entretenida y disfrutable siempre y cuando seamos conscientes de que vamos a ver a una serie de personajes corruptos, malhablados y desagradables, no al viejo amigo Arnie al que tanto habíamos echado de menos.

sábado, 8 de marzo de 2014

EL PODER DEL DINERO (4d10)

Con la resaca de los Oscars todavía a cuestas y mientras medito mi opinión sobre la precuela/secuela de 300 (aún no tengo claro si la adoro o la aborrezco), recupero otro estreno de la semana pasada que pasó algo desapercibido, con total merecimiento, eso sí.
Pero primero, permitidme que os explique cómo fue mi lunes por la tarde:
Como hago siempre que puedo, acudí a mi cine con tiempo de sobra para asegurarme una buena butaca y fui a una cafetería cercana para matar el tiempo con ojeando algún diario al amparo de un café. Junto a la información sobre el

reciente MWC celebrado en Barcelona me llamó la atención un anuncio de una empresa de móviles que no nombraré porque no me pagan por ello que promocionaba con especial ahínco una Tablet cuya principal virtud era que no se estropeaba al sumergirse en agua, al igual que el teléfono móvil al que está emparentado.
Apurado el café acudí al cine y, ya sumergido en la oscuridad de la sala y tras la musiquilla de “Movierecord” que siempre me pone nostálgico apareció en pantalla una jovencita recién levantada que, en lugar de seleccionar el vestuario del día elige entre un surtido de pintura para cubrir su cuerpo desnudo con un vestido dibujado y, con tan gloriosa apariencia, salir a la calle sin nada más que su teléfono móvil, el cual utilizaba para pagar el autobús, la compra… incluso para abrir la puerta de su casa. La compañía, claro, tampoco la mencionaré, pero seguro que habéis visto el anuncio en la tele.
¿A qué viene todo este rollo?, os preguntaréis. Ahora voy, tranquilos. El caso es que empieza la película, una tontería como una casa con un actor bastante limitadito (Liam Hemsworth) al que le queda mucho por aprender si quiere ser conocido por algo más que por ser el hermano de Thor (incluso hay quien lo define como “el cuñado de la Pataky”) y dos viejas glorias que vivieron tiempos mejores y cuyos agentes no parecen ganarse demasiado bien su sueldo, como es el caso de Harrinson Ford y Gary Oldman, que va sobre un enfrentamiento entre dos magnates tecnológicos que antaño fueron socios y amigos (toma originalidad) y en cuya guerra se ve metido un espabilado chaval que promete mucho y que recuerda demasiado al Justin Timberlake de Runner Runner. Es engañado para cometer espionaje industrial en un argumento absurdo a la par que aburrido y cuyo clímax recuerda a mil películas, pero a mí me remite a un ejemplo exageradamente reciente, el Jack Ryan de Kenneth Brannagh, con la escena del chaval recorriendo un edificio supuestamente ultra protegido como si de un espía de brillante currículo se tratase.
Toda la película es un despropósito total, que aunque no llega a ser completamente insoportable y entretiene lo justo durante su visionado (por malos que sean los papeles ver a Ford y Oldman juntos siempre anima un poco), siendo lo mejor del film la aportación del veterano Richard Dreyfuss (y la fugaz aparición de Josh Holloway -¡cómo añoro Perdidos!-), cuando el asunto roza ya por completo el ridículo es en dos momentos supuestamente claves de la trama (y no, no me refiero a la típica y tópica historia de amor metida con calzador por medio, aunque también podría ser): por un lado, la explicación del nuevo y revolucionario invento de la gente del personaje interpretado por Ford: un móvil super mega guay  que permitirá al usuario salir de casa sin necesitar llevar nada más encima, ya que con él se podrá hacer la compra, pagar el autobús, abrir la puerta de la casa... ¿En serio? ¿Ese es el gran objetivo que todos persiguen y que va a cambiar el mundo de las telecomunicaciones? Solo habría faltado ver a Harrinson Ford en pelotas pintarrajeado en plan bodypoint para hacer una demostración de su maravilloso móvil. O mejor, no.
El otro momento clave al que aludo es cuando el tontaina del protagonista quiere poner una trampa a los malvados empresarios y gravar una conversación gracias a un móvil oculto. Es descubierto y, para frustrar sus planes, dejan caer el móvil en una jarra de agua, inutilizándolo. ¿Estamos locos? ¿Y esta es la gran conspiración de carácter futurista y tecnología avanzada que nos quieren vender?
Si el peso de la película se basa en dos apuestas de futuro que yo había visto anunciadas ya en España justo antes de entrar al cine, apañados vamos.
En resumen, que la peli es una tontería vista ya mil veces, no hay por dónde agarrarla y su credibilidad es mínima. Sinceramente, si les queda por ver alguna de las nueve películas nominadas al Oscar, no se me ocurre qué hacen perdiendo el tiempo con esto.

Mejor vayan a ver Her. Ese sí es el futuro. Pero un futuro a la vuelta de la esquina.