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sábado, 2 de julio de 2016

INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE. ¿Veinte años esperando para esto?

Aunque confieso no haberla revisionado en años, guardo un grato recuerdo de la Independence Day original, película que me cautivó y emocionó y que se me antojó una montaña rusa de emociones y destrucción sin parangón.
Muy tarde (veinte años) llega su previsible secuela en la que repite el director y alguno de sus protagonistas a la par que se presenta a una colección de jóvenes pipiolos que tomen el relevo (¿alguien ha nombrado a Star Wars: el despertar de la fuerza?) y se enfrenten a los bichos alienígenas en futuras (e innecesarias) entregas.
Pese a todo, hay que reconocer que Independence Day era una tontería de película, una historia absurda cuya espectacularidad ocultaba sus carencias hasta convertirse en un gran divertimento. En ese sentido, Independence Day:Contraataque es más absurda si cabe, pero pierde en espectacularidad y, desde luego, no es ni la mitad de divertida que aquella, con lo que su visionado resulta superfluo e insulso. Hay que hacer muchas cosas mal para que una invasión alienígena a gran escala aburra, y en este film casi todo lo que se hace está mal. Porque sí, la película aburre. Y ese es su peor pecado.
La cosa empieza con cierta coherencia, el regreso de los alienígenas para vengarse de su anterior derrota (y de paso explicarnos qué demonios quería con nosotros aparte de lo que pueda molar ir por ahí destruyendo planetas ajenos) y con la humanidad preparada para recibirlos, pero a partir de ahí todo es ridículo y desproporcionado, los personajes carecen de carisma y los diálogos rozan lo patético. Soy un gran defensor del cine de Rolald Emmerich hasta el punto de que disfruté más con Asalto al poder que con Objetivo: La Casa Blanca aunque posiblemente el film de Fuqua contenga más virtudes, y creo que en temas de destrucción gratuita no hay nadie como él, pero algo le sucedió durante el rodaje de este film que le hizo perder su garra habitual y las secuencias de acción están dirigidas de manera anodina, que junto a un montaje atropellado y confuso dotan a la película de un tufillo somnífero con el que la implicación resulta casi imposible.
Considero que 2012 era, hasta la fecha, su peor película, por aquello de lo mal escrita que estaba la historia, pero al menos contenía momentos visuales impactantes. Pero nada de eso encontré en esta secuela donde se abusa del humor (un humor sin gracia, por cierto), los personajes deambulan por la Tierra y la Luna sin ritmo de continuidad y se repiten algunas jugadas ya conocidas pero con la excusa del “todo es más grande” como única arma para mejorarlas. No hay ninguna escena digna de ser recordada, como fue en su momento la destrucción de la Casa Blanca, y ni siquiera los diálogos alentadores (otra de las virtudes de la película de 1995) del Presidente son merecedores de elogio. La película carece de épica, espectacularidad y emoción, provocando que hasta las muertes de personajes importantes pasen desapercibidas (y no es la primera película del año que comete estos errores de bulto).
Puede que la culpa sea, como se ha comentado por ahí, de que ya está todo visto. Resulta difícil imaginar un ataque alienígena que supere en espectacularidad al de Los Vengadores, El hombre de acero o la propia Independence Day, pero yo creo que la culpa del despropósito recae más bien en la propia dejadez de sus autores. Da la sensación de que la película está escrita, dirigida e interpretada de mala gana. Y esa sensación traspasa la pantalla y termina por contagiar al espectador.
No es esta una película espantosa, pero sí redunda en la desgana y la simpleza, convirtiéndose en una más del montón muy lejos de la grandeza (merecida o no juzguen ustedes mismos) que tuvo el primer film. Otra muestra más de que un presupuesto amplio no siempre revierte en un gran espectáculo pirotécnico.
Y van…

Valoración: Cuatro sobre diez.

miércoles, 23 de marzo de 2016

LA MODISTA: un pasado de alta costura.

La modista es una curiosa película australiana dirigida por Jocelyn Moorhouse, que llevaba cerca de veinte años alejada de las cámaras, y escrita a medias con su marido P.J.Hogan a partir de una novela de Rosalie Ham.
Con una extraña estética con tintes surrealistas, La modista explica la historia de Myrtle, una chica que regresa a su pueblo natal para reencontrarse con su madre y resolver un secreto de su pasado. Acusada por todos por haber asesinado siendo niña a un compañero de colegio, la propia Myrtle no conserva un recuerdo claro de lo sucedido aquel fatídico día y está dispuesta a todo para desvelar el misterio, incluso enfrentarse a toda una comunidad que la desprecia y odia. Aunque cuando demuestre que no ha perdido el tiempo durante sus años en Europa y que es una sofisticada modista inspirada en Dior, Valentino y demás, las cosas empiezan a cambiar para ella, que va a tener la oportunidad de reconciliarse con su madre e incluso descubrir, al fin, el amor.
Muchos elementos rechinan en esta historia, empezando por una mezcla excesiva de estilos que va desde el western hasta el melodrama pasando por el misterio, la comedia y el romance. Además, el tono burlesco, casi rozando la caricatura, de algunos personajes es capaz de desconcertar a un público más atraído por el cine convencional que pueden encontrar demasiadas incoherencias en la historia (la más evidente, la diferencia de edad de los protagonistas –Kate Winslet y Liam Hemsworth se llevan quince años, aunque en el film se supone que han compartido infancia- o el convertir a la protagonista de Titanic en una femme fatal a la que no nos tenía acostumbrados), pero si se acepta entrar en el juego que nos propone Moorhouse el resultado es una efectiva obra, con ciertas concordancias con el cine de Jeunet, Hallström, Anderson o incluso el Lars Von Trier de Dogville, que sabe a su vez ser original, diferente en todo (tanto lo bueno como lo malo) a lo que estamos acostumbrados, recuperando a la mejor Winslet (es uno de esos trabajos que hace por amor al arte, en compensación por sus interpretaciones “lucrativas” como las de la saga Divergente), a un Hemsworth con un look que lo asemeja cada vez más a su hermano, un divertido y alocado Hugo Weaving y, sobre todo, una genial Judy Davis, sin duda lo mejor de la función.
¿Puede una película ser fea y hermosa a la vez? ¿Divertida y cruel? ¿Cálida y sangrienta? Pues La modista lo consigue. Y con un estilo rayando lo grotesco se corona como una apuesta arriesgada, fallida en algún momento, pero muy heredera del estilo inclasificable y extravagante de la cinematografía australiana.
Una película para unos gustos muy concretos, pero innegablemente interesante.

Valoración: siete sobre diez.

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO, PARTE DOS (8d10)

Cuando se estrenó la primera parte de Los juegos del Hambre: Sinsajo (a partir de ahora vamos a dejarlo en Sinsajo, si os parece), ya adelanté que la película parecía más una especie de prólogo excesivamente largo que terminaba en una especie de coitus interruptus, que dejaba totalmente insatisfecho al espectador, casi con la sensación de que le habían tomado el pelo. Vista de nuevo, compruebo que algo de razón tenía, más cuando recordaba con agrado las dos primeras entregas de la saga mientras que esta tercera había caído completamente en el olvido en mi ya de por sí caótica memoria, pese a ser la vista más recientemente.
Sin embargo, vivida la experiencia de realizar una mini-maratón con las dos partes de Sinsajo seguidas, lo cierto es que de no ser por la duración esa primera parte gana bastantes enteros, demostrándose así que no tenía mucho sentido sin el visionado inmediato de su continuación pero que sentaba bien las bases para comprender en qué se había convertido Panem tras la conclusión de los Juegos descritos en En llamas y la rebeldía de Katniss.
Ya entrados en harina, esta última película que cierra de manera triunfal la saga retoma la acción en el punto exacto en la que finalizó la primera parte de Sinsajo, amenazando con ofrecer más de lo mismo, con Katniss convertida en un icono publicitario y dejando la guerra en un despreciable segundo plano. Sin embargo, Francis Lawrence no decepciona y Katniss, después de rebelarse contra el sistema al principio de la saga, se rebelará también contra sus nuevos aliados con una sola idea en la cabeza: matar al Presidente Snow.
Sinsajo, parte dos tiene un marcado carácter de fin de fiesta, una despedida por todo lo alto donde todos los personajes protagonistas deben tener su pequeño momento de gloria siempre sin llegar a eclipsar a Jennifer Lawrence (por supuesto) y dónde, más allá del final de la rebelión, se deben clausurar el resto de tramas secundarias en las que no puede faltar, me temo, el imprescindible triángulo amoroso de la protagonista, un tema sobre el que gira parte de la trama pero que ni mucho menos terminará por contaminar la película como para lastrarla con sensiblería de baratillo. Sinsajo, parte dos, sigue siendo una película para adolescentes, pero no por ello reúsa a mostrar la cara más realista de una guerra, con las suficientes dosis de dramatismo como para que, pese a la ausencia de escenas realmente truculentas, esto no sea para nada un cuento de hadas. Los juegos del Hambre nacieron con la pretensión de ser una metáfora social y no van a perder ese rasgo en su tramo final.
Como no puede ser de otra manera, repiten todos los viejos conocidos, algunos fieles compañeros de viaje desde la primera película, aunque se echa en falta algo más de presencia del gran Stanley Tucci, que ya en Sinsajo, parte uno, estaba muy desaprovechado. De todas formas, por más que la mayoría de sus tomas parecen haberse podido aprovechar, un deje de tristeza colma al espectador cada vez que el malogrado Philip Seymour Hoffman copa la pantalla, resintiéndose su personaje de la trágica muerte del actor solo en el desenlace final, donde se echa en falta una emotiva despedida tan merecida y necesaria como la que tuvo Paul Walker en Fast&Furious 7 (claro que Walker era protagonista y Hoffman un simple secundario de lujo).
Todos los intérpretes rallan a magnífico nivel, incluso aquellos que están de paso, posiblemente más interesados en cobrar un lucrativo cheque y acercarse a las nuevas generaciones que a desarrollar un desafío interpretativo, caso de Julianne Moore o Donald Sutherland, mientras resulta curioso que Liam Hemsworth tenga que dar un paso atrás para dejar espacio a un mayor lucimiento de Josh Hutcherson mientras en la vida real es el hermanísimo de Thor quien parece tener una carrera más encauzada.
Aunque hay quien define la tercera entrega de la saga literaria como la más floja de las tres la película recrea con notable fidelidad los pasajes principales, siendo lógicamente algo más sutil en el trasfondo político aunque sin rechazar hablar de las tentaciones y las atrocidades que se pueden llegar a cometer por atesorar y mantener una posición de poder (algo previsibles en pantalla, por otra parte). Metáforas sociales aparte, Sinsajo, parte dos, es una muy entretenida película, mucho más espectacular y palomitera que su antecesora, aunque algo abusiva en su duración. Como si de una obra estirada de Peter Jackson se tratase nada hay en el argumento (y recuerdo que he podido ver las dos partes de Sinsajo seguidas) que me indique que fuese imposible hacer una sola película, y ese es el principal punto negativo para una obra que, en su totalidad, ha necesitado de doscientos sesenta minutos para contar su final.
Los juegos han terminado, esta vez para siempre. Aunque eso, en el mundo de Hollywood (que se lo digan al entorno de Harry Potter) es mucho decir. Sí han terminado, al menos, para Phillip Seymour Hoffman, y esta obra es una buena despedida. Vaya con Dios…

jueves, 19 de noviembre de 2015

CUT BANK (6d10)

Heredera de esas historias de perdedores del medio oeste tan propias de los Hermanos Coen (hay en todo momento un cierto regusto a Fargo, tanto película como serie), Cut Bank cuenta la historia de Dwayne McLaren, un joven harto de malvivir en el pueblo que desea escapar hacia la ciudad como si de la tierra prometida se tratase. Un buen día, mientras graba en vídeo a su novia Cassandra, es testigo del asesinato a sangre fría del cartero del pueblo, lo que ayudará al sheriff local a esclarecer el caso y le otorgará la recompensa que el estado ofrece a aquellos que colaboren en resolver muertes relacionadas con empleados oficiales.
Sin embargo, las cosas no son nunca tan sencillas como parecen y todo se complicará para Dwayne y Cassandra hasta el punto de que sus propias vidas correrán peligro.
Aunque se trate de un thriller rural, la película tiene un cierto toque de humor negro que le sienta de perlas. Los engaños, las traiciones y la ambición de sus personajes difícilmente podrían interesar a un público que, en un tono más serio, podría sentir cierta antipatía por los protagonistas.
Tampoco es que se trate abiertamente de una comedia, pero la tópica imagen que se ofrece de los paletos americanos y la sensación de ahogo que produce el pertenecer a un pueblo tan alejado de los grandes rascacielos y las luces de neón como prisiones a las que uno es condenado de nacimiento como es este Cut Bank, con sus campos de trigo, sus bailes anuales y sus cafeterías con las mejores tartas de fruta del estado, invitan a contemplar toda la película con una sonrisa culpable dibujada en el rostro.
Gran parte del mérito reside también en su competente reparto, que ya habrían firmado para sí mismos los hermanos Coen, encabezado por Liam Hemsworth (el hermano pequeño de Thor) y Teresa Palmer (la chica de Memorias de un zombie adolescente), aunque los verdaderos reyes del mambo son los veteranos Bruce Dern (nominado a los últimos oscars por Nebraska), Michael Stuhlbarg (en breve de actualidad por su papel en Steve Jobs), Oliver Platt (recién salido de la primera temporada de Fargo) y los geniales John Malkovich y Billy Bob Thornton.
Sencilla y quizá en algún momento incluso previsible pero de fácil digestión y poso agradable. Como un buen café, que se disfruta en el momento sin necesidad de que queda grabado en nuestro recuerdo de por vida.

lunes, 24 de noviembre de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO, PARTE 1 (5d10)

Se estrenó al fin uno de los títulos más esperados (y largos, permítanme que a partir de ahora la denomine simplemente Sinsajo parte uno) del año, sobre todo por las fans femeninas que han tomado esta saga literaria de Suzanne Collins como su máximo referente muertas ya las tontadas crepusculares  y arañando también fans de la otra gran adaptación millonaria que fue Harry Potter cuyos lectores han crecido lo suficiente para dejarse seducir por las acrobacias de una inspirada  Jennifer Lawrence y su (¿cómo no?) distópica sociedad.
No está nada mal la saga en cuestión, que mejoró en calidad con la llegada de Francis Lawrence a la silla de director (la primera la dirigió el algo descafeinado Gary Ross), pero siguiendo la estela de las dos sagas cinematográficas más arriba mencionadas ha tenido (él o los productores, tanto monta…) de partir la novela en dos, con la excusa de la duración pero con el propósito real de sacar más pasta en taquilla.
Si estuviésemos hablando de un producto original (algo así quieren hacer con Los Vengadores 3) no tengo ninguna objeción: si la temática gusta, cuantas más pelis mejor, pero en este caso, al estar sujetos a una estructura narrativa ya establecida como es la novela, los tiempos cinematográficos son incorrectos, de manera que la película queda lastrada por un ritmo desigual y un final anticlimático con sensación de “coitus interruptus”.
Y es una pena pues, gastado ya el tema de los Juegos propiamente dichos, tocaba ver el desenlace de la anunciada revuelta, la guerra largamente anunciada. Y de eso parece ir la película, regida por momentos por unos patrones más propios del cine bélico que de las distopías juveniles. Pero claro, unas golondrinas unos sinsajos no hacen el verano y pese a cuatro escenas de acción muy trepidantes y bien filmadas se echan en falta demasiadas cosas como para hacer que la película funcione por sí sola y no como un simple prólogo a la auténtica conclusión de la trama, para la que habrá que esperar un año entero.
Con todo, la cosa pinta bien (más si la parte dos está a la altura de las expectativas y consideramos ambas como una propuesta unificada), con una Lawrence totalmente hecha a su personaje y una colección impagable de secundarios, repitiendo Josh Hutcherson y Liam Hemsworth como vértices del inevitable triángulo amoroso, y los reputados Stanley Tucci, Jeffrey Wright, Woody Harrelson, Donald Sutherland y Elizabeth Banks eligiendo sus respectivos bandos de manera definitiva. En este sentido llama la atención, pese a que el conjunto de la adaptación superará muy probablemente las cuatro horas, la recuperación precipitada e incluso confusa de Effie Trinket y Haymitch Abernathy (Banks y Harrelson), casi en modo “pasaba por ahí” como si los considerasen imprescindibles para el fin de fiesta pero no supiesen justificar su presencia en el distrito trece.
Hay, incluso, algún actor nuevo (actrices, en realidad), como Julianne Moore (que debe pensar que de cine independiente y de culto sólo no se vive) y Natalie Dormer (la Margaery Tyrell de Juego de Tronos), dando un poco más de relumbrón, si cabe, a la película.
La historia arranca prácticamente donde termina la anterior, con Katniss y Finnick rescatados de los hombres del Capitolio y llevados al Distrito 13 donde la presidenta Alma Coin encabeza la revuelta con Katniss elevada definitivamente como símbolo de la libertad (el dichoso sinsajo del título) mientras que el pérfido presidente Snow utiliza al propio Peeta (al que se creía muerto) como elemento propagandístico contrario.
A partir de aquí nos encontramos con buenos y dramáticos decorados, una trama con mensaje libertario como telón de fondo y una Katniss muy icónica pero poco activa (lo único que hace en toda la película es lanzar una flecha con el arco) en un film que no aburre pero resulta demasiado plano para ser juzgado como poco más que un mero aperitivo del que vendrá el año que viene.
Pero si hay algo que realmente valga la pena destacar del film, lo que realmente consigue emocionar e incluso estremecer, es la presencia del gran y malogrado Philip Seymour Hoffman, ya que (si consideramos ambas partes como una sola película) ahora sí que estamos ante su última aportación al séptimo arte, como recuerda el crédito final con el que le dedican el film.
Una interpretación brillante (su presencia en En llamas fue bastante reducida  y su fallecimiento llegó con la Parte dos sin concluir) que será su testamento cinematográfico.Descansa en paz, maestro. Fuiste de los más grandes. Que tu despedida como mano derecha de la presidenta Coin quede en nuestro recuerdo.


sábado, 8 de marzo de 2014

EL PODER DEL DINERO (4d10)

Con la resaca de los Oscars todavía a cuestas y mientras medito mi opinión sobre la precuela/secuela de 300 (aún no tengo claro si la adoro o la aborrezco), recupero otro estreno de la semana pasada que pasó algo desapercibido, con total merecimiento, eso sí.
Pero primero, permitidme que os explique cómo fue mi lunes por la tarde:
Como hago siempre que puedo, acudí a mi cine con tiempo de sobra para asegurarme una buena butaca y fui a una cafetería cercana para matar el tiempo con ojeando algún diario al amparo de un café. Junto a la información sobre el

reciente MWC celebrado en Barcelona me llamó la atención un anuncio de una empresa de móviles que no nombraré porque no me pagan por ello que promocionaba con especial ahínco una Tablet cuya principal virtud era que no se estropeaba al sumergirse en agua, al igual que el teléfono móvil al que está emparentado.
Apurado el café acudí al cine y, ya sumergido en la oscuridad de la sala y tras la musiquilla de “Movierecord” que siempre me pone nostálgico apareció en pantalla una jovencita recién levantada que, en lugar de seleccionar el vestuario del día elige entre un surtido de pintura para cubrir su cuerpo desnudo con un vestido dibujado y, con tan gloriosa apariencia, salir a la calle sin nada más que su teléfono móvil, el cual utilizaba para pagar el autobús, la compra… incluso para abrir la puerta de su casa. La compañía, claro, tampoco la mencionaré, pero seguro que habéis visto el anuncio en la tele.
¿A qué viene todo este rollo?, os preguntaréis. Ahora voy, tranquilos. El caso es que empieza la película, una tontería como una casa con un actor bastante limitadito (Liam Hemsworth) al que le queda mucho por aprender si quiere ser conocido por algo más que por ser el hermano de Thor (incluso hay quien lo define como “el cuñado de la Pataky”) y dos viejas glorias que vivieron tiempos mejores y cuyos agentes no parecen ganarse demasiado bien su sueldo, como es el caso de Harrinson Ford y Gary Oldman, que va sobre un enfrentamiento entre dos magnates tecnológicos que antaño fueron socios y amigos (toma originalidad) y en cuya guerra se ve metido un espabilado chaval que promete mucho y que recuerda demasiado al Justin Timberlake de Runner Runner. Es engañado para cometer espionaje industrial en un argumento absurdo a la par que aburrido y cuyo clímax recuerda a mil películas, pero a mí me remite a un ejemplo exageradamente reciente, el Jack Ryan de Kenneth Brannagh, con la escena del chaval recorriendo un edificio supuestamente ultra protegido como si de un espía de brillante currículo se tratase.
Toda la película es un despropósito total, que aunque no llega a ser completamente insoportable y entretiene lo justo durante su visionado (por malos que sean los papeles ver a Ford y Oldman juntos siempre anima un poco), siendo lo mejor del film la aportación del veterano Richard Dreyfuss (y la fugaz aparición de Josh Holloway -¡cómo añoro Perdidos!-), cuando el asunto roza ya por completo el ridículo es en dos momentos supuestamente claves de la trama (y no, no me refiero a la típica y tópica historia de amor metida con calzador por medio, aunque también podría ser): por un lado, la explicación del nuevo y revolucionario invento de la gente del personaje interpretado por Ford: un móvil super mega guay  que permitirá al usuario salir de casa sin necesitar llevar nada más encima, ya que con él se podrá hacer la compra, pagar el autobús, abrir la puerta de la casa... ¿En serio? ¿Ese es el gran objetivo que todos persiguen y que va a cambiar el mundo de las telecomunicaciones? Solo habría faltado ver a Harrinson Ford en pelotas pintarrajeado en plan bodypoint para hacer una demostración de su maravilloso móvil. O mejor, no.
El otro momento clave al que aludo es cuando el tontaina del protagonista quiere poner una trampa a los malvados empresarios y gravar una conversación gracias a un móvil oculto. Es descubierto y, para frustrar sus planes, dejan caer el móvil en una jarra de agua, inutilizándolo. ¿Estamos locos? ¿Y esta es la gran conspiración de carácter futurista y tecnología avanzada que nos quieren vender?
Si el peso de la película se basa en dos apuestas de futuro que yo había visto anunciadas ya en España justo antes de entrar al cine, apañados vamos.
En resumen, que la peli es una tontería vista ya mil veces, no hay por dónde agarrarla y su credibilidad es mínima. Sinceramente, si les queda por ver alguna de las nueve películas nominadas al Oscar, no se me ocurre qué hacen perdiendo el tiempo con esto.

Mejor vayan a ver Her. Ese sí es el futuro. Pero un futuro a la vuelta de la esquina.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS (8d10)

Hace un año Jennifer Lawrence protagonizaba una película basada en una novela de Suzanne Collins que todo el mundo pensó que era un remiendo de Crepúsculo. No era para menos. Literatura juvenil, triángulo amoroso, protagonistas poco conocidos y subtrama fantástica. Todo cuadra.
En aquel momento, Jennifer Lawrence solo tenía un éxito en su haber, X-Men: Primera generación, pero su personaje de Mística sólo era uno más en el reparto coral de la precuela mutante, pese a que ya acumulaba una nominación al Oscar por una película que era tan buena que casi nadie vio.
Y mira por dónde, que resultó que la susodicha Los Juegos del Hambre resultó ser, contra pronóstico, una buena película. No excelente, pero si buena.
Una año después, la Lawrence tiene ya su estatuilla dorada por El lado bueno de las cosas, es pieza clave en dos franquicias (ya se ha vuelto a pintar de azul para repetir como Mística), y ha completado rodajes tan interesantes como American Hustle (sólo el reparto ya da miedo, demasiado extenso para reproducirlo aquí), convirtiéndose en la actriz de moda en Hollywood con quien todos quieren trabajar.
¿Y la película? Si el cine fuera una ciencia, bastaría con mirar los datos: mejor estreno de diciembre de la historia, superando a Crepúsculo: Luna nueva, cuarto mejor estreno de todos los tiempos (solo por detrás de Los Vengadores, Iron man 3 y la última de Harry Potter y desbancando a El Caballero Oscuro: La leyenda renace) y superando los 300 millones de recaudación sólo en ese primer fin de semana.
Pues aunque sea cierto que el cine no es ciencia y que alguna de las películas antes mencionadas hayan recaudado mucho y sean una patata (y hablo de vampiros fluorescentes y murciélagos insulsos, para quién no sepa leer entre líneas), en esta ocasión el director Francis Lawrence (conocido en su casa por tres películas flojitas y, sobretodo, por hacer videos musicales de Jennifer López y Britney Spears) ha conseguido superar a su predecesor (Gary Ross) con una película sorprendente y fresca y que se atreve a romper algunos de los moldes del género.
Sin entrar con mucho detalle en la trama, que todo el mundo ya conoce, sólo diré que el Presidente Snow está preocupado por los actos revolucionarios que el éxito de Katniss Everdeen está provocando y se saca de la manga que los 75º Juegos del Hambre serán una competición entre ganadores anteriores, consiguiendo así meter de nuevo en el fregado a la pobre Katniss, a su novio de mentirijillas Peeta y a un nuevo grupito de protas con los que Katniss tendrá que o luchar o aliarse.
Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que Lawrence (director) decide ser valiente y tratar de hacer una película lo suficientemente adulta como para que, pese a las casi dos horas y media de metraje, más de la mitad se destinen al desarrollo de personajes, mientras que el rollo amoroso, aunque presente, es muy secundario frente a lo que de verdad importa, el estado de miedo y represión dictatorial del Presidente Snow, que preocupa mucho más a la propia Katniss (aparte de su propia supervivencia, claro está) que con quién deba o no besarse.
Además, Lawrence (director) no se arruga cuando debe mostrar la crueldad de los juegos y, sin llegar a ser extrema violencia, hace que Lawrence (actriz) se manche de sangre cuando debe hacerlo, sin esconder la cámara como hacen otros (¿estás leyendo esto, Marc Forster?).
Los Juegos del Hambre: en llamas es cruel y dura, pero también divertida y tierna. Emocionante y trepidante cuando debe y romántica cuando puede. Quizá poca cosa para las mojigatas adolescentes que se piensan que la película es solo propiedad de ellas (¡que os zurzan!) pero que hará las delicias del espectador con más de dos neuronas en la cabeza que espera el espectáculo digno de un blockbuster pero con un mínimo de inteligencia.
Y luego están los actores, todos excelentes aunque con Lawrence (actriz) destacando por encima de todos, brillando como su personaje (no por casualidad apodada “la chica en llamas”), aunque muy buen rodeada. Donald Sutherland y Philip Seymour Hoffman no saben interpretar mal, Woody Harrelson tan deliciosamente exagerado como siempre, Elizabeth Banks y Stanley Tucci disfrutando como niños bajo el histrionismo de sus personajes y los quilos de maquillaje y los machos alfa que se deberían batir por el amor de la dama, Liam Hemsworth y Josh Hutcherson, cumplen sin desentonar, lo que no es poco en este tipo de producciones.
Sin entrar en el terreno de los spoilers, sí quiero dedicar un breve comentario a la escena final, en la línea de El Imperio Contraataca o Regreso al Futuro parte II, que aunque se sepa de antemano que hay dos películas más para cerrar la saga se me antoja un “coitus interruptus” algo cruel y brusco.
Puro entretenimiento, Los Juegos del Hambre: En llamas cumple con las expectativas y pone el listón muy alto para Los Juegos del Hambre: Sinsajo partes uno y dos, pero como Lawrence (director) sepa estar a la altura la saga puede tener un gran colofón, demostrando que de las novelas juveniles se pueden sacar cosas interesantes, como ya se vio en la parte final de la adaptación de J.K.Rowling.