Mostrando entradas con la etiqueta philip seymour hoffman. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta philip seymour hoffman. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de noviembre de 2015

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO, PARTE DOS (8d10)

Cuando se estrenó la primera parte de Los juegos del Hambre: Sinsajo (a partir de ahora vamos a dejarlo en Sinsajo, si os parece), ya adelanté que la película parecía más una especie de prólogo excesivamente largo que terminaba en una especie de coitus interruptus, que dejaba totalmente insatisfecho al espectador, casi con la sensación de que le habían tomado el pelo. Vista de nuevo, compruebo que algo de razón tenía, más cuando recordaba con agrado las dos primeras entregas de la saga mientras que esta tercera había caído completamente en el olvido en mi ya de por sí caótica memoria, pese a ser la vista más recientemente.
Sin embargo, vivida la experiencia de realizar una mini-maratón con las dos partes de Sinsajo seguidas, lo cierto es que de no ser por la duración esa primera parte gana bastantes enteros, demostrándose así que no tenía mucho sentido sin el visionado inmediato de su continuación pero que sentaba bien las bases para comprender en qué se había convertido Panem tras la conclusión de los Juegos descritos en En llamas y la rebeldía de Katniss.
Ya entrados en harina, esta última película que cierra de manera triunfal la saga retoma la acción en el punto exacto en la que finalizó la primera parte de Sinsajo, amenazando con ofrecer más de lo mismo, con Katniss convertida en un icono publicitario y dejando la guerra en un despreciable segundo plano. Sin embargo, Francis Lawrence no decepciona y Katniss, después de rebelarse contra el sistema al principio de la saga, se rebelará también contra sus nuevos aliados con una sola idea en la cabeza: matar al Presidente Snow.
Sinsajo, parte dos tiene un marcado carácter de fin de fiesta, una despedida por todo lo alto donde todos los personajes protagonistas deben tener su pequeño momento de gloria siempre sin llegar a eclipsar a Jennifer Lawrence (por supuesto) y dónde, más allá del final de la rebelión, se deben clausurar el resto de tramas secundarias en las que no puede faltar, me temo, el imprescindible triángulo amoroso de la protagonista, un tema sobre el que gira parte de la trama pero que ni mucho menos terminará por contaminar la película como para lastrarla con sensiblería de baratillo. Sinsajo, parte dos, sigue siendo una película para adolescentes, pero no por ello reúsa a mostrar la cara más realista de una guerra, con las suficientes dosis de dramatismo como para que, pese a la ausencia de escenas realmente truculentas, esto no sea para nada un cuento de hadas. Los juegos del Hambre nacieron con la pretensión de ser una metáfora social y no van a perder ese rasgo en su tramo final.
Como no puede ser de otra manera, repiten todos los viejos conocidos, algunos fieles compañeros de viaje desde la primera película, aunque se echa en falta algo más de presencia del gran Stanley Tucci, que ya en Sinsajo, parte uno, estaba muy desaprovechado. De todas formas, por más que la mayoría de sus tomas parecen haberse podido aprovechar, un deje de tristeza colma al espectador cada vez que el malogrado Philip Seymour Hoffman copa la pantalla, resintiéndose su personaje de la trágica muerte del actor solo en el desenlace final, donde se echa en falta una emotiva despedida tan merecida y necesaria como la que tuvo Paul Walker en Fast&Furious 7 (claro que Walker era protagonista y Hoffman un simple secundario de lujo).
Todos los intérpretes rallan a magnífico nivel, incluso aquellos que están de paso, posiblemente más interesados en cobrar un lucrativo cheque y acercarse a las nuevas generaciones que a desarrollar un desafío interpretativo, caso de Julianne Moore o Donald Sutherland, mientras resulta curioso que Liam Hemsworth tenga que dar un paso atrás para dejar espacio a un mayor lucimiento de Josh Hutcherson mientras en la vida real es el hermanísimo de Thor quien parece tener una carrera más encauzada.
Aunque hay quien define la tercera entrega de la saga literaria como la más floja de las tres la película recrea con notable fidelidad los pasajes principales, siendo lógicamente algo más sutil en el trasfondo político aunque sin rechazar hablar de las tentaciones y las atrocidades que se pueden llegar a cometer por atesorar y mantener una posición de poder (algo previsibles en pantalla, por otra parte). Metáforas sociales aparte, Sinsajo, parte dos, es una muy entretenida película, mucho más espectacular y palomitera que su antecesora, aunque algo abusiva en su duración. Como si de una obra estirada de Peter Jackson se tratase nada hay en el argumento (y recuerdo que he podido ver las dos partes de Sinsajo seguidas) que me indique que fuese imposible hacer una sola película, y ese es el principal punto negativo para una obra que, en su totalidad, ha necesitado de doscientos sesenta minutos para contar su final.
Los juegos han terminado, esta vez para siempre. Aunque eso, en el mundo de Hollywood (que se lo digan al entorno de Harry Potter) es mucho decir. Sí han terminado, al menos, para Phillip Seymour Hoffman, y esta obra es una buena despedida. Vaya con Dios…

lunes, 24 de noviembre de 2014

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: SINSAJO, PARTE 1 (5d10)

Se estrenó al fin uno de los títulos más esperados (y largos, permítanme que a partir de ahora la denomine simplemente Sinsajo parte uno) del año, sobre todo por las fans femeninas que han tomado esta saga literaria de Suzanne Collins como su máximo referente muertas ya las tontadas crepusculares  y arañando también fans de la otra gran adaptación millonaria que fue Harry Potter cuyos lectores han crecido lo suficiente para dejarse seducir por las acrobacias de una inspirada  Jennifer Lawrence y su (¿cómo no?) distópica sociedad.
No está nada mal la saga en cuestión, que mejoró en calidad con la llegada de Francis Lawrence a la silla de director (la primera la dirigió el algo descafeinado Gary Ross), pero siguiendo la estela de las dos sagas cinematográficas más arriba mencionadas ha tenido (él o los productores, tanto monta…) de partir la novela en dos, con la excusa de la duración pero con el propósito real de sacar más pasta en taquilla.
Si estuviésemos hablando de un producto original (algo así quieren hacer con Los Vengadores 3) no tengo ninguna objeción: si la temática gusta, cuantas más pelis mejor, pero en este caso, al estar sujetos a una estructura narrativa ya establecida como es la novela, los tiempos cinematográficos son incorrectos, de manera que la película queda lastrada por un ritmo desigual y un final anticlimático con sensación de “coitus interruptus”.
Y es una pena pues, gastado ya el tema de los Juegos propiamente dichos, tocaba ver el desenlace de la anunciada revuelta, la guerra largamente anunciada. Y de eso parece ir la película, regida por momentos por unos patrones más propios del cine bélico que de las distopías juveniles. Pero claro, unas golondrinas unos sinsajos no hacen el verano y pese a cuatro escenas de acción muy trepidantes y bien filmadas se echan en falta demasiadas cosas como para hacer que la película funcione por sí sola y no como un simple prólogo a la auténtica conclusión de la trama, para la que habrá que esperar un año entero.
Con todo, la cosa pinta bien (más si la parte dos está a la altura de las expectativas y consideramos ambas como una propuesta unificada), con una Lawrence totalmente hecha a su personaje y una colección impagable de secundarios, repitiendo Josh Hutcherson y Liam Hemsworth como vértices del inevitable triángulo amoroso, y los reputados Stanley Tucci, Jeffrey Wright, Woody Harrelson, Donald Sutherland y Elizabeth Banks eligiendo sus respectivos bandos de manera definitiva. En este sentido llama la atención, pese a que el conjunto de la adaptación superará muy probablemente las cuatro horas, la recuperación precipitada e incluso confusa de Effie Trinket y Haymitch Abernathy (Banks y Harrelson), casi en modo “pasaba por ahí” como si los considerasen imprescindibles para el fin de fiesta pero no supiesen justificar su presencia en el distrito trece.
Hay, incluso, algún actor nuevo (actrices, en realidad), como Julianne Moore (que debe pensar que de cine independiente y de culto sólo no se vive) y Natalie Dormer (la Margaery Tyrell de Juego de Tronos), dando un poco más de relumbrón, si cabe, a la película.
La historia arranca prácticamente donde termina la anterior, con Katniss y Finnick rescatados de los hombres del Capitolio y llevados al Distrito 13 donde la presidenta Alma Coin encabeza la revuelta con Katniss elevada definitivamente como símbolo de la libertad (el dichoso sinsajo del título) mientras que el pérfido presidente Snow utiliza al propio Peeta (al que se creía muerto) como elemento propagandístico contrario.
A partir de aquí nos encontramos con buenos y dramáticos decorados, una trama con mensaje libertario como telón de fondo y una Katniss muy icónica pero poco activa (lo único que hace en toda la película es lanzar una flecha con el arco) en un film que no aburre pero resulta demasiado plano para ser juzgado como poco más que un mero aperitivo del que vendrá el año que viene.
Pero si hay algo que realmente valga la pena destacar del film, lo que realmente consigue emocionar e incluso estremecer, es la presencia del gran y malogrado Philip Seymour Hoffman, ya que (si consideramos ambas partes como una sola película) ahora sí que estamos ante su última aportación al séptimo arte, como recuerda el crédito final con el que le dedican el film.
Una interpretación brillante (su presencia en En llamas fue bastante reducida  y su fallecimiento llegó con la Parte dos sin concluir) que será su testamento cinematográfico.Descansa en paz, maestro. Fuiste de los más grandes. Que tu despedida como mano derecha de la presidenta Coin quede en nuestro recuerdo.


jueves, 18 de septiembre de 2014

EL HOMBRE MÁS BUSCADO (7d10)

John Le Carré siempre ha sido un autor difícil de adaptar al cine. Mucho más que, por ejemplo Tom Clancy, por más que ambos traten tramas relativamente similares. Pero mientras el americano siempre se ha decantado por aventuras más adrenalíticas, sobre todo las centradas en las andanzas de Jack Ryan, el británico ha apostado más por tramas elaboradas centradas en el espionaje, de protagonistas de carácter duro y giros tan intrincados que en ocasiones resultan complicados de seguir.
La Casa Rusia, El Sastre de Panamá o El jardinero fiel son ejemplos de títulos interesantes pero que no llegaron a la redondez precisamente por esos motivos y El Topo, película sobre la que la crítica se deshizo en elogios, a mí me aburrió soberanamente.
El hombre más buscado cuenta, de entrada, con una ventaja sobre sus predecesoras, y es lo bien que se sigue el argumento. Quizá influenciada en exceso por producciones televisivas como Homeland, la trama es bastante lineal y el hecho de repartir el peso de la misma en diversos protagonistas, algunos de los cuales (como la abogada Annabel que interpreta Rachel McAdams –deliciosa y brillante, como siempre- o el banquero Tommy Brue al que da vida Willem Dafoe) no tienen nada que ver con el servicio de inteligencia, ayuda a hacer más comprensible la trama.
El hombre más buscado es una de esas historias post 11S que inciden en el miedo y el desconcierto que surgió tras descubrir los Estados Unidos que no eran tan invulnerables como se creían. Debido a que gran parte del atentado se gestó en Hamburgo, esa ciudad alemana sigue siendo foco de atención para los servicios de inteligencia de medio mundo, y allí se encuentra Günther Bachmann, controlando a cualquier sospechoso que se separe lo más mínimo del rebaño. Por eso, cuando aparece de la nada un chico de religión musulmana que resulta ser hijo de un déspota ruso, saltan todas las alarmas. Pero el joven asegura que está huyendo de las torturas que sufrió en su Rusia natal y, siendo heredero de una importante cantidad de dinero, lo único que desea es limpiar su nombre y contacta para ello con una abogada joven e idealista que se enfrentará a Bachmann hasta convertir el asunto en algo personal si es necesario.
Evidentemente, se trata de un film basado en el miedo y la desconfianza en el que nunca se sabe quien es el verdadero enemigo y que se apoya, sobre todo, en unas magníficas interpretaciones gracias a un espectacular reparto que completan Robin Wright, Daniel Brühl, Nina Hoss, Grigoriy Dobrygin como el torturado/presunto terrorista y Homayoun Ershadi como Abdullah, un respetado empresario que se considera sospechoso de subministrar dinero para armas a grupos terroristas y verdadero objeto de la investigación del equipo de Bachmann, que, por si fuera poco, deberá lidiar también contra el propio servicio de espionaje alemán y contra los americanos.
Eficientemente dirigida por Anton Corbijn, quien ya despuntará con El Americano, con George Clooney, el único punto débil de la película, a mi entender, es que todo sucede con relativa facilidad. Los inconvenientes que se encuentra por su camino Günther Bachmann son resueltos sin mayores problemas y echo en falta algún obstáculo o giro inesperado que me invite a pensar en la posibilidad de un fracaso de la operación. Es, sin embargo, una pega menor y bastante personal que no se debe tener en cuenta ante una película inteligente, entretenida y muy emocionante que, sin embargo, pasará a la historia del cine por un motivo muy diferente.
Y es que El hombre más buscado es el testamento cinematográfico de Philip Seymour Hoffman, verdadera alma del film, que compone aquí su último trabajo completo (nos queda por ver de él las dos partes de Los Juegos del Hambre: Sinsajo) con la composición de un antihéroe que bien podría representar su propio estado de ánimo (bebedor, fumador y derrotista) en una terrible premonición de su precipitado final.
Tristezas aparte, debemos quedarnos con la parte positiva, y es una interpretación grandiosa que debe recordarnos, hasta las últimas consecuencias, lo gran actor que era, quizá de los mejores de su generación.
La película está dedicada a él. No es para menos.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

LOS JUEGOS DEL HAMBRE: EN LLAMAS (8d10)

Hace un año Jennifer Lawrence protagonizaba una película basada en una novela de Suzanne Collins que todo el mundo pensó que era un remiendo de Crepúsculo. No era para menos. Literatura juvenil, triángulo amoroso, protagonistas poco conocidos y subtrama fantástica. Todo cuadra.
En aquel momento, Jennifer Lawrence solo tenía un éxito en su haber, X-Men: Primera generación, pero su personaje de Mística sólo era uno más en el reparto coral de la precuela mutante, pese a que ya acumulaba una nominación al Oscar por una película que era tan buena que casi nadie vio.
Y mira por dónde, que resultó que la susodicha Los Juegos del Hambre resultó ser, contra pronóstico, una buena película. No excelente, pero si buena.
Una año después, la Lawrence tiene ya su estatuilla dorada por El lado bueno de las cosas, es pieza clave en dos franquicias (ya se ha vuelto a pintar de azul para repetir como Mística), y ha completado rodajes tan interesantes como American Hustle (sólo el reparto ya da miedo, demasiado extenso para reproducirlo aquí), convirtiéndose en la actriz de moda en Hollywood con quien todos quieren trabajar.
¿Y la película? Si el cine fuera una ciencia, bastaría con mirar los datos: mejor estreno de diciembre de la historia, superando a Crepúsculo: Luna nueva, cuarto mejor estreno de todos los tiempos (solo por detrás de Los Vengadores, Iron man 3 y la última de Harry Potter y desbancando a El Caballero Oscuro: La leyenda renace) y superando los 300 millones de recaudación sólo en ese primer fin de semana.
Pues aunque sea cierto que el cine no es ciencia y que alguna de las películas antes mencionadas hayan recaudado mucho y sean una patata (y hablo de vampiros fluorescentes y murciélagos insulsos, para quién no sepa leer entre líneas), en esta ocasión el director Francis Lawrence (conocido en su casa por tres películas flojitas y, sobretodo, por hacer videos musicales de Jennifer López y Britney Spears) ha conseguido superar a su predecesor (Gary Ross) con una película sorprendente y fresca y que se atreve a romper algunos de los moldes del género.
Sin entrar con mucho detalle en la trama, que todo el mundo ya conoce, sólo diré que el Presidente Snow está preocupado por los actos revolucionarios que el éxito de Katniss Everdeen está provocando y se saca de la manga que los 75º Juegos del Hambre serán una competición entre ganadores anteriores, consiguiendo así meter de nuevo en el fregado a la pobre Katniss, a su novio de mentirijillas Peeta y a un nuevo grupito de protas con los que Katniss tendrá que o luchar o aliarse.
Sin embargo, lo más sorprendente de todo es que Lawrence (director) decide ser valiente y tratar de hacer una película lo suficientemente adulta como para que, pese a las casi dos horas y media de metraje, más de la mitad se destinen al desarrollo de personajes, mientras que el rollo amoroso, aunque presente, es muy secundario frente a lo que de verdad importa, el estado de miedo y represión dictatorial del Presidente Snow, que preocupa mucho más a la propia Katniss (aparte de su propia supervivencia, claro está) que con quién deba o no besarse.
Además, Lawrence (director) no se arruga cuando debe mostrar la crueldad de los juegos y, sin llegar a ser extrema violencia, hace que Lawrence (actriz) se manche de sangre cuando debe hacerlo, sin esconder la cámara como hacen otros (¿estás leyendo esto, Marc Forster?).
Los Juegos del Hambre: en llamas es cruel y dura, pero también divertida y tierna. Emocionante y trepidante cuando debe y romántica cuando puede. Quizá poca cosa para las mojigatas adolescentes que se piensan que la película es solo propiedad de ellas (¡que os zurzan!) pero que hará las delicias del espectador con más de dos neuronas en la cabeza que espera el espectáculo digno de un blockbuster pero con un mínimo de inteligencia.
Y luego están los actores, todos excelentes aunque con Lawrence (actriz) destacando por encima de todos, brillando como su personaje (no por casualidad apodada “la chica en llamas”), aunque muy buen rodeada. Donald Sutherland y Philip Seymour Hoffman no saben interpretar mal, Woody Harrelson tan deliciosamente exagerado como siempre, Elizabeth Banks y Stanley Tucci disfrutando como niños bajo el histrionismo de sus personajes y los quilos de maquillaje y los machos alfa que se deberían batir por el amor de la dama, Liam Hemsworth y Josh Hutcherson, cumplen sin desentonar, lo que no es poco en este tipo de producciones.
Sin entrar en el terreno de los spoilers, sí quiero dedicar un breve comentario a la escena final, en la línea de El Imperio Contraataca o Regreso al Futuro parte II, que aunque se sepa de antemano que hay dos películas más para cerrar la saga se me antoja un “coitus interruptus” algo cruel y brusco.
Puro entretenimiento, Los Juegos del Hambre: En llamas cumple con las expectativas y pone el listón muy alto para Los Juegos del Hambre: Sinsajo partes uno y dos, pero como Lawrence (director) sepa estar a la altura la saga puede tener un gran colofón, demostrando que de las novelas juveniles se pueden sacar cosas interesantes, como ya se vio en la parte final de la adaptación de J.K.Rowling.

martes, 8 de enero de 2013

THE MASTER (2d10)

The Master es, sin duda, la película del año. Los críticos sesudos intelectuales y demás gafapastas la han encumbrado hasta lo más alto. Ha arrasado por los festivales por los que ha pasado, va a triunfar en los próximos Globos de Oro y sus competidoras ya están planteándose retirarse de la pugna por los Oscars por no hacer el ridículo. La dirección es maestra y Joaquín Phoenix y compañía nos regalan una interpretación simplemente maravillosa.
¿O no?
Pues va a ser que no. Lo siento por mis queridos amigos los críticos sesudos intelectuales pero The Master se me antoja como una de las peores películas que he visto jamás. ¿Exagero? No, para nada.
Paul Thomas Anderson, su director, es uno de esos tipos que ha conseguido el nombramiento de genio sin haber dirigido nada digno de atención, y en esta película se le nota que la divinidad se le ha subido a la cabeza. Las buenas películas no se crean, surgen de manera espontánea, pero Anderson sin duda tenía la conciencia durante todo el rodaje de que él lo estaba haciendo, pues el film es de esos que parecen más dedicados a arrasar en los Oscars que en contar una historia. Y eso que la historia, de entrada, tiene su cosa: un veterano de guerra que no encuentra su lugar en el mundo, hundido por el alcohol y el sexo, encuentra una salida en su amistad con el líder de una secta que trata de ayudarlo. A partir de aquí Anderson podría haberse decantado por un drama sobrThe Master termina siendo una caricatura de un hombre despreciable al que Phoenix le pone tics y rostros en una de las interpretaciones más patéticas y sobreactuadas que puedo recordar.
e la inadaptación, una historia de amistad y esperanza o un alegato contra las sectas (con la sombra de la Cienciología aflorando tras cada esquina), pero incapaz de decidir intenta un batiburrillo de las tres cosas sin acertar en ninguna de ellas. No por apretar muchas teclas se aprende a tocar el piano y
Si la historia tiene su interés, el guion propiamente dicho es horrendo. En su incapacidad para hacernos entender el drama de Freddie Quell (Phoenix) tras su regreso de la guerra (que tan bien se muestran en El Cazador o Nacido el cuatro de julio, por poner solo dos ejemplos), Anderson necesita escarbar tanto en la basura y lanzar tanta mierda alrededor del personaje (y perdonen por tan desagradable metáfora) que al final acaba salpicando al espectador. Quell es una persona odiosa, mezquina y despreciable, y toda la película está repleta de situaciones desagradables que incomodan al espectador. Cierto es que eso es lo que busca Anderson, pero llega a tales extremos que no consigue ningún tipo de empatía hacia el desgraciado que interpreta Phoenix. Volviendo a uno de los ejemplos antes expuestos, el veterano que interpretaba Tom Cruise en la película de Oliver Stone también podía incomodarnos por sus actos y su carácter, pero siempre se tenía la sensación de que el malo de la historia era e conflicto bélico. Aquí, por más que el tema sea el mismo, Quell regresa y tiene un buen trabajo, una chica y unos amigos, así que no se puede excusar en la inadaptación. Él es el problema, y resulta por ello imposible mostrar la más mínima simpatía hacia él, por lo que todo lo que no sea terminar la película con Quell brutalmente descuartizado de la manera más cruel posible supone una decepción enorme.
Phoenix, como ya he dicho, está totalmente fuera de control, recordando a las interpretaciones más histriónicas de Nicholson o Penn. Estar tan pasado de vueltas aleja aún más al espectador, ya que en ningún momento provoca la más mínima compasión. A su lado, sin embargo, Philip Seymour Hoffman raya a muy buen nivel, tal y como nos tiene acostumbrados, haciendo creíble su papel y consiguiendo, esta vez sí, que simpaticemos con él pese a saber que todo lo que mueve a su alrededor es un completo fraude.
Cierra el círculo una de las actrices de moda, Amy Adams, que me da la sensación de que simplemente pasaba por ahí. No es que trabaje mal, pero trata de buscar un contrapunto tan fuerte a Quell, logrando una interpretación tan contenida, que da la sensación de que cualquier actriz desconocida sin su caché podría haber logrado lo mismo.

Una película, en fin, de esas en las que hay que entrar. Yo, desde luego, no lo hice. Y me aburrí soberanamente. Pretenciosa  como su director, The Master será de esas películas que, pese a las flores que la crítica le lance, será olvidada en breve. Y si no, al tiempo.