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domingo, 30 de junio de 2019

TAU

Después de haber visto la curiosa I am mother, se me ocurrió buscar en esa especie de cajón de sastre que es Netflix en busca de algún producto similar y me encontré con Tau, una película a la que seguí la pista en su momento pero que terminó cayendo en el olvido en mi interminable lista de favoritos.
No es Tau una película especialmente original, pues la reflexión sobre el uso de la inteligencia artificial que contiene evoca inevitablemente al Hal de 2001, Odisea en el espacio, mientras que el encierro de la protagonista recuerda también al que sufría Domhnall Gleeson en la estimulante Ex_machina
Sin embargo, tras un comienzo interesante donde se nos presentan las habilidades de la protagonista, correcta Maika Monroe, para ganarse la vida antes de ser secuestrada y sometida a un extraño experimento. Es a partir de entonces cuando, viendo los esfuerzos por conseguir un toque visual impactante e hipnótico, da la sensación de que el director Federico d’Alessandro, responsable del departamento artístico de un buen puñado de películas del MCU pero que debuta aquí como director, parece más interesado en la puesta en escena que en la propia historia.
Al final, todo termina por recaer en lo previsible. Un malo muy malo con aspecto de científico loco cuyas motivaciones nunca son bien explicadas (y tampoco es que el trabajo de Ed Skrein ayude demasiado), una casa inteligente regida por una IA llamada Tau y unas conversaciones bastante planas entre la protagonista y la IA acerca de lo que significa la humanidad y que despierta la curiosidad en el ordenador hasta el punto de ser capaz de traicionar a su propia programación.
Cierto es que, hacia el final, la película intenta remontar gracias al elemento de intriga y la mínima espectacularidad que su reducido presupuesto le permite (ahí se explican algunas deficiencias como un androide bélico excesivamente digital), pero aunque la simpatía que la Monroe pueda despertar en el espectador hacen que uno se interese por ver cómo consigue salir de la situación, lo cierto es que el aburrimiento se ha extendido por la mayoría del metraje, provocando que el resultado final termine siendo decepcionante.
Demasiados peros para un film que busca tener un pinto de trascendencia y no consigue pasar del entretenimiento más simple y limitado.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 8 de junio de 2019

LA VIUDA

Siempre es una buena noticia saber de un estreno de Neil Jordan, aunque parece claro que los mejores años de este director pasaron hace ya mucho tiempo. Después de unos inicios interesantes con En compañía de lobos y, sobre todo, Juego de lágrimas, y dar el salto al cine más mainstream con Entrevista con el vampiro y Michael Collins, sus últimos trabajos son películas menores, casi alimenticias, alternándose con coqueteos televisivos. De hecho, su último estreno data del 2012 con  la, esta sí, notable Byzantium.
Pero la celebración de tenerlo de nuevo ante un film del que además es coescritor se diluye ante la pobre propuesta del mismo, un thriller rutinario que evoca mucho a aquellas películas tan tópicas de los noventa y que se sustenta, ante todo, por su interesante reparto, con una Isabelle Huppert que, aun trabajando un poco con el piloto automático, está excelente, como siempre, bien secundada por las jóvenes Chloë Grace Moretz y Maika Monroe.
La viuda cuenta la relación entre una joven afectada por el reciente fallecimiento de su madre y una mujer madura acosada por la soledad que no tardará demasiado en tornarse algo enfermiza. Algo positivo del film es que no es nada tramposo y pone las cartas enseguida sobre la mesa, apostando más por la construcción de personajes que por la propia intriga, permitiendo así que se le perdonen los agujeros de guion que tiene. Así, como reflexión sobre la soledad y la necesidad de estar arropados por los seres queridos (ya sean reales o impuestos) es el verdadero motor de una película que tiene un buen pulso narrativo y con la que Jordan consigue mantenernos interesados durante toda la proyección, hasta que una vez finalizada, con el objetivo de entretenimiento cumplido, descubrir que no hemos visto nada nuevo ni especialmente talentoso.
En fin, película pasable, intrigante y obsesiva, pero totalmente desfasada hoy en día.


Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 2 de julio de 2016

INDEPENDENCE DAY: CONTRAATAQUE. ¿Veinte años esperando para esto?

Aunque confieso no haberla revisionado en años, guardo un grato recuerdo de la Independence Day original, película que me cautivó y emocionó y que se me antojó una montaña rusa de emociones y destrucción sin parangón.
Muy tarde (veinte años) llega su previsible secuela en la que repite el director y alguno de sus protagonistas a la par que se presenta a una colección de jóvenes pipiolos que tomen el relevo (¿alguien ha nombrado a Star Wars: el despertar de la fuerza?) y se enfrenten a los bichos alienígenas en futuras (e innecesarias) entregas.
Pese a todo, hay que reconocer que Independence Day era una tontería de película, una historia absurda cuya espectacularidad ocultaba sus carencias hasta convertirse en un gran divertimento. En ese sentido, Independence Day:Contraataque es más absurda si cabe, pero pierde en espectacularidad y, desde luego, no es ni la mitad de divertida que aquella, con lo que su visionado resulta superfluo e insulso. Hay que hacer muchas cosas mal para que una invasión alienígena a gran escala aburra, y en este film casi todo lo que se hace está mal. Porque sí, la película aburre. Y ese es su peor pecado.
La cosa empieza con cierta coherencia, el regreso de los alienígenas para vengarse de su anterior derrota (y de paso explicarnos qué demonios quería con nosotros aparte de lo que pueda molar ir por ahí destruyendo planetas ajenos) y con la humanidad preparada para recibirlos, pero a partir de ahí todo es ridículo y desproporcionado, los personajes carecen de carisma y los diálogos rozan lo patético. Soy un gran defensor del cine de Rolald Emmerich hasta el punto de que disfruté más con Asalto al poder que con Objetivo: La Casa Blanca aunque posiblemente el film de Fuqua contenga más virtudes, y creo que en temas de destrucción gratuita no hay nadie como él, pero algo le sucedió durante el rodaje de este film que le hizo perder su garra habitual y las secuencias de acción están dirigidas de manera anodina, que junto a un montaje atropellado y confuso dotan a la película de un tufillo somnífero con el que la implicación resulta casi imposible.
Considero que 2012 era, hasta la fecha, su peor película, por aquello de lo mal escrita que estaba la historia, pero al menos contenía momentos visuales impactantes. Pero nada de eso encontré en esta secuela donde se abusa del humor (un humor sin gracia, por cierto), los personajes deambulan por la Tierra y la Luna sin ritmo de continuidad y se repiten algunas jugadas ya conocidas pero con la excusa del “todo es más grande” como única arma para mejorarlas. No hay ninguna escena digna de ser recordada, como fue en su momento la destrucción de la Casa Blanca, y ni siquiera los diálogos alentadores (otra de las virtudes de la película de 1995) del Presidente son merecedores de elogio. La película carece de épica, espectacularidad y emoción, provocando que hasta las muertes de personajes importantes pasen desapercibidas (y no es la primera película del año que comete estos errores de bulto).
Puede que la culpa sea, como se ha comentado por ahí, de que ya está todo visto. Resulta difícil imaginar un ataque alienígena que supere en espectacularidad al de Los Vengadores, El hombre de acero o la propia Independence Day, pero yo creo que la culpa del despropósito recae más bien en la propia dejadez de sus autores. Da la sensación de que la película está escrita, dirigida e interpretada de mala gana. Y esa sensación traspasa la pantalla y termina por contagiar al espectador.
No es esta una película espantosa, pero sí redunda en la desgana y la simpleza, convirtiéndose en una más del montón muy lejos de la grandeza (merecida o no juzguen ustedes mismos) que tuvo el primer film. Otra muestra más de que un presupuesto amplio no siempre revierte en un gran espectáculo pirotécnico.
Y van…

Valoración: Cuatro sobre diez.

sábado, 23 de enero de 2016

LA QUINTA OLA: otra utopía adolescente del montón.

La quinta ola es una nueva tontería que trata, sin demasiada convicción, abrir una nueva saga para adolescentes copiando descaradamente todas las reglas del juego: basarse en una saga literaria juvenil, tener a un actor (o preferentemente actriz) más o menos reconocida, imaginar un panoramas utópico o postapocalíptico, reunir a base de talonario a un par o tres de secundarios de lujo y conseguir que entre mundos que salvar y familias a las que vengar cuele una historia de amor, si es con aspiraciones de triángulo mucho mejor.
La mejor baza de La quinta ola (y casi la única) es la presencia de Chloë Grace Moretz, intentando tomar el testigo de Jennifer Lawrence y su Katniss Everdeen de Los juegos del hambre, una actriz sobre la que recae casi todo el peso de la película y que puede ser perfecta para el papel de chica asustada y superada por las circunstancias que, si el público lo permite, irá endureciéndose a medida que avancen las secuelas hasta volverse dura y fría (algo así como el personaje que la encumbró a la fama en Kick Ass). Capaz de ello es, tal y como demostró en el remake de Carrie. Otra cosa es que eso sea suficiente para aguantar una historia tan inestable y ridícula.
Pero vayamos al asunto: La quinta ola describe como unos extraterrestres llegan a la Tierra y empiezan a liarla parda. La invasión se desarrolla en cinco fases (de ahí la quinta ola del título), con algunas secuencias de destrucción bastante interesantes pese a la artificiosidad digital que las condiciona (todas ellas desveladas ya en el tráiler). Así, uno casi puede imaginar que habría hecho el director Roland Emmerich si le hubiesen dado este guion: seguramente hacer una película por cada ola y eso que habríamos ganado. Aquí, la invasión solo ocupa el primer acto de la trama, pasando a mostrarnos dos historias paralelas en su segundo arco, donde las sorpresas son escasas y todo suena a demasiado repetitivo. Por un lado, la protagonista, Cassie, deberá desenvolverse en solitario en un mundo hostil con unos alienígenas descendientes de los de La Invasión de los ladrones de cuerpos y cosas que recuerdan mucho a The Host (La Huesped), la fallida adaptación de otra obra de la creadora de Crepúsculo. Por otro, vemos como su hermano es reclutado por el ejército superviviente para adiestrarlo junto a otros niños a modo de Los juegos de Ender (otra peli fallida que nunca llegó a convertirse en saga).
Por medio de todo, naturalmente, dos galanes que se disputarán en posteriores entregas el amor de la dama: uno duro y malote (Alex Roe, un actor tan espantoso que su aparición hace que la película termine por desinflarse del todo) y otro tierno y con cara de perrito adorable (Nick Robinson, el hermano mayor de Jurassic World).
Poco se puede reseñar de una película que copia de todas partes (por supuesto, ni he leído la novela ni me he molestado en datarla, por lo que no se si la obra de Rick Yancey copiaba o era copiada) aparte de celebrar las apariciones de los mencionados secundarios de lujo. Por ahí aparecen una caricaturesca y exagerada Maria Bello; Maika Monroe, que invita a pensar que el triángulo amoroso puede tener cuatro vértices; Ron Livingston, recordado principalmente por Boardwalk Empire y, sobre todo, Liev Schreiber, que siempre cumple en el papel de machote.
No pretendo ser excesivamente cruel con este subgénero, el denominado Young Adult (YA) en los USA, que parecen siempre cortados por el mismo patrón (al menos Los Juegos del hambre y El corredor del laberinto son sagas que me funcionan bastante bien, aunque no soporto Divergente ni su secuela), pero parece haber un cierto aire de desgana en esta producción sin más ambiciones que la de crear una nueva franquicia que de dinero sin molestarse en profundizar lo más mínimo ni arriesgar más que lo estrictamente necesario.
Lo siento por la Moretz, una chica de extraña belleza que siempre me cayó muy bien, pero no le auguro demasiado futuro a esta aspirante a saga que, desde luego, no merece llegar a serlo. Por más que siempre mole ver tsunamis arrasándolo todo  en pantalla grande.

Valoración: 4 sobre 10.

sábado, 13 de junio de 2015

IT FOLLOWS (4d10)

Escrita y dirigida por David Robert Mitchell, It follows fue una de las películas/sensación (una de muchas, todo sea dicho) del pasado festival internacional de Sitges. Estrenada, como es habitual en este país, tarde y mal, la película se apoya en su protagonista, Maika Monroe, como rostro más popular (y tampoco es que haya hecho mucho de interés aparte de The Guest) de un reparto joven y bastante limitado.
Una vez vista la película lo primero es tratar de valorar a qué género pertenece. Pese a que el argumento gira entorno a una aparición espectral que persigue insistentemente a uno de los personajes hasta que este consigue “pasarle” la maldición a otra persona, no se puede asegurar que se trate de un film de terror. No hay, en efecto, demasiados sustos, mientras que la angustia que transmite al espectador es más por la sensación “malrollera” que produce que otra cosa. Y eso es, sin duda alguna, la principal virtud de la obra.
Huyendo conscientemente del susto fácil y con una banda sonora tan machacante como desalentadora, la película evita los tópicos iniciales para apostar por el misterio y el desconcierto, pero toda la originalidad que se plasma en sus primeros minutos se va diluyendo durante el metraje, haciendo que, una vez perdida la sorpresa inicial, caiga en el tedio más absoluto, volviéndose repetitiva y aburrida.
Al final, It follows no pasa de ser un curioso experimento, una apuesta diferente pero no suficientemente bien desarrollada, y que ante la evidente falta de presupuesto y sencillez en su puesta en escena necesita que demasiado peso de la misma recaiga en un casting ciertamente mediocre, que no logra convencer ni emocionar más allá de la propia (y con algo de esfuerzo por parte del espectador) de la Monroe.
Así, Mitchell ha confabulado un curioso vehículo con el que darse a conocer y aspirar a ser un autor a tener en cuenta de cara al futuro, pero no debería ser esta la película que marque su carrera, demasiado repleta de carencias narrativas como para que sea recordada como algo más que una interesante idea.

lunes, 4 de mayo de 2015

THE GUEST (7d10)

Ya hable ligeramente de esta película a raíz de su paso por Sitges 2014, aunque tras el éxito cosechado en el Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya quise esperar a su anunciado estreno comercial para poderla analizar más en profundidad, no esperando que este fuese tan limitado y fugaz.
Dirigida por Adam Wingard, quien destacó como realizador por Tú eres el siguiente y cuyos trabajos hemos podido ver también en diversos segmentos de V/H/S y The ABC’s of Death, la película supone un claro homenaje a las películas de videoclub de los años ochenta, a ese tipo de cine de serie B que pasaba de puntillas (o simplemente no pasaba) por las carteleras pero que luego el boca a oreja las convertían en las grandes estrellas en el formato doméstico.
Ya su argumento no puede ser más simple y tópico: un joven aparece en la vida de una familia americana para seducirlos con su labia y sus aptitudes de manera que cuando se descubra su lado turbio ya sea demasiado tarde. No hay ningún spoiler en esta frase, pues el propio director, con un hábil uso de la música y merced al rostro camaleónico de Dan Stevens, se asegura de que nos quede bien claro desde el primer momento.
Podría decirse sin temor a equivocarnos que todo en The Guest es una absoluta tontería, un sinsentido que se sostiene por los pelos y con un gran esfuerzo de credulidad por nuestra parte, pero lo cierto es que da lo mismo. Wingard y Stevens se las apañan para que rizar el rizo que proponen sea sumamente divertido, burlándose incluso de los estereotipos y dándonos simplemente lo que queremos, una buena dosis de humor y mala leche con un final adrenalítico en un improbable escenario de Halloween de instituto.
Perfecta es la labor de Wingard para “colarnos” su aventura, pero de nada le valdría un buen trabajo tras las cámaras si no hubiese contado con el talento de Dan Stevens, un actor poco conocido hasta la fecha pero con un prometedor futuro. Stevens es el invitado a quien se refiere el título pero, por encima de eso, es el alma de la fiesta que es en realidad la película. Stevens es tan guapo como macarra, tan seductor como inquietante, representando tanto la figura del mejor amigo o el vecino perfecto como el mayor y más aterrador hijioputa del barrio. Una sonrisa, una mirada, que se transforma en menos de un segundo.
Rematando la jugada con una inteligente banda sonora, The Guest contiene todo aquello de lo que Obsesión carecía, esa peliculilla de hace unas semanas protagonizada (es un decir) por Jenifer Lopez que venía a mostrar un planteamiento más o menos parecido, como si ambas películas fuesen las dos caras de una misma moneda, pero que pese a haberse estrenado con mucho más rebomborio resultaba a la fin una pésima caricatura de esta.
The Guest posee toda la cutrez de cine más vacilón de los ochenta pero con un bonito envoltorio y como tal hará las delicias de todos aquellos que no pidáis a la peli más de lo que promete, una hora y media de violencia y diversión. Una película, en fin, para pasárselo bomba escudados ante un buen tanque de palomitas.

lunes, 10 de marzo de 2014

A CUALQUIER PRECIO * (5d10)

Interesante reflexión sobre la familia y la codicia empresarial que podría recordarnos a otras películas mil veces vistas si la acción transcurriera en la gran ciudad (hombre de negocios que desatiende a sus hijos obsesionado con su prosperidad laboral) pero el hecho de que sea una historia rural ayuda a familiarizarnos más con los protagonistas y que los sintamos más cercanos.
Puede asustar en un primer momento que uno de los protagonistas sea un chico Disney como Zac  Efron, pudiendo augurarse una peli infantiloide con claro destino femenino, pero afortunadamente (y eso que el chaval no lo hace mal) el peso de la trama la lleva el gran Dennis Quaid, que pese a estar relegado últimamente a papeles secundarios o producciones pequeñas como esta sigue siendo un gran actor y lo demuestra en cada oportunidad que se le ofrece.
Henry Whipple es un exitoso vendedor de semillas que desea que su hijo pequeño herede el negocio (el mayor ya huyó años atrás para embarcarse en una vida más emocionante escalando montañas), pero éste no está muy por la labor, obsesionado más con triunfar como conductor de coches de carreras. Con este punto de partida Ramin Bahrani, director de escaso bagaje, intenta hablar sobre la ambición, la corrupción, el matrimonio y la decepción (decepción por el desprecio de un hijo, decepción por un engaño sentimental, decepción por tomar decisiones equivocadas…), quizá demasiados temas para abordarlos correctamente en esta película que cuenta también con la labor de Heather Graham (la prostituta mamá de Resacón en Las Vegas), Kim Dickens (El hombre sin sombra, La casa de arena y niebla) y Maika Monroe (una de las Bling Ring).
Película sencilla y agradable de ver, con un ligero tufillo a telefilm, que carece de suficientes pretensiones para estar a la altura de otras historias recientes como Tierra Prometida.

Simpática y entretenida sin más.