Mostrando entradas con la etiqueta chloë grace moretz. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta chloë grace moretz. Mostrar todas las entradas

sábado, 8 de junio de 2019

LA VIUDA

Siempre es una buena noticia saber de un estreno de Neil Jordan, aunque parece claro que los mejores años de este director pasaron hace ya mucho tiempo. Después de unos inicios interesantes con En compañía de lobos y, sobre todo, Juego de lágrimas, y dar el salto al cine más mainstream con Entrevista con el vampiro y Michael Collins, sus últimos trabajos son películas menores, casi alimenticias, alternándose con coqueteos televisivos. De hecho, su último estreno data del 2012 con  la, esta sí, notable Byzantium.
Pero la celebración de tenerlo de nuevo ante un film del que además es coescritor se diluye ante la pobre propuesta del mismo, un thriller rutinario que evoca mucho a aquellas películas tan tópicas de los noventa y que se sustenta, ante todo, por su interesante reparto, con una Isabelle Huppert que, aun trabajando un poco con el piloto automático, está excelente, como siempre, bien secundada por las jóvenes Chloë Grace Moretz y Maika Monroe.
La viuda cuenta la relación entre una joven afectada por el reciente fallecimiento de su madre y una mujer madura acosada por la soledad que no tardará demasiado en tornarse algo enfermiza. Algo positivo del film es que no es nada tramposo y pone las cartas enseguida sobre la mesa, apostando más por la construcción de personajes que por la propia intriga, permitiendo así que se le perdonen los agujeros de guion que tiene. Así, como reflexión sobre la soledad y la necesidad de estar arropados por los seres queridos (ya sean reales o impuestos) es el verdadero motor de una película que tiene un buen pulso narrativo y con la que Jordan consigue mantenernos interesados durante toda la proyección, hasta que una vez finalizada, con el objetivo de entretenimiento cumplido, descubrir que no hemos visto nada nuevo ni especialmente talentoso.
En fin, película pasable, intrigante y obsesiva, pero totalmente desfasada hoy en día.


Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 2 de julio de 2016

MALDITOS VECINOS 2: más de lo mismo

Malditos vecinos 2 es una nueva cafrada de Seth Rogen como autor, aunque esta vez hasta seis guionistas más lo acompañan en los créditos, y donde Nicholas Stoller repite en la silla del director. Estamos ante otra de esas películas de chistes escatológicos sobre pedos, erecciones y porros que, por alguna razón, funciona notablemente bien.
Alguien dijo alguna vez que para hacer una buena secuela hay que contar otra vez lo mismo pero de manera diferente, y esta es la máxima que parecen haber seguido los creadores de Malditos vecinos 2. Demasiado al pie de la letra, quizá. Mac y Kelly siguen siendo un matrimonio de clase media obligados a madurar por las imposiciones de la paternidad a los que su vida se verá, de nuevo, alterada por los vecinos universitarios, que convertirán la casa de al lado en lugar habitual de fiestas de fraternidad con el alboroto que ello conlleva. La novedad está en que el antiguo enemigo interpretado por Zac Efron es ahora un valioso aliado y los alborotadores son esta vez chicas, lideradas por Chloë Grace Moretz. Un interesante giro argumental que añade a la típica confrontación generacional (por supuesto, el complejo de Peter Pan continua presente) una guerra de sexos que, por desgracia, termina volviéndose descafeinada cuando las cafradas a las que me refería al principio resultan ser más o menos las mismas ahora que cuando los cafres eran chicos, por más que ellas pretendan reivindicar lo contrario.
Más allá de esto, pues más de lo mismo. Recurriendo a todos los tópicos de las fiestas universitarias (¿es que en Estados Unidos nadie estudia nunca?), de la inmadurez y de la búsqueda de uno mismo (ese papel le corresponde ahora a Efron, rota su amistad con el personaje de Dave Franco) Malditos Vecinos 2, pese a su final con moralina y mensaje nada oculto, es una sucesión de bromas más o menos acertadas que no aspira a nada más que a hacer reír. Y en medio de una cartelera tan mediocre como la que hay ahora mismo, al menos es una loable propuesta.
Risas, soeces en ocasiones y algo simplonas, pero risas al fin y al cabo.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 23 de enero de 2016

LA QUINTA OLA: otra utopía adolescente del montón.

La quinta ola es una nueva tontería que trata, sin demasiada convicción, abrir una nueva saga para adolescentes copiando descaradamente todas las reglas del juego: basarse en una saga literaria juvenil, tener a un actor (o preferentemente actriz) más o menos reconocida, imaginar un panoramas utópico o postapocalíptico, reunir a base de talonario a un par o tres de secundarios de lujo y conseguir que entre mundos que salvar y familias a las que vengar cuele una historia de amor, si es con aspiraciones de triángulo mucho mejor.
La mejor baza de La quinta ola (y casi la única) es la presencia de Chloë Grace Moretz, intentando tomar el testigo de Jennifer Lawrence y su Katniss Everdeen de Los juegos del hambre, una actriz sobre la que recae casi todo el peso de la película y que puede ser perfecta para el papel de chica asustada y superada por las circunstancias que, si el público lo permite, irá endureciéndose a medida que avancen las secuelas hasta volverse dura y fría (algo así como el personaje que la encumbró a la fama en Kick Ass). Capaz de ello es, tal y como demostró en el remake de Carrie. Otra cosa es que eso sea suficiente para aguantar una historia tan inestable y ridícula.
Pero vayamos al asunto: La quinta ola describe como unos extraterrestres llegan a la Tierra y empiezan a liarla parda. La invasión se desarrolla en cinco fases (de ahí la quinta ola del título), con algunas secuencias de destrucción bastante interesantes pese a la artificiosidad digital que las condiciona (todas ellas desveladas ya en el tráiler). Así, uno casi puede imaginar que habría hecho el director Roland Emmerich si le hubiesen dado este guion: seguramente hacer una película por cada ola y eso que habríamos ganado. Aquí, la invasión solo ocupa el primer acto de la trama, pasando a mostrarnos dos historias paralelas en su segundo arco, donde las sorpresas son escasas y todo suena a demasiado repetitivo. Por un lado, la protagonista, Cassie, deberá desenvolverse en solitario en un mundo hostil con unos alienígenas descendientes de los de La Invasión de los ladrones de cuerpos y cosas que recuerdan mucho a The Host (La Huesped), la fallida adaptación de otra obra de la creadora de Crepúsculo. Por otro, vemos como su hermano es reclutado por el ejército superviviente para adiestrarlo junto a otros niños a modo de Los juegos de Ender (otra peli fallida que nunca llegó a convertirse en saga).
Por medio de todo, naturalmente, dos galanes que se disputarán en posteriores entregas el amor de la dama: uno duro y malote (Alex Roe, un actor tan espantoso que su aparición hace que la película termine por desinflarse del todo) y otro tierno y con cara de perrito adorable (Nick Robinson, el hermano mayor de Jurassic World).
Poco se puede reseñar de una película que copia de todas partes (por supuesto, ni he leído la novela ni me he molestado en datarla, por lo que no se si la obra de Rick Yancey copiaba o era copiada) aparte de celebrar las apariciones de los mencionados secundarios de lujo. Por ahí aparecen una caricaturesca y exagerada Maria Bello; Maika Monroe, que invita a pensar que el triángulo amoroso puede tener cuatro vértices; Ron Livingston, recordado principalmente por Boardwalk Empire y, sobre todo, Liev Schreiber, que siempre cumple en el papel de machote.
No pretendo ser excesivamente cruel con este subgénero, el denominado Young Adult (YA) en los USA, que parecen siempre cortados por el mismo patrón (al menos Los Juegos del hambre y El corredor del laberinto son sagas que me funcionan bastante bien, aunque no soporto Divergente ni su secuela), pero parece haber un cierto aire de desgana en esta producción sin más ambiciones que la de crear una nueva franquicia que de dinero sin molestarse en profundizar lo más mínimo ni arriesgar más que lo estrictamente necesario.
Lo siento por la Moretz, una chica de extraña belleza que siempre me cayó muy bien, pero no le auguro demasiado futuro a esta aspirante a saga que, desde luego, no merece llegar a serlo. Por más que siempre mole ver tsunamis arrasándolo todo  en pantalla grande.

Valoración: 4 sobre 10.

domingo, 21 de junio de 2015

VIAJE A SILS MARIA (7d10)

En palabras inmortales de Fray Luis de León (recuperadas posteriormente por Unamuno): Decíamos ayer…
Decíamos ayer que Hollywood se estaba mirando el ombligo últimamente, y Birdman y La sombra del actor eran las dos caras de una misma moneda en la que un actor ya consagrado se refugiaba del circo californiano en el más elitista mundo del teatro.
Viaje a Sils Maria es, sin duda la tercera pata de un mismo taburete, ya que cuenta la historia de Maria E
nders (brillantemente interpretada por Juliette Binoche), una veterana actriz de éxito (acaba de participar en la franquicia de X-men, nuevo comentario friki que sirve por ende para demostrar el nuevo concepto que en Hollywood se tiene del cine de entretenimiento) que viaja a un pequeño pueblo de los Alpes Suizos junto a su asistente Valentine (una sorprendente Kristen Stewart que consiguió ganar un Cesar gracias a este personaje y que parece haberse sacudido el sambenito de haber sido la Bella de Crepúsculo definitivamente). El motivo del viaje es la  recogida de un premio honorífico al autor teatral Wilhelm Melchior, pero durante el trayecto reciben la noticia del fallecimiento del escritor, mentor y amigo personal de Enders. Esto iniciará un viaje introspectivo de la actriz que se potenciará con la oferta para volver a los escenarios a interpretar la obra de Melchior que la consagró: La serpiente de Maloja, en la que una joven hermosa llamada Sigrid seduce a la madura Helena hasta condenarla al suicidio. Naturalmente, Maria Enders se hizo famosa interpretando a Sigrid, pero la oferta de ahora es para el papel de Helena (un relevo generacional que recuerda al apuntado por Cronenberg en el personaje de Julianne Moore en la también coincidente Mapa de las Estrellas).
Aunque Viaje a Sils Maria no contiene el delirio alucinógeno de su protagonista como las obras de Levinson y Iñárritu, si mantiene el doble juego entre realidad y ficción gracias a los ensayos de la obra que Enders realiza con Valentine, regados de intensas discusiones sobre las diferentes maneras de entender a los personajes que, evidentemente, imita a la propia realidad, y con un desenlace que, como en las otras dos películas mencionadas, invitan al debate y la reflexión.
Amparada por unos espectaculares paisajes (el título de la obra: la serpiente de Maloja hace referencia al movimiento sinuoso de la nubes entre las montañas que rodean el valle), Viaje a Sils Maria es un intenso duelo interpretativo entre estas dos actrices (entre las que se cuela, de manera también brillante, Chloë Grace Mooretz) y una reflexión sobre el paso del tiempo, la soledad y el arte. Sí puede sonar a más de lo mismo. Y quizá lo sea. Pero la puesta en escena de Olivier Assayas, aunque un poco excesivo en cuanto a la duración del metraje, es intensa y apasionante, y el retrato de la industria del  show busines es reflejado con contundencia, aunque el cine comercial sale algo mejor parado que en Birdman gracias a la defensa a ultranza que hace Valentine contra el escepticismo y las burlas de Enders (la propia Binoche asegura que aceptó participar en Godzilla para conocer por dentro el rodaje de un blockbuster y poder prepararse mejor para este papel).
De nuevo el glamour postizo y artificioso de Hollywood puesto al descubierto, aunque en esta ocasión desde un prisma europeo.

martes, 21 de octubre de 2014

THE EQUALIZER (EL PROTECTOR) (7d10)

Inspirada muy ligeramente en una conocida serie televisiva que por estos lares se vio, por lo menos, por algún canal autonómico, The Equalizer supone el reencuentro entre el actor Denzel Washington y el director Antoine Fuqua después del buen resultado que tuvieron con Día de entrenamiento (Oscar al mejor actor para Washington).
La película cuenta (con muy pocos detalles) la historia de Robert McCall, un simple trabajador  en un almacén de bricolaje, muy amigo de sus amigos y con un aire de melancolía que se refleja en sus noches de insomnio al amparo de un buen libro en una cafetería. Sin embargo, no se tarda demasiado en descubrir que las cosas no son lo que parecen y que hay algo oscuro tras este hombre afable y de buen corazón.
Resulta harto complicado definir el film en una sola palabra, pues contiene demasiados elementos negativos como para poder definirla simplemente como una buena película. Empezando por los personajes, exageradamente arquetipos, con unos buenos muy buenos y unos malos muy malos, sin matices ni claroscuros.
Luego está el tema de la credibilidad. Nada de lo que sucede es factible, y el tal McCall se nos presenta como un héroe cuasi indestructible, una máquina de matar perfecta que dejaría en ridículo a machos como Chuck Norris o Charles Bronson. 
De hecho, no sería exagerado decir que la película recuerda mucho a esos títulos de justicieros implacables de los ochenta, de manera que si el protagonista llevase gafas de sol, una cerilla en la boca y un apodo surgido de su apellido italiano o si condujese un descapotable al ritmo de AC/DC y tratara de vengar la muerte de su primo segundo favorito, ustedes ya me entienden, no nos extrañaría en absoluto.
Sin embargo, y pese al punto de seriedad y dramatismo que trata de dotar a su personaje Denzel Washington (y mira que le salen bien las miradas perdidas llenas del más absoluto vacío), sobre todo en lo referente a su relación con el personaje de Chloë Grace Moretz (una prostituta rusa perteneciente a la mafia), esta nueva versión de El Ecualizador (aquí subtitulada como El Protector) podría ser la pareja de baile de la recientemente comentada The Guest, cinta inédita aún en España pero que se dejó ver por el festival de Sitges. Ambas son, en resumen, una soberana tontería, una colección de muertes a cual más burra que, analizadas fríamente, no se sostienen por ningún lado, pero ambas tienen, a su vez, algo que mola. Si The Equalizer se hubiese presentado en Sitges (o en algún festival de similares características) seguramente habría arrancado cientos de aplausos coreando sus escenas más sangrientas, ya que la falta de humor de The Equalizer se compensa con la bestialidad de la mayoría de las muertes de los malos, algunas rozando el gore.
No diré ningún spoiler importante si aseguro que nadie puede con McCall y eso, como en los buenos tiempos de Segal, mola. Absurdo e incoherente todo, de acuerdo, pero efectivo. Washington parte la pana, y no hay más que comentar.

lunes, 22 de septiembre de 2014

SI DECIDO QUEDARME (4d10)

Antes de entrar en lo que es el análisis propio de la película, el visionado de la misma me surgió una reflexión que quiero compartir con vosotros.
Si tenemos en cuenta que una película se filma siempre con la intención de cumplir un objetivo, ¿la consecución de este es el que determina su calidad? Lo diré de otra manera: si una comedia es aparentemente muy mala (está mal dirigida, los actores son patéticos y el guion de lo más absurdo posible) pero nos hace reírnos hasta tener agujetas en la mandíbula, ¿debemos replantearon la acusación de película mala?
Y es que Si decido quedarme es, en apariencia, una película mala. Los actores (porque, aunque no lo parezca, actúa más gente que Chloë Grace Moretz, casi omnipresente en todas las escenas) no están mal y el director, sin realizar ningún alarde visual, no desentona. Pero la historia flojea por todas partes. El ritmo está mal calibrado y el montaje paralelo entre dos momentos temporales no ayudan demasiado. Y, lo que es peor, resulta soberanamente aburrida.
Sin embargo, esta claro desde el principio que busca un objetivo único: hacer llorar. Y ese objetivo se cumple. Aún pese a estar medio vacía la sala en la que estuve, noté a mi alrededor el sonido de contención de lágrimas, el tráfico de cleenex y las miradas avergonzadas al encenderse las luces. Así, ¿tengo derecho a condenar la película?
El caso es que estamos ante la historia de Mia Hall, una muchacha que se siente como pez fuera del agua al ser una enamorada de Beethoven y del chelo en una familia dominada por el rock más puro, que se coronará con el enamoramiento total y absoluto del líder de una banda ascendente en el mundillo musical local. Pero todo cambiará cuando un accidente de coche amenace con sesgar las vidas de los cuatro componentes del núcleo familiar (hay también un hermano pequeño). Entonces, el espíritu de Mia escapa de su cuerpo y, como si en una variante ñoña de Ghost se tratase, verá en primera persona todos los sufrimientos que el accidente ha provocado en sus seres queridos a la par que irá recordando sus amoríos y desengaños con su adorado Adam.
Basada en una novela (¡cómo no!) de una tal Gayle Forman, se trata de un drama muy dramático que pretende ir en la línea de Bajo la misma estrella (la chica inadaptada pero talentosa, el amor adolescentemente empalagoso, los diálogos pretendiendo ser brillantes que rozan la pedantería…) pero que no tiene la chispa ni la agudeza de aquella, por lo que logra hacer sufrir pero no conmover ni seducir.
Pese a contar con algún secundario de lujo como Mireille Enos o Stacy Keach, Chloë Grace Moretz es la estrella absoluta de la función, quien carga con todo el peso y la responsabilidad (para bien o para mal) y que pese a esforzarse lo máximo no es presencia suficiente como para evitar que su tragedia se nos antoje eterna y hastiante.
Si decido quedarme es aburrida, cansina y lenta, y para colmo de males, en su edición española (desconozco si los responsables proceden de los USA o si es cosa nuestra) nos medio spoilean el final (previsible por otro lado) en la misma concepción del título.
Hay mucho sufrimiento y dolor. Tanto, que llega un momento que empezamos a insensibilizarnos, que cada mala noticia nos la tomamos con un “¡anda ya!” y casi nos empieza a dejar de importar el destino de los protagonistas.
Pero, pese a todo, hace llorar. ¿Es eso suficiente? Yo creo que no.

domingo, 8 de diciembre de 2013

CARRIE (2013) (6d10)

De nuevo nos encontramos ante la adaptación de una novela, por lo que entramos de nuevo en el debate de si hay que valorar a la película por su calidad artística individual o por lo bien adaptada que pueda (o no) estar. Pero en esta ocasión tenemos ya una adaptación anterior de la novela de Stephen King, y no una adaptación cualquiera, sino todo un clásico del cine de terror (una reciente encuesta a coronado al Carrie de Brian De Palma como la película preferida para ver la noche de Halloween en Estados unidos).
No se trata, como en los casos más recientes (aun en cartelera) de Los Juegos de Ender y Los Juegos del Hambre: En llamas, de una novela juvenil, aunque hay que reconocer que cuando la escribió King tenía veintipocos años y la trama versa sobre una adolescente y su baile de graduación. Es, más bien, una mezcla de terror puro con drama, reflejando no solo la dureza (a veces destructiva) que pueden guardar en sus corazones los niños (y así es como se comportan los jóvenes americanos cuando les hablan del baile de graduación, como niños) sino los peligros que la religión puede contener cuando se confunde devoción con fanatismo.
Dejando de lado la novela (considerando el resto de su vasta obra, Carrie posiblemente sea la historia más fácil de adaptar de Stephen King), las comparaciones con el film de De palma del 76 son inevitables, no solo por contar la misma historia sino por la forma de hacerlo.
Agradeciendo siempre la fidelidad hacia la obra original, lo cierto es que el guion escrito por Rodrigo Aguirre-Sacasa es prácticamente un calco del libreto de Lawrence D. Cohen, hasta el punto que el autor de la versión del 76 consta como coguionista del remake actual. Es entonces, cuando la innovación se reduce a la utilización de los teléfonos móviles y los videos de youtube, cuando uno se pregunta la necesidad de hacer otra versión de una historia que, por cierto, ha envejecido francamente bien.
Kimberly Peirce, una directora sin apenas experiencia, se encuentra tras las cámaras, y aunque es cierto que tampoco De palma tenía en su haber ningún gran éxito con anterioridad a su Carrie, se le nota a la Peirce na cierta falta de contundencia, en una realización siempre correcta pero poco arriesgada, casi televisiva, sobresaliendo algo en las escenas de sangre pero patinando en la secuencia de más acción.
La historia es de sobras conocida: educada con extrema sobreprotección por su ultra religiosa madre, Carrie es una inadaptada social, sin amigas en la escuela, cuyo máxima humillación le llega cuando es objeto de burla de sus compañeras al tener su primera regla mientras se ducha en el gimnasio del colegio y reaccionar aterrada ante lo que piensa que es una hemorragia interna. La señorita Desjardin será (o intentará serlo) su única aliada, imponiendo un duro castigo a las muchachas por su crueldad y provocando, inconscientemente, que Carrie se gane su primera gran enemiga. Lo que nadie sospecha es que Carrie está desarrollando poderes telequinéticos. Y no tardará en aprender a utilizarlos.
Chloë Grace Moretz cumple bien en su papel de Carrie, quizá algo sobreactuada en los momentos más dolorosos, aunque su candidez y esa facultad que, aún sin ser una gran belleza, tiene para seducir las cámaras (como ya demostrara en Kick-Ass) es lo que más brilla en el film, en perfecto contraste con la oscuridad amarga de Juliane Moore, aunque poco se puede destacar del resto de protagonistas, un puñado de chavales que bien podrían haber salido de cualquier canal juvenil y a los que ni se espera ni se exige nada especial.
No es, entonces, una mala película, pero –aun olvidándonos de su predecesora- resulta demasiado sosa, le falta algo para emocionar con todo lo que la historia podría dar de sí. Y es una lástima, porque los medios para hacerlo estaban ahí.

Inquieta, pero no aterra.

lunes, 9 de septiembre de 2013

KIKC-ASS 2 . CON UN PAR (6d10)

Después del éxito que tuvo hace tres años Kick-Ass, dirigida por Matthew Vaughn (ahora dueño y señor de la franquicia mutante de Marvel) y basada en la obra homónima de Mark Millar y John Romita Jr., revitalizando el cine de superhéroes y ofreciendo algo diferente a lo que estábamos acostumbrados, era inevitable que más temprano que tarde llegase su secuela, basada también, con bastante fidelidad, en la secuela del comic. Todos, excepto el director repiten en la función, aunque la llegada de Jeff Wadlow no entorpece apenas, pues se limita a seguir obediente las directrices ofrecidas por Vaughn (ahora productor) en la primera entrega, sin variar pero tampoco innovando.
La acción arranca tal y como quedó al final de Kick-Ass, con Dave habiendo marcado el camino a seguir al resto de superhéroes, Mindy entrenando furtivamente a escondidas de su padre adoptivo y Chris D’Amico queriendo vengar la muerte de su padre. Se desarrollan entonces tres historias paralelas que, inevitablemente, tendrán que cruzarse en algún momento, produciendo mucho dolor y sangre. Por un lado, Kick-Ass se encuentra con un grupo de héroes que lo aceptan como miembro bajo las órdenes del Coronel Barras y Estrellas, Mindy decide cumplir la promesa hecha a su padrastro de abandonar su carrera como Hit-Girl y tratar de adaptarse a la vida en el instituto y D’amico se convertirá en el primer supervillano del mundo real bajo el nombre del Hijoputa y urdirá un plan para acabar con Kick-Ass y sus amigos.
Pocas veces (salvo algún cambio leve e irrelevante –qué manía tienen estos de Hollywood en que Kick-Ass “moje”- y, sobre todo, el final) una película ha sido tan fiel a la obra en que se basa, calcando escenas –e incluso viñetas- del comic tal y como Zack Snyder hiciera con Watchmen, con la salvedad de que la obra de Alan Moore roza la maestría y la de Millar es, siendo generosos, muy flojita. Así, la principal losa con la que debe cargar la película es repetir los errores del cómic, una novela gráfica que parece nacer más del oportunismo que del deseo de Millar, generalmente revolucionario y fresco, y cuyo cansancio se nota incluso en los dibujos desgarbados y de trazo fácil de Romita. Así, la película, que sigue siendo muy entretenida, abusa demasiado de la violencia gratuita y los tacos, como si por sí solos pudiesen hacer funcionar la historia. Wadlow no se da cuenta de que lo que más gustó de la película de Vaughn era la frescura y la capacidad de sorprender al espectador, que ahora acude de nuevo a las salas sabiendo lo que va a ver y esperando que le sorprendan con algo nuevo. Además, la gracia de Kick-Ass estaba en trasladar a los superhéroes al mundo real, consiguiendo que estos se vean ridículos y patosos, pero cuando Madre Rusia liquida ella sola a diez policías, Hit-Girl se enfrenta a toda una banda armada desde lo alto de una furgoneta y Kick-Ass y el Hijoputa tienen un duelo épico en el clímax final, resulta que estamos presenciando los mismos clichés que en una película de superhéroes convencional, y el que los personajes se dediquen a repetir infinidad de veces que está en el mundo real no va a conseguir que en verdad lo sea.
Otro problema con el que han tenido que lidiar ha sido con los actores. Aaron Taylor-Johnson, musculoso y con planta, poco tiene que ver con el flacucho desgarbado que dibuja romita, mientras que a Mindy la han tenido que añadir varios años con respecto al comic, ya que la edad de Chloë Grace Moretz (de nuevo protagonista absoluta del film) no es fácil de disimular. Precisamente uno de los cambios con respecto al comic se basan en que mientras en papel se dedican apenas cuatro viñetas en forma de diario a relatar la vida de Mindy en el colegio aquí su adaptación (o mejor su falta de ella) a la sociedad es una trama destacada, con Mindy enfrentada a sus compañeras en una secuencia más cercana a la Carrie de Stephen King (precisamente el próximo proyecto de Chloë Grace Moretz) que de la Hit-Girl de Millar. Con respecto al resto del reparto Christopher Mintz-Plasse continúa igual de histriónico que en la primera película, mientras que las ausencias forzosas de Nicolas Cage y Mark Strong es suplida con corrección por Jim Carrey y John Leguizamo.
Cumple con el objetivo de distraer y divertir, desde luego, pero estando tan por debajo de su predecesora no te deja con la sensación de que sea necesaria una tercera película.

A no ser que se dejen de tonterías y le cedan todo el protagonismo a Hit-Girl, claro está.