Mostrando entradas con la etiqueta judy greer. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta judy greer. Mostrar todas las entradas

miércoles, 31 de octubre de 2018

LA NOCHE DE HALLOWEEN

La saga de Michael Myers es una de las más prolíficas del cine de terror, así como de las más complicadas. Hay hasta once películas formando la franquicia de Halloween, incluyendo el reboot y su secuela de la mano de Rob Zombie. Lo curioso del caso es que, centrándonos en las nueve restantes, hay tantas contradicciones y reinvenciones que se podría decir que se pueden formar tres universos paralelos de ellas. 
Vamos a complicar un poco más las cosas: las dos primeras secuelas son totalmente oficiales, estando incluso el propio John Carpenter, director y guionista de la película original, tras ellas. Sin embargo, pese a que a medida que progresaba la saga la biografía del asesino de la máscara blanca variaba hasta suponer que ya no hay una continuidad real con las primeras, la presencia de Jamie Lee Curtis, la protagonista de la cinta original de 1978, en H20 y Halloween: Resurrección (séptima y octava entregas, respectivamente), dotan también de cierta oficialidad a esta nueva línea temporal. Finalmente, la película que ahora se estrena hace un borrón y cuenta nueva y pretende ser una secuela directa de la primera Halloween, con lo que vendría a ser una especie de Halloween 2, como si las siete restantes no hubiesen existido nunca. Eso sí, con Jamie Lee Curtis de nuevo como protagonista. ¿Ha quedado claro? Continuemos, pues.
Bendecida por el propio Carpenter, La noche de Halloween está dirigida por David Gordon Green, especialista en comedias como SuperfumadosEl Canguro o la espantosa Caballeros, princesas y otras bestias, reciclado últimamente en la televisión y en películas bastente menores como aquella Joe con Nicholas Cage. La acción se sitúa cuarenta años después de la película original y describe como Myers ha permanecido recluido en un psiquiátrico hasta que un traslado le da la oportunidad de fugarse y regresar a su Haddonfield natal a proseguir su matanza. Allí le estará, sin embargo, una madura Laurie Strode, superviviente de su matanza de hace cuatro décadas, que obsesionada con aquella fatídica noche ansía una oportunidad de venganza.
Durante gran parte de la película, la trama oscila alrededor de un enfrentamiento que promete ser épico, en el que el cazador pasa a ser presa. Convertir al personaje de Curtis de una final girl a una superviviente al más puro estilo de la Sarah Connor de Terminator 2 (adiestramiento e incomprensión familiar incluido), aunque un guion torpe y finalmente tópico termina condenando a la película hacia un cúmulo de situaciones demasiado previsibles y que fracasan en su intento de distanciarse del slasher habitual. Sin embargo, hay que agradecer a Gordon y a Danny McBride (coguionista de un nivel similar al de su compañero) que hayan buscado rendir tributo constantemente al film de culto de Carpenter, de manera que al menos muchas de las situaciones que se me antojan tópicas pueden disfrutarse al menos con una sonrisa si tenemos en nuestro recuerdo su variante original. Además, sin que haya nada de humor como tal en el film, sí hay un nivel de salvajismo gore suficiente como para que la película sea un disfrute festivalero, una de esas películas que en Sitges debieron provocar aplausos y carcajadas por igual y que, al menos, la convierten en un producto altamente recomendable para una noche como la de Halloween, muy por encima de mamarrachadas como la de Pesadillas 2: noche de Halloween.
Michael Myers sigue dando miedo, despojado aquí de los poderes sobrenaturales que fue ganando a medida que la saga original avanzaba, y Jamie Lee Curtis da la talla como la torturada y desquiciada Laurie que ha de luchar con sus propios fantasmas antes de enfrentarse al verdadero mal.
Así, sin ser la maravilla que se nos prometía, La noche de Halloween es, posiblemente, la mejor secuela de la saga, un tributo muy encomiable al film de Carpenter (tan insuperable como ligeramente añejo visto con ojos actuales) y un disfrute para aficionados al género que no pretendan analizar demasiado ciertos giros de guion sencillamente irrisorios.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 27 de febrero de 2018

15:17. TREN A PARÍS

Aunque nunca he sido un gran fan del cine de Clint Eastwood, que en esa busca del héroe cotidiano y el melodrama fácil parece que lleva años haciendo variaciones de su misma película, debo reconocerle algunos aciertos innegables, siendo en mi opinión Sully el último de ellos. La película de Tom Hanks, sin embargo, era una rara excepción en unos años muy alejados de sus títulos más afamados, como Sin Perdón, Cazador blanco, corazón negro o Gran Torino, anclado como estaba en un cine simplón y sin personalidad.
Por desgracia, 15:17. Tren a París se engloba en esta última categoría. De nuevo con unos “héroes por accidente” como pretexto y mostrando su cara más republicana, tal y como hizo en la igualmente mediocre El francotirador, Eastwood se inspira en una historia real, la del frustrado atentado a un tren lleno de pasajeros por parte de tres jóvenes militares que casualmente disfrutaban de unas vacaciones recorriendo Europa.
Confieso que las escenas del asalto están bien filmadas, y mantienen la emoción incluso sabiendo de antemano su desenlace, y puede que algunos de los flashbacks con los que adorna la historia mostrándonos el pasado de los protagonistas ayuden a conocerlos mejor. Sin embargo, esto no da para más que un cortometraje o, en el mejor de los casos, un documental sobre el asalto. Toda la paja de relleno que Eastwood nos ofrece con los chicos pasándoselo bien por distintas ciudades europeas no es más que un tributo a la época del selfie y un pretexto para que la productora le pague unas vacaciones recorriendo el viejo continente. Casi nada de lo que hay en la película, a excepción de ese efímero cuarto de hora final, aporta demasiado, resultando insípida e incluso tediosa, Se trata de una propuesta tan plana que ni siquiera se la puede calificar como mala. Simplemente es anodina.
Y no es que la curiosa decisión de prescindir de actores profesionales e invitar a los propios protagonistas de los hechos a interpretarse a sí mismos lastre mucho la cosa, porque no es que los chicos lo hagan mal del todo, pero desde luego que la falta de tablas (y, por lo tanto, de carisma) ayude demasiado a levantar una propuesta que no hace más que recordar que los mejores años del vaquero Clint quedaron ya muy atrás.

Valoración: Cuatro sobre diez.

miércoles, 29 de julio de 2015

ANT-MAN (7d10)

Que tras un breve prólogo (que ya de entrada sienta las bases de la continuidad del MCU) se de paso al ya clásico logotipo de Marvel a ritmo de salsa ya indica que esta película tiene algo de diferente con respecto a las demás.
Sí, vista desde la distancia, puede parecer más de lo mismo: un tipo con grandes poderes que se pone un disfraz colorido para salvar al mundo a base de tortas. De acuerdo, no lo voy a negar. Pero intentemos no ser tan simplistas, ¿os parece?
Ant-man, el Hombre Hormiga, ya nació con la pretensión de ser una película pequeña, más modesta en su producción que sus “hermanas mayores” y con ambiciones mucho más comedidas. Esto no quiere decir que Marvel no quiera ganar dinero con ella, por supuesto, pero si tenemos en cuenta que es la película con menos presupuesto de la saga se puede intuir por donde va la cosa.
Ant-man se mantiene en la línea de Marvel de querer ofrecer  cosas diferentes dentro de cada película. Si Los Guardianes de la Galaxia era una Space Opera y Capitán América: Soldado de Invierno era sobre todo un thriller político, Ant-man debe considerarse como una comedia de robos, muy en la línea de Oceans Eleven o Un golpe de altura, por ejemplo. Además, consigue una vez más el inmenso mérito de construir una historia notablemente diferente a su contrapartida en los comics sin que por ello los fans de toda la vida deban sentirse ofendidos (aunque ya se sabe que el fan acérrimo en ocasiones peca de forofismo).  Así, el Ant-man de la película no es el héroe original que fue miembro fundador de Los Vengadores, Henry Pym, ni está acompañado por su mujer Janet Van Dyne, sino una encarnación mucho más moderna, la que representó Scott Lang (aunque con algo del sentido del humor que definió la etapa de Eric O'Grady). 
En la película, sin embargo, se nos cuenta que Henry Pym es ya un héroe retirado (por lo que nunca llegó a luchar con Los Vengadores) y a Janet no llegamos ni a conocerla, aunque sí aparece una hija inexistente en las viñetas clásicas (aunque sí en un futuro alternativo que.. dejémoslo estar, es muy complicado para los no iniciados) que se supone asimilará el rol de Janet en futuras adaptaciones.
Las partículas Pym, el invento de Henry Pym que permite encogerse hasta el tamaño de una hormiga, está en manos de un empresario sin escrúpulos que no dudará en venderlos al mejor postor (y ya sabemos que Hydra, o lo que quede de ella, está siempre por ahí) y Pym debe encontrar a alguien que acepte su legado como Hombre Hormiga para recuperar su fórmula original y detener al villano de turno. Y para ello, el elegido es un ladronzuelo recién salido de prisión pero con grandes conocimientos tecnológicos.
Pese al trasfondo humorístico que mantiene el film en todo momento, hay mucha más profundidad en Ant-man de lo que cabría esperar. Sin pretender caer en el melodrama, ni mucho menos, la película trata en realidad sobre las segundas oportunidades y la redención, con héroes que tienen los pies de barro más que nunca y donde la reconciliación entre un padre y una hija (en un doble paralelismo entre la historia de Henry y la de Scott) es casi tan importante que cómo se detendrá al malo.
Con un guion ágil y divertido concebido por Edgar Wright y Joe Cornish la película no contiene demasiadas escenas de acción, aunque las que hay son suficientemente potentes como para llenar la película, mostrándonos además cosas diferentes a las vistas hasta ahora en cine, con impresionantes coreografías que juegan constantemente con los cambios de tamaño y que me recuerdan en esencia a aquella magistral escena de X-men 2 con Rondador Nocturno en la Casa Blanca. Marvel, además, ha vuelto a jugársela en la elección del director, apostando por Peyton Reed, un especialista en comedias románticas (suyas son Di que sí, con Jim Carrey, y Separados, con Jennifer Aniston) que consigue casi que nos olvidemos la decepción que supuso cuando Wright se cayó del proyecto, aunque su huella parece haber quedado a tenor de algunas escenas que parecen llevar su sello característico.
En el apartado interpretativo, Paul Rudd cumple con solvencia en el papel de simpático caradura, aunque sin llegar a alcanzar las cuotas de carisma y descaro que encumbró a Chris Pratt en Los Guardianes de la Galaxia. No ha sido, realmente, un descubrimiento, pero teniendo en cuenta que su carrera estaba prácticamente limitada a papeles de comedia ligera no desentona nada como futuro héroe de acción.
Junto a él, el veterano Michael Douglas aporta la dosis de elegancia y personalidad, llenando la pantalla cada vez que aparece como sucediera con Robert Redford en Capitán américa: Soldado de Invierno, mientras que el toque femenino lo compone Evangeline Lilly, posiblemente la única que ha sobrevivido al legado de Perdidos y que ya demostró en la trilogía de El Hobbit que aparte de ser una cara bonita puede mostrarse como una aguerrida luchadora. No es que tenga muchos momentos de acción en Ant-man, pero su futuro con Marvel puede ser de largo recorrido.
Completa el elenco protagonista Corey Stoll como el villano de la función, quizá el único pero que podría ponerle al film. Y no porque su interpretación no sea estimable o porque su Chaqueta Amarilla no mole en acción, sino porque la creación de un villano de nivel sigue siendo uno de los puntos débiles de la saga Marvel. Me cansa un poco el esquema de ver a un héroe luchar contra su reverso oscuro: Iron man es un tipo con armadura que se enfrenta en su primer film a un villano con armadura, Hulk es un tipo que se transforma en monstruo que se da de tortas contra un villano que se transforma en monstruo y Ant-man es un tipo que se encoje que debe lidiar contra un villano que se encoje. Todo demasiado repetido, me temo.
Pero quizá lo mejor haya que buscarlo en los secundarios de lujo, como ese trío calamitoso que ponen los toques de humor más absurdos y que están encabezados por Diego Luna, uno de los más agraciados del reparto. Mención especial se merece, en un rol muy secundario (por no decir terciario) Judy Greer. Su interpretación de la exmujer de Scott no es que sea muy destacable pero sí me resulta llamativo como esta actriz de Detroit, aun en intervenciones muy pequeñas, ha conseguido colarse en algunas de las películas más destacadas de los últimos años, como El amanecer del Planeta de los Simios, Tomorrowland o Jurassic World.
La historia de Marvel sigue creciendo. Con Ant-man se cierra la fase dos, y aunque no sea la película más grande ni la más importante de la saga sí es un capítulo interesante, una nueva película origen que dará sus frutos en el futuro, y cuyos dos epílogos (recordad quedaros todos hasta el final de los créditos) comienzan a enseñar lo que va a ser la Fase Tres. Y no voy a reventaros ninguna sorpresa soltando spoilers, ni mucho menos, pero si esperáis algún cameo directo con el resto de la saga... no sufráis: haberlo, haylo.
El Futuro ya está escrito. De momento, ya es oficial que Ant-man estará en Capitán América: Civil War. El Henry Pym de los comics fundó Los Vengadores. El Scott Lang del cine tendrá la oportunidad de unirse a ellos. Y a poco bien que vayan las cosas, seguro que lo hará.
Ant-man consigue ser una gran película, pese a su diminuto protagonista. Es diferente a lo que nos había acostumbrado Marvel, y esa diferencia la hace especial. No será un mega taquillazo, pero tampoco nació para ello. En una semana prácticamente ha recaudado su presupuesto. Y eso ya augura un nuevo éxito para la Casa de las Ideas.
Solo nos queda la espinita de fantasear cómo habría sido de diferente si al final la hubiese dirigido el genial realizador de Zombies Party, pero so es algo que ya nunca podremos averiguar. Una pena… ¿o no?

sábado, 13 de junio de 2015

JURASSIC WORLD (7d10)

Han pasado más de veinte años desde que el parque abriera sus puertas por primera vez pero los dinosaurios siguen siendo unos seres tan apasionantes y enigmáticos como entonces, manteniendo la misma fascinación sobre niños y mayores.
Tras cerrarse (aparentemente) la trilogía de Parque Jurásico de la mano de Joe Johnson en 2001 la saga, que había ido de menos a más, parecía muerta y enterrada, y eso provocó que los rumores de una nueva película (se hablaba de remake o rebbot) fuese vista con escepticismo.
Con Michael Crichton tristemente desaparecido de la ecuación y Steven Spielberg centrado sólo en la producción (o al menos eso se le supone, que ya corren por ahí rumores muy parecidos a los de Poltergreist en su época), el elegido para llevar a cabo el regreso al mundo de los reptiles gigantes es el desconocido Colin Trevorrow, cuyos méritos como director se limitan a la película Seguridad no garantizada (de la que recupera, por cierto, al actor Jake Johnson).
Finalmente, para regocijo de los fans, se ha optado por una fórmula que ya está volviéndose algo habitual en Hollywood: Jurassic World es una secuela en toda regla, aunque con personajes nuevos y tintes de querer ser la puerta de entrada a otra posible saga plagada, como no podía ser de otra manera, de homenajes al clásico original.
Tanto es así que la presencia de Hammond (el también desaparecido sir Richard Attenborough) es casi constante.
Un nuevo parque se ha abierto en la misma isla Nublar donde Hammond creara sus “milagros” de fatídico final. Un parque más grande, más moderno y más exitoso, donde la magia por lo asombroso debería ser el foco de atención en una época donde cuesta creer en la magia. Como pincelada crítica a la perdida de inocencia de nuestra época, el parque refleja como las maravillas (ya sean los prodigiosos hologramas o las propias criaturas vivas) se convierten en rutinarias a los ojos de un visitante exigente, lo que obliga a sus creadores a buscar una superación constante, a un desafío tecnológico en muchas ocasiones por encima incluso de la moralidad.
Lo malo es que este mensaje de pérdida de la inocencia que refleja el argumento termina contagiando a la propia película en sí, haciendo que la magia que inundaba el film de 1993 se limite a unas cuantas y escasas secuencias (y en la mirada del, cómo no, niño protagonista), mientras que el resto de la película es un simple despliegue de efectos digitales adrenalíticos que podría tener más referentes en el mundo del comic que del propio cine. De hecho, el gran villano de la historia, el Indominus Rex, un dinosaurio mutantes cuyo propio concepto o denominación es un delirio propio de los seres de la Tierra Salvaje de Marvel o similar.
Jurassic World no consigue repetir, por lo tanto, el espíritu asombroso y emotivo de la primera película, cosa que por otro lado nadie podía esperar, por más que repita el esquema de utilizar a unos niños como eje central del drama (es curioso, lo que más se criticó de la película de Spielberg es lo más repetido en todas sus secuelas), que heredan de sus antecesores la poca profundidad psicológica, una profundidad que en realidad no tienen ninguno de sus protagonistas, que son apenas dibujados con tímidas pinceladas y la empatía que podamos sentir hacia ellos se basa más en su simple carisma que en otra cosa. Eso sí, un elemento de emotividad que inteligentemente han sabido mantener es la partitura original de John Williams, que Michael Giacchino (al que he definido varias veces como su más digno heredero), sabe recurrir para completar su propia banda sonora, efectiva pero no especialmente recordable.
Esa es, por otro lado, la gran baza de Jurassic World, que quizá consciente de sus limitaciones deja de lado el rigor científico de antaño y cambia al protagonista de un antropólogo sensato y reflexivo a un impetuoso amalgama entre el Star Lord de Los Guardianes de la Galaxia e Indiana Jones (precisamente el pasado y, quizá, futuro de su intérprete, Chris Pratt). Y esto es lo mejor de la película, que apuesta deliberadamente por la aventura sin parangón, amparada en unos efectos visuales que, en el caso de los dinosaurios, rozan la perfección (otra cosa sería los escenarios generales, que como en la reciente Tomorrowland demuestran un exceso de postiza digitalización), habiendo resistido bien el paso de los animatronics de Spielberg por el 3D puro y duro.
Así, dejando aparte las comparaciones, Jurassic World debe verse como lo que pretende ser, no como la revolución tecnológica y el despertar de la imaginación y los sueños que promulgaba Parque Jurásico, sino como un pasatiempo veraniego, un blockbuster gigante de ritmo perfecto que, olvidando la sencillez del guion y las inevitables Deus ex machina que pululan por doquier, es sumamente entretenida, una gozada si nos conformamos con evadirnos durante algo más de dos horas disrutando con acción a tope y algún que otro puñetero sobresalto.
Con un reparto bastante estelar (junto al mencionado y glorioso Pratt se encuentran Bryce Dallas Howard, Ty impkins, Vicent D’Onofrio y Omar Sy –permítanme la referencia friki marvelita: se tratan de la Gwen Stacy del Spider-man de Raimi, el niño de Iron Man 3, el Kingpin televisivo y el Bishop de Días del futuro pasado; ¿se dan cuenta como cuadra todo?-), Treverrow (o quien de verdad haya dirigido la obra) consigue un espectáculo entretenido, divertido y aterrador a partes iguales y que consigue estar a la altura (no es este espacio para entrar en comparaciones puntillosas) con el resto de grandes títulos comerciales el año como Los Vengadores: la era de Ultron o Mad Max: Fury Road (y yo me atrevería a incluir en la lista a Tomorrowland, aunque juegue en otra línea), demostrando mi teoría de que este iba a ser un gran año para el cine más palomitero a la espera de que lleguen los nuevos Terminator, Fantastic Four, Ant Man, Misión Imposible, Juegos del hambre , James Bond y, como gran fin de fiesta, Star Wars.
¿Es necesaria esta resurrección jurásica? Pues, en vista de la espectacularidad y la diversión que provoca este film yo creo que sí, superando incluso a sus dos primeras secuelas. Si nos empeñamos erróneamente en compararla con la original, eso ya es harina de otro costal. Y es que como se empeñan en recordarnos constantemente en las comedias románticas… La primera vez siempre es la mejor. ¿O no?

lunes, 19 de enero de 2015

HOMBRES, MUJERES & NIÑOS * (3d10)

Cuando se estrenó la nueva película de Jason Reitman y vi la poca distribución que tenía en las salas españolas sentí uno de mis habituales arrebatos de furia contra los que deciden qué tenemos que ver y qué no en las salas de cine, sintiéndome obligado a recurrir a otros formatos poco aconsejables para poder ver la película  (ya no es sólo las pocas salas en las que se estrenó, sino lo poco que la mantuvieron en cartel).
Costaba imaginar la poca confianza que se tenía en el hijo de Ivan Reitman, pese al patinazo de su última peli (la aburridísima Una vida en tres días), más teniendo en cuenta que en el reparto de esta última se encontraban nombres tan interesantes como Adam Sandler, Jennifer Garner, Rosemarie DeWitt o uno de los niñatos de moda, Ansel Elgort, pero debo reconocer que, una vez vista, entiendo y agradezco la escasa repercusión que ha tenido. Está claro que el bueno de Reitman ha perdido la magia que parecía demostrar en Gracias por fumar, Juno o Up in the air, película con la que parece tocó techo y desde la que no ha hecho más que caer.
Hombres, mujeres & niños pretende ser una fábula moderna sobre la incomunicación y los peligros de la red. Vivimos en un mundo interconectado, eso es cierto, y quizá sí que algunos exageramos con la dependencia que podemos sentir hacia nuestros móviles, tablets o iphones, pero de ahí a que el señor Reitman se pase dos horas aleccionándonos sobre un sistema de comunicación que, por lo visto, ha sido concebido por el mismísimo Lucifer es pasarse tres pueblos.
Y es que de eso va la peli, por más que se quiera disfrazar de conflicto intergeneracional y pretenda (no sin cierta pedantería) ofrecer su particular punto de vista sobre las relaciones humanas, ya sea entre padres e hijos o entre parejas sentimentales. Con unas imágenes intercaladas de la sonda Voyager viajando por el espacio que sobrealimentan la pomposidad de Reitman (tal y como sucediera con la Lucy de Besson), la película es un alegato casi fanático contra esa nueva sociedad que vive pendiente de “la nube”, una nube que, a ojos del director, solo parece servir para buscar pornografía.
Más allá del mensaje que este buen hombre nos quiera imponer y de que pueda yo estar más o menos de acuerdo con él o no, lo realmente malo de la película es que aburre tanto o más que aquella pastelada de Kate Winslet y Josh Brolin del año pasado, con unos personajes carentes de interés y unas tramas que quieren abarcar tanto que apenas parecen avanzar, consiguiendo que, a mitad de la película, perdamos el interés en todos ellos y nos importe un pepino lo que les sucedan.
Básicamente, Hombres, mujeres & niños es una pérdida de tiempo. Y una decepción más en manos de un director que prometía mucho y se está desinflando como el agua.
Internet sirve para muchas más cosas que el porno o los contactos sexuales, señor Reitman. Por ejemplo, para descargarse su película y no tirar ocho euros a la basura.
Bendita ironía.

domingo, 8 de diciembre de 2013

CARRIE (2013) (6d10)

De nuevo nos encontramos ante la adaptación de una novela, por lo que entramos de nuevo en el debate de si hay que valorar a la película por su calidad artística individual o por lo bien adaptada que pueda (o no) estar. Pero en esta ocasión tenemos ya una adaptación anterior de la novela de Stephen King, y no una adaptación cualquiera, sino todo un clásico del cine de terror (una reciente encuesta a coronado al Carrie de Brian De Palma como la película preferida para ver la noche de Halloween en Estados unidos).
No se trata, como en los casos más recientes (aun en cartelera) de Los Juegos de Ender y Los Juegos del Hambre: En llamas, de una novela juvenil, aunque hay que reconocer que cuando la escribió King tenía veintipocos años y la trama versa sobre una adolescente y su baile de graduación. Es, más bien, una mezcla de terror puro con drama, reflejando no solo la dureza (a veces destructiva) que pueden guardar en sus corazones los niños (y así es como se comportan los jóvenes americanos cuando les hablan del baile de graduación, como niños) sino los peligros que la religión puede contener cuando se confunde devoción con fanatismo.
Dejando de lado la novela (considerando el resto de su vasta obra, Carrie posiblemente sea la historia más fácil de adaptar de Stephen King), las comparaciones con el film de De palma del 76 son inevitables, no solo por contar la misma historia sino por la forma de hacerlo.
Agradeciendo siempre la fidelidad hacia la obra original, lo cierto es que el guion escrito por Rodrigo Aguirre-Sacasa es prácticamente un calco del libreto de Lawrence D. Cohen, hasta el punto que el autor de la versión del 76 consta como coguionista del remake actual. Es entonces, cuando la innovación se reduce a la utilización de los teléfonos móviles y los videos de youtube, cuando uno se pregunta la necesidad de hacer otra versión de una historia que, por cierto, ha envejecido francamente bien.
Kimberly Peirce, una directora sin apenas experiencia, se encuentra tras las cámaras, y aunque es cierto que tampoco De palma tenía en su haber ningún gran éxito con anterioridad a su Carrie, se le nota a la Peirce na cierta falta de contundencia, en una realización siempre correcta pero poco arriesgada, casi televisiva, sobresaliendo algo en las escenas de sangre pero patinando en la secuencia de más acción.
La historia es de sobras conocida: educada con extrema sobreprotección por su ultra religiosa madre, Carrie es una inadaptada social, sin amigas en la escuela, cuyo máxima humillación le llega cuando es objeto de burla de sus compañeras al tener su primera regla mientras se ducha en el gimnasio del colegio y reaccionar aterrada ante lo que piensa que es una hemorragia interna. La señorita Desjardin será (o intentará serlo) su única aliada, imponiendo un duro castigo a las muchachas por su crueldad y provocando, inconscientemente, que Carrie se gane su primera gran enemiga. Lo que nadie sospecha es que Carrie está desarrollando poderes telequinéticos. Y no tardará en aprender a utilizarlos.
Chloë Grace Moretz cumple bien en su papel de Carrie, quizá algo sobreactuada en los momentos más dolorosos, aunque su candidez y esa facultad que, aún sin ser una gran belleza, tiene para seducir las cámaras (como ya demostrara en Kick-Ass) es lo que más brilla en el film, en perfecto contraste con la oscuridad amarga de Juliane Moore, aunque poco se puede destacar del resto de protagonistas, un puñado de chavales que bien podrían haber salido de cualquier canal juvenil y a los que ni se espera ni se exige nada especial.
No es, entonces, una mala película, pero –aun olvidándonos de su predecesora- resulta demasiado sosa, le falta algo para emocionar con todo lo que la historia podría dar de sí. Y es una lástima, porque los medios para hacerlo estaban ahí.

Inquieta, pero no aterra.