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miércoles, 31 de octubre de 2018

LA NOCHE DE HALLOWEEN

La saga de Michael Myers es una de las más prolíficas del cine de terror, así como de las más complicadas. Hay hasta once películas formando la franquicia de Halloween, incluyendo el reboot y su secuela de la mano de Rob Zombie. Lo curioso del caso es que, centrándonos en las nueve restantes, hay tantas contradicciones y reinvenciones que se podría decir que se pueden formar tres universos paralelos de ellas. 
Vamos a complicar un poco más las cosas: las dos primeras secuelas son totalmente oficiales, estando incluso el propio John Carpenter, director y guionista de la película original, tras ellas. Sin embargo, pese a que a medida que progresaba la saga la biografía del asesino de la máscara blanca variaba hasta suponer que ya no hay una continuidad real con las primeras, la presencia de Jamie Lee Curtis, la protagonista de la cinta original de 1978, en H20 y Halloween: Resurrección (séptima y octava entregas, respectivamente), dotan también de cierta oficialidad a esta nueva línea temporal. Finalmente, la película que ahora se estrena hace un borrón y cuenta nueva y pretende ser una secuela directa de la primera Halloween, con lo que vendría a ser una especie de Halloween 2, como si las siete restantes no hubiesen existido nunca. Eso sí, con Jamie Lee Curtis de nuevo como protagonista. ¿Ha quedado claro? Continuemos, pues.
Bendecida por el propio Carpenter, La noche de Halloween está dirigida por David Gordon Green, especialista en comedias como Superfumados, El Canguro o la espantosa Caballeros, princesas y otras bestias, reciclado últimamente en la televisión y en películas bastente menores como aquella Joe con Nicholas Cage. La acción se sitúa cuarenta años después de la película original y describe como Myers ha permanecido recluido en un psiquiátrico hasta que un traslado le da la oportunidad de fugarse y regresar a su Haddonfield natal a proseguir su matanza. Allí le estará, sin embargo, una madura Laurie Strode, superviviente de su matanza de hace cuatro décadas, que obsesionada con aquella fatídica noche ansía una oportunidad de venganza.
Durante gran parte de la película, la trama oscila alrededor de un enfrentamiento que promete ser épico, en el que el cazador pasa a ser presa. Convertir al personaje de Curtis de una final girl a una superviviente al más puro estilo de la Sarah Connor de Terminator 2 (adiestramiento e incomprensión familiar incluido), aunque un guion torpe y finalmente tópico termina condenando a la película hacia un cúmulo de situaciones demasiado previsibles y que fracasan en su intento de distanciarse del slasher habitual. Sin embargo, hay que agradecer a Gordon y a Danny McBride (coguionista de un nivel similar al de su compañero) que hayan buscado rendir tributo constantemente al film de culto de Carpenter, de manera que al menos muchas de las situaciones que se me antojan tópicas pueden disfrutarse al menos con una sonrisa si tenemos en nuestro recuerdo su variante original. Además, sin que haya nada de humor como tal en el film, sí hay un nivel de salvajismo gore suficiente como para que la película sea un disfrute festivalero, una de esas películas que en Sitges debieron provocar aplausos y carcajadas por igual y que, al menos, la convierten en un producto altamente recomendable para una noche como la de Halloween, muy por encima de mamarrachadas como la de Pesadillas 2: noche de Halloween.
Michael Myers sigue dando miedo, despojado aquí de los poderes sobrenaturales que fue ganando a medida que la saga original avanzaba, y Jamie Lee Curtis da la talla como la torturada y desquiciada Laurie que ha de luchar con sus propios fantasmas antes de enfrentarse al verdadero mal.
Así, sin ser la maravilla que se nos prometía, La noche de Halloween es, posiblemente, la mejor secuela de la saga, un tributo muy encomiable al film de Carpenter (tan insuperable como ligeramente añejo visto con ojos actuales) y un disfrute para aficionados al género que no pretendan analizar demasiado ciertos giros de guion sencillamente irrisorios.

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 25 de septiembre de 2014

JOE (7d10)

Sin duda, lo que todo el mundo va a destacar de esta película es el retorno de Nicolas Cage al cine de calidad.
Después de mucho (demasiado) tiempo deambulando por producciones ínfimas y proyectos que aceptaba sin leer sólo buscando pagar sus deudas (de ahí mamarrachadas como las dos partes de El Motorista Fantasma, Aprendiz de brujo, Teniente corrupto y otras cosas que prefiero olvidar, Cage recupera sus credenciales como actor y recurre a un personaje atormentado, un perdedor con problemas de alcohol y agresividad pero que, a la vez, es más bueno que el pan. Un paria maltratado por la sociedad y por él mismo que ha perdido las fuerzas de luchar por su propia salvación aunque no duda en dar la cara por la salvación de los demás.
Cage es el rostro perfecto de este antihéroe, con una interpretación comedida, evitando los excesos a los que es tan dado (baste recordar la reciente Tokarev) y en la que resulta convincente y hasta emotivo, rememorando la época de Living Las Vegas.
Pero más allá de esta obviedad que, como digo, es lo único que todo el mundo de la crítica especializada parece querer reseñar, es sorprendente también la labor del director, David Gordon Green que, si bien es cierto que ya había tocado antes el drama con George Washington, Undertown o Snow angels, lo cierto es que ha saltado a la fama con títulos como Superfumados, El Canguro o la espantosa Caballeros, princesas y otras bestias. Gordon se reconcilia aquí consigo mismo y con el mundo con un drama duro, desagradable incluso, que no se permite concesiones y que golpea con salvaje crueldad al corazón.
Joe es un solitario capataz que se dedica al envenenamiento de árboles viejos para provocar su muerte y así poder replantar la zona cuya vida fuera del trabajo se limita a disfrutar de un paquete de tabaco, su botella de whiskie y la compañía de su perra.  Con un pasado del que apenas sabemos nada (ni falta que nos hace) más que tiene una larga lista de detenciones y una familia a la que ha renunciado, su vida cambiará con la aparición de Gary un muchacho vagabundo alegre y lleno de vida (prácticamente el reverso de Joe) con el que este se sentirá conectado hasta el punto de crear con él un vínculo casi de padre e hijo, pese a que Gary tenga su propio padre, un borracho y psicótico maltratador.
Es en Gary y su padre donde la película apuesta más fuerte, con Tye Sheridan (visto en El árbol de la vida y Mud) demostrando que puede ser una importante apuesta de futuro.
Comparada por muchos, precisamente, con Mud, Joe es un retrato sucio y nada amigable de la América profunda, esa América de pueblos polvorientos y sucios, con colmados caóticos y andrajosos y personajes perdidos pululando por sus calles. Una visión desangelada y desprovista del glamour con la que Hollywood acostumbra a disfrazar a sus ciudades y con escenas que revuelven el estómago e incomodan por su crudeza, pero que  a la vez invitan a la reflexión, invitándonos a pensar que aún hay esperanza siempre que estemos dispuestos a luchar por ella como al final decide luchar Joe.
Y como si de una dramática metáfora se tratase, David Gordon Green apostó por incluir en el reparto a actores no profesionales, descubriendo así a Gary Poulter, el padre de Gary, con una interpretación magistral que resulta ser un mero reflejo de su propia vida. Rescatado de un centro de acogida por la productora del film Poulter, alcohólico y bipolar, fue encontrado muerto en un rio poco después de finalizar el rodaje. Se fue como llegó, tal y como podría suceder con cualquiera de los protagonistas de Joe.
Dura y amarga, pero también emotiva y brillante, Joe es magnífica en su concepción y difícil de olvidar tras los títulos de crédito.
Por cierto, ¿he mencionado ya que supone el retorno de Nicolas Cage a las buenas interpretaciones