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lunes, 23 de abril de 2018

CADA DÍA


Cada día es una extraña película que, como punto de partida, es una tremenda tontería, solo clasificable como comedia romántica adolescente con toques fantásticos. 
Sin embargo, hay que reconocerle que tiene un puntito que la hace suficientemente amable como para conseguir digerirla sin demasiados problemas, resultando simpática y hasta tierna.
Todo se basa en la aceptación de que existe alguien de carácter incorpóreo, una especie de ser que cada día habita en el interior de un cuerpo diferente, tomando control del mismo, como si de una posesión se tratase, durante ese único día. 
Eso es algo que el tipo, que decide autodenominarse A, lleva haciendo toda su vida hasta que conoce a Rhiannon, de la que se enamora, y por la que tratará de cambiar las reglas del juego que rigen su vida.
Romance simplón, como digo, en el que casi todo el peso recae en Angourie Rice, que ya demostró en Dos buenos tipos que tenía madera de estrella y a la que hemos podido ver también en La seducción y Spider-man Homecoming
El no tener un partenaire fijo en toda la película hace que todo dependa de lo que la muchacha llegue a creerse su papel, y en ese sentido la actriz cumple con creces, siendo el primer flotador al que agarrarse al enfrentarse a la película.
Por lo demás, poquita cosa hay en este producto demasiado enfocado a un público juvenil (que no sé yo si está por estas moñadas) pero más aceptable de lo que en principio invitaba a pensar su argumento y que, al menos, sirve como distracción siempre que no se le exija demasiado.

Valoración: Cinco sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

NUNCA APAGUES LA LUZ: Ten miedo a la oscuridad.

Hace ya algunos años que el director malayo James Wan se ha postulado como referente dentro del cine de terror y parece que, pese a sus recientes devaneos con blockbusters totalmente alejados del género (dirigió Fast&Furious 7 y actualmente está trabajando en Aquaman), no hay nadie capaz de hacerle sombra. Se dice de él que revitalizó el género con la saga gore de Saw, que luego lo transformó hacia un clasicismo mucho menos sangriento pero más aterrador con títulos como Insidious o Expediente Warren y ahora parece querer reinventarse de nuevo alejándose de los sustos fáciles y los efectos musicales tramposos para ahondar en un terror mucho más basado en el drama de los vivos que en devaneo con los muertos. Esto le ha funcionado de maravillas en la excelente Expediente Warren: El caso Enfield y repite la jugada como productor en Nunca apagues la luz.
El origen de la película está en un corto con el mismo título que dirigió David F. Sandberg hace tres años sobre un ente demoníaco que solo podía moverse entre sombras. Wan lo vio, le encantó (o le aterró, mejor dicho) y le puso el trampolín necesario para convertir su idea en un largometraje.
Como film de terror, Nunca apagues la luz funciona medianamente bien. Crea un posible nuevo icono para la galería de villanos del género (esa Diana de dedos alargados y retorcidos) y le confiere el suficiente mal rollo merced a unos juegos de luz bastante efectivos que invita a que nos lo pensemos dos veces antes de apagar la luz a la hora de irnos a dormir. Tampoco tiene mucho más, la verdad. Todo está ya inventado y el truco que tan bien podía funcionar en el corto resulta ahora alargado y se hace algo cansino, por más que la película no alcance siquiera la hora y media de metraje.
Pero sustos y apariciones aparte, es en su faceta dramática donde mejor funciona la película, con el drama de dos hermanos de distintas generaciones (con la hermana mayor, Teresa Palmer, como miembro más fuerte de la familia) ante la degeneración metal de su madre (convincente Maria Bello), verdadero epicentro de la locura que impregna a esa familia.
Por eso, por encima de excusas argumentales que justifiquen la existencia del ente diabólico de turno, la verdadera clave de la película está en la sensación de desamparo por parte de un niño de ocho años cuyo mayor temor no es la aparición fantasmal sino la amenaza de abandono por ya que ya ha sufrido en el pasado. Así, Nunca apagues la luz termina siendo un  drama familiar intenso sobre la dificultad de las relaciones, el miedo al compromiso y la lealtad familiar y fraternal. Y ahí es donde se encuentran sus mayores méritos, más allá del mal rollo que las luces parpadeantes puedan ocasionar o de los trucos tramposos a los que recurre Sandberg para que la amenaza, en un mundo tecnológico como el de ahora, resulte intimidante.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 23 de enero de 2016

LA QUINTA OLA: otra utopía adolescente del montón.

La quinta ola es una nueva tontería que trata, sin demasiada convicción, abrir una nueva saga para adolescentes copiando descaradamente todas las reglas del juego: basarse en una saga literaria juvenil, tener a un actor (o preferentemente actriz) más o menos reconocida, imaginar un panoramas utópico o postapocalíptico, reunir a base de talonario a un par o tres de secundarios de lujo y conseguir que entre mundos que salvar y familias a las que vengar cuele una historia de amor, si es con aspiraciones de triángulo mucho mejor.
La mejor baza de La quinta ola (y casi la única) es la presencia de Chloë Grace Moretz, intentando tomar el testigo de Jennifer Lawrence y su Katniss Everdeen de Los juegos del hambre, una actriz sobre la que recae casi todo el peso de la película y que puede ser perfecta para el papel de chica asustada y superada por las circunstancias que, si el público lo permite, irá endureciéndose a medida que avancen las secuelas hasta volverse dura y fría (algo así como el personaje que la encumbró a la fama en Kick Ass). Capaz de ello es, tal y como demostró en el remake de Carrie. Otra cosa es que eso sea suficiente para aguantar una historia tan inestable y ridícula.
Pero vayamos al asunto: La quinta ola describe como unos extraterrestres llegan a la Tierra y empiezan a liarla parda. La invasión se desarrolla en cinco fases (de ahí la quinta ola del título), con algunas secuencias de destrucción bastante interesantes pese a la artificiosidad digital que las condiciona (todas ellas desveladas ya en el tráiler). Así, uno casi puede imaginar que habría hecho el director Roland Emmerich si le hubiesen dado este guion: seguramente hacer una película por cada ola y eso que habríamos ganado. Aquí, la invasión solo ocupa el primer acto de la trama, pasando a mostrarnos dos historias paralelas en su segundo arco, donde las sorpresas son escasas y todo suena a demasiado repetitivo. Por un lado, la protagonista, Cassie, deberá desenvolverse en solitario en un mundo hostil con unos alienígenas descendientes de los de La Invasión de los ladrones de cuerpos y cosas que recuerdan mucho a The Host (La Huesped), la fallida adaptación de otra obra de la creadora de Crepúsculo. Por otro, vemos como su hermano es reclutado por el ejército superviviente para adiestrarlo junto a otros niños a modo de Los juegos de Ender (otra peli fallida que nunca llegó a convertirse en saga).
Por medio de todo, naturalmente, dos galanes que se disputarán en posteriores entregas el amor de la dama: uno duro y malote (Alex Roe, un actor tan espantoso que su aparición hace que la película termine por desinflarse del todo) y otro tierno y con cara de perrito adorable (Nick Robinson, el hermano mayor de Jurassic World).
Poco se puede reseñar de una película que copia de todas partes (por supuesto, ni he leído la novela ni me he molestado en datarla, por lo que no se si la obra de Rick Yancey copiaba o era copiada) aparte de celebrar las apariciones de los mencionados secundarios de lujo. Por ahí aparecen una caricaturesca y exagerada Maria Bello; Maika Monroe, que invita a pensar que el triángulo amoroso puede tener cuatro vértices; Ron Livingston, recordado principalmente por Boardwalk Empire y, sobre todo, Liev Schreiber, que siempre cumple en el papel de machote.
No pretendo ser excesivamente cruel con este subgénero, el denominado Young Adult (YA) en los USA, que parecen siempre cortados por el mismo patrón (al menos Los Juegos del hambre y El corredor del laberinto son sagas que me funcionan bastante bien, aunque no soporto Divergente ni su secuela), pero parece haber un cierto aire de desgana en esta producción sin más ambiciones que la de crear una nueva franquicia que de dinero sin molestarse en profundizar lo más mínimo ni arriesgar más que lo estrictamente necesario.
Lo siento por la Moretz, una chica de extraña belleza que siempre me cayó muy bien, pero no le auguro demasiado futuro a esta aspirante a saga que, desde luego, no merece llegar a serlo. Por más que siempre mole ver tsunamis arrasándolo todo  en pantalla grande.

Valoración: 4 sobre 10.

jueves, 12 de marzo de 2015

EN TERCERA PERSONA (5d10)

Nueve años han pasado desde que Paul Haggis ganase el Oscar gracias a Crash y en ese tiempo apenas ha dirigido un par de películas bastante intrascendentes hasta llegar a esta En tercera persona que, por cierto, llevaba acumulando polvo en el cajón de la distribuidora desde el 2013. 
Como queriendo recuperar el esplendor perdido, Haggis repite el mismo esquema que en Crash, creando una trama coral con historias aparentemente sin relación entre ellas que terminarán confluyendo para dar sentido al conjunto y amparándose en un interesante –aunque en ocasiones desaprovechado- reparto.
En tercera persona es una película correctamente dirigida. Haggis sabe dónde poner la cámara en cada momento, imprime el ritmo adecuado a la acción (aunque quizá se exceda en la duración final) y consigue dar forma a su puzle mediante un montaje dinámico y efectivo que por momentos me recuerda (pese a no tener nada que ver ni argumental ni visualmente) al Atlas de las nubes de los Wachowski.
Sin embargo, algo falla en esta ambiciosa metáfora sobre el proceso de la creación  que pretende abordar diversos puntos de vista de las relaciones humanas sin que en ningún momento llegue a tocar la tecla justa. Haggis, más reconocido como guionista que como director, patina en la escritura de un libreto que resulta demasiado previsible (hay un “truco” final que yo intuí casi desde el primer minuto de la película) y cuyas subtramas resultan por momentos poco creíbles e inconsistentes.
Michael (Liam Neeson) es un escritor de éxito en pleno bloqueo creativo que ha abandonado a su mujer (Kim Basinger) por una novelista mucho más joven, Anna (Olivia Wilde) con la que mantiene un juego de poder en su retiro en París mientras intenta buscar la inspiración para su nueva novela. Julia (Mila Kunis) es una joven desequilibrada que lo dejó todo por su relación con Rick (James Franco) con quien ahora tiene una guerra abierta por la custodia de su hijo en común con la ayuda de su abogada Theresa (María Bello) en la ciudad de Nueva York. Scott (Adrien Brody) es un ladrón de diseños de moda que en una estancia de “trabajo” en Roma conoce a Monika (Moran Atias), una gitana que lo conducirá al peligroso mundo de la mafia rusa en un intento desesperado por recuperar a su hija, introducida ilegalmente en el país.
Tres historias aparentemente diferentes entre sí que terminarán confluyendo de una forma, en ocasiones, demasiado artificial y cuyo atractivo radica más en su visión como una extraña mezcolanza de situaciones muy bien entrelazadas por el montaje y la música que por su análisis individual, y cuya suma final termina resultando demasiado floja, haciendo que nos preguntemos qué es exactamente lo que el señor Haggis nos pretendía contar.
Entretenida y disfrutable durante su visionado, su tramposo desenlace facilitará que decaiga en reflexiones posteriores, invitando a que, tal y como le ha pasado a la propia distribuidora, la olvidemos en el acto. Y es que, si no fuese por el atractivo de su reparto (y eso que hoy en día resulta hasta extraño ver a Neeson sin repartir estopa), estaría condenada por oscilar demasiado entre la pretenciosidad moral y el vacío más absoluto.

jueves, 17 de octubre de 2013

PRISIONEROS (7d10)

Puede que no sea una definición muy académica, pero personalmente considero película de cine todo aquel producto que ha sido estrenado en una sala comercial, es decir, todas las películas que no son consideradas X (y no es este el foro adecuado para recordar la absurda polémica que provocó hace unos años la ministra de cultura con la prohibición del estreno de una de las partes de la saga Saw) o destinadas directamente al circuito televisivo o, incluso, a su visionado directo en la red o en venta en DVD (por desgracia vamos a tener que ir olvidándonos del concepto de películas de videoclub).
Digo esto porque al comenzar el visionado de Prisioneros uno tiene una sensación similar al principio de la recomendable El mensajero, como si de un domingo por la tarde se tratase y estuviésemos acomodados en el sillón de casa viendo que telefilm nos ofrece la cadena de turno. Así que lo primero que se piensa es: ¿qué pinta Hugh Jackman (lo mismo que decíamos en el otro ejemplo con Dwayne Johnson) en un drama de sobremesa?
Y es que el arranque no puede ser más tópico: Dos familias felices son truncadas cuando alguien secuestra a las respectivas niñas y, ante la aparente ineficacia de la policía, el padre de una de ellas decide actuar por su cuenta. Vamos, otra vuelta de tuerca al ya clásico “padre coraje”.
Hay, sin embargo, algunos detalles que nos indican que no estamos ante un telefilm al uso. Para empezar, el reparto, encabezado por un magnífico Hugh Jackman que cada dos por tres nos recuerda que hay vida más allá de Lobezno (aunque todos sabemos, él incluido, que nunca se librará del estigma del mutante) y acompañado por unos más que correctos Jake Gyllenhaal, Viola Davis, Maria Bello, Terrence Howard, Melissa Leo y Paul Dano, todos nombres reconocibles que brillan con luz propia y conforman el primer punto de interés del film.
El segundo punto en que debemos fijar nuestra atención es en el director, Denis Villeneuve, que ya fue nominado al Oscar por Incendius y que en breve volverá a remover nuestras consciencias con Enemy, de nuevo con Gyllenhaal en el reparto.
Pero el plato fuerte de la película es, no ya su historia (el lema es directo: ¿hasta dónde llegaría un padre por salvar a su hija?) sino el desarrollo de la misma. Partiendo como un thriller clásico y hasta cierto punto tópico la trama va introduciéndose en un terreno pantanoso y enfermizo plagada de decisiones difíciles aunque comprensibles y de escenas incómodas de ver, con giros de guion constantes (algunos más previsibles que otros) aunque siempre inteligentes pero que no lastran el resultado final, como sucede con otras películas de estas características, pues al final descubrimos que, por encima de saber dónde o cómo están las niñas, esta es una película de personajes, de enfrentamientos entre carácteres, de desesperación y de sacrificio.
Con una estética visual brillante, la película nos sumerge en una angustiante carrera contrarreloj en la que su principal virtud es la facilidad con la que el espectador consigue identificarse no ya con el protagonista sino con cualquiera de los personajes principales, ya sea un torturador, un supuesto asesino de niñas o un  padre atormentado con serios problemas de conciencia.
Así que no, definitivamente, no es un telefilm. Es la demostración de que una historia desgraciadamente demasiado cotidiana puede resultar en una gran película. Y tan dura que por momentos ni siquiera parece americana. Aunque lo es.

De ahí su final.

lunes, 15 de julio de 2013

NIÑOS GRANDES 2 (2d10)

Qué difícil es comentar una película como Niños Grandes 2 sin caer en la escatología que tan gustosamente promete el film. Y es que si la primera entrega de la película ya era vulgar y zafia (como casi todo el cine de Adam Sandler) pero al menos recuerdo en ella situaciones divertidas (lo mínimo que se le debe exigir a semejante reparto), esta continuación no puede tener una definición más apropiada que la de ser una mierda  basura como un piano. 
Es la sexta colaboración entre el supuesto comediante y el director Dennis Dugan, pero podrían hacer dos millones de películas juntos y no creo que entre ambos consiguieran una sola chispa de talento. ¡Es tan espantoso todo lo que acontece en la película! Y ya no es solo por el abuso indiscriminado de escatología barata (cuando luego hay padres irresponsables que piensan que es una película infantil y llevan a sus niños al cine; luego preguntarán donde aprenden a decir tacos o hacer cochinadas) y poco original (¿un chiste sobre crema de helado de chocolate que parece mierda? ¿la habilidad para tirarse pedos? ¡Por favor! ¡Qué estamos en el 2013!) o porque el único leitmotiv sea ver en repetidas ocasiones el alegre balanceo de los pechos de Salma Hayek, Maria Bello o cualquier escultural chica que pase por ahí (eso hay que reconocérselo, el casting parece haber sido elegido por el mismísimo Charlie Harper de Dos hombres y medio).  Lo peor es el desprecio total hacia el espectador, hacia el que no se han molestado en ofrecerle el más mínimo esfuerzo para concebir un guion que disimule en parte las absolutas carencias cómicas de Sandler, que si habitualmente ya es un mal actor en esta ocasión se supera a sí mismo, dando la impresión incluso de que trabaja con más mala gana de lo habitual, como sabiendo que tiene un grupo de seguidores que pagarán sea lo que sea la basura que les ofrezca y solo quiera cobrar su cheque. Y, si se tercia, empezar a escribir Niños Grandes 3 (tiempo al tiempo).
Naturalmente, no se puede pedir a una película de estas características un libreto de Oscar, pero al menos en otros títulos similares estrenados este año (R3sacón, Por la cara…) tenían una estructura narrativa. Aquí tenemos solo a un puñado de inútiles que se supone que debemos recordar por la anterior película, incomprensiblemente felizmente casados, que van por ahí haciendo cosas. Todo es un sinsentido, una sucesión de situaciones ridículas sin la más mínima coherencia. Incluso los argumentos secundarios que se plantean en un momento dado caen completamente en el olvido o resueltos con un gag estúpido, como si quisieran librarse de ellos de un plumazo porque lo único que importa son las burradas de Sandler y sus amigos.
Lo más triste de todo quizá sea ver cómo, ya sea por amiguismo o simplemente por dinero, algunos actores de prestigio se dejan humillar de esta manera (además de las ya mencionadas Hayek y Bello tenemos también la aparición de Steve Buscemi), aunque el colofón final, el colmo de los colmos, lo ponen las interpretaciones de Shaquille O’Neal y Taylor Lautner (el lobito de Crepúsculo), demostrando que el talento es lo de menos en esta pantomima para único deleite de incondicionales de la basura.
Poco hay que decir de los protagonistas. Sandler, Kevin James, Chris Rock y David Spade supongo que se lo habrán pasado pipa con este engendro al que ni siquiera se le puede extraer una simple moraleja, aunque posiblemente consigan hundir más si cabe sus ya maltrechas carreras.
Lo que más me asombra es echar un vistazo a la taquilla americana y ver que en su estreno ha sido la segunda película más vista, superada solo por Gru, mi villano favorito 2 y por encima del estreno fuerte del día Pacific Rin (esa epopeya gigantesca de Guillermo del Toro que me temo va a ser un sonado fracaso, aunque de ello hablaremos en unas semanas), lo que demuestra que en este mundo hay gente para todo. Por supuesto, si en la película hay dos mil chistes apelotonados uno detrás del otro, alguno tiene que hacer gracia, por narices, como el gag de la barca hinchable o los disfraces ochenteros, pero mucho hay que rascar para sacar algo, incluso la más leve sonrisa.

Y digo yo, ¿por qué nadie le pide a Sandler que deje de producir películas? Mejor aún, ¿por qué nadie le dice a Sandler que deje de escribir películas? Y lo más importante, ¿por qué nadie le dice a Sandler ¡de una puñetera vez! que deje de protagonizar películas?