Mostrando entradas con la etiqueta kevin james. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta kevin james. Mostrar todas las entradas

martes, 28 de julio de 2015

PIXELS (6d10)

Pocas cosas hay que me den más miedo que una peli protagonizada por Adam Sandler, que ni cuando ha querido ponerse serio (Hombres, mujeres & niños, por ejemplo) me ha convencido. Y que junto a él estén Kevin James (el Superpoli de las narices) y Josh Gad (aceptable en El gurú de las bodas, pero poco más) no sirve para ver el proyecto con más optimismo.
Sin embargo, te paras a mirar el resto del elenco y la cosa empieza a mejorar, dando esperanzas de que el film no sea un despropósito total como casi todas las comedias que estos tipejos suelen tirar juntos o por separado.
Empezamos por el director, un Chris Columbus a quien las nuevas generaciones conocen por sus dos Harry Potters y su Percy Jackson pero que se granjeó el título de clásico gracias a obras como Sólo en casa, Señora Doubfire o El hombre Bicentenario, aparte de haber escrito maravillas ochentas como Gremlins, Los Goonies o El secreto de la pirámide. Su presencia por si sola ya garantiza un mínimo de dignidad.
Seguimos con el resto del reparto, con el siempre genial Peter Dinklage (al que aquí le permiten estar mucho más pasado de vueltas que en Juego de tronos o X-men: días del futuro pasado), Michelle Monaghan(siempre brillante, aunque ahora se permite estar mucho más relegada que en True Detective) y las siempre intensas interpretaciones de Brian Cox y Sean Bean (lo de Dan Aykroyd, Serena Williams y Martha Stewart son simples pero celebrados cameos).
Por último, tenemos el Pixels de 2010, ese aplaudido corto de Patrick Jean que es la base de esta película y que contiene las mejores ideas del mismo.
¿Qué es lo que resulta de mezclar todos estos ingredientes? Pues la verdad es que una película sumamente entretenida, absurda y divertida a partes iguales, con claras influencias (¿o hay que llamarlos homenajes?) al cine de los ochenta, destacando lo mucho que el equipo protagonista recuerda a los Cazafantasmas en un momento concreto del film, aunque con reminiscencias al cine de caos y destrucción con ocasiones alienígenas que lideró el Independence Day de Roland Emmerich.
La trama es tan sencilla como estúpida. El Gobierno envía al espacio un vídeo con diversas imágenes de la vida en la tierra, incluyendo la final de un campeonato mundial de videojuegos y décadas después una raza alienígena interpreta el vídeo como una declaración de guerra y crea un ejército basado en esos videojuegos para combatirnos. Así comienza una lucha por la supervivencia contra enormes Pacmans, Donkey Kong, Tetris y demás seres de ocho bites caídos del cielo con todas las esperanzas puestas en los dos finalistas de aquel fatídico campeonato convertidos ahora en sendos fracasados (un instalador a domicilio y un presidiario) junto a los otros dos amigos de la infancia del prota, un amargado friki conspiranoico y… ¡¡el Presidente de los Estados Unidos!!
Si, ya me hago cargo que dicho así puede sonar a majadería. Y desde luego que lo es. Pero una majadería divertida y original, con acertados toques de nostalgia, la dosis justa (mínima) de romance y un sentido del humor bastante blanco, donde se nota que no han dejado a Sandler meter mano en el guion.
No romperá taquilla ni ganará premios, pero como entretenimiento estival sin demasiadas pretensiones ya vale. Y ver volar en pedazos de un disparo a un pitufo digital o a Pacman comiéndose la mano de su creador, no tiene precio. 

lunes, 27 de abril de 2015

SUPERPOLI EN LAS VEGAS (4d10)

Kevin James es uno de esos actores que caen en gracia sin necesidad de un talento interpretativo demasiado amplio, en la línea de otros patanes del humor como Adam Sandler (por cierto, productor de este film) o Will Ferrer y cuyo éxito se debe más a la necesidad de cierto público de buscar una vía de escape en un cine cómico extremadamente facilón y de escasas pretensiones. James es, además, un tipo gordo, y lejos de acomplejarse por ello, ha convertido dicha característica en una especia de marca de la casa, haciendo que casi todos sus personajes giren en torno a esa cuestión.
Si nos paramos a revisar su filmografía descubriremos que lo más reconocible en ella son patochadas al estilo Niños Grandes y su secuela, Zooloco y, por descontado, Superpoli de Centro Comercial, una especie de burla zafia e insultante del John McCaine de Jungla de Cristal subido en un Segway, esos curiosos vehículos de dos ruedas muy empleado por guardias de seguridad. Si a ello le sumamos que el director del invento es un tal Andy Fickman cuya mayor gloria fue Papá por sorpresa y otras banalidades de la subdivisión más infantiloide de la Disney podemos imaginar a qué tipo de film nos enfrentamos.
Superpoli en Las Vegas es una película espantosamente mala, tal y como lo era su predecesora Superpoli de Centro Comercial, cuyas únicas premisas sean las de burlarse de la profesión de agentes de seguridad (que no tienen nada de policías reales, aunque es curioso que los que motivan dicha burla sean también agentes de seguridad, aunque más guapos y molones, eso sí) y de la propia torpeza del personaje al que da vida James. Por supuesto, para distinguir que estamos ante una comedia blanca para todos los públicos en lugar de una gamberrada soez al estilo Apatow, hay un presunto mensaje intrínseco con la relación paterno filial con su hija Maya y una no historia romántica de fondo que, bien llevada, podría haber dado bastante juego.
Con la excusa de un robo de piezas de arte en un gran hotel de Las Vegas, la película es una simplería que ahonda en la nada más absoluta, aunque hay que reconocerle un mérito: posiblemente consciente de sus propias carencias no pierde apenas tiempo en momentos supuestamente reflexivos ni se complica mucho en la acción, apostando siempre por el humor como base para hacer funcionar el film, machacando constantemente al espectador con un gag tras otro de manera que, al final, resulta imposible no encontrar algo que termine por hacer gracia.
Si ponemos nuestro nivel de exigencia en el listón más bajo, la película puede llegar a entretener, siempre que ver a un  gordo pegándose porrazos y metiendo la pata de la manera más estúpida sea lo que nos va. Kevin James no hace mal lo poco que se le exige, Neal McDonough cumple en su papel de villano y Eduardo Verástegui y Daniella Alonso encajan a la perfección en sus estereotipos prefabricados como los guapos de la función. Y alguna pelea está suficientemente bien filmada como para despertarnos del hastío (ese enfrentamiento entre los dos grupos en un pasillo recordando la, por otro lado bochornosa, pelea callejera al final de El Caballero Oscuro: la leyenda renace).
Poco más se le puede sacar a una película mínimamente entretenida que provoca alguna sonrisa aislada y que puede ser recomendable para una tarde lluviosa de domingo atrincherados en el sofá de casa, siempre que seamos conscientes de la tontería que vamos a ver.

lunes, 15 de julio de 2013

NIÑOS GRANDES 2 (2d10)

Qué difícil es comentar una película como Niños Grandes 2 sin caer en la escatología que tan gustosamente promete el film. Y es que si la primera entrega de la película ya era vulgar y zafia (como casi todo el cine de Adam Sandler) pero al menos recuerdo en ella situaciones divertidas (lo mínimo que se le debe exigir a semejante reparto), esta continuación no puede tener una definición más apropiada que la de ser una mierda  basura como un piano. 
Es la sexta colaboración entre el supuesto comediante y el director Dennis Dugan, pero podrían hacer dos millones de películas juntos y no creo que entre ambos consiguieran una sola chispa de talento. ¡Es tan espantoso todo lo que acontece en la película! Y ya no es solo por el abuso indiscriminado de escatología barata (cuando luego hay padres irresponsables que piensan que es una película infantil y llevan a sus niños al cine; luego preguntarán donde aprenden a decir tacos o hacer cochinadas) y poco original (¿un chiste sobre crema de helado de chocolate que parece mierda? ¿la habilidad para tirarse pedos? ¡Por favor! ¡Qué estamos en el 2013!) o porque el único leitmotiv sea ver en repetidas ocasiones el alegre balanceo de los pechos de Salma Hayek, Maria Bello o cualquier escultural chica que pase por ahí (eso hay que reconocérselo, el casting parece haber sido elegido por el mismísimo Charlie Harper de Dos hombres y medio).  Lo peor es el desprecio total hacia el espectador, hacia el que no se han molestado en ofrecerle el más mínimo esfuerzo para concebir un guion que disimule en parte las absolutas carencias cómicas de Sandler, que si habitualmente ya es un mal actor en esta ocasión se supera a sí mismo, dando la impresión incluso de que trabaja con más mala gana de lo habitual, como sabiendo que tiene un grupo de seguidores que pagarán sea lo que sea la basura que les ofrezca y solo quiera cobrar su cheque. Y, si se tercia, empezar a escribir Niños Grandes 3 (tiempo al tiempo).
Naturalmente, no se puede pedir a una película de estas características un libreto de Oscar, pero al menos en otros títulos similares estrenados este año (R3sacón, Por la cara…) tenían una estructura narrativa. Aquí tenemos solo a un puñado de inútiles que se supone que debemos recordar por la anterior película, incomprensiblemente felizmente casados, que van por ahí haciendo cosas. Todo es un sinsentido, una sucesión de situaciones ridículas sin la más mínima coherencia. Incluso los argumentos secundarios que se plantean en un momento dado caen completamente en el olvido o resueltos con un gag estúpido, como si quisieran librarse de ellos de un plumazo porque lo único que importa son las burradas de Sandler y sus amigos.
Lo más triste de todo quizá sea ver cómo, ya sea por amiguismo o simplemente por dinero, algunos actores de prestigio se dejan humillar de esta manera (además de las ya mencionadas Hayek y Bello tenemos también la aparición de Steve Buscemi), aunque el colofón final, el colmo de los colmos, lo ponen las interpretaciones de Shaquille O’Neal y Taylor Lautner (el lobito de Crepúsculo), demostrando que el talento es lo de menos en esta pantomima para único deleite de incondicionales de la basura.
Poco hay que decir de los protagonistas. Sandler, Kevin James, Chris Rock y David Spade supongo que se lo habrán pasado pipa con este engendro al que ni siquiera se le puede extraer una simple moraleja, aunque posiblemente consigan hundir más si cabe sus ya maltrechas carreras.
Lo que más me asombra es echar un vistazo a la taquilla americana y ver que en su estreno ha sido la segunda película más vista, superada solo por Gru, mi villano favorito 2 y por encima del estreno fuerte del día Pacific Rin (esa epopeya gigantesca de Guillermo del Toro que me temo va a ser un sonado fracaso, aunque de ello hablaremos en unas semanas), lo que demuestra que en este mundo hay gente para todo. Por supuesto, si en la película hay dos mil chistes apelotonados uno detrás del otro, alguno tiene que hacer gracia, por narices, como el gag de la barca hinchable o los disfraces ochenteros, pero mucho hay que rascar para sacar algo, incluso la más leve sonrisa.

Y digo yo, ¿por qué nadie le pide a Sandler que deje de producir películas? Mejor aún, ¿por qué nadie le dice a Sandler que deje de escribir películas? Y lo más importante, ¿por qué nadie le dice a Sandler ¡de una puñetera vez! que deje de protagonizar películas?