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sábado, 8 de junio de 2019

LA VIUDA

Siempre es una buena noticia saber de un estreno de Neil Jordan, aunque parece claro que los mejores años de este director pasaron hace ya mucho tiempo. Después de unos inicios interesantes con En compañía de lobos y, sobre todo, Juego de lágrimas, y dar el salto al cine más mainstream con Entrevista con el vampiro y Michael Collins, sus últimos trabajos son películas menores, casi alimenticias, alternándose con coqueteos televisivos. De hecho, su último estreno data del 2012 con  la, esta sí, notable Byzantium.
Pero la celebración de tenerlo de nuevo ante un film del que además es coescritor se diluye ante la pobre propuesta del mismo, un thriller rutinario que evoca mucho a aquellas películas tan tópicas de los noventa y que se sustenta, ante todo, por su interesante reparto, con una Isabelle Huppert que, aun trabajando un poco con el piloto automático, está excelente, como siempre, bien secundada por las jóvenes Chloë Grace Moretz y Maika Monroe.
La viuda cuenta la relación entre una joven afectada por el reciente fallecimiento de su madre y una mujer madura acosada por la soledad que no tardará demasiado en tornarse algo enfermiza. Algo positivo del film es que no es nada tramposo y pone las cartas enseguida sobre la mesa, apostando más por la construcción de personajes que por la propia intriga, permitiendo así que se le perdonen los agujeros de guion que tiene. Así, como reflexión sobre la soledad y la necesidad de estar arropados por los seres queridos (ya sean reales o impuestos) es el verdadero motor de una película que tiene un buen pulso narrativo y con la que Jordan consigue mantenernos interesados durante toda la proyección, hasta que una vez finalizada, con el objetivo de entretenimiento cumplido, descubrir que no hemos visto nada nuevo ni especialmente talentoso.
En fin, película pasable, intrigante y obsesiva, pero totalmente desfasada hoy en día.


Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 16 de febrero de 2019

THE PRODIGY

Después del momento de esplendor que vivió el cine de terror desde finales de los 70 hasta entrados los años noventa, con la proliferación del concepto del slasher por obra y gracia de John Carpenter y con grandes sagas cuya culminación vino de la mano de Wes Craven y su Screen
Desde entonces, hubo un vacío creativo que solo james Wan consiguió revitalizar gracias a las franquicias de SawExpediente Warren e Insidious, pero a la vez se convirtió en un modelo a seguir que se tradujo en multitud de fotocopias insoportables y totalmente carentes de imaginación (a las que hay que sumar la moda del found footsage o metraje encontrado que terminó por arruinar definitivamente el género).
Desde entonces, solo pocas obras logran sobresalir del abuso de efectos sonoros y sustos fáciles para conseguir ser considerados buenas piezas de terror, siendo principalmente casos casi independientes y minoritarios (terminando por ser obras de culto), como podría ser La BrujaBabadookHereditary y demás…
The Prodigy no está a la altura de estas, pero al menos se distancia de la típica producción de Wan (o de Jason Blum, por nombrar al otro gran impulsor del género), consiguiendo un tono clásico que la acerca más a títulos como La Profecía, de Richard Donner que a cualquier historia de niño poseído que pudiera pertenecer al Warrenverso.
Como es de suponer, no se puede encontrar en The Prodigy una originalidad extrema, pues el concepto de la posesión infantil es casi un género en sí mismo, pero al menos tiene las suficientes virtudes como para conseguir aterrorizar y angustiar sin caer en recursos demasiado simplistas, consiguiendo que la historia predomine siempre por encima del efectismo y que, más allá de que cada uno acepte entrar más o menos en el juego que propone, resulte más interesante y verosímil que la media de productos de estas características.
Así, no estamos ante una producción que merezca elogios desmesurados, pero al menos cumple con su función de entretener y asustar a partes iguales, que es lo mínimo que se debe pedir a este tipo de películas, con unas interpretaciones que, sin nombres conocidos, logra estar a la altura de las circunstancias, jugando con entremezclar el terror de los asesinatos con el drama familiar.

Valoración: Seis sobre diez.