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jueves, 13 de octubre de 2016

Sitges 2016: BLAIR WITCH

En 1999 Daniel Myrick y Eduardo Sánchez revolucionaron el género del terror con El Proyecto de la Bruja de Blair, una peliculita de ínfimo presupuesto a la que supieron rodear de un airea de leyenda urbana muy en la línea de Holocausto Caníbal y que inició la moda de las found footage. Ambos fracasaron en la realización de su mediocre secuela, El libro de las sombras, y poco se ha vuelto a saber de ellos hasta ahora, en la que ejercen como productores de este torpe intento de revivir la saga.
Con el binomio Adam Wingard y Simon Barrett (director y guionista de las interesantes Tú eres el siguiente y The guest) la cosa apuntaba alto, más cuando todos prometían una nueva reinvención del género que volvería a dejar a todos asombrados y aterrados. Pero, para decepción de sus seguidores, lo único que han conseguido hacer es repetir paso por paso los esquemas de la primera película, obviando de hecho lo narrado en la secuela, para fotocopiar la película con más dinero y mejores técnicas.
Blair Witch es exactamente lo mismo que El proyecto de la Bruja de Blair, con más ruido de fondo y cachivaches más molones (aunque, a la postre, no sirvan para nada, como el desaprovechado dron). Hay alguna idea interesante en la propuesta, pero ellos mismos la dejan de lado como si temiesen apartarse lo más mínimo del camino marcado.
Blair Witch, por tanto, no aporta nada nuevo. Solo sirve como excusa para pretender enseñar a las nuevas generaciones lo que algunos padecieron hace un par de décadas en cine. Pero claro, mucho ha llovido desde entonces, y eso del “metraje encontrado” hace años que dejo de tener gracia.
El proyecto de la Bruja de Blair, vista hoy en día, es anodina y lenta. Pero en su momento tenía un toque de misterio y originalidad que al menos la hacía diferente de las demás. Blair Witch apenas logra aspirar a dar un par de sustos con sus golpes de sonido. Y ni eso lo consigue hacer bien.
No sé si será la peor película que se vea en este festival de Sitges. La más decepcionante seguro que sí.

Valoración: Tres sobre diez.

lunes, 4 de mayo de 2015

THE GUEST (7d10)

Ya hable ligeramente de esta película a raíz de su paso por Sitges 2014, aunque tras el éxito cosechado en el Festival de Cinema Fantàstic de Catalunya quise esperar a su anunciado estreno comercial para poderla analizar más en profundidad, no esperando que este fuese tan limitado y fugaz.
Dirigida por Adam Wingard, quien destacó como realizador por Tú eres el siguiente y cuyos trabajos hemos podido ver también en diversos segmentos de V/H/S y The ABC’s of Death, la película supone un claro homenaje a las películas de videoclub de los años ochenta, a ese tipo de cine de serie B que pasaba de puntillas (o simplemente no pasaba) por las carteleras pero que luego el boca a oreja las convertían en las grandes estrellas en el formato doméstico.
Ya su argumento no puede ser más simple y tópico: un joven aparece en la vida de una familia americana para seducirlos con su labia y sus aptitudes de manera que cuando se descubra su lado turbio ya sea demasiado tarde. No hay ningún spoiler en esta frase, pues el propio director, con un hábil uso de la música y merced al rostro camaleónico de Dan Stevens, se asegura de que nos quede bien claro desde el primer momento.
Podría decirse sin temor a equivocarnos que todo en The Guest es una absoluta tontería, un sinsentido que se sostiene por los pelos y con un gran esfuerzo de credulidad por nuestra parte, pero lo cierto es que da lo mismo. Wingard y Stevens se las apañan para que rizar el rizo que proponen sea sumamente divertido, burlándose incluso de los estereotipos y dándonos simplemente lo que queremos, una buena dosis de humor y mala leche con un final adrenalítico en un improbable escenario de Halloween de instituto.
Perfecta es la labor de Wingard para “colarnos” su aventura, pero de nada le valdría un buen trabajo tras las cámaras si no hubiese contado con el talento de Dan Stevens, un actor poco conocido hasta la fecha pero con un prometedor futuro. Stevens es el invitado a quien se refiere el título pero, por encima de eso, es el alma de la fiesta que es en realidad la película. Stevens es tan guapo como macarra, tan seductor como inquietante, representando tanto la figura del mejor amigo o el vecino perfecto como el mayor y más aterrador hijioputa del barrio. Una sonrisa, una mirada, que se transforma en menos de un segundo.
Rematando la jugada con una inteligente banda sonora, The Guest contiene todo aquello de lo que Obsesión carecía, esa peliculilla de hace unas semanas protagonizada (es un decir) por Jenifer Lopez que venía a mostrar un planteamiento más o menos parecido, como si ambas películas fuesen las dos caras de una misma moneda, pero que pese a haberse estrenado con mucho más rebomborio resultaba a la fin una pésima caricatura de esta.
The Guest posee toda la cutrez de cine más vacilón de los ochenta pero con un bonito envoltorio y como tal hará las delicias de todos aquellos que no pidáis a la peli más de lo que promete, una hora y media de violencia y diversión. Una película, en fin, para pasárselo bomba escudados ante un buen tanque de palomitas.

domingo, 8 de septiembre de 2013

TÚ ERES EL SIGUIENTE (6d10)

Parece que para combatir el calor del verano no hay nada mejor que una película de terror, y esta semana tampoco va a ser una excepción. Tú eres el siguiente es una nueva vuelta de tuerca al manido tema de las casas perdidas en mitad del bosque, los protagonistas aislados y uno o varios psicópatas por ahí sueltos masacrando a la pobre gente una a una. En esta ocasión, sin embargo,  Adam Wingard (director centrado hasta ahora en cortometrajes, incluyendo los segmentos de V/H/S y V/H/S 2) trata de no repetir el esquema de forma matemática, huyendo ligeramente del copia y pega tan habitual en este tipo de películas y tratando de trabajar un poco más el guion, dotando a la historia de cierto sentido y coherencia que, sin embargo, a la hora de plasmarlo en pantalla, se le escapa de las manos. Y es que una vez visto el resultado final de la película nos encontramos no ante una historia de terror (sustos apenas hay, la verdad), sino ante una fábula excesivamente violenta y cruel que, aunque al final tenga un leitmotiv  (no diré cual, aunque tampoco es muy difícil de imaginar), durante buena parte de la película se nos muestra violencia pura y dura, matar por el puro placer de matar, sin un ápice de moral o consciencia.
Tras un prólogo que homenajea a los clásicos psicokillers ochenteros (sexo, grandes ventanales, música a todo volumen, una ducha, un tipo enmascarado y mucha sangre, y todo en apenas cinco minutos), la historia arranca con un acomodado matrimonio que ve cumplido su sueño de reunir a sus cuatro hijos y sus respectivas parejas para celebrar juntos el aniversario de bodas. Lo que debía ser una agradable reunión familiar se ve rápidamente revolucionada primero por la mala relación entre algunos hermanos y después por el asedio al que son sometidos de forma implacable, con rápidos asesinatos ejecutados desde el exterior por medio de una ballesta y que deriva en una dura lucha por la supervivencia. Alejada desde el primer momento de temas sobrenaturales (nada tiene esto que ver, aparte de la sangre, con Posesión Infernal, House of Haunted Hill, Expediente Warren: The conjuring), los asesinos aquí son humanos, muy humanos, y como tal se les puede herir, como comprueba muy pronto Erin (Sharni Vinson), en lo que supone la principal diferencia entre esta películas y otras similares: las víctimas, en lugar de huir hasta dejarse asesinar, tratan de plantar cara, en especial la protagonista, aunque la explicación de que de pequeña su padre estaba obsesionado por la amenaza nuclear y por eso la instruyó para la supervivencia es bastante tonta. Así, nos encontramos más ante el subgénero de asesinos que invaden la seguridad del hogar, como Funny Games o la reciente The Purge: la noche de las bestias, esta última con la que comparte además el punto de angustia e inquietud que dan las máscaras que portan los asesinos. Sin embargo, el gran acierto de la película es no desvelarnos hasta alcanzar el ecuador el objetivo de esos tipos, manteniendo al espectador pegado a la butaca con una buena dosis de tensión, sangre (sin abusar demasiado de ella) y mucha violencia, teniendo aun tiempo para dejar ligeras pinceladas de carácter social sobre la destrucción de la estructura familiar o la fragilidad de la misma. Así, dentro de la sala de cine, el disfrute es total, sintiendo angustia por esa pobre gente con la que no se llega a simpatizar (quizá falte algo de humor o más tiempo para conocerlos) pero que tampoco llegan a caer mal (a mí me sobrecoge especialmente la muerte de los patriarcas), aunque habría imaginado un final un poco más creativo que el que plasma Wingard.

Eso sí, una vez salgamos del cine no pretendamos meditar demasiado sobre ella, pues encontraremos mil y un agujeros  en la trama, pero tampoco creo que sea objetivo de este tipo de filmes ser imperecederos.