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viernes, 5 de agosto de 2016

ESCUADRÓN SUICIDA: Otra decepción más de Warner/DC

Como buen amante del mundillo de los superhéroes y a tenor de lo visto en los trailers (además de que el cine de David Ayer siempre me ha parecido muy interesante, incluyendo la injustamente defenestrada Sabotage) le tenía muchas ganas a esta película, por más que apenas conozco a sus protagonistas, más allá, evidentemente, del Jocker y (muy de pasada) de Harley Quinn. Al menos tenía pinta de ofrecer algo totalmente diferente, mucho más gamberra y poco convencional. No esperaba a Deadpool, pero casi.
Por otro lado, no hay ningún motivo para confiar en lo que están haciendo en Warner/Dc en cines últimamente. Desde El Caballero Oscuro no levantan cabeza y cada película parece más torpe que la anterior (precisamente estos días he aprovechado para recuperar Batman V. Superman en su versión Ultimate, y aunque mejora un pelín –al menos dignifica algo, aunque tampoco mucho, a Clark Kent/Superman- tampoco basta para salvar al film del desastre). Solo quedaba la duda de si se debía culpar de ello a sus creadores (Nolan siempre pareció más interesado en hacer un thriller policíaco que un film de Batman y en El regreso del Caballero Oscuro se le fue la mano en todos los sentidos) o de los directivos. A ellos se les achaca el desastre de Batman V. Superman, por más que los palos iniciales cayesen sobre Snyder.
En espera a una Liga de la Justicia que debería seguir los pasos de ese dúo oscuro y depresivo, Escuadrón Suicida prometía ser un oasis en el desierto, una película capaz de ir a su bola, lejos de las influencias de Zack Snyder y del también denostado David S. Goyer, dejando las riendas en manos de un artesano con suficiente personalidad propia como para hacer SU propia película. Pero esos rumores de montajes alternativos impuestos desde arriba (se dice que incluso se llegó a engañar a Ayer para que diese el visto bueno) así como el aumento a posteriori del protagonismo de Batman tras ser de lo poco que gustó del film anterior (que al final no es para tanto) no hacían presagiar nada bueno.
Y con total falta de hype pero a tope de ilusión y esperanza me he enfrentado a este nuevo capítulo de la saga que pretende contarnos, muy a trompicones, la creación del Universo DC.
¿Y qué es lo que me he encontrado? Pues, lamentándolo mucho, un despropósito total. No puedo decir que esta película sea peor que Batman V. Superman, pero no le anda a la zaga.
De entrada, ambos comparten el mismo problema: tienen las bases para ser una gran película y lo echan todo a perder con un guion ridículo. Ya desde la misma escena de presentación de personajes uno intuye que la cosa no va bien encaminada. No hay una coherencia narrativa (aún no sé si esto es un drama, una comedia, una peli de superhéroes, una epopeya bélica o una de terror), el montaje es confuso y precipitado y los personajes, por más que se les quiera dotar de un trasfondo dramático, son meras caricaturas. Ni siquiera los efectos especiales salvan la papeleta, con un Killer Croc grotesco, un Diablo que en su confrontación final con el villano de opereta me recordaba a los peores momentos de El Motorista Fantasma y una amenaza (otra vez el mundo en peligro por la abertura de portales interdimensionales, o místicos, o qué se yo…) final que parecía sacada de Cazafantasmas.
Esta es la primera película de supergrupo de DC y es evidente que ha fracasado por completo, aunque su escena postcréditos (sí, tiene escena postcréditos, para que luego digan…) deje clara la posible conexión con La Liga de la Justicia.
No obstante, no deja de ser una película de superhéroes, y eso significa mamporros, acción y espectacularidad, y eso siempre mola pero, ¿mola lo suficiente? No cuando todo es tan confuso y se abusa tanto del Deus ex machina. Había momentos en los que no me enteraba de nada, no porque no entendiese lo que pasaba, sino porque no entendía porqué pasaba, en un completo homenaje al absurdo y el sinsentido, personificado todo ello en el papel de Viola Davis. Tanto es así que hubo momentos en los que me sentí como cuando vi Los Cuatro Fantásticos de Josh Trank.
Y aun así, acepto darle un aprobado raspado. Y eso se debe, además de a una interesante banda sonora, a la presencia de un impresionante reparto (aunque con alguna estrella totalmente desapercibida, como Adewale Akinnuoye-Agbaje bajo capas y capas de maquillaje o Scott Eastwood, que ni recordaba que salía hasta leer los créditos finales). Pero la presencia de nombres como Jai Courtney, Joel Kinnaman o Clara Devigne dan cierta enjundia al producto, mientras que Will Smith y Margot Robbie es de otro nivel. Pese al deje atormentado que pretenden dar a Deadshot, Smith vuelve a recordar al magnifico actor de comedia de sus comienzos y la empatía entre su personaje y el de Harley Quinn logra salvar la película. Y es que si en mi comentario de La leyenda de Tarzán ya advertía que la Robbie era de lo mejor del film y prometía más o menos lo mismo para esta ocasión, lo cierto es que la rubia descubierta en El lobo de Wall Street está colosal. Su personaje por sí solo justifica el visionado de la película, con un humor delirante e histriónico que logra resumir a la perfección la esencia del personaje. ¡Y qué bien le sientan esos shorts tan cortos!
Lo de Jared Leto como Jocker es otro tema. No sé si es culpa del doblaje en español o del director, pero se me antoja otro despropósito casi tan grande como el Luthor de Eisenberg.
En fin, nueva oportunidad desperdiciada de Warner y su universo comiquero. Muchas eran las esperanzas puestas en este título y nueva desilusión que hace que ya poco me pueda esperar del próximo, turno de Wonder Woman. Copiar el estilo Marvel e momento no les está funcionando. Veremos lo que les depara el futuro. Ahora será tiempo de ver si la taquilla está en consonancia a las críticas y si este segundo varapalo trae nuevas consecuencias. Lo que parece claro es que Ayer solito no puede ser responsable del fiasco y algo tendrán que decir los directivos que anteponen sus opiniones económicas a las creativas. Esto es un negocio, sí, pero a este paso pronto van a dejar de ganar dinero.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 12 de julio de 2015

TERMINATOR: GÉNESIS (7d10)

Una vez más, al acudir a una sala de cine a ver una secuela/remake/reboot de un clásico de nuestra infancia nos asalta la inevitable pregunta: ¿era necesario?
En el más puro sentido de la palabra la respuesta es un rotundo NO. Cuando una película es tan interesante y emocionante como Terminator y tiene una secuela absolutamente brutal y revolucionaria como Terminator 2: El juicio final, no hay ninguna necesidad de volver a remover las cenizas del pasado, aparte del hecho de que va a ser imposible estar a la altura (ya se intentó en dos ocasiones y una serie de televisión y no se logró).  Podría ser un caso parecido al de Jurassic World, imposible de estar a la altura de la primera pero mucho más entretenida que sus flojitas secuelas.
Pero, como con Jurassic World, hay una segunda respuesta válida: si de verdad hay que hacerlo, hagámoslo bien. Y conscientes de que no se va a repetir la magia ni la genialidad de las dos obras de James Cameron (no en vano es uno de los mejores cineastas de la historia) se han esforzado para hacer una historia coherente, acorde con el paso de los años y lleno de autoreferencias y homenajes a las películas de 1984 y 1991 respectivamente.
De algún modo se podría decir que los productores han aprendido de los errores anteriores. Si la primera película era tremendamente original, violenta y (por momentos) aterradora y la segunda era un espectáculo visual adrenalítico y sin dar un respiro al espectador, parecía que ya todo estaba dicho en un universo que ni Cameron ni el propio Schwarzenegger parecían interesados en recuperar. Cuando al fin se hizo Terminator 3: la rebelión de las máquinas en el 2003 se trató de avanzar algo en la historia, pero la película de Jonathan Mostow terminó siendo una simple historieta más de robots venidos del futuro con una T-X macizorra sustituyendo al T-1000 de  metal líquido y dejando a todo el mundo con las ganas de ver por fin la guerra del futuro que tan solo había insinuado brevemente Cameron. Tras el fiasco en taquilla hubo que esperar seis años más para ver por fin esa guerra del futuro, pero para ello se tuvo que renunciar a los dos pilares fundamentales de la franquicia: los viajes en el tiempo y el bueno de Arnie, liado en asuntos de política y al que solo se le ve digitalmente y de forma muy breve. Terminator: Salvation de McG fue la que peor funcionó en taquilla y obligaba o bien a finiquitar la saga o a replantearla de nuevo.
Tras el buen trabajo de J.J.Abrams en Star Trek y de Bryan Singer en X-men: días del futuro pasadoel camino a seguir parecía claro para el director Alan Taylor (recién salido de Thor: el mundo oscuro). Al fin y al cabo, si hay una saga con derecho a modificar su historia mediante viajes en el tiempo es esta, ¿no?
Así, la acción arranca tal y como lo hacía la primera, pero dando más detalles. En el futuro John Connor está a punto de derrotar a Skynet de manera que este hace un desesperado ataque final enviando a un T-800 a 1984 para asesinar a Sarah Connor, la madre de John, y evitar que el líder de los humanos llegue a nacer siquiera. Kyle Reese, el mejor amigo de John (y que todos menos él sabemos que es también su padre), deberá viajar tras el ciborg para salvar la vida de Sarah. Sin embargo, cuando llega a 1984 la historia, tal y como él la conocía, ha cambiado.
Me apasiona el tema de los viajes en el tiempo, considerando que, dentro de la ciencia ficción más fantasiosa, debe ser tomado como un simple divertimento. La opción de los guionistas Laeta Kalogridis    y Patrick Lussiern de crear diversas líneas temporales me resulta interesante, además de permitirnos ver (la magia del maquillaje y los efectos digitales) a tres Schwarzeneggers de distintas edades. Obviando (aunque tampoco creo que renegando, como se ha dicho por ahí) la tercera y cuarta parte de la saga el film de Taylor se compone de un complicado jeroglífico de  viajeros temporales que permite ver otra vez en acción al T-1000 (con otro actor, claro) y a un nuevo villano, aunque ni rastro de ningún T-X.  Lo malo de meterse en estos berenjenales es que las paradojas son casi inevitables (todo Terminator en sí es una gran paradoja, intencionada en un primer momento), y al final de la película se encuentra uno con demasiadas preguntas sin responder que pueden llegar a molestar, sobre todo por no saber si se deben a fallos de guion, vagueza de los guionistas o simples puertas abiertas de cara a futuras entregas.
En el apartado interpretativo, con un Schwarzenegger tan inmenso como siempre, podemos mirar con lupa a Emilia Clarke, que sale bien parada en su transformación en Sarah Connor. Aunque las comparaciones con Linda Hamilton sean odiosas hay que agradecer que su rol sea ligeramente diferente al de su predecesora para poderse distanciar un poco.
No funcionan mal los otros dos protagonistas, Jason Clarke y Jai Courtney, pese a que ninguno de los dos sean actores santos de mi devoción, de los cuales no hablaré demasiado por no entrar en spoilers (aunque la propia productora, incomprensiblemente, se ha empeñado en hacerlo, tanto en alguno de los posters –no los aquí reproducidos- como en el tráiler), aunque se echa en falta algo más de importancia en el papel del inmenso J.K. Simmons, recuperando al uno de los policías anónimos que sufrió el ataque del Terminator de la primera película.
En fin, que la historia, por más que se vuelve algo previsible hacia su final, es más que convincente, con todo lo que uno podría esperar de una secuela de Terminator y que no nos habían dado desde que Cameron dejó la franquicia. No es oro todo lo que reluce, por supuesto, y ni Taylor es Cameron ni su película está  a la altura de los dos primeros clásicos, pero la acción está bien filmada, no concede un respiro al espectador y está salpicada con ligeras dosis de humor como era menester. De nuevo en referencia a mi opinión de Jurassic World debo repetir que no tiene esta película (muy hija de su tiempo pese a todo) el alma ni la magia de aquellos primeros Terminators, pero como blockbuster veraniego cumple con creces.
Eso sí, para los que la vemos doblada, se echa mucho de menos el doblaje de Constantino Romero. Sin él, eso de “Volveré” no suena igual de bien.  




lunes, 27 de abril de 2015

EL MAESTRO DEL AGUA (7d10)

Parece curioso, pero cuando un actor decide embarcarse en la tarea de dirigir su propia obra es fácil dejarse tentar por una historia épica y de superación, como en el Bailando con lobos de Kevin Costner o la Invencible de Angelina Jolie (en el caso de la señora de Brad Pitt se trataba en realidad de su segunda película, aunque la primera con carácter plenamente comercial). 
De hecho, hay varios puntos en común entre El maestro del agua e Invencible, pues ambas son desgarradoras historias reales con un profundo sentido trágico que invita a la reflexión en contra de cualquier conflicto bélico (en los ejemplos expuestos datados en la I y II Guerra Mundial respectivamente) y planteando las diferencias e igualdades entre los diferentes bandos (aunque siendo realistas los japoneses de la película de la Jolie quedan bastante peor retratados que los turcos de El maestro del agua).
Parece ser que hace tiempo que el gusanillo de la dirección había picado a Rusell Crowe, pero no ha sido hasta ahora que ha podido hacer su sueño realidad, descubriendo que este nuevo oficio parece llenarle mucho más que el de actuar, por más que –en un nada disimulado ataque de ego- se reserva el casi omnipresente papel protagonista de su film.
El maestro del agua cuenta como un granjero australiano con un peculiar don para localizar brechas de agua bajo la superficie decide partir hacia Turquía, cuatro años después de la batalla de Galípolis para recuperar el cadáver de sus tres hijos, desaparecidos en combate. Bajo esta premisa, Crowe describe la proeza de un hombre desesperado, casi sin esperanza, dispuesto a enfrentarse a los restos de una guerra que aún colea sin importarle el bando al que deba recurrir para conseguir ayuda.
El maestro del agua pretende ser una epopeya de superación personal, emotiva y desgarradora, con un claro mensaje conciliador e incluso una demanda de perdón en nombre del ejército Australiano por ser ellos los agresores en la famosa batalla (que tan bien retrató, recordemos, Peter Weir en la película homónima que protagonizó Mel Gibson). En este sentido, y debiendo hacer algún salto de fe (no me queda claro si el protagonista tiene un “don” real que le permite incluso conocer la ubicación exacta del cadáver de sus hijos o si es fruto de la simple conexión paterno filial), aparte de perdonar alguna inexactitud histórica, la película funciona bastante bien, con una narración muy clásica y un evidente buen gusto por parte del actor/director a la hora de mover la cámara.
Hay que lamentar, sin embargo, que Crowe quiere aspirar a demasiadas cosas en su primera incursión tras las cámaras, y quizá su talento no dé para tanto. La historia de amor coprotagonizada por Olga Kurylenko, la relación entre británicos y turcos tras el final de la Guerra, la incursión de Grecia en territorio otomano… son quizá demasiadas subtramas que terminan alargando demasiado la historia y provocando que queden demasiadas cosas sin contar (el personaje del marido de la Kurylenko es totalmente olvidado) que, además, es exageradamente bienintencionada, resultando casi todos los militares (crueles asesinos durante la guerra) gente de honor y bello corazón cuando toca desvivirse por el granjero y sus pesquisas.
No es, desde luego, un mal debut para Crowe, que no consigue emocionar como debe pero configura una interesante aventura que tiene a la búsqueda del agua como una metáfora algo forzada pero visualmente efectiva.

sábado, 4 de abril de 2015

INSURGENTE (4d10)

Cansado como estoy de la invasión de películas basadas en noveluchas de las llamadas YA (Young adults) que surgieron con el deseo de emular el (incomprensible) éxito de la saga Crepúsculo, poco podía haber en este título capaz de interesarme lo más mínimo, más teniendo en cuenta lo indiferente que me dejó su primera entrega (Divergente), una fotocopia aburrida de Los Juegos del Hambre y visualmente mucho menos imaginativa que El corredor del laberinto.
Quizá lo único destacable de este exceso digital sea su reparto, encabezado de nuevo por una Shailene Woodley que ya había logrado su mejor papel antes de Divergente gracias a Los descendientes pero que hace poco logró convencer con su sufrida interpretación en Bajo la misma estrella. Con Kate Winsley repitiendo como villana (parece que toda saga YA que se precie debe tener su estrellita para que se limite a cobrar su cheque por rodar cuatro muecas), la película repite el mismo elenco de secundarios que su antecesora, con la diferencia que los apenas conocidos por aquel entonces Ansel Elgort (resaltando su lado más pedante y/o formal en la ya mencionada Bajo la misma estrella o en la fallida Hombres, mujeres & niños), Miles Telles (ahora niñato de moda por su participación en la gran Whiplash, aunque quien sabe si odiado por los mismos que ahora lo adoran cuando se estrene la polémica Los 4 Fantásticos),  Jai Curtney (que tras hundir la saga de La Jungla intentará hacer lo mismo con la de Terminator y el año que vienen meterá su careto en el Suicide Squad de DC) empiezan a sonar fuerte en Hollywood. Junto a ellos, los fichajes estelares de Daniel Dae Kim (¿alguien más añora Perdidos?) o Naomi Watts (¿pero a ti qué se te ha perdido por aquí, hija de mi alma?), aparte de Ashley Judd que de nuevo pasaba por ahí.
Como se puede ver, muchos de los actores han subido su caché desde el estreno de Divergente (no he nombrado a Theo James porque sigue tan perdido fuera de la saga como cabría esperar), pero es tal la apatía con la que se enfrentan a sus personajes que ni por asomo logran transmitir lo más mínimo, resultando tan insustanciales como el propio argumento.
Donde sí hay un cambio es en la silla del director, pues el Neil Burger de Divergente (que quitando El Ilusionista no es que haya hecho nada destacado) ha sido sustituido por Robert Schwentke, cuyo último trabajo ha sido (perdonen si se me escapa la risa) R.I.P.D., Departamento de policía mortal, y que también se encargará de Leal (o como sea que se llame Allegiant en España) última película de la saga (o no, porque también amenazan con dividirla en dos partes). Claro que para el caso ya podría estar dirigida por un macaco borracho, porque el único esfuerzo que parece haberse desempeñado en la película (y tampoco demasiado, no crean), es en el apartado infográfico. Casi se diría que los actores han podido rodar desde sus casas y que cuatro nerds desde sus ordenadores se han hecho cargo de toda la filmación, copiando, eso sí, el estilo visual de Transcendence, aunque ya en aquella película se pudo comprobar que no era un estilo efectivo (y es que estos de Hollywood no aprenden), resultando totalmente artificial y con la sensación de que se han gastado cuatro duros mal contados.
Insurgente no es, a la postre, ni mejor ni peor que Divergente. Solo es más de lo mismo, igualmente plana y vacía, por mucho que esos mundos distópicos quieran invitarnos a la reflexión. No hay ningún intento de disimular las carencias narrativas de la obra literaria ni las similitudes con el resto de mundos distópicos del resto de productos YA, invitándome a plantear la hipótesis de (en plena moda de los Universos Compartidos que hasta la fecha sólo Marvel ha logrado fraguar con éxito) esperar una película que nos revele que las historias de Los Juegos del Hambre, El Corredor del laberinto y Divergente transcurren en un mismo Universo, y que podrían llegar a juntarse Tris, Katniss y Teresa para liarse a tortas mientras son observados desde el espacio por un tal Ender y un puñado de vampiros fosforescentes esperan ansiosos para enrollarse (en forma triangular, por supuesto), con la vencedora. ¿Les parece absurdo? Bueno, tiempo al tiempo…

lunes, 29 de diciembre de 2014

INVENCIBLE (8d10)

Aunque eclipsado por las gestas de Jesse Owen, en las Olimpiadas de Berlín de 1936 hubo otro corredor americano que, pese a su juventud, destacó por su velocidad en pruebas de largo recorrido. Su nombre era Louis Zamperini y su historia, en aquel momento, ya parecía suficientemente interesante como para ser llevada al cine. Pero después de eso, aun le quedaba participar en la II guerra Mundial, naufragar y quedar en un bote a la deriva durante cuarenta y siete días y ser prisionero de guerra en un campo japonés.
Estaban siendo tan negativas las críticas a la nueva aventura como directora de Angelina Jolie que pocas ganas me entraban de ver la vida de este americano de origen italiano al cine, pero para mi sorpresa me he encontrado ante una película fascinante, dura y despiadada pero de gran factura e interpretaciones magistrales.
Quizá la Jolie no tenga una pericia especial para manejar la cámara con maestría, pero se desenvuelve con suficiente eficacia para dejar que sea la historia la que se narre por sí misma, una historia terrible que pasada por el rasero de los hermanos Coen (y este es el detalle que me parece más curioso del film) se distancia poco de lo que en verdad le sucedió a Zamperini.
Con dos partes bien diferenciadas, la del naufragio y la de prisionero de guerra, y una tercera (la etapa de corredor) narrada mediante flashbacks, Angelina Jolie logra plasmar con corrección no ya los estragos de la guerra, sino la brutalidad humana que, en este caso se encuentra personificada en el rostro y las maneras del japonés Watanabe, pero quien podrían ser alemanes nazis, extremistas islámicos o los propios americanos en Guantánamo.
Quizá lo que no le puedan perdonar muchos a la directora es la ambición desmedida que se lee entre líneas a su película, que lejos de ser una apuesta pequeñita como su debut (la casi inédita En tierra de sangre y miel) desprende aroma de grandeza por doquier, con una producción descaradamente destinada a luchar por el Oscar en su próxima edición. Y es esta soberbia fílmica lo que no parece cuajar demasiado bien entre los profesionales del medio.
Pero si los señores del CSI me permiten, yo he disfrutado (y hay que coger con pinzar el concepto de disfrutar) con esta historia de superación que, quizá no descubra nada nuevo sobre las crueldades de la guerra, pero ayudan a recordarnos como puede ser a veces la condición humana.
Cuando tras media película de soledad (un accidente de avión termina con tres náufragos, de los que solo dos sobreviven) angustiante que puede recordar a títulos como La vida de Pi o Cuando todo está perdido, se pasa a la opresión de un campo de prisioneros, donde el mal parece personificado en la figura del general al mando y cuyas vejaciones soportadas por Zamperini solo pueden creerse por haber sido relatadas de su propia boca, sería fácil confundir veracidad con verosimilitud, pero Jolie, que camina sobre el alambre en más de una ocasión, logra mantener la sensatez sobre un personaje que podría alcanzar cotas mesiánicas (de hecho la fe y la virtud del perdón son temas muy presentes en el film) pero que la excelente interpretación de Jack O’Connell logra solventar.
Puede que no sea la mejor película del año. Puede que no merezca arrasar en los Oscars. Pero es una buena película. Muy buena, incluso. Y negarlo es entrar en el terreno de las fobias personales. Y que cada uno lo entienda por donde quiera.

martes, 24 de junio de 2014

YO, FRANKENSTEIN (3d10)

Seamos sinceros. Si entramos en el cine para ver una película basada en un comic en el que convierten a la criatura creada por Victor Frankenstein en un héroe de acción y el mejor reclamo que tiene es que está creada por los productores de Underworld ya sabemos que no estaremos ante una obra maestra.
Eso sí, entre eso y la solemne estupidez que es este Yo, Frankenstein hay un abismo.
Me confieso fan de la saga Underworld, incluso la flojita conclusión (por ahora) de la misma me entretuvo, pero eso no significa que esté dispuesto a tragarme de buen agrado todo lo que unos guionistas muy poco inspirados (me pregunto si habrán cobrado por este trabajo) y un director totalmente incompetente  me quieran endosar.
Lo más curioso del caso es que en un primer momento parecen querer ser fieles a la obra de Mary Shelley, comenzando la película tal y como termina el libro (incluso hay un traveling aéreo del monstruo caminando por la nieve que parece un claro homenaje al Frankenstein de Kenneth Branagh), como si de una continuación fiel al argumento de la escritora británica se tratase. Bastan cinco minutos más de película para descubrir que no.
La película (aunque me parece ofensivo llamarla así) versa sobre una lucha milenaria entre una especie de ángeles encarnados (o empedrados, mejor dicho) en gárgolas contra unos demonios. La eterna lucha entre el bien y el mal llevado a su máximo grado de simpleza. Una guerra en la que el monstruo, que lleva 200 años oculto al mundo, jugará un papel determinante. Algún giro de guion, varias traiciones y una presencia femenina con la que por lo menos evitan cualquier intento de subtrama romántica que ahondaría aún más en el ridículo es que eso es todo lo que ofrece Yo, Frankenstein. El resto es una hora y media de peleas absurdas y espantosamente mal coreografiadas, con unos villanos embutidos en máscaras de látex que posiblemente estén provocando que el gran Ray Harryhausen se deba estar retorciendo en su tumba y que hace que, en comparación, la serie de Buffy Cazavampiros parezca una maravilla visual, y un exceso de la digitalización chapucera y casposa.
Tal es el despropósito de la película que maya usted a saber a través de que retorcidos engaños han conseguido reunir un interesante elenco de actores que ofrecen sin duda la peor interpretación en sus carreras. Aaron Eckhart está de pena, limitándose a mantener el ceño fruncido todo el metraje y sin demostrar un ápice de carisma, como si su maquillaje de mercadillo bastase para dar entidad al personaje. Miranda Otto es de vergüenza ajena e invita a eliminar todas las escenas suyas de la trilogía de El Señor de los Anillos como castigo. Jai Courtney no merece comentario alguno si tenemos en cuenta que es el tipo que jodió (perdón por la vulgaridad) la saga de Jungla de Cristal y el gran Bill Nighy deambula por pantalla sin saber muy bien qué hacer, imagino que tratando de devolver algún favor al productor o algo así, porque si no, no se entiende qué hace en esta producción. El propio actor explicó hace poco en una entrevista que mientras rodaban no tenía ni idea de qué iba la película ni que pintaba él en medio de ese fregado.

Sólo la presencia de Yvonne Strahovski justifica mínimamente el visionado, quizá porque tengamos demasiado reciente en el recuerdo su participación en las dos últimas temporadas de Dexter y eso nos ayude a perdonarle tan grotesco insulto al mundo del cine.
Hay ocasiones en que nos encontramos con películas burdas que no pretenden más que hacer un poco de cachondeo, aun con el peligro de no ser conscientes de ello. Me viene a la mente el Abraham Lincoln, Cazavampiros de Timur Bekmambetov, que podría haber sido una buena película de acción (y mucho más interesante que el tostón que Spielberg hizo sobre el presidente más o menos por la misma época) si no cometiera el error de tomarse demasiado en serio a sí misma. Pese a todo, aquella tenía momentos divertidos y una acción muy bien filmada.
Nada de eso se encuentra en este Yo, Frankenstein que es soberanamente aburrido (y mira que tiene mérito aburrirse con una peli de gárgolas y demonios dándose de leches) y no apuesta en ningún momento por la diversión.
No voy a mencionar las muchas incongruencias del guion, pues ya cuento con que este tipo de cine no busca hacer encajes de bolillos perfectos, pero sí exijo que una película de estas características por lo menos entretenga. Y esta no lo hace en ningún momento.
Que estando en junio piense que ya he visto la peor película comercial del año por lo menos me da buenas esperanzas de cara a lo que queda por llegar.
Desastrosa, infumable y ridícula, no puedo más que rogaros a todos que huyáis de ella. Yo hasta me sentí insultado.

viernes, 9 de mayo de 2014

DIVERGENTE (4d10)

Nos encontramos ante una nueva tontería de esta especie de subgénero que ha aparecido durante la última década que se ha dado en llamar cine YA (young adult), es decir, películas para adolescentes centradas en un futuro distópico con un héroe (o preferentemente heroína) dispuesto a salvar el mundo de una sociedad corrupta y capaz de tener una apasionada historia de amor, mejor con triángulo incluido, en sus tiempos libres, normalmente basándose en una saga de novelas que salvo excepciones está perpetrada por alguna ama de casa que no tiene ni pajolera idea de escribir y se limitan en plasmar en papel sus fantasías lujuriosas y épicas con las que huir de su decepcionante vida rutinaria.
Desde que terminaran las sagas de Harry Potter y Crepúsculo, dos polos opuestos pero megataquilleros de esta corriente, Hollywood se ha dedicado a adaptar indiscriminadamente toda novelucha juvenil que caía entre sus manos en busca de una nueva gallina de los huevos de oro, con estrepitosos fracasos (algunos previsibles, como Hermosas criaturas, otros más inesperados, como Los juegos de Ender), con la gran excepción de la digna Los juegos del hambre, la única que tiene garantizada la conclusión de la saga (a medio camino se encuentran cosas que ni triunfaron ni tampoco molestaron mucho como las colecciones de futuro incierto de Narnia y Percy Jackson).

En este panorama aparece Divergente, primer título de una trilogía ¿literaria? que no pienso leer y que por arte de magia se convertirá en tetralogía en el cine, con la heroína encarnada por Jennifer Lawrence como máximo referente.
Como no puede ser de otra manera en estos derroches de creatividad nos encontramos ante una sociedad de postguerra (una vez más nos quedamos con las ganas de ver esa guerra) en la que la sociedad ha quedado dividida en secciones (aquí son facciones como en otras sagas eran distritos o incluso casas). Aunque es el ADN de cada uno lo que revela a que sección pertenece cada uno, ya que estas se rigen por un rasgo de carácter distintivo, existe la posibilidad de que uno elija su propio destino, eso sí, sin opción a recular jamás. El problema vendrá cuando la protagonista descubra que su ADN la define como Divergente,  lo que significa que posee algo de cada una de las facciones y es por lo tanto superior a sus compañeros. Como eso está muy mal visto se decanta por hacerse de Osadía, para decepción de sus padres, que son de Abnegación. A partir de aquí la historia se transforma en una especie de academia militar absurda y violenta con unos tintes fascistas que ríete tú de Ender, hasta que la protagonista Tris, que empieza como un patito feo y termina como reina del cotarro, descubra que hay una trama conspiratoria en las altas esferas y que va a haber una especie de golpe de estado perpetrado por Jeanine (una embarazada Kate Winslet que confirma con su participación en esta peli que los Oscars no bastan para llenar los bolsillos), que por cierto es lo más parecido a la cabeza de gobierno de una sociedad que no termino de entender, por lo cual sus motivaciones son poco menos que absurdas.
Entre tanto tópico y giros de guion que no sorprenden a nadie no pueden faltar los grupitos de amigos que apenas conocerse se defenderán hasta la muerte, las traiciones ¿inesperadas?, el romance y, por supuesto, el drama familiar. Y es que esta Tris es tan gafe que a su lado Peter Parker es sinónimo de la buena suerte.

Poniendo jeta a la prota está la insípida Shailene Wodley(la que fuera hija de George Clooney en Los descendientes y estuviera a punto de ser la MJ de The amazing Spiderman 2 hasta que los fans se enteraron y amenazaron con quemar Marvel hasta los cimientos), y que no tiene ni la calidad, ni el físico ni el carisma de la Lawrence, a la que acompaña algún rostro conocido como Maggie Q, vista en la televisiva SHIELD y Jai Courtney, uno de los culpables de que La jungla: un buen día para morir sea tan mala, aparte de la mencionada Winslet, rostro de prestigio obligado en este tipo de producciones y que aporta algo de caché junto a la desaparecida Ashley Judd. Mención aparte se merece el insoportable Miles Teller, un niñato acostumbrado a las comedias estúpidas tipo Noche de marcha y al que pretenden convertir en el nuevo Mr. Fantástico (!!).
No voy a negar que el director, Neil Burger, ha sabido dotar a la película de algunas secuencias de acción realmente trepidantes, pero se enfrenta a un guion tan flojo y colmado de sinsentidos que no puede evitar que a la postre las dos horas y veinte minutos de duración resultan interminables y me inviten a definir la película como de aburrida.

O a lo mejor, claro está, es que no la entendí...

domingo, 17 de febrero de 2013

LA JUNGLA. UN BUEN DÍA PARA MORIR (4d10)

Permitidme empezar diciendo que esta va a ser una crítica breve. Y no porque haya poco para comentar sobre este despropósito de película (que si me caliento quizá no pueda parar) sino porque mi primer sentimiento hacia la misma es la pena. Pena por una saga que agoniza, pena por un gran actor que empieza a tener dificultades para sostener una película por si solo y pena por un director y unos guionistas que nunca deberían haberse dedicado a este oficio.
Veréis, yo soy un gran fan de Jungla de Cristal en general y de Bruce Willis en particular y opino que la primera y tercera partes,  realizadas por el gran John McTiernan son grandes películas,  la secuela de Renny Harlinl no estaba mal e incluso disfruté como un enano con La Jungla 4.0 de Len Wiseman. Pero esta bazofia que nos presentar ahora no hace más que lapidar la herencia recibida y mancillar el espíritu de John McClane.
Vayamos por partes, que nos va a ocupar poco tiempo. El argumento: John va a Moscú (como quien va a la tienda de la esquina) a por el macarra de su hijo (que resulta ser un agente de la CIA tratando de desmontar una trama terrorista) y como no tiene nada mejor que hacer se apunta a ayudarle y juntos salvan el mundo. Los actores: Jai Courtney como el joven McClane tiene el mismo carisma que una suela de zapato vieja, mientras que papá Bruce permanece toda la película fuera de lugar, como si se estuviera preguntando porqué se había metido en ese fregado y soltando chascarrillos forzados sin ninguna gracia. El director: John Moore, no tiene ni idea de lo que hace. Escenas que en el guion debían parecer trepidantes son trasladadas a la pantalla planas y sin emoción.  Hay múltiples destrozos y explosiones pero ni una sola secuencia vibrante. ¿Es que los productores no habían visto Max Payne, ¿por Dios? Los malos: ni están ni se les espera.  Ante la falta de mejores recursos narrativos los guionistas buscan sorprender, pensando quizá que estaban escribiendo un thriller en lugar de una peli de acción. Cuando piensas que el malo es uno, lo matan y ¡Oh, sorpresa! si resulta que el malo de verdad es quien menos te imaginas. Pero entonces muere también y resulta que hay otro malo malísimo que es aún peor y entonces... Entonces llegas al final de la peli y estás esperando aún cual es la gran amenaza. Ya se sabe, todo gran héroe precisa de un gran villano. Y aquí no lo hay.
Un par de detalles: no voy a pedir a una peli de estas características realismo, como no se lo pediría a una de Schwarzenegger, Vin Diesel o Jason Statham, pero si algo de coherencia y verosimilitud. Cosas como que padre e hijo salgan en coche de Moscú detrás de los malos que van por aire y lleguen a la vez a Chernobyl (que está a mil kilómetros!!!) o que los malos usen trajes antirradiacion y ellos paseen por la antigua central nuclear como si estuviesen en un camping de Blanes, o los esfuerzos de los terroristas por conseguir unos códigos que abran unas cámaras de seguridad cuando pueden reventarlo todo y ahí nadie se entera... Todo ello aderezado con bochornosas conversaciones sobre la familia en los momentos mas inoportunos.
En fin, ni acción de la buena, ni humor ni nada de nada.
Lo dicho, una verdadera pena.

domingo, 13 de enero de 2013

JACK REACHER

Lo primero que encontramos al acercarnos a esta película es a Tom Cruise.  Independientemente de que el director sea Christopher McQuarrie, que esté basada en una novela de Lee Child y que aparezcan también actores de la talla de Rosamund Pike Robert Duvall o Richard Jenkins, esta es una película de Tom Cruise, para lo bueno y para lo malo.
Hace unos años Cruise era el rey de Hollywood. Con una pericia excepcional para elegir papeles, supo combinar películas comerciales que sirvieron para decorar cientos de carpetas de adolescentes (Risky Business, Top Gun, Cocktail) con trabajos magníficos que le reportaron premios y prestigio (Rain Man, Nacido el cuatro de julio, Algunos hombres buenos). Entonces, algo se torció. No sé si a él se le fue la olla o algún grupo de envidiosos decidió que era demasiado bueno, rico y guapo, pero sus películas comenzaron a centrarse cada vez más en su figura, haciéndolo parecer el centro el universo, mientras que su agitada vida sentimental llenaba más papel  que sus estrenos. Eso hizo que la crítica le cogiera manía y el público empezara a darle la espalda, por más que él siguiera adelante con proyectos de interés como Entrevista con el Vampiro, Jerry Maguire o la arriesgada Eyes wide shut. Desesperado, cayó en una vorágine de proyectos básicamente comerciales, quizá erróneamente convencido de sus limitaciones como actor y en busca de papeles de héroe de acción ignorando que los años no pasan en balde, y haciendo tonterías como Misión Imposible 2 y 3, Vanilla Sky , La guerra de los Mundos o Noche y día. De poco le valdrían ya los intentos de hacer cine serio con la fallida Valkiria y solo su cameo en Tropic Thunder (jugada que trató de repetir en Rock of Ages)  en una ridícula a la par que brillante parodia logró volver a sacarle aplausos al público y señores del CSI (mis amigos Críticos Sesudos e Intelectuales).
Tras el buen sabor de boca que dejó la cuarta entrega de Misión imposible, Jack Reacher debería ser la confirmación de si Cruise va a levantar cabeza o no, pues aunque siga empeñado en los papeles de acción por lo menos sus últimos proyectos suenan más interesantes (la inminente Oblivion, cuyo tráiler se me ya de memoria, Edge or Tomorrow, Van Helsing y de nuevo Misión Imposible).
Si la tónica a seguir va a estar marcada por este Jack Reacher, por mi encantado. La película es dinámica, divertida y frenética. Cruise vuelve a ser el héroe intachable, cuasi perfecto. Un hombre de pasado oscuro y futuro desconocido que deberá aparecer de la nada para desvelar un multitudinario asesinato de paseantes aleatorios a plena luz del día. Con toques detectivescos a lo Sherlock Holmes, una gota del abogado de Algunos hombres buenos y sobre todo mucha acción, la película funciona a la perfección, entreteniendo durante todo su metraje y cumpliendo con lo que promete. Quien busque más es que se ha equivocado de producto, así de simple.

Sí, es cierto, hay más cosas aparte de Tom Cruise, pero si a nadie parece importarle, ¿para qué os voy a aburrir con ellas?