Mostrando entradas con la etiqueta tom cruise. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tom cruise. Mostrar todas las entradas

sábado, 28 de julio de 2018

MISSION: IMPOSSIBLE - FALLOUT

Cuando en 1996 Brian De Palma hizo la que posiblemente sea su última gran película al adaptar la serie de televisión de Misión Imposible a la gran pantalla, pocos imaginaban hasta donde podría llegar esta saga, más si tenemos en cuenta el bajón anímico y de calidad que supuso su secuela M:I-2, por culpa tanto de un poco inspirado John Woo como de un guion torpe y deslavazado. Por suerte, en ese momento entró en la franquicia J.J.Abrams y le insufló nuevos aires. Con la coproducción de su compañía Bad Robot y el trabajo de sus guionistas de confianza Alex Kurtzman y Roberto Orci (junto a él mismo), lograron dar una vida nueva al agente Ethan Hunt, humanizándolo gracias al personaje de Michelle Monaghan y confirmando que el agente del FMI aún tenía cuerda para rato.
La primera cosa que llama la atención en Mission: Impossible - Fallout es la pequeña traición que se hace al espíritu de la serie. Si hasta ahora se había apostado por un director de diferente personalidad para cada entrega, de manera que diesen su toque personal a la saga (Brad Bird se encargó de Protocolo Fantasma y Christopher McQuarrie de Nación Secreta), en esta ocasión McQuarrie iba a repetir, siendo también responsable en solitario del guion. Una decisión , por otro lado, bastante lógica si se tiene en cuenta la buena química entre el director y el actor principal, un Tom Cruise al que ya había dirigido en Jack Reacher y de cuya imaginación salieron los guiones (o al menos parte de ellos) de Valkiria, Al filo del mañana y La Momia.
Mission: Impossible - Fallout tiene una clara vinculación con la anterior película, de manera que no funciona de manera tan independiente como el resto. Tanto es así, que casi cierra un ciclo que se inició con la película de Abrams, de manera que las cuatro piezas producidas bajo su tutela forman un arco que ayuda a desarrollar el personaje de Ethan Hunt, enriqueciéndolo.
Más allá de su complejo pero efectivo argumento, Mission: Impossible - Fallout sigue el esquema clásico del cine de espías, con tramas retorcidas, personajes de doble cara y giros imposibles de guion. Esto ayuda a que, pese a que uno de los giros más importantes se huela a distancia (en parte por culpa a que ya fue anunciado por cierta productora “rival” hace ya unos meses), esto no desluzca la trama en absoluto.
Otro elemento común de esta saga que aquí funciona a la perfección es su gran espectacularidad. Persecuciones imposibles en moto y helicóptero, saltos al vacío, peleas en lavabos, tiroteos... Fallout tiene de todo, y lo tiene alcanzando un gran nivel. Poco importa que la verosimilitud quede muchas veces en entredicho. No va de realismo la cosa, sino de diversión. Y Mission: Impossible - Fallout es una película muy muy divertida. Muy divertida pero, además, dolorosamente triste cuando conviene, con golpes bajos que dejan KO al fan del personaje y le invitan a sufrir como sufre el propio Hunt.
Y en medio de todo este fregado está Tom Cruise, uno de los actores más grandes que hay, pese a los muchos (e incomprensibles) odios que genere y con ese ligero resbalón que le supuso el año pasado La Momia (una película inferior pero a la que sigo defendiendo como producto de entretenimiento). Cruise es el amo y señor del cotarro, la pieza sobre la que gira todo el engranaje perfecto que es la trama de Fallout y que, sin embargo, no se hace tan cansino como para eclipsar a sus compañeros de reparto, con los ya indispensables Ving Rhames y Simon Pegg, la incorporación de Henry Cavill y su bigote y la recuperación de viejos amigos (y enemigos) cada uno con su momento de lucimiento de rigor.
Es fácil deshacerse en elogios ante Mission: Impossible - Fallout, y aunque cueste decidir si es la mejor de la saga (todas excepto la segunda rallan a muy buen nivel), no me cabe la menor duda de que se encuentra entre las mejores películas de acción que podemos disfrutar a lo largo de este año. Que un film dure dos horas y media y no haya ni un momento de aburrimiento, que nunca baje el ritmo y que tampoco sobrecargue con su desmedida acción tiene un mérito extraordinario.
Por eso esta es una grandísima película que nadie debe perderse. Y por eso Cruise/Hunt deben volver sí o sí. Porque queremos (necesitamos) saber que hay más allá de este final y si al fin el mejor agente de la Agencia FMI va a conseguir la paz que tanto merece o deberá seguir sacrificándose para salvar el mundo una y otra vez. La verdadera misión imposible es conseguir que la sexta entrega de una saga tenga semejante nivel. Y si la taquilla le respalda como parece que lo va a hacer, su siguiente misión, si decide aceptarla, será el acabose. Y ahí seguiré yo, fiel a mi cita con Hunt y sus damas (¡y qué tres damas se le juntan en este film!) para contemplarlo.

Valoración: Nueve sobre diez.

sábado, 2 de septiembre de 2017

BARRY SEAL, EL TRAFICANTE. Un gran guion que nos devuelve al mejor Cruise.

Cuando en el 2013 Martin Scorsese firmó El lobo de Wall Street, poco podía imaginar que estaba poniendo de moda un nuevo género cinematográfico. 
Aunque siempre se ha hecho películas basadas en dar el golpe al sueño americano, no fue hasta entonces que la industria pusiera sus ojos en personajes reales, aunque poco conocidos para el gran público que vivieran sus instantes de gloria (en ocasiones desproporcionada) y cuyas historias dieran lugar a películas de corte pseudo còmico. De ahí salieron cosas tan dispares como la magnífica Dolor y dinero, de Michael Bay, la fallida Juego de armas, de Todd Phillips, la irregular Gold, de Stephen Gaghan o la genial El fundador, de John Lee Hancock. Todas ellas tienen como denominador común que se basan (con mayor o menor fidelidad) en las historias reales de tipos que lograron cumplir (aunque fuese momentáneamente) su propio sueño americano.
Barry Seal era uno de esos tipos. Piloto de la TWA hastiado de su trabajo recibe la oportunidad de trabajar para la CIA fotografiando campamentos rebeldes en Centroamérica. A partir de ahí, una serie de casualidades y oportunidades bien aprovechadas lo convertirán en traficante de drogas, contrabandista de armas y confidente de la CIA, llegando a aliarse y enemistarse con los carteles colombianos de Escobar y con su propio gobierno pero ganando mucho dinero por el camino.
La historia real de lo que se narra en Barry Seal, el traficante, seguramente sea mucho más truculenta y sórdida de lo que vemos en pantalla, y sin duda el tipo este debía ser bastante rastrero y despreciable, pero con el rostro de Tom Cruise y su amigo Doug Liman (ya trabajaron juntos en Al filo del mañana y volverán a hacerlo en su secuela), se transforma en una persona socarrona y simpática, de sonrisa maravillosa aunque sin la flema heroica de otros trabajos de Cruise. Y no se entienda esto como una crítica, sino como una puntualización apra aclarar que todo lo relacionado con el caso Irangate y los trapicheos de la era Regan solo se tocan de puntillas, dejando que la historia se mueva al ritmo del encanto de Cruise y sus peripecias como piloto.
Aclarado esto, lo que nos queda es una película muy divertida y dinámica, donde nos encontramos con el mejor Cruise al servicio de un guion muy bien estructurado y con un Liman que solo falla en los momentos en que quiere imprimir algo de personalidad con unos acercamientos de cámara algo inciertos.
Barry Seal es gloriosa y amarga a la vez, satírica y triste, que juega en todo momento a los dobles raseros con todos los protagonistas sin dejar títere con cabeza (la propia esposa de Seal es un ejemplo de cómo la preocupación por la inestabilidad familiar desaparece cuando empiezan a entrar los millones) y retrata una época y una sociedad donde todo de mueve alrededor del color del dinero.
Cruise, de nuevo, es casi omnipresente en la película, y aunque no se produzcan los juegos narrativos de El lobo de Wall Street hay algunos trucos (como las grabaciones con una cámara domestica) que permiten a Barry Seal romper la cuarta pared, convirtiéndose en narrador y seduciendo aún más, si cabe, al público.
Una gran película que sirve de contrapunto a series como Narcos, ahora que todo lo relacionado con Pablo Escobar parece tan de moda.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 11 de junio de 2017

LA MOMIA, bienvenidos al Dark Universe

Resulta complicado valorar con justicia una película como La Momia, obligada, entre otras cosas, a salvar las comparaciones con la película que inició la saga de Stephen Sommers.
Si pensamos en ella como una simple película, lo cierto es que tiene tantas deficiencias como queramos. Los personajes están poco definidos, alterna sin demasiada consistencia el humor y la comedia y está tan repleta de situaciones completamente absurdas que obliga al espectador a la suspensión de la credulidad en casi cada secuencia.
Sin embargo, esto no es una simple película. Tal y como está haciendo Marvel con su MCU, y como la propia Universal hiciera en la década de los treinta, esto no es más que el primer capítulo de algo mucho más grande, la presentación de un mundo de Dioses y Monstruos (en palabras del propio Dr. Jekyll) que sin duda van a darnos muchas satisfacciones en los próximos años. Dark Universe, lo llaman. Y en ese aspecto sí que funciona a la perfección y es un glorioso espectáculo.
Además, nos encontramos ante una película de Tom Cruise, y eso es un elemento diferenciador de primera. Con Cruise de por medio no hay cabida para el aburrimiento ni para las decepciones. Ya sea interpretando a Ethan Hunt, Jack Reacher o este Nick Morton, Cruise lo borda y, como ya he dicho en una ocasión, parece imposible que una película interpretada por él pueda ser aburrida.
Cabe recordar que esta no debería ser la primera película de la saga. Hace un par de años ya se pretendía hacer algo parecido con ese pastelón que era el Drácula de Luke Evans, pero la cosa atufaba a desastre y se decidió hacer borrón y cuenta nueva antes de que la cosa fuese a peor. Gran decisión. En La Momia, las cartas se ponen sobre la mesa desde el primer momento, y poco importa que los personajes sean simples caricaturas sin identidad. No importa demasiado quien haya sido este tal Morton, sino lo que será tras los acontecimientos de la película. Lo mismo podría decirse del personaje femenino, la Jenny Halsey que promete convertir en estrella a Anabelle Wallis. ¿Y qué vamos a decir del Dr. Henry Jekyll? ¿De verdad necesita ser presentado?
Sin embargo, quien de verdad importa aquí es Ahmanet, la momia a la que da cuerpo Sofia Boutella con magistral solemnidad y que es la encarnación del mal en su máxima pureza.
Alex Kurtzman debuta como director con esta película, pero habiendo salido de la escuela de J.J. Abrams tiene bien aprendida la lección y sabe cómo ofrecer un buen espectáculo, siendo completamente consciente del producto que pretende, algo tan bizarro en su propuesta que bien podría haberlo parido el propio John Carpenter. Morton y Halsey son prototipos de los aventureros pulp de aquella época de decorados de cartón piedra donde la aventura primaba sobre la técnica y hereda de ellos ese desprecio a la amenaza de caer en el ridículo. De hecho, hay en la historia reminiscencias de Lifeforce, Quatermain y las minas del Rey Salomón, Un hombre lobo americano en Londres o incluso La noche del terror ciego
La Momia, en ese sentido, no tiene una verdadera coherencia interna, sino que parece más bien una sucesión de secuencias enlazadas torpemente, las cuales, por separado, brillan con luz propia como partes de una novela por entregas. La secuencia de Iraq, la del avión, la de los túneles inundados… Piezas de engranaje para un espectáculo que no pretende ser nada más que palomitero, un prólogo de una lucha entre el bien y el mal que abre las puertas a mundos conocidos por los amantes de los clásicos que auguran pesadillas y sustos tontorrones. Así, se agradece que, pese a la ligereza de algunos momentos y los chistes al servicio de Jake Johnson, la película no busque a un público potencialmente infantil y apueste por momentos de verdadero terror (nada que ver en eso con las películas de Brendan Freser) y oscuridad.
Insisto, La Momia no es una gran película, pero tampoco lo pretende. Solo aspira a ser un gran entretenimiento que sirve de entrada a una saga donde el mal y la oscuridad tratará, poco a poco, de adueñarse de nuestro mundo.
Y a mí, desde luego, me han atrapado.
Sé que algunos, conocedores de la importancia que le doy al guion de una película, se me va a echar encima con esta opinión, pero que la trama esté repleta de tópicos no es necesariamente que sea mala. Simplemente poco original. Y lo que de verdad me importa es que ni aburra como me pasó con Warcraft, ni me ofenda con su ridiculez como pasaba con La gran muralla ni me venda humo como Ghost in the Shell, por nombrar algunos blockbusters recientes. Lo único que pido a estas películas es que me lo hagan pasar pipa. Y La momia lo consiguió. He dicho.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 18 de noviembre de 2016

JACK REACHER, NUNCA VUELVAS ATRÁS. Cruise sigue siendo el mejor.

Hace poco escuché a alguien preguntándose cuándo era la última vez que alguien había visto una mala película de Tom Cruise. Efectivamente, tras algunos años de incertidumbre en los que la afamada estrella parecía ser noticia más por asuntos personales (relacionados con sus creencias religiosas sobretodo) que por su cine, el bueno de Tom ha sabido encauzar el rumbo y resurgir como la gran estrella que es.
Su filmografía siempre se había caracterizado, desde sus inicios, por alternar productos muy comerciales (véase Cocktail o Top Gun) con apuestas arriesgadas (Nacido el cuatro de julio, Rain man), y aunque en los últimos años la comercialidad parece definir sus películas siempre hay espacio para pequeñas frivolidades tales como su aportación a Tropic thunder o el estrambótico personaje que interpreta en Rock of Ages. Dicen, sin embargo, que hoy en día todo gran actor busca desesperadamente una franquicia que le garantice el sustento de forma regular, y si Cruise ya tenía la estupenda Misión imposible (solo la secuela de John Woo era ligeramente fallida) ahora debe sumarse la saga de Jack Reacher, que teniendo en cuenta que se basa en una colección de novelas que ya van por su decimonovena entrega podría tener cuerda para rato.
Jack Reacher fue, en 2012, una grata sorpresa. Dirigida por Christopher McQuarrie, la película presentaba a un exmilitar que aparecía de la nada para ayudar a la fiscal del distrito a desentrañar un asesinato múltiple que escondía una conspiración empresarial detrás. La película presentaba una factura impecable y ya dejaba ver las múltiples posibilidades que ofrecía para el cine este investigador con pasado marcial sin apenas historia, un fantasma que vaga sin rumbo fijo por todo Estados unidos en busca de su lugar (o quizá más bien huyendo de él).
Para esta secuela McQuarrie (que ha vuelto a colaborar con Cruise en Al filo del mañana y Misión Imposible: Nación Secreta) se baja del carro de la dirección, manteniéndose sólo como productor y cediendo el testigo a Edward Zwick, otro viejo conocido de Cruise al que tuvo a sus órdenes en El último samurái y responsable también de clásicos como Leyendas de Pasión o Diamante de sangre.
La película adapta la novela número dieciocho de Lee Child, con lo cual no hay ningún orden preestablecido entre cine y literatura, pero poco importa viendo la autonomía de cada novela. Es aquí cuando empezamos a vislumbrar algo (poco) del pasado de Reacher y aspiramos a conocer su posible ámbito familiar con la aparición de una posible hija ilegítima.
De nuevo estamos ante una historia de conspiraciones que salpica esta vez al propio ejército americano, involucrando como principal sospechosa a la coronel Turner, único contacto de Reacher con “el mundo real” y quizá su única amiga, pese a no haberse conocido nunca en persona. Es cuando ella es arrestada que Reacher decide intervenir y ponerlo todo patas arriba como solo él sabe.
Es posible que el estilo de Zwick no sea tan atrevido como el de McQuarrie y que se le note cierta flojeza en las escenas de más acción, pero no cabe la menor duda de que el realizador de Chicago sabe dotar a su narrativa de cierto clasicismo que aporta al film un aire casi noventero que le sienta muy bien, aparte de dominar a la perfección el apartado sentimental, que en esta ocasión es casi tan importante como la propia acción.
Con Cobie Smulders como coprotagonista del film (la Maria Hill de Marvel o Robin en Cómo conocí a vuestra madre), es la joven Danika Yarosh quien más destaca como tercer miembro de este improvisado equipo de acción que debe hacer frente a una nueva conspiración que, en esta ocasión, puede salpicar al propio gobierno. Es la buena química entre este trío lo que mejor hace avanzar la película, por encima de un villano con carisma pero con la suficiente presencia como para ser clave en esta nueva aventura de Reacher.
Con grandes dosis de acción y un Tom Cruise que sigue en plena forma, Jack Reacher, nunca vuelvas atrás es un fantástico entretenimiento, una película capaz de divertir por sus secuencias de lucha y sus persecuciones pero que logra además tener tiempo para algo de sentimentalismo que funciona a la perfección y que en ningún momento rompe el ritmo de la narración. Quizá por eso mismo el haber prescindido del factor romántico sea otra gran decisión.
Puede que muchos se debatan entre si esta nueva película está por encima o por debajo del Jack Reacher de McQuarrie, pero de lo que no hay duda es de que es una digna sucesora y que  hace que la saga merezca seguir creciendo, aunque de momento no hay nuevo título confirmado y Cruise parece que tiene el futuro demasiado comprometido con la secuela de Al filo del mañana, la nueva entrega de Misión imposible y su participación en el Monsterverso. Habrá que seguir a la espera. Desde luego, por material literario no será…

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 9 de agosto de 2015

MISIÓN IMPOSIBLE: NACIÓN SECRETA (8d10)

Perseguido y vilipendiado por muchos (demasiados) por temas totalmente ajenos a lo estrictamente cinematográfico, Tom Cruise (uno de los mejores actores de su generación, busquen si no dónde han quedado todas aquellas figuras emergentes que compartieron cartel con él en el Rebeldes de Coppola)ha sabido ignorar las críticas empeñadas en destrozar su carrera y, por consiguiente, enturbiar en taquilla sus más recientes películas (no hay ninguna lógica en la pobre recaudación y escaso reconocimiento de Al filo del mañana, una de las mejores películas del año pasado), apostando siempre según le guiaba su instinto.
Ya a comienzos de su carrera supo alternan su figura de guapito “forracarpetas” de Cocktael o Top Gun con interpretaciones soberbias y arriesgadas como Nacido el cuatro de julio, y cuando parecía que no le quedaba nada por demostrar decidió, hace unos años, convertirse en un héroe de acción aparte de máximo embajador de la ciencia ficción de este siglo (sirva como ejemplos Minority Report, La guerra de los Mundos, Oblivion o la ya mencionada Al filo del mañana). Y digo que se guía por su instinto porque pese al relativo descalabro que supuso Misión Imposible III ha sabido mantenerse fiel a su única franquicia hasta la fecha (hay rumores de que va a repetir en breve como Jack Reacher y en Top Gun 2) y ha conseguido resucitar a su Ethan Hunt tras la ya excelente Misión Imposible: Protocolo fantasma, hasta el punto que ya se ha anunciado el rodaje de la sexta entrega.
Misión Imposible es una saga que ha sabido reinventarse en cada película, gracias en parte al empleo de directores de fuerte personalidad pero manteniéndose fiel al espíritu del personaje. Hunt es una especie de James Bond moderno (pese a que los orígenes hay que buscarlos en la serie televisiva de mediados de los sesenta) aunque más pendiente que el agente con licencia para matar del equipo que le acompaña en las misiones. Así, tras la destrucción del grupo en la primera película J.J.Abrams devolvió ese sentido de la pluralidad en su tercer capítulo que se intensificó en MI: Protocolo Fantasma hasta el punto que todos excepto Paula Patton (una verdadera lástima, supongo que su inexplicada ausencia se debe a la sencilla razón de no incluir dos femmes fatales que se puedan entorpecer entre ellas) repiten para esta quinta pero no definitiva entrega.
Tras Brian De Palma, John Woo, J.J. Abrams y Brad Bird es turno ahora de ocupar la silla de director a Christopher McQuarrie, viejo conocido de Cruise (dirigió Jack Reacher y guionizó, aparte de esta, Valkiria y Al filo del mañana). Quizá menos experimentado y afamado que sus antecesores (a excepción de Abrams, que debutaba en cine pero ya se había consagrado en televisión), McQuarrie consigue el inmenso mérito de aunar el clasicismo de las películas de espías con dobles juegos y trasfondo político tal y como sucediera en la primera película, con la espectacular y la intensidad adrenalítica que se incrementó en la tercera parte y se multiplicó en el capítulo correspondiente a Bird.
Misión Imposible: Nación Secreta parte tal y como concluyó Protocolo Fantasma, con Hunt persiguiendo a una misteriosa entidad criminal conocida como El Sindicato. Pero las cosas en suelo americano se han puesto peliagudas tras los roces internacionales que el FMI ha provocado tras el incidente con el Kremlin, lo que lleva al director de la CIA a convencer al senado para eliminar al FMI y poner en busca y captura a Hunt. Más aislado y falto de recursos que nunca, Hunt deberá luchar para salvar una vez más la situación, aunque como no podía ser de otra manera, el equipo volverá a unirse para emplearse a fondo en una nueva misión. Una misión imposible, por supuesto.
Una vez más Cruise es la estrella absoluta, repartiendo a diestro y siniestro un carisma arrebatador (el mismo que ha derrochado en las promociones que han permitido un excelente arranque en taquilla de la película), con suficiente falta de complejos para demostrar en no pocas escenas algunas debilidades que demuestren que el tiempo no pasa en balde para nadie, ni siquiera para él. A su alrededor, Jeremy Renner cumple con eficacia, sin grandes alardes pero sin desentonar con el conjunto, tal y como sucediera con su personaje en Los Vengadores, mientras que Simon Pegg aumenta su importancia en la trama proponiendo el trasfondo cómico que libera tensión ante tanta secuencia de acción tan emocionante como angustiante. Ving Rhames completa el equipo, repitiendo personaje por quinta vez, mientras que la faceta seductora recae en Rebecca Ferguson, en un interesante personaje de doble (o triple) trasfondo y competidora con Cruise por hacerse con las mejores escenas de acción.
Misión Imposible: Nación Secreta es un grandísimo entretenimiento, una estupenda, emocionante e interesante película con escenas muy espectaculares (por increíble que parezca la promocionada hasta la extenuación aventura del avión no es ni de lejos lo más destacado) y momentos especialmente inspirados, como toda secuencia que transcurre en la Ópera de Viena.
Ethan Hunt volverá, eso ya está claro, y aquí estaremos para disfrutar de su nueva misión. Si decide aceptarla…

sábado, 31 de mayo de 2014

AL FILO DEL MAÑANA (8d10)

Como debería ser lógico tratándose de una crítica de cine, me gustaría comenzar hablando de la película. Una estupenda propuesta de ciencia ficción con toques bélicos, alguna pincelada de humor y, sobre todo, mucha acción. Pero resulta que, por encima de todo, se trata de un film de Tom Cruise y, por alguna razón que no alcanzo a comprender, parece que todo lo que toca este chico debe ser una obra maestra para que no lo lapiden en la vía pública. Y aun así…
De momento parece que en los USA Al filo del mañana se ha pegado un batacazo monumental, tanto que hasta hay quien teme que las arcas de la Warner empiecen a temblar un poco. Es pronto todavía para saber cómo le irá en el resto del mundo, donde somos un poco más transigentes y abiertos a propuestas que, además de entretener, invitan a la reflexión. Pero no parece que la expectación creada sea para tirar muchos cohetes, que digamos.
Tom Cruise es, sin duda, uno de los mejores actores de su generación que se abrió paso en Hollywood con la inteligencia suficiente para alternar papeles comerciales de chico guapo como Cocktail o Top Gun con apuestas más arriesgadas y para nada dirigidas al público femenino, como serían los casos de El color del dinero, Rain man o Nacido el cuatro de julio. La fama y el poder le llegaron rápidamente y sagas como Misión imposible se alternaban con nominaciones al Oscar. Pero ser guapo y talentoso está mal visto en Hollywood (que le pregunten a DiCaprio) y pronto sus escándalos personales eran más importantes que sus trabajos interpretativos. Su historia con la cienciología, su fracaso matrimonial con Nicole Kidman y todas las tonterías que se dijeron a raíz del nacimiento de su hija hicieron mucho daño a una carrera a la que ya no parece que se le perdone el más mínimo tropezón, y por más que siga alternando pequeñas (y geniales) excentricidades como sus personajes en Tropic Thunder y Rock of ages con films palomiteros, su magia ya no es lo que era. Ahora está empeñado en convertirse en un icono de la ciencia ficción, pero no ha logrado el aplauso unánime ni de la mano de Spielberg, con el que ha colaborado en Minority Report y La guerra de los mundos. El año pasado, sin ir más lejos, recibió inmerecidos palos por la correcta Jack Reacher y brillante Oblivion. Y en Al filo del mañana consigue tocar de nuevo la tecla de la calidad, aunque no se lo vayan a reconocer.
En Al filo del mañana el planeta está al borde de la destrucción, invadidos por una raza alienígena que ha doblegado ya a casi toda Europa y cuya conquista de Inglaterra puede ser definitiva. La humanidad tiene una última esperanza gracias a Rita (Emily Blunt), la gran líder de la batalla de Verdún, el mayor éxito militar de los humanos en esta agónica guerra y, sobre todo, el coronel Cage (Tom Cruise), la cara bonita que aparece en todos los noticiarios invitando al ciudadano de a pie a que se aliste en el ejército pero en realidad un simple publicista tan brillante como poco heroico. Cuando se ve arrastrado por las circunstancias al campo de batalla no se comportará, naturalmente, como un héroe, y será uno más de los muchos fallecidos en una carnicería fatídica que desembocará en la invasión alienígena de Londres. Pero algo sucede y Cage despertará de la muerte para revivir de nuevo ese mismo día, una y otra vez, con lo que quizá en alianza con Rita pueda cambiar el resultado de la guerra.
Así pues, Al filo del mañana es como una versión apocalíptica y sanguinaria de Atrapado en el tiempo, con un Cruise condenado a revivir una y otra vez el mismo despertar pero con la posibilidad de aprender de sus propios errores. Y de los del enemigo.
El mayor acierto del film (y lo que más miedo me daba a priori, debo reconocerlo) es no llegar a cansar con la constante repetición de escenas y el intencionadamente confuso juego de saltos en el tiempo, que se presenta en manos del director Doug Liman (que ya demostró sus dotes con la narrativa en la saga Bourne) de manera ágil y divertida, al contrario de lo que sucedía en la fallida Código fuente. Hay tiempo también para la burla al militarismo más radical de la mano del personaje encarnado por Bill Paxton  y a la manipulación publicitaria del sistema, con un Cruise espléndido en los primeros minutos de metraje parodiándose a sí mismo como sólo él sabe hacer. Y después, el obligado proceso que lo convertirá en héroe,  está muy bien justificado gracias a los “reinicios” que le permiten entrenar una y otra vez sin necesidad de precisarnos el tiempo empleado ni los fracasos acontecidos (por cierto, me pregunto si existirá alguna película en la que el protagonista muera tantas veces como en esta).
Unas pinceladas de romance que no molestan y escasos momentos de respiro completan esta película frenética, adrenalítica y emocionante que ni siquiera la sosa Brunt  logra estropear y que, si bien tiene alguna situación un poco cogida por los pelos (¿qué cinta de ciencia ficción no las tiene?), son las menos y se perdonan fácilmente en pos al resultado final.

Un buen espectáculo en el que todos los tempos, incluso los del combate final, están bien medidos. Muchos tendrían que tomar nota.





domingo, 14 de abril de 2013

OBLIVION (8d10)

Una vez más quiero dedicar la crítica de una película a los señores del CSI, a los que, como dice la canción de Arjona, odio con todo el amor de mi vida, que la han puesto a caer de un burro. La han repudiado por recordarles en espíritu a 2002, odisea en el espacio, estando a años luz de esta, se han burlado de su final que recuerda al de Los últimos días (sí,  seguro que como productor Tom Cruise no tiene nada mejor que hacer que espiar a los hermanos Pastor para copiar sus guiones), que si es moralista, que si le falta mensaje, que si el ritmo es lento, que si Tom Cruise sale mucho, que si Morgan Freeman poco... ¡Basta ya! El problema se resume en un concepto simple: es una peli de Tom Cruise, y ya se sabe que a Tom Cruise hay que atizarle haga lo que haga, que es lo que se lleva, ya se implique en papeles arriesgados como el de Rock of ages o thrillers interesantes como Jack Reacher.
En Oblivion interpreta a Jack, una especie de técnico de mantenimiento que, con la única compañía de su mujer Victoria (Andrea Riseborough), se encarga de supervisar a unos droides destinados a extraer los recursos naturales de un planeta Tierra abandonado tras una guerra contra una raza extraterrestre. Sin embargo, aún permanece un grupo de supervivientes terrestres, encabezados por Beech (Morgan Freeman) y con Sykes (Nikolaj Coster-Waldau, popular por Juego de Tronos y visto también en Mamá) que tratarán de tocar las narices a los técnicos.
Ciertamente, muchas son las influencias que Joseph Kosinski (director y creador de la idea original) ha recibido para Oblivion, desde el concepto de una Tierra deshabitada mantenida por robots de Wall-e hasta la idea de los clones de Moon, pasando por el estilo intimista y reflexivo de la ya mencionada 2001. Así que acepto una falta de originalidad en este pastiche de clásicos, aunque al menos Kosinski no se ha limitado a copiar sin más, sino que ha extraído lo mejor de cada idea y hacerlas suyas,  dándole una entidad propia. ¿Acaso no es lo que siempre ha hecho Tarantino y por lo que todos le hemos aplaudido? Así, Oblivion propone una trama futurista reflexiva, cocinada a fuego lento, creándose en ese nuevo mundo en que se ha convertido la Tierra tras la guerra y deleitándonos en paisajes imposibles que apabullan visualmente y nos recuerdan que Kosinski fue arquitecto antes que cineasta. Es entonces cuando aparece el personaje de Julia (una Olga Kurylenko bastante mejor de lo habitual) y se plantea un misterio que cambiará todo en lo que creíamos hasta ahora y entraremos en una nueva película donde, ahora sí,  la acción primará por encima de todo. Hasta llegar a su desenlace final, tan terriblemente trágico como a la vez optimista que, sin entrar en spoilers, solo diré que encontré perfectamente lógico. Y a quien no le haya gustado es que, simplemente, no ha sabido entender la película.
Cruise es aquí más omnipresente que nunca, pero por una vez lo encuentro justificado, ya que solo así se entiende la soledad que siente en un mundo desaparecido, una soledad que ni siquiera Victoria puede mitigar.
En una época en la que prevalecen las explosiones y la ciencia ficción parece que tenga que ser sinónimo de oscuridad se agradecen películas como esta,  que invitan a disfrutar de la experiencia de la gran pantalla con una historia inteligente y un personaje bien definido. No estará, eso es cierto, a la altura de los films en los que se inspira, pero ese es el precio de codearse con los más grandes.

Oblivion no será una obra maestra,  pero si una magnífica película. Le pese a quien le pese.

domingo, 13 de enero de 2013

JACK REACHER

Lo primero que encontramos al acercarnos a esta película es a Tom Cruise.  Independientemente de que el director sea Christopher McQuarrie, que esté basada en una novela de Lee Child y que aparezcan también actores de la talla de Rosamund Pike Robert Duvall o Richard Jenkins, esta es una película de Tom Cruise, para lo bueno y para lo malo.
Hace unos años Cruise era el rey de Hollywood. Con una pericia excepcional para elegir papeles, supo combinar películas comerciales que sirvieron para decorar cientos de carpetas de adolescentes (Risky Business, Top Gun, Cocktail) con trabajos magníficos que le reportaron premios y prestigio (Rain Man, Nacido el cuatro de julio, Algunos hombres buenos). Entonces, algo se torció. No sé si a él se le fue la olla o algún grupo de envidiosos decidió que era demasiado bueno, rico y guapo, pero sus películas comenzaron a centrarse cada vez más en su figura, haciéndolo parecer el centro el universo, mientras que su agitada vida sentimental llenaba más papel  que sus estrenos. Eso hizo que la crítica le cogiera manía y el público empezara a darle la espalda, por más que él siguiera adelante con proyectos de interés como Entrevista con el Vampiro, Jerry Maguire o la arriesgada Eyes wide shut. Desesperado, cayó en una vorágine de proyectos básicamente comerciales, quizá erróneamente convencido de sus limitaciones como actor y en busca de papeles de héroe de acción ignorando que los años no pasan en balde, y haciendo tonterías como Misión Imposible 2 y 3, Vanilla Sky , La guerra de los Mundos o Noche y día. De poco le valdrían ya los intentos de hacer cine serio con la fallida Valkiria y solo su cameo en Tropic Thunder (jugada que trató de repetir en Rock of Ages)  en una ridícula a la par que brillante parodia logró volver a sacarle aplausos al público y señores del CSI (mis amigos Críticos Sesudos e Intelectuales).
Tras el buen sabor de boca que dejó la cuarta entrega de Misión imposible, Jack Reacher debería ser la confirmación de si Cruise va a levantar cabeza o no, pues aunque siga empeñado en los papeles de acción por lo menos sus últimos proyectos suenan más interesantes (la inminente Oblivion, cuyo tráiler se me ya de memoria, Edge or Tomorrow, Van Helsing y de nuevo Misión Imposible).
Si la tónica a seguir va a estar marcada por este Jack Reacher, por mi encantado. La película es dinámica, divertida y frenética. Cruise vuelve a ser el héroe intachable, cuasi perfecto. Un hombre de pasado oscuro y futuro desconocido que deberá aparecer de la nada para desvelar un multitudinario asesinato de paseantes aleatorios a plena luz del día. Con toques detectivescos a lo Sherlock Holmes, una gota del abogado de Algunos hombres buenos y sobre todo mucha acción, la película funciona a la perfección, entreteniendo durante todo su metraje y cumpliendo con lo que promete. Quien busque más es que se ha equivocado de producto, así de simple.

Sí, es cierto, hay más cosas aparte de Tom Cruise, pero si a nadie parece importarle, ¿para qué os voy a aburrir con ellas?