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domingo, 11 de noviembre de 2018

INFILTRADO EN EL KKKLAN

Pese a que el título en español, Infiltrado en el KKKlan, invite a pensar en una comedia disparatada, estamos en realidad ante la unión de Spike Lee y Jordan Peele en tareas de producción para narrar la historia real de Ron Stallworth, un policía negro que, en 1978, se infiltró entra las filas del Ku Klux Klan y desbarató un intento de atentar contra dos bares gays. En la película, en la que el director de Déjame salir finalmente solo produce y Lee es el encargado de coescribir y dirigir, se han tomado ciertas licencias, las justas para dotar de una narrativa más intensa al lenguaje del celuloide (el cambio más sustancial es en lo referente al atentado), pero ha mantenido los suficientes elementos reales para concebir otra de esas películas sobre una persona real que, de haber surgido de la mente de un guionista, sin duda consideraríamos como inverosímil.
Es decir, que estamos en la línea de El lobo de Wall StreetDolor y dinero, Barry Seal, etc. Pero claro, hablando de Spike Lee y del tema racial, la cosa no puede ser tan cachonda. Hay humor, sí, Un humor muy negro, además (y no, no lo digo como chiste fácil), pero este nunca llega a excederse lo suficiente como para ocultar la denuncia social y el retrato de una época y una realidad que, por más veces que la hayamos visto reflejada en cine, nunca nos sorprenderá lo suficiente.
La película cuenta con John David Whasington como protagonista, y aunque el no es demasiado conocido por estos lares, también se cuenta con la participación de Adan Driver (el Kylo Ren de la nueva trilogía galáctica), Topher Grace (el Veneno de Spiderman 3), Laura Harrier (Liz en Spiderman Homecoming) y un fugaz cameo de Alec Baldwin. Entre todos, dan sentido a esta absurda historia de un negro infiltrado en el KKK, consiguiendo carnet de socio de pleno derecho y entablando contacto con uno de sus lideres principales, todo ello por teléfono, eso sí. De haber apostado algo más por la comedia negra, estaríamos ante una de esas historias que se les da tan bien a tipos como los hermanos Coen o Martin McDonagh, pero como digo, Lee prefiere tomarse la cosa más en serio y llevárselo al terreno más personal, como demuestra ese epílogo final con imágenes reales de manifestaciones y disturbios raciales que, tras pasar un buen rato con la película, provocan una bajona anímica considerable.
La mayor virtud de Spike Lee, no obstante, es la de saber conjugar con acierto la comedia con el drama, sin caer en los excesos que suelen tener en ocasiones las películas de denuncias y apostando por una ironía bastante sutil (la representación de David Duke -líder del KKK- con un flequillo a lo Donald Trump es un ejemplo de ello) y mucho más efectiva que si se hubiese decantado por detalles más explícitos de otras épocas. Además, ya dispone de personajes suficientes para que puedan hablar por su boca sin necesidad de posicionarse más de la cuenta como director.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 28 de julio de 2018

MISSION: IMPOSSIBLE - FALLOUT

Cuando en 1996 Brian De Palma hizo la que posiblemente sea su última gran película al adaptar la serie de televisión de Misión Imposible a la gran pantalla, pocos imaginaban hasta donde podría llegar esta saga, más si tenemos en cuenta el bajón anímico y de calidad que supuso su secuela M:I-2, por culpa tanto de un poco inspirado John Woo como de un guion torpe y deslavazado. Por suerte, en ese momento entró en la franquicia J.J.Abrams y le insufló nuevos aires. Con la coproducción de su compañía Bad Robot y el trabajo de sus guionistas de confianza Alex Kurtzman y Roberto Orci (junto a él mismo), lograron dar una vida nueva al agente Ethan Hunt, humanizándolo gracias al personaje de Michelle Monaghan y confirmando que el agente del FMI aún tenía cuerda para rato.
La primera cosa que llama la atención en Mission: Impossible - Fallout es la pequeña traición que se hace al espíritu de la serie. Si hasta ahora se había apostado por un director de diferente personalidad para cada entrega, de manera que diesen su toque personal a la saga (Brad Bird se encargó de Protocolo Fantasma y Christopher McQuarrie de Nación Secreta), en esta ocasión McQuarrie iba a repetir, siendo también responsable en solitario del guion. Una decisión , por otro lado, bastante lógica si se tiene en cuenta la buena química entre el director y el actor principal, un Tom Cruise al que ya había dirigido en Jack Reacher y de cuya imaginación salieron los guiones (o al menos parte de ellos) de Valkiria, Al filo del mañana y La Momia.
Mission: Impossible - Fallout tiene una clara vinculación con la anterior película, de manera que no funciona de manera tan independiente como el resto. Tanto es así, que casi cierra un ciclo que se inició con la película de Abrams, de manera que las cuatro piezas producidas bajo su tutela forman un arco que ayuda a desarrollar el personaje de Ethan Hunt, enriqueciéndolo.
Más allá de su complejo pero efectivo argumento, Mission: Impossible - Fallout sigue el esquema clásico del cine de espías, con tramas retorcidas, personajes de doble cara y giros imposibles de guion. Esto ayuda a que, pese a que uno de los giros más importantes se huela a distancia (en parte por culpa a que ya fue anunciado por cierta productora “rival” hace ya unos meses), esto no desluzca la trama en absoluto.
Otro elemento común de esta saga que aquí funciona a la perfección es su gran espectacularidad. Persecuciones imposibles en moto y helicóptero, saltos al vacío, peleas en lavabos, tiroteos... Fallout tiene de todo, y lo tiene alcanzando un gran nivel. Poco importa que la verosimilitud quede muchas veces en entredicho. No va de realismo la cosa, sino de diversión. Y Mission: Impossible - Fallout es una película muy muy divertida. Muy divertida pero, además, dolorosamente triste cuando conviene, con golpes bajos que dejan KO al fan del personaje y le invitan a sufrir como sufre el propio Hunt.
Y en medio de todo este fregado está Tom Cruise, uno de los actores más grandes que hay, pese a los muchos (e incomprensibles) odios que genere y con ese ligero resbalón que le supuso el año pasado La Momia (una película inferior pero a la que sigo defendiendo como producto de entretenimiento). Cruise es el amo y señor del cotarro, la pieza sobre la que gira todo el engranaje perfecto que es la trama de Fallout y que, sin embargo, no se hace tan cansino como para eclipsar a sus compañeros de reparto, con los ya indispensables Ving Rhames y Simon Pegg, la incorporación de Henry Cavill y su bigote y la recuperación de viejos amigos (y enemigos) cada uno con su momento de lucimiento de rigor.
Es fácil deshacerse en elogios ante Mission: Impossible - Fallout, y aunque cueste decidir si es la mejor de la saga (todas excepto la segunda rallan a muy buen nivel), no me cabe la menor duda de que se encuentra entre las mejores películas de acción que podemos disfrutar a lo largo de este año. Que un film dure dos horas y media y no haya ni un momento de aburrimiento, que nunca baje el ritmo y que tampoco sobrecargue con su desmedida acción tiene un mérito extraordinario.
Por eso esta es una grandísima película que nadie debe perderse. Y por eso Cruise/Hunt deben volver sí o sí. Porque queremos (necesitamos) saber que hay más allá de este final y si al fin el mejor agente de la Agencia FMI va a conseguir la paz que tanto merece o deberá seguir sacrificándose para salvar el mundo una y otra vez. La verdadera misión imposible es conseguir que la sexta entrega de una saga tenga semejante nivel. Y si la taquilla le respalda como parece que lo va a hacer, su siguiente misión, si decide aceptarla, será el acabose. Y ahí seguiré yo, fiel a mi cita con Hunt y sus damas (¡y qué tres damas se le juntan en este film!) para contemplarlo.

Valoración: Nueve sobre diez.

domingo, 14 de febrero de 2016

LA VERDAD DUELE: la salud contra el dinero.

Cada vez que se estrena una película de estas características, no puedo evitar pensar: “Will Smith, tú antes molabas…” ¿Dónde se ha quedado el divertido y descarado protagonista de El príncipe de Bel Air, Dos policías rebeldes, Hombres de negro o Independence Day?
No sé si fue tras su paso a la cienciología (de ser así, su amigo Tom Cruise se lo sabe montar mucho mejor) o por creerse mejor actor de lo que realmente es, pero últimamente el actor de Philadelphia parece haberse empeñado en protagonizar dramas de corte lacrimógeno como aquella aburrida En busca de la felicidad (cuya moraleja final era que el secreto de la felicidad radica en conducir un Ferrari), Siete almas (esa ya ni la vi) o convertir en un tostón cargado de autocompasión la fabulosa novela de Richard Matheson Soy leyenda (y “cosas” como After Earth me las dejo en el tintero). Esperemos que con su participación en la coral Suicide Squad y su retorno a Dos policías rebeldes (ya que declinó aparecer en la secuela de Independence Day) la cosa se anime un poco.
El caso es que viendo el tráiler y el argumento de La verdad duele no me cabía la menos duda de que Smith seguía por el mismo camino de la lágrima fácil y el melodrama de corte televisivo. Sin embargo, sin llegar a ser una obra maestra ni de merecer los premios o siquiera nominaciones que está recibiendo, la película es un interesante retrato de unos hechos reales que sacudieron el mundo del futbol americano hace ya unos años.
Smith interpreta al doctor nigeriano Bennet Omalu que, tras realizar la autopsia de una leyenda del deporte que aparentemente enloqueció en sus últimos días, descubre una nueva enfermedad que denomina ETC consecuencia de los múltiples golpes que un jugador profesional recibe en la cabeza a lo largo de todos sus años como deportista. Con el apoyo de su mujer Prema (Gugu Mbatha-Raw), su jefe el doctor Cynil Wecht (Albert Brooks) y el medico vinculado al deporte Julian Bailes (Alec Baldwin), Omalu debe enfrentarse a todos los estamentos de la NFL, que preocupados por ver peligrada su popularidad convierten la campaña del forense en una guerra contra el futbol.
Esta es, como se suele decir, una historia que debe ser contada, algo parecido a lo que podíamos decir de películas como Spotlight, La chica danesa o Sufragistas, títulos muy diferentes entre sí en cuanto a argumento como calidad.
Filmada con buen tino por Peter Landesman, en su segunda película tras Parkland, se le puede echar en cara un cierto tufillo a patriotismo que igual no viene demasiado a cuento, con un discurso por parte del inmigrante nigeriano sobre las excelencias del país de la Libertad que deslucen el resultado final y rechinan en medio de un supuesto film de denuncia como si Landesman temiese ofender al pueblo americano tal y como le sucede a su protagonista.
Con un reparto muy solvente y una historia interesante, la película describe bien los hechos sucedidos, más centrados, eso sí, en la figura del propio Omalu que en la lucha entre el mundo científico y los intereses económicos de la NFL.
Lástima que, por graves que fuesen los hechos y por mucho que se anuncien consecuencias, al final la vida avanza menos que la ficción y las cosas no cambian tan fácilmente. Por mucho que en la película teman una crisis en el mundo del futbol, los que vieran la semana pasada la final de la Super Bowl y las cifras que se manejaron se darán cuenta de que mucho daño lo les hizo os descubrimientos de Omalu. Como la investigación de Spotlight no evitaron lo sucedido con los Maristas.

Valoración: 6 sobre 10.

domingo, 9 de agosto de 2015

MISIÓN IMPOSIBLE: NACIÓN SECRETA (8d10)

Perseguido y vilipendiado por muchos (demasiados) por temas totalmente ajenos a lo estrictamente cinematográfico, Tom Cruise (uno de los mejores actores de su generación, busquen si no dónde han quedado todas aquellas figuras emergentes que compartieron cartel con él en el Rebeldes de Coppola)ha sabido ignorar las críticas empeñadas en destrozar su carrera y, por consiguiente, enturbiar en taquilla sus más recientes películas (no hay ninguna lógica en la pobre recaudación y escaso reconocimiento de Al filo del mañana, una de las mejores películas del año pasado), apostando siempre según le guiaba su instinto.
Ya a comienzos de su carrera supo alternan su figura de guapito “forracarpetas” de Cocktael o Top Gun con interpretaciones soberbias y arriesgadas como Nacido el cuatro de julio, y cuando parecía que no le quedaba nada por demostrar decidió, hace unos años, convertirse en un héroe de acción aparte de máximo embajador de la ciencia ficción de este siglo (sirva como ejemplos Minority Report, La guerra de los Mundos, Oblivion o la ya mencionada Al filo del mañana). Y digo que se guía por su instinto porque pese al relativo descalabro que supuso Misión Imposible III ha sabido mantenerse fiel a su única franquicia hasta la fecha (hay rumores de que va a repetir en breve como Jack Reacher y en Top Gun 2) y ha conseguido resucitar a su Ethan Hunt tras la ya excelente Misión Imposible: Protocolo fantasma, hasta el punto que ya se ha anunciado el rodaje de la sexta entrega.
Misión Imposible es una saga que ha sabido reinventarse en cada película, gracias en parte al empleo de directores de fuerte personalidad pero manteniéndose fiel al espíritu del personaje. Hunt es una especie de James Bond moderno (pese a que los orígenes hay que buscarlos en la serie televisiva de mediados de los sesenta) aunque más pendiente que el agente con licencia para matar del equipo que le acompaña en las misiones. Así, tras la destrucción del grupo en la primera película J.J.Abrams devolvió ese sentido de la pluralidad en su tercer capítulo que se intensificó en MI: Protocolo Fantasma hasta el punto que todos excepto Paula Patton (una verdadera lástima, supongo que su inexplicada ausencia se debe a la sencilla razón de no incluir dos femmes fatales que se puedan entorpecer entre ellas) repiten para esta quinta pero no definitiva entrega.
Tras Brian De Palma, John Woo, J.J. Abrams y Brad Bird es turno ahora de ocupar la silla de director a Christopher McQuarrie, viejo conocido de Cruise (dirigió Jack Reacher y guionizó, aparte de esta, Valkiria y Al filo del mañana). Quizá menos experimentado y afamado que sus antecesores (a excepción de Abrams, que debutaba en cine pero ya se había consagrado en televisión), McQuarrie consigue el inmenso mérito de aunar el clasicismo de las películas de espías con dobles juegos y trasfondo político tal y como sucediera en la primera película, con la espectacular y la intensidad adrenalítica que se incrementó en la tercera parte y se multiplicó en el capítulo correspondiente a Bird.
Misión Imposible: Nación Secreta parte tal y como concluyó Protocolo Fantasma, con Hunt persiguiendo a una misteriosa entidad criminal conocida como El Sindicato. Pero las cosas en suelo americano se han puesto peliagudas tras los roces internacionales que el FMI ha provocado tras el incidente con el Kremlin, lo que lleva al director de la CIA a convencer al senado para eliminar al FMI y poner en busca y captura a Hunt. Más aislado y falto de recursos que nunca, Hunt deberá luchar para salvar una vez más la situación, aunque como no podía ser de otra manera, el equipo volverá a unirse para emplearse a fondo en una nueva misión. Una misión imposible, por supuesto.
Una vez más Cruise es la estrella absoluta, repartiendo a diestro y siniestro un carisma arrebatador (el mismo que ha derrochado en las promociones que han permitido un excelente arranque en taquilla de la película), con suficiente falta de complejos para demostrar en no pocas escenas algunas debilidades que demuestren que el tiempo no pasa en balde para nadie, ni siquiera para él. A su alrededor, Jeremy Renner cumple con eficacia, sin grandes alardes pero sin desentonar con el conjunto, tal y como sucediera con su personaje en Los Vengadores, mientras que Simon Pegg aumenta su importancia en la trama proponiendo el trasfondo cómico que libera tensión ante tanta secuencia de acción tan emocionante como angustiante. Ving Rhames completa el equipo, repitiendo personaje por quinta vez, mientras que la faceta seductora recae en Rebecca Ferguson, en un interesante personaje de doble (o triple) trasfondo y competidora con Cruise por hacerse con las mejores escenas de acción.
Misión Imposible: Nación Secreta es un grandísimo entretenimiento, una estupenda, emocionante e interesante película con escenas muy espectaculares (por increíble que parezca la promocionada hasta la extenuación aventura del avión no es ni de lejos lo más destacado) y momentos especialmente inspirados, como toda secuencia que transcurre en la Ópera de Viena.
Ethan Hunt volverá, eso ya está claro, y aquí estaremos para disfrutar de su nueva misión. Si decide aceptarla…

jueves, 12 de febrero de 2015

SIEMPRE ALICE * (4d10)

Siempre Alice es una flojito drama dirigido por Richard Glatzer y Wash Westmoreland más próximo al telefilm de sobremesa que a una película digna de ver en pantalla grande que posiblemente habría pasado desapercibido (o incluso no habría llegado a estrenarse comercialmente) de no ser por su elenco protagonista, con una impresionante (como casi siempre) Julianne Moore bien secundada por Alec Baldwin y Kristen Stewart, sobre una inteligente mujer que de manera súbita descubre que tiene una extraña variedad de Alzheimer precoz que comienza a deteriorar su menta a pasos agigantados.
Basada en una novela de Lisa Genova , la historia de Alice Howland es demasiado artificial para llegar a conmover como se pretende, con esa familia tan americana y tan perfecta (todos guapos y educados, incluso la hija rebelde y bohemia que termina amansándose alrededor de su mermada mamá) y ese amor y esa comprensión que hacen que la desesperada lucha contra tan cruel enfermedad se vea dulcificada, contando con tan solo un par de escenas que por sí solas pretenden elevar el interés del film (el deseo de Alice de haber tenido cáncer o su plan de suicidio) pero que terminan perdiéndose en un maremágnum de simplezas que terminan por aburrir al espectador.
Dejando de lado el interés médico del film, la única manera de sentir realmente el dolor y la desolación de los protagonistas es comprendiendo el alcance de la enfermedad y haciendo nuestro el problema, imaginándonos a nosotros mismos lidiando con un familiar afectado. Porque si pretendemos observar el film como meros espectadores, dejando que sea la historia y nada más que la historia quien nos conduzca por su propio camino, el interés decaerá rápidamente, haciéndonos comprender que lo único destacable en esta película es su actriz protagonista, una Moore que realmente se degenera durante el metraje y que es la única capaz de inspirar una compasión y un sufrimiento que la historia no es capaz de transmitir por sí misma.
Floja, muy floja es esta olvidable película que bien podría haberse llamado, simplemente, Siempre Julianne Moore. Poco más hay en ella.

sábado, 8 de noviembre de 2014

TORRENTE 5: OPERACIÓN EUROVEGAS (7d10)

Pocas ganas tenía yo de ver esta película, si os he de ser sincero. De hecho, debo ser uno de los pocos españoles que no había visto jamás ninguna de las cuatro películas anteriores de la saga. No me llamaba en absoluto, simple y llanamente.
Con el estreno de este nuevo Torrente me decidí a recuperar en video las anteriores dudando si darle una oportunidad o no, pues los que me conocéis ya sabéis que el humor escatológico no es mi fuerte, y de eso Santiago Segura sabe un rato. Repasando (mal mirando, mejor dicho, hay cosas más importantes que hacer) las primeras películas descubrí que Torrente, el brazo tonto de la ley era flojilla pero no estaba mal. Su secuela, Misión en Marbella, mejoraba técnicamente (el presupuesto se nota) pero tenía menos frescura. Y las otras dos películas son ya simplemente malas a rabiar.
Torrente era, a mi parecer, un buen personaje, con muy buenas posibilidades, pero totalmente desaprovechado en favor de la casquería más degradante y sucia. Y por eso las semanas han ido pasando sin encontrar el momento ni las ganas de ver al más mezquino hincha del Atleti por primera vez en pantalla grande. Pero una coincidencia en horarios me han invitado a ceder al fin la cabeza y…
Pues ¿qué queréis que os diga? ¡Que me ha gustado! ¡Toma ya! Tiene Torrente: Operación Eurovegas la frescura del Segura inicial, el intento de hacer algo original y divertido, pero con la sabiduría que dan los años. Reduciendo los chistes soeces y desagradables a apenas un par (casi obligados para no perder la identidad de Torrente, pero que a mí personalmente me obligan a que baje la nota del conjunto por ello), esta quinta entrega es la menos sucia de todas, apostando por un humor puro y duro donde mezcla con acierto el humor adrenalítico al más puro estilo americano con el toque castizo, consiguiendo además que la sátira social que apenas se intuía en otras entregas aquí sean un detalle más a aplaudir, una ironía social descarnada ayudada por el salto en el tiempo (estamos en 2018, en una España expulsada de la unión Europea, en la que han vuelto las pesetas y Catalunya es independiente además de finalista del Mundial de fútbol) que invita a verlo todo con más perspectiva.
Si en otras películas se adivinaba el homenaje pasado por su rasero que Segura quería hacer sobre películas de acción al estilo James Bond o a dramas carcelarios con Evasión o Victoria, aquí el referente es el cine de atracos, siendo Ocean’s eleven el espejo en que mirarse.
Torrente ha salido de la prisión en la que acabó en su última película y decide pasarse al otro lado de la ley, reuniendo a su habitual grupo de amiguetes para preparar el asalto al casino de Eurovegas a las órdenes de un americano encarnado por Alec Baldwin. Porqué un actor del prestigio como Baldwin ha accedido a meterse en este fregado (últimamente está de nuevo en la cresta de la ola gracias, principalmente, a la serie de Rockefeller Plaza aunque también ha participado en los dos últimos films de Woody Allen y está trabajando actualmente a las ordenes de Warren Beatty, Cameron Crowe y en la quinta entrega de Misión imposible) es un misterio (el primer deseado por Segura fue Mel Gibson, que todavía se debe estar preguntando qué es ese absurdo guion que le han dejado sobre la mesa), pero su aportación da un caché especial al film y su carisma resulta innegable.
Todo funciona a la perfección dentro del engranaje sencillo y sin demasiadas pretensiones de esta película, empezando por los elegantes títulos de crédito (la ausencia de cuerpos desnudos y el hecho de que el tema principal sea cantado en inglés ya demuestra el deseo de romper un poco con todo lo anterior)e  incluyendo el reparto de frikis que, por una vez, son bien aprovechados por el director, y el interminable número de cameos que invitan a ver la película varias veces más para tratar de identificarlos. Incluso un tipo como Jesulín de Ubrique cumple con corrección y muestra una correcta química con el personaje de Segura, mientras que Julián López interpreta a Cuco, lo que origina algún acertado chiste sobre su cambio de físico (en entregas anteriores el personaje tenía el rostro de tenía el rostro de Gabino diego).
No creo que sea el último Torrente que veamos (la taquilla manda, ya se sabe, y esta ha sido el mejor estreno español del año, aunque tras tres semanas en cartel lleva trece millones recaudados, muy lejos aún de los veintidós de la segunda entrega), pero intuyo yo algo de despedida en este film, ya sea por el salto en el tiempo, por la recuperación de personajes de la primera película como los interpretados por Chus Lampreabe o Neus Asensi (¡por Dios! ¿Qué se ha hecho esta mujer?) o la reinvención del tema final de Torrente 2 en manos de nuevo del gran Joaquín Sabina. Es como un fin de fiesta  de una saga que parecía agotada hasta el inteligente giro que Segura ha sabido hacerle.
No quiero que penséis que se trata de una obra maestra del cine español, ni mucho menos, pero sí es una comedia muy entretenida, con momentos épicos, y totalmente digna, como si Santiago Segura se hubiese cansado de buscar la provocación y el escándalo fácil y hubiese querido tratar de hacer cine.
Hay algunos gags memorables, otro que no lo son tanto, y apenas unas pinceladas (innecesarias totalmente pero tampoco mucho más ordinarias que las que se pueden ver, sin ir más lejos, en el simple tráiler de cosas como Dos tontos todavía más tontos) de ordinariez, pero en su conjunto es divertida y refrescante, con alguna interpretación chusquera que sorprende y una doble visión en paralelo del atraco (la que corresponde al plan y la finalmente resultante) digna de mención.
Por lo menos, en esta se les nota que se han divertido filmando. Y lo han sabido transmitir.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

BLUE JASMINE (8d10)

Aunque uno suele relacionar la palabra blue con el color azul, Blue Jasmine puede traducirse como Triste Jasmine. Y así es la nueva película de Woody Allen, triste.
Existe el debate sobre si Woody Allen ha vuelto o si nunca se había ido, pero lo cierto es que la ración anual del director neoyorquino recuerda mucho a sus piezas más clásicas, presentando una notable mejoría con respecto a sus trabajos de los últimos años, tales como Si la cosa funciona, Vicky Cristina Barcelona, Todo lo demás, Conocerás al hombre de tus sueños o A Roma con amor, todas ellas decepcionantes si tenemos en cuenta el historial de Allen. No es cuestión de resucitar a nadie ni devolverlo a los altares, pues es evidente que no estamos ante una película a la altura de Manhattan, Annie Hall o Maridos y mujeres, pero no nos engañemos, ese Allen nunca volverá lo mismo que nunca volverá el Coppola de El Padrino o el Spielberg de La lista de Schindler o los primeros Indiana Jones, y es que cuando un artista llega a lo más alto deja de competir contra otros directores, sino contra su propia y alargada sombra. Y esa lucha suele ser cruel.
Como cruel es esta película que si bien provoca en no pocas ocasiones la sonrisa lo cierto es que oculta un mensaje amargo, con uno de los personajes más maltratados por Allen en toda su filmografía, al que no concede un ápice de compasión.
Alternando presente y pasado con constantes flashbacks, Blue Jasmine explica por un lado como Jasmine viaja a San Francisco para rehacer su vida junto a su hermana adoptiva mientras por otro lado descubriremos cómo ha pasado de ser una dama de la alta sociedad neoyorquina a estar completamente arruinada por culpa de los negocios sucios de su marido.
Siempre se ha acusado a Allen de que a medida que su prestigio (y cuenta corriente) crecía lo hacía también la condición social de sus protagonistas, estando cómodo hablando de personajes con alma de bohemios pero residentes en lujosos lofts, habituales de galerías de arte y expertos en vinos y restaurantes caros. Ahora, sin embargo, afronta el descenso a los infiernos de Jasmine con un eficiente retrato de la clase obrera, mucho más terrenal que el ambiente donde se mueve el personaje de Alec Baldwin. Jasmine hace méritos para ser despreciada por todos los que la rodean, pero como un cachorro herido termina provocando compasión mientras la vida la obsequia constantemente de segundas oportunidades que ella sóla se encarga de dilapidar.
Allen no pretende hablar de la crisis económica actual (aunque cualquier español que se acerque a la película tendrá en mente en varios momentos a la infanta Cristina), sino de la crisis emocional de alguien que lo ha tenido todo sin esfuerzo alguno y no es capaz de aceptar la perdida y evolucionar. Y no es sólo dinero lo que Jasmine pierde...
No es una película redonda, pero sí muy correcta, aunque Allen parezca desde hace un tiempo demasiado cansado para arriesgar con la cámara.
Y luego está Cate Blanchett.
Enorme, inconmensurable, esta actriz de origen australiano es sin duda la gran dama del cine actual, hipnótica ya sea interpretando a una elfa, a una reina o a la mismísima Kathetine Hepburn y que aquí está sencillamente magistral, con una de las mejores interpretaciones que recuerdo en mucho tiempo y que responde con generosidad al regalo envenenado que le entrega Allen haciéndola dueña y señora de la película.
Blue Jasmine es una película de Woody Allen, pero merece ser recordada como una película de Cate Blanchett. Ella pone el alma en su interpretación. Y Hollywood se lo recompensará en los próximos Oscars.

La nominación, como mínimo, es obligada.