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miércoles, 10 de octubre de 2018

HA NACIDO UNA ESTRELLA


Cuando a Bradley Cooper le ofrecieron protagonizar el remake de Ha nacido una estrella sin duda se planteó cómo enfrentarse al desafío de cantar en la gran pantalla. Sin embargo, cuando Steven Spielberg y Clint Eastwood, los primeros candidatos para dirigirla, se cayeron del proyecto, el desafío fue doble al aceptar dirigirla él mismo, debutando así como realizador.

El papel protagonista, tras barajarse los nombres de Rihanna, Jenifer López o, principalmente, Beyoncé, recayó finalmente en Lady Gaga, que, aunque ya había hecho sus pinitos en esto de la interpretación, era también toda una debutante como protagonista. Y es precisamente ella, lady Gaga, la gran revelación del film. Es habitual que una estrella pop tenga el capricho de actuar, al fin y al cabo muchos videoclips parecen casi cortometrajes, pero lo normal es recurrir a papeles donde su voz sea lo más destacado, como pasó con Whitney Houston en El Guardaespaldas o la propia Beyoncé en Dream girls. En el caso que nos ocupa, sin embargo, pese a interpretar a una cantante, Lady Gaga sorprende por su gran repertorio dramático, consiguiendo una de las mejores interpretaciones del año y convirtiéndose en la verdadera alma de la película.
Ha nacido una estrella no inventa nada nuevo. No solo por ser el tercer remake de un film de William A. Wellman  de 1937, a los que siguieron los de George Cukor en 1954, con Judy Garland, y la de Frank Pierson de 1976 con Barbra Streisand, sino porque el tema del auge y la caída de las grandes estrellas es algo muy del gusto de Hollywood, a quien le gusta ensalzar a sus héroes y pisotear a sus fracasados.
Ha nacido una estrella cuenta la historia de Jackson Maine, un cantante de gran éxito diezmado por un problema de oído y por su adicción al alcohol y las drogas. Sin embargo, cuando conoce a Ally tiene la suficiente habilidad para reconocer su gran talento. Como si de vasos comunicantes se tratara, el éxito de la muchacha se producirá en paralelo a la caída a los infiernos de él.
Evidentemente, esta es una moraleja sobre el éxito y la manera de saber sobrellevarlo, siendo fácil ser tentado por los excesos y la decadencia, pero llama la atención también la lectura crítica hacia la música pop de hoy en día, algo de lo que Lady Gaga es una buena representante (aunque también es cierto que con un estilo bastante personal). Así, mientras por un lado se fustiga a la figura de Jack por sus debilidades, tampoco el camino a seguir por ella sale muy bien parado, a raíz de la transformación de una artista con sentimientos que escribía sus propios temas desde el corazón al juguete de un productor que la convierte en un producto de consumo del montón, sin personalidad ni autenticidad.
Es este doble juego uno de los puntos fuertes de la película, que consigue ser sensible y emotiva sin caer en la ñoñería barata y que, como no podía ser de otra manera, se alimenta de una banda sonora muy efectiva, con un Cooper que lo da todo y la voz prodigiosa de la diva del pop.
Hay por ahí algún secundario de relumbrón, como Sam Elliott o el olvidado Andrew Dice Clay (que sabe mucho sobre la caída de un artista después de probar las mieles del éxito con Las aventuras de Ford Fairlane y quedar después en el olvido), aunque todos palidecen al lado del trabajo de Lady Gaga.
En resumen, pese a que sea imposible que la historia impacte demasiado debido a lo visto del tema, Bradley Cooper hace un buen trabajo como director, y consigue una película muy interesante en la que las más de dos horas de duración se hacen incluso cortas.

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

BLUE JASMINE (8d10)

Aunque uno suele relacionar la palabra blue con el color azul, Blue Jasmine puede traducirse como Triste Jasmine. Y así es la nueva película de Woody Allen, triste.
Existe el debate sobre si Woody Allen ha vuelto o si nunca se había ido, pero lo cierto es que la ración anual del director neoyorquino recuerda mucho a sus piezas más clásicas, presentando una notable mejoría con respecto a sus trabajos de los últimos años, tales como Si la cosa funciona, Vicky Cristina Barcelona, Todo lo demás, Conocerás al hombre de tus sueños o A Roma con amor, todas ellas decepcionantes si tenemos en cuenta el historial de Allen. No es cuestión de resucitar a nadie ni devolverlo a los altares, pues es evidente que no estamos ante una película a la altura de Manhattan, Annie Hall o Maridos y mujeres, pero no nos engañemos, ese Allen nunca volverá lo mismo que nunca volverá el Coppola de El Padrino o el Spielberg de La lista de Schindler o los primeros Indiana Jones, y es que cuando un artista llega a lo más alto deja de competir contra otros directores, sino contra su propia y alargada sombra. Y esa lucha suele ser cruel.
Como cruel es esta película que si bien provoca en no pocas ocasiones la sonrisa lo cierto es que oculta un mensaje amargo, con uno de los personajes más maltratados por Allen en toda su filmografía, al que no concede un ápice de compasión.
Alternando presente y pasado con constantes flashbacks, Blue Jasmine explica por un lado como Jasmine viaja a San Francisco para rehacer su vida junto a su hermana adoptiva mientras por otro lado descubriremos cómo ha pasado de ser una dama de la alta sociedad neoyorquina a estar completamente arruinada por culpa de los negocios sucios de su marido.
Siempre se ha acusado a Allen de que a medida que su prestigio (y cuenta corriente) crecía lo hacía también la condición social de sus protagonistas, estando cómodo hablando de personajes con alma de bohemios pero residentes en lujosos lofts, habituales de galerías de arte y expertos en vinos y restaurantes caros. Ahora, sin embargo, afronta el descenso a los infiernos de Jasmine con un eficiente retrato de la clase obrera, mucho más terrenal que el ambiente donde se mueve el personaje de Alec Baldwin. Jasmine hace méritos para ser despreciada por todos los que la rodean, pero como un cachorro herido termina provocando compasión mientras la vida la obsequia constantemente de segundas oportunidades que ella sóla se encarga de dilapidar.
Allen no pretende hablar de la crisis económica actual (aunque cualquier español que se acerque a la película tendrá en mente en varios momentos a la infanta Cristina), sino de la crisis emocional de alguien que lo ha tenido todo sin esfuerzo alguno y no es capaz de aceptar la perdida y evolucionar. Y no es sólo dinero lo que Jasmine pierde...
No es una película redonda, pero sí muy correcta, aunque Allen parezca desde hace un tiempo demasiado cansado para arriesgar con la cámara.
Y luego está Cate Blanchett.
Enorme, inconmensurable, esta actriz de origen australiano es sin duda la gran dama del cine actual, hipnótica ya sea interpretando a una elfa, a una reina o a la mismísima Kathetine Hepburn y que aquí está sencillamente magistral, con una de las mejores interpretaciones que recuerdo en mucho tiempo y que responde con generosidad al regalo envenenado que le entrega Allen haciéndola dueña y señora de la película.
Blue Jasmine es una película de Woody Allen, pero merece ser recordada como una película de Cate Blanchett. Ella pone el alma en su interpretación. Y Hollywood se lo recompensará en los próximos Oscars.

La nominación, como mínimo, es obligada.