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viernes, 17 de abril de 2015

UNA NOCHE PARA SOBREVIVIR (6d10)

Liam Neeson es un actor peculiar, capaz de reinventarse a sí mismo cada pocos años con tal de no encasillarse en un género o estilo que pueda lastrar su exitosa carrera.
Después de unos inicios difíciles y titubeantes, logró alternar papeles tan diferentes entre ellos como exitosos, tales como Darkman, La lista de Schindler, Rob Roy, Nell o Michael Collins. Una vez consagrado, y con una nominación al Oscar bajo el brazo, Neeson se aventuró en el cine más palomitero, dejándose ver por blockbusters de la talla de Star Wars: la amenaza fantasma, Batman Begins, Furia de Titanes o El Equipo A. En los últimos años, y sin abandonar algunos papeles más esforzados, Neeson parece haberse acomodado en el papel de tipo duro, tomando el relevo de actores como Bruce Willis o Mel Gibson, acostumbrados en sus films a tener que proteger o vengar a sus maltratadas familias. A esta última reconversión pertenecen títulos como la saga Venganza o Infierno Blanco, y también sus tres colaboraciones (por ahora) con el español Jaume Collet-Serra.
Tras la intrigante y tramposa Sin Identidad y la tópica pero emocionante Non Stop (Sin escalas), el intérprete irlandés y el director catalán vuelven a unir fuerzas en otro giro de tuerca en un cine al que ya se le empieza  a ver el plumero y que está encasillando (ahora sí) de forma peligrosa al bueno de Liam, por más que este asegure que le quedan apenas un par de años (y es que la edad no perdona) como héroe de acción. Me viene a la memoria un genial meme que me enviaron a raíz del estreno de V3nganza y que bien podría servir como frase publicitaria de la película: sobre imágenes de cuatro películas icónicas suyas se leía algo así como: “Ha entrenado a Batman, ha sido un maestro Jedi y es el padre de todos los dioses… ¿De verdad te parece buena idea amenazar a su familia?”. Pues en esta línea, sin salirse un ápice del camino marcado, se encuentra Una noche para sobrevivir.
Y es que el protagonista de la historia, Jimmy Conlon, sigue todos los patrones previstos: alcohólico, con un pasado de violencia y totalmente repudiado por su propia familia. Vive en un entorno decadente y violento, con un único amigo en quien confiar Shawn Maguire, y de quien, a la vez, aceptar su caridad, hasta que las cosas se tuercen y Jimmy deberá matar al hijo de Shawn para proteger a su propio vástago. A partir de ahí se terminaron las amistades y los caprichos alcohólicos y se abrirá una guerra cruenta y sanguinaria entre Jimmy y Shawn por proteger/vengar a la familia.
Con ligeras concesiones al drama familiar y huyendo totalmente de cualquier mínimo rasgo de humor o romanticismo, la película es dura, violenta y adrenalítica, tan apegada al estilo de Venganza que el protagonista bien podría llamarse Bryan Mills con sólo cambiar el género del retoño, un peligroso estigma que puede perseguir a Neeson tal y como persiguió durante un tiempo (y un leve vestigio seguirá ahí por siempre) John McCaine a Bruce Willis. Por faltar, no falta ni -como en V3nganza- lo que yo llamo el factor El fugitivo, es decir, ese policía (casualmente el único honrado de todo el departamento) se debe perseguirlo aunque al final se vea seducido por los amagos de redención del héroe torturado.
Sin embargo, dejando de lado que la película sea una sucesión de tópicos mil veces vistos, que el argumento no contenga nada con lo que sorprender y que sea fácil imaginar lo que va a suceder desde el primer minuto, hay que reconocer que Neeson le tiene bien tomado el pulso a lo de ser un tipo duro, mientras que Collet-Serra filma muy bien (otro tema es que a uno le guste más o menos ciertas virguerías con la cámara que hace en las transiciones, demasiado artificiales a mi parecer), manteniendo con corrección el ritmo trepidante de la narración y consiguiendo algunos momentos de atmosfera envolvente (la lucha durante el incendio, el final entre la niebla) muy meritorios, a lo que hay que añadir a dos grandes nombres de la interpretación secundando a Neeson como son Ed Harris y Vicent D’Onofrio, cerrando el reparto protagonista un Joel Kinnaman recién salido de la decepcionante RoboCop y que, dejando aparte la televisiva The Killing, aún debe encontrar su rumbo en Hollywood.
Una noche para sobrevivir es, en resumen, más de lo mismo. No inventa nada nuevo, ni tampoco lo pretende, pero hay que reconocerle, eso sí, que lo viejo le funciona muy bien y que, al final, a todos nos gustaría tener a Liam Neeson de vecino. Por lo que pueda pasar…


jueves, 19 de febrero de 2015

TUSK * (3d10)

Hace ya bastantes años Kevin Smith apareció en el panorama cinematográfico como una figura emergente del cine independiente y abanderado del frikismo más sano, creando películas que se convertirían en marca de la casa como Clerks, Mallrats o Persiguiendo a Amy. Y casi que ahí acabó todo. Empezó a dilapidar su fama y prestigio con despropósitos como Jersey Girl o Vaya par de polis o autoreciclándose con desidia en Jay y Bob el Silencioso contraatacan o Clerks II.
Afortunadamente, en 2011 se vieron síntomas de recuperación con Red State, una crónica negra sobre el fanatismo religioso con un humor muy a lo Tarantino que, sin ser una obra maestra, presagiaba cierto resurgimiento del autor de New Jersey.
Pues no. Con Tusk el orondo director ha iniciado una supuesta trilogía que deambulará sin rumbo fijo entre el humor más grotesco y el terror que, a juzgar por la película que nos ocupa ahora, no hará sino cavar una palada más en la tumba de un realizador que prometía mucho y se quedó en aguas de borraja.
Tusk cuenta la historia de un prestigioso podcaster que viaja hasta Canadá en busca de “bichos raros” a los que entrevistar y se topa con un extraño tipo que le promete un sinfín de estrambóticos relatos que le irán como anillo al dedo. Sin embargo, el verdadero propósito del sujeto no es otro que el de capturar al joven y, mediante una serie de operaciones chapuceras, convertirlo en una… morsa.
Sí, han leído bien. Una morsa.
Lo que puede parecer un chiste es, en realidad, el único punto gracioso de un film que no sabe en ningún momento hacia dónde va, que ni asusta ni hace reír, y cuyos únicos momentos de mínima inspiración son en su arranque, con unos diálogos que recuerdan vagamente lo que fue Smith en su pasado aunque con un pretendido (y pretensioso) toque tarantinesco (no creo que sea casualidad que uno de los protagonistas, Michael Parks, sea un actor habitual para ambos directores).
Tusk es una broma de mal gusto, un chiste que podría funcionar si se tratase de un corto pero que resulta estúpido en un largometraje, grotesco, surrealista y absurdo, y que apenas sirve como excusa para comprobar cómo se ha echado a perder el niño de El sexto sentido, lo bien que ha crecido la hija de El Puma (perdonen por estos comentarios tan frívolos, pero es que la película no da para más) y lo perdido que anda artísticamente un Johnny Deep que es apenas una caricatura de lo que antaño era y que si pretende reflotar su carrera no lo va a conseguir con interpretaciones tan patéticas como esta.
Poco positivo se puede sacar de esta película protagonizada por Justin Long (y su bochornoso maquillaje) más allá de su desquiciante premisa inicial (que podría haberse inspirado en la enfermiza The human centipede) cuyo mayor pecado es, por encima de todo, aburrir soberanamente.

lunes, 25 de marzo de 2013

POR LA CARA (5d10)

Después de la divertida y original Cómo acabar con tu jefe, mucho era lo que se esperaba  del director Seth Gordon, y si bien es cierto que Por la cara no es tan fresca y dinámica como aquella, no voy a negar que resulta un entretenimiento estimulante y de risa fácil. Confiando de nuevo el peso de la trama en Jason Baterman (una promesa de los 80 –recordad De pelo en pecho 2- que cayó en el olvido más absoluto y que en los últimos tiempos parece recuperado, en un caso paralelo al de Patrick Dempsey) y con la comediante televisiva Melissa McCarthy dándole réplica, Por la cara cuenta la historia de una timadora que vive a cuerpo de rey robando la identidad de aquellos pobres desdichados a los que consigue clonar sus tarjetas de crédito, comprando compulsivamente hasta el absurdo hasta que la víctima recibe su extracto bancario y ya no puede hacer nada para evitarlo. En el caso de su último incauto, Sandy (Jason Baterman, con un nombre tan ambiguo que es perfecto para la estafadora), el robo le complica la vida de tal modo que está a punto incluso de perder su trabajo por lo que decide pasar a la acción y perseguir en persona a la falsa Sandy (que en realidad se llama Diana). Una vez localizada, la aventura consistirá en obligarla a regresar desde Denver a Miami con él, de manera que la película se convierte en una road movie con tintes de buddy movie (peli de colegas), al estilo de Pasados de cuentas. Naturalmente, el viajecito de marras será toda una odisea, y sus vidas se entrecruzarán con todo tipo de personajes que no harán sino empeorar su situación y, de paso, permiten mostrarnos a un rico elenco de secundarios de lujo, como Robert Patrick (inolvidable T-1000 de Terminator 2), John Favreau (director de las dos primeras Iron man), Genesis Rodriguez (hija del cantante El Puma y vista también en el regreso a la primera plana de Schwarzenegger), Eric Stonestreet (el gordito de Modern Family) o Amanda Peet (2012, Identidad…).

En ocasiones me he preguntado por qué cuesta tanto hacer comedia en Estados Unidos. Nos tienen tan acostumbrados a las comedias románticas que hacen llorar más que reír o a al estilo safio y escatológico que solo divierte a unos pocos tarados que cuando aparece una película como esta, que solo pretende divertir, es maltratada por la crítica. No estamos ante una obra maestra ni está a la altura de otras comedias similares como Resacón  en Las Vegas, pero desde el primer minuto al último tiene la única intención de hacer reír (en unas ocasiones con mayor acierto que en otras), y solo por eso ya merece la pena aprobarla. ¿Por qué se alaba siempre más a las películas que hacen llorar que a las que hacen reír, si para eso tenemos ya los telediarios? Yo me entretuve durante un buen rato, que era lo que me proponía el director. ¿Para qué quiero más?

martes, 5 de febrero de 2013

EL ÚLTIMO DESAFÍO (8d10)

Hace ya algún tiempo que se nota que vuelven los ochenta. Regresan grupos musicales míticos, se vuelven a vestir ropas que dábamos por muertas, se estrenan remakes de películas que eran carne de videoclub... Así que ahora les toca a los actores hacer acto de presencia. Cuando Schwarzenegger terminó su periplo político y anunció que volvía al cine todos los que estamos en la línea de la cuarentena (lustro arriba, lustro abajo) aplaudimos a rabiar, pues en su campo era sin duda el mejor y algunas de sus obras merecen pasar a la historia del cine, caso de Terminator, Depredador o Desafío total. Por si fuera poco, los remakes o secuelas que se han hecho sin su presencia (Conan con Jason Momoa, Desafío total con Colin Farrell o Terminator Salvation con Sam Worthington) han ayudado a agrandar aún más su fama. Tras los cameos en Los Mercenarios 1 y 2 (verdadero homenaje a esos grandes e hipermusculados iconos ochenteros) Arnie regresa como protagonista, y eso, por sí solo, ya es todo un acontecimiento. Con lo que no contábamos nadie (ni el propio Schwarzie, me imagino) es con que los cuarentones no llenamos las salas de cine, y para los chavales de quince a veinte años el austríaco no es absolutamente nadie. Así,  El último desafío,  pese a sus esfuerzos de marketing (curioso como en América el actor compartía cartel con Johnny Knoxville, famoso entre los jovenzuelos pos sus bobadas en Jackass, en muchos países de Europa destacaban más a Forest Whitaker, actor de prestigio con Oscar incluido,  y aquí en España Schwarzenegger copaba toda la atención de la publicidad, aunque quizá habría valido la pena destacar un poco también a Eduardo Noriega), será recordada como el mayor fracaso de taquilla de Arnie, por más que estoy convencido que cuando llegue al mercado doméstico otro gallo cantará,  como pasó con otro producto con regusto a los ochenta como la más que correcta Dreed.
Y lo cierto es que El último desafío es una muy buena película. No una obra maestra pero sí una producción muy recomendable que se disfruta de principio a fin y con grandes dosis de acción y humor repartidas con inteligencia. Además, el reparto coral evita la posibilidad de empacho austriaco (como sucede en ocasiones con películas de Tom Cruise), que hay que reconocer que los años pasan para todos incluso para Terminator.
Dirigida por Kim Jee-Woon, realizador coreano que aterriza en Hollywood suavizando algo los rasgos más característicos de su cine pero filmando escenas de acción con maestría y sin permitir que el ritmo se le escape de las manos, la película cuenta la historia de un veterano sheriff retirado voluntariamente a un tranquilo pueblo fronterizo donde nunca pasa nada, que resulta ser un punto estratégico fundamental para los planes de huida de Gabriel Cortez. Unos planes, por cierto, calculados hasta el último detalle y cubriendo cualquier eventualidad, no dejando nada al azar. Nada, excepto claro está, la intromisión de un sheriff veterano y cabezota.
Pese a la edad volvemos a tener al mejor Schwarzenegger, con ese estilo suyo tan personal y su sentido del humor y la ironía que lo caracterizó, pero consciente además de sus limitaciones, con diversas alusiones a su edad y bastante autoparodia. En pos de proteger al pueblo que lo ha adoptado forma un curioso grupito entre ayudantes y voluntarios formando, volviendo a las referencias de los 80, una versión/homenaje al Equipo-A. Veamos, repasemos: tenemos al jefe (el gran Arnie), al guapo (Rodrigo Santoro), el loco (Johnny Knoxville), la chica (Jaimie Alexander, la Sif de Thor) y como variante étnica, el cambio de un negro Baracus por un mexicano (Luis Guzmán,  ese actor cuya gigantesca estatua de bronce corona la universidad comunitaria de Greendale).
Brilla además con buena nota la presencia española de Eduardo Noriega, haciendo una vez más de villano, con el punto de locura y cinismo adecuado, encarnando a la perfección a esa gran amenaza que todos temen.

En resumen, gran retorno del héroe al mundo del cine en un espectáculo de puro disfrute. Si conseguirá meterse de nuevo al público en el bolsillo solo el tiempo lo dirá.