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viernes, 31 de enero de 2020

TE QUIERO, IMBÉCIL

Dirigida por la barcelonesa Laura Mañá, la película Te quiero, imbécil no aspira a inventar nada. 
Anclada en el género de la comedia romántica más convencional, se ajusta perfectamente a un esquema invariable, más cuando quien lleva el peso de la película es el protagonista femenino, donde entra en acción la indispensable participación del amigo de turno.
De hecho, el film es tan previsible que incluso el propio título es un spoiler que delata lo que inevitablemente va a suceder al final. No importa. Mañá prefiere apostar a las cartas de la sencillez y la simpatía dejando que sean las situaciones cómicas y el carisma de sus protagonistas los que lleven a buen puerto a la película.
Efectivamente, Quim Gutiérrez cumple con su papel a la perfección (quizá podríamos decir que corre el peligro de encasillarse un poco), mientras que Natalia Tena está brillante en una composición divertidísima muy alejada de sus papeles más serios (Amar10.000 kilómetros), salvajes (Juego de Tronos) o estrafalarios (saga de Harry Potter).
Solo con la química entre ellos dos se puede justificar la película, que apuesta también por un amor gamberro, algo tópico en ocasiones, pero bastante efectivo, que consiguen que la película funcione a todos los niveles y se pueda ver con agrado.

Valoración: Seis sobre diez.

viernes, 20 de septiembre de 2019

LITUS

Tenía la sensación de que con el salto a un cine más internacional y de mayor presupuesto, Dani de la Orden había perdido algo de gancho. Tanto El pregón como El mejor verano de mi vida tenía cosas interesantes y eran buenos divertimentos, pero ninguna se llegaba a acercar a sus dos primeros títulos: Barcelona, nit d’estiu y Barcelona: nit d’hivern, dos comedias hechas de corazón que me lograron emocionar en su momento.
Con Litus, De la Orden regresa a ese cine generacional que tan bien se le da, a medio camino entre la comedia y el drama, una película de personajes, de miradas y silencios, sin necesidad de grandes espacios ni acciones grandilocuentes. Con una base que bien podría servir como obra de teatro (solo seis personajes y un único escenario), De la Orden sabe insuflar a la película el tono y ritmo adecuado para que no resulte para nada teatral, haciendo un inteligente uso de la música y con los movimientos de cámara precisos para, en determinados momentos, dejar al espectador hundido en su asiento, incapaz de decidir si reír o llorar. Y eso se redondea con seis actores a los que sabe exprimir al máximo para que, sin grandes alardes de histrionismo, lo den todo para transmitir su dolor y rabia ante la pérdida de un ser querido.
La historia versa sobre la fiesta que seis amigos realizan como despedida de Litus, muerto seis meses atrás, aparentemente por suicidio.  Durante la reunión, en la que salen a relucir trapos sucios y heridas aún sin cicatrizar, el hermano del fallecido revela que fue el propio Litus quien propuso esa reunión mediante una serie de cartas que había dedicado, como si la protagonista de Por trece razones fuese, a cada uno de ellos. Pero, aunque se pueda llegar a coquetear con la intriga, De la Orden no quiere jugar a eso, y la excusa de seis personas bajo un mismo techo con un misterio en forma de cartas es lo único que puede relacionar a esta película con un misterio de Agatha Christie.
Eno de los personajes, de hecho, deja claras las intenciones del film desde el primer momento, comparando la situación -salvando las distancias- con la que se describía en la excelente Los amigos de Peter, de Kenneth Branagh. Y es que la sombra de ese film sobrevuela en todo momento sobre Litus, enlazando las historias individuales y colectivas de los personajes y planteando unos vínculos que pronto aceptamos como si fuésemos nosotros mismos parte de ese grupo de amigos.
Litus es, en el fondo, una historia de amor. El amor de la amistad, en ocasiones más fuerte que eso que se suele confundir con el sexo, que crea unos vínculos que ni la muerte es capaz de romper.
No creo que Litus sea una película perfecta, pero tiene unas pretensiones de agradar con sencillez y sin esa dosis de adoctrinamiento que suelen tener este tipo de películas que consigue enganchar desde el primer momento y que, aun con ese aroma a anuncio de cerveza veraniego que pueda llegar a desprender, lo cierto es que funciona perfectamente y consigue que, de alguna manera, todos sintamos la muerte de Litus como la del propio amigo del que nunca nos pudimos despedir.
Dani de la Orden me ha vuelto a emocionar. Y me ha reconciliado con ese joven que compuso el maravilloso díptico barcelonés que me temía se había perdido entre los obligados tópicos de la comedia patria al servicio del monologuista de turno. Y lo ha hecho, además, en la misma semana en que se estrenaba otra película sobre los sentimientos a flor de piel como es A dos metros de ti. Pero Litus, a diferencia de aquella, sí me la creí. Y esa es su gran mérito.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 9 de septiembre de 2017

LA NIEBLA Y LA DONCELLA, insuficiente adaptación.

La niebla y la doncella es la adaptación homónima de una novela de Lorenzo silva, con el sargento Beveilacqua y la cabo Chamorro como protagonistas. Esta es la tercera novela en la que estos dos personajes comparten misterios, lo que de entrada hace que los personajes tengan, en la película, una familiaridad que nunca se explica al espectador. Este es uno de los muchos defectos que pululan por esta adaptación, quizá, como en la reciente El guardián invisible, demasiado centrada en contentar a los fans de la novela y dejar intacto su espíritu que en contar una buena historia.
Lo cierto es que ya el tráiler anticipaba que la cosa no iba por buen camino, resaltando mucho la presencia de estos personajes (que han tenido otras adaptaciones, pero principalmente en el campo televisivo) y sin que se llegue a vislumbrar realmente de que va el asunto.
Ya frente a la película, lo cierto es que la ambientación es excelente, con un arranque muy intenso y una buena presentación de personajes. La isla de La Gomera luce perfecta para esta historia de asesinos y misterios sin resolver y, pese a que Quim Gutiérrez y Verónica Echegui no parecen los más apropiados para representar sus papeles protagonistas, tanto Roberto Álamo como Aura Garrido están a muy buen nivel.
No empieza realmente mal la película, más centrada en los personajes y sus interacciones que el caso en sí (el cual tampoco es que sea muy llamativo: la muerte de un muchacho hace ya tres años), pero el deseo de Andrés M. Koppel de hacer un thriller muy complicado y de infinidad de giros argumentales termina por tener el efecto contrario al deseado. En lugar de mantener intrigado al espectador este termina por desconectar, resignándose a no entender demasiado de lo que le están contando y contentándose en ver qué rumbo toma la inevitable historia romántica de fondo. No es la complejidad de la trama lo que falla, soy el primero al que le gusta que le engañen en una sala de cine y se siente tentado a ir en busca de segundas revisiones para terminar de atar cabos, es la torpeza con la que está narrado todo. Koppel está impecable en la atmósfera que rodea a los protagonistas, pero no en la acción que los mueve. Para colmo, los pocos momentos de emoción terminan siendo fuera de plano.
La niebla y la doncella es una película que va decreciendo hasta llegar a un desenlace tan precipitado como confuso, como si los propios realizadores hubiesen perdido el interés en su obra y estuviesen deseando irse a casa. Quizá bastaría un cuarto de hora más de metraje para darle otro sentido a la película, pero sin él el aburrimiento con el que flirtea en determinados momentos no está nunca justificado.
Una lástima, ya que parece que la novela en la que se basa tiene mucho mejor fondo y esto tenía pinta de presumible franquicia. Y una lástima también por Garrido y Álamo. Ellos hacen muy bien su trabajo, pero no les basta para mantener el barco a flote.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 7 de agosto de 2017

ABRACADABRA, interesante amalgama de géneros

Al ritmo contagioso de la popular canción de Steve Miller Band, Abracadabra es la nueva película de Pablo Berger tras la exitosa Blancanieves.
¿Cómo afronta un director con tan solo dos películas un nuevo proyecto después de tanto premio y reconocimiento? Lo sencillo habría sido seguir por la misma línea, pero Berger sorprende con una película que parece casi en las antípodas de su Blancanieves, aquella delicia muda y en blanco y negro que reinventaba el popular cuento con toques de tauromaquia y flamenco.
Si es cierto que hay un denominador común en toda la filmografía de Berger, esa panorámica de la España más castiza y cañí, por momentos casposa y siempre tópica. En Abracadabra no es diferente, y el arranque del film, con ese Madrid tan urbano y descolorido, tiene algo del Almodóvar más iniciático, con personajes femeninos que llevan el timón de la historia y maridos machistas y maltratadores, catetos operarios de obras y apasionados del futbol y la cerveza. Luego la cosa cambia, y Berger pasa del costumbrismo a una mezcla extraña de géneros que alterna el drama y la comedia con unos toques muy negros y mucho surrealismo.
Abracadabra cuenta la historia de Carmen y Carlos, un matrimonio ya gastado después de diecinueve años de convivencia que dará un vuelco cuando Pepe, primo de Carmen e hipnotista aficionado, meta por accidente el espíritu de un muerto en el cuerpo de Carlos. A partir de entonces, el marido cafre empezará a evidenciar pequeños cambios que hará dudar a Carmen sobre sus propios sentimientos. Un triángulo amoroso bastante poco común donde el “inquilino” espectral tendría todas las de ganar de no ser que en vida fue un desequilibrado asesino.
No siempre consigue salir Berger airoso de sus cambios de rumbo, habiendo momentos tan divertidos como estúpidos (la escena del vendedor inmobiliario, por ejemplo) que están a punto de arruinar la película. Sin embargo, como si de un espectáculo de equilibrismo más que de magia se tratase realmente, Berger camina sobre el cable sin llegar a perder pie nunca, y con sus errores y desvaríos el conjunto general nunca llega a estropearse, alcanzando un brillante desenlace final (aquí quizá los referentes pasarían a ser Woody Allen) con una amarga pero estimulante conclusión.
Muchos son los grandes actores que pululan por aquí, algunos bordando la mejor interpretación de sus carreras, como es el caso de José Mota, impecable como hilo conductor y elemento cómico, otros parecen limitarse a pasárselo estupendamente, como el excesivo Josep María Pou. Hay también cameos inesperados, como Julián Villagrán, rostros de los de toda la vida, como Janfri Topera, y la sorpresa de Quim Gutiérrez. Pero las dos perlas de la función son, sin duda, Antonio de la Torre, que tras tantos papeles introvertidos y callados sorprende con la vis cómica que demuestra en este desdoblado papel, y, sobre todo y ante todo, Maribel Verdú. Verdú está sublime, coqueteando con la españolita choni sin caer nunca en la caricatura y sabiendo transformarse a medida que su personaje va pasando por diversos estados de ánimo en función a los giros de guion que sufre. Maribel Verdú, que ya era lo mejor de Blancanieves, se hace con la película, consiguiendo por sí misma que las pocas veces que el guion flojea la película no llegue nunca a resentirse.
En resumen, arriesgada película de Berger, que parece copiar esa moda de la comedia de cuñados que tanto se prodiga últimamente para darle una vuelta de tuerca y pi8llar con el pie cambiado al espectador. Posiblemente esto haga que no todo el mundo se deje atrapar por su película, pero más allá de su calidad (que, como todo, siempre es opinable), su valentía y aplomo la convierten en un visionado imprescindible para este verano.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 11 de septiembre de 2015

ANACLETO, AGENTE SECRETO (7d10)

Dicen los más alarmistas que estamos en una burbuja de cine de superhéroes que va a terminar explotándonos en la cara a los más fieles seguidores del comic. Independientemente de que pueda estar de acuerdo con ello o no (en breve, el comentario del mes sobre el tema) lo cierto es que con tantas películas inspiradas en héroes del comic nuestro cine no podía quedar fuera de la moda.
Dejando de lado esa cosa llamada Capitán Trueno, las incursiones recientes en adaptaciones del papel patrio (todas ellas de la mano de la extinga Editorial Bruguera) han cosechado éxitos de crítica y taquilla, tanto la tronchante versión animada de Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo como Zipi y Zape y el Club de la Canica de la que ya se prepara secuela. Por tanto, y en espera a que llegue alguna vez la eternamente anunciada Super López, no es de extrañar que Anacleto, agente secreto haya supuesto una fuerte inversión, casi una superproducción confiada a las manos de un director tan solvente como Javier Ruiz Caldera, realizador firmante de algunas de las más divertidas comedias de los últimos tiempos pero que ha sabido entremezclar diversos géneros con eficacia, desde la parodia pura de Spanish movie, la fantasía de Promoción Fantasma o el romanticismo de Tres bodas de más. Así que, ¿Por qué no iba a ser una comedia de acción su nueva película?
Basada en el célebre personaje creado por Vázquez (aprovecho para recomendar la biografía homónima del dibujante al que dio vida Santiago Segura), Anacleto, agente secreto cuenta las desventuras de un implacable espía al que los años comienzan a pesarle y que, tras la fuga de prisión de su más psicótico enemigo, deberá hacer todo lo posible para proteger la vida de su único hijo, un desastroso vigilante de una tienda de electrodomésticos que no tiene ni la más remota idea de a lo que se dedica su padre.
Ruiz Caldera sabe moverse como pez en el agua en los momentos más delirantes el film, consiguiendo sacar todo el talento interpretativo de un cómico como Berto Romero, el partenier perfecto para Anacleto (tanto padre como hijo) así como de Alexandra Jiménez, sus dos actores fetiches (ambos aparecen en tres de las cuatro películas del director), resultando también muy efectivo en los momentos más adrenalíticos, con peleas bien filmadas y perfectamente coreografiadas y sin que le tiemble el pulso ante el mayor presupuesto de su carrera.
Pero si algo hay que destacar de Anacleto, agente secreto, es el trabajo de los dos protagonistas: un Imanol Arias al que casi habíamos perdido la pista en cine (y no todo va a ser Cuéntame, ¿no?) y un Quim Gutierrez que poco a poco está convirtiéndose en un referente indispensable de la comedia nacional. Se suele decir que Carlos Areces (que interpreta al villano de turno) se suele comer con patatas a sus compañeros de plano, pero en este caso tanto Imanol como Quim logran sobrevivir a este robaescenas, consiguiendo el primero un interpretación tan estimulante que ya hay quien lo da como favorito para los Goyas de este año.
Anacleto, agente secreto es divertida, emocionante, surrealista, violenta, sarcástica y frenética, con efectos especiales de gran factura, no dando respiro al espectador y ofreciendo sus buenas cuotas de sangre como si advirtiesen de que, entre chiste y chiste, la cosa va en serio. Este James Bond crepuscular es fiel al icono visual del tebeo, con su traje con pajarita, su tupé (ahora blanqueado por las canas), su cigarrillo y su frase lapidaria: Anacleto nunca falla, pero pese a ello hay algo que debo reprocharle y es que no termino de ver reflejado al Anacleto de las historietas, mucho más torpe y desastroso. Este Anacleto es un tipo frío, calculador y despiadado y su violenta efectividad casa me hace pensar más en una adaptación española del Harry Tasker que protagonizó Schwarzenegger en Mentiras Arriesgadas de James Cameron que en el compañero de desventuras de Mortadelo y Filemón del papel, donde nuestro héroe no tenía, por descontado, hijo alguno. Claro que a lo mejor eso se debe a que no hemos visto aún al verdadero Anacleto, ¿no? Y cuando vean la película entenderán de lo que hablo.
En fin, en un año plagado de espías (Kingsman: servicio secreto, Espías, Misión Imposible: nación secreta, Operación U.N.C.L.E. y pronto Spectre, ¿y nadie habla de la burbuja del cine de espionaje?) nuestro agente más eficaz ha querido unirse a la fiesta. Y todos los invitados lo han disfrutado.
Y digo yo: ya que estamos con la moda esa (¡qué pesadito estoy hoy con eso de las burbujas!) de los Universos Compartidos, cuando se haga por fin Super López, ¿no podríamos ver juntos en pantalla a Anacleto, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape y Super López? Sería la repanocha.
¡Generación Bruguera al poder!

jueves, 14 de mayo de 2015

SEXO FÁCIL, PELÍCULAS TRISTES (7d10)

Sexo fácil, películas tristes narra la historia de Pablo Diuk (Ernesto Alterio), antaño escritor de éxito y en la actualidad en horas bajas debido al temido bloqueo del artista, que encuentra una salida en la oportunidad que le brinda un amigo productor de escribir el guion de una comedia romántica. El problema estriba en cómo lograr la inspiración necesaria para una historia de amor cuando su propio matrimonio hace aguas.
Esta es la premisa de la que parte el director Alejo Flah, que con este título debuta como realizador de largometrajes, para narrar dos historias en paralelo, la real y la imaginaria, cada una de ellas fiel reflejo de lo que en la otra sucede. No es excesivamente original la idea de contarnos en cine dos historias en paralelo, aunque quizá el referente más cercano se encuentre en la fallida En tercera persona, donde Paul Haggis nos propiciaba un juego algo más rocambolesco y engañoso sobre la imaginación de un autor y sus propias miserias. No obstante, mientras en aquella se buscaba sorprender al espectador con la por otro lado previsible sorpresa final, en Sexo fácil, historias tristes las cartas se ponen sobre la mesa desde el primer momento, no permitiendo que confundamos en ningún momento realidad con ficción, y centrando el punto de mira den la intimidad de los sentimientos de los protagonistas (una mirada claramente masculina, eso hay que reconocerlo) más que en la propia acción.
Buena heredera de los signos de identidad del cine argentino la película suma con acierto el humor con la tristeza, dando forma a un análisis sobre el desamor y la soledad, penetrando en los medios y fobias del creador y aprovechando de piso para desgranar los arquetipos de un género cinematográfico tan estereotipado como efectivo.
Alterio y Julieta Cardinali funcionan como muestra real de la destrucción de un matrimonio, mientras que Quim Gutiérrez y Marta Etura hacen gala de una química convincente y atractiva que ayuda al espectador a permanecer cómplice de una historia tan previsible como exige la situación (en este punto resulta especialmente gracioso ver como el desarrollo de la historia va cambiando a merced de los caprichos de la productora como la incursión, por ejemplo, de cierto viaje a París), teniendo el personaje de Camila como nexo común entre ambas historias en una metáfora perfecta de cómo funciona la inspiración de un escritor.
Con buenas interpretaciones e ingeniosos diálogos (y Carlos Areces, como siempre, en plan roba escenas) la trama avanza sin complicaciones hacía un desenlace que puede no ser del gusto de muchos pero al que no se le puede acusar de tramposo.
Al fin y al cabo, el propio protagonista, mediante su voz en off, lo viene anunciando desde la primera frase de la película.

martes, 21 de abril de 2015

La recomendación del mes: LA CARA OCULTA

La recomendación de este mes proviene de Isa, una compañera de trabajo que se extrañó mucho de que no la hubiese visto y me instó a hacerlo, asegurando que no me iba a defraudar. Desde luego que conocía de antemano la película, aunque en su momento no me interesara demasiado (y no porque sea de los que recelan del cine español, bien lo sabéis). Así que en el comentario de hoy no solo hablaré sobre la película sino también sobre por qué no la vi en su momento, pese a que por ello deba incluir algún spoiler, un spoiler que, dicho sea de paso, viene propinado por la propia distribuidora.
El caso es que en el momento de su estreno recuerdo perfectamente haber visto varias veces el tráiler en el cine. Era un tráiler estupendo, interesante y angustioso, sobre una chica que se oculta en una especie de habitación del pánico para espiar a su pareja, de la que sospecha le es infiel, quedando allí encerrada por accidente. Al final del mismo, algo invitaba a pensar que iba a ser una historia de fantasmas, muy de moda gracias a títulos como El orfanato o Los otros. Eso me dejaba dos opciones: que la película pudiese haber sido un intenso thriller de dramático final muy al estilo de las historias episódicas de Alfred Hitchcock presenta…, lo cual estaría muy bien pero ya me lo habían contado todo en el tráiler (que gran cortometraje podría haber sido, recuerdo haber pensado) o que en el fondo fuese la típica historia de casas encantadas, siendo el tráiler una especie de prólogo, opción más lógica y menos interesante. En ambos casos concluí que la película no me podía ofrecer más de lo que ya me había dado el tráiler.
Ahora bien, una vez redescubierta gracias a Isa, resulta muy diferente la cosa. El film arranca con Belén (Clara Lago) grabando un mensaje de video a su novio Adrián (Quim Gutiérrez) en el cual le dice que lo abandona. Están muy lejos de casa, en Colombia, y el pobre muchacho (que es director de la orquesta filarmónica de Bogotá) queda destrozado con la desaparición de Belén sin tener siquiera posibilidad de réplica. Sólo el afecto de Fabiana (Martina García) una atractiva camarera, ayuda a consolar sus penas, cayendo rendido en sus brazos e iniciando una intensa relación con ella que lo lleva a compartir su casa. Es entonces cuando cosas extrañas parecen suceder en ese lujoso apartamento aislado en un hermoso pero solitario paisaje montañoso.
Aquí la película se frena y retrocedemos al momento en que Belén y Adrián, felices y enamorados, se despiden de Barcelona para embarcarse en su aventura colombiana. Se vuelve a contar de nuevo la misma historia, esta vez desde el punto de vista de la desaparecida, muy Fincher todo, logrando una sensación de incertidumbre y suspense muy efectivo que me podría haber apasionado. Si no hubiese visto primero el tráiler, claro.
Estamos, pues, ante una intrigante y terrorífica historia con un desconcertante triángulo amoroso pero cuyo giro radical y clave de guion es absurdamente revelado y detallado en su tráiler, arruinando toda posibilidad de sorpresa y dejándome sin el suspense necesario para disfrutar de la película tal y como sin duda le habría gustado a su director, Andrés Baiz , que apenas se ha prodigado después de esta película, cuya taquilla quizá se haya visto injustamente mermada por culpa de su mala promoción.
El reparto, casi limitado a los tres protagonistas, encaja perfectamente en la función, en plena escalada al estrellato de Clara Lago (por esta época ya era una cara conocida gracias a Los hombres de Paco) pero aún tendría que saborear las mieles del éxito de Tengo ganas de ti y, sobre todo, Ocho apellidos vascos) y una Martina García correcta, aunque (no nos engañemos) su presencia se debe más a ser una cara bonita que a una interpretación prodigiosa. Uno de los mayores aciertos del film es, sin duda, la participación de Quim Gutiérrez, un actor que no suele ser santo de mi devoción  tiene una mirada oscura que aquí va de perlas para invitar al espectador a dudar sobre si tiene algo que ver o no con la desaparición de Belén.
Lamento profundamente no haber podido ver la película sin el destripamiento argumental al que fui sometido, por lo que no avanzaré más revelando si hay finalmente presencia fantasmal o no, y reservándome el último (aunque algo forzado, me habría gustado más que la película hubiese terminado diez minutos antes) giro argumental.
Con todo, los realizadores no tienen ninguna culpa del desaguisado del tráiler, y la película, valorada de manera independiente, es interesante y atrapa al espectador desde su inicio, manejándolo a su antojo y sin permitirle tener claro conocimiento de si está ante una historia romántica, dramática o de terror, pero haciéndole disfrutar igualmente.


sábado, 7 de diciembre de 2013

TRES BODAS DE MÁS (7d10)

No hay ninguna duda de que dentro del género de las comedias románticas la temática de las bodas luce mejor que ninguna otra. Y es que pocas cosas hay más cinematográfica que una boda, ya sea en su más pura tradición mediterránea, como en El Padrino, exótica, como la de Mi gran boda griega, multiplicada por cuatro, como en Cuatro bodas y un funeral, con final triste, como La boda de mi mejor amigo, o incluso terrorífica, como la de REC3.
De hecho, en lo que llevamos de año ha habido dos grandes estrenos con boda como leit motive: La gran boda y La gran familia española, más otras tantas que no he tenido oportunidad de ver y que, por lo tanto, no tienen comentario en este blog.
Hay para todos los gustos y colores (aunque hablando de bodas el blanco y el rosa son colores obligados), pero aunque aquí he nombrado algunos ejemplos británicos o españoles casi podríamos asegurar que esto de las películas de bodas es una especialidad americana (que parece que solo son capaces de reunir a la familia alrededor de un pastel nupcial o un pavo de acción de gracias), lo mismo que ese otro gran subgénero que son las despedidas de soltero.
Y eso es lo primero que uno aprecia al visualizar Tres bodas de más: su deseo de aproximarse a los convencionalismos americanos sin ningún tipo de disimulo, comenzando con esa hermosa panorámica aérea de una urbanización del Garraf  y continuando con un personaje, el de la desastrosa Ruth, que bien podría haber interpretado Sandra Bullock o, en sus buenos tiempos, Julia Robers, las reinas de las comedias sobre corazones rotos.
No es cosa extraña, si tenemos en cuenta que el director, Javier Ruiz Caldera, ya homenajeó al slastic americano con su debut Spanish  Movie, que vuelve aquí (tras el bajón que supuso Promoción Fantasma) al humor más descerebrado, cogiendo referencias de aquí y de allí y elaborando una receta que, aun teniendo poco de propia, es realmente efectiva.
Así, en Tres bodas de más, podemos encontrar el humor edulcorado del binomio que formaron Rob Reiner y Nora Ephron, la ternura de Richard Curtis o los toques escatológicos de los hermanos Farrelly.
Dice una frase popular que si no te gusta el arroz, toma dos tazas. En este caso, si uno es alérgico a las películas de bodas, ¿qué mejor con encontrarse con tres en la misma película? Y si encima corresponden a los respectivos ex de la protagonista, pues mucho mejor.
Ese es el planteamiento del film, que tras mostrarnos como Ruth es abandonada por su actual novio en medio de… ¿adivinan?... una boda (que será al final la cuarta de la película) se vuelca en su trabajo (es investigadora médica), dejando de lado cualquier tipo de vida social (de la que es totalmente incapaz de disfrutar si no es con mucho alcohol de por medio), hasta que el destino (simpático cabrón) hace que reciba el mismo día tres invitaciones para asistir a las bodas de los tres hombres de su vida que la abandonaron como a un juguete roto. Aunque el primer instinto de la chica es huir de ellas, finalmente decide acudir acompañada por su nuevo becario (y a la postre único amigo) con la esperanza de conocer en alguna de ellas a su gran y definitivo amor, representado en la figura (o no) del cirujano plástico Jonás.
Así, Ruth iniciará un camino de irremediable autodestrucción hasta conseguir un resurgimiento final, un renacer de sus propias cenizas, cual ave fénix, que como en (casi) toda comedia romántica no sorprenderá a nadie (el desenlace se puede imaginar a los diez minutos de película), pero que no importa, porque lo que interesa no es saber a dónde llega, sino lo que pasa por el camino.
Y lo que pasa por el camino son mil y una situaciones a cual más absurda y extravagante que provoca las constantes carcajadas del respetable gracias a un guion inspirado y unos buenos diálogos y, sobre todo, a la aportación de grandes intérpretes cómicos (algunos poco relacionados con el mundillo cinematográfico) como Paco León, Berto Romero o Joaquín Reyes, amén de la participación de otros actores ya consagrados como Quim Gutierrez (que ya estuvo invitado a la boda de La gran familia española y actualmente en cartel también con ¿Quién mató a Bambi?) o Rossy de Palma o la sangre fresca que aporta Martiño Rivas, que parece que lo único que le ha pedido el director que haga es poner cara de guapo y tiene suficiente con ello para componer su papel.
Y luego, claro está, se encuentra Inma Cuesta, Ruth, sobre quien recae todo el peso interpretativo y a la que la cámara persigue durante el 99% de la película. Ella es Tres bodas de más, y sin ella el invento este nunca podría funcionar. Inma Cuesta llora, ríe y ama, logrando hacernos llorar, reír y amar, convirtiéndose en la novia perfecta, tanto en el lado de las abandonadas (¡qué bien hace de perrito apaleado!) como en el lado de las enamoradas.
Tenemos también una pequeña reflexión sobre las relaciones y el amor, pero no queramos buscar donde no hay. Esto es una comedia y no tiene más pretensiones que la de hacer reír, en ocasiones de forma muy políticamente incorrecta. Momentos bestias (novias atropelladas, paralíticas con muy mala leche…) se alternan con otros más tiernos y, aunque no sea una película perfecta, funciona en la mayoría de las veces.

Javier Ruiz Caldera da un salto de calidad, y deberemos estar muy atentos a su próximo paso.

martes, 19 de noviembre de 2013

¿QUIÉN MATÓ A BAMBI? (7d10)

Hace poco escuché un debate en un programa de radio sobre la mala pinta que tenía la película española Espérame en el infierno a juzgar por su trailer, afirmando que eso de los avances era un punto a mejorar de nuestro cine.
Algo así se podría decir de ¿Quién mató a Bambi?, film de Santi Amodeo, que al ver el trailer se puede intuir cierta gracia en su argumento pero que parece plagado de estrellas desganadas que recitan sus diálogos sin convencimiento alguno. Y, efectivamente, debo estar de acuerdo con los contertulios de la emisora: ¡qué mal se hacen los trailers en España!
Y es que pese al avance de situaciones sin sentido, diálogos mutilados y conversaciones sin gracia, lo cierto es que ¿Quién mató a Bambi? ha resultado ser una comedia tan absurda, desmedida y loca como divertida.
Partiendo de dos argumentos aparentemente separados vamos a conocer como Edu (Ernesto Alterio) y Gigi (Enrico Vecchi), compinchados con Mati (Clara Lago) planifican el secuestro del déspota jefe del padre de Edu (José Ángel Egido), interpretado por Pedro Mari Sánchez, para pedir un buen rescate por él. Por otro lado, David (Quim Gutiérrez) es novio de Paula (Úrsula Corberó), hija de la presunta víctima de los secuestradores, quien a su vez es el jefe de su futuro yerno. Durante una entrevista entre ambos el padre de Paula tiene un ataque y David busca la ayuda de su amigo Mudo (Julián Villagrán), pero cuando regresan al despacho de su jefe lo encuentran herido y en ropa interior. Asustados, deciden ocultar el cuerpo del hombre en el maletero del coche mientras deciden la mejor manera de llevarlo a un hospital sin ser acusados de nada. Mientras, el padre de Edu -que es quien ha robado el traje de su jefe, junto con otros objetos personales- se dispone a llevarse también su coche cuando, por error, es encapuchado y secuestrado por Edu y Gigi.
El lío está servido. Estos son solo los diez primeros minutos de esta comedia de enredo inspirada ligeramente en un film mexicano donde todo puede suceder y en la que las confusiones y equívocos irán en aumento hasta llegar a un hilarante final.
Nada tiene sentido en un guion pleno de ridiculeces e incoherencias donde cabe de todo, desde un abogado pastillero, un taxista bizco psicópata, un homenaje final a Resacón en Las Vegas y hasta la aparición especial de Andrés Iniesta. Pero da igual. Si aceptamos el dicho de que el fin justifica los medios,  el fin aquí es la sonrisa constante y la carcajada esporádica. Y eso lo consigue.
Sin más pretensiones que la de hacer pasar un buen rato, ¿Quién mató a Bambi? es por momentos tronchante, con un ritmo bien medido y un desarrollo paralelo de las dos historias bien configurado, con el único pero del montaje atropellado y con saltos en el tiempo de los primeros cinco minutos.
A partir de ahí, Santi Amodeo se luce pintándonos una sonrisa en el rostro.

Y eso siempre es de agradecer.

martes, 17 de septiembre de 2013

LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA (6d10)

No hay ninguna duda que las comedias alrededor de las bodas son casi un subgénero propio. Tras títulos tan recordados como El padre de la novia, Los padres de ella o la reciente y flojita La gran boda llega a las carteleras la versión a la española de todas ellas, un retrato de una familia “tipo” que ante las complicaciones que supone la celebración de una boda deben quitarse las caretas y desnudarse unos a otros, aflorando la realidad que se oculta tras los buenos sentimientos y las sonrisas forzadas.
Ese es el planteamiento de la nueva película de Daniel Sánchez Arévalo, que tras Azuloscurocasinegro, Gordos y Primos se ha convertido en un referente en la comedia de este país y un artista (tanto como director como en su faceta de guionista) muy a tener en cuenta. Con un amplio reparto, La gran familia española nos cuenta en cuatro pinceladas la historia de un matrimonio que se enamoraron viendo  Siete novias para siete hermanos y trataron de emular a los protagonistas de la película de Stanley Donen hasta descubrir que la vida no es tan bonita como en el cine y acabar en un doloroso divorcio, con cinco hijos y una nieta (con nombre de chico, para seguir la tradición) como herencia. Ahora, el pequeño de los hermanos se dispone a casarse con su novia de toda la vida, embarazada para más señas, con la que espera conseguir el “séptimo hermano” y cumplir con el sueño roto de padre, gravemente afectado del corazón.
Comienza así un día de locura que, para más inri, coincidirá con la final del Mundial de fútbol que España juega contra Holanda, produciéndose así dos historias paralelas, la protagonizada por esta arquetípica familia por un lado con inciertos resultados y la de conocido final feliz llevada a cabo por Iniesta, Casillas y compañía.
Quiere Sánchez Arévalo hacer un homenaje al cine que más admira (Siete novias para siete hermanos no es solo una excusa argumental, con las imágenes originales del film se abre y cierra esta película), cayendo quizá en las trampas de este. En su esfuerzo por dibujar a una familia española tipo, como anuncia el título, el director cae al lado contrario, enredándose con tópicos que si bien funcionan con corrección quitan un punto de realismo al asunto. Así, el tema del infarto en medio de la boda, el personaje deficiente, la prima zorrona, o los triángulos amorosos (dos hay en esta boda, aunque resueltos de maneras diferentes), son algo más habitual en el cine que en cualquier boda española habitual, cuya identidad con la realidad se demuestra, básicamente, en la importancia del partido de futbol por encima de convites y otras monsergas.
La película funciona con bastante corrección, pero esquivando el humor absurdo y desenfrenado y resaltando demasiadas situaciones dramáticas como para poder definirla abiertamente como comedia. Y aquí se encuentra tanto su mayor acierto como su principal tara. Por un lado, es de aplaudir que los personajes tengan cara y ojos e inviten a la reflexión a través de las historias paralelas que ocultan cada uno de ellos, sus dramas personales que impera por encima de todo hasta llegar a la conclusión de que lo verdaderamente importante es la unión familiar, mientras que por otro lado, la montaña rusa sentimental que se propone, alternando situaciones difíciles con momentos desternillantes llega a desconcertar, haciendo dudar al espectador sobre si debe reír o llorar o ambas cosas a la vez.
Con todo, la película es sumamente entretenida y los actores están todos de aprobado, consiguiendo Sánchez Arévalo un retrato triste de una familia española pero invitando al optimismo y la esperanza (quizá poco creíble pero de agradecer), aderezada con una bien seleccionada banda sonora.

Y como guinda el pastel, y personen ustedes el spoiler, el gol de Iniesta. ¿Qué más se puede pedir?

sábado, 30 de marzo de 2013

LOS ÚLTIMOS DÍAS (7d10)


Desde que existe el cine son tantas las películas postapocalípticas que hay que casi se podría considerar como un género propio. Normalmente tienen una amenaza monstruosa, tales como zombies (George Romero sentó las bases en Zombie-El amanecer de los muertos, y a partir de ahí ha habido para todos los gustos y colores: Resident evil 3, Bienvenidos a Zombieland...) o vampiros mutantes (como en las diversas adaptaciones de la novela Soy Leyenda, de Richard Matheson), en otras la amenaza proviene de nosotros mismos,  los humanos (caso de The Road, El libro de Eli o la saga Mad Max), puede derivar de un cambio en la escala de mando (El planeta de los Simios y sus secuelas, Terminator Salvation) y en ocasiones nos han obligado incluso a abandonar el planeta (las inminentes Oblivion y After Earth). Los hermanos Pastor (David y Álex) ya se fueron en 2009 a hacer las américas y abordaron el tema en Infectados, donde el causante del diezmo de la humanidad es una enfermedad. Ahora, de regreso a casa (y más concretamente a Barcelona) reinciden en el tema, solo que en lugar de presentarnos un planeta devastado nos van a mostrar cómo empezó todo, como fueron, precisamente,  esos últimos días.
El detonante en este caso es una epidemia de agorafobia, es decir, pánico a los espacios abiertos. Esto, de entrada, podría no parecer muy dramático, pero imaginaos a todo el mundo encerrado en sus casas, en sus oficinas, sin poder ir a trabajar, a comprar... Sería, cuanto menos, el fin de la sociedad, y confinados en el interior de los edificios de la ciudad condal y sin más posibilidad de desplazarse que túneles de metro y alcantarillas va a ser inevitable que para sobrevivir acabe imperando la ley del más fuerte.
En esa situación se encuentran Enrique y Marc (excelente José Coronado y Quim Gutiérrez, quizá el eslabón más débil del film), dos personas muy diferentes entre ellas, que incluso se podría decir que se odian, pero que están obligados a entenderse y colaborar si es que quieren conseguir sus objetivos: Enrique encontrar a su padre, ingresado en el Hospital del Mar y Marc reunirse con su esposa Julia (Marta Etura) a la que espera encontrar en su piso o en su tienda en un centro comercial de L'Hospitalet. Comienza aquí un camino angustioso, dramático,  en el que aprenderán a enterrar el pasado (referencias a la crisis económica y a los recortes empresariales) y a llegar, incluso, a poder ser buenos amigos. Si es que existe un futuro que lo haga posible, claro.
Los hermanos Pastor escriben y dirigen con mano firme, manteniendo el ritmo y la tensión y transmitiendo al espectador la propia claustrofobia de los protagonistas. El cuarto actor de la película (no contaré a una desaprovechada Leticia Dolera) es sin lugar a dudas la propia Barcelona,  pues contemplar sus lugares más emblemáticos totalmente abandonados o directamente devastados (algo novedoso, estábamos acostumbrados a que lo primero que se destruía siempre en el cine era o bien la Casa Blanca o en su defecto la Estatua de la Libertad) es el plato fuerte de la película.

Pero no todo es perfecto es el film de los Pastor. En su presentación, dijeron los realizadores que pretendían hacer una película optimista, y ello es harto difícil cuando estamos hablando de la extinción de la humanidad. Así que para conseguir sus objetivos tuvieron que dar un giro final que perjudica seriamente a la película, actuando como lastre de una historia dramática muy bien construida hasta ese momento.
Sería injusto analizar Los últimos días y obviar ese final, así que aviso que lo que comento a continuación es claramente un SPOILER, así que quedáis avisados por si no queréis conocer el desenlace del film.

Tres son las partes de las que se compone la película, casi como si se quisiera hacer una trilogía con ella. La primera, la que compone realmente la película, termina con Marc encontrando viva a Julia y reuniéndose con ella. Si en este momento terminase la acción  nos encontraríamos con un final más o menos feliz, claramente abierto a la imaginación del espectador, ya que de él dependería suponer e iban a tener un futuro en esa nueva Barcelona o si bien su reencuentro solo les permitiría poder morir juntos. Comienza entonces una nueva película, breve pero concisa, en la que veremos cómo Marc y Julia se adaptan, logran cultivar su propio huerto y sobrevivir al paso del tiempo, viendo nacer a un hijo y creciendo este aparentemente sano. Sobra decir que tras las miserias soportadas por Marc y Enrique durante toda la película todas estas escenas de la feliz vida del matrimonio son poco menos que ridículas e increíbles, y denotan una búsqueda forzada y artificial del mensaje optimista con el que los Pastor arrojan piedras sobre su propia película. No contentos con ello, hay un tercer desenlace, en el que el niño, ya algo crecidito, demuestra no haber heredado de sus padres la fobia a los exteriores, terminando el metraje con un grupo de muchachos harapientos viniendo en su búsqueda y llevándoselo a crear una nueva sociedad al más puro estilo de El señor de las Moscas.  Un nuevo giro de guion que desprecia todo lo bueno visto hasta ahora y que hace que salgamos del cine con una sensación extraña, con un recuerdo final que no convence para nada, alargado y poco creíble. Una lástima, ya que, insisto, si nos quedamos con el primer y lógico final la película estaba siendo francamente interesante.