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miércoles, 27 de noviembre de 2019

SI YO FUERA RICO

La maquinaria de Mediaset se ha vuelto a poner en marcha y están haciendo todo lo posible para que Si yo fuera rico arrase en las taquillas estas navidades. Siguiendo el mismo truco que ya les funcionó muy bien en Perfectos desconocidosSin rodeos o Padre no hay más que uno, es decir, versionar casi literalmente un éxito de alguna filmografía vecina.
Dirigida por Álvaro Fernández Armero, recién salido de la serie Vergüenza, la película parte de una premisa divertida que no termina de saber aprovechar del todo: un hombre, en el peor momento de su vida (sin trabajo ni casa y recién abandonado por su mujer) gana 25 millones de euros en la lotería. Cuando sospecha que su todavía esposa se la pega con otro decide guardar en secreto su nueva fortuna hasta después del divorcio, para ahorrarse así el reparto, pero claro, ya se sabe lo que pasa con los nuevos ricos… Así, sus estériles intentos por disimular esa nueva vida ante su mujer, su familia y sus propios amigos serán la base de toda esta comedia con momentos de humor de brocha gorda y tópicos a cascoporro.
No se deben pedir peras al olmo, y esta no es una película que vaya a cambiar nuestras vidas. Tampoco lo pretende. De hecho, cualquier intento de encontrar algo de profundidad en su guion sería un esfuerzo absurdo. Podría parecer que hay algo de crítica ante el consumismo, aunque luego los problemas se arreglan base de dinero. Podría parecer que hay algo de crítica hacia los intereses bancarios, aunque luego el director el banco se convierte en el mejor amigo del protagonista. Podría parecer que se quiere reflejar eso de que el dinero no da la felicidad, aunque al final…
Así pues, nada de reflexiones sesudas. Esto es una comedia simplona y simpaticona en la que, con gags más o menos inspirados, queda todo a la suerte de la inspiración de sus protagonistas. Y aunque Alexandra Jiménez esté algo menos inspirada de lo habitual (nunca parece tomarse demasiado en serio su papel), el resto cumple con creces, lo que consigue mantener la película a flote.
Al final, esto es una comedia y no aspira a nada más que a hacer reír, sin importar demasiado cuales sean las armas utilizadas. Yo, por mi parte, me reí bastante, aunque a estas alturas ya he olvidado la mayoría de las bromas.
Así pues, estamos ante un producto de consumo rápido, una película en la que no vale la pena profundizar demasiado en sus valores, sino que hay que dejarlo todo en manos del sentido del humor con que cada espectador se enfrente a ella. Divertida lo es, desde luego, pero quizá no todo lo tronchante que se le debería exigir, ya que el tema daba para más y un punto más de mala leche no le habría ido nada mal.


Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 7 de octubre de 2018

OLA DE CRÍMENES

Viendo las primeras críticas negativas de Venom, y ante lo poco que me apetecía el adulcoramiento que esperaba de Christopher Robin, esta era, a priori, la película que esperaba con más ganas de entre los estrenos del viernes, principalmente por la presencia siempre estimulante de Maribel Verdú, ya que me cuesta recordar una película suya de los últimos años que me haya decepcionado (incluso la flojita Fin tenía elementos de interés). 
Sin embargo, una vez vista, Ola de crímenes ha dejado mucho que desear. No porque sea una mala película, sino porque es demasiado simplona y va siempre a lo fácil. Juan Luis Caviaro lo define perfectamente en su comentario para el portal Espinof: es demasiado negra para considerarla una comedia ligera pero demasiado ligera para ser una comedia negra.
Gracia Querejeta vuelve a dirigir a la Verdú tras la interesante experiencia en Felices 140 en una trama desmadrada llena de crímenes y giros de guion imprevisibles, un poco en la estela de títulos como ¿Quién mató a Bambi?, con un reparto espectacular aunque, en la mayoría de los casos, infrautilizado. En el fondo, Maribel Verdú es duela y señora el cotarro y la cámara sólo se centra en ella (quizá en exceso, hasta el punto de que si la película la hubiese dirigido un hombre habría encontrado en ella un evidente toque machista). 
La historia parte del asesinato del exmarido de la protagonista, Leyre (un ejemplo de lo que comentaba del reparto, la presencia de Luis Tosar aquí es casi anecdótica) en manos de su hijo y la cadena de acontecimientos que ello provoca, con policías corruptos, tramas empresariales oscuras (cualquier comparación con el retrato de realidad social de El reino es pura fantasía) y mafiosos e poca monta. Todo es muy delirante, pero a la vez muy tonto, buscando los trucos de prestidigitación en sus trampas de guion que no se molestan en ningún momento en resulta mínimamente verosímiles.
Con ello, el gran trabajo de casting se ve empañado por unos diálogos simples y un guion que no les permite trabajar demasiado sus personajes, con lo que ni siquiera los esfuerzos de Maribel Verdú logran que la película alce el vuelo en ningún momento.
Con todo, dejando las exigencias de lado (si alguien quiere una buena comedia española todavía puede encontrar Yucatán en los cines), la película resulta entretenida, y al menos la puesta en escena de Querejeta es elegante y funcional.
Poco más se puede rascar en una película que posiblemente se olvide rápido y quede como una simple anécdota dentro de la filmografía de sus protagonistas, una broma simpática en una época en que la comedia española merece, por méritos propios, una mayor exigencia.

Valoración: Cinco sobre diez.