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miércoles, 27 de noviembre de 2019

ADIÓS

Aunque no quedé muy satisfecho con la película Tokarev, el debut de Pedro Cabezas en Hollywood de la mano de Nicolas Cage, debo reconocer que con su salto televisivo, encargándose de episodios de títulos tan notables como Penny DreadfulThe StrainFear The Walking Dead o American Gods, le ha portado suficiente experiencia como para, en su regreso a España (nueve años después de su exitosa Carne de neón), componer una de las mejores películas españolas del año, en un 2019 en el que nuestro cine ha estado especialmente sobresaliente.
Para los que siguen teniendo problemas con el cine patrio, insistiendo en que es siempre igual, le propongo el ejercicio de comparar el último estreno recibido, Si yo fuera rico, película prefabricada y en busca de un público acomodado, con esta maravilla que es Adiós. Sí, ya se que son géneros y estilos diferentes, pero no soy yo quien se empeña en meter todo el cine español en el mismo saco, ¿no?
Con un enorme Mario Casas a la cabeza (¿dónde están ahora los que lo criticaban tanto?), la película es un cruel relato de venganza tras la muerte, en un accidente de tráfico, de la niña pequeña del matrimonio formado por el personaje de Casas y el de la también excelente Natalia de Molina. En otras manos (y en otra filmografía), esta podría ser la clásica película de venganzas fraternales que bien podría haber protagonizado Liam Neeson, Mel Gibson o ingluso el propio Nicolas Cage, pero no, esto va de otra cosa, esto va de la España del sur, de la España real, de luchas territoriales entre clanes y familias. Y, sobre todo, va de realidad, de mucha realidad.
Con un tono sucio y hasta desagradable, la película busca más compartir el sufrimiento de los protagonistas que el placer propio de la venganza, poniéndose así en las antípodas de, por ejemplo, El justiciero de Eli Roth. En lugar de eso, Cabezas (que firma el guion junto a Carmen Jimenez y José Rodríguez) apuesta por un tono más intimista donde podemos sentir la pérdida de la niña como nuestra, y haciéndonos entender que, por difícil que parezca, la vida sigue tras la tragedia y que la obsesión ciega por esa venganza, por el todos contra todos, solo puede traer consecuencias aún peores.
Paco Cabezas brilla pues, en el aspecto más personal de la historia, pero esto no significa que se dejen de lado las escenas de acción, espectaculares y brillantemente dirigidas. El asalto al barrio de las 3000 viviendas, la pelea entre la policía a la que da vida Ruth Díaz o la secuencia final son meros ejemplos de que la cinta puede ser trágica y dolorosa a la par que emocionante y adrenalínica.
La España cañí es el escenario ideal para una historia sórdida, de bajos fondos, donde Casas ha tenido que reinventarse (asombroso lo que hace con su acento) para dar un paso más en su brillante carrera, aunque sin por ello desmerecer a un reparto que, en su totalidad, están excelsos.
Adiós, con una banda sonora también impagable (y lo dice alguien a quien no le gusta el flamenco, pero que se le puso la piel de gallina con cada canción) y una excelente ambientación, es una película que no se puede ver cómodamente sentado en la butaca, asaltado siempre por los nervios y que se sigue disfrutando (es un decir) una vez finalizada la proyección. Una joya a la altura de Quien a hierro mata o La trinchera infinita, por nombrar algún ejemplo de cine español angustiante y opresivo de este año.


Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 24 de noviembre de 2018

QUIÉN TE CANTARÁ

Después de la maravillosa, sublime y dolorosa Magical girl, las expectativas ante el nuevo film de Carlos Vermut eran muy altas. Ahora, con el estreno de Quién te cantará, estas han demostrado ser fundadas, y su nuevo trabajo, aún siendo muy diferente a Magical girl, tiene si sello propio, la misma impronta tortuosa y de gran calado que se mantiene en la memoria del espectador días después de haber finalizado su visionado. Las críticas han sido unánimes, llegando a considerarla como una obra maestra del cine español, pero, una vez más, las distribuidoras han demostrado no estar a la altura y, me temo, será otra de esas películas perdidas en la cartelera que no va a llegar a ver casi nadie.
Quién te cantará nace a raíz de la famosa canción de Mocedades y cuenta la historia de Lila, una cantante, estrella de gran éxito en los setenta, que tras unos años en el olvido se prepara para su regreso triunfal a los escenarios. El problema es que un accidente le provoca una fuerte amnesia, y es ahí donde entra en juego Violeta, una de sus mayores fans, cuya vida complicada y asfixiante solo puede ser sobrellevada escapando de ella en el karaoke en el que trabaja y transformándose durante unos minutos en la propia Lila, que será la encargada de recordar a la artista quién era y ensenarle a cantar y bailar como antaño.
Con semejante argumento, Vermut da una vuelta de tuerca al tema de las identidades robadas, siendo aquí la imitadora la que deba conseguir que sea la auténtica la que a su vez la imite a ella para volver a ser ella misma. Un retorcido juego que en manos de Vermut se convierte en un escalofriante cuento oscuro donde los elementos que rodean a las dos protagonistas (la sombra de una madre fallecida, la hija dominante y conflictiva…) se entrelazarán con sus historias formando una madeja de dolor y rencor que traspasa la pantalla y termina por calar en el corazón del espectador.
Más allá del pode de la historia, Vermut consigue además dos méritos imprescindibles. Por un lado, sacar lo mejor de sus protagonistas, Eva Llorach y Najwa Nimri, que consiguen unas interpretaciones impecables con una pausa y una contención perfecta, sin caer en el histrionismo fácil al que sus personajes podrían invitar en varios momentos del film, mientras que por otro la cámara se convierte más que nunca en un elemento de lenguaje más, consiguiendo Vermut que cada plano sea perfecto y culminando el film con una escena (la de la actuación) que es simplemente perfecta.
Así que sí, aunque hay que reconocer que Quién te cantará puede ser una película difícil para cierto tipo de espectador, sí puede hablarse de obra maestra, siendo una película que va de menos a más (la primera parte, de presentación de Lila, amenaza con hacerse un poco cuesta arriba), que tiene una fuerte subida con la aparición en escena de Natalia de Molina (otra interpretación brutal) y que alcanza el clímax en ese momento de fusión casi vampírico entre las dos mujeres, creándose una relación que es casi una experiencia vital y cuyo desenlace puede llegar a ser tan desgarrador como impactante.
Carlos Vermut ya merece estar, al menos en mis pensamientos, en el Olimpo de los grandes directores del cine español. Ahora solo falta que reciba el apoyo necesario para que el gran público, ese que no sabe ver más allá de las superproducciones de Mediaset y compañía, pueda apreciarlo.


Valoración: Nueve sobre diez.

domingo, 28 de octubre de 2018

ANIMALES SIN COLLAR

Jota Linares es un director y guionista especializado en cortos que debuta en el largometraje con Animales sin collar, una especie de thriller político con tintes de drama familiar que parece concebido para mayor gracia de Natalia de Molina.
Con semejantes argumentos, podríamos tener en mente algunos de los éxitos del cine español más reciente, de manera que Animales sin collar hereda de Todos lo saben y Petra ese aroma de enredo familiar con secretos que regresan del pasado para atormentar a los protagonistas junto con la crónica de denuncia política que tenía El reino.
Animales sin collar propone la existencia de un político honrado, un hombre de ideales claro que aspira a progresar con limpieza en su carrera, siempre de la mano de su amante esposa. Pero no todo termina por ser lo que parece, y la situación terminará por escapársele de las manos.
Por mucho que pueda interesar la idea de un político decente, y el buen trabajo de Daniel Grao dándole vida, es el personaje de su mujer, con el siempre excelente trabajo de Natalia de Molina detrás, quien centra la atención del relato, hasta cierto punto que es ella, con sus actos y sus cambios de carácter, quien lleva el propio ritmo del film y lo transforma a medida que avanza la trama.
Lo que en principio parecía una simple intriga palaciega que iba a derivar en la moraleja de que no hay nadie limpio en el mundo de la política resulta finalmente un cuento sobre la hipocresía y los dobles valores y se impone como propuesta casi feminista con el consabido empoderamiento de la esposa del político, una figura siempre en las sombras que, una vez liberada del metafórico collar del título, juega su papel clave en la historia.
Linares consigue mantener el interés de la película en todo momento, consiguiendo una propuesta interesante que, sin embargo, queda muy por debajo de las tres películas anteriormente mencionadas y que, por su proximidad en su estreno, es imposible obviar. Por ello, Animales sin collar queda como una simple propuesta más para dibujar la España actual (en este casi en su versión más rural) que no termina por despuntar en ningún momento y a la que le falta un poquito de garra para conseguir llegar a ser una película realmente recordable.
Interesante y muy correcta, plagada de buenos trabajos interpretativos, pero con poco más que aportar.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 16 de junio de 2018

NO DORMIRÁS

Da la sensación que el cine de terror lleva unos años en un estado de estancamiento preocupante. Quizá es por eso que cuando alguna película se sale de lo preestablecido, aunque sea con una historia muy clásica y reconocible, como el caso de Un lugar tranquilo, se convierta en un clásico inmediato.
Después de un tiempo en que todo eran fotocopias y secuelas, parece que ahora lo que se busca es dar un toque de originalidad a los argumentos, ya sea estrujándose un poco las mentes o recurriendo a casos reales, pero al final todo suele derivar en más de lo mismo. Eso sucedía con la decepcionante Winchester, que con un punto de partida apasionante terminaba siendo un compendio de clichés y calcos de cualquier película de género el montón, y ese es precisamente el caso de No dormirás.
Producida a tres manos entre España, Argentina y Uruguay, No dormirás tiene un punto de partida apasionante, que podría haber dado pie a una película muy interesante si los guionistas hubiesen apostado por una trama delirante pero realista en lugar de buscar el film de terror convencional con psiquiátricos abandonados de por medio. Y es que la historia de una creadora que quiere llevar el mundo del espectáculo hasta límites imposibles e incita a sus actores a entrar en una especie de estado de trance después de días sin dormir para entregarse al máximo al espectáculo, una suerte de perfomance límite, es muy interesante. 
Ahí había una reflexión sobre los límites del artista, el precio de la fama y ese uso del estado de insomnio para transformar al actor en su personaje puede servir como metáfora del uso que otros hacen de drogas o de los extremos a los que algunos amantes del método son capaces de llegar para conseguir una mimetización tal que llega a ser imposible establecer dónde termina el actor y comienza la actuación. Es decir, que podría haber sido una fábula aterradora y angustiante sin necesidad de recurrir al terreno de lo sobrenatural, algo similar a lo que proponía Aronofsky en la desasosegante Cisne negro.
Pero no, en lugar de eso, el director Gustavo Hernández prefiere mirarse en los espejos de gente como Balagueró o Bayona y conformarse con una historia de fantasmas que, en el caso de los directores mencionados les ha funcionado perfectamente, pero que aquí adolece demasiado de un guion que hace aguas hasta el extremo de terminar siendo una solemne tontería, absurda y sin sentido.
Visualmente, la película es impecable. Hernández demuestra su talento en una ambientación exquisita y aterradora, y el trío protagonista está a un gran nivel, con una Belén Rueda cada vez más cómoda como reina del terror gótico patrio y una convincente Eva de Dominici, creíble en ese descenso a los infiernos que vive y capaz de iluminar cada plano con su belleza hipnótica. Eso sí, respecto a la estupenda Natalia de Molina da la sensación de que el tener que hablar con acento argentino termina por lastrar un poco sus esfuerzos interpretativos.
Todo el problema, como digo, está en el guion, que a medida que avanza el metraje se va adentrando en un terreno más torpe y previsible, con unos cuantos sustos telegrafiados (¿de veras en esta época pretenden que alguien se asusten con fantasmas que aparecen de dentro de un armario, debajo de la cama o reflejados en espejos?) y unos giros argumentales incomprensibles, además de tramas secundarias que no van a ningún sitio y trampas que pretenden engañar al espectador pero terminan engañando al propio director, que termina por perder el rumbo de la historia. Eso por no decir de lo ridículo que es que unas personas que se fuerzan al límite por no dormir se pasen todo el tiempo a solas, en habitaciones con camas o escondidos en lugares oscuros.
De poco vale planos tan hermosos como el del incendio cuando narrativamente no tienen ningún sentido. No es este lugar para detallar los muchos absurdos de la trama, por eso de los spoilers (aunque viendo alguno de los carteles de la película que no voy a poner aquí, no parece que eso les preocupe mucho a los productores), pero mi conclusión final es que, o bien el guionista llevaba también varios días sin dormir cuando terminó el libreto o bien yo soy muy corto y no entendí nada de lo que me querían contar.
En fin, una lástima, porque la cosa prometía mucho, pero el desastre es tan grande que el título de No dormirás resulta contradictorio. En varios momentos de la trama dormir es lo que más apetecía.
Eso sí, ¿he dicho ya lo guapa que sale Eva de Dominici?

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 22 de enero de 2017

LOS DEL TÚNEL, el día después del día de mañana....

Pepón Montero escribe (junto a Juan Maidagán) y dirige esta película cuya gracia está en empezar justo donde las demás terminan. Tras un derrumbe, una serie de personajes quedan atrapados en el interior de un túnel y, como en Pánico en el túnel, seguir las instrucciones del Stallone de turno para sobrevivir a la catástrofe hasta poder ser rescatados. Y es precisamente con el consabido rescate que se inicia la película, planteando qué es lo que ocurre después con los supervivientes.
Tampoco es que sea algo completamente novedoso, ya lo hizo Peter Weir en la excelente Sin miedo a la vida), pero aquí, a la hora de profundizar en los traumas que el sentimiento de culpa ante la propia supervivencia y el vínculo que se establece entre los rescatados de forma intimista y traumática se apuesta más por un tono de comedia desenfadado donde Arturo Valls es la gran estrella de la función.
Si tenemos en cuenta que Montero y Maidagán se formaron en la serie Cámara Café, no es de extrañar la participación de Valls en Los del túnel, ejerciendo además de productor. Fue aquí donde se dio a conocer, y aunque lo tengamos más presente en su faceta como presentador de concursos nunca ha abandonado su carreta de actor, aunque no fue hasta la insultante Rey Gitano que dio el paso de hacerse con un papel de cierta relevancia.
En Los del túnel es, por fin, el gran protagonista en una historia que, por otro lado, pretende tener cierto aire coral. Es por eso que de las simpatías o fobias que el actor provoque en el espectador la película vayan a funcionar mejor o peor, no dejando apenas espacio para lucir a otros nombres ilustres de la escena como Natalia de Molina, Neus Asensi, Teresa Gimpera y muchos más, siendo Raúl Cimas el único que, por su personaje, aspira a robarle algo de protagonismo (real y figurado) a Valls.
Lo malo de la película es que pretende navegar entre dos aguas, alternando la comedia costumbrista con el drama intimista de manera algo irregular. Valls interpreta un poco al tipo de siempre, macarra y graciosete pero insensible ante los problemas de los demás, pero pretende aportar un toque de profundidad que al final de la historia se revela como un supuesto viaje interior (suyo y de sus propios compañeros) que le revela la verdad de la vida paralelamente a mostrarnos la verdad de la película previa que solo conocíamos por su final.
Un ejercicio metafórico loable pero no totalmente satisfactorio. La película no llega a emocionar ni a transmitir esa trascendencia que existía en el film de Weller pero, lastrado por el intento, tampoco es una comedia disparatada y tronchante.
A medio camino de todo es, al menos, un film simpático y entretenido, una apuesta algo diferente y que funciona bastante bien por momentos, aunque en su conjunto cojee ligeramente, sobre lo que ocurre “después de”.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 10 de abril de 2016

KIKI, EL AMOR SE HACE: Todo lo que usted siempre quiso saber sobre sexo...

Confieso que entré en la sala a ver Kiki, el amorse hace con ciertos reparos, sin saber exactamente con qué me iba a encontrar. Todavía no creo que Paco León haya demostrado ser un gran director con sus dos “experimentos” en homenaje a su madre  Carmina, por lo que verlo enfrentándose a una película “de verdad” se planteaba como un gran desafío, y más con una base argumental tan peliaguda como pretender hacer una comedia sobre sexo que, sobre el papel, podría ser más apropiada para alguien como Almodóvar que para un novato como León.
Sin embargo, una vez vista la película, Kiki, el amor se hace se ha convertido en un verdadero descubrimiento. Con un protagonismo coral repartido en diversas historias que más que entrecruzarse se rozan a duras penas, un elenco de actores muy interesante y las filias sexuales más extrañas que pueden existir (y existen, esa es la gracia), la película es una sucesión de gags desternillantes, capaces de arrancar la carcajada como pocas veces he presenciado en el cine en mucho tiempo, capaz de reflejar las relaciones sexuales con tanta naturalidad como buen gusto (aunque hay que reconocer que en los momentos más poéticos visualmente hablando abusa un poco del tópico con muy poca sutilidad).
Naturalmente, pasa lo que pasa siempre con las historias corales, que siempre hay alguna historia que funciona mejor que la otra y cada espectador tendrá su preferida mientras que le puede sobrar alguna otra, aunque personalmente considero que la media está muy bien equilibrada y que ninguna llega a desentonar con respecto a otra.
La dacrifilia (excitación mediante las lágrimas), elifilia (atracción sexual por ciertos tejidos), somnofilia (desear sexo con alguien dormido), harpaxofilia (excitación sexual en momentos de violencia, como un atraco), triolismo (el gusto por el sexo en grupo) son las cinco filias que abordan las cinco parejas protagonistas. Inspirada en la película australiana The Little death, de Josh Lawson, Fernando Pérez y el propio Paco León han configurado un guion casi perfecto, que eludiendo la vulgaridad y midiendo muy bien los escasos aunque necesarios desnudos del film se atreven a hurgar con humor en temas peliagudos (y no me refiero solo a los sexuales), sin pasarse en ningún momento de la raya ni resultar ofensivos pese al humor negro (muy negro) que riega constantemente la película.
El reparto está espléndido, algo habitual en Natalia de Molina, Belén Cuesta, Candela Peña o Alexandra Jiménez, pero con grandes trabajos también de Luis Callejo, Álex García, David Mora, Luis Bermejo, Ana Katz, Mari Paz Sayago, Maite Sandoval o, por supuesto, Paco León.
Mantiene León el tono naturalista que destacaba en las dos entregas de Carmina, incrementado por el detalle de que la mayoría de los personajes comparten nombre de pila con sus intérpretes, pero definitivamente el sevillano se corona como un gran director y compone una película brillante, divertidísima e imprescindible para aprender a acometer riesgos y salir triunfante de ellos. Y es que, como el mismo director dijo en la presentación, no hay que tener miedo de hablar de sexo. Al fin y al cabo, todos venimos de un kiki, ¿no?

Valoración: Ocho sobre diez.

miércoles, 29 de julio de 2015

SOLO QUÍMICA (5d10)

En ocasiones surgen películas que, sin saber muy bien cómo, rompen los moldes preestablecidos y consiguen demostrar que no todo está dicho en el mundo del cine. En otras ocasiones, sin embargo, es dolorosamente necesario enfrentarse a bodrios insufribles que son imposibles de aguantar y mucho menos de justificar. Y en ocasiones, también,  nos encontramos con cosas como esta…
Solo química navega por los mares de la nada más absoluta. Cuesta suspender esta película porque no está mal interpretada, no está mal dirigida y no carece de elementos que podrían llegar a resultar interesantes, pero todo lo que cuenta, todas las bazas con las que pretende ganarnos, son tan tediosamente previsibles, tan faltas de espíritu, fuerza u originalidad que cuesta también ponerle una buena nota.
Solo química empieza como un alegato en contra del amor como concepto romántico, con la historia de Oli, dependienta de una perfumería, enamorada de un galán televisivo, Eric Soto, sin darse cuenta de que quien bebe los vientos por ella es su compañero de piso, Carlos. Sólo con esta premisa ya pueden ustedes imaginar todo lo que va a suceder. Y todo lo que están imaginando, sin un solo cambio, sin una sola sorpresa, sucede.
Siempre se ha dicho que las comedias románticas están marcadas a fuego por unos esquemas inamovibles (aunque Marc Webb se saltó el esquema en (500) días juntos), pero seguirlos tan a rajatabla con una apatía tan descarada como hace Alfonso Albacete en esta película resulta espantosamente tedioso.
Y eso que, pese a la historia de amor prefabricada, Solo química podría tener argumentos para convencer gratamente, pero está plagada de elementos increíblemente desaprovechados, como la presencia estéril de Natalia de Molina en el reparto, la subtrama mal contada del gimnasio en bancarrota del padre de Oli y la posibilidad de hacer una crónica sobre el descenso a los infiernos de un actor cuando cae en desgracia. Esto último podría haber sido lo más inteligente y una buena manera de aprovechar la historia de Eric soto, el astro televisivo al que se le empieza a apagar su estrella y le toca disfrutar de la cara amarga del mundo del espectáculo. Y eso por no comentar la escena en la que la protagonista, la tímida e insegura Oli, se convierte en una especie de superheroína de acción. Una escena que te saca totalmente de la película.
Albacete, más que narrar una historia parece estar haciendo un publirreportaje, a medio camino entre el homenaje a la ciudad de Barcelona, la crónica rosa alrededor del mundillo del cine español y un anuncio de perfumes. Por eso, lo mejor de la película es su fotografía, sabiéndose aprovechar muy bien de la belleza de la ciudad condal, del glamour y el lujo de todo lo que rodea al afamado actor y del culto a su propio cuerpo. Porque si hay algo que destaque en la película, eso sí, es la belleza de un actor que no duda en salir sin camiseta siempre que puede para que Albacete le dedique recorridos en primer plano a cámara lenta, para regocijo de las féminas.
Al menos, para que nos sirva de consuelo, el director murciano ha sabido rodearse de un buen casting, pues junto al trío protagonista formado por Rodrigo Guirao Díaz, Ana Fernández y Alejo Sauras podemos reconocer por ahí también (algunos simples cameos, que concepto tan de moda últimamente) a José Coronado, Neus Asensi, Rossi de Palma, Silvia Marsó, Bibiana Fernández, María Esteve o Martina Klein.
Elementos para hacer algo interesante tiene, pero al final se queda en tierra de nadie, en una peli tonta del montón con chicos buenorros, chicas monas, canciones pegadizas y postales bonitas.
Ni chicha, ni limoná…

lunes, 27 de abril de 2015

CÓMO SOBREVIVIR A UNA DESPEDIDA (3d10)

Si ya hace tiempo que hemos dejado atrás el (falso) sambenito de que el cine español son solo tetas y Guerra Civil y hemos superado la sensación de que el único cine de calidad podían ser comedias costumbristas e historias de terror, esta película supone un paso atrás en el prestigio de nuestra filmografía y a buen seguro dará buenos argumentos a aquellos espectadores indocumentados y patanes que aprovechan el más mínimo traspiés para echar pestes sobre el cine patrio cuando seguramente habrán pagado con gusto por ver basuras como Cincuenta sombras de Grey o comedietas americanas de medio pelo.
La realidad es que Cómo sobrevivir a una despedida es una película mala, rematadamente mala. Englobada en una nueva ola de comedias españolas que están cautivando al público tras estrenos recientes como Tres bodas de más o ¿Quién mató a Bambi? (porque no sólo de Ocho apellidos vascos vive en cine), Cómo sobrevivir a una despedida llegaba a las carteleras con la intención de convertirse en uno de los títulos de este año siguiendo una premisa bastante coherente: si el año pasado triunfaron las bodas (también hay que recordar el éxito de La gran familia española, toda ella situada durante la celebración de una), es hora de dar paso a las despedidas de soltero.
Por supuesto, el cine está plagado de películas sobre despedidas de soltero, pero si hay una que sin duda merezca pasar a la historia fue la que protagonizaron hace unos años Bradley Cooper y Zack Galifianakis entre otros y que se convirtió en exitosa trilogía: Resacón en Las Vegas. Podrían pensar ustedes que las comparaciones son odiosas y que hablar de Resacón en Las Vegas para analizar Cómo sobrevivir a una despedida es injusto por mi parte. Pues para nada.
Tras un irregular arranque en el que sin demasiada gracia y a medio camino entre el videoclip (hay momentos que la banda sonora parece un recopilatorio de Flash fm o algo así) y el publirreportaje (sin duda media película debe estar financiada por Turismo de Canarias) en el que se nos presenta a las cinco amigas protagonistas (cuatro chicas y un gay), una peña desde la infancia y a las que la vida ha distanciado y que con la excusa de la boda de ellas pretenden revivir juergas del pasado, la película da un salto en el tiempo de varias horas para trasladar al grupito protagonista a una serie de situaciones a cual más absurda y desquiciante sin que ninguno de ellos recuerden lo más mínimo de lo sucedido durante la noche (ya que sin saberlo ellos han consumido una potente droga) y deben dedicar la mañana siguiente a resolver los vacíos en sus recuerdos y componer el puzle que les permita salir del embrollo en que se han metido. ¿Les suena de algo?
Efectivamente, Cómo sobrevivir a una despedida no busca inspirarse, sino que copia descaradamente a Resacón en Las Vegas aunque sin la gracia de aquella, limitándose a proponer una serie de situaciones tan absurdas como previsibles tras otra, con toques de humor burdo y hasta desagradable, y con unos personajes a los que se quiere dotar de profundidad dramática pero que terminan siendo meros estereotipos, siendo Natalia de Molina (con el carisma que ya demostró en Vivir es fácil con los ojos cerrados) la única que se salva de la quema y donde no falta ni el cameo del famosillo de turno como hiciera Mike Tyson en la película fotocopiada.
Aun siendo su séptima película confieso no conocer de nada el trabajo de la directora, Manuela Moreno, pero se ha lucido en esta patochada que carece de gracia y llega, en algunos momentos, a insultar la inteligencia del espectador.
Me temo que, una vez más, los que disfrutan criticando al cine español tendrán en Cómo sobrevivir a una despedida un buen argumento.

viernes, 15 de noviembre de 2013

VIVIR ES FÁCIL CON LOS OJOS CERRADOS (6d10)

Si comienzo diciendo que nos encontramos ante una película española ambientada durante la dictadura franquista posiblemente lo primero que pensareis es: ¡venga, otra más!
Sin embargo, en esta ocasión, esa oscura etapa de nuestra historia reciente no sirve como base para un alegato político crítico con el régimen, sino como simple telón de fondo para una historia tan sencilla como (a priori) amarga que, en forma de road movie coral y con John Lennon como excusa argumental, desemboca en un mensaje optimista y cargado de buenas intenciones (quizá incluso demasiadas) cuando se torna en una historia sobre la lucha interna y el espíritu de superación.
Sin ser ni de lejos la mejor película de David Trueba, el hermano pequeño de Fernando se basa en una historia real (la de un profesor de Albacete que utiliza las letras de las canciones de los Beatles para enseñar inglés y se desplaza hasta Almería para tratar de conocer en perdona al líder del grupo de Liverpool con el propósito de convencerle para que añadan las letras de las canciones en las fundas de los discos) aderezada con retazos autobiográficos para confeccionar el periplo de tres personajes diametralmente opuestos como son el profesor, una joven embarazada que huye de su pasado y un adolescente que huye de su propia indeterminación, que no solo conectaran desde el primer momento sino que terminarán enseñándose unos a otros lecciones de lo que es la vida y cómo enfrentarse a ella.
Apoyada sobre todo en una exquisita ambientación de la época y unos personajes totalmente empáticos, la historia de Trueba peca demasiado de sencillez, dejando un buen pero breve sabor de boca, y con la sensación de que se queda tan solo a las puertas de la grandeza a la que podría aspirar. Por ello, lo mejor del film son sus intérpretes, con un Javier Cámara tan brillante como nos tiene acostumbrados y dos promesas con un gran futuro, como Francesc Colomer, ya visto en Pà Negre, y la desconocida Natalia De Molina, con el encanto de una sencillez tan arrebatadora que, sin necesidad de una belleza deslumbrante, enamora sin concesiones.
Sin ellos, la película sería una simple sucesión de situaciones simpáticas pero sin alma, pero que con sus interpretaciones se torna apasionada y emotiva,
También ayuda la participación de Eduardo Antuña y los breves cameos de Jorge Sanz, Ariadna Gil y Valentí Guardiola (el padre de Pep), además de dos secundarios de lujo como son el Seat 850 del protagonista y la presencia, casi espiritual, de Lennon y su legendaria Help.
Concluida la visualización quizá uno se quede con ganas de más, sintiendo que falta algo que termine de redondear el círculo, pero nada podrá evitar que una sonrisa se dibuje en nuestro rostro y nos sintamos un poquito más felices, lo que pese a las carencias que pueda tener la película, es más que suficiente para justificar el precio de la entrada.

Y es que, efectivamente, hay veces en que vivir es fácil. Solo hace falta que luchemos por ello.