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domingo, 14 de julio de 2019

ANNABELLE VUELVE A CASA

De vuelta al Warrenverso, ese universo propio que se sacó de la manga James Wan hace ya unos años y que cuenta con películas bastante interesantes (en concreto las que él mismo dirigió) combinadas con otras ciertamente horribles (las dos últimas, sin ir más lejos), Annabelle vuelve a casa es la tercera parte de la saga sobre la muñeca maldita que arrancó con mal pie en el 2014 y remontó algo en su secuela de 2017, pero es a la vez una especie de precuela de Expediente Warren: The conjuring, ya que aquí vemos como la muñeca llega a manos de los  Warren.
Ya de entrada, es estimulante la presencia de Patrick Wilson y Vera Farmiga, aunque sea solo de manera circunstancial, dando pie a un prólogo que nos remite a los mejores momentos de la saga. A partir de ahí, será su hija quien protagonice el cotarro, juntamente con su canguro, una amiga de esta y una especie de noviete, algo que puede parecer muy trillado (y lo es, desde luego), pero que gracias a un guion solvente se acepta sin demasiados problemas, consiguiendo que se simpatice con ellos y se den por buenas las dudosas decisiones que este tipo de personajes suelen tomar para que una película así pueda seguir avanzando.
No es que Annabelle vuelve a casa sea una película aterradora, pues tras un prometedor inicio el mal rollo va perdiendo fuelle y hasta se intuye un ligero humor autoconsciente, pero al menos consigue ser suficientemente efectiva para que no aburra en ningún momento y el interés por los protagonistas nos mantenga en tensión. Sí se desaprovecha de parte sus infinitas posibilidades al permitirnos entrar en esa especie de “cámara de los horrores” que los Warren tienen en su casa, siendo más un disfrute por su exceso de personajes que por lo bien utilizados que estén, pero sin duda puede servir como catálogo de futuros spin-off como ya sucediera en su momento con La Monja.
Dirigida con buen ritmo narrativo por Gary Dauberman, que debuta tras las cámaras después de haber escrito los libretos de las anteriores Annabelle y de It, reafirmándose como especialista en el género, el reparto sufre un cambio de cromos en el caso el personaje de Judy Warren (por evidentes motivos de edad), encarnándola en esta ocasión la magnífica Mckenna Grace, de sobras conocida por haber interpretado a la versión joven de las protagonistas de Yo, Tonya y Capitana Marvel y haber participado en Independence day: Contraataque o Un don excepcional, amén de sus trabajos televisivos (La maldición de Hill HouseEl joven SheldonSucesor designado), confirmándose como una gran promesa. Junto a ella, está el rostro reconocible de Madison Iseman, la protagonista de Pesadillas 2 y una de las integrantes el cuarteto “real” de Jumanji, de la que tiene a punto de caramelo la secuela.
Sintiendo mucha desconfianza por esta película, una de las sorpresas de Annabelle vuelve a casa es que no abusa de los jumpscares, apostando más por el uso de personajes inquietantes sin que ni siquiera Annabelle llegue a tener una presencia cansina. No es terror del bueno, ni tampoco una comedia tan bestia como la que proponía Muñeco diabólico, pero al menos sube algo el listón del Warrenverso (no dejo de pensar qué mala era La Llorona) y demuestra que hay vida más allá de James Wan.
Un entretenimiento digno y, desde luego, la mejor película de la saga de la muñeca (y eso que la segunda era bastante aceptable), que no por ello no debería ser la última.


Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 22 de junio de 2019

GODZILLA. REY DE LOS MONSTRUOS

Una regla básica al hacer la secuela de un blockbuster es que esta tiene que superar con creces a la película anterior. En el caso de Godzilla, rey de los monstruos esta norma se cumple con creces, pues si el Godzilla de Gareth Edwards era bastante aburrida, esta secuela resulta literalmente insoportable.
Sí, hay muchos más monstruos, y más acción. Pero, como parece marca registrada en Warner, es una acción oscura, de esas en las que cuesta ver lo que está pasando. Tras las críticas que tuvo el film de Edwards por lo poco que se veía al monstruo protagonista, aquí el lagarto de marras luce bastante más (aunque en metraje mucho menos de lo que cabría esperar), pero como deberían haber aprendido del cine de Zack Snyder (y el prólogo de esta película es casi un calco de Liga de la Justicia), mucha destrucción no siempre es sinónimo de mucho espectáculo.
Resulta evidente que no soy muy partidario del anterior Godzilla, aunque sí pude rendirme ante el poderío visual de Edwards (poderío confirmado posteriormente con Rogue One), pero con Michael Dougherty (realizador de productos simpáticos pero muy menores como Krampus Truco o trato, comedias de terror que nada tienen que ver con una superproducción como esta) se da un paso atrás, siendo la música de Bear McCreary lo único destacable de esta secuela.
Y es que pese a que el realizador ha demostrado ser competente en sus trabajos anteriores y el reparto vuelve a ser bastante estelar (tanto como desaprovechado), de poco vale cuando el guion es tan ridículamente malo como este. De nuevo la propuesta de Warner/Legendary comete el mismo error de su antecesora de minimizar la faceta humana, con personajes arquetípicos que, aunque ocupan mucho tiempo en pantalla, no tienen apenas nada interesante que decir. Además, las situaciones son ridículas, y cada vez que parece que un protagonista hace algo que no puede ser más torpe, la escena siguiente te demuestra que no hay límites para la sandez.
Todo ello hace que, pese a estar hablando de una película con monstruos gigantes pegándose de leches entre ellos (unos supuestamente “amistosos”, como si los millones de muertos que deben causar no contasen), el resultado final sea totalmente insatisfactorio. Tal y como está aquí planteado es totalmente absurdo el concepto de un Godzilla protector de la humanidad, y se nota demasiado que todo es, en realidad, una mera excusa para allanar el camino de cara a la cuarta entrega de la saga (recuerden que entre ambas Godzilla se sitúa Kong, la Isla Calavera, ligeramente mencionada aquí), esa Godzilla Vs. Kong que verá a la luz sólo porque ya está en producción, pues los discretos resultados en taquilla de Godzilla: el rey de los monstruos invita a pensar que esto del Universo Compartido de Monstruos es más un capricho de Warner en su intento de clonar el éxito de Marvel (ya que el Universo de DC parece haber caído en el olvido y del Dark Universe de la Universal mejor ni hablar) que no por una demanda del público.
Imagínense lo torpe que el guion que, para ahorrar sufrimientos, el propio título (y por una vez no es culpa de la traducción española) anuncia ya como va a terminar el film. Ver para creer…

Valoración: Cuatro sobre diez.

lunes, 5 de febrero de 2018

EL PASAJERO

El Pasajero es la cuarta colaboración entre el director catalán Jaume Collet-Serra y Liam Neeson tras Sin identidad, Non stop (sin escalas) y Una noche para sobrevivir.
Este realizador barcelonés afincado en Hollywood tiene unas señas de identidad tan claras y definidas que resulta difícil que ninguna de sus películas lleven a engaño. En El pasajero, heredera de films de suspense hitchconianos como Extraños en un tren o incluso con dejes de los sospechosos por eliminación propios de Agatha Christie, con Asesinato en el Orient Express como mejor referencia.
En El Pasajero no hay, aparentemente, ningún asesinato, pero sí un misterio por resolver. El protagonista, un hombre que lleva diez años tomando a diario el mismo tren de cercanías y que conoce de vista a casi todos los pasajeros habituales, recibe la oferta de localizar a una persona en concreto a cambio de una generosa suma de dinero. Todo, casualmente, el día que le comunican su despido.
Este es el punto de partida de una trama imposible, llena de giros absurdos y situaciones inverosímiles que, como no podía ser de otra manera, están brillantemente resueltos por Collet-Serra. Pese a lo bien que lo hizo en los espacios abiertos de su última película, Infierno azul, el director está habituado a los espacios cerrados y claustrofóbicos, y su cómplice Neeson se mueve como pez en el agua entre los estrechos vagones de un tren abarrotado que terminará, como dictan los cánones, con los principales sospechosos reunidos en un mismo vagón.
Peleas realistas, explosiones, descarrilamientos y otros tópicos del cine de acción decoran la trama permitiendo que el director se luzca como nunca, aunque esa dejadez en el argumento termina por aguarle un poco la fiesta. Además, no sé si por culpa de la producción o debido a las carencias en la exhibición, algunos momentos se me antojaron excesivamente digitales, dándome la sensación de que en demasiados momentos se le ve el truco, convirtiéndola en una pirotecnia demasiado artificial.
Con todo, el tándem Collet-Serra/Neeson vuelve a funcionar, más si además tenemos de regalo la presencia de Vera Farmiga y se dejan ver por ahí actores de la talla de Patrick Wilson, Sam Neill o nuestra Clara Lago.
Película imposible de analizar en profundidad, pero disfrutable como espectáculo, que cumple las expectativas y hará las delicias a los fans del género.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 19 de junio de 2016

EXPEDIENTE WARREN: EL CASO DE ENFIELD. Al fin una gran película de terror.

Tras su periplo por el mundo de los atracos y la velocidad que le supuso Fast & Furious 7 y antes de ponerse manos a la obra con Aquaman, el director James Wan regresa a su terreno más conocido, el terror, para narrar un nuevo caso real (tómese esto con pinzas) del matrimonio formado por Ed y Lorraine Warren, a los que ya nos presentó en Expediente Warren pero que no aparecían en el spin off de dicha peli: Annabelle, de la que también se ausentó el propio Wan.
Antes de entrar de lleno en mi opinión de esta película, y sin ánimos de pecar de humilde, estoy obligado a comerme mis propias palabras una vez releída mi reseña de esa primera Expediente Warren, una película inquietante pero poco más donde Wan me parecía más un maestro de la manipulación que un gran director. Tras demostrar que es capaz de cumplir a los mandos de un blockbuster (su paso por la saga de Vin Diesel fue apoteósico, por más que la desgraciada pérdida de Paul Walker ayudó en su despegue en taquilla), Wan me ha convencido también de lo gran director que puede llegar a ser, cosa de la que yo dudaba en dicha reseña.
Expediente Warren: El caso de Enfield es una estupenda película de terror, pero más allá de los sustos, las escenas inquietantes y el mal rollo de la historia (en la que vuelve a firmar como guionista Wan, por cierto), la película es, ante todo, un ejercicio de virtuosismo que la ponen muy por encima de otros productos mundanos del género. James Wan, que constituye una pieza por momentos más dramática que aterradora, sabe dotar a su historia de fantasmas y demonios de ligeras dosis de acción e incluso un toque de humor que, en lugar de desentonar como en otros de sus productos anteriores (véase el caso de Insidious 2), aporta un punto de ligereza necesaria para aliviar tensiones, mientras que se permite narrar también una historia de amor, de miedo a la pérdida y de unión familiar. 
Y lo hace regalándonos interesantes planos secuencias, jugando con los reflejos y moviendo la cámara con una sutileza de la que carecían sus otras películas.
Expediente Warren: el caso de Enfield narra la historia de una mujer abandonada por su marido que, mientras trata de subsistir con sus cuatro hijos, descubre que hay un ente diabólico en su propia casa, residuo de un antiguo propietario. Sorprende (y aplaudo) que se rompa el tópico de mujer aterrada a quien nadie cree y supone un alivio el circo mediático en que su hogar se convierte, hecho que permite la entrada en escena de los Warren, oprimidos por sus propios problemas.
Así, el matrimonio interpretado por Patrick Wilson y Vera Farmiga tiene su propia entidad, en lugar de ser los típicos secundarios sin historia ni pasado, mientras que la fabulosa interpretación de la joven Madison Wolfe, vista últimamente en Trumbo, ayuda a contagiarse del terror y la angustia que su posesión (real o imaginaria) provoca.
Y sí, también hay sustos. Y algunos muy efectivos. Y también alguna presencia que se va a convertir en icónica (baste decir que Javier Botet está en el reparto). Pero eso para mí es casi lo de menos.
Expediente Warren: el caso de Enfield funciona mucho más que como una simple película de terror. Y ello es, principalmente, mérito de James Wan.
Y de Elvis Presley, por supuesto…

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 26 de octubre de 2014

EL JUEZ (7d10)

Pululan por Hollywood algunos grandes actores de increíble talento que se ven relegados a un solo personaje que parece impedirle hacer otro tipo de interpretación.
En ese sentido, el magnífico y reinventado Robert Downey Jr. Es un claro ejemplo, pues tras su redención tras una época oscura y olvidable su Tony Stark de Iron Man lo convirtió en todo un fenómeno de masas y uno de los actores mejor pagados de la industria (basta con ver lo que va a embolsarse por aparecer en la tercera parte de El Capitán América). Pero el carisma del propio Tony Stark es el precio a pagar, y hasta en su otra franquicia estrella, Sherlock Holmes, se adivina algo del descaro y la prepotencia del engreído millonario de Marvel.
Por eso aplaudo la aparición de una película como esta, un drama intenso aunque con ligeros alivios que invitan a la sonrisa, donde Downey Jr. tiene un papel a su medida (no es casualidad que él y su esposa sean productores) en el que pueda coger a Tony Stark y desnudarlo hasta lograr humanizarlo, lanzándolo al lodo y enseñarnos que también sabe sufrir.
El juez arranca con la presentación de un abogado, Hank Palmer, que podría ser un calco del mencionado Stark, descarado, excesivo y muy pagado de sí mismo, que al conocer la muerte de su madre debe regresar a su pueblo natal, Carlinville, donde, aparte de enfrentarse a un error de su pasado (y la presencia de su hermano es un recordatorio constante) y a una exnovia con un posible secreto sobre él, se encontrará con su padre, juez del condado, con el que no se ha dirigido la palabra en años.
Al ser el juez Palmer acusado inesperadamente de homicidio, Hank debe prolongar su estancia en la tierra de su infancia para encargarse de su defensa, hecho que provocará que la relación entre padre e hijo avance, quien sabe si hacia una posible reconciliación o hacia el abismo definitivo.
Con un plantel de secundarios de lujo (ahí están Vera Farmiga, Vicent D’Onofrio y Billy Bob Thornton), la película aborda diversos argumentos relacionados con el pasado de Hank para terminar decantándose por dos tramas vitales: el juicio y su relación con su padre. No cabe duda de que, por encima de todo, ese es el quid de la cuestión, cómo un padre e un hijo pueden llegar a convertirse en dos desconocidos llenos de odios y reproches y el camino que debe conducirlos, irremediablemente, bien a la redención, bien a la condenación.
Aunque podrían buscarse segundas lecturas a la trama (en esta época convulsa que vivimos de corrupción y desfalcos puede verse como un soplo de aire fresco saber que también un juez puede caer bajo el peso de la ley), es evidente que toda la película gira en torno al abogado y al juez, a sus disputas, gritos y lágrimas. Y por ello eran necesarios dos actores capaces de estar a la altura, dos monstruos interpretativos que, por encima de guiones y escenificaciones, supieran cargar con el peso de la trama en sus espaldas.
Y si Downey Jr. está genial en su papel de hijo, Robert Duvall está sublime en el de padre. Este veterano actor, al que creí ver algo perdido y agotado en la reciente Una noche en el viejo México, de Emilio Aragón), está aquí más en forma que nunca, posiblemente camino al Oscar (al menos en forma de nominación) y comiéndose a todos sus compañeros de escena sin aparente dificultad.
Con una duración algo excesiva (media hora menos habría sido de agradecer), la película es una lucha constante entre dos grandes actores cuya química traspasa la pantalla y  que consiguen que el juicio alrededor de lo que gira todo sea algo secundario y que la incertidumbre de si van a terminar abrazándose o abofeteándose sean más interesante que el veredicto de inocencia o culpabilidad.
Intensa y emotiva, El Juez invita a reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida. Y sobre con quién debemos compartirla. Y pocos mensajes hay más importantes que estos…


domingo, 21 de julio de 2013

EXPEDIENTE WARREN: THE CONJURING (5d10)

Dicen por ahí que James Wan es el nuevo rey del terror americano. Narices no le faltan, desde luego, a este realizador nacido en Malasia que en lugar de buscar el acomodo fácil de los remakes ochenteros que tanto pululan por ahí últimamente prefirió buscarse las habichuelas por su cuenta y, partiendo de sus propios guiones, crear una nueva saga que iba a convertirse casi de inmediato en un clásico. Me estoy refiriendo, por supuesto, a Saw, que escribió y dirigió en 2004 y cuyas continuaciones dejó en manos de otros (aunque se mantuvo como productor desde la 2 a la 7), aunque se encargó de escribir también el argumento de la tercera parte. Cuando todo el mundo se dio cuenta del nuevo filón y comenzó a copiarlo, abusando del kétchup en mil y unas producciones, él se desmarcó diciendo que el terror del futuro debía prescindir de la sangre, y se embarcó en una historia más clásica de fantasmas como Insidious, que volvió a dar en el clavo y de la que ya está rodando la secuela.
En este estilo habría que incluir a Expediente Warren, el relato verídico (cada uno que crea lo que quiera) de un matrimonio famoso por sus estudios parapsicológicos y su caso más aterrador (bueno, no sé si será realmente el más aterrador, pues están preparando ya el rodaje de una secuela que se basará en otro caso real investigado por estos señores). El matrimonio Warren, formado por Ed (Patrick Wilson, que ya estaba en Insidious y al que podemos recordar también como protagonista de Watchmen) y Lorraine (Vera Farmiga, la estupenda actriz de Up in the air, Infiltrados o Código fuente, por ejemplo) que deciden ayudar a la familia Perron (Lili Taylor, que ya lo pasaba mal en La Guarida y daba muy mal rollo en Rescate, es la única cara conocida de este matrimonio con cinco hijas) que se mudan a un caserón cercano a un lago poblado por diversos espíritus, uno de los cuales quiere poseer a la madre y obligarla a matar a su benjamina.
Lo mejor de la película, aparte de sus actores, de una calidad sorprendente en este tipo de producciones, es la construcción narrativa, que nos muestra las historias de los Warren y los Perron de forma paralela hasta que sus historias se unen definitivamente, en lugar de hacer que los investigadores (los verdaderos protagonistas del film) aparezcan en mitad de la trama, como sucedía en Poltergreist, por ejemplo.  Lo peor es que, pese a lo bien construida que está la atmósfera y lo efectivos que son los sustos no se puede evitar la sensación de haberlo visto todo con anterioridad. Fantasmas que se reflejan en espejos, sombras, pies de ahorcados, cajas de música, posesiones… si, vale, quizá no todo junto en una sola película (y que nos insisten en que es todo real, incluyendo en los títulos de crédito fotografías de los personajes originales) pero todo me resulta ya muy manido, muy conocido. Los sustos te podrán hacer saltar de la butaca, pero en ningún caso te acompañarán a casa y se meterán en tu cabeza a la hora de dormir, como debería hacer una buena película de terror. En este sentido Wan ha fallado, quizá lastrado por no poder manipular el guion a su antojo.
Y permitidme que me aleje por un momento de la película, pero no puedo evitar comentar un curioso dato sobre el director, ya que acaba de confirmarse cuál será su próximo proyecto una vez finalice Insidious 2 y antes de Expediente Warren 2… ¡¡¡Fast & Furious 7!!! Eso sí que puede dar miedo de verdad, más cuando en esta película demuestra que no es un virtuoso con la cámara, precisamente, buscando más los movimientos torpes con aire documental y planos largos y lentos, algunos demasiado, que el ritmo frenético adecuado para una película de acción.

En fin, miedo y mal rollo, pero no el suficiente. Solo Wilson y Farmiga permiten que la película esté algo por encima del montón de exorcismos que vemos en cine mes sí, mes no. Algo es algo.