Todo
el mundo sabe que, según la leyenda, cuando un niño se ha portado bien a lo largo
del año en Navidad recibe la visita de Santa Claus (o Papá Noel, o San Nicolás,
llámenlo como quieran) y este les recompensará con regalos. Pero existe otra
leyenda oriunda de Los Alpes menos conocida que hacer referencia a un espíritu
demoníaco que es el reverso tenebroso del simpático gordito al que todos
conocemos y que en navidad se dedica a castigar a los niños que han sido malos,
llegando incluso a llevarse con él a los niños más conflictivos.

Otro
detalle que a priori puede desconcertar es el reparto: con Adam Scott y Toni Collete
a la cabeza y David Koechner , Allison Tolman y Conchata Ferrer secundándolos,
era fácil pensar que estábamos ante la típica comedia navideña de cada año,
aunque los carteles y algunas imágenes previas invitaban a pensar en un film de
terror. ¿Qué nos podemos encontrar, pues, en este Krampus americano?

Además,
para rematar la faena, Dougherty evita el uso de efectos digitales, recurriendo
a marionetas y animatronics de toda la vida, con lo que ofrece un tono intencionadamente
cutre pero delicioso a la película, un delirio con galletas de jengibre asesinas,
cajas sorpresa amenazantes o payasos aterradores (bueno, en el fondo todos los
payasos son aterradores, ¿no?)
En
definitiva, una broma macabra muy bien concebida que arranca como aparente (y
tópica) denuncia al capitalismo navideño (esas peleas en las jugueterías
remiten, por ejemplo, a Un padre en apuros) para derivar en un festival del
terror muy cachondo y gamberro. Recomendable, pues, para todos los públicos
excepto niños demasiado impresionables.
Y
el final, lo que más miedo me daba mientras disfrutaba de la proyección,
redondo.
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