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viernes, 31 de enero de 2020

LAS AVENTURAS DEL DOCTOR DOLITTLE

Stephen Gagham es un irregular guionista firmante de títulos como la interesante Traffic, la denostada El Álamo, la leyenda o la encomiable Syriana, aunque en su faceta de director apenas tenía dos películas en su haber, la propia Syriana y Gold, la gran estafa, vehículo para el lucimiento de Matthew McConaughey demasiado heredera de El lobo de Wall Street de Scorsese.
Con semejante bagaje, marcado por cierto aire de seriedad, cuesta pensar cómo se ha metido en el embolado que ha resultado ser Las aventuras del doctor Dolittle, una demencial propuesta a medio camino entre la estupidez, el cuento infantil y la fantasía heroica. Vamos, un popurrí bastante absurdo.
En una de las pocas ocasiones de ver a Robert Downey Jr. alejado de su armadura de Iron Man, la película se centra completamente en su personaje, el peculiar doctor con el poder de hablar con los animales que en poco o nada se parece a la encarnación que realizara, en el 1998, Eddie Murphy.
El problema de la película es que tiene momentos tan infantiles que rozan el ridículo, mientras en otros se parece optar por un tono más adulto que desconcierta al respetable. Además, siendo una producción menor de lo que debería, el CGI de los animales está muy alejado de los ejemplos recientes de El libro de la Selva o El rey León, ambas de Jon Favreau, mientras que el protagonista nunca parece tomarse muy en serio su papel (y eso que está acreditado como productor). Quizá los múltiples problemas durante el rodaje y el retraso de su estreno hayan incidido en ello.
Solo algún secundario destaca ligeramente, como los paródicos Michael Sheen o Jim Broadbent, aunque quien realmente salva la función es Antonio Banderas, de lejos lo mejor del film. Una película que, por cierto, debe ganar enteros en su versión original, pues con el reparto de voces sí que han sabido poner toda la carne en el asador.
En fin, una película torpemente dirigida y muy ridícula (no está a la altura de Catspero no se queda tampoco muy lejos) que solo puede llegar a hacer disfrutar a los más pequeños y menos exigentes. Debo confesar que, en mi sala de cine, abarrotada de niños, hubo bastantes aplausos al final de la sesión, lo cual podría invitarme a pensar que soy yo quien está equivocado. Pero la realidad es que estamos ante el primer fracaso estrepitoso del año, así que parece que tampoco los niños han decidido salvarla.

Valoración: Cuatro sobre diez.

domingo, 28 de abril de 2019

VENGADORES: ENDGAME

En el primer tráiler de Vengadores: Endgame, Tony Stark dice algo que luego serviría como serviría como frase promocional para el poster: “una parte del viaje es el final”.
Me resulta difícil imaginar una definición mejor para esta película, una película que podría dar miedo de antemano, pues si bien el éxito lo tenía asegurado de antemano, el gran hype que producía podría haber jugado en su contra.
Efectivamente, esto no es solo una película. Esto es el final de un viaje. Un viaje que se inició hace once años con Iron Man y que ni siquiera tras la gloriosa Los Vengadores de Joss Whedon podríamos imaginar que alcanzaría un nivel narrativo y emocional como el que ha conseguido en su tramo final.
Ya está, se terminó. Hemos disfrutado, amado, llorado, gritado y luchado durante una larga lista de películas, alguna mejor que otra, alguna mítica y otra casi olvidable, y solo nos queda ese último momento de recoger el equipaje y volver del aeropuerto, que es lo que supone, tras Endgame, el saber que el fin definitivo de la Fase Tres del MCU es, en realidad, Spiderman: Lejos de casa.
¿Y qué es lo que nos han dado los hermanos Russo para cerrar esta parte de la historia del cine? Pues ni más ni menos que un hito, una obra que trasciende lo puramente cinematográfico. Más allá de sus cualidades técnicas (que las tiene, y enseguida hablaré sobre ello), Vengdores: Endgame supone, tal y como ya pasaba con Infinity War, un antes y un después para el séptimo arte. No solo va a arrasar en taquilla, sino que va a ser un film referencial para generaciones futuras que va a cambiar la concepción del propio cine (en una época en la que parecía que el futuro estaba en manos de plataformas tipo Netflix) y que demuestra que ls grandes películas deben disfrutarse en grandes pantallas, con cientos de desconocidos emocionándose a la vez, con risas y aplausos y esa sensación palpable en el ambiente de que todos nos estamos emocionando como si de un solo corazón se tratase.
Hay algunos nombres que deben considerarse pilares fundamentales del MCU (centrándonos en el plano artístico, si miramos hacia los despachos quienes merecen sendas estatuas en la entrada de Marvel Studios son Kevin Feige y Sarah Finn): John Favreau, el que lo empezó todo, Joss Whedon, el que le dio forma, y los hermanos Russo, quienes lo elevaron a las alturas. Tras dar forma definitiva a la imagen del Capitán América y demostrar que no todo son risas y colores en el MCU con las fantásticas El Soldado de Invierno y Civil War (y aquí hay que nombrar también a los guionistas Christopher Markus y Stephen McFeely, que ya firmaron el libreto de El primer vengador y han seguido escribiendo al Capi hasta este glorioso final), ellos se han encargado de culminar la mastodóntica saga del Infinito y, incluso, asentar las bases de lo que está por venir. Lo han hecho, además con valentía y coherencia, algo que se contrapone con la otra gran saga cinematográfica que culmina también este año (sumémosle eso al final de Juego de Tronos y resultará que el 2019 es un año amargo para el fandom). Y es que, si siempre es tentador comparar los éxitos de Marvel con el errático camino cinematográfico de su competidora comiquera de DC, en esta ocasión me parece más interesante mirarlos en el reflejo de Star Wars, que al fin y al cabo pertenecen a la misma madre, aunque no lo parezca. Y es que en cuestiones de hype el año pasado la cosa estaba muy igualada, con los fans haciendo cientos de teorías de lo que iba a suceder con sus héroes preferidos y tratando de averiguar (destripar) guiones que se guardaban con un secretismo absoluto. Pero mientras la locura argumental ha dominado el camino galáctico hasta el punto de que Los últimos Jedi parecían más pendientes de contradecir las teorías de Internet que de contar sus propias historias (hasta el punto de que Joe Johnson puede ser el principal culpable de todo lo malo que vaya a tener El ascenso de Skywalker), los Russo han optado por la coherencia, sin salirse de un plan determinado. Su Endgame se ha rodeado de mucho secretismo, es cierto, y ellos son los primeros que han jugado con el espectador para mantener sus cartas bien ocultas, pero eso no implica que se hayan obsesionado hasta tal punto como para traicionar su propia historia.
Así, en el lado argumental, se podría decir que Endgame es completamente previsible. Una de las teorías más difundidas sobre la manera de derrotar a Thanos era la de los viajes en el tiempo (algo que finalmente se terminó por insinuar claramente en Ant Man y la Avispa), y se especulaba con que gran parte de la película fuese sobre los Vengadores tratando de recuperar las dichosas gemas en diversos momentos del tiempo. Y así ha sido, sin sorpresas ni cambios absurdos de guion de última hora. En lugar de eso, los Russo han desarrollado una trama inteligente y llena de giros y golpes de efecto que permiten que, aun sabiendo que la cosa iba de lo que ya se sabía que iba, cada escena fuese una emoción diferente, cada plano ofreciera una sorpresa nueva y la magia volviera a impactarnos tal y como sucediera ya en Infinity War.
Cierto que las emociones aquí son diferentes. No tenemos ese impacto final que supuso ver a la mitad de la humanidad (héroes incluidos) desapareciendo, pero eso no significa que ver las consecuencias de aquello y como los supervivientes han sabido enfrentarse a sus propios temores sea menos intenso y doloroso. Incluso el final, donde no había duda alguna de que los héroes volverían (hay películas confirmadas de la mayoría de ellos) y que Thanos sería derrotado, es tan impactante y emotivo como para que, de nuevo, las lágrimas amenacen con aflorar.
Y todo ello con una película que, para ser un blockbuster de tres horas de duración (que pasan en un suspiro, todo sea dicho), tiene posiblemente menos acción de lo esperado. Hay más momentos intimistas y de conversaciones de lo que cabría esperar, pero funcionan perfectamente bien y no hay un solo minuto que parezca estar de más, que reste interés a la obra. Una obra, eso sí, que vuelve a ser tan heredera de esas veintiuna películas anteriores que no es muy recomendable ver Endgame si no se conocen bien las bases sobre las que se sostiene, siendo, para sorpresa de muchos, la historia de Ant man más importante que, por ejemplo, la de La Capitana Marvel.
Además, los Russo han hecho quizá su mejor trabajo como realizadores, no ya por la pericia visual que ya demostraron sobradamente en El soldado de Invierno, con unas escenas de lucha impactantes (cabe destacar cierto plano secuencia realmente espectacular), sino por saber marcar un  ritmo preciso, aportando más humor que en sus tres trabajos anteriores sin que este desentone en ningún momento, consiguiendo que personajes que podrían parecer ridículos tengan en realidad una profunda carga dramática (cada uno se enfrenta al dolor y al fracaso de una manera diferente)  y midiendo el tempo con precisión de relojero.
A ello ayuda también la simbiosis perfecta que se da entre los actores y sus personajes. Resulta ya casi imposible imaginar a ningún héroe Marvel con un rostro diferente al del actor que lo interpreta, y es tal el nivel de compromiso que la productora ha conseguido con ellos (y esto es algo que va más allá de los generosos cheques que puedan ofrecerles) que la película se convierte en un quien es quien del MCU, con la presencia de actores (aunque sea en escenas de apenas unos segundos) del pasado y que consiguen que este sea realmente un fin de fiesta.
Y, como debería suceder, algo de amargura queda al terminar una fiesta. Es por ello que, pese a que la película se dedique a contrarrestar los acontecimientos traumáticos de Infinity War, un deje de amargura quede tras los créditos finales (sin escena postcréditos esta vez, como para subrayar que la cosa va en serio). Y es que, por hermoso que sea un viaje, las despedidas siempre son tristes. Y esta película es, toda en sí, una gran despedida. Hermosa, emotiva, nostálgica y apasionante, pero despedida, al fin y al cabo.
Los héroes (algunos de ellos, al menos), volverán, pero parece evidente que las cosas ya nunca volverán a ser lo mismo. Es difícil que una película cierre una saga millonaria (de la que se sabe que habrá continuación) con la sensación de que algo va a cambiar para siempre. Endgame lo ha conseguido.
Este es otro mérito más de la que, posiblemente, y vista en conjunto con Infinity War (¿acaso no son ambas una sola película de más de cinco horas de duración?) sea la película más importante de la década, sino del siglo. Una película que cambia las reglas del juego y que sienta unos precedentes que, por otro lado, son casi imposibles de imitar.
Sin duda, no todo es perfecto, y habrá quien pueda reprocharle algo al film, como el uso de algunos personajes, la poca presencia de otros o algún as de la manga que huele a truco de guion más que a otra cosa, pero al final esto corresponde más a decisiones creativas que a fallos cinematográficos, lo cual es algo siempre subjetivo. Para el que esto escribe, resulta impensable hacerlo mejor. Allá donde esté, Stan Lee se sentiría orgulloso.
Nuff Said!

Valoración: Nueve y medio sobre diez.

sábado, 28 de abril de 2018

VENGADORES: INFINITY WAR

Una vez más (y no será la primera ni la última) nos encontramos ante una película difícil de reseñar. Siendo, como es, la película más esperada del año (de la década, para algunos), a partir de este fin de semana van a haber cientos de críticas y opiniones por la red, y seguro que de nuevo hay sentimientos contrastados y enfrentamientos diversos.
Y es que para empezar a valorar Vengadores: Infinity War lo primero que habría que hacer es definir su condición de película.
Porque, ¿es, realmente, Vengadores: Infinity War una película? Si la tratamos como tal hay que decir que resulta sumamente entretenida, muy emocionante y con suficientes toques de humor para contrastar con el tono de desesperación general que rezuma la trama. Sin embargo, podría parecer que todo ello es insuficiente. El valor humano, el trasfondo social o la profundidad de personajes que incluso a una película de superhéroes se le debería exigir es apenas apuntado en pequeños detalles, en esbozos que la propia imaginación del espectador debe terminar de rellenar para poder lograr una empatía total con los protagonistas. Así que podría llegar a entender a todo aquel espectador ocasional que se acerque a este film y lo defina como una disparatada sucesión de peleas sin sentido, un espectáculo pirotécnico a merced de un villano de opereta con un montón de héroes que no importan demasiado porque no hay tiempo ni espacio para explicar sus dilemas ni sentimientos.
Sin embargo, esto no es una película. Ni mucho menos. Eso es, en realidad, el clímax final de una. Ni siquiera eso. La primera parte del clímax final de una. Así, no es posible comprender ni disfrutar de Avengers: Infinity War sin conocer de antemano las dieciocho películas anteriores (no todas son imprescindibles, pero toda ayuda es poca para conocer mejor a los personajes y lo que les mueve). De hecho, son las películas de los hermano Russo, directores de esta Infinity War, las que más profundidad y carga social tienen, con unas tramas de trasfondo más político que superheróico (Capitán América: El Soldado de Invierno y Capitán América: Civil War). Sin embargo, han decidido enfrentarse a esta nueva pieza del puzle que compone el MCU dando por sentado que estamos ante un capítulo más, con todas las piezas ya conocidas puestas sobre el tablero (es curioso, de hecho, que el propio espectador conozca más a los personajes de lo que se conocen ellos mismos) y centrarse tan solo en el gran cataclismo que se venía anunciando desde hace años, en concreto desde Los Vengadores de Joss Whedon, con ese Thanos como la gran amenaza para la humanidad.
Es por ello que puede que la película no alcance el festival que para el fandom supuso esa primera reunión del supergrupo, donde Whedon supo crear unas interacciones perfectas y compuso la película de superhéroes definitiva. Pero para evitar comparaciones, los Russo juegan casi a lo contrario y rematando lo que comenzaron en Civil War presentan a los personajes iniciando caminos diferentes, con lo que tocará esperar para ver la definitiva dinámica de equipo que todos deseamos (algo habrá que guardar para la ya rodada conclusión, todavía sin título oficial). Recordando una popular saga de los cómics, esto casi podría haberse llamado Vengadores Desunidos. Un gran acierto, dicho sea de paso, porque esa división de los protagonistas en los pequeños grupos que ya nos venían anunciando los trailers permite repartir mejor los tiempos y no saturar con batallas interminables y confusas.
Aceptando, pues, que no hablamos de una película, sino de una serie cinematográfica que pisa el acelerador al acercarse a su final de temporada, Vengadores: Infinity War es una delicia en todos los sentidos. Quizá el mayor mérito de todos es como los Russo han logrado conjugar personajes derivados de películas tan diferentes y hacer que todo funcione con naturalidad. Es cierto que muchas veces se ha acusado a las películas del MCU de estar demasiado influenciadas por el “método Marvel”, pero personalmente nunca he aceptado que se traten de meras fotocopias, teniendo cada una de ellas su propia personalidad. Sin embargo, cuando uno ve Infinity War y aparecen por primera vez los Guardianes de la Galaxia casi podría creerse que está James Gunn tras las cámaras, mientras que es inevitable pensar en Jon Favreau al ver las escenas individuales de Iron Man o reconocer a Watts en los momentos de lucimiento de Spider-man (quizá quien se encuentra más como pez fuera del agua en toda la película).
La gran incógnita estaba en saber si Thanos iba a ser por fin ese gran villano que Marvel necesitaba, el gran talón de Aquiles de la saga (solo Loki había convencido completamente hasta la fecha, aunque Hela y Killmonger, de Thor Ragnarok y Black Panther respectivamente, apuntaban maneras). Y lo cierto es que sí, es ese villano de gran injuria, con un enorme poderío físico, capaz de poner en jaque a todos los héroes del Universo. Sus motivaciones bien pueden resultar simplistas, incluso se podría decir que son las mismas que han tenido miles de villanos de cine a lo largo de la historia (me viene a la mente Kingsman, pero hay muchos más ejemplos en la saga Bond, en Inferno...), magnicidas en potencia que justifican sus actos por el bien de la humanidad. Quizá aquí la diferencia es que en algún momento vemos sus resultados, lo que a sus propios ojos lo convierten más en un salvador que en un destructor, aparte de ese deseo de aleatoriedad que le otorga un cierto sentido de justicia.
Este es el único apunte social en una película que no va a dar que hablar por su debate anti Trump, por su defensa de las minorías o por su aportación al feminismo. Aquí todo es acción y drama, drama y acción, y aunque hayan unos cuantos chistes, en ningún momento logran (ni lo pretenden) empañar la gran sensación de peligro que representa este Thanos, tan peligroso por sus ideas como por su fuerza bruta.
Así, Vengadores: Infinity War no es otra cosa que lo que prometía. La mayor reunión de héroes hasta la fecha (aunque me anticipo a decir que se va a quedar corta con respecto a la por ahora conocida como Vengadores 4), con mucha acción espectacular, mucha épica y, definitivamente, muchas muertes, como venían avisando los propios directores. Sin entrar en spoilers, ya aviso que los Russo no engañan a nadie, y que algunas de las muertes que se ven en pantalla serán solventadas en la siguiente entrega. Pero mucho me temo que no todas. Infinity War es una película definitiva y una gran oda a esos diez años de MCU, pero también una película con sabor a despedida y cuyo final produce un cierto bajonazo anímico, que solo se arregla, parcialmente, gracias a la inevitable escena postcréditos, que va a hacer que ese años de espera que tenemos por delante para ver la resolución (endulzado por en medio con Ant-man y la Avispa y Capitana Marvel) se nos vaya a hacer muy largo.
Con unos actores entregados a la causa, entre los que sobresale un Josh Brolin que consigue hacerse notar pese a las capas de CGI que componen su rostro de Thanos, verdadero centro espiritual del film, y unos Russo portentosos a la hora de manejar la cámara y medir los tiempos, logrando una película sombría y trágica donde no desentonan las pinceladas de humor, Infinity War es, definitivamente, la película definitiva del género y un film que marcará un antes y un después en la industria del cine. Y es que se nota que, por más que esto sea un negocio y lo que prime sea ganar dinero, los Russo han conseguido hacer una película desde el corazón. Y eso siempre termina transmitiéndose a través de la pantalla.
No es que todo sea perfecto, y puestos a ser quisquilloso uno podría llegar a encontrar algún pequeño defecto en la película, como algunos desajustes con respecto a los dos films inmediatamente anteriores de la compañía (imagino que los Russo trabajaron esta Infinity War sobre los guiones de estas, no viéndolas terminadas hasta que ya era tarde para ciertos cambios) o la escasa presencia (o directamente ausencia) de algún personaje, pero es es precio a pagar por una experiencia fílmica única, a la que las dos horas y media de metraje se hace incluso insuficiente y que supone un hito en la historia del cine.
En resumen, un gran espectáculo palomitero que no decepcionará a nadie. A nadie que sepa a lo que se está enfrentando, dese luego. Yo, por mi parte, estoy deseando hacerle un segundo visionario. Y es que es tanto lo que ocurre en tan poco tiempo que apenas se puede llegar a asimilar a la primera.

Valoración: Nueve sobre diez.

lunes, 31 de julio de 2017

SPIDERMAN HOMECOMING, el verdadero amigo y vecino Spiderman

Spiderman ha vuelto a casaGracias al acuerdo al que llegaron hace un par de años con Sony, pese a no recuperar los derechos, Marvel consiguió incorporar al trepamuros en el MCU, de manera que pudiera codearse con Los Vengadores y el resto de superhéroes de La Casa de las Ideas. Ya en Capitán América: Civil War tuvimos un aperitivo, pero faltaba por ver cómo sería dejar volar al arácnido solo, más teniendo en cuenta que este es su tercera versión en poco tiempo.
Aun siendo una película Sony, todo el desarrollo creativo ha estado en manos de Marvel, con Kevin Feige a los mandos, y eso se nota. Spiderman homecoming no es, de forma intencionada, una gran película, no estando el bueno de Peter Parker entre la élite, sino perteneciendo más bien a esa clase media en la que se encontraría Ant man, Dr. Strange o Los Guardianes de la Galaxia
Es por eso que en lugar de tener villanos excesivamente megalomaníacos, el Buitre al que interpreta magistralmente Michael Keaton es mucho más terrenal, y se insiste mucho en la imagen de “héroe del barrio” de Spidey, recuperando incluso el slogan de “su amigo y vecino Spiderman”. No hay en esta Homecoming grandes amenazas cósmicas, invasiones alienígenas ni gemas del infinito, pero sí mucha diversión, buscando constantemente un entretenimiento puro con un aroma juvenil muy deudor del cine de John Hugles.
El primer cambio con respecto a las anteriores versiones fílmicas de Sony es la práctica reducción de los elementos dramáticos, empezando por obviar todo lo referente a la muerte del tío Ben o a los orígenes de los poderes arácnidos. No es que esta no sea una película de origen, porque en el fondo sí lo es, pero en lugar de contarnos lo de siempre se decide convertir a Tony Stark en esa figura paternal/mentor que, sin necesidad de pronunciar la célebre frase, enseñe a Peter eso de que todo gran poder… La clave, sin embargo, radica en que estamos ante un Peter mucho más joven que en las anteriores encarnaciones, lo que se traduce también en alguien más impulsivo y arriesgado, cuyas buenas intenciones no le impiden cometer errores. Se esto trata, en el fondo, Homecoming, del proceso de aprendizaje del héroe, que deberá pasar de novato a profesional hasta aspirar, en un futuro cercano (en Los Vengadores: La Guerra del Infinito, para ser más exactos), a convertirse en Vengador.
El Buitre, por su parte, forma parte de esa galería de villanos secundarios del comic, mucho menos históricos que El Duende Verde, el Doctor Octopus o Veneno, pero igualmente carismático, el cual, pese a cambiar notablemente con respecto al tebeo, mantiene alguna de las características básicas, como la relación personal con Peter (en los comics llega intimar con tía May, aquí… bueno, aquí hay otra cosa). Es, además, un villano moderno, un demagogo de esos que culpa de todos sus males a los poderosos (aquí no se culpa a los bancos o al gobierno, pero sí a Stark, que no deja de ser una especie de mezcla entre ambos estamentos), justificando así sus fechorías (es todo por proteger a su familia). Un villano que podría resultar esperpéntico pero que con el rostro de Keaton resulta fantástico, quizá de los mejores villanos Marvel hasta la fecha, a la altura del Loki de Hiddleston.
Sí es cierto que las versiones de Maguire y Garfield podían parecer más fieles al comic, pero esa es otras de las especialidades de Feige, transformar los personajes sin violar nunca su esencia. Así, este Spiderman y sus secundarios resultan una mezcla entre el Spidey original y el de la línea Ultimate, incorporando cosas del Spiderman Superior (toda esa ayuda tecnológica) e incluso sentando las bases de un posible futuro de la mano del Spider-man de Miles Morales.
John Watts, novato en esto de dirigir superproducciones, consigue hacer encajar todas las piezas a la perfección, consiguiendo un ritmo perfecto, con escenas espectaculares, grandes dosis de humor y el toque justo de seriedad. Tom Holland, por su parte, tal y como ya nos dejara intuir en Civil War, logra ser el Peter Parker definitivo, haciendo olvidar a sus predecesores y augurando un gran futuro al personaje.
Este nuevo Spiderman llega de la mano de Los Vengadores, pero ese no es más que un peaje para rodearlo de un ambiente que nos sea más familiar, sin llegar a sobrecargar. Es por ello que la presencia de Stark es adecuada y hay mucho menos Iron Man de lo que hacían presagiar los trailers y carteles. Tanto es así que incluso su mano derecha, ese Happy al que da vida John Favreau, tiene más presencia en pantalla que el propio Robert Downey Jr. Y aun así, nunca se pierde de vista que esta es una película de Spiderman y solo de Spiderman, siendo él (bueno, y Peter Parker) la verdadera estrella de la función.
Quizá la apuesta por el tono de comedia escolar más que por la epicidad le quiten algo de pretensiones, y no llegue a ser nunca una película de mil millones de recaudación (como imagino le habría gustado a Sony), pero de lo que no cabe la menor duda es de que es la película que todo fan del personaje (hastiado ya de que sea la sexta película en quince años) estaba esperando.
Puede que Spiderman Homecoming no sea una película perfecta, pero lo cierto es que se me hace muy complicado buscarle algún error.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 30 de abril de 2016

CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR. Rozando la perfección.

Apenas un mes más tarde del estreno de Batman v.Superman: El amanecer de la Justicia, y con el debate entre sus seguidores y detractores todavía vigente, nos llega la otra cara de la moneda, la apuesta de Marvel por reflejarnos el conflicto internos entre los héroes abanderados en sus días más oscuros.
Como si de vasos comunicantes se tratara, mientras en Warner intentan poner algo más de humor en sus producciones (al menos en comparación con la oscuridad de la trilogía de Nolan y El hombre de acero) en la acera de enfrente se están poniendo cada vez más serios. Parece inevitable hacer comparaciones entre ambas compañías, más cuando sus últimas apuestas parten de la misma base (un conflicto entre dos grandes héroes que termina en una lucha sin cuartel debido a las manipulaciones del villano de turno), pero aunque parece innegable que en Warner tratan de construir su propio universo mirando de reojo a la competencia en Marvel tienen los cimientos bien construidos y no se preocupan más que por seguir adelante por su propio camino.
Efectivamente, Capitán América: Civil War (una película tan impresionante que podría ser el colofón de cualquier saga pero que sin embargo no es más que la primera piedra de la fase tres que culminará con La guerra del Infinito) es la lógica consecuencia de los hechos descritos en Capitán América: El Soldado de Invierno y Los Vengadores: la era de Ultrón.
Tras el impecable trabajo realizado por Joss Whedon, los hermanos Anthony y Joe Russo se han coronado como los grandes constructores de Marvel tomando el relevo del neoyorquino. Después de los acontecimientos vistos en películas anteriores en las ciudades de Nueva York, Washington y, sobre todo, en la nación de Sokovia, las muertes de inocentes pesan sobre las conciencias de los Vengadores y el gobierno decide tomar cartas en el asunto. Los tratados de Sokovia son un acuerdo por el cual el equipo pasará a ser un grupo gubernamental, pero ello significaría regirse por los intereses particulares de una entidad concreta, algo que va contra los ideales que siempre ha defendido Steve Rogers.
Durante toda la saga las diferencias entre Iron Man y el Capitán América han sido recurrentes, pero será ahora cuando sus posiciones serán más enfrentadas, obligando al resto de héroes a tomar partido por uno de los dos.
Los Russo han creado una historia compleja e inteligente, con un villano de gran nivel sin necesidad de grandes artificios ni mascaradas de opereta, y que sin pretender buscar un debate profundo y pretensioso sí invita a posicionarse en favor de uno u otro bando. Necesariamente alejada de su contrapartida en los comics, Civil War es una película donde se refleja el peor momento de los superhéroes, en la que se crearán diferencias irreconciliables y para la que no puede haber vencedores, sólo derrotados.
Los Russo consiguen además dos grandes méritos: por un lado manejar un reparto impresionantemente extenso sin que se les escape de las manos, con momentos de brillo para cada uno de los personajes pero sin olvidar que en todo momento es el Capitán América y solo él quien está en el centro de la historia (junto a su relación con Iron Man por un lado y con el Soldado de Invierno por otro), mientras que por otro consiguen presentar nuevos personajes con coherencia y eficacia. 
Tenemos aquí a Pantera Negra y al nuevo Spiderman brillando con luz propia, provocando aplausos en la gradería, y  de los que, sin perder más tiempo del necesario,  se cuenta lo justo para entender los personajes y sus motivaciones.
Todo ello, con escenas espectacularmente bien filmadas, quizá no tan plásticas como las de Whedon pero con grandes coreografías, creíbles y sin la sobrecarga de CGI que amenazan con deformar películas similares.
Todo en Civil War rezuma grandeza. Hay mil guiños para los fans que no entorpecen al argumento para los profanos, tiene el toque justo de humor, la grandeza de Spider-man (y el cachondeo autoreferencial con tía May), una sorpresa enorme, apuntes para posibles romances futuros, el recuerdo justo y necesario a los ausentes y, sobre todo, dolor, mucho dolor.
Y aunque pueda parecer un tópico, en este caso no lo es: a partir de ahora las cosas ya no volverán a ser iguales.
Posiblemente, la mejor película de superhéroes hecha hasta la fecha. No es perfecta, como ninguna película lo es, pero difícilmente puede mejorarse.
Pura grandeza…

Valoración: Nueve y medio sobre diez.

lunes, 4 de mayo de 2015

LOS VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN (8d10)

Había mucha expectativa ante la llegada de esta nueva película de la saga de Marvel. No era para menos. Los Vengadores (2012) de Joss Whedon rompió todos los pronósticos y batió auténticos récords de taquilla, ascendiendo al tercer puesto de las películas más taquilleras de la historia. Resultaba verdaderamente emocionante ver lo que iba a ser capaz de conseguir su secuela.
Sin embargo, habría que empezar señalando que Los Vengadores: la era de Ultrón no es para nada una secuela de aquel exitoso título, sino un episodio más en la titánica saga que Marvel está creando desde que debutara como productora propia con Iron man, creando una compleja historia río (de acuerdo que algunas de las películas tienen poca conexión con la trama de las gemas, pero alguna semillita hay siempre) que derivará, Dios mediante, en La guerra del Infinito. Así pues, Marvel y Whedon han planteado esta película como un escalón más hacia su meta, una oportunidad de aportar nuevos detalles sobre esas dichosas gemas y, de paso, analizar más en profundidad a algunos personajes que no tienen la posibilidad de desarrollarse en películas individuales, amén de presentar a algún que otro personaje (o concepto, como la mención de cierta nación) de cara al futuro.
A simple vista, sí podría parecernos esta Era de Ultrón una secuela al uso. De hecho, algunos medios torpes (mis amigos del CSI, ya sabéis, los Críticos Sesudos Intelectualoides), aseguran que Whedon se ha limitado a copiar el mismo esquema, con la simple fórmula de multiplicarlo todo sin criterio alguno. A esos opinadores (los mismos puristas que pueden rellenar páginas y páginas calibrando las diferencias entre un western épico o uno crepuscular sin constatar que en el fondo todos son tipos a caballo pegando tiros con escasas similitudes a sus homólogos reales) les diría que no tienen ni idea, y que un análisis más en profundidad revela las múltiples diferencias entre ambas películas. O quizá es cosa mía, que soy un purista de los comics…
Como sea, el propio Whedon debía ser consciente de lo imposible que sería contemplar esta película sin realizar comparaciones (tanto es así que tres son las referencias a as que se han de enfrentar estos Vengadores, más tarde lo analizaré con más calma) por lo que el mérito de haber construido una película tan extraordinaria es, a mi entender, más grande si cabe.
Ante todo, Los Vengadores: la era de Ultrón es una película entretenida, fresca y adrenalítica. Cuenta con grandes y épicos enfrentamientos y la acción no decae en ningún momento, desde ese prólogo tan “Bondiano” hasta la resolución final (escena intercréditos, que no postcréditos, incluida), pero además se toma el tiempo necesario para analizar la personalidad de sus protagonistas, reflexionar sobre las relaciones entre ellos y recordaros que, pese a sus inmensos poderes, no dejan de tener también grandes debilidades (eso de los héroes con pies de barro es toda una tradición para Marvel), consiguiendo aunar sin que rechine secuencias de gran trascendencia interna con grandes momentos de diversión.
Los que leéis habitualmente este blog ya sabéis que la acción desmedida, la destrucción sin más, termina por aburrirme. Ese final infinito de El hombre de Acero o la segunda mitad de Transformers 4 (las otras tres ya las tengo completamente olvidadas) son para mí un sinsentido digital en las que solo se destrozan cosas sin el más mínimo ápice de alma. Ya en Los Vengadores se veía mucha destrucción, pero con los interludios precisos para permitirnos coger aire. Y esa sensación de pausas entre combates, incluyendo el inmenso y épico combate final (sirva como ejemplo al conversación entre Ojo de Halcón y Wanda o la escena de Pietro), está más potenciada aún en esta película.
La era de Ultrón no es una película perfecta, como no lo es ninguna, y puede fallar allí donde acertaba Los Vengadores. En las inevitables comparaciones que mencionaba al principio resulta evidente que cuenta con la ventaja de no tener que justificar la presencia de cada uno de los protagonistas, que pese a haber sido ya presentados en anteriores películas necesitaban de un tiempo para conocerse entre ellos (cosa que el film de 2012 hacía ejemplarmente bien, por cierto), pero eso, que como positivo tiene que la acción arranca de inmediato sin perder tiempo en explicaciones innecesarias, provoca a su vez que los personajes nuevos queden algo desdibujados, que quizá falte algo más de tiempo para conocer mejor a Wanda y Pietro o que incluso el destino de personajes aparentemente secundarios como Strucker o Ulisses Klauer sean algo abruptos.
La era de Ultrón cuenta como, tras la disolución de SHIELD vista en Capitán América: Soldado de Invierno y Marvel: Agentes de SHIELD los Vengadores se dedican a buscar células ocultas de HYDRA y, de paso, recuperar el cetro de Loki, portador de una de las gemas del Infinito (de momento en cine ya hemos podido ver cuatro de las seis existentes). En estas, Tony Stark logra dar con la clave para finalizar un antiguo proyecto suyo, llamado Ultrón, consistente en la creación de Inteligencia Artificial. Ni que decir tiene que el asunto se le va de las manos y se va a liar parda con el tal Ultrón.
Sin perder el tiempo en introspecciones demasiado cargantes, La era de Ultrón, una película decididamente palomitera y espectacular, contiene elementos propios de films más reflexivos, como el apunte al complejo de Edipo (mucho más difuso que en el comic, donde la relación entre Ultrón y su creador original, Henry Pym –esto ha tenido que cambiar en la película porque el personaje de Pym no hace su aparición en el MCU hasta dentro de unos meses, en Ant-Man- es un conflicto paternofilial llevado a su máximo exponente), la pérdida de la inocencia o incluso una vuelta de tuerca a la fábula de la bella y la bestia. Todo tiene cabida en las más de dos horas y media que dura la película y que, aun pudiendo resultar por momentos agotadora, no aburre en ningún momento, gracias en buena medida a la inteligencia con la que Whedon reparte el tiempo entre sus protagonistas.
Más allá de sus valores propios como película, que dentro del género blockbuster roza la perfección, ya he comentado que el film iba a tener que sufrir tres grandes comparativas. La primera es con su propia antecesora, de la que sale airosa, aunque sin llegar a superarla. La segunda corresponde a la lucha que enfrenta a Marvel con su “distinguida competencia” por ser los dioses del Olimpo cinematográfico. Si gracias al Superman de Donner y al Batman de Burton  parecía que DC era la única editorial de comics de superhéroes con derecho a triunfar en taquilla la “nueva” Marvel no solo ha plantado cara a la DC “nolaniana” sino que, en mi parecer, la ha terminado por superar. No solo el titánico proyecto de hacer una especie de serie cinematográfica le está funcionando bien (incluso con productos a priori menos comerciales como Los guardianes de la Galaxia) sino que ha demostrado una cohesión y claridad de ideas de la que parecen carecer en la acera de enfrente. Se temía, por las palabras de Whedon hablando de una película más oscura (y vista la innegable calidad de la sobria Capitán América: el soldado de Invierno) que estos nuevos Vengadores se iban a acercar bastante a la oscuridad que desde que se impusiera en la trilogía del murciélago está marcando la nueva corriente superheróica, a juzgar por ese sombrío y totalmente carente de humor Hombre de Acero, y que se reflejaba en otras películas supuestamente palomiteras como Godzilla.
Pero no, Los Vengadores están a otra cosa, muy por encima de modas y corrientes, y si bien es verdad que están más serios y reflexivos que en la primera entrega esto corresponde más a una madurez en los personajes, a una conciencia de las consecuencias de sus propios actos, que a un cambio de orientación.
Cambian, podríamos decir, las maneras, pero no las formas, y mientras los debates internos y las relaciones afectivas van marcando el camino del futuro los chascarrillos se siguen sucediendo, recordando que el drama puede ir de la mano del humor siempre que se haga con el corazón. Puede que alguien quiera criticar el exceso de chistes en momentos de máxima tensión, pero no nos engañemos, esto es Marvel, y así han sido las cosas aquí desde aquella antológica portada de comic en la que el Capitán américa arreaba un puñetazo en la cara al mismísimo Hitler.
Whedon es perro viejo (pese a que apenas es un novato en esto del cine) y sabe que no necesita ni de la amarga trascendencia de Nolan ni del artificio colorista y explosivo de Michael Bay para crear una obra compleja pero sin complejos, épica pero dinámica, emotiva pero sin melodramas. Y es que hasta esto lo hace bien el director: emocionando y retorciéndonos el corazón cuando menos se espera, preparando el camino en una dirección para dar un repentino volantazo que, en medio de una narrativa que podría parecer tópica, retorcer e incluso burlarse de los convencionalismos para demostrar que es posible sorprender en una historia que todo el mundo sabe cómo debe concluir.
Y eso nos lleva a la tercera comparativa, quizá la que más pueda perder. Y es que si la carga dramática (amén de la semilla que se planta del distanciamiento entre Iron Man y el Capi y de la relación –o no relación, según lo queramos ver- sentimental que se vislumbra) viene dada sobre todo por esos misteriosos hermanos gemelos que actúan por venganza tras la muerte de sus padres (se les llama “mejorados”, ya que en cine la palabra mutante es propiedad de la Fox), es inevitable comparar al Pietro Maximoff que interpreta Aaron Taylor-Johnson con el Peter Maximoff al que dio vida Evan Peters en X-men: Días del futuro pasado. Efectivamente, ambos personajes son el mismo en el mundo del comic, pero el complicado entramado de los derechos legales  los ha desdoblado en cine aunque manteniendo sus poderes originales.  No hay duda de que el Maximoff de la película de Bryan Singer tenía una escena mucho más espectacular que todas las apariciones de Pietro en La era de Ultrón, pero también se podría decir que llegó a morir de éxito, pues finalizada dicha escena el chico desaparecía de pantalla para dejar el terreno libre “a los mayores”. Aquí el héroe luce mucho menos, pero mantiene su propia subtrama hasta el final, y es una apuesta ganadora afirmar que lo que acontece a los hermanos Maximoff marcará sin duda el futuro de la saga.
Conseguí con el visionado de esta película algo que hoy en día se me antoja casi imposible, ir a las salas sin apenas idea de lo que me esperaba, gracias en buena parte a un par de trailers muy bien confeccionados que no llegaban a desvelar casi nada de la trama y que incluso invitaba al engaño. Es por eso por lo que quiero mantenerme muy cauto con no desvelar nada más de lo que ya se ha machacado estos días en los medios de comunicación y me limitaré a mencionar la aparición de La Visión, otra apuesta de futuro para la franquicia y que compone el primero de los muchos secundarios de lujo que decoran esta gran película, una especie de fin de fiesta a lo grande para la Fase Dos de Marvel (queda Ant Man, pero por magnitud creo que será más bien un epílogo antes de adentrarnos en la tercera y definitiva fase) que nadie ha querido perderse (y los que no han podido estar son mencionados en uno de los muchos chistes antológicos del film), un espectáculo de luces y sonido donde la Santísima Trinidad siguen siendo Iron Man, Thor y el Capitán américa pero cuyos minutos están magníficamente bien repartidos y nos presenta sorpresas que a estas alturas de la historia ya no nos esperábamos de ciertos personajes, aunque quizá se eche algo en falta el protagonismo cómico que tenía Hulk (aquí mucho más Banner que nunca) en la primera película y que ha sido sustituido, como elemento sobre el que giran los mejores chistes, por el propio Mjolnir.
Quizá la peor noticia de la película sea la confirmación de que Whedon, agotado por el titánico esfuerzo de llevar a buen puerto tan magna producción, no estará a los mandos de la tercera aventura de los héroes más poderosos de la Tierra, aunque se espera que siga vinculado de alguna manera al MCU. Al menos sabemos que sus sustitutos, los hermanos Russo, son una buena garantía tras su Soldado de Invierno. Por eso el final de la película tiene un ligero tono a despedida, aunque quizá lo más glorioso de todo sea que, por muy espectacular que sea todo, por muy definitivas que parezcan las batallas, por muy colosal que sea la amenaza de Ultrón, esto no son sino los preparativos de lo que está por llegar. La película es casi una hoja de ruta codificada exclusivamente para los Marvel Zombies más fieles que marca las pautas que conducirán hasta el enfrentamiento definitivo contra cierto ser de tono violáceo. Siempre que primero logren sobrevivir a su propia guerra civil, claro.
Magnífica en todo su esplendor, sólo puedo concluir tal y como lo hace el Capi en la última escena (y si esto es un spoiler, después de esta parrafada, casi hasta me da igual), al grito de: “Vengadores…”
Fundido final.

domingo, 26 de octubre de 2014

EL JUEZ (7d10)

Pululan por Hollywood algunos grandes actores de increíble talento que se ven relegados a un solo personaje que parece impedirle hacer otro tipo de interpretación.
En ese sentido, el magnífico y reinventado Robert Downey Jr. Es un claro ejemplo, pues tras su redención tras una época oscura y olvidable su Tony Stark de Iron Man lo convirtió en todo un fenómeno de masas y uno de los actores mejor pagados de la industria (basta con ver lo que va a embolsarse por aparecer en la tercera parte de El Capitán América). Pero el carisma del propio Tony Stark es el precio a pagar, y hasta en su otra franquicia estrella, Sherlock Holmes, se adivina algo del descaro y la prepotencia del engreído millonario de Marvel.
Por eso aplaudo la aparición de una película como esta, un drama intenso aunque con ligeros alivios que invitan a la sonrisa, donde Downey Jr. tiene un papel a su medida (no es casualidad que él y su esposa sean productores) en el que pueda coger a Tony Stark y desnudarlo hasta lograr humanizarlo, lanzándolo al lodo y enseñarnos que también sabe sufrir.
El juez arranca con la presentación de un abogado, Hank Palmer, que podría ser un calco del mencionado Stark, descarado, excesivo y muy pagado de sí mismo, que al conocer la muerte de su madre debe regresar a su pueblo natal, Carlinville, donde, aparte de enfrentarse a un error de su pasado (y la presencia de su hermano es un recordatorio constante) y a una exnovia con un posible secreto sobre él, se encontrará con su padre, juez del condado, con el que no se ha dirigido la palabra en años.
Al ser el juez Palmer acusado inesperadamente de homicidio, Hank debe prolongar su estancia en la tierra de su infancia para encargarse de su defensa, hecho que provocará que la relación entre padre e hijo avance, quien sabe si hacia una posible reconciliación o hacia el abismo definitivo.
Con un plantel de secundarios de lujo (ahí están Vera Farmiga, Vicent D’Onofrio y Billy Bob Thornton), la película aborda diversos argumentos relacionados con el pasado de Hank para terminar decantándose por dos tramas vitales: el juicio y su relación con su padre. No cabe duda de que, por encima de todo, ese es el quid de la cuestión, cómo un padre e un hijo pueden llegar a convertirse en dos desconocidos llenos de odios y reproches y el camino que debe conducirlos, irremediablemente, bien a la redención, bien a la condenación.
Aunque podrían buscarse segundas lecturas a la trama (en esta época convulsa que vivimos de corrupción y desfalcos puede verse como un soplo de aire fresco saber que también un juez puede caer bajo el peso de la ley), es evidente que toda la película gira en torno al abogado y al juez, a sus disputas, gritos y lágrimas. Y por ello eran necesarios dos actores capaces de estar a la altura, dos monstruos interpretativos que, por encima de guiones y escenificaciones, supieran cargar con el peso de la trama en sus espaldas.
Y si Downey Jr. está genial en su papel de hijo, Robert Duvall está sublime en el de padre. Este veterano actor, al que creí ver algo perdido y agotado en la reciente Una noche en el viejo México, de Emilio Aragón), está aquí más en forma que nunca, posiblemente camino al Oscar (al menos en forma de nominación) y comiéndose a todos sus compañeros de escena sin aparente dificultad.
Con una duración algo excesiva (media hora menos habría sido de agradecer), la película es una lucha constante entre dos grandes actores cuya química traspasa la pantalla y  que consiguen que el juicio alrededor de lo que gira todo sea algo secundario y que la incertidumbre de si van a terminar abrazándose o abofeteándose sean más interesante que el veredicto de inocencia o culpabilidad.
Intensa y emotiva, El Juez invita a reflexionar sobre las cosas sencillas de la vida. Y sobre con quién debemos compartirla. Y pocos mensajes hay más importantes que estos…


martes, 12 de agosto de 2014

#CHEF (8d10)

Aunque a priori no deberían tener nada que ver, resulta tentador comparar esta pequeña película de grandes actores con la reciente Begin again
Y es que ambas, desde la modestia de su sencillez, tratan temas parecidos: la importancia de la libertad artística por encima de convencionalismos comerciales u dictados de la sociedad de consumo que dicta sus propias reglas. Si en Begin again Keira Knightley era la letrista independiente que no se quería prostituir a cambio de fama y dinero como hiciera su novio (interpretado por el líder de Maaron 5), aquí es Jon Favreau (también director y guionista, con lo que se podría decir que esta es a todos los efectos una pieza de autor) quien debe elegir entre la seguridad que da el seguir los aplausos del público aunque ello le haga sentirse prisionero o dar rienda suelta a su creatividad dispuesto a perderlo todo pero con la esperanza de encontrarse a sí mismo.
Carl Casper es un aclamado chef de cocina que trabaja en un elegante y exclusivo restaurante de Los Angeles repitiendo con éxito el mismo menú en los últimos diez años. Una despiadada crítica de un blogero de internet (y las consecuencias de la misma) le abrirá los ojos ante el hecho de haber renunciado a la felicidad (e incluso al compromiso familiar) y decidirá embarcarse en una idea tan absurda como arriesgada de abrir un restaurante móvil que le permitirá regresas a sus orígenes y partir de nuevo de cero junto a las personas que realmente le aprecian y quieren.
Tremendamente divertida y algo más amable que la mencionada Begin again, #chef es una apuesta personal y sorprendente de un director acostumbrado a moverse entre grandes presupuestos en superproducciones monstruosas. Quizá agotado del esfuerzo que supone la creación (con la presión que conlleva la necesidad de que sus películas sean un gran éxito de taquilla) de títulos como Iron man, Iron man 2 o Cowboys & Aliens, Favreau ha saltado al ruedo con una comedia de corte intimista en torno al mundo de la cocina en la que además se ha reservado el papel protagonista. 
No ha sido, sin embargo, un salto sin red, ya que el orondo realizador ha hecho una pequeña trampa al traerse “prestado” de los grandes estudios a sus estrellas, ya que acompañando al propio Favreau  se encuentran Scarlett Johansson, Sofía Vergara, John Leguizamo, Dustin Hoffman e incluso la breve pero importante aparición de Robert Downey Jr.
Así, Favreau propone una estimulante historia sobre orgullo y ambición pero tiene tiempo también para lanzar dardos venenosos contra los peligros de Internet (de forma mucho más inteligente y sutil que en la reciente Sex Tape) sin bien es cierto que también enseña la otra cara de la moneda alabando los beneficios que puede ofrecer si se utiliza con sabiduría, y contra los “cocineros famosetes” que sin tener la calidad ni el prestigio suficiente se venden a realitys televisivos sólo porque un golpe de fortuna o el escándalo de turno (o una hábil maniobra de sus publicistas) los han convertido en estrellas mediáticas (que no de los fogones). Además, y aquí vuelven las coincidencias con Begin again, un alegato en favor de la responsabilidad paternal ya que una vez más nos encontramos con un protagonista que es padre divorciado (y lamentablemente esto se está convirtiendo en algo tan habitual que lo raro será encontrarnos con una película en la que los personajes principales sean actores felizmente casados).
#chef es, por lo tanto, refrescante y altamente recomendable, aunque hay algo que se debe tener muy en cuenta antes de ir a ver el film. No lo hagan con el estómago vacío. Lo pasarán mal.

sábado, 27 de abril de 2013

IRON MAN 3 (8d10)

Lo han vuelto a hacer. Cuando Marvel explicó su plan de crear un Universo cinematográfico propio no me lo creí. Y lo hicieron. Cuando dijeron que iban a hacer una peli de Los Vengadores y que iban a mantener los mismos actores (solo falló Edward Norton, pero quizá ganamos con el cambio, así que lo perdonamos) no me lo creí. Y lo hicieron. Así que cuando Josh Wedon hizo la mejor peli de superhéroes de la historia y encima se convirtió en la tercera más taquillera de la historia (una peli basada en los comics, ¡Dios mío!) ya no me pilló por sorpresa.
Por eso ahora, cuando anunciaron que iba a comenzar la fase dos de Marvel, que terminaría con Los Vengadores 2, que iba a ser una trilogía de sagas (simplemente alucinante) y que empezaría con otra más de Iron man que iba a ser mejor que las anteriores pues... bueno, ya me lo creo todo.
Y aunque es difícil determinar si Iron man 3 es mejor que la primera,  pues aquella estaba condicionada por la necesidad de entretenerse en presentar a unos personajes totalmente desconocidos para el gran público y salió airosa y con muy buena nota, lo cierto es que es una muy buena película que si supera claramente a la secuela (que por otro lado no era tan mala como ahora se está diciendo, lo que pasa es que el listón estaba muy alto).
A estas alturas ya nadie duda que Robert Doney Jr. ha nacido para ser Tony Stark, personaje con el que se ha mimetizado hasta tal punto que cuesta saber dónde termina el actor y comienza el personaje. O viceversa. Así que, una vez explorados los limites de Iron man, llegaba el momento de descubrir también los de Stark.
Muchos eran los que se temían (yo entre ellos) que íbamos a ver una versión nolanizada del superhéroe, pero una vez más se ha demostrado que, a diferencia que en DC, en Marvel saben hacer buen las cosas. La única similitud entre este Iron man y el Batman de Nolan está en que el héroe disfrazado acapara menos escenas de las esperadas, pero mientras en aquella el murciélago era un elemento obligado pero que parecía molestar a Nolan para contar una historia negra sin nada que ver con los superhéroes,  en esta ocasión el protagonismo robado a Iron man es en favor de Tony Stark. Y el cambio es para mejor. Hay que tener en cuenta que Iron man 3 no es una continuación directa de Iron man 2, sino que su antecesora es Los Vengadores. Así pues nos encontramos con un Stark que ha pasado de creerse el tío más guay del universo a descubrir que existen alienígenas hostiles, monstruos superpoderosos,  dioses mitológicos... De manera que él,  un tipo corriente que depende de su armadura para poder hacer lo que hace, es en realidad alguien insignificante. Nos encontramos así a un Stark vulnerable, angustiado, obsesionado con proteger a Pepper (de nuevo Gwyneth Paltrow) por encima de todo, consciente de que ante un nuevo ataque a Nueva York como el acontecido en Los Vengadores nada iba a poder hacer él solo. Es en ese momento tan crucial de su vida cuando se ve acechado por una sombra de su pasado, de una vida anterior de excesos, desprecios a sus compañeros y chicas de una sola noche que creía haber dejado atrás. Un científico de poca monta, Aldrich Killian (Guy Pierce) y una brillante genetista, Maya Hansen (Rebeca Hall) vuelven a su presente unidos por un proyecto común llamado Extremis, pero no son más que elementos secundarios para Stark ante una amenaza mayor que está haciendo temblar los cimientos de todo el país, los ataques terroristas de El Mandarín (excelente Ben Kingsley), una versión sofisticada y desquiciada de Bin Laden. Él será quien le arrebate todo a Stark, quien logrará arrojarlo al pozo de la desesperación y le obligará a aprender a sobrevivir sin su armadura, dependiendo por una vez no de su tecnología sino de su ingenio y obligándole a recurrir a la ayuda de su amigo James Rhodes (Don Cheadler) y de un  niño de pueblo (correcto Ty Simpkins, con el que consiguen que, por una vez, la aportación de un niño en una película de estas características no resulte cargante y molesta). A partir de aquí, como ya he comentado, mucho más Stark que Iron man, con momentos que recuerdan más a una película de James Bond o incluso a Arma Letal que a un superhéroe de comic. Y es que no en vano el director elegido para la ocasión (también firmante del guion) no es otro que Shane Black, personaje con una carrera comparable a la del propio Robert Downey Jr. que deslumbró como guionista en los ochenta, siendo de los más cotizados gracias a los libretos de la saga de Arma Letal, El último boy scout o El último gran héroe y que cayó en desgracia por culpa de sus coqueteos con el alcohol y las drogas. Intentó levantar cabeza en 2005 con Kiss, kiss, bang, bang, para la que contó con un decadente Robert Downey Jr. y este le devolvió el favor recomendándolo para Iron Man 3. Con este curriculum no es de extrañar que Iron man 3 desprenda un agradable aroma ochentero, con un toque de humor y camaradería muy propios de esa época, pero sin olvidar de lo que se trata en realidad.
Mientras hemos visto en fechas recientes fracasar películas con claras referencias de ese pasado de cines de sesión doble y videoclubs como El último desafío o Una bala en la cabeza, Black se homenajea a si mismo durante gran parte del metraje para terminar como debe, con un gran festival de fuegos artificiales, un fin de fiesta donde la épica toma el relevo del humor y donde Iron man vuelve a coger las riendas de la película, cerrándose el círculo que ha recorrido Stark en su particular descenso a los infiernos y resurgiendo de sus cenizas cual Ave Fénix de los superhéroes. Y ya recuperado de sus angustias, no lo dudéis, ahí estará cuando lo volvamos a necesitar. Es decir, para Los Vengadores 2
No es una película redonda, ni mucho menos, pero si un gran espectáculo con más inteligencia de lo que cabría esperar y donde se hace un esfuerzo por ir más allá de unos simples efectos especiales, humanizando a los personajes y consiguiendo que ese Tony Stark que empezaba a resultar un poco odioso regrese al mundo terrenal, a la altura de cualquiera de nosotros.
Mención aparte merece el tema del Mandarín, una decisión polémica por parte de Black que yo desde aquí aplaudo por lo arriesgado y coherente que ha sido pero que puedo comprender el enfado de los fans del comic más acérrimos. Sin entrar en spoilers que estropeen la sorpresa final de la película, solo diré que sí aparece el Mandarín en este Iron man 3, y que es una gran amenaza, terrible y poderoso. Solo que no es quien nos imaginábamos al principio.
Así pues, solo me queda felicitar a Marvel por cómo están haciendo las cosas. Arriesgaron mucho en una apuesta de futuro, y ahora están recogiendo lo que sembraron. Y lo que les queda…