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sábado, 30 de diciembre de 2017

THE GREATEST SHOWMAN, el último gran musical.

Empezó el año (al menos en las pantallas españolas) con Ciudad de Estrellas (La la land) y lo terminamos con otro musical, The greatest showman. Con ello se completa un círculo en el que, para terminar de cerrar mejor el asunto, los autores de las piezas musicales son los mismos. Y solo por ello va a ser inevitable comparar ambas producciones.
No hay duda de que en el apartado visual Damien Chazelle es más adelantado que Michael Gracey, que debuta en la dirección con esta aparente biografía de P.T. Barnum. No esperen encontrar aquí imposibles planos secuencias ni la maestría que tenían algunas secuencias de la triste historia de amor entre el músico de jazz y la aspirante a actriz, pero ello no significa que no hayan lujosas y espectaculares coreografías y que, desde el punto de vista más formal, este sea un musical más redondo que La la land, donde habían demasiados momentos donde se echaba en falta más canciones. Además, aunque la presencia allí de Emma Stone era impagable, hay que reconocer que en cuanto a lo que carisma se refiere Ryan gosling no le llega a Hugh Jackman a la altura de los zapatos.
Jackman se mueve como pez en el agua en el terreno de los musicales, ya sea por su gran trabajo como presentador de los Oscars o por se de lo único salvable en aquella insípida y teatral adaptación de Los Miserables, y por ello solo los recovecos del guion (que dan una importancia bastante elevada a una subtrama romántica entre los personajes de Zac Efron y Zendaya) impiden que él solo se coma toda la película, eclipsando a todo lo demás.
The greatest showman dice ser un biopic de P.T. Barnum, pero ni se profundiza lo suficiente en su figura ni se ofrece una fidelidad extrema como para no reconocerlo como una simple excusa, una treta para hablar (como ya sucedía en The disaster Artist, también con Efron de secundario) sobre un hombre que persigue sus sueños y los límites que es capaz de cruzar para alcanzarlos.
The greatest showman tiene grandes nombres en su reparto, todos ellos capaces de brillar con luz propia (me quedé hipnotizado con la belleza y la voz de Rebecca Ferguson), aunque quizá Michelle Williams mereciera algo más de peso en la trama. Pero al final, por más que se quiera hablar de una especie de “ceniciento” que logra triunfar pese a sus humildes orígenes, aunque sea una oda a la integración y la igualdad sin importar razas o deformaciones, aunque sea una historia sobre el amor, la familia y la amistad, aunque los números musicales tengan magia y el espectáculo visual sea por momentos acaparador, nada logra al fin hacer sombra a Jackman.
El ya retirado Lobezno es el motor, para bien y para mal, de toda la historia, tal y como Barnum lo debía ser en su propio mundo, y solo por él ya valdría la pena pagar la entrada.
The greatest showman tiene sus deficiencias, no voy a negarlo, y quizá falta algo más de profundidad y reflexión en su sencilla historia, mucho más amable que la realidad que envolvía a Barnum, pero desprende un amor y un cariño por parte de todos sus realizadores (ahí está Bill Condon, autor de Chicago que este año ha arrasado como director de La bella y la bestia, colaborando en el guion; o James Mangold, amigo personal de Jackman y director de Logan, como productor), y es, en resumen, un gran espectáculo musical, un ejemplo de locura y maravilloso caos donde todo es posible y la magia es tan real como los gigantes, los enanos, las mujeres barbudas y otros encantadores engendros.

Valoración: Ocho sobre diez. 

lunes, 31 de julio de 2017

SPIDERMAN HOMECOMING, el verdadero amigo y vecino Spiderman

Spiderman ha vuelto a casaGracias al acuerdo al que llegaron hace un par de años con Sony, pese a no recuperar los derechos, Marvel consiguió incorporar al trepamuros en el MCU, de manera que pudiera codearse con Los Vengadores y el resto de superhéroes de La Casa de las Ideas. Ya en Capitán América: Civil War tuvimos un aperitivo, pero faltaba por ver cómo sería dejar volar al arácnido solo, más teniendo en cuenta que este es su tercera versión en poco tiempo.
Aun siendo una película Sony, todo el desarrollo creativo ha estado en manos de Marvel, con Kevin Feige a los mandos, y eso se nota. Spiderman homecoming no es, de forma intencionada, una gran película, no estando el bueno de Peter Parker entre la élite, sino perteneciendo más bien a esa clase media en la que se encontraría Ant man, Dr. Strange o Los Guardianes de la Galaxia
Es por eso que en lugar de tener villanos excesivamente megalomaníacos, el Buitre al que interpreta magistralmente Michael Keaton es mucho más terrenal, y se insiste mucho en la imagen de “héroe del barrio” de Spidey, recuperando incluso el slogan de “su amigo y vecino Spiderman”. No hay en esta Homecoming grandes amenazas cósmicas, invasiones alienígenas ni gemas del infinito, pero sí mucha diversión, buscando constantemente un entretenimiento puro con un aroma juvenil muy deudor del cine de John Hugles.
El primer cambio con respecto a las anteriores versiones fílmicas de Sony es la práctica reducción de los elementos dramáticos, empezando por obviar todo lo referente a la muerte del tío Ben o a los orígenes de los poderes arácnidos. No es que esta no sea una película de origen, porque en el fondo sí lo es, pero en lugar de contarnos lo de siempre se decide convertir a Tony Stark en esa figura paternal/mentor que, sin necesidad de pronunciar la célebre frase, enseñe a Peter eso de que todo gran poder… La clave, sin embargo, radica en que estamos ante un Peter mucho más joven que en las anteriores encarnaciones, lo que se traduce también en alguien más impulsivo y arriesgado, cuyas buenas intenciones no le impiden cometer errores. Se esto trata, en el fondo, Homecoming, del proceso de aprendizaje del héroe, que deberá pasar de novato a profesional hasta aspirar, en un futuro cercano (en Los Vengadores: La Guerra del Infinito, para ser más exactos), a convertirse en Vengador.
El Buitre, por su parte, forma parte de esa galería de villanos secundarios del comic, mucho menos históricos que El Duende Verde, el Doctor Octopus o Veneno, pero igualmente carismático, el cual, pese a cambiar notablemente con respecto al tebeo, mantiene alguna de las características básicas, como la relación personal con Peter (en los comics llega intimar con tía May, aquí… bueno, aquí hay otra cosa). Es, además, un villano moderno, un demagogo de esos que culpa de todos sus males a los poderosos (aquí no se culpa a los bancos o al gobierno, pero sí a Stark, que no deja de ser una especie de mezcla entre ambos estamentos), justificando así sus fechorías (es todo por proteger a su familia). Un villano que podría resultar esperpéntico pero que con el rostro de Keaton resulta fantástico, quizá de los mejores villanos Marvel hasta la fecha, a la altura del Loki de Hiddleston.
Sí es cierto que las versiones de Maguire y Garfield podían parecer más fieles al comic, pero esa es otras de las especialidades de Feige, transformar los personajes sin violar nunca su esencia. Así, este Spiderman y sus secundarios resultan una mezcla entre el Spidey original y el de la línea Ultimate, incorporando cosas del Spiderman Superior (toda esa ayuda tecnológica) e incluso sentando las bases de un posible futuro de la mano del Spider-man de Miles Morales.
John Watts, novato en esto de dirigir superproducciones, consigue hacer encajar todas las piezas a la perfección, consiguiendo un ritmo perfecto, con escenas espectaculares, grandes dosis de humor y el toque justo de seriedad. Tom Holland, por su parte, tal y como ya nos dejara intuir en Civil War, logra ser el Peter Parker definitivo, haciendo olvidar a sus predecesores y augurando un gran futuro al personaje.
Este nuevo Spiderman llega de la mano de Los Vengadores, pero ese no es más que un peaje para rodearlo de un ambiente que nos sea más familiar, sin llegar a sobrecargar. Es por ello que la presencia de Stark es adecuada y hay mucho menos Iron Man de lo que hacían presagiar los trailers y carteles. Tanto es así que incluso su mano derecha, ese Happy al que da vida John Favreau, tiene más presencia en pantalla que el propio Robert Downey Jr. Y aun así, nunca se pierde de vista que esta es una película de Spiderman y solo de Spiderman, siendo él (bueno, y Peter Parker) la verdadera estrella de la función.
Quizá la apuesta por el tono de comedia escolar más que por la epicidad le quiten algo de pretensiones, y no llegue a ser nunca una película de mil millones de recaudación (como imagino le habría gustado a Sony), pero de lo que no cabe la menor duda es de que es la película que todo fan del personaje (hastiado ya de que sea la sexta película en quince años) estaba esperando.
Puede que Spiderman Homecoming no sea una película perfecta, pero lo cierto es que se me hace muy complicado buscarle algún error.

Valoración: Ocho sobre diez.