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lunes, 26 de diciembre de 2016

¡CANTA!: buen rollo a todo ritmo.

Aunque esté a años luz de Pixar y Disney, Illumination se está consolidando como una buena alternativa que en este 2016 se ha propuesto demostrar que hay vida más allá de Gru y sus inseparables Minions.
Tras el buen sabor de boca que dejó Mascotas, ¡Canta! es su propuesta para copar el mercado navideño más infantil y a buen seguro que lo pueden lograr. Y eso sin desesperar al público adulto gracias, sobre todo, al buen tino que ha tenido la distribuidora española en dejar las versiones originales de las canciones, de manera que podamos escuchar las voces de Seth MacFarlane, Reese Witherspoon, Scarlett Johansson, Taron Egerton o Tori Kelly, en lugar de unas copias de baratillo como acostumbra a pasar en las películas de Disney.
¡Canta!, como su propio nombre indica, es un musical en toda regla, con una recopilación de grandes éxitos tan variada que alguno u otro debe por fuerza tocar la fibra del espectador. Una selección que podría incluso rozar el exceso, aunque lo cierto es que el director Garth Jennings ha sabido medir muy bien los tempos para que no se alcance la saturación.
Desde el punto de vista argumental la cosa es muy sencilla: un koala apasionado por el mundo del espectáculo tiene un teatro al borde de la ruina y se le ocurre convocar un concurso musical como último recurso para salvarlo. El problema será cuando una confusión provoque que el premio de mil dólares se eleve hasta los cien mil.
Como se puede imaginar todo el mundo, estamos ante una película que se aprovecha del boom de los realitys musicales y que propone a una serie de protagonistas bastante coral de los que conoceremos pinceladas de sus vidas, personalidades y problemas como si de un Gran hermano animal se tratase. No estamos, por lo tanto, ante una comedia totalmente desternillante, pero sí muy simpática, que invita al optimismo y al buen rollo y que tiene su secreto en el desarrollo de personajes y no en la simple sucesión de accidentes que suelen definir las películas de Illumination.
¡Canta! no va a ser una de las películas del año, pero sí está a un digno nivel y consigue entretener siempre y cuando uno sea consciente de las expectativas que debe tener y asuma que juega en una liga diferente a Vaiana y compañía.

Valoración: siete sobre diez.

sábado, 30 de abril de 2016

CAPITÁN AMÉRICA: CIVIL WAR. Rozando la perfección.

Apenas un mes más tarde del estreno de Batman v.Superman: El amanecer de la Justicia, y con el debate entre sus seguidores y detractores todavía vigente, nos llega la otra cara de la moneda, la apuesta de Marvel por reflejarnos el conflicto internos entre los héroes abanderados en sus días más oscuros.
Como si de vasos comunicantes se tratara, mientras en Warner intentan poner algo más de humor en sus producciones (al menos en comparación con la oscuridad de la trilogía de Nolan y El hombre de acero) en la acera de enfrente se están poniendo cada vez más serios. Parece inevitable hacer comparaciones entre ambas compañías, más cuando sus últimas apuestas parten de la misma base (un conflicto entre dos grandes héroes que termina en una lucha sin cuartel debido a las manipulaciones del villano de turno), pero aunque parece innegable que en Warner tratan de construir su propio universo mirando de reojo a la competencia en Marvel tienen los cimientos bien construidos y no se preocupan más que por seguir adelante por su propio camino.
Efectivamente, Capitán América: Civil War (una película tan impresionante que podría ser el colofón de cualquier saga pero que sin embargo no es más que la primera piedra de la fase tres que culminará con La guerra del Infinito) es la lógica consecuencia de los hechos descritos en Capitán América: El Soldado de Invierno y Los Vengadores: la era de Ultrón.
Tras el impecable trabajo realizado por Joss Whedon, los hermanos Anthony y Joe Russo se han coronado como los grandes constructores de Marvel tomando el relevo del neoyorquino. Después de los acontecimientos vistos en películas anteriores en las ciudades de Nueva York, Washington y, sobre todo, en la nación de Sokovia, las muertes de inocentes pesan sobre las conciencias de los Vengadores y el gobierno decide tomar cartas en el asunto. Los tratados de Sokovia son un acuerdo por el cual el equipo pasará a ser un grupo gubernamental, pero ello significaría regirse por los intereses particulares de una entidad concreta, algo que va contra los ideales que siempre ha defendido Steve Rogers.
Durante toda la saga las diferencias entre Iron Man y el Capitán América han sido recurrentes, pero será ahora cuando sus posiciones serán más enfrentadas, obligando al resto de héroes a tomar partido por uno de los dos.
Los Russo han creado una historia compleja e inteligente, con un villano de gran nivel sin necesidad de grandes artificios ni mascaradas de opereta, y que sin pretender buscar un debate profundo y pretensioso sí invita a posicionarse en favor de uno u otro bando. Necesariamente alejada de su contrapartida en los comics, Civil War es una película donde se refleja el peor momento de los superhéroes, en la que se crearán diferencias irreconciliables y para la que no puede haber vencedores, sólo derrotados.
Los Russo consiguen además dos grandes méritos: por un lado manejar un reparto impresionantemente extenso sin que se les escape de las manos, con momentos de brillo para cada uno de los personajes pero sin olvidar que en todo momento es el Capitán América y solo él quien está en el centro de la historia (junto a su relación con Iron Man por un lado y con el Soldado de Invierno por otro), mientras que por otro consiguen presentar nuevos personajes con coherencia y eficacia. 
Tenemos aquí a Pantera Negra y al nuevo Spiderman brillando con luz propia, provocando aplausos en la gradería, y  de los que, sin perder más tiempo del necesario,  se cuenta lo justo para entender los personajes y sus motivaciones.
Todo ello, con escenas espectacularmente bien filmadas, quizá no tan plásticas como las de Whedon pero con grandes coreografías, creíbles y sin la sobrecarga de CGI que amenazan con deformar películas similares.
Todo en Civil War rezuma grandeza. Hay mil guiños para los fans que no entorpecen al argumento para los profanos, tiene el toque justo de humor, la grandeza de Spider-man (y el cachondeo autoreferencial con tía May), una sorpresa enorme, apuntes para posibles romances futuros, el recuerdo justo y necesario a los ausentes y, sobre todo, dolor, mucho dolor.
Y aunque pueda parecer un tópico, en este caso no lo es: a partir de ahora las cosas ya no volverán a ser iguales.
Posiblemente, la mejor película de superhéroes hecha hasta la fecha. No es perfecta, como ninguna película lo es, pero difícilmente puede mejorarse.
Pura grandeza…

Valoración: Nueve y medio sobre diez.

miércoles, 24 de febrero de 2016

¡AVE, CÉSAR! Carta de amor sin contemplaciones.

Era muy esperada la última comedia de los Hermanos Coen, más después de que sus últimas incursiones cinematográficas fuesen en un ámbito más serio como Valor de Ley, A propósito de Llewyn Davis o su guion para El puente de los espías.
Con ¡Ave, Cesar! Retoman ese tono desenfadado y casi absurdo que tan bien supieron explotar en títulos ya clásicos como El gran salto o El gran Lebowsky y con la que rematan lo que ellos mismos han denominado “la trilogía de George Clooney estúpido” que se completa con O brother! y Crueldad intolerable.
La película se anunciaba (y así o confirmaba su tráiler) como un homenaje al Hollywood más clásico, aquel que vivió una época dorada en la que fue conocido como “la fábrica de sueños”. 
Pero parece que este homenaje no ha sido del gusto de todos, estando recibiendo la película injustos palos por todas partes. Puede que el problema no esté en la película en sí, sino en las expectativas que uso directores como los Coen pueden generar (aunque sus mejores trabajos han estado siempre alejados del humor puro, como en la magnífica Fargo, algo que pudo pasar también con la interesante aunque no excelsa Regresión de Amenábar. Yo prefiero valorar una película por lo que aporta, dejando las expectativas en la puerta y sin condenarla por lo que sus autores podrían haber hecho en otros tiempos.
Y vista así, ¡Ave, Cesar! es más que un simple homenaje. Es una verdadera carta de amor a la industria del cine. Es un análisis en tono de humor paródico (que no de burla) de un día dentro de las entrañas de un gran estudio, con el personaje de Josh Brolin (inmenso) como guía conductor de una especie de recorrido turístico que nos llevará por el mundo de los musicales, las comedias, los westerns o las superproducciones bíblicas.
Si pudiésemos valorar la película como una serie de escenas aisladas, como un retrato de los diversos géneros a través de breves momentos de rodajes en cada uno de los platós de un enorme estudio, quizá podríamos definir la película como magistral. Es en su argumento general (el secuestro de una gran estrella por parte de un grupo comunista) cuando la historia cojea un poco. Como si se tratase de una mera excusa, una simple historieta sin demasiada chica, para mostrarnos lo que sucede alrededor. Es, si me permiten ponerme metafórico, como la propia creación de una película, donde los focos se centran en el rodaje pero las verdaderas historias pueden estar sucediendo alrededor.
Con Josh Brolin como el auténtico rey del cotarro y Clooney, el galán secuestrado, haciendo de segundo de a bordo, la película se nutre de un sinfín de estrellas que  decoran y dan brillo a la función, por más que en algunos casos sean poco más que cameos de una sola escena. Así, podemos contemplar a Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Frances McDormand, Channing Tatum (fantástica su aparición), Christopher Lambert o Jonah Hill entre otros.
Los Coen aman al cine, y lo demuestran con cada retablo aquí representado, con los guiños a películas de sirenas de Esther Williams, de musicales como los de Fran Sinatra, con galanes del western seduciendo a fotocopias de Carmen Miranda, con directores que recuerdan mucho a Michael Curtis y , femmes fatales que podrían ser un retazo de Loretta Young, la caza de brujas mccarthyana, anécdotas con personajes reales coladas entre la ficción, péplums bíblicos, las hermanas periodistas inspiradas en Hedda Hopper, la presencia de la única mujer montadora que hubo, y así un infinito número de homenajes, muchos de ellos apenas perceptibles por la mayoría del público (¿alguien sabría decir cuándo aparece Dolph Lundgren en pantalla?).
Así, sin alcanzar ni mucho menos la perfección, los Coen logran plasmar en imágenes la pasión que sienten por un mundo y una época como pocos sabrían hacer, transmitiendo la misma emoción que lograba Scorsese con La invención de Hugo o Michel Hazanavicius en The Artist, pero con mucho más brillo y esplendor y, sobre todo, sentido del humor.
En resumen, un magnífico divertimento para todos los públicos pero que hará las delicias especialmente a aquellos otros enamorados del cine que sepan conectar con el lenguaje de los 
Coen.
Yo he sido uno de ellos.

Valoración: 8 sobre 10.

lunes, 4 de mayo de 2015

LOS VENGADORES: LA ERA DE ULTRÓN (8d10)

Había mucha expectativa ante la llegada de esta nueva película de la saga de Marvel. No era para menos. Los Vengadores (2012) de Joss Whedon rompió todos los pronósticos y batió auténticos récords de taquilla, ascendiendo al tercer puesto de las películas más taquilleras de la historia. Resultaba verdaderamente emocionante ver lo que iba a ser capaz de conseguir su secuela.
Sin embargo, habría que empezar señalando que Los Vengadores: la era de Ultrón no es para nada una secuela de aquel exitoso título, sino un episodio más en la titánica saga que Marvel está creando desde que debutara como productora propia con Iron man, creando una compleja historia río (de acuerdo que algunas de las películas tienen poca conexión con la trama de las gemas, pero alguna semillita hay siempre) que derivará, Dios mediante, en La guerra del Infinito. Así pues, Marvel y Whedon han planteado esta película como un escalón más hacia su meta, una oportunidad de aportar nuevos detalles sobre esas dichosas gemas y, de paso, analizar más en profundidad a algunos personajes que no tienen la posibilidad de desarrollarse en películas individuales, amén de presentar a algún que otro personaje (o concepto, como la mención de cierta nación) de cara al futuro.
A simple vista, sí podría parecernos esta Era de Ultrón una secuela al uso. De hecho, algunos medios torpes (mis amigos del CSI, ya sabéis, los Críticos Sesudos Intelectualoides), aseguran que Whedon se ha limitado a copiar el mismo esquema, con la simple fórmula de multiplicarlo todo sin criterio alguno. A esos opinadores (los mismos puristas que pueden rellenar páginas y páginas calibrando las diferencias entre un western épico o uno crepuscular sin constatar que en el fondo todos son tipos a caballo pegando tiros con escasas similitudes a sus homólogos reales) les diría que no tienen ni idea, y que un análisis más en profundidad revela las múltiples diferencias entre ambas películas. O quizá es cosa mía, que soy un purista de los comics…
Como sea, el propio Whedon debía ser consciente de lo imposible que sería contemplar esta película sin realizar comparaciones (tanto es así que tres son las referencias a as que se han de enfrentar estos Vengadores, más tarde lo analizaré con más calma) por lo que el mérito de haber construido una película tan extraordinaria es, a mi entender, más grande si cabe.
Ante todo, Los Vengadores: la era de Ultrón es una película entretenida, fresca y adrenalítica. Cuenta con grandes y épicos enfrentamientos y la acción no decae en ningún momento, desde ese prólogo tan “Bondiano” hasta la resolución final (escena intercréditos, que no postcréditos, incluida), pero además se toma el tiempo necesario para analizar la personalidad de sus protagonistas, reflexionar sobre las relaciones entre ellos y recordaros que, pese a sus inmensos poderes, no dejan de tener también grandes debilidades (eso de los héroes con pies de barro es toda una tradición para Marvel), consiguiendo aunar sin que rechine secuencias de gran trascendencia interna con grandes momentos de diversión.
Los que leéis habitualmente este blog ya sabéis que la acción desmedida, la destrucción sin más, termina por aburrirme. Ese final infinito de El hombre de Acero o la segunda mitad de Transformers 4 (las otras tres ya las tengo completamente olvidadas) son para mí un sinsentido digital en las que solo se destrozan cosas sin el más mínimo ápice de alma. Ya en Los Vengadores se veía mucha destrucción, pero con los interludios precisos para permitirnos coger aire. Y esa sensación de pausas entre combates, incluyendo el inmenso y épico combate final (sirva como ejemplo al conversación entre Ojo de Halcón y Wanda o la escena de Pietro), está más potenciada aún en esta película.
La era de Ultrón no es una película perfecta, como no lo es ninguna, y puede fallar allí donde acertaba Los Vengadores. En las inevitables comparaciones que mencionaba al principio resulta evidente que cuenta con la ventaja de no tener que justificar la presencia de cada uno de los protagonistas, que pese a haber sido ya presentados en anteriores películas necesitaban de un tiempo para conocerse entre ellos (cosa que el film de 2012 hacía ejemplarmente bien, por cierto), pero eso, que como positivo tiene que la acción arranca de inmediato sin perder tiempo en explicaciones innecesarias, provoca a su vez que los personajes nuevos queden algo desdibujados, que quizá falte algo más de tiempo para conocer mejor a Wanda y Pietro o que incluso el destino de personajes aparentemente secundarios como Strucker o Ulisses Klauer sean algo abruptos.
La era de Ultrón cuenta como, tras la disolución de SHIELD vista en Capitán América: Soldado de Invierno y Marvel: Agentes de SHIELD los Vengadores se dedican a buscar células ocultas de HYDRA y, de paso, recuperar el cetro de Loki, portador de una de las gemas del Infinito (de momento en cine ya hemos podido ver cuatro de las seis existentes). En estas, Tony Stark logra dar con la clave para finalizar un antiguo proyecto suyo, llamado Ultrón, consistente en la creación de Inteligencia Artificial. Ni que decir tiene que el asunto se le va de las manos y se va a liar parda con el tal Ultrón.
Sin perder el tiempo en introspecciones demasiado cargantes, La era de Ultrón, una película decididamente palomitera y espectacular, contiene elementos propios de films más reflexivos, como el apunte al complejo de Edipo (mucho más difuso que en el comic, donde la relación entre Ultrón y su creador original, Henry Pym –esto ha tenido que cambiar en la película porque el personaje de Pym no hace su aparición en el MCU hasta dentro de unos meses, en Ant-Man- es un conflicto paternofilial llevado a su máximo exponente), la pérdida de la inocencia o incluso una vuelta de tuerca a la fábula de la bella y la bestia. Todo tiene cabida en las más de dos horas y media que dura la película y que, aun pudiendo resultar por momentos agotadora, no aburre en ningún momento, gracias en buena medida a la inteligencia con la que Whedon reparte el tiempo entre sus protagonistas.
Más allá de sus valores propios como película, que dentro del género blockbuster roza la perfección, ya he comentado que el film iba a tener que sufrir tres grandes comparativas. La primera es con su propia antecesora, de la que sale airosa, aunque sin llegar a superarla. La segunda corresponde a la lucha que enfrenta a Marvel con su “distinguida competencia” por ser los dioses del Olimpo cinematográfico. Si gracias al Superman de Donner y al Batman de Burton  parecía que DC era la única editorial de comics de superhéroes con derecho a triunfar en taquilla la “nueva” Marvel no solo ha plantado cara a la DC “nolaniana” sino que, en mi parecer, la ha terminado por superar. No solo el titánico proyecto de hacer una especie de serie cinematográfica le está funcionando bien (incluso con productos a priori menos comerciales como Los guardianes de la Galaxia) sino que ha demostrado una cohesión y claridad de ideas de la que parecen carecer en la acera de enfrente. Se temía, por las palabras de Whedon hablando de una película más oscura (y vista la innegable calidad de la sobria Capitán América: el soldado de Invierno) que estos nuevos Vengadores se iban a acercar bastante a la oscuridad que desde que se impusiera en la trilogía del murciélago está marcando la nueva corriente superheróica, a juzgar por ese sombrío y totalmente carente de humor Hombre de Acero, y que se reflejaba en otras películas supuestamente palomiteras como Godzilla.
Pero no, Los Vengadores están a otra cosa, muy por encima de modas y corrientes, y si bien es verdad que están más serios y reflexivos que en la primera entrega esto corresponde más a una madurez en los personajes, a una conciencia de las consecuencias de sus propios actos, que a un cambio de orientación.
Cambian, podríamos decir, las maneras, pero no las formas, y mientras los debates internos y las relaciones afectivas van marcando el camino del futuro los chascarrillos se siguen sucediendo, recordando que el drama puede ir de la mano del humor siempre que se haga con el corazón. Puede que alguien quiera criticar el exceso de chistes en momentos de máxima tensión, pero no nos engañemos, esto es Marvel, y así han sido las cosas aquí desde aquella antológica portada de comic en la que el Capitán américa arreaba un puñetazo en la cara al mismísimo Hitler.
Whedon es perro viejo (pese a que apenas es un novato en esto del cine) y sabe que no necesita ni de la amarga trascendencia de Nolan ni del artificio colorista y explosivo de Michael Bay para crear una obra compleja pero sin complejos, épica pero dinámica, emotiva pero sin melodramas. Y es que hasta esto lo hace bien el director: emocionando y retorciéndonos el corazón cuando menos se espera, preparando el camino en una dirección para dar un repentino volantazo que, en medio de una narrativa que podría parecer tópica, retorcer e incluso burlarse de los convencionalismos para demostrar que es posible sorprender en una historia que todo el mundo sabe cómo debe concluir.
Y eso nos lleva a la tercera comparativa, quizá la que más pueda perder. Y es que si la carga dramática (amén de la semilla que se planta del distanciamiento entre Iron Man y el Capi y de la relación –o no relación, según lo queramos ver- sentimental que se vislumbra) viene dada sobre todo por esos misteriosos hermanos gemelos que actúan por venganza tras la muerte de sus padres (se les llama “mejorados”, ya que en cine la palabra mutante es propiedad de la Fox), es inevitable comparar al Pietro Maximoff que interpreta Aaron Taylor-Johnson con el Peter Maximoff al que dio vida Evan Peters en X-men: Días del futuro pasado. Efectivamente, ambos personajes son el mismo en el mundo del comic, pero el complicado entramado de los derechos legales  los ha desdoblado en cine aunque manteniendo sus poderes originales.  No hay duda de que el Maximoff de la película de Bryan Singer tenía una escena mucho más espectacular que todas las apariciones de Pietro en La era de Ultrón, pero también se podría decir que llegó a morir de éxito, pues finalizada dicha escena el chico desaparecía de pantalla para dejar el terreno libre “a los mayores”. Aquí el héroe luce mucho menos, pero mantiene su propia subtrama hasta el final, y es una apuesta ganadora afirmar que lo que acontece a los hermanos Maximoff marcará sin duda el futuro de la saga.
Conseguí con el visionado de esta película algo que hoy en día se me antoja casi imposible, ir a las salas sin apenas idea de lo que me esperaba, gracias en buena parte a un par de trailers muy bien confeccionados que no llegaban a desvelar casi nada de la trama y que incluso invitaba al engaño. Es por eso por lo que quiero mantenerme muy cauto con no desvelar nada más de lo que ya se ha machacado estos días en los medios de comunicación y me limitaré a mencionar la aparición de La Visión, otra apuesta de futuro para la franquicia y que compone el primero de los muchos secundarios de lujo que decoran esta gran película, una especie de fin de fiesta a lo grande para la Fase Dos de Marvel (queda Ant Man, pero por magnitud creo que será más bien un epílogo antes de adentrarnos en la tercera y definitiva fase) que nadie ha querido perderse (y los que no han podido estar son mencionados en uno de los muchos chistes antológicos del film), un espectáculo de luces y sonido donde la Santísima Trinidad siguen siendo Iron Man, Thor y el Capitán américa pero cuyos minutos están magníficamente bien repartidos y nos presenta sorpresas que a estas alturas de la historia ya no nos esperábamos de ciertos personajes, aunque quizá se eche algo en falta el protagonismo cómico que tenía Hulk (aquí mucho más Banner que nunca) en la primera película y que ha sido sustituido, como elemento sobre el que giran los mejores chistes, por el propio Mjolnir.
Quizá la peor noticia de la película sea la confirmación de que Whedon, agotado por el titánico esfuerzo de llevar a buen puerto tan magna producción, no estará a los mandos de la tercera aventura de los héroes más poderosos de la Tierra, aunque se espera que siga vinculado de alguna manera al MCU. Al menos sabemos que sus sustitutos, los hermanos Russo, son una buena garantía tras su Soldado de Invierno. Por eso el final de la película tiene un ligero tono a despedida, aunque quizá lo más glorioso de todo sea que, por muy espectacular que sea todo, por muy definitivas que parezcan las batallas, por muy colosal que sea la amenaza de Ultrón, esto no son sino los preparativos de lo que está por llegar. La película es casi una hoja de ruta codificada exclusivamente para los Marvel Zombies más fieles que marca las pautas que conducirán hasta el enfrentamiento definitivo contra cierto ser de tono violáceo. Siempre que primero logren sobrevivir a su propia guerra civil, claro.
Magnífica en todo su esplendor, sólo puedo concluir tal y como lo hace el Capi en la última escena (y si esto es un spoiler, después de esta parrafada, casi hasta me da igual), al grito de: “Vengadores…”
Fundido final.

miércoles, 27 de agosto de 2014

LUCY (5d10)

Dejando claro que no estamos ante una gran película y que hay demasiados agujeros como para contentar a cualquiera (desde la elección de la actriz protagonista hasta la pretenciosidad del director), no me parece tampoco justo las despiadadas críticas que se han vertido sobre ella como si se tratase del peor film de la historia.
Es de sobras conocido el gusto de Luc Besson por la acción artificiosa y efectiva, ya sea como director (donde sus mejores trabajos, posiblemente El quinto elemento, Nikita, difícil de matar y El profesional (Leon), quedan ya muy lejos en el tiempo)o productor (desde la saga Transporter a la de Venganza), por lo que no debería extrañar la tramposa argucia argumental que se oculta tras Lucy, en la que la acción y espectacularidad están a la altura de lo previsible en manos del director galo y es en su mensaje idealista donde la película se pierde como lluvia en el mar. Y es que la idea, por bizarra que pueda parecer, tiene su gracia.
Una chica es secuestrada y obligada a ejercer de mula de una nueva y potente droga. Sin embargo, cuando un paquete se revienta en su estómago y la droga pasa a formar parte de su organismo, su cerebro comienza a desarrollar un rápido aumento de sus capacidades, apareciendo así extraños y asombrosos poderes en espera a alcanzar el 100% de todo su potencial. Para sobrellevar la situación (y de paso, vengarse de los tipos que la han metido en ese lio) contará con la ayuda del profesor Norman (un Morgan Freeman que sigue desperdiciando su talento en papeles de escaso esfuerzo interpretativo) y del policía Pierre Del Rio (Amr Waked, actor egipcio pero que ejerce como la habitual referencia gala del cine de Besson). Con esta premisa, la película podría haber sido una tontería rollo superheróico con la “superwoman” interpretada por Scarlett Johansson repartiendo mamporros imposibles al más puro estilo de Milla Jovovich en Ultravioleta o Charlize Theron en Aeon Flux. Pero, para empezar, para ello habría sido necesaria la participación de una actriz más solvente (como la inicialmente deseada Angelina Jolie), ya que la Johansson parece haber olvidado todo lo aprendido en su representación de la Viuda Negra marveliana y apenas cambia de registro cuando está asustada, herida o enfadada.
Pero el gran problema es que Luc Besson se olvida por un momento de quién es y qué sabe hacer y disfraza Lucy de una pomposa pretenciosidad, como si estuviera escrutando los secretos del Universo y hubiese dado con la clave de la vida humana, fusionando su narración con flashes ecologistas y paisajes que descolocan más que si fuese una obra de Terrence Malick y cuya conclusión final se le va de las manos.
Casi, y a riesgo de parecer un lelo, podría asegurar que no la entendí. Sé lo que pasa pero no sé lo que Besson me quiere decir, con una paranoia mental tal que en algunas secuencias dudo sobre si estoy viendo Lucy o esa otra burbuja de sabiduría pajillera que fue Trascendence, hasta el punto en que me pregunto si la idea de la peli no saldría de una noche de borrachera entre Luc Besson, Wally Pfister y Christopher Nolan (al final la culpa será del pobre Freeman, que es el elemento común en estos fregados).
En definitiva, que si tomamos la película como lo que podría ser, una simple película de acción con grandes persecuciones y momentos impactantes, la cosa funciona bien, entretiene, divierte y  casi hasta emociona.
Pero si la tomamos como lo que Besson pretende que la tomemos… ¡ay, amigos! Entonces la cosa cambia. Y todo ese pretencioso mensaje de sabiduría sesuda y conocimiento sagrado se resume en una majadería total.
Antes de entrar a ver el film podéis decidir con que ojos deseáis verla. Sólo así se podrá disfrutar o defenestrar. Está en vuestras manos…

martes, 12 de agosto de 2014

#CHEF (8d10)

Aunque a priori no deberían tener nada que ver, resulta tentador comparar esta pequeña película de grandes actores con la reciente Begin again
Y es que ambas, desde la modestia de su sencillez, tratan temas parecidos: la importancia de la libertad artística por encima de convencionalismos comerciales u dictados de la sociedad de consumo que dicta sus propias reglas. Si en Begin again Keira Knightley era la letrista independiente que no se quería prostituir a cambio de fama y dinero como hiciera su novio (interpretado por el líder de Maaron 5), aquí es Jon Favreau (también director y guionista, con lo que se podría decir que esta es a todos los efectos una pieza de autor) quien debe elegir entre la seguridad que da el seguir los aplausos del público aunque ello le haga sentirse prisionero o dar rienda suelta a su creatividad dispuesto a perderlo todo pero con la esperanza de encontrarse a sí mismo.
Carl Casper es un aclamado chef de cocina que trabaja en un elegante y exclusivo restaurante de Los Angeles repitiendo con éxito el mismo menú en los últimos diez años. Una despiadada crítica de un blogero de internet (y las consecuencias de la misma) le abrirá los ojos ante el hecho de haber renunciado a la felicidad (e incluso al compromiso familiar) y decidirá embarcarse en una idea tan absurda como arriesgada de abrir un restaurante móvil que le permitirá regresas a sus orígenes y partir de nuevo de cero junto a las personas que realmente le aprecian y quieren.
Tremendamente divertida y algo más amable que la mencionada Begin again, #chef es una apuesta personal y sorprendente de un director acostumbrado a moverse entre grandes presupuestos en superproducciones monstruosas. Quizá agotado del esfuerzo que supone la creación (con la presión que conlleva la necesidad de que sus películas sean un gran éxito de taquilla) de títulos como Iron man, Iron man 2 o Cowboys & Aliens, Favreau ha saltado al ruedo con una comedia de corte intimista en torno al mundo de la cocina en la que además se ha reservado el papel protagonista. 
No ha sido, sin embargo, un salto sin red, ya que el orondo realizador ha hecho una pequeña trampa al traerse “prestado” de los grandes estudios a sus estrellas, ya que acompañando al propio Favreau  se encuentran Scarlett Johansson, Sofía Vergara, John Leguizamo, Dustin Hoffman e incluso la breve pero importante aparición de Robert Downey Jr.
Así, Favreau propone una estimulante historia sobre orgullo y ambición pero tiene tiempo también para lanzar dardos venenosos contra los peligros de Internet (de forma mucho más inteligente y sutil que en la reciente Sex Tape) sin bien es cierto que también enseña la otra cara de la moneda alabando los beneficios que puede ofrecer si se utiliza con sabiduría, y contra los “cocineros famosetes” que sin tener la calidad ni el prestigio suficiente se venden a realitys televisivos sólo porque un golpe de fortuna o el escándalo de turno (o una hábil maniobra de sus publicistas) los han convertido en estrellas mediáticas (que no de los fogones). Además, y aquí vuelven las coincidencias con Begin again, un alegato en favor de la responsabilidad paternal ya que una vez más nos encontramos con un protagonista que es padre divorciado (y lamentablemente esto se está convirtiendo en algo tan habitual que lo raro será encontrarnos con una película en la que los personajes principales sean actores felizmente casados).
#chef es, por lo tanto, refrescante y altamente recomendable, aunque hay algo que se debe tener muy en cuenta antes de ir a ver el film. No lo hagan con el estómago vacío. Lo pasarán mal.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (8d10)

Posiblemente, Steve Rogers, AKA El Capitán América, no sea uno de los héroes más admirados fuera de su país. El nombre y los colores de su uniforme hacen que pese sobre él una equívoca sospecha de fascismo extremado que nada tiene que ver con la realidad, y no ha sido hasta su “aparente” muerte en el comic, noticia de portada en medios de comunicación en todo el mundo, que el público en general ha empezado a prestarle atención.
Hay que tener en cuenta que su origen se remonta a los años cuarenta, en plena II Guerra Mundial, cuando el fervor antinazi estaba en pleno apogeo y América era el sinónimo de un ideal. Tal y como se ve en la primera película del Capi, su misión no es la de ondear la bandera americana a los cuatro vientos, sino la de la libertad y la democracia. En esto, ningún país moderno puede presumir de estar libre de pecado, ni siquiera los Estados Unidos, y de eso trata esta película.
Si El Capitán América: el Primer Vengador versaba sobre el símbolo y en Los Vengadores veíamos al héroe, es turno ahora del hombre, el tipo bajo la máscara, el soldado que debe adaptarse a una nueva época, a la muerte (o vejez) de sus amigos, pero con esos ideales inamovibles. Rogers no trabaja para América, ni mucho menos para su gobierno, sino para el pueblo americano y a ellos y sólo a ellos debe su lealtad. Aunque eso le suponga enfrentarse a las altas esferas y convertirse en un fugitivo de SHIELD.
Con Ed Brubaker (guionista de la más aclamada etapa del personaje en los comics) firmando la historia a la que terminarían de darle forma Christopher Markus y Stephen McFeely, El Capitán América: El soldado de Invierno bebe mucho, lógicamente, de esos magníficos comics de Brubaker en los que se crea al personaje de Soldado de Invierno, aunque también hay en ellos algo de Secret War e incluso reminiscencias de cuando el protagonista reniega de su propio país y adopta una identidad nueva (tranquilos, no es ningún spoiler, no hay ni rastro de Nómada en la peli, sólo se aprovecha la idea). Con los hermanos Anthony y Joe Russo (de escaso currículo pero a los que elevo a los altares aunque sólo sea por su participación como productores y directores de la magnífica serie Community) sustituyendo a Joe Johnson a los mandos de la realización, esta segunda aventura en solitario del Vengador trata de llevarlo a los límites haciéndole dudar entre aquello en lo que cree o aquello para lo que lo entrenaron, es decir, seguir órdenes como un borreguito. Sin pensarlo demasiado, Rogers se enfrentará a la organización antiterrorista más poderosa del mundo, huérfana tras el asesinato de Nick Furia, mientras un desconocido a la vez que legendario terrorista entra en escena.
Por fortuna, el Capi no se enfrentará solo a SHIELD. La Viuda Negra y Falcon (otro personaje del comic que debuta aquí, imagino que con el nombre manteniéndolo en inglés para evitar confusiones con Ojo de Halcón) le apoyarán en su búsqueda de la verdad, sin obviar la participación de Maria Hill y una misteriosa (y poco desarrollada) Agente 13 de la que quizá pronto sabremos más cosas gracias a una futura serie de televisión. Y luego está Furia, claro está, que paranoico hasta las cejas y amante de las conspiraciones quizá no haya dicho aún su última palabra. Y ese es uno de los grandes aciertos del film. Mientras otras películas de superhéroes como los Batman de Schumacher, Blade Trinity o Spiderman 3 fallaban en el abuso de protagonistas o antagonistas, en esta ocasión el tiempo de cada uno está milimétricamente medido, repartiendo las escenas con brío y no permitiendo que ningún personaje pise a otro, tal y como ya consiguiera Joss Whedon en Los Vengadores.
El Capitán América: El Soldado de Invierno es una película de superhéroes, claro está, pero pese a lucir Steve su uniforme estrellado, Natasha su cuero ceñido y Sam unas alas que le permiten volar, quizá cabría definir esta película mejor como un thriller político, donde en sus más de dos horas de metraje abundan los diálogos reflexivos y las sospechas de conspiraciones con un veterano Robert Redford en su máximo esplendor dando una lección de carácter y presencia en cada minuto en que aparece en pantalla. 
Marvel, como viene siendo habitual, demuestra tener un ojo infalible en sus casting, consiguiendo reunir actores de demostrada calidad con estrellas sin demasiado caché a los que poder modelar a su antojo. Así, Chris Evans es ya para siempre la imagen de Steve Rogers y nadie puede discutir el acierto de la elección, por más que se pudiera dudar antes del estreno de El Capitán América: El primer Vengador, tal y como sucediera, por ejemplo, con el Thor de Chris Hemsworth, mientras que pocos sospecharían que una actriz que era poco más que una cara bonita como Scarlett Johanson iba a convertirse en una estrella de acción y que iba a convencer el las escenas dramáticas. Y eso que había sido una chica Allen… 
Hay quien podría decir que, tal y como se insinuaba (aunque menos) en Iron Man 3, esta es una peli “nolanizada”, pero no os preocupéis. Pese a los momentos serios y dramáticos y la ausencia de personajes cómicos como pasaba con Erik Selvig y Darcy en Thor: el mundo oscuro, los hermanos Russo no han buscado la oscuridad amarga y las ansias pseudointelectuales de baratillo que rezumaban las mediocres El Caballero oscuro: la leyenda renace o El hombre de acero. Simplemente, han tomado un personaje icónico, una situación real y han creado una historia de acción de intriga y la han desarrollado sin pretender insultar la inteligencia del espectador.
Y al final, por supuesto, hay explosiones. Y peleas. Y puñetazos. Y lanzamientos inverosímiles de escudo. Que al fin de cuentas sí que es una peli de superhéroes, ¡faltaría más!
No dejo de sorprenderme del maravilloso y complicado puzle audiovisual que ha creado Marvel con sus personajes (con la mitad de ellos, recordemos que de la otra mitad no posee los derechos cinematográficos), y de nuevo las referencias a otras películas y personajes de la macrosaga están presentes (expandiendo esa saga al mundo de la televisión con la –de momento- floja SHIELD y la ya mencionada Agente Carter), así como las pistas de por dónde van a ir los tiros en el futuro, con dos escenas postcréditos que invitan directamente a esperar la llegada inminente de Los Vengadores 2: la era de Ultrón y, en un par de años, Capitán América 3 (aún sin título definitivo, evidentemente), aunque casi me atrevería a aventurar que a lo que en realidad se refieren en dicha escena (dirigida por Joss Whedon, por cierto) es a Los Vengadores 3, prevista para 2018 y con entre cuatro y cinco películas puente entre ambas.
El único punto negativo que se me ocurre es su dañina campaña publicitaria, con entrevistas y reportajes de determinado actor que no voy a nombrar aquí que suponen un importante spoiler sobre una de las sorpresas del film (aunque los seguidores de los comics sabíamos de sobras de qué iba la cosa).
Pese a ello, una excelente película que ni aburre ni apabulla, mucho mejor que su predecesora (a Joe Johnson le falla mucho el control del ritmo narrativo) y que no aburre ni en sus momentos más relajados, con el retorno de personajes carismáticos (para mí Cobie Smulders siempre será Maria Hill antes que Robin Scherbatsky) y que te deja con ganas de más, deseando ya el estreno de Guardianes de la Galaxia, el siguiente peldaño de Marvel en su camino hacia la Gloria Celestial.

viernes, 29 de noviembre de 2013

DON JON * (2d10)

Permítanme empezar con un chiste fácil. Si un joven escribe, dirige e interpreta su propia película, ¿no deberíamos estar hablando del primer caso de onanismo cinematográfico?  Y es que por mucho que en los trailers y reportajes se habla del mundo del porno como telón de fondo de esta (en esencia) comedia romántica, lo cierto es que es de onanismo de lo que se está hablando. Y ver durante hora y media a Joseph Gordon-Levitt disfrutando de sí mismo pues, ¿qué quieren que les diga?, no es mi forma preferida de pasar el tiempo.
Con una supongo que merecida aureola de artista que el pupilo del último Batman se ha creado a su alrededor, Don Jon es la historia de un triunfador en la vida que esconde un secreto: disfruta mucho más de la masturbación (porno mediante) que del sexo real. Y eso pese a que sus conquistas habituales son del tipo Scarlett Johansson, que no es que el chaval se conforme con poco. Pero cuando entra en su vida el personaje que interpreta Julianne Moore (en las antípodas, física e ideológicamente de la Johansson), cualquiera que sepa de qué va esto de las comedías románticas podrá averiguar el final.
Y es que, después de todo, de lo que quiere hablar, aparentemente,  Gordon-Levitt es de la importancia del amor para disfrutar del sexo, en contraposición con el egoísmo individual (conceptos que si el protagonista escuchara música de autor como Ricardo Arjona o Pablo Milanés sin duda habría aprendido antes, ahorrando por consiguiente una fortuna en kleenex).
No me malinterpreten. No voy a cargarme esta película por el camino elegido para llegar a un mensaje demasiado trillado en el cine, que ya somos mayorcitos como para escandalizarnos por utilizar ciertos temas antaño tabús y que ofrecen un toque de originalidad con respecto a comedias románticas más convencionales. El problema es, simplemente, que la película es aburrida. El trio protagonista cumple muy bien con las expectativas, pero Gordon-Levitt no está suficientemente maduro como director ni guionista para evitar caer en la repetición de situaciones, ralentizando el desenlace que se adivina ya desde el ecuador de la película y haciéndonos despertar con escasos detalles narrativos (planos rápidos y de gran eficacia sonora) que por otro lado parecen copiados del cine de Edgar Wright.
Encima, Gordon-Levitt pretende hacer una sátira, no ya del mundo de la pornografía y la trivialidad de las relaciones sexuales, sino de la familia, la iglesia y todo lo que se le ponga por delante, y ahí es donde se encuentra su mayor error, pues para hacerlo se ayuda de un personaje que resulta totalmente despreciable.
Jon es mezquino, mujeriego, ególatra, irascible, chulo, prepotente y frívolo, así que su obsesión compulsiva al porno no es ni de lejos su mayor defecto, sino la simple exteriorización de lo solo que se siente por dentro. Una soledad, por otra parte, totalmente merecida y de la que, llegando al final de la película, da hasta rabia que solucione.
Poco o nada me ha llamado la atención en esta película en la que, sin embargo, sí hay mucho que me ha molestado (esa especie de burla hacia la confesión católica, esa familia insoportablemente tediosa), empezando por el hecho de que se haya estrenado con cierto ruido mientras películas buenas de verdad sigan en el cajón de las distribuidoras a las que importa más que haya una rubia famosa en el cartel que la calidad del producto.
No puedo recomendar esta película a nadie, pero si sois de aquellos que se han emocionado al escuchar los conceptos Scarlett Johansson y cine porno en una misma frase, desengañaros. Ella es, posiblemente, el elemento más virginal de la película.

Y ni aun así la salva.

viernes, 22 de febrero de 2013

HITCHCOCK* (5d10)

Cuando se pretende realizar un biopic sobre uno de los más célebres e influyentes directores de la historia del cine lo menos que se puede hacer es pretender que su historia esté a la altura del personaje y que sea dirigida por alguien con unas capacidades demostrables para acercarse al menos al perfil del artista. Cuando en 1992 Sir Richard Attenbough acometió su biografía de Chaplin indagó en los recovecos de la mente de ese personaje que para el gran público no pasaba de ser un comediante con traje y bombín y bigotillo a lo Hitler, y gracias además, al impresionante trabajo de Robert Downey Jr. la película resultó un excelente ejercicio para acercarse a la personalidad del genial actor y director. Más fácil lo tuvo un par de años más tarde Tim Burton para descubrirnos a todos al que estaba considerado el peor director de la historia del cine, Ed Wood, en otra brillante recreación del Hollywood dorado y, Johnny Deep mediante, destripar una mente enfermiza y torturada del que apenas sabíamos nada aparte de su espantosa herencia fílmica. En el título que nos ocupa hoy, sin embargo, nada hay que pueda compararse a esas dos obras geniales que he citado. Ni el director Sacha Gervasi ni su actor protagonista, Anthony Hopkins, están a la altura de lo esperado, siendo los principales culpables de una película que se prometía interesante y termina flojeando más que un telefilm de sobremesa. Claro que eso es lo más fácil cuando el director debuta en ente oficio, después de que lo más destacado de su trayectoria en Hollywood sea el libreto de La Terminal, se Spielberg. Así, su dirección resulta plana y el ritmo de la acción es lento y soporífero, dando la sensación de no saber en ningún momento sacar partido del magnífico reparto que le han puesto entre manos. Sobre Hopkins, no voy a dudar aquí de su capacidad interpretativa – ¿qué duda cabe de que se trata de uno de los mejores actores que existen?-, pero o bien no se llega a creer nunca el personaje o la abusiva cantidad de maquillaje que le cubre el rosto le impide no ya interpretar con brillantes sino simplemente gesticular lo más mínimo (posiblemente ni andar siquiera, ya que apenas hay escenas de cuerpo entero del orondo director). Un maquillaje, por cierto, que ronda la caricatura y que recuerda más a productos patrios como Muchachada Nui o el clásico Força Barça de Alfonso Arús que a una superproducción de cine. Quizá el error haya sido buscar un gran actor y querer convertirlo a la fuerza en un clon del británico Alfred, cuando lo mejor habría sido o bien conformarse con que el parecido fuese mínimo a cambio de ganar calidad interpretativa o restar esa calidad pero buscar a un actor menos de mayor semejanza. Sea como sea, el resultado final es el mayor desaprovechamiento de un gran artista que se pueda recordar.
Pero quizá el mayor responsable de la decepción sea el guionista,  John J. McLaughlin, que a partir de un libro de Stephen Rebello pierde el rumbo al enfrentarse a la vida de Hitchcock sin tener bien claro lo que quiere contar. Una vez más estamos ante una película que podía haber tomado dos rumbos diferentes, y que querer abogar por ambos a la vez hace que el resultado sea pobre y simple. No estamos ante una biografía completa de Hitch, no nos explican sus orígenes, sus motivaciones, su etapa británica o sus primeras películas, pero tampoco es un estudio profundo y reflexivo de una etapa concreta, centrándose más en una faceta de su vida que en el conjunto, como trató de hacer con mayor fortuna Simon Curtis en Mi semana con Marilyn. La idea de centrarse más en el rodaje de Psicosis que en la vida de Alfred Hitchcock podría haber resultado adecuada si al salir de la proyección hubiésemos descubierto los secretos de dicho rodaje, pero tampoco es así, pues tras hora y media de película lo único que sacamos en claro es la obsesión del director por sus actrices (por amarlas y maltratarlas), sus desavenencias con una parte de la productora que no creían en el proyecto y la influencia de Alma Reville en él. Poca cosa para un personaje tan interesante y complicado, cuyas principales anécdotas reflejadas en el film son tan populares que es difícil que el cinéfilo medio descubra nada nuevo que le pueda sorprender.
Pese a todo, la película no es un despropósito total, claro está. El resto del reparto es tan impresionante que hacen subir el nivel de la media con su sola presencia, pero precisamente por ello se queda uno con la sensación de que con muy poquito esfuerzo se podría haber logrado algo mucho más interesante. No saber sacar apenas partido de la magnífica Hellen Mirren o el intenso Danny  Huston (¿qué tal si la película hubiese sido algo del tipo “Alfred y Alma” y se hubiese centrado más en la propia relación que en su faceta de director?), o permitir que Scarlett Johansson,  Jessica Biel o Tony Collette simplemente pasen por ahí, son errores casi imperdonables para el novato Gervasi que se ha estrenado en este mundillo con un proyecto que, desde el primer momento, le ha venido grande.

Habrá que esperar a que llegue a España la película para televisión The Girl, esta sí centrada en la relación entre Hitchcock (Tobey Jones) y Tippi Hedren (Sienna Miller) durante el rodaje de Los Pájaros, a ver si puede aportar algo nuevo a la figura tan conocida y desnudada hasta la saciedad del realizador de Con la muerte en los Talones.