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domingo, 10 de diciembre de 2017

SUBURBICON: inquietante y divertida, pero no lo suficiente.

Aun teniendo una trayectoria algo irregular, lo cierto es que el cine de los Hermanos Coen nunca llega a decepcionar del todo. Sus comedias son siempre ingeniosas, con un tono muy negro y retorcidamente ácidas.
En ocasiones, como la que nos ocupa, han dejado que sus ideas las filmen en pantalla otros directores. Ya sucedió en Un plan perfecto (Gambit), dirigida por Michael Hoffman, y vuelve a suceder en Suburbicon. Y en ambos casos, aunque se reconoce el estilo inconfundible de Joel y Ethan en el libreto, la puesta en escena no termina de estar a la altura.
El elegido en esta ocasión ha sido George Clooney, viejo amigo y actor habitual de los Coen. Clooney ha demostrado con anterioridad ser un actor solvente y tiene alguna gran película en su haber (Buenas noches y buena suerte y Los Idus de Marzo están en esa categoría), aunque su estilo visual es bastante conservador y clasicista. En Suburbicon, Clooney parece querer imitar a los Coen y, aunque no lo hace mal, las comparaciones le convierten en el perdedor.
Suburbicon es una zona residencial en auge en plena década de los setenta, una barriada pacífica y agradable hasta que unos nuevos vecinos de raza negra se mudan al lugar. Paralelamente a este hecho, unos desconocidos entran en casa de los Lodge, asesinando a la mujer de la casa.
Bajo esta premisa, los hermanos Coen (con Grant Heslov y el propio Clooney retocando el guion) construyen una trama criminal con toques que recuerdan a Fargo, y que tiene en su cuarteto interpretativo su mejor baza. Matt Damon y Juliane Moore están tan eficaces como siempre, Oscar Isaac slo necesita un par de escenas para desplegar todo su talento y el pequeño Noah Jupe, actualmente en Wonder, es el gran acierto, capaz de cargar a sus espaldas con el personaje más complejo y difícil.
Quizá lo que más rechine en la película, y que hacen que no funcione como debería, es la incorporación del elemento social y político, al parecer correspondientes a los añadidos de Clooney y Heslov. Al final, la subtrama racial no termina de ir a ningún sitio y se convierte casi en un mcguffin que, sin embargo, ocupa demasiado tiempo e pantalla para su insatisfactoria resolución.
La película es violenta y divertida a la vez, pero deja una ligera sensación de vacío, como si le faltara algo para poder encajar correctamente todas las piezas. Algo no funciona como debería y, sin embargo, tampoco se puede encontrar un fallo concreto de la misma. Es, simplemente, una amarga sensación de que hay un quiero y no puedo, de que Clooney aspira a algo para lo que se queda corto, algo que ya sucedía en su anterior film como director, Monuments men, y en su última colaboración a las órdenes de los Coen, Ave César!
Pese a ello, la película se deja ver, siendo disfrutable y entretenida, aunque fácil de olvidar apenas salir de la sala.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 10 de julio de 2016

MONEY MONSTER: desesperación en primer time.

Tras cinco años alejada de la silla de directora, desde la curiosa El Castor, y tampoco mucho más activa como actriz (solo su aparición en Elysium), Jodie Foster vuelve al primer plano de la actualidad con Money Monster, un intenso thriller con tintes de denuncia que tiene la crisis económica como telón de fondo y a dos estrellas como George Clooney y Julia Roberts de gran reclamo.
Clooney es Lee Gates, un gurú de la economía que aconseja inversiones en bolsa desde un programa de televisión que dirige Patty Fenn, el personaje de Roberts. Se trata de un programa de esos llenos de sirenas estridentes, efectos visuales y todo el show necesario para adornar las payasadas de Gates y trivializar la situación económica, aunque se acaba de producir un descalabro en una de las “apuestas seguras” del programa. Todo rutinario hasta que entra en escena, en riguroso directo, Kyle Budwell, un joven que ha perdido todo su dinero invirtiendo en dicha empresa y que, pistola en mano, amenaza a Gates, a quien culpa de su ruina.
A partir de aquí comienza un juego de poder en el que, para salvar su vida, el propio Gates deberá descubrir, desde el propio plató, qué se esconde tras el crac financiero, producido, aparentemente, por un error informático.
Puede entenderse esta película de dos maneras: como un simple entretenimiento con intriga y alguna sorpresa oculta o como una película de denuncia tanto contra la frivolidad televisiva como contra las grandes corporaciones que anteponen el ansia de ganar dinero por encima de todo. Es evidente que Foster apuesta por esta segunda opción, y aunque consigue su objetivo en pequeñas pinceladas la sensación global es que no consigue implicar al espectador lo suficiente como para salir de la sala indignado contra nada ni contra nadie. No es, al fin, una película crítica que invite a la reflexión y he ahí el fracaso de la misma.
Ahora bien, amparándose a un buen ritmo narrativo, a dos estrellas de Hollywood que ya habían demostrado con anterioridad su gran química en pantalla, a la presencia emergente de Jack O’Connell y a una historia que no por previsible deja de ser entretenida en todo momento, Money Monster es un estupendo entretenimiento, un thriller de altura al que si despojamos toda pretensión didáctica y la tomamos como simple espectáculo cinematográfico raya a gran nivel, siendo sumamente recomendable.
En el apartado interpretativo el nivel de las estrellas cumple con lo esperado, aunque quizá sea la Roberts quien tiene un personaje más plano. Clooney está magnífico, como siempre, evolucionando ligeramente desde el presentador altivo y algo cínico del inicio (volviendo a demostrar que pocos galanes son capaces de reírse de sí mismos como él) hasta el hombre comprometido y defensor de la verdad en el que deriva. Habría sido interesante ver cómo hubiese avanzado la historia si se hubiera mantenido su personalidad ácida y egoísta, pero eso ya es  buscar un camino diferente al que ha querido recorrer Foster. O'Connell, quien ya fuese lo mejor del Invencible de Angelina Jolie, está magnífico como hombre atribulado y superado por sus propios errores, optando por el camino fácil de culpar a los demás de sus desgracias (y no sin cierta razón, desde luego).
Entretenidísima película donde el secreto para disfrutarla está entre saber distinguir entre lo que vemos o lo que querríamos ver. Hablando de fútbol, se suele decir que todo español tiene un seleccionador dentro. Evidentemente, todo espectador tiene también un guionista dentro. Pero, por una vez, dejémonos llevar por los que cobran por ello, ¿no?

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 24 de febrero de 2016

¡AVE, CÉSAR! Carta de amor sin contemplaciones.

Era muy esperada la última comedia de los Hermanos Coen, más después de que sus últimas incursiones cinematográficas fuesen en un ámbito más serio como Valor de Ley, A propósito de Llewyn Davis o su guion para El puente de los espías.
Con ¡Ave, Cesar! Retoman ese tono desenfadado y casi absurdo que tan bien supieron explotar en títulos ya clásicos como El gran salto o El gran Lebowsky y con la que rematan lo que ellos mismos han denominado “la trilogía de George Clooney estúpido” que se completa con O brother! y Crueldad intolerable.
La película se anunciaba (y así o confirmaba su tráiler) como un homenaje al Hollywood más clásico, aquel que vivió una época dorada en la que fue conocido como “la fábrica de sueños”. 
Pero parece que este homenaje no ha sido del gusto de todos, estando recibiendo la película injustos palos por todas partes. Puede que el problema no esté en la película en sí, sino en las expectativas que uso directores como los Coen pueden generar (aunque sus mejores trabajos han estado siempre alejados del humor puro, como en la magnífica Fargo, algo que pudo pasar también con la interesante aunque no excelsa Regresión de Amenábar. Yo prefiero valorar una película por lo que aporta, dejando las expectativas en la puerta y sin condenarla por lo que sus autores podrían haber hecho en otros tiempos.
Y vista así, ¡Ave, Cesar! es más que un simple homenaje. Es una verdadera carta de amor a la industria del cine. Es un análisis en tono de humor paródico (que no de burla) de un día dentro de las entrañas de un gran estudio, con el personaje de Josh Brolin (inmenso) como guía conductor de una especie de recorrido turístico que nos llevará por el mundo de los musicales, las comedias, los westerns o las superproducciones bíblicas.
Si pudiésemos valorar la película como una serie de escenas aisladas, como un retrato de los diversos géneros a través de breves momentos de rodajes en cada uno de los platós de un enorme estudio, quizá podríamos definir la película como magistral. Es en su argumento general (el secuestro de una gran estrella por parte de un grupo comunista) cuando la historia cojea un poco. Como si se tratase de una mera excusa, una simple historieta sin demasiada chica, para mostrarnos lo que sucede alrededor. Es, si me permiten ponerme metafórico, como la propia creación de una película, donde los focos se centran en el rodaje pero las verdaderas historias pueden estar sucediendo alrededor.
Con Josh Brolin como el auténtico rey del cotarro y Clooney, el galán secuestrado, haciendo de segundo de a bordo, la película se nutre de un sinfín de estrellas que  decoran y dan brillo a la función, por más que en algunos casos sean poco más que cameos de una sola escena. Así, podemos contemplar a Alden Ehrenreich, Ralph Fiennes, Scarlett Johansson, Tilda Swinton, Frances McDormand, Channing Tatum (fantástica su aparición), Christopher Lambert o Jonah Hill entre otros.
Los Coen aman al cine, y lo demuestran con cada retablo aquí representado, con los guiños a películas de sirenas de Esther Williams, de musicales como los de Fran Sinatra, con galanes del western seduciendo a fotocopias de Carmen Miranda, con directores que recuerdan mucho a Michael Curtis y , femmes fatales que podrían ser un retazo de Loretta Young, la caza de brujas mccarthyana, anécdotas con personajes reales coladas entre la ficción, péplums bíblicos, las hermanas periodistas inspiradas en Hedda Hopper, la presencia de la única mujer montadora que hubo, y así un infinito número de homenajes, muchos de ellos apenas perceptibles por la mayoría del público (¿alguien sabría decir cuándo aparece Dolph Lundgren en pantalla?).
Así, sin alcanzar ni mucho menos la perfección, los Coen logran plasmar en imágenes la pasión que sienten por un mundo y una época como pocos sabrían hacer, transmitiendo la misma emoción que lograba Scorsese con La invención de Hugo o Michel Hazanavicius en The Artist, pero con mucho más brillo y esplendor y, sobre todo, sentido del humor.
En resumen, un magnífico divertimento para todos los públicos pero que hará las delicias especialmente a aquellos otros enamorados del cine que sepan conectar con el lenguaje de los 
Coen.
Yo he sido uno de ellos.

Valoración: 8 sobre 10.

domingo, 3 de enero de 2016

DESPIDIENDO LA NAVIDAD CON LAS NOVEDADES DEL BLOG

Pese que aquí en España (y en bastantes países latinoamericanos) las fiestas de Navidad no finalizan hasta que pasa el día de Reyes, lo cierto es que con el cambio de año parece que el ambiente festivo comienza a disiparse y la normalidad regresa a los hogares y trabajos de todos nosotros.
El blog no es una excepción y es hora ya de centrarse en las opiniones de las películas que se van estrenando en nuestras carteleras, que de esto va la cosa.
Sin embargo, permitidme un último alto en el camino para comentar brevemente los pequeños cambios que sufrirá el blog de cara al ejercicio que estamos a punto de comenzar.
En primer lugar, desaparece una sección fija del 2015: la sugerencia del mes. El motivo principal es que en los últimos meses la lista de sugerencias propuestas por los lectores estaba menguando notablemente, así que he pensado que lo mejor es hacer un alto en el camino y a otra cosa, mariposa. Eso no significa, por supuesto, que no podáis seguir proponiendo películas. Conservaré vuestras sugerencias y quizá, en un futuro, retome la sección.
La otra sección habitual del blog también variará un poco. Debido a la falta de tiempo que provocaba que en ocasiones las opiniones de estrenos se retrasaran terriblemente, he decidido eliminar la periodicidad del comentario del mes. Si en algún momento lo considero oportuno, volveré a publicar comentarios de opinión, tal y como ya venía sucediendo habitualmente con las entregas de premios o festivales, pero sin el compromiso de la obligatoriedad mensual.
¿Y qué novedades habrá este año? Pues alguna hay, desde luego. Y es que aunque siempre he querido enfocar esto al mundo del cine en exclusiva, evitando la tentación de comentar películas antiguas (quitando el caso de las sugerencias) que haya recuperado en DVD, los tiempos cambian, y eso implica que algunos títulos interesantes no lleguen siquiera a las salas de cine. Esto puede suceder por capricho de las distribuidoras, que consideran que no tiene el tirón suficiente para estrenarlas a lo grande o porque retrasan tanto la fecha de estreno que cuando llega el momento ya las ha visto todo el mundo de manera poco convencional, o porque su producción ha sido destinada directamente a otros formatos, como el Video bajo demanda (VOD). Por ello, cuando me encuentre con alguna película que no haya pasado por salas de cine pero considere que merece (para bien o para mal) un comentario, aquí la tendréis, en una sección que titularé: Cine de salón (CDS).
Y sin dedicarle un comentario exclusivo, mi primera opinión (cerrando así el círculo navideño) será para A very Murray Christmas, uno de esos especiales televisivos que por estos lares suele monopolizar Raphael protagonizado por Bill Murray y dirigido por Sofia Coppola y que nos ha llegado a España de la mano de Netflix.
A very Murray Christmas cuenta, a ritmo de musical, como una terrible tormenta de nieve que azota Nueva York impide a los invitados a acompañar a Bill Murray en un especial televisivo en directo puedan llegar al hotel. Deprimido por su soledad, el cómico languidecerá en el bar del hotel a ritmo de baladas navideñas lacónicas y rodeado de personajes igual de solitarios y desamparados hasta que una ensoñación le permita disfrutar del festival que su figura merece.
Una historia sencilla con maravillosas actuaciones musicales y un tono demasiado melancólico en algunos momentos (quizá Coppola no era la idónea para un musical navideño) que permite hacernos reír y disfrutar de la voz de Murray acompañado de un puñado de amigos, entre los que destacan George Clooney, Miley Cyrus, Michael Cera, Chris Rock, Jason Schwartzman, Amy Poehler, Rashida Jones, etc.
Una simpática opción, algo más glamurosa que la de Raphael, para finiquitar estas fiestas.
Por cierto, otra novedad que voy a incorporar es la de acompañar el título de la película con una frase breve que la defina, dejando la puntuación para el final del comentario. Un comentario que, excepto en circunstancias excepcionales, trataré de que sea más breve y contenido que hasta ahora.
Y a partir de ahora, ya por fin, estrenos…

sábado, 30 de mayo de 2015

TOMORROWLAND (8d10)

Decía Christopher Nolan cuando presentó Interstellar que quería rendir un homenaje a los soñadores espaciales, hablar sobre esa época en la que la gente miraba hacia las estrellas en lugar de hacia la tierra. Para ello, imaginó una fábula oscura y casi apocalíptica, con un planeta muriéndose y el espacio (con imposibles teorías cuánticas de por medio) como única esperanza.
Algo parecido quiere contar la película de Brad Bird, en un claro homenaje a esa época que Nolan añoraba donde ser astronauta era el sueño de todo niño y era factible que todo era posible en esta vida. Pero para ello Bird, mucho más optimista y colorido que su colega, prefiere empezar mirando al pasado, viajando precisamente a esa época dorada no sólo de la carrera espacial sino de los avances técnicos en general. Un viaje al pasado tanto argumental como estilístico (algo así había ya en su versión animada de los superhéroes en esa maravillosa película que es Los Increíbles), concibiendo una película que, toda ella, supone un homenaje a la magia que imperaba el cine de finales de los ochenta. Tanto es así, que toda la primera hora inicial desprende un aroma nostálgico que recuerda al mejor Spielberg, desde la mirada de fascinada inocencia que aporta el personaje de Frank Walker en su versión infantil como el regusto de aventura juvenil (nada que ver con el pretensioso y trágico trascendentalismo habitual en las sagas modernas tipo Los Juegos del hambre y demás) que supone la presentación de Casey. Es por eso que Tomorrowland, con sus excesos digitales y su gran despliegue tecnológico, esconde en su fondo un homenaje a clásicos como E.T., los Goonies o Regreso al futuro (en todas ellas estaba la mano de Spielberg, de una manera u otra), con lo que el visionado de esta Tomorrowland podría completarse en una magnífica sesión doble con la recuperación de Super8, de J.J.Abrams, que pretendía jugar, a su manera, a lo mismo. Incluso comparten ambas al mismo compositor musical, el gran Michael Giacchino que se rebela de nuevo como el más avanzado sucesor de John Williams.
Dice por ahí que la película no está arrasando en taquilla y que ya la califican como la “nueva John Carter” de Disney. Y con todo el pesar de mi corazón debo añadir que no me sorprende en absoluto. Y es que el espectador actual, tal y como la sociedad a la que la película acusa, está demasiado acostumbrada a la oscuridad como para aceptar un poco de luz. O quizá hayan olvidado incluso esa época (liderada por la propia Disney) donde era posible hacer un cine de entretenimiento sin realizar, necesariamente, un aparatoso y monumental blockbuster. Y es que no creo que Tomorrowland haya sido concebida para batirse en duelo con títulos como Los Vengadores, Mad Max o la inminente Jurassic Word (hombre, hacer dinero sí que quieren, claro, que son la Disney), sino más bien para hacer pasar un delicioso rato en familia con un puntito de mensaje de fondo. Una de las muchas y entretenidas superproducciones Disney alejadas de las franquicias Marvel o Star Wars, como fuera en su  momento (hasta que la convirtieron en saga y la estropearon) Piratas del Caribe. Nada más ni nada menos.
Tomorrowland cuenta la historia de un grupo de genios que un buen día decidió unirse para crear un mundo mágico, un prodigio tecnológico, una ciudad del futuro ubicada en una dimensión paralela que representara el resurgir de una nueva civilización. Hasta que un día Frank, uno de sus miembros más jóvenes, inventa algo que pondrá en peligro el futuro de todo.
Por otro lado, la joven y soñadora Casey, defensora de causas perdidas como la demolición de una planta de lanzamiento espacial de la NASA en Cabo Cañaveral, recibe un misterioso pin que, a su contacto, la transporta a ese misterioso y mágico lugar.
De personalidades opuestas (aparentemente) pero condenados a entenderse, Frank y Casey deberán formar equipo para cambiar el desolador futuro de la humanidad.
Con una sorprendente química entre George Clooney y Britt Anderson (pese a la diferencia generacional) y la tremenda revelación que supone el descubrimiento de la hipnótica Raffey Cassidy interpretando a un personaje que supone el nexo de unión entre ambos mundos, Bird (en colaboración con Damon Lindelof, uno de los guionistas bandera de Perdidos que firma la historia junto al propio director) propone una fábula futurista (supuestamente ambientada en la atracción homónima de los parques Disneyland, aunque apenas toma de ella el nombre y el concepto básico) con tintes pre apocalípticos, con la sana intención de advertir a la sociedad de los peligros de no rebelarnos contra nuestro propio futuro aciago y limitarse a esperar de brazos cruzados a que todo llegue al final. Con un planeta destinado a la oscuridad, Bird se refugia en la luz y el color para ofrecer un mensaje optimista a todo aquel que quiera escucharlo, aprovechando la ocasión para aderezarlo con trepidantes persecuciones, peleas frenéticas y constantes cambios de ritmo cual si de una montaña rusa se tratase hasta desembocar a la sorprendente revelación final, cargada de una profundidad poco dada en productos que podrían ser tildados a simple vista como puramente palomiteros.
No todo es perfecto en este mundo del mañana, pues la magia a la que me refería al principio se va desinflando a medida que avanza el metraje y se torna rutinaria en su acto final, en un desenlace demasiado atado a los convencionalismos del cine de acción que poco (aparte de una significativa escena “de lagrimita”) aportan al mensaje final. Con un agotador derroche de efectos visuales que, por exigencias argumentales, van también de más a menos en la película, la sensación al salir de la sala puede ser un poco descompensada, culpa de poner toda la carne en el asador en unos sesenta minutos iniciales completamente geniales que eclipsan al resto del film, provocando que incluso la supuesta importancia del papel de Robertson se nos quede algo desdibujada.
Pese a ello, la experiencia ha sido plenamente satisfactoria, y sólo la posibilidad de imaginar un futuro como el de Tomorrowland ya invita a creer de nuevo en la magia de que todo es posible. Rodada (e inspirada) en la Ciudad de las Artes y la Ciencia de Valencia, Tomorrowland es todo lo que una película apocalíptica actual no es. Y quizá por ello no es entendida por mucha gente, que echa en falta las muertes, los desastres o incluso los zombies. A todos ellos les digo que no se preocupen. En unas semanas llegará a las carteleras Sant Andreas y el mundo volverá a irse al carajo como la mayoría desea, con terremotos y destrucción. Yo, por mi parte, me he cansado un poco de tanta oscuridad amarga y prefiero disfrutar de un futuro como el de Tomorrowland.
¡Qué le voy a hacer si viví los ochenta…!


lunes, 24 de febrero de 2014

THE MONUMENTS MEN (8d10)

Disparidad de opiniones la que genera la última película de George Clooney como director tras la magnífica Los Idus de marzo. Desde mis amigos del CSI (cuanto los echaba de menos) que la pusieron a caer de un burro en su paso por Cannes hasta los que fueron agraciados por pases de prensa hace un par de semanas y la definían como obra maestra.
Sin tener el punto de crítica reflexiva aquella tragicomedia política que tan brillantemente interpretaron Ryan Gosling y el tristemente desaparecido Philip Seymour Hoffman, creo que este episodio concreto de la II Guerra Mundial es un nuevo acierto de Clooney que logra con brillantez intercalar momentos de comedia con el drama que supuso el azote nazi y al amparo de talentosos intérpretes que acompañan a la estrella de la función, Matt Damon, como miembros de una coreografía, destacando a Bill Murray, John Goodman, Jean Dujardin y Bob Balaban, sin olvidar a la gran dama de Hollywood que no es otra que Cate Blanchett, por supuesto.
The Monuments Men cuenta la historia real –con las inevitables licencias, doy por supuesto- de un grupo de soldados sin formación militar que son enviados a la Francia ocupada, primero, y a la Alemania nazi después, en las acaballas de la guerra para intentar evitar si es posible robos de obras de arte por parte de los ejércitos de Hitler o, al menos, tratar de recuperar lo ya desaparecido. A simple vista puede parecer una frivolidad dedicarse a proteger unos cuadros cuando hay tantas muertes inocentes por medio, pero como muy bien justifica el personaje de Clooney al comienzo del film: “Pueden exterminar a toda una generación, arrasar sus casas, y aun así el pueblo se repondría, pero si destruyen su historia, si destruyen sus logros, eso es como si nunca hubieran existido”.
Quizá el problema que ha tenido esta película con la crítica ha sido la suposición por parte de algunos espectadores de que iban a encontrarse con un drama bélico al estilo de El tren, aquella película de John Frankenheimer con Burt Lancaster en su reparto, o con la acidez brutal de los Malditos Bastardos de Tarantino, pero si sólo se hubiesen molestado en visionar el tráiler se habrían dado cuenta de que la historia que Clooney quiere plasmar es en realidad una comedia sobre un grupo de personajes totalmente ajenos al mundo militar tanto por conocimientos como, en algunos de los casos, por edad que casi recuerda más a los Space Cowboys de Eastwood. 
No hay escenas bélicas ni apenas tiroteos, aunque eso no implica que no haya momentos de tensión o que la película ignore el drama de lo que sucedió en la vieja Europa por culpa de un dictador demente y sus cegados seguidores. Sencillamente, Clooney opta por centrarse en las andanzas de sus hombres, teniendo la habilidad de bastarse de pequeñas sutilezas (la mención al destino del hermano del personaje que interpreta Blanchett, la casa vacía de una familia judía, el bidón lleno de dientes de oro) sin necesitar recurrir a planos de cadáveres o a famélicos judíos encerrados en sus campos para hacer justicia a los caídos
Así, las propias obras de arte son una metáfora de las víctimas de la guerra, y los cuadros ardiendo bajo el fuego nazi representan todo aquello que se perdió en esa guerra. Y aun así, consigue hacernos sonreír, disfrutar con unos personajes simpáticos y efectivos a los que quizá la coralidad de la historia impide que se les saque todo el jugo posible, pero que funcionan en pantalla y transmiten su energía y positividad, que junto con la acertada composición de Alexander Desplat dan a la cinta un aire épico y emotivo.
Dirigida con un clasicismo que recuerda al Hollywood dorado, The Monuments Men no es, al fin, una película bélica, lo que muchos no han sabido perdonar a Clooney. Pero olvidan que al cine se va a disfrutar de la película que un señor (llámese George Clooney o llámese Perico de los Palotes) ha querido realizar, y no a ver lo que el propio espectador quiere ver. Nunca llueve a gusto de todos pero decir que The Monuments Men es una mala película es estar cegado por las fobias que asaltan a muchos críticos de opereta.
No es una obra maestra, pero tampoco se lo pedía.


sábado, 5 de octubre de 2013

GRAVITY (8d10)

Resulta difícil realizar la crítica de una película cuando no hay absolutamente nada a criticar. Alfonso Cuarón, realizador de, posiblemente, la mejor película de la saga Harry Potter, demuestra una vez más que es un virtuoso con la cámara y arranca la película con un plano secuencia sencillamente magistral, maravilloso, poético. Ya en 2006, en Hijos de los hombres, Cuarón impresionó con un tiroteo contra el bueno de Clive Oven por las entrañas de un edificio sin un solo corte, pero en su nueva película se supera a sí mismo con 17 minutos de pura magia invitando al espectador a conocer el mundo en el que se va a desarrollar la historia, el espacio exterior, un lugar sin oxígeno, sin gravedad y, contradiciendo a George Lucas y sus explosiones, sin sonido.
No fue sencillo el proceso de realización de esta película que amenazó en diversas ocasiones con ser cancelada, primero por la falta de acuerdo por temas económicos con la actriz propuesta, Angelina Jolie, y después por la marcha repentina de su sustituta, Natalie Portman. Ya con Sandra Bullock en el proyecto el siguiente en darse a la fuga fue el protagonista masculino, Robert Downey Jr., y Gravity parecía que iba a caer en el cajón de los proyectos que podrían haber sido y nunca fueron, pero  la determinación de Cuarón y la fidelidad de Bullock, que creyó en el proyecto hasta el final, permitieron que ésta terminara por realizarse, empujada por la presencia definitiva de George Clooney como partenaire.
Apoyada básicamente en la interpretación de estos dos grandes actores y el virtuosismo del director, Gravity explica la historian de dos astronautas que quedan vagando en el espacio cuando residuos cósmicos impactan contra su nave, inutilizándola y obligándolos a intentar llegar hasta una estación china donde una cápsula de salvamento les permita regresar a la Tierra. Una premisa sencilla, una idea sin complicaciones, para regalarnos hora y media de bellas vistas nuestro planeta visto desde el espacio, momentos de ritmo frenético y una sensación de angustia y terror que por momentos nos deja sin aliento, como si nosotros mismos estuviésemos embutidos en un traje de astronauta junto a Bullock apurando nuestras reservas de oxígeno.
Sandra Bullock, una vez más, demuestra que cuando quiere es una extraordinaria actriz, y viendo su interpretación de la doctora Ryan Stone uno se pregunta por qué no quiere más a menudo y se deja de protagonizar esas comedias absurdas en las que suele estar encasillada (claro que el hecho de ser una de las actrices mejor pagadas del momento gracias a esas comedias absurdas debe influir algo). Su recreación de la astronauta que lucha por su supervivencia es impecable, transmitiendo a la perfección todo su dolor y sufrimiento y evitando la sobreactuación a la que determinadas situaciones invitan y colocándola como una de las primeras y más firmes candidatas al Oscar (y cabe recordar que la Miss Agente Especial ya tiene uno en su haber).
Me cuesta hablar de obra maestra, pues soy de los que piensan que para ello se debe dejar pasar el tiempo y ver las cosas con perspectiva, pero no hay ninguna duda que Gravity es magistral. Un producto tan arriesgado y difícil como brillante y que sitúa al realizador mexicano como una figura muy a tener en cuenta en el Hollywood actual.

Nadie debería perderse esta película. Es magia pura. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, el 3D aporta algo. Y si no me creen, vayan, vayan y ya me dirán…