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lunes, 24 de diciembre de 2018

ROMA

Roma no es una película fácil. Quizá, ni siquiera sea una película. Es un poema, una obra lírica sobre un barrio de México y los residentes de una de sus casas. Es la historia de dos mujeres, la señora y la criada, retratadas en un cristalino blanco y negro que convierte los fotogramas en versos encadenados.
Pero no es una poesía convencional, romántica y lírica. Pertenece más bien a la rama del modernismo coloquial que tan bien encabezó William Carlos Williams y a quien Jim Jarmusch rinde homenaje en Paterson.
Sirva esto como aviso de que roma no va a ser del gusto de todo el mundo. No importa lo que le hayan dicho o hayan leído. Puede ser una obra maestra, desde luego, pero no al alcance de cualquiera, lo mismo que no estaba al alcance de cualquiera saber apreciar las virtudes (que yo aún estoy buscando) de Moonligh, por ejemplo.
Roma es el regreso a la infancia de Alfonso Cuarón, que tras saborear la gloria absoluta con Gravity ha querido poner los pies en la tierra (nunca mejor dicho) para embarcarse en una producción pequeña pero libre de la dictadura de Hollywood y, de la mano de Netflix, hacer un repaso a los recuerdos en su antiguo barrio, recreando un cuento tortuoso que no solo es el reflejo de dos amigas a ambos lados de las clases sociales, es también un retrato de la sociedad mejicana de los setenta, alternando desfiles por las calles con tiroteos sin que la cámara, sobria y elegante, se inmute ni por un momento.
Roma es el mejor Cuarón, arrancando un pedazo de realidad a la vida y colocándola ante nuestros ojos, pero es también un juego al que debemos acudir de la mano de la sirvienta Cleo para convertirnos en su confidente y amigo. Y, quien no quiera (o no sepa) aceptar ser partícipes en ese juego, esta no es una película adecuada para él.
No creo que Roma sea una obra maestra definitiva, pero se queda muy cerca de ser algo grande de verdad.


Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 5 de octubre de 2013

GRAVITY (8d10)

Resulta difícil realizar la crítica de una película cuando no hay absolutamente nada a criticar. Alfonso Cuarón, realizador de, posiblemente, la mejor película de la saga Harry Potter, demuestra una vez más que es un virtuoso con la cámara y arranca la película con un plano secuencia sencillamente magistral, maravilloso, poético. Ya en 2006, en Hijos de los hombres, Cuarón impresionó con un tiroteo contra el bueno de Clive Oven por las entrañas de un edificio sin un solo corte, pero en su nueva película se supera a sí mismo con 17 minutos de pura magia invitando al espectador a conocer el mundo en el que se va a desarrollar la historia, el espacio exterior, un lugar sin oxígeno, sin gravedad y, contradiciendo a George Lucas y sus explosiones, sin sonido.
No fue sencillo el proceso de realización de esta película que amenazó en diversas ocasiones con ser cancelada, primero por la falta de acuerdo por temas económicos con la actriz propuesta, Angelina Jolie, y después por la marcha repentina de su sustituta, Natalie Portman. Ya con Sandra Bullock en el proyecto el siguiente en darse a la fuga fue el protagonista masculino, Robert Downey Jr., y Gravity parecía que iba a caer en el cajón de los proyectos que podrían haber sido y nunca fueron, pero  la determinación de Cuarón y la fidelidad de Bullock, que creyó en el proyecto hasta el final, permitieron que ésta terminara por realizarse, empujada por la presencia definitiva de George Clooney como partenaire.
Apoyada básicamente en la interpretación de estos dos grandes actores y el virtuosismo del director, Gravity explica la historian de dos astronautas que quedan vagando en el espacio cuando residuos cósmicos impactan contra su nave, inutilizándola y obligándolos a intentar llegar hasta una estación china donde una cápsula de salvamento les permita regresar a la Tierra. Una premisa sencilla, una idea sin complicaciones, para regalarnos hora y media de bellas vistas nuestro planeta visto desde el espacio, momentos de ritmo frenético y una sensación de angustia y terror que por momentos nos deja sin aliento, como si nosotros mismos estuviésemos embutidos en un traje de astronauta junto a Bullock apurando nuestras reservas de oxígeno.
Sandra Bullock, una vez más, demuestra que cuando quiere es una extraordinaria actriz, y viendo su interpretación de la doctora Ryan Stone uno se pregunta por qué no quiere más a menudo y se deja de protagonizar esas comedias absurdas en las que suele estar encasillada (claro que el hecho de ser una de las actrices mejor pagadas del momento gracias a esas comedias absurdas debe influir algo). Su recreación de la astronauta que lucha por su supervivencia es impecable, transmitiendo a la perfección todo su dolor y sufrimiento y evitando la sobreactuación a la que determinadas situaciones invitan y colocándola como una de las primeras y más firmes candidatas al Oscar (y cabe recordar que la Miss Agente Especial ya tiene uno en su haber).
Me cuesta hablar de obra maestra, pues soy de los que piensan que para ello se debe dejar pasar el tiempo y ver las cosas con perspectiva, pero no hay ninguna duda que Gravity es magistral. Un producto tan arriesgado y difícil como brillante y que sitúa al realizador mexicano como una figura muy a tener en cuenta en el Hollywood actual.

Nadie debería perderse esta película. Es magia pura. Y, por una vez y sin que sirva de precedente, el 3D aporta algo. Y si no me creen, vayan, vayan y ya me dirán…