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miércoles, 27 de noviembre de 2019

LE MANS '66

Por motivos que aquí no vienen al caso, parece que, en cuestiones de motor, los estadounidenses siempre han sido más aficionados de las pruebas al límite y los desafíos extremos que suponen competiciones como las 24 horas de Le Mans que de las multimillonarias carreras de Formula 1. Esas pruebas eran menos profesionales y mucho más peligrosas (que le pregunten a Steve McQueen o a Paul Newman) y eso las hacía de mayor interés para el pueblo llano, ya que aun teniendo poderosas escuderías detrás, un simple mecánico de taller podría ser piloto.
En los albores de 1966 Ferrari era la líder indiscutible del sector y en la Ford, marca americana por excelencia, que habían sido los primeros en fabricar coches en serie pero nunca se habían preocupado de participar en eventos deportivos, se les ocurrió desafiar al gigante italiano, contratando para ello al único yanqui que había ganado Le Mans hasta la fecha, retirado de los circuitos por problemas de corazón, como jefe de equipo.
Así comenzaba el duelo entre Ford y Ferrari que tendría su punto çalgido en la carrera de Le Mans de 1966 y cuya historia (más o menos real) refleja la película.
Le Mans ’66 cuenta con James Mangold como director, un tipo bastante competente pero que había perdido mucho crédito con Lobezno: inmortal, pero lo había logrado recuperar con Logan. Con Matt Dammon como el jefe de equipo Carroll Shelby y Christian Bale como el piloto Ken Miles dando lo mejor de si mismos, Mangold ha reconstruido una historia épica y de superación con un estilo narrativo que recuerda al Hollywood clásico, cuando se hacían películas deportivas con cierta continuidad antes de que los blockbusters semanales lo coparan todo.
Aunque parece que no hay que tomarse la historia con una verosimilitud milimétrica (al fin y al cabo, esto es cine, recuerden si no a Bohemian Rhapsody), parece que la traslación fílmica es bastante precisa, reflejando la pugna entre las dos compañías sin importarles a quien se llevaran por delante. Puede que en ese sentido Mangold peque un poco de demonizar a Henry Ford II y Enzo Ferrari, a los que casi convierte en villanos de opereta, pero lo hace para servirse de ellos al querer contar una pugna empresarial donde todo vale por la victoria y lo único que lo puede justificar todo es el dinero.
En esas se encuentran los protagonistas, dos rivales y amigos hermanados por su amor hacia los coches y, pese a sus diferencias, obligados a entenderse. Así, esta es, después de todo, una película sobre una amistad, sobre el sentido del honor y el orgullo y sobre el reconocimiento de un héroe más allá de sus ideas o su conducta.
En el aspecto técnico, Mangold está también impecable, siendo tan preciso en los momentos más familiares como en las espectaculares carreras automovilísticas, y aunque puede que no llegue la película al nivel de Rush, es un buen complemento para los amantes del mundo del otor. O incluso para los que, como yo, no lo sean.
En resumidas cuentas, interesante película deportiva de fondo reflexivo sobre la amistad y la ambición, con grandes interpretaciones y un ritmo que permite que las dos horas y media de metraje pasen como un suspiro.


Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 23 de abril de 2018

UN LUGAR TRANQUILO

Actor de largo bagaje, John Krasinski es conocido, sobre todo, por su personaje en la versión americana de la serie The Office, y en breve será el rostro televisivo de Jack Ryan, aunque posiblemente hasta ahora seguía siendo más conocido por estar casado con Emily Blunt que por otra cosa. Hace dos años (dejando de lado algún que otro capítulo de dicha serie) decidió dar el salto a la dirección con Los Holland, aunque ha sido con su segunda película, Un lugar tranquilo, con la que ha conquistado a público y crítica de manera irrefutable.
Un lugar tranquilo es un impecable ejercicio de terror angustiante, de esos que se cocinan a fuego lento, creando una sensación de desasosiego y mal rollo en el espectador que, inevitablemente, termina llevándose a casa al salir de la sala de cine. No estamos ante la película de miedo al uso, de esas con impactos visuales a cámara y subidas repentinas de la música, sino de ese terror inteligente y atmosférico que no busca el simple salto en la butaca del espectador, sino atemorizarlo desde sus adentros, consiguiendo que se sumerja por completo en la desgracia de los protagonistas.
Narrada casi como si de un drama se tratase, esto hace que la película no sea de bocado fácil, y aun sin ser tan difícil de valorar como otros grandes títulos del género recientes como La bruja, sí se sumerge en esa corriente donde la historia y lo que la envuelve lo es todo. De hecho, me vino constantemente a la mente esa interesante película de Trey Edward Shults llamada Llega de noche, recogiendo además momentos el Shyamalan más inspirado (Señales, por ejemplo, aunque en una versión mucho más austera)
La historia es bien sencilla: una amenaza mortal a diezmado a la humanidad, y solo el descubrimiento de que el enemigo se guía únicamente por el sonido ha permitido subsistir a los pocos supervivientes que quedan. En esas están Lee Abbott y su familia, esposa embarazada incluida, que deberán superar la pesadilla de huir constantemente en un mundo de silencio.
Eliminando con inteligencia los flashbacks que habían en la novela en la que se basa, con lo que el desconcierto aumenta acertadamente, Un lugar tranquilo es casi una película sin diálogos, donde las miradas y los gestos lo son todo, y es por ello que el trabajo del propio Krasinski y de Emily Blunt (sin desmerecer para nada el trabajo de los pequeños) es una pieza fundamental para que todo funcione a la perfección, junto con un montaje perfecto y una banda sonora de Marco Beltrami que terminan de completar la ecuación.
Quizá no todo sea perfecto, y se puedan poner pegas a una película cuyo principal enemigo es el gran hype que está provocando a su alrededor, pero si se es consciente del tipo de cine que se va a ver, nada que ver con las producciones de Jason Blum o James Wan, la satisfacción (aterradora satisfacción) está asegurada.
Casi parece un chiste que Michael Bay, el maestro de las explosiones (y que dirigió a Krasinski en 13 horas: Los soldados secretos de Bengasi), esté como productor en una película donde el silencio lo es todo.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 10 de diciembre de 2017

SUBURBICON: inquietante y divertida, pero no lo suficiente.

Aun teniendo una trayectoria algo irregular, lo cierto es que el cine de los Hermanos Coen nunca llega a decepcionar del todo. Sus comedias son siempre ingeniosas, con un tono muy negro y retorcidamente ácidas.
En ocasiones, como la que nos ocupa, han dejado que sus ideas las filmen en pantalla otros directores. Ya sucedió en Un plan perfecto (Gambit), dirigida por Michael Hoffman, y vuelve a suceder en Suburbicon. Y en ambos casos, aunque se reconoce el estilo inconfundible de Joel y Ethan en el libreto, la puesta en escena no termina de estar a la altura.
El elegido en esta ocasión ha sido George Clooney, viejo amigo y actor habitual de los Coen. Clooney ha demostrado con anterioridad ser un actor solvente y tiene alguna gran película en su haber (Buenas noches y buena suerte y Los Idus de Marzo están en esa categoría), aunque su estilo visual es bastante conservador y clasicista. En Suburbicon, Clooney parece querer imitar a los Coen y, aunque no lo hace mal, las comparaciones le convierten en el perdedor.
Suburbicon es una zona residencial en auge en plena década de los setenta, una barriada pacífica y agradable hasta que unos nuevos vecinos de raza negra se mudan al lugar. Paralelamente a este hecho, unos desconocidos entran en casa de los Lodge, asesinando a la mujer de la casa.
Bajo esta premisa, los hermanos Coen (con Grant Heslov y el propio Clooney retocando el guion) construyen una trama criminal con toques que recuerdan a Fargo, y que tiene en su cuarteto interpretativo su mejor baza. Matt Damon y Juliane Moore están tan eficaces como siempre, Oscar Isaac slo necesita un par de escenas para desplegar todo su talento y el pequeño Noah Jupe, actualmente en Wonder, es el gran acierto, capaz de cargar a sus espaldas con el personaje más complejo y difícil.
Quizá lo que más rechine en la película, y que hacen que no funcione como debería, es la incorporación del elemento social y político, al parecer correspondientes a los añadidos de Clooney y Heslov. Al final, la subtrama racial no termina de ir a ningún sitio y se convierte casi en un mcguffin que, sin embargo, ocupa demasiado tiempo e pantalla para su insatisfactoria resolución.
La película es violenta y divertida a la vez, pero deja una ligera sensación de vacío, como si le faltara algo para poder encajar correctamente todas las piezas. Algo no funciona como debería y, sin embargo, tampoco se puede encontrar un fallo concreto de la misma. Es, simplemente, una amarga sensación de que hay un quiero y no puedo, de que Clooney aspira a algo para lo que se queda corto, algo que ya sucedía en su anterior film como director, Monuments men, y en su última colaboración a las órdenes de los Coen, Ave César!
Pese a ello, la película se deja ver, siendo disfrutable y entretenida, aunque fácil de olvidar apenas salir de la sala.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

WONDER: edulcoradamente deliciosa

A priori, todo hacía pensar que Wonder iba a ser una de esas películas insoportablemente lacrimógenas, un melodrama más propio de una tv movie que de un film de gran presupuesto. No en vano se trata de la típica historia de superación de un niño inadaptado (en este caso a causa de su deformidad) deseando ser tratado como alguien “normal”.
Sin embargo hay algo extraño en la película que hace que funcione de maravilla. Basada en una novela de R.J. Palacio, Wonder cuenta la historia de Auggie, un niño que a causa de una incompatibilidad genética de sus padres nace con múltiples deformaciones físicas. Tras haber sufrido varias operaciones ha logrado tener una vida más o menos saludable, aunque lo que no han conseguido evitar es que tenga un rostro deforme y con feas cicatrices. Hasta ahora, Auggie ha estudiado en casa, ocultando su rostro bajo un casco de astronauta cada vez que salía a la calle, pero ha llegado el momento de enfrentarse al mundo real e iniciar una nueva andadura en un colegio donde sin duda va a ser centro de atención y objetivo de crueles mofas.
Puede que sea mérito de su director, Stephen Chbosky, acostumbrado a relatos marginales ya que escribió y dirigió Las ventajas de ser un marginado aparte de encargarse también del libreto de La Bella y la Bestia. Quizá sea cuestión de resaltar los trabajos de los intérpretes, desde el pequeño Jacob Tremblay, que ya demostró de lo que era capaz en La habitación, o su amigo Noah Jupe (al que veremos en breve como hijo de Matt Damon en Suburbicon), pasando por las estrellas que interpretan a los adultos, solventes Owen Wilson y Julia Roberts, amén del siempre reflexivo Mandy Patinkin. 
O puede que el secreto esté en la forma de concebir la historia, que evita centrarse solo en el pobre chavalín sino que nos ofrece también el punto de vista de la hermana, afectada por los “daños colaterales” que le provoca ser “normal”, convirtiéndola en otra variedad de marginada dentro del núcleo familiar. 
Incluso se permite ciertas subtramas aparentemente alejadas de la historia principal, como todo lo referente a Miranda, amiga de la familia en el pasado y alejada ahora de ellos por motivos diversos. Al final, todos aquellos que orbitan alrededor de Auggie tienen sus propios problemas, haciendo que esta sea casi una película coral sobre la marginación. Un feo rostro no siempre es el motivo de discriminación más evidente, y ese es el trasfondo de la película. Todos tenemos nuestros propios problemas, y algunos, en ocasiones, son tan sencillos de solventar como escuchar a nuestros propios corazones.
Wonder tiene mucha azúcar, tanta que casi está más cerca de ser una comedia que un drama. Pero eso, por una vez, juega más en favor de la película que en su contra, ya que consigue enternecer al espectador tocándole la fibra mientras le dibuja una sonrisa en el rostro.
Wonder es una lección de vida. Y una estupenda película para disfrutar de estas fechas de buenos propósitos y deseos felices.

Valoración: Siete sobre diez.