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domingo, 27 de enero de 2019

THE OLD MAN & THE GUN

Una de las películas mejor valoradas del año pasado fue la intimista A Ghost History, de David Lowery, con Casey Affleck y Rooney Mara. Ahora, director y actor vuelven a colaborar juntos en The old man & the gun, una conmovedora historia de atracos que sigue el mismo camino que la mencionada película de fantasmas y que será recordada por ser la despedida como actor de un grande como Robert Redford.
No podía tener mejor epílogo la carrera del actor (que ya había estado a las órdenes de Lowery en Peter y el dragón) que este título que parece filmado con una exquisitez propia de hace varias décadas, como si con ella Redford regresara a la época que vio sus mejores trabajos. La historia, con un tono crepuscular pero alejado del ruido visual de otros films del estilo como Sin perdón o Logan, gira alrededor de Forrest Tucker, un hombre que ha pasado su vida atracando bancos, pero siempre con un estilo y una elegancia dignas del Johnny Hooker de El golpe. Con un buen nombre de ilustres veteranos rodeando a Redford (ahí están Sissy Spacek, Danny Glover o Tom Waits), la película es una especie de juego del gato y el ratón entre un policía empeñado en desarticular esta peculiar banda de atracadores de la tercera edad y el protagonista (inspirado en un personaje real), que podría evocar a la excelente Comanchería. Sin embargo, de la mano de Lowery, el film se aleja del previsible tono de thriller para ser una obra plenamente intimista, cargada de miradas y silencios, un resumen de lo que ha sido Robert Redford en el mundo del cine y que compone, al film, la mejor despedida para un grande.
Muchos actores se despiden de la interpretación a la fuerza, siendo su última aportación una película más dentro de una extensa filmografía. En el caso de Redford, este es un adiós inteligentemente buscado, una película que pese a su condición de pequeña, casi indie, rezuma grandeza por todas partes, siendo a la vez un catálogo de emociones y una carta de amor. Tantas son las virtudes de este film, que insisto, parece sacado de otra época, que la única pega es que esa condición de despedida pueda empañar el resto de sus méritos, como los momentos que comparten Redford y Spacek o el trabajo interpretativo de un Affleck al que poco parece importarle su actual condición de maldito.
The old man & the gun (otro título cuya falta de traducción al español es un misterio) es más que una historia sobre un atracador: es la imagen de Redford a caballo recortado por el sol, es su sonrisa pícara mientras consuela a la cajera durante el robo, es la imagen de un Gatsby cargado en años y sabiduría, es la huida hacia delante de su Sundace Kid, y esto por no mencionar ese flashback que rememora el pasado del protagonista a la vez que rememora el pasado del actor, o ese juego metalingüístico del hombre que no ha sabido renunciar a lo que mejor se le daba (atracar y escapar de la cárcel en un caso, hacer cine con mayúsculas en el otro).
Definitivamente, todo tiene un final. Y el de Redford, como el del Forrest Tucker, viene acompañado de una sonrisa.

Valoración: Ocho sobre diez.

viernes, 26 de agosto de 2016

PETER Y EL DRAGÓN. Un cuento para niños grandes.

A estas alturas de la película no seré yo quien se extrañe (y mucho menos se queje) del abuso que está haciendo Hollywood de hacer remakes de sus propias películas, aunque este verano está siendo especialmente sangrante. Evitando caer en la tentación fácil de criticar una película antes de verla (aunque me apetece muy poco hacerlo, la verdad), estamos a punto de recibir a un nuevo Ben-Hur, más tarde llegarán Los Siete Magníficos y aún estamos pendientes del resultado comercial que tengan las nuevas Cazafantasmas. Y en medio de todo esto llega Peter y el dragón, remake de un clásico Disney que por estas tierras se tituló Pedro y el dragón Eliott y que supuso una revolución al combinar dibujos animados con acción real.
Por mucho que esa película pudiese marcar a los niños de mi generación, aquí la Disney no se ha andado con chiquitas y lo único que tiene de remake la cosa es la idea conceptual de un niño que se hace amigo de un dragón, desmarcándose inteligentemente de su referente para todo lo demás. Este ya no es de dibujos animados ni hay canciones por doquier (a Dios gracias). Y el doblaje, desde luego, ya no es en español latino.
Sí tiene la película un aire muy clásico, al menos en su concepción, que recuerda las comedias familiares de la época de Mary Poppins o La bruja novata, donde no hay buenos ni malos y todo se soluciona de la forma más sencilla e ingenua posible. Es ese sentido, Peter y el dragón es una comedia muy blanca e infantil que, sin embargo, se deja ver con agrado por espectadores de cualquier edad.
El argumento tiene muy poco de original, resultando una mezcla extraña entre El libro de la Selva y King Kong, con un niño humano criado en el bosque y una bestia gigante tratando de ser capturada para su exhibición. Y quiere David Lowery (director de En un lugar sin ley que en breve repetirá con Robert Redford en El viejo y la pistola y con Disney con Peter Pan) ser tan onírico y visualmente hermoso que todo el primer arco argumental que explora la amistad entre Peter, el niño perdido, y Eliott, el dragón, retozando y sobrevolando los bosques del noroeste del Pacífico, amenaza con hacerse pesado e incluso soporífero. Pero pronto entran en escena el resto de los humanos y la cosa se anima.
Con un reparto de verdadero lujo (Bryce Dallas Howard, Robert Redford, Wes Bentley y Karl Urban), quienes realmente se llevan la palma son los pequeños de la función, maravillosos Oakes Fegley y Oona Laurence, que enamoran a la cámara y hacen creíbles lo increíble de sus personajes.
En Peter y el dragón no hay cabida para la verosimilitud ni la coherencia. Todo es muy absurdo, tramposo y pillado por los pelos, pero da igual, ya que de lo que se trata es de un cuento sin hadas pero con mucha magia destinado al niño que todos llevamos dentro. Y por eso podemos aceptar que una bestia salvaje que vuela, se mimetiza con su entorno y puede escupir fuego sea, en realidad, tan adorable como un cachorro. Y es que, aunque estemos saturados de tanto Hobbit y tanto Juego de tronos la realidad es que, pese a todo, los dragones siempre molan.
¿O no?

Valoración: Seis sobre diez.

jueves, 19 de noviembre de 2015

LA VERDAD (7d10)

Igual que la película de James Vanderbilt tiene dos partes bien diferenciadas también hay dos formas diferentes de entender la historia que nos cuenta. La correspondiente a la forma y la referente al fondo.
Las formas son impecables. Con un guion del propio director basado en un libro autobiográfico de Mary Mapes con claras reminiscencias a Aaron Sorkin y una Cate Blanchett en estado de gracia (como casi siempre), bien secundada por Robert Redford, Dennis Quaid, Topher Grace y Elizabeth Ross, la película sigue con implacable precisión los pasos de la productora televisiva Mary Mapes empecinada en demostrar, en plena campaña electoral del 2004, la falsedad del presidente y candidato George Bush al mentir sobre su abuso de influencias para librarse de ir a combatir a Vietnam durante su instrucción militar. La película, pretensiosa heredera de Todos los hombres del presidente, contiene una frenética primera parte detectivesca, donde las investigaciones y entrevistas del equipo de producción, con el afamado presentador Dan Rather como cabeza visible, son relatadas al detalle, y una segunda en la que, una vez emitido el reportaje, se produce una verdadera caza de brujas contra Mapes y su equipo por la falta de corroboración de sus pruebas y las fuertes presiones a las que los someten desde la CBS así como de la propia opinión social. Es en este punto cuando la película se transforma en un drama, desgarrador, angustiante y doloroso, cuando los últimos periodistas auténticos, aquellos que luchan por descubrir la verdad tras la noticia en lugar de refugiarse en realitys como Supervivientes y compañía, son convertidos en mártires para ser despedazados por una maquinaria social que, cual buitres hambrientos, no van a permitir a nadie que les diga lo que no quieren oír.
Excelente ejercicio democrático y brillante defensa de la dignidad periodística.
Pero luego está el fondo. Y el fondo nos dice que es posible que Mapes no fuese tan buena en su trabajo como parecía. Que quizá su investigación sí fue chapucera y apresurada. Que a lo mejor su obsesión por evitar el triunfo electoral de Bush la hizo precipitarse, traicionando sus propios ideales y poniendo en tela de juicio esa verdad de la que tanto presume. Pero claro, eso, en la película, queda en segundo plano. Algo lógico si recordamos que la historia está explicada por la propia Mapes y que quien la interpreta es, a su vez, productora del film.
Así, lo que con personajes ficticios podría haber sido una excelente película se transforma para la ocasión en una perorata demócrata donde la CBS y el equipo de Bush son los malos, algo que la historia no ha podido todavía corroborar.
Brillante, intensa y emotiva película reivindicativa, pero quien sabe si no tiene en su propio título su premisa más discutible.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (8d10)

Posiblemente, Steve Rogers, AKA El Capitán América, no sea uno de los héroes más admirados fuera de su país. El nombre y los colores de su uniforme hacen que pese sobre él una equívoca sospecha de fascismo extremado que nada tiene que ver con la realidad, y no ha sido hasta su “aparente” muerte en el comic, noticia de portada en medios de comunicación en todo el mundo, que el público en general ha empezado a prestarle atención.
Hay que tener en cuenta que su origen se remonta a los años cuarenta, en plena II Guerra Mundial, cuando el fervor antinazi estaba en pleno apogeo y América era el sinónimo de un ideal. Tal y como se ve en la primera película del Capi, su misión no es la de ondear la bandera americana a los cuatro vientos, sino la de la libertad y la democracia. En esto, ningún país moderno puede presumir de estar libre de pecado, ni siquiera los Estados Unidos, y de eso trata esta película.
Si El Capitán América: el Primer Vengador versaba sobre el símbolo y en Los Vengadores veíamos al héroe, es turno ahora del hombre, el tipo bajo la máscara, el soldado que debe adaptarse a una nueva época, a la muerte (o vejez) de sus amigos, pero con esos ideales inamovibles. Rogers no trabaja para América, ni mucho menos para su gobierno, sino para el pueblo americano y a ellos y sólo a ellos debe su lealtad. Aunque eso le suponga enfrentarse a las altas esferas y convertirse en un fugitivo de SHIELD.
Con Ed Brubaker (guionista de la más aclamada etapa del personaje en los comics) firmando la historia a la que terminarían de darle forma Christopher Markus y Stephen McFeely, El Capitán América: El soldado de Invierno bebe mucho, lógicamente, de esos magníficos comics de Brubaker en los que se crea al personaje de Soldado de Invierno, aunque también hay en ellos algo de Secret War e incluso reminiscencias de cuando el protagonista reniega de su propio país y adopta una identidad nueva (tranquilos, no es ningún spoiler, no hay ni rastro de Nómada en la peli, sólo se aprovecha la idea). Con los hermanos Anthony y Joe Russo (de escaso currículo pero a los que elevo a los altares aunque sólo sea por su participación como productores y directores de la magnífica serie Community) sustituyendo a Joe Johnson a los mandos de la realización, esta segunda aventura en solitario del Vengador trata de llevarlo a los límites haciéndole dudar entre aquello en lo que cree o aquello para lo que lo entrenaron, es decir, seguir órdenes como un borreguito. Sin pensarlo demasiado, Rogers se enfrentará a la organización antiterrorista más poderosa del mundo, huérfana tras el asesinato de Nick Furia, mientras un desconocido a la vez que legendario terrorista entra en escena.
Por fortuna, el Capi no se enfrentará solo a SHIELD. La Viuda Negra y Falcon (otro personaje del comic que debuta aquí, imagino que con el nombre manteniéndolo en inglés para evitar confusiones con Ojo de Halcón) le apoyarán en su búsqueda de la verdad, sin obviar la participación de Maria Hill y una misteriosa (y poco desarrollada) Agente 13 de la que quizá pronto sabremos más cosas gracias a una futura serie de televisión. Y luego está Furia, claro está, que paranoico hasta las cejas y amante de las conspiraciones quizá no haya dicho aún su última palabra. Y ese es uno de los grandes aciertos del film. Mientras otras películas de superhéroes como los Batman de Schumacher, Blade Trinity o Spiderman 3 fallaban en el abuso de protagonistas o antagonistas, en esta ocasión el tiempo de cada uno está milimétricamente medido, repartiendo las escenas con brío y no permitiendo que ningún personaje pise a otro, tal y como ya consiguiera Joss Whedon en Los Vengadores.
El Capitán América: El Soldado de Invierno es una película de superhéroes, claro está, pero pese a lucir Steve su uniforme estrellado, Natasha su cuero ceñido y Sam unas alas que le permiten volar, quizá cabría definir esta película mejor como un thriller político, donde en sus más de dos horas de metraje abundan los diálogos reflexivos y las sospechas de conspiraciones con un veterano Robert Redford en su máximo esplendor dando una lección de carácter y presencia en cada minuto en que aparece en pantalla. 
Marvel, como viene siendo habitual, demuestra tener un ojo infalible en sus casting, consiguiendo reunir actores de demostrada calidad con estrellas sin demasiado caché a los que poder modelar a su antojo. Así, Chris Evans es ya para siempre la imagen de Steve Rogers y nadie puede discutir el acierto de la elección, por más que se pudiera dudar antes del estreno de El Capitán América: El primer Vengador, tal y como sucediera, por ejemplo, con el Thor de Chris Hemsworth, mientras que pocos sospecharían que una actriz que era poco más que una cara bonita como Scarlett Johanson iba a convertirse en una estrella de acción y que iba a convencer el las escenas dramáticas. Y eso que había sido una chica Allen… 
Hay quien podría decir que, tal y como se insinuaba (aunque menos) en Iron Man 3, esta es una peli “nolanizada”, pero no os preocupéis. Pese a los momentos serios y dramáticos y la ausencia de personajes cómicos como pasaba con Erik Selvig y Darcy en Thor: el mundo oscuro, los hermanos Russo no han buscado la oscuridad amarga y las ansias pseudointelectuales de baratillo que rezumaban las mediocres El Caballero oscuro: la leyenda renace o El hombre de acero. Simplemente, han tomado un personaje icónico, una situación real y han creado una historia de acción de intriga y la han desarrollado sin pretender insultar la inteligencia del espectador.
Y al final, por supuesto, hay explosiones. Y peleas. Y puñetazos. Y lanzamientos inverosímiles de escudo. Que al fin de cuentas sí que es una peli de superhéroes, ¡faltaría más!
No dejo de sorprenderme del maravilloso y complicado puzle audiovisual que ha creado Marvel con sus personajes (con la mitad de ellos, recordemos que de la otra mitad no posee los derechos cinematográficos), y de nuevo las referencias a otras películas y personajes de la macrosaga están presentes (expandiendo esa saga al mundo de la televisión con la –de momento- floja SHIELD y la ya mencionada Agente Carter), así como las pistas de por dónde van a ir los tiros en el futuro, con dos escenas postcréditos que invitan directamente a esperar la llegada inminente de Los Vengadores 2: la era de Ultrón y, en un par de años, Capitán América 3 (aún sin título definitivo, evidentemente), aunque casi me atrevería a aventurar que a lo que en realidad se refieren en dicha escena (dirigida por Joss Whedon, por cierto) es a Los Vengadores 3, prevista para 2018 y con entre cuatro y cinco películas puente entre ambas.
El único punto negativo que se me ocurre es su dañina campaña publicitaria, con entrevistas y reportajes de determinado actor que no voy a nombrar aquí que suponen un importante spoiler sobre una de las sorpresas del film (aunque los seguidores de los comics sabíamos de sobras de qué iba la cosa).
Pese a ello, una excelente película que ni aburre ni apabulla, mucho mejor que su predecesora (a Joe Johnson le falla mucho el control del ritmo narrativo) y que no aburre ni en sus momentos más relajados, con el retorno de personajes carismáticos (para mí Cobie Smulders siempre será Maria Hill antes que Robin Scherbatsky) y que te deja con ganas de más, deseando ya el estreno de Guardianes de la Galaxia, el siguiente peldaño de Marvel en su camino hacia la Gloria Celestial.

sábado, 8 de marzo de 2014

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO * (4d10)

Casi podría definirse la última película de Robert Redford como actor de experimental. No en vano se trata de una película de más de una hora y media con un solo actor y sin apenas diálogo (sólo un escueto monólogo inicial y un par de palabras en toda la película).
Quizá las críticas que recibió Redford por su interpretación en Pacto de silencio (donde se le acusó de estar demasiado mayor para según que papeles) le motivaron para embarcarse en la aventura de un hombre que mientras realiza una travesía por alta mar en solitario sufre un pequeño accidente al chocar su barco contra un contenedor a la deriva que desemboca en una lucha desesperada por sobrevivir.
Así, podríamos definir Cuando todo está perdido como la hermana pequeña de la francesa En solitario o la versión realista y despiadada de Vida de Pi, dos ejemplos relativamente recientes de la lucha de un hombre (o chico) contra el mar.
El problema es que J.C.Chandor, director de la interesante Margin Call, quiere abusar demasiado del realismo con la ausencia total de diálogos, y si bien esto incrementa el dramatismo que le habría restado, por ejemplo, una posible voz en off reflejando sus pensamientos, o un diálogo consigo mismo (reconozcámoslo, ¿quién no ha hablado o cantado alguna vez en voz alta cuando se encuentra solo?) sin llegar a la tragicomedia de Tom Hanks hablando con su pelota Wiston en Naufrago, también provoca que la película parezca más larga de lo que en realidad es, de manera que la extraordinaria interpretación de Redford no es suficiente para que el invento no aburra y acabemos hasta las narices de verle atar cabos, arriar velas, reparar cosas, mirar mapas…

Hay momentos de tensión, claro, como la inevitable tormenta o la aparición de un grupito de simpáticos tiburones, pero no bastan para interrumpir el tedio que, a la postre, me obligan –muy a mi pesar- a suspender una película valiente y arriesgada pero demasiado plana. 

viernes, 15 de noviembre de 2013

PACTO DE SILENCIO (6d10)

Un espectacular reparto no siempre es suficiente para justificar las excelencias de una película, y si encima su director es alguien con el prestigio y la calidad demostrada como Robert Redford, las expectativas estarán por todo lo alto.
Es por ello que Pacto de silencio, aun siento sumamente entretenida, sabe a poco.
Redford propone un interesante thriller sobre un abogado viudo que se ve acosado por los fantasmas de un pasado ligeramente turbio: su implicación en un grupo activista contrario a la guerra de Vietnam que casi sin saber cómo pasa de los actos de protesta pacíficos a tener sus manos manchadas de sangre y convertirse en prófugos del FBI incluso treinta años después.
Ya en la actualidad la tranquila vida de Jim Grant (Redford) se verá bruscamente interrumpida cuando el periodista Ben Shepard (magnifico Shia LaBeouf) comienza a hurgar en su pasado. Comienza así una frenética huida en la que Grant tratará de limpiar su nombre antes de que otros inocentes (como su propia hija) sean salpicados por la polvareda que Shepard está levantando.
Muchos son los buenos propósitos que podemos adivinar en esta película, como una reflexión sobre el compromiso social y la responsabilidad ciudadana frente a las malas gestiones políticas, un análisis sobre el periodismo actual y la fina barrera de la ética que tan frecuentemente se traspasa y, sobretodo, un discurso sobre la madurez y la prioridad de la familia por encima incluso de los propios ideales, capas de cebolla, todos ellos, demasiado finas como para que a la postre nos encontremos con poco más que una simple historia de intriga, con giros de guion no excesivamente sorprendentes pero narrada con la habitual elegancia que define el cine de Redford.
Quizá la nota más desentonante sea la presencia del propio Redford en su faceta de actor, demasiado mayor para el personaje y que no termina de hacerse nunca con él, aunque para compensarlo están las apariciones, en algunos casos fugaces, de Julie Christie, Terrence Howard, Chris Cooper, Brendan Gleeson, Brit Marling, Susan Sarandon, Nick Nolte, Stanley Tucci, Richard Jenkins, Sam Elliott o Anna Kendrick.

Menos alabado por la crítica que otros compañeros de profesión como Eastwood, Redford es para mí el más regular de los muchos actores metidos a realizadores del panorama actual, con una dirección sencilla pero sobria (su anterior película, La Conspiración, le da mil patadas al Lincoln de Spielberg) y sin rehuir nunca de ligeras gotas de compromiso. Lástima que en ocasiones esas gotas sepan a poco.