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domingo, 14 de abril de 2019

TRIPLE FRONTERA

Poco a poco Netflix sigue ampliando su catálogo de películas originales, y lo hace reuniendo a grandes nombres de la interpretación, garantizándose con ello un buen número de descargas (y, al menos en idea, de suscripciones nuevas) independientemente de la calidad final de las mismas.
Aunque muchos no terminen de quedar convencidos por la mayoría de proyectos de la cadena de streaming (Roma aparte), creo que poco a poco van apostando por proyectos más serios e interesantes, y Triple frontera, sin duda, esté entre ellos.
Triple frontera es como se denomina a la zona en la que lindan Paraguay, Brasil y Argentina, tristemente célebre por ser un nido de narcos, traficantes de armas y, en los últimos años, yihadistas. Es en ese escenario donde se mueve la película de J.C. Chandor, con un grupo de viejos amigos del ejército que se vuelven a reunir para acabar con un peligroso narcotraficante (y de paso, quedarse con su dinero) mediante un encargo del sector privado.
Tal es la excusa para reunir en pantalla a Oscar Isaac, Ben Affleck, Charlie Hunnam y Pedro Pascal, rematando el cast con Garrett Hedlund y Adria Arjona. Chandor reparte la película en tres arcos claramente diferenciados: la preparación del plan, la ejecución y la huida desesperada a través de los Andes. Ello propicia que la película pueda tener un ritmo algo irregular por los cambios de tono pero que, a cambio no aburre en ningún momento, estando reinventándose continuamente. Quizá se podría acusar a los actores de no parecer tan implicados como en una gran producción de Hollywood, pero todos cumplen con sus personajes y le dan el empaque suficiente para hacer de la película una epopeya de tintes bélicos con tonos de pura supervivencia.
Bien filmada y con una hermosa fotografía (capaz de convertir Hawái en Sudamérica), la película dista mucho de ser perfecta, pudiéndose acusar de algunos agujeros (o simplezas) de guion que se podrían haber trabajado algo mejor, pero que al final no empañan el buen resultado de una película entretenida y emocionante.


Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 4 de abril de 2015

EL AÑO MÁS VIOLENTO (9d10)

Dirigida por J.C. Chandor, realizador de la magnífica Margin Call y de la más que correcta Cuando todo está perdido, la película se sitúa en la América de 1981, año que, según los historiadores, se registró el mayor número de delitos en la historia de Nueva York.
Era una época en la que el país despertaba de ese idealismo que se extendió tras la Gran Depresión, cuando el sueño americano empezaba a naufragar y se imponía la ley del más fuerte.
Con referencias más que evidentes a El Padrino de Coppola y toques delj cine de gánsteres más sucio de Scorsese, Chandor aborda la historia de Abel Morales, un empresario dedicado a la distribución de combustible que crea un pequeño y emergente imperio de la nada (bueno, de la nada exactamente no, que la familia de su mujer ayuda a sentar las bases con dinero sucio) y se propone llegar a los más alto sin traspasar el camino de la ilegalidad.
Podría ser esta una historia sobre ambiciones empresariales, luchas por el poder e incluso análisis de un matrimonio (y de hecho lo es, todo esto está contenido en la película), pero Chandor apuesta más por abordar la hipótesis de si se puede conseguir el poder sin caer en la corrupción. Morales es un hombre honrado en una sociedad donde la honradez es una quimera, un empresario a quien todos le dicen que debe quebrantar la ley (incluso la propia ley) para seguir adelante pero que pretende mantenerse firme en su propósito, aun poniendo en juego su futuro, su familia y su propia vida. No es, sin embargo, una película moralista, ni mucho menos. Con un estilo elegante y estilístico, Chandor plantea un argumento, dibuja una situación que fácilmente podría ser real, y deja que cada cual saque sus propias conclusiones, que sea el propio espectador quien juzgue las acciones del protagonistas y, de paso, se juzgue a sí mismo, pudiendo ver reflejado en el mundo de hoy a esa Nueva York del siglo pasado que no resulta tan distante como cabría parecer.
Chandor aborda el tema como si una tragedia shakesperiana se tratase (hay mucho de Macbeth aquí), ejecutando con maestría su puesta en escena en un drama muy violento que consigue transmitir con eficacia esa sensación de presión angustiante que siente su protagonista sin necesidad de mostrar ante las cámaras esa violencia latente y despiadada a la que alude el título.
No se puede dejar de alabar el trabajo de Chandor, fiel heredero también del cine de Lumet, sin que por ello dejemos de lado a su elenco protagonista, un casting de gran nivel encabezado por un sorprendente Oscar Isaac metamorfoseado en un joven y aguerrido Al Pacino (copia todos sus tics interpretativos y estéticos sin que llegue a molestar en ningún momento) y una magnífica Jessica Chastain que probablemente se haya convertido ya en la mejor actriz de su generación  con una habilidad innata para elegir personajes totalmente opuestos entre sí y perfectamente alejados de la mujer florero que suele rodear este tipo de tramas, y a los que complementa David Oyelowo (el reciente Martin Luther King de Selma y que ya compartió papel –que no plano- con Chastain en Interstellar) en el papel de fiscal del distrito.
Resulta curioso que en un año cinematográfico tan flojo como se ha evidenciado en los recientes premios Oscars (con tonterías nominadas como la propia Selma, Siempre Alice, El Francotirador o La teoría del todo, grandes películas como esta hayan quedado en el cajón de los olvidados, haciendo compañía a los Puro Vicio o Nightcrawler de turno.
Algo huele a podrido en Dinamarca, dijo Hamlet. Y se podría añadir que no mejora mucho la cosa en Nueva York, donde las calles son peligrosas y las buenas intenciones no son suficientes para parar las balas. O quizá sí…

sábado, 8 de marzo de 2014

CUANDO TODO ESTÁ PERDIDO * (4d10)

Casi podría definirse la última película de Robert Redford como actor de experimental. No en vano se trata de una película de más de una hora y media con un solo actor y sin apenas diálogo (sólo un escueto monólogo inicial y un par de palabras en toda la película).
Quizá las críticas que recibió Redford por su interpretación en Pacto de silencio (donde se le acusó de estar demasiado mayor para según que papeles) le motivaron para embarcarse en la aventura de un hombre que mientras realiza una travesía por alta mar en solitario sufre un pequeño accidente al chocar su barco contra un contenedor a la deriva que desemboca en una lucha desesperada por sobrevivir.
Así, podríamos definir Cuando todo está perdido como la hermana pequeña de la francesa En solitario o la versión realista y despiadada de Vida de Pi, dos ejemplos relativamente recientes de la lucha de un hombre (o chico) contra el mar.
El problema es que J.C.Chandor, director de la interesante Margin Call, quiere abusar demasiado del realismo con la ausencia total de diálogos, y si bien esto incrementa el dramatismo que le habría restado, por ejemplo, una posible voz en off reflejando sus pensamientos, o un diálogo consigo mismo (reconozcámoslo, ¿quién no ha hablado o cantado alguna vez en voz alta cuando se encuentra solo?) sin llegar a la tragicomedia de Tom Hanks hablando con su pelota Wiston en Naufrago, también provoca que la película parezca más larga de lo que en realidad es, de manera que la extraordinaria interpretación de Redford no es suficiente para que el invento no aburra y acabemos hasta las narices de verle atar cabos, arriar velas, reparar cosas, mirar mapas…

Hay momentos de tensión, claro, como la inevitable tormenta o la aparición de un grupito de simpáticos tiburones, pero no bastan para interrumpir el tedio que, a la postre, me obligan –muy a mi pesar- a suspender una película valiente y arriesgada pero demasiado plana.