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jueves, 15 de agosto de 2019

SHAFT

A principio de los años setenta el movimiento cinematográfico conocido como blaxplotation tuvo en la película Las noches rojas de Harlem y su protagonista, el detective afroamericano Shaft, su máximo referente. Shaft tuvo varias películas e incluso una serie de televisión, pero con el fin de la blaxplotation como subgénero, el personaje y el movimiento cayeron en el olvido (más adelante llegaría un nuevo cine racial revolucionario, con nombres como los de Spike Lee o John Singleton, pero eso ya era otra cosa). Fue Tarantino, con su Jackie Brown, quien recurriría al recuerdo de esa blaxplotation, y precisamente su alumno más aventajado, Samuel L. Jackson, se encargó de resucitar al propio detective, en el 2000, con Shaft, the return, dirigida por un Singleton que no tenía ya el poderío que insinuaba con Los chicos del barrio.
La floja recepción de la película, a medio camino entre la secuela y el remake, impidió que se llevara a cabo el plan inicial de realizar más secuelas hasta que ahora, diecinueve años después, New Line decidiera volverlo a intentar repitiendo actor (es una suerte que para Jackson no pasen los años) pero modernizándolo y dándole un hijo digno de seguir con la estirpe.
Shaft (sí, la verdad es que no se lo están currando mucho con los nombres a la hora de ayudar a diferenciarlas) está dirigida por Tim Story, otro director afroamericano que, sin embargo, poco tiene que ver con cualquier atisbo de reivindicación social (fue el director de las dos primeras películas de Los 4 Fantásticos –y sí, su Antorcha Humana era blanca- y sus próximos trabajos son una película de Tom y Jerry ya en rodaje y una sobre el Monopoly). Poco hay aquí que pueda recordar a la blaxplotation y el poco aroma setentero se diluye tras su breve prólogo, donde se nos presenta a JJ, el hijo del Shaft original, y tras el que damos un salto en el tiempo hasta el Nueva York actual en el que el personaje al que da vida Jessie T. Usher trabaja como analista del FBI hasta que aparece muerto por sobredosis uno de sus mejores amigos. Convencido de que ha sido asesinado (un planteamiento que recuerda al de Venganza bajo cero) y repudiado por el propio FBI, el joven Shaft debe recurrir a un padre al que no conoce para llegar al final del asunto.
Con el toque de drama familiar como telón de fondo, la película se columpia entre el policíaco y el humor, prestando más atención al choque entre los dos personajes (ni que decir tiene que el Shaft padre vive relativamente anclado en el pasado). Así, cualquier espíritu reivindicativo se pierde y el nombre de Shaft es tan solo un truco para provocar el recuerdo que otra cosa.
Sin ser nada del otro mundo (estando coproducida por Netflix, en los USA ha tenido una recepción tan fría que ha sido la cadena de streaming quien se ha quedado con su distribución en Europa), la película funciona como entretenimiento, siendo una especie de buddy movie familiar entre tres generaciones (en cierto momento entra también en escena el abuelo, interpretado por Richard Roundtree, el Shaft original) y donde llama la atención ver a Usher hacer un papel de pringadillo después de la manía que se le llega a coger en The Boys y donde Samuel L. Jackson está en su salsa, con los chascarrillos y la mala leche a la que nos tiene acostumbrados. Así, llega un  omento en que el caso importa un pimiento y poco interés tiene saber quién es el malo de la función. Lo mejor está en la relación entre Jackson y Usher y el cameo de Roundtree,
Otra película directa de Netflix que no deja huella pero sirve para pasar el rato.


Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 8 de julio de 2019

SPIDERMAN: LEJOS DE CASA

Cuando Sony realizó en 2012 el primer reboot de las aventuras de Spiderman tras la trilogía de Raimi, a muchos les sorprendió que el director elegido fuese Marc. Su principal carta de presentación era (500) días juntos, por lo que era de esperar que las intenciones fuesen potenciar el tono de comedia romántica a través de la relación entre Peter y MJ. Sin embargo, pese a los esfuerzos de Andrew Garfield y Emma Stone, la química no terminó de funcionar y tras la fallida secuela la saga volvió a fallecer.
El siguiente reboot, ya de la mano de Marvel Studios y con el bueno de Spidey enfrascado en el MCU, fue dirigido por Jon Watts, y curiosamente, aunque sus películas hasta ahora eran menores y bastante alejadas de la comedia romántica, supo implantar la semilla entre Peter y Liz de manera que la (complicada) vida personal de Spiderman funcionaba con el mismo buen ritmo que su vida superheróica, aceptando ese deus ex machina tan propia del tono culebronesco de los comics que hace que nos podamos creer sin demasiados problemas que el interés romántico del protagonista sea también la hija del villano principal.
Spiderman homecoming sirvió como carta de presentación de todo un nutrido grupo de secundarios que, pese a rechinar inicialmente por sus notables diferencias con los personajes originales, tienen suficiente empaque para funcionar en la secuela como elementos ya bien definidos en el paisaje del protagonista, liberándose ahora toda la química entre Peter y esa MJ que, sin llegar a ser nunca la Mari Jane del papel, consigue consagrarse como la protagonista femenina definitiva, habiendo entre Zendaya y Tom Holland una química tal que permite que Spiderman: Lejos de casa funcione, esta vez sí, como una comedia romántica perfecta.
Que nadie se asuste. Esto sigue siendo una película de superhéroes, pero por mucho que pueda molestar a algunos, lo cierto es que Spiderman siempre ha sido (tal y como se encargan de recordar en el film) el “amigo y vecino”, un héroe más cómodo en su lucha contra gánsteres y atracadores de bancos que luchando junto a dioses en medio del espacio. Estas limitaciones, junto con los equilibrios que debe hacer para compaginar las mallas con su vida privada, son las dos claves de la película, en la que no se esconden las referencias al cine de John Hugles y que, con todas sus escenas de acción -bastante espectaculares algunas-, funciona a la perfección como comedia de instituto.
Spiderman: lejos de casa es una comedia, desde luego, pero tiene también un tono ligeramente amargo, no en vano sirve como epitacio a la tercera fase del MCU y la sombra de Tony Stark sobrevuela todo el rato la trama. Sin embargo, por el contrario de lo que podía parecer en los tráileres, el recuerdo de Iron Man no llega a avasallar (como tampoco lo hacía, pese a los temores de los más alarmistas, en la primera entrega), sirviendo como excusa para que Peter siga creciendo a nivel personal, emocional y como héroe. Pese a su enfrentamiento desesperado a Thanos, seguimos estando ante un Spiderman relativamente novato, con las inseguridades propias de su edad (y que tanto reflejó en los comics el gran Steve Ditko) y en pleno desarrollo hormonal. Esto propicia que, pese a los excesos tecnológicos, los diversos uniformes y los cambios físicos de los compañeros de instituto (de viaje, en este caso), la fidelidad al espíritu del cómic sea total.
Y he aquí otra de las claves del éxito del film. Desde que Marvel se ha hecho cargo de la creación artística del personaje, hasta los tráileres están cuidados al mínimo detalle, sin desvelar más de la cuenta e incluso jugando al engaño con lo poco mostrado. Eso permite que toda la película (hasta en sus dos magníficas escenas postcréditos) sea una completa sorpresa, algo digno de ese Misterio que se alza como el gran coprotagonista del film (y se han atrevido incluso a respetar esa especie de “pecera” de la cabeza) de la mano de un inmenso Jake Gyllenhaal), aunque cierto es que a los seguidores del comic algunos de los giros argumentales no nos venían de nuevas. Ni siquiera la desconfianza que producía el sacar a Spidey de su Nueva York natal han resultado fundadas, pues es capaz de desenvolverse como pez en el agua incluso en los edificios bajos de Venecia, otorgándole un tono muy a los James Bond, aunque ese vuelo final por entre los rascacielos de Manhattan saben a gloria.
En resumen, que este punto y final a la fase tres del MCU es espléndido. No todo es perfecto (hay cierto discurso del villano que rechina un poco), pero a nivel general es un cierre perfecto, la guinda del pastel de una gran saga y donde, con mucha imaginación, se pueden intuir pequeñas pistas de por donde puede ir el futuro.
Espectacular, divertida, emocionante, romántica y repleta de guiños. Todo eso tiene Spiderman: lejos de casa, con la que Holland se confirma, definitivamente, como el mejor Spiderman que se ha visto en la pantalla grande.
Y no puedo dejar de aplaudir, por cierto, esa escena final, todo un regalo para los fans que demuestra que en la Marvel se escucha, y mucho, a sus seguidores.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 9 de marzo de 2019

CAPITANA MARVEL

Capitana Marvel es una buena película. Todo funciona a la perfección, pero…
Esta podría ser, en pocas palabras, la definición de la nueva película Marvel, la número veintiuno, y que, en realidad, es vista por todo el mundo (incluso por la propia Marvel), como el prólogo a la esperadísima Vengadores: End Game. Incluso se podría afirmar que sus escenas postcréditos (a la larga irrelevantes, aunque no por ello menos aplaudidas) creaban más expectativa que la propia película.
Y es que, en realidad, todo lo malo del film dirigido por Anna Boden y Ryan Fleck se puede sintetizar en un enorme PERO, así con mayúsculas.
Vayamos por partes: A nivel argumental, sin ser nada del otro mundo, se podría decir que la película funciona bastante bien. Se presenta a Carol Danvers, que es de lo que se trata y, rompiendo ligeramente los esquemas de la clásica película de origen, se juega al despiste con el espectador disfrazando la película (aparentemente galáctica) en una intriga de espías de doble juego donde cuesta saber quien miente y quien dice la verdad. No es una historia para echar cohetes (casi toda la película es una mera excusa para que al ver End Game se sepa de donde narices ha salido la rubia superpoderosa esta), pero tampoco es como para ponerle muchas pegas, gracias en parte a la consabida fórmula Marvel que acierta de lleno en sus toques de humor (quizá me canse un poco el tema del gato, pero bueno) y que roza incluso el drama en su parte más intimista.
Los actores, por otra parte, están estupendos, en especial una Brie Larson que desde el primer minuto demuestra haber nacido para el personaje, logrando un nivel de empatía casi a la altura del de Robert Downey Jr. y su Iron Man. Su trabajo es excepcional y consigue alternar estados de ánimo con eficacia, transmitiéndonos (gracias a su mirada dulce y su media sonrisa) su vulnerabilidad para convencernos, apenas un segundo después, de que es el ser más poderoso de la Tierra. Además, su química con Samuel L. Jackson (también genial como un Nick Furia menos castigado que el que conocíamos hasta ahora) es total, consiguiendo por momentos dotar de un tono de buddy-movie a la película que agiliza mucho el ritmo, pese a la irregularidad que sus directores le otorgan.
Precisamente ese es uno de sus puntos débiles: una realización algo floja, en la que los momentos de conversaciones no están suficientemente bien medidos y donde las secuencias de acción resultan algo confusas, muy inferiores, al menos, a lo que nos tenían acostumbrados los hermanos Ruso o Josh Whedon, por nombrar a dos apellidos claves del Universo Marvel.
También se le podía achacar el desaprovechameineto de ciertos actores (Annette Bening me sabe a poco, y de Ben Mendelsohn mejor ni hablamos) o personajes (como todo el equipo que rodea a Yon-Rogg o la escasa presencia de Ronan el Acusador, aunque esto último se puede justificar debido al carácter de precuela de la película con respecto, por ejemplo, a Guardianes de la Galaxia), aunque a cambio el juego ofrecido entre los mencionados Danvers/Larson y Furia/Jackson, junto al Yon-Rogg al que da vida Jude Law o al Talos que lidera a los Skrulls es muy eficaz, más aún gracias a un prodigioso trabajo de caracterización que, si bien hace un buen trabajo con el diseño de los Skrulls, es un ejemplo de perfección en el rejuvenecimiento de Samuel L. Jackson.
Como he dicho, toda la película se justifica por la necesidad de presentar a la Capitana y situarla en un contexto idóneo de cara a lo que está por llegar en End Game, y ahí la película cumple. La explicación de lo sucedido es coherente, jugando además con el espectador más fan al ofrecer pequeñas pildoritas en forma de detalles que enlacen con lo que está por venir (visto ya en otras películas de la franquicia) o incluso insinuando cosas (que se puedan hacer realidad o no) de cara al futuro de este universo cinematográfico (una pista: tomen nota del nombre de la hija del personaje de Lashana Lynch, que interpreta a la mejor amiga de la Capitana).
Así que la historia funciona, la complicidad con el espectador es total (cuenten las lagrimitas que empaparon los ojos de los espectadores durante la aparición del logo de Marvel), la acción está bien conseguida, el humor funciona y la protagonista es perfecta. ¿Qué problema hay entonces?
La respuesta a esa pregunta se encuentra en el PERO con mayúsculas con el que comencé este comentario.
Una vez vista la película y disfrutada a tope, me queda una ligera sensación de vacío. Como si, tras conocer la historia de Carol, el resto pudiese ser ya olvidado. Black Panther, por ejemplo, que también ejercía como prólogo a Infinity War, ampliaba el Universo del MCU con la presentación de Wakanda, y Ant Man y la Avispa, esa comedieta tras el trágico desenlace de la última epopeya de Los Vengadores, ayudaba a digerir mejor el mal trago que supuso ver a Thanos victorioso.
Sine embargo, nada de esto sucede con Capitana Marvel. Parece más bien una película de transición, algo que en el mundo del comic se denomina un tie-in, y eso es lo que provoca ese PERO tan difícil de definir.
¿Me ha gustado Capitana Marvel? Sí, pero… ¿Es una buena película? Sí, pero…  ¿Consigue aumentar mi hype de cara a Vengadores: End Game? Sí, pero…
Muchos peros para lo que se esperaba de esta película, la primera del MCU protagonizada por una mujer, y que, al menos, logra superar una traba con nota: la del supuesto tono feminista que muchos haters cortos de miras le achacaban antes incluso de su estreno. Y es que en esto sí han sido sus realizadores muy inteligentes: Carol Danvers representa a la perfección el espíritu de la mujer luchadora, independiente y capaz, sin necesitar para ello componer un panfleto propagandístico como el que pretendía ser, imposible no comparar, Wonder Woman, esa película de empoderamiento femenino en la que yo siempre insistiré que el verdadero héroe (el que hace el sacrificio definitivo para salvar vidas) era un hombre: Steve Trevor.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 19 de enero de 2019

GLASS

Después de tocar techo con su película más redonda, El Protegido, y volver a saborear las mieles del éxito tras una etapa sombría con Múltiple, el director M. Night Shyamalan se decidió para su próximo proyecto por la apuesta segura que era unir ambas historias (como ya apuntaba en el epílogo de Múltiple), conformando así una trilogía que, aunque en la desasosegante intriga psicológica de James McAvoy no se llegaba a adivinar todavía, supone en realidad una carta de amor hacia el noveno arte.
Efectivamente, hablar de Glass es hablar de comic, y Shyamalan demuestra ser un gran aficionado con esta radiografía exhaustiva sobre el mundo de las viñetas en papel que, en muchos momentos, se sitúa por encima de las adaptaciones más o menos simplistas de los dos referentes esenciales, Marvel y DC.
Puede que no esté dispuesto a rendir pleitesía a Glass de manera infinita como algunas críticas que estoy leyendo por ahí, pero reconozco los méritos de su autor para saber transmitir esa pasión y completar una historia con coherencia, sin traicionar a sus dos precedentes y logrando que la conjugación entre tipos tan dispares como David Dunn y Kevin Wendell Crumb (o cualquiera de las diversas personalidades que lo poseen) sea efectiva y muy razonable. En este sentido, la puesta en escena es impecable, dividiendo la historia en tres actos: uno para situar a los personajes en la trama, todo un capítulo centrado en el internamiento en un psiquiátrico y la confrontación final. Es toda la parte central la verdadera declaración de intenciones de la película y donde Shyamalan hace su apuesta más arriesgada: desmitificar a los héroes, especular con que todo sea una farsa, un producto de sus propias psiques y que en realidad ni David, ni Kevin ni, por supuesto, Elijah (más conocido como el Señor Cristal al que hace referencia el título) tienen poder especial alguno.
Aunque quizá flaquea en las escenas de más acción, recordando que a Shyamalan lo que de verdad se le da bien es la intriga, Glass cuenta con tres protagonistas de lujo que se toman muy en serio sus personajes, lo cual ya de por sí es una estupenda noticia, sobre todo en el caso de un Bruce Willis que (quizá a excepción de El justiciero) lleva años trabajando con el piloto automático puesto. Además, recupera a secundarios imprescindibles, como el hijo de David o Casey, la única a la que La bestia ha dejado vivir en el pasado, para terminar de elaborar una telaraña en el centro de la cual se encuentra el personaje de Sarah Paulson, la única cara nueva de la película. Con sus giros de guion y las maniobras para despistar al público, pero sin alejarse de los arquetipos del lenguaje del comic, Glass es casi más un ensayo sobre el noveno arte que una película de acción, y ahí es donde radica su mayor mérito que es, a la vez, su principal debilidad. Glass es, sin duda, una delicia para los amantes del mundo del comic en general y de los superhéroes en particular (muchos aplaudirán al reconocer la mano de Alex Ross en la portada que ojea en cierto momento Joseph Dunn), pero que puede terminar por decepcionar a los que busquen una película de acción más, esos que sin duda no comprenderán dónde demonios está ese gran clímax final que se viene anunciando desde mitad del metraje y que nunca termina de llegar.
Puede que no esté a la altura de El protegido, y que la historia ni siquiera sorprenda tanto como El sexto sentido, pero sin duda confirma definitivamente la recuperación de un Shyamalan que se encuentra cómodo entre los presupuestos más bajos de la industria y cuyo talento parece tener cuerda para rato, aunque su saga sobre superhéroes parece definitivamente culminada.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 1 de septiembre de 2017

EL OTRO GUARDAESPALDAS, la tontería más divertida del verano

Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la promoción de El otro guardaespaldas hace hincapié en definir la película como una especie de parodia de El guardaespaldas, aquella peliculilla simpática sin más pero que recaudó dinero a raudales que dirigió Mick Jackson en 1992 para mayor gloria de Kevin Costner y Whitney Houston: el título en español (tipografía incluida), el poster promocional (ridículo, por cierto) y hasta la incursión del tema principal de aquella en el tráiler de esta.
Y todo para resultar que El otro guardaespaldas no tiene nada que ver con aquella más que el hecho de que el protagonista es un guardaespaldas. Puestos a comparar, esta budymovie en toda regla tendría más en común con Límite 48 horas, por aquello de los dos antagonistas (en aquella era un policía y un delincuente, aquí un guardaespaldas y un asesino, en ambos casos uno blanco y el otro negro) y la carrera contrarreloj en la que se ven envueltos, en una comedia de acción alocada y espectacular. Aunque lo cierto es que en los ochenta y los noventa eso de juntar dos protagonistas opuestos y darles una trama criminal era algo bastante corriente, y las referencias que se pueden encontrar en esta película que dirige Patrick Hugles son infinitas.
Al final, estamos ante un entretenimiento funcional pero muy convencional que basa casi todas sus armas en la química entre los dos protagonistas, enemigos condenados a entenderse, que tampoco tienen demasiada base como para hacer interpretaciones demasiado esforzadas. Jack Reynols recupera el rol cómico de Deadpool, mucho mejor que cuando se quiere poner serio, y Samuel L. Jackson se limita a hacer de Samuel L. Jackson, que para eso es lo que mejor se le da. 
Al menos Gary Oldman compone a un villano algo menos histriónico y exagerado de lo que nos tiene acostumbrados y Salma Hayek (muy efímera) y Elodie Yung (la Elektra del Daredevil de Netflix) aportan el toque femenino.
La película sirve, además, como guía turística, sobretodo de Londres y Ámsterdam, recreándose Hugles durante las interminables persecuciones y tiroteos en mostrar lo más destacado de ambas ciudades.
El otro guardaespaldas no engaña, y es lo que aspira a ser, una comedia con mucha acción, explosiones, disparos y muertes a gogo, exagerada e inverosímil, que no se toma en serio a sí misma casi nunca (quizá solo en el flashback sobre el personaje de Samuel L. Jackson) y que como tal puede funcionar, abrazando el absurdo y alternando la espectacularidad (y con esa moda de hoy en día de incluir varias peleas en un plano secuencia, algunas efectivas pero ni de lejos a la altura de cosas más serias y trabajadas como Atómica) con el ridículo.
El otro guardaespaldas es eso y poco más. Diversión y chascarrillos repetitivos que pueden refrescar el final de las vacaciones, pero que no ayudan a elevar el nivel de un verano relativamente flojo en lo que a producciones cinematográficas se refiere.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 13 de marzo de 2017

KONG, LA ISLA CALAVERA: Espectacular y entretenida colección de secuencias vacías.

Lo primero que hay que reconocerle a Kong, la isla Calavera es que es una película Warner, con todo lo bueno y lo malo que ello conlleva. Destinada a compartir universo con la insípida Godzilla de Gareth Edwards, esta nueva recreación del simio gigante (la octava, si no cuento mal) comparte con su némesis japonesa el estilo trascendental y casi epistolar que tanto gusta a la compañía, aunque al menos han sabido rectificar los mayores errores de Edwards (aunque alabados por algunos, hay que ser justos) y primar más la acción y la espectacularidad.
El arranque es casi de manual, con un ritmo endiablado y presentado a los personajes con cuatro pinceladas suficientes como para saber situarlos en su contexto, cosa que me recordó en algo al Escuadrón Suicida. La acción se pone en marcha de forma trepidante, mostrándonos enseguida la imagen del Kong más gigantesco visto hasta ahora en pantalla y homenajeando al film clásico (y a la escena más icónica del personaje) cambiando avionetas por helicópteros. Lamentablemente, a partir de entonces todo empieza a ir cuesta abajo.
Como ya he dicho, la película reúne lo mejor y lo peor de la Warner, teniendo sus últimas producciones superheróicas como referente más claro. Incluso parece como si el director (con poquísima experiencia en cine, por cierto) Jordan Vogt-Roberts quisiera imitar a Zack Snyder y ofrecer un par de horas de puro espectáculo visual prescindiendo totalmente de un guion sobre en que sostenerlo.
Efectivamente, más allá de esa presentación inicial, los protagonistas van deambulando por la película sin propósito alguno, siendo meras caricaturas cuyos buenos actores poco pueden hacer para darles un poco de empaque. La oscarizada Brie Larson se limita a ser la inevitable rubia mona de la peli (aunque el momento sensible de su encuentro con Kong resulta muy descafeinado), Tom Hiddleston basa su papel en poner posturitas molonas, siendo su momento cumbre justamente el de su presentación y Samuel L. Jackson simplemente se reinterpreta a sí mismo, como suele ser habitual en él.
La acción es espectacular, insisto, y eso permite que la película no resulte en ningún momento aburrida. Y hay varios momentos memorables en la cinta, más allá de los homenajes evidentes a títulos como Apocalipsis Now o incluso Depredador, pero eso no basta para evitar sentir que la película no tiene alma, por más que al final haya más lágrimas que en una peli de Bayona. Es, una vez más, el efecto Warner, que aunque aquí mete algún chiste y tiene a John C. Reilly como alivio cómico (algo cargante en algún momento) sigue buscando esa trascendencia que demuestre que esto es mucho más serio y dramático de lo que podría parecer (y lo que podría parecer –y tendría que parecer- es una peli de un mono gigante dándose de leches contra otros bichos gigantes). Todo en la trama es demasiado absurdo e insustancial, empezando por un rastreador que nunca llega a rastrear nada, una misión científica en la isla que no he entendido todavía de que va, un científico (John Goodman) cuya historia con los monstruos es muy ambigua, un poblado indígena totalmente desaprovechado, un monstruo que vomita parte de su comida en el momento y lugar más oportuno  y unos militares demasiado arquetipos.
Los efectos especiales, por supuesto, están a la altura de lo que cabe esperar de una superproducción de estas características, pero la necesidad de desmarcarse de otras películas similares obligan a crear un repertorio de bichejos totalmente novedoso que tampoco me terminan de entusiasmar, en especial esa especie de bicho palo gigantesco o los verdaderos villanos de la película, esos lagartos bípedos de rostro cadavérico que no mejoran en nada a los dinosaurios a los que Kong se enfrentaba en la versión de Peter Jackson.
Si ya comenté que el Godzilla de Emmerich, pese a todo, era superior al de Gareth, lo mismo podría decirse entre el King Kong de Jackson y este. Además, de nuevo la necesidad de convertir al monstruo en el bueno de la película (recuerden los aplausos los habitantes de San Francisco ofrecían al “salvador” Godzilla después de destruir media ciudad) suena a rancio, aunque aquí al menos se deja claro que, aun en defensa de su territorio, Kong mata sin contemplaciones, y aquí está uno de los puntos fuertes de la película, que como en si de un psicokiller se tratase (de nuevo me viene a la mente el Depredador de McTiernan) uno nunca sabe qué protagonistas (quitando a los dos que todo el mundo se imagina) van a sobrevivir y cuáles no, independientemente de la importancia de sus intérpretes. Son estas muertes, de nuevo, algo que desconcierta, pues si bien en ocasiones hay secuencias realmente potentes y violentas (empalamientos, amputaciones…) como si de un homenaje al cine de serie B de hace unas décadas se tratase, por otro lado la ausencia de sangre es casi total, temerosos de ser castigados con una calificación R (cosa que, por cierto, a Logan no aprece estarle yendo nada mal). De nuevo la indefinición Warner.
Eso sí, la banda sonora de la película está genial, aprovechando al máximo el hecho de que la acción esté ambientada justo al terminar la guerra de Vietnam, con lo que ayuda a mantener en ritmo de las escenas y compensa esas carencias narrativas que culminan en un epílogo durante los títulos de crédito definitivamente anticlimáticos (y atención, que hay escena postcréditos que prácticamente nadie ha visto).
En fin, entretenimiento puro y duro y un buen espectáculo visual al que no hay que exigirle mucho si no queremos que todo se venga abajo.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 22 de enero de 2017

xXx: REACTIVADO, aburrida oda al postureo presuntamente molón.

Después del glorioso momento que el cine de acción vivió entre finales de los ochenta y principio de los noventa, los tiempos cambiaron, las películas de machos indestructibles empezaron a flaquear y los dos reyes indiscutibles del género, Schwarzenegger y Stallone, empezaron a desaparecer de la gran pantalla (por diferentes motivos, eso sí), obligando a un relevo generacional que parecía encabezado por Dwayne Johnson y, sobretodo, Vin Diesel.
El segundo es un actor muy mediocre pero capaz de compensar esas limitaciones con un gran carisma, al que solo ha renunciado en momentos muy concretos cuando ha pretendo hacer cine “serio” como en Declaradme culpable, de Sidney Lumet. Como sea, su filmografía se nutría hasta ahora básicamente de dos personajes, el de Riddick y el Toreto de Fast&Furious, a los que ha exprimido al máximo (y lo seguirá haciendo, está a punto de llegar la octava entrega de la saga que glorifica el tunning y hay previstas como mínimo dos más), pero había otro éxito en su carrera que parecía olvidado. Y es que entre mediocridades como Babylon o El último cazador de brujas se encontraba aquella película llena de excesos (como no) y frenesí que en el 2002 dirigió Rob Cohen que se llamó, escuetamente, xXx.
El invento tuvo una secuela, sin Diesel en el ajo, que no interesó prácticamente a nadie y la supuesta saga quedó en el olvido. Pero como al actor californiano eso de las sagas le gusta más que a un niño un caramelo (recordemos que es la voz de Groo en Guardianes de la Galaxia y se va a atrever a castigarnos con una secuela de su peli de brujas), ha decidido resucitar al personaje de Xander Cage y, obviando que los años no pasan en balde, volver a demostrar que es el que más mola haciendo piruetas en el aire y repartiendo estopa a diestro y siniestro.
Lo malo es que quitando el mencionado carisma del tipo (y la presencia de chicas guapas para los que seáis de fácil conformismo), xXx: Reactivado no tiene casi nada más que aportar.
Ya he comentado alguna vez las virtudes de películas que, al menos, son completamente sinceras en su planteamiento. Eso podría valer para esta, que ya en su tráiler anuncian que el asunto va precisamente de eso, de ser el más molón, repartir leña y estar rodeado de tías buenas, pero es que la manera de alcanzar estos tres objetivos es tan torpe que no evita caer en el ridículo en unas cuantas ocasiones y en el aburrimiento más absoluto en otras.
La trama en sí es un verdadero despropósito, ya que presenta la típica amenaza global a la que solo él puede hacer frente, con traiciones que se ven de lejos y alianzas improbables que se ven de más lejos aún contra un villano que en ningún momento da verdadera sensación de amenaza. Además, todo está ya demasiado visto, recordando el esquema en exceso a los tics de James Bond pero recurriendo a la copia burda y descarada en más de una ocasión (me viene a la mente, por ejemplo, La  presentación de personajes tan parecida a la de Escuadrón Suicida, el tiroteo “robado” a Mentiras Arriesgadas, los momentos contrarreloj de Misión Imposible o el sorpresón final (guiño, guiño) calcado de Capitán América: el Soldado de Invierno incluyendo, para más inri, al mismo actor).
Pero ni siquiera aceptando todo esto nos vamos a encontrar con un pasatiempo superficial pero entretenido. Tras una escena a modo prólogo completamente ridícula (Diesel esquiando por la selva) pero al menos bien filmada, la cosa va completamente hacia abajo, con secuencias de acción que se les va de las manos al director D.J.Caruso (aunque viendo su filmografía tampoco debería sorprender demasiado), con cambios de plano precipitados y confusos y en las que no se entiende prácticamente nada, diálogos sonrojantes donde solo importa incidir hasta la saciedad sobre lo legendario que es Cage y un montón de planos de postureo donde se busca más la molonidad que la efectividad.
Al final, la película es Diesel y poco más, desaprovechando a dos grandes expertos en artes marciales como Donnie Yen (mucho más notable en Rogue One) o Tony Jaa, como si temiesen que hicieran sombra al gran Xander Cage.
Muchos fuegos artificiales, chicas en biquini, secuencias de videoclip, musculitos, situaciones imposibles y un clímax bochornoso (no veía un “vuelo” tan mal hecho desde los tiempos de Superman IV) para decorar una película tan vacía como aburrida.
Y es que mucha percusión no es necesariamente sinónimo de rock’n’roll.

Valoración: tres sobre diez.

sábado, 1 de octubre de 2016

EL HOGAR DE MISS PEREGRINE PARA JÓVENES TALENTOS: los X-men de Tim Burton

Desde que Tim Burton se ganara la fama de visionario (esa coletilla que ponen a todos los directores algo imaginativos) por la maravillosa Eduardo Manostijeras y después de haber rodado la que a mi parecer es (y ahora es cuando la legión de nolanistas se me tira encima) la mejor película de Batman hasta la fecha (y posiblemente también la segunda mejor), cada film suyo parece ser un examen para dictaminar si su genialidad sigue intacta o si sus detractores pueden echársele ya al cuello definitivamente.
El hogar de miss Peregrine para chicos peculiares no será la película que saque de dudas a nadie. No tiene la firma gótica y retorcida que se le supone al creador de La melancólica muerte del chico ostra ni la sensibilidad que contenían sus mejores películas hasta la fecha (y también las menos locas desde un punto de vista fantástico): Ed Wood y Big Fish, pero tampoco es el empacho visual y excesivo de títulos como Alicia en el País de las Maravillas o Charlie y la fábrica de Chocolate.
De nuevo sin Johnny Deep a bordo (ya prescindió de él en Big Eyes) y con Eva Green sustituyendo definitivamente a Helena Bonham Carter como su musa (su primera colaboración juntos fue en  Sombras Tenebrosas), El hogar de Miss Peregrine…  está basada en una novela de Ransom Roggs que Jane Goldman, la guionista “oficial” de Matthew Vaughn, se ha encargado de adaptar. Y aunque la Goldman parece lucir bien adaptando comics quizá carezca de la fuerza necesaria para dar vida a unos personajes literarios que resultan demasiado parecidos a Harry Potter y su enfrentamiento con los mortífagos de Lord Voldemort (también el protagonista es un chaval que vive una vida anodina ajena a sus poderes y al mundo de fantasía que le aguarda) mezclada con la Academia Xavier para jóvenes talentos de los X-Men.
La historia funciona y se ve con agrado, haciendo que incluso las más de dos horas de duración pasen en un suspiro, teniendo Burton la oportunidad de lucirse en un par de momentitos pero sin ser capaz de crear un mundo propio como nos tiene acostumbrado vistos sus propios diseños para Frankenweenie, Pesadilla antes de Navidad o Mars Attacks! mientras que la parte adulta del reparto pasa un poco sin pena ni gloria (Eva Green se limita a lucir su mirada profunda, Chris O’Dowd demuestra que está mucho más dotado para la comedia que para el drama y Samuel L. Jackson hace más o menos lo mismo de siempre) dejando el peso interpretativo en manos de Asa Butterfield y Ella Purnell, que se esfuerzan en cumplir lo mejor que pueden. 
Eso sí, me llevé una sorpresa viendo pasear por ahí nombres como Terence Stamp, Judi Dench, Rupert Everett o Allison Janney.
El hogar de Miss Peregrine es una película entretenida, con buenos efectos y gotitas de emotividad, pero que te deja un poco frío una vez terminada. Como si le faltase algo de chicha, más alma, quizá. Es como esas películas origen de superhéroes que sabes que son casi un trámite para ver la secuela, que es la película de verdad.
Así, El hogar de Miss Peregrine funciona bien y no decepciona, pero tampoco deja un poso profundo. Como si Tim Burton, que digan lo que digan es uno de los grandes, la hubiese rodado con el piloto automático puesto, más preocupado en logran un resultado final de factura correcta que de dejar su huella. Y es esa falta de personalidad la que termina por castigar al film condenándolo sin duda a un ostracismo futuro.
Luego están, por supuesto, las miles de tonterías que tiene la historia en sí misma, las cosas inverosímiles que solo el buen ritmo de la acción (en esto sí cumple Burton) impiden que molesten demasiado. Es una de esas ocasiones en las que conviene no hacerse demasiadas preguntas sobre el porqué de las cosas.
En resumen, un buen entretenimiento para disfrutar durante su consumo pero que aspiraba a ser algo más. De nuevo una oportunidad perdida por falta de valentía, lo cual, tratándose de Burton, duele aún más.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 26 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN: descafeinado regreso de un mito.

Cuando se anunció que se estaba planeando la realización de una nueva versión de Tarzán la pregunta más habitual era: ¿es necesario? ¿Hay algo que añadir a la historia de sobras conocida tanto en sus versiones en imagen real (con Johnny Weissmuller como imagen insuperable del hombre mono) con en animación
Quizá por eso los productores optaron por ir un paso más allá y en lugar de limitarse a contar la misma historia inventaron una especie de secuela, un ¿qué paso después? que narra la historia de Tarzán tras adaptarse a la vida civilizada y tener que regresar a la selva que le vio crecer.
En esta línea se encontraba ya la versión que protagonizó Christopher Lambert, Greystoke: la leyenda de Tarzán, rey de los monos, pero que dejaba demasiado de lado el aspecto aventurero de la obra de Edgar Rice Burroughs   y se acercaba casi a un drama romántico a lo Jane  Austen. La leyenda de Tarzán quiere ir por el camino de en medio y mezclar ambas vertientes, presentándonos a un Tarzán reconvertido en lord John Clayton, un caballero de la nobleza británica, casado con su inseparable Jane, que acepta regresar al Congo para comprobar las intenciones del rey de Bélgica con respecto a sus antaño amigos indígenas.
No es un mal punto de partida si no fuese por las carencias de un guion que no sabe exactamente hacia donde se dirige. Quiere ser una película aventurera pero la acción tarda demasiado en llegar, quiere tener una vertiente realista pero se olvida de profundizar en la personalidad de Clayton, quiere mostrar a una Jane independiente y fuerte pero termina convirtiéndola en la clásica damisela en apuros sin más recursos que esperar la llegada de su amado, quiere dar una carga de denuncia social con el tema de los esclavos y los diamantes que anhela el rey de Bélgica y termina olvidándose de seguir por ese camino… 
Pero es, por encima de todo, su director, un errático David Yates que trabaja tanto con el piloto automático que incluso se rumorea que dejó la película a medias para poder dedicarse a su nueva incursión en el mundo de Harry Potter. Es a Yates a quien hay que culpar de los altibajos de ritmo, de la frialdad que demuestra Alexander Skarsgård como Tarzán, de la fotocopia de casi todas sus interpretaciones anteriores que presenta Christoph Waltz o de la simpleza de algunos efectos visuales, demasiados dependientes del CGI y que en algunos omentos (como el horrendo desenlace) lucen verdaderamente mal.
Quizá uno de los problemas de La leyenda de Tarzán haya sido haberse estrenado tan poco tiempo después de El libro de la Selva, otra película “selvática” donde los animales, también creados por CGI tenían vida e incluso personalidad. Aquí estamos ante una mezcla de estos animales y la captura de movimiento empleada en la saga de El planeta de los Simios.
Con todo, la película no aburre, tiene a un Samuel L. Jackson recuperado para el bando de los buenos y a una Margot Robbie que termina siendo lo mejor de la película (y promete ser también lo mejor de Escuadrón suicida el mes que viene) y alguna escena de acción ligeramente inspirada.

Poco bagaje para una película que podría haber aspirado a mucho más y que no pasa de simple entretenimiento veraniego, un producto de usar y tirar que apenas será recordado al finalizar el verano y que deja cierto aroma a decepción.
Valoración: cinco sobre diez.

domingo, 17 de enero de 2016

LOS ODIOSOS OCHO: la cara más salvaje del salvaje oeste.

La nueva película de Tarantino (que en un ejercicio de egocentrismo propio del autor es destacada tanto en cartel como en los créditos como la octava de su carrera) ha sido definido como un cruce entre la Reservoir Dogs con la que debutó y las novelas de Agatha Christie, donde varios personajes permanecen encerrados en un mismo lugar sospechando unos de otros ante una amenaza desconocida.
Tarantino es conocido por haber visto mucho cine y saber homenajear en sus películas (algunos lo llaman plagiar) extractos de su amplia cinefilia, aunque en Los odiosos ocho se puede apreciar un notable ejercicio de onanismo cuando las referencias más reconocibles nacen de su propia filmografía. Tarantino continúa anclado en el oeste americano como si esta fuese una extensión de su anterior Django desencadenado para proponernos una historia repleta de violencia y seres despreciables cuya inevitable orgía de sangre se cuece a fuego lento, permitiéndonos conocer mejor a los personajes e invitándonos a ser partícipes en las mentiras que se ocultan (o no) bajo sus identidades.
En este sentido, el realizados ha demostrado haber aprendido de sus errores, evitando los momentos de insoportable lentitud que lastraban a sus Malditos bastardos y logrando un clímax frenético pero no tan alargado ni desmedido como el de Django desencadenado. Además, como en Pulp Fiction, se atreve a jugar con los lenguajes cinematográficos, dividiendo la obra en capítulos, dando algún que otro salto en el tiempo y llegando incluso (en la versión ampliada solo disponible en cines que ofrezcan la película en sus 70 mm originales) a introducir un intermedio tras el cual un narrador hasta el momento inexistente hace acto de presencia (el propio Tarantino en la versión original) para resumir la trama.
Sin embargo, por más que Tarantino haya demostrado lo mucho que ha aprendido en sus veintitantos años de carrera, esta no es una película perfecta. Posiblemente no sea ni siquiera su mejor película. Resultando a nivel global una historia muy entretenida que consigue que las más de dos horas y media de duración pasen en un suspiro, tiene demasiadas irregularidades para aplaudirla como podría merecer. Y curiosamente es el guion una de sus principales debilidades.
Quizá todo se deba a que tras el impacto que supuso su aparición en Hollywood con Reservoir dogs y Pulp Fiction el estilo Tarantino ha sido tan copiado (muchas veces bajo su propio amparo como productor) y mancillado que la capacidad de sorpresa se ha visto muy reducida. Así, los diálogos que estos ocho tipejos mantienen entre ellos no tienen todo el jugo que se esperaba del realizador de Knoxville, más cuando tenemos en cuenta que gran parte de la obra tiene un cáliz teatral propicio para esos diálogos. No termina resultando tan divertida (dentro de su horror) como Django desencadenado mientras que los excesos de violencia y sangre a borbotones tampoco son capaces de impactar como en sus primeras obras. El estómago del espectador se ha acostumbrado ya al estilo Tarantino como para que este sea capaz de seguir revolviéndolo.
En lo que sí que no ha perdido fuerza el autor es en sacar el máximo provecho de sus actores. Kurt Russell (que desde que hiciera La cosa ya sabe bastante sobre ambientes claustrofóbicos y de desconfianza en los demás) está a un gran nivel, recordándonos lo mucho que echamos en falta a un gran actor acostumbrado a prodigarse poco en papeles protagonistas. Samuel L. Jackson hace lo que hace siempre, pero lo sigue haciendo muy bien, con esas peroratas tan propias de Jules Winnfield. Y Walton Goggins es posiblemente de lo mejor de la función. Aunque nada hay que decir, desde luego, de Demián Bichir, Tim Roth (en un personaje claramente pensado para Christoph Waltz), Bruce Dern, Channing Tatum o, quizá el más desaprovechado, Michael Madsen. Solo me rechina un poco alguna interpretación intencionadamente “graciosa” y pizpireta como la de Zoë Bell o Dana Gourrier. Aunque quien de verdad se merienda a todos en la película, verdadero eje argumental y centro de todos los focos del escenario, es Jennifer Jason Leigh, esa prometedora actriz casi omnipresente en los noventa y que estaba casi olvidada hasta que Tarantino, como viene siendo habitual en él, la ha sacado del ostracismo y le ha regalado un personaje intenso y odioso que ella hace suyo con un poderío asombroso.
Lástima que al final, tras tanta teatralidad y tantas sospechas cruzadas, la historia quede en nada. Un giro argumental algo forzado y muy tramposo nos impide disfrutar del prometido juego de los Diez negritos y la historia pierde su gracia en un devenir de acontecimientos que, más allá de la pericia narrativa esperada, se limita a llevar el curso de la acción hacia donde Tarantino quiere, sin importarle quien caiga por el camino.
Al final, se trata de una película cien por cien Tarantino, violenta y salvaje pero para nada tan racista y misógina como algunos anunciaban. Y como casi todo en la obra de este genial director los errores y los aciertos se suceden por igual. Demasiado irregular pero igualmente brillante, tiene suficiente fuerza y magnetismo como para atraparnos esas casi tres horas que pasan en un suspiro, aunque tras el visionado poco o nada nos vaya a quedar para el recuerdo.

Puntuación: 7 sobre 10.

sábado, 28 de febrero de 2015

KINGSMAN: SERVICIO SECRETO (8d10)

Ya desde que se diese a conocer en el 2007 con su segunda película, Stardust, Matthew Vaughn demostró su afición al mundillo del comic y su buen hacer adaptando obras ajenas.
Tres años después convenció a propios y extraños con Kick-Ass, película en la que colaboró por primera vez con el enfant terrible del comic Mark Millar, y un año después logró el gran mérito de resucitar una saga agónica como los X-Men que heredó de Bryan Singer. Ya en aquella X-Men: primera generación se intuía además un gusto estético que recordaba al espíritu más clásico de los films del agente 007, hasta el punto de que su versión de Emma Frost parecía más una chica Bond que una supervillana de comic.
De esta manera, juntando todos estos elementos, parecía el director más lógico para un film de estas características, la adaptación de un comic del amigo Millar que es a su vez una especie de homenaje a los míticos films de Bond, James Bond.
Aunque el guion que el propio Vaughn ha escrito a cuatro manos con su colaboradora habitual, Jane Goldman, se distancia en ciertos momentos de la obra original de Millar y el dibujante Dave Gibbons, no cabe duda que sabe ser perfectamente fiel a la saga de seis números publicada por Icon Comics (un sello dependiente de Marvel), consiguiendo que hasta los cambios más radicales se conviertan en celebrados guiños (un simple ejemplo: en el comic la acción arranca con el secuestro del actor Mark Hammil; en la película el secuestrado es un profesor universitario que, obviamente, está interpretado por el propio Hammil). También es cierto que el propio Millar es uno de los productores del film, y que la relación Millar-Vaughn es tan buena que ya está en marcha su próximo proyecto conjunto: Superior.
Kingsman: Servicio Secreto cuenta, por un lado, la historia de un grupo de agentes secretos de financiación privada que tratan de averiguar que siniestro plan se oculta tras la desaparición, a nivel mundial, de diversas personalidades sin que haya ninguna petición de rescate por ellos. Por otro lado, el reciente fallecimiento de uno de sus agentes propicia que la organización busque un sustituto mediante un duro proceso de selección entre las propuestas de los respectivos miembros. Harry Hart propone a un chaval de los bajos barrios, hijo de un aspirante a agente fallecido diecisiete años atrás, en el que deposita una total confianza.
Lejos de caer en la burda parodia, Kingsman: Servicio Secreto es una película de acción con todos los ingredientes propios del género, reuniendo las mejores virtudes pero acompañándolas con un sentido del humor inteligente y, por momentos, muy negro en una combinación arriesgada pero que, en las hábiles manos de Vaughn, es totalmente acertada.
Aun habiendo sido muy tentador caer en la rutina de haber seguido de forma textual el comic (lo que nos habría permitido escenas tan delirantes como una masacre entre parejas de novios participantes en una boda múltiple a pie de playa), el guion se constituye con vida propia, resultando muy meritorio que el homenaje a algo tan trillado como las películas de espionaje pueda resultar fresco, divertido y original (y quizá me estoy dejando llevar por la emoción, pero adivino incluso algún guiño a, por ejemplo, el Superman fílmico).
Sin renunciar al drama cuando es necesario (y con momentos de gran dureza visual), Kingsman: Servicio Secreto es, ante todo, una gran diversión, emocionante y muy gamberra, con momentos de puro delirio (esa escena en la iglesia) y recursos visuales impagables (las prótesis en las piernas de la chica del malo son una delicia).
Pero no todas las virtudes de la película deben recaer en sus creadores, pues Vaughn ha sabido rodearse de un gran elenco interpretativo que están superlativos, encabezado por un Colin Firth impecable en ese porte extremando al máximo su flema británica (y que nada tiene que ver con su apática interpretación en la reciente No confíes en nadie) y siguiendo por la demencial aportación de Samuel L. Jackson (ese megalómano villano de libro), un inevitable Michael Caine (no hay caballero británico más icónico que él) o un Mark Strong en su salsa como operativo en las sombras de la asociación, aparte del descubrimiento que suponen la argelina Sofia Bouella y el galés Taron Egerton, un desconocido que se ha tenido que enfrentar al desafío de protagonizar un film con semejantes estrellas y que sale totalmente airoso del trance.
Filmada con impecable elegancia, con un ritmo endemoniado que ni siquiera durante los momentos más relajados decae, irreverente y sorpresiva, Kinsman: Servicio Secreto reúne algunas de las mejores secuencias de acción de los últimos años (imposible esa persecución automovilística en marcha atrás del comienzo) con momentos de delirio puro que lamento no poder mencionar aquí por no revelar nada pero que resumiré, para quien ya la haya visto, con el desquiciante y demencial momento “fuegos artificiales”, para culminar, en la escena final, en el guiño definitivo al Bond más canalla y seductor, tal y como se podía intuir en uno de los carteles, homenaje directo a Sólo para sus ojos.
Brillante y muy recomendable, Kingsman: Servicio Secreto es la demostración perfecta de como una obra puede ser adaptada sin impedirle tener personalidad propia y ensalza a Vaughn como uno de los mejores directores de su generación, aunque nunca se le reconocerá por no hacer un cine tan oscuro y sesudo como los aclamados Nolan o Fincher.

miércoles, 2 de abril de 2014

EL CAPITÁN AMÉRICA: EL SOLDADO DE INVIERNO (8d10)

Posiblemente, Steve Rogers, AKA El Capitán América, no sea uno de los héroes más admirados fuera de su país. El nombre y los colores de su uniforme hacen que pese sobre él una equívoca sospecha de fascismo extremado que nada tiene que ver con la realidad, y no ha sido hasta su “aparente” muerte en el comic, noticia de portada en medios de comunicación en todo el mundo, que el público en general ha empezado a prestarle atención.
Hay que tener en cuenta que su origen se remonta a los años cuarenta, en plena II Guerra Mundial, cuando el fervor antinazi estaba en pleno apogeo y América era el sinónimo de un ideal. Tal y como se ve en la primera película del Capi, su misión no es la de ondear la bandera americana a los cuatro vientos, sino la de la libertad y la democracia. En esto, ningún país moderno puede presumir de estar libre de pecado, ni siquiera los Estados Unidos, y de eso trata esta película.
Si El Capitán América: el Primer Vengador versaba sobre el símbolo y en Los Vengadores veíamos al héroe, es turno ahora del hombre, el tipo bajo la máscara, el soldado que debe adaptarse a una nueva época, a la muerte (o vejez) de sus amigos, pero con esos ideales inamovibles. Rogers no trabaja para América, ni mucho menos para su gobierno, sino para el pueblo americano y a ellos y sólo a ellos debe su lealtad. Aunque eso le suponga enfrentarse a las altas esferas y convertirse en un fugitivo de SHIELD.
Con Ed Brubaker (guionista de la más aclamada etapa del personaje en los comics) firmando la historia a la que terminarían de darle forma Christopher Markus y Stephen McFeely, El Capitán América: El soldado de Invierno bebe mucho, lógicamente, de esos magníficos comics de Brubaker en los que se crea al personaje de Soldado de Invierno, aunque también hay en ellos algo de Secret War e incluso reminiscencias de cuando el protagonista reniega de su propio país y adopta una identidad nueva (tranquilos, no es ningún spoiler, no hay ni rastro de Nómada en la peli, sólo se aprovecha la idea). Con los hermanos Anthony y Joe Russo (de escaso currículo pero a los que elevo a los altares aunque sólo sea por su participación como productores y directores de la magnífica serie Community) sustituyendo a Joe Johnson a los mandos de la realización, esta segunda aventura en solitario del Vengador trata de llevarlo a los límites haciéndole dudar entre aquello en lo que cree o aquello para lo que lo entrenaron, es decir, seguir órdenes como un borreguito. Sin pensarlo demasiado, Rogers se enfrentará a la organización antiterrorista más poderosa del mundo, huérfana tras el asesinato de Nick Furia, mientras un desconocido a la vez que legendario terrorista entra en escena.
Por fortuna, el Capi no se enfrentará solo a SHIELD. La Viuda Negra y Falcon (otro personaje del comic que debuta aquí, imagino que con el nombre manteniéndolo en inglés para evitar confusiones con Ojo de Halcón) le apoyarán en su búsqueda de la verdad, sin obviar la participación de Maria Hill y una misteriosa (y poco desarrollada) Agente 13 de la que quizá pronto sabremos más cosas gracias a una futura serie de televisión. Y luego está Furia, claro está, que paranoico hasta las cejas y amante de las conspiraciones quizá no haya dicho aún su última palabra. Y ese es uno de los grandes aciertos del film. Mientras otras películas de superhéroes como los Batman de Schumacher, Blade Trinity o Spiderman 3 fallaban en el abuso de protagonistas o antagonistas, en esta ocasión el tiempo de cada uno está milimétricamente medido, repartiendo las escenas con brío y no permitiendo que ningún personaje pise a otro, tal y como ya consiguiera Joss Whedon en Los Vengadores.
El Capitán América: El Soldado de Invierno es una película de superhéroes, claro está, pero pese a lucir Steve su uniforme estrellado, Natasha su cuero ceñido y Sam unas alas que le permiten volar, quizá cabría definir esta película mejor como un thriller político, donde en sus más de dos horas de metraje abundan los diálogos reflexivos y las sospechas de conspiraciones con un veterano Robert Redford en su máximo esplendor dando una lección de carácter y presencia en cada minuto en que aparece en pantalla. 
Marvel, como viene siendo habitual, demuestra tener un ojo infalible en sus casting, consiguiendo reunir actores de demostrada calidad con estrellas sin demasiado caché a los que poder modelar a su antojo. Así, Chris Evans es ya para siempre la imagen de Steve Rogers y nadie puede discutir el acierto de la elección, por más que se pudiera dudar antes del estreno de El Capitán América: El primer Vengador, tal y como sucediera, por ejemplo, con el Thor de Chris Hemsworth, mientras que pocos sospecharían que una actriz que era poco más que una cara bonita como Scarlett Johanson iba a convertirse en una estrella de acción y que iba a convencer el las escenas dramáticas. Y eso que había sido una chica Allen… 
Hay quien podría decir que, tal y como se insinuaba (aunque menos) en Iron Man 3, esta es una peli “nolanizada”, pero no os preocupéis. Pese a los momentos serios y dramáticos y la ausencia de personajes cómicos como pasaba con Erik Selvig y Darcy en Thor: el mundo oscuro, los hermanos Russo no han buscado la oscuridad amarga y las ansias pseudointelectuales de baratillo que rezumaban las mediocres El Caballero oscuro: la leyenda renace o El hombre de acero. Simplemente, han tomado un personaje icónico, una situación real y han creado una historia de acción de intriga y la han desarrollado sin pretender insultar la inteligencia del espectador.
Y al final, por supuesto, hay explosiones. Y peleas. Y puñetazos. Y lanzamientos inverosímiles de escudo. Que al fin de cuentas sí que es una peli de superhéroes, ¡faltaría más!
No dejo de sorprenderme del maravilloso y complicado puzle audiovisual que ha creado Marvel con sus personajes (con la mitad de ellos, recordemos que de la otra mitad no posee los derechos cinematográficos), y de nuevo las referencias a otras películas y personajes de la macrosaga están presentes (expandiendo esa saga al mundo de la televisión con la –de momento- floja SHIELD y la ya mencionada Agente Carter), así como las pistas de por dónde van a ir los tiros en el futuro, con dos escenas postcréditos que invitan directamente a esperar la llegada inminente de Los Vengadores 2: la era de Ultrón y, en un par de años, Capitán América 3 (aún sin título definitivo, evidentemente), aunque casi me atrevería a aventurar que a lo que en realidad se refieren en dicha escena (dirigida por Joss Whedon, por cierto) es a Los Vengadores 3, prevista para 2018 y con entre cuatro y cinco películas puente entre ambas.
El único punto negativo que se me ocurre es su dañina campaña publicitaria, con entrevistas y reportajes de determinado actor que no voy a nombrar aquí que suponen un importante spoiler sobre una de las sorpresas del film (aunque los seguidores de los comics sabíamos de sobras de qué iba la cosa).
Pese a ello, una excelente película que ni aburre ni apabulla, mucho mejor que su predecesora (a Joe Johnson le falla mucho el control del ritmo narrativo) y que no aburre ni en sus momentos más relajados, con el retorno de personajes carismáticos (para mí Cobie Smulders siempre será Maria Hill antes que Robin Scherbatsky) y que te deja con ganas de más, deseando ya el estreno de Guardianes de la Galaxia, el siguiente peldaño de Marvel en su camino hacia la Gloria Celestial.

lunes, 17 de febrero de 2014

ROBOCOP (4d10)

En 1987 un Paul Verhoeven recién llegado a los Estados Unidos haría la primera de sus tres grandes películas, RoboCop (después de Desafío Total e Instinto Básico su nombre dejó de ser sinónimo de éxito), una brillante y salvaje fábula policíaca y de ciencia ficción sobre un personaje mitad hombre mitad máquina que daría pie a dos secuelas, cuatro series de televisión y toda una franquicia en comics.
Ahora, 27 años después llega un posiblemente innecesario remake con José Padiha a los mandos y Joel Kinnaman como protagonista. Pero sería injusto cargar a esta película con la losa de ser constantemente comparada con su antecesora, así que mejor la olvidamos y la intentamos analizar como obra individual.
Y como obra individual RoboCop es demasiado plana como para entusiasmar, con un director sin demasiada pericia en las secuencias de acción (recuerden que su currículo se reduce a Tropas de Élite 1 y 2) y un actor que no produce nada de empatía, al que le perjudica enormemente su ego (como también sucede en la mayoría de películas de superhéroes) que obliga al director a rodar demasiadas secuencias con la cara descubierta (aprovecho el momento para aplaudir la valentía de actores como Hugo Weaving o Karl Urban por atreverse a interpretar personajes sin rostro como en V de Vendetta o Juez Dreed), con lo que sus escasas dotes interpretativas salen a relucir lastrando la acción del film, así como toda la subtrama familiar que –sinceramente- nos importa un pepino. Que en una película de un robot policía las mejores secuencias sean los duelos interpretativos entre despachos de Michael Keaton y Gary Oldman demuestran que algo se está haciendo mal.
Visualmente, por supuesto, es impecable, no en vano ha costado más de cien millones de dólares, pero algo rechina en esta producción que…
¡Oh, vamos! ¿En serio se han creído que no la vamos a comparar con el RoboCop de Verhoeven? Por supuesto que debemos hacerlo. No estamos hablando de la adaptación de un libro o de un comic. Es una versión de una historia casi perfecta, con una violencia y una mala baba genial que por aquí no aparece por ningún lado y con una supuesta crítica social que, en el remake, aparte de en sus primeros diez minutos, termina desvaneciéndose hasta desaparecer, al no ser que nos conformemos con las pesadas apariciones de Samuel L. Jackson como presentador de noticias con aire de telepredicador.
No se entiende que contraten a un director supuestamente con personalidad como Padiha para no concederle después total libertad, o que la película deba estrenarse con una calificación moral baja cuando una de las cosas que hicieron grande al auténtico RoboCop fue su generosidad con la sangre, o que ellos mismos reconozcan sus propios complejos con el cambio de color del uniforme con su posterior rectificación.
No les voy a intentar meter en la cabeza que esta película es una auténtica basura, pues tampoco es para tanto, pero  no es ni tan trepidante, ni tan emocionante ni tan divertida como aquel clásico ochentero, y por buenos secundarios que se hayan fichado no consiguen hacer olvidar a Miguel Ferrer, Ronny Cox o Nancy Allen.

Lamento decir esto pero si quieren que les sea sincero, si desean disfrutar de la película ahórrense la entrada del cien y corran a su videoclub a recuperar al Robocop que fue Peter Weller. Disfrutarán más.