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lunes, 30 de diciembre de 2019

6 EN LA SOMBRA

Ya defendí en su momento que una de las grandes ventajas de la producción fílmica de Netflix es la libertad creativa que esta da a sus autores. Buena cuenta de ello es la existencia de obras tan personales como RomaLa balada de Buster Scruggs o la reciente El irlandés. Otra cosa es que continuo sin tener claro como logran amortizar ciertos presupuestos desorbitados.
6 en la sombra es la producción más cara de la plataforma hasta la fecha (unos ciento cincuenta millones de presupuesto), todo para satisfacer al dios de las explosiones y los excesos.
Mezclar en una misma película los nombres de Michael Bay, Ryan Reynolds y los guionistas Paul Wernick y Rhett Reese (ZombielandDeadpool sus respectivas secuelas) es, como poco, sinónimo de grandes dosis de acción y diversión. Y, sin las manos atadas como les sucedería en cualquier productora tradicional.
6 en la sombra cuenta como un multimillonario se cansa de los abusos de poder y crea un grupo de mercenarios que, tras convertirse en «fantasmas», tratan de hacer del mundo un lugar mejor, empezando por liberar un país de un sádico dictador. Pero poco importa el argumento de una película donde no se deben encontrar profundos análisis de personajes ni diálogos especialmente inteligentes, más allá de los típicos golpes de gracia con aire de macarras ochenteros. Aquí lo que prima es la acción desenfrenada, la espectacularidad y el más difícil todavía.
Completamente desatado, Bay consigue su obra más gamberra y cafre, con todos los excesos propios de su filmografía resumidos en algo más de dos horas de completa locura. Absurda y a veces ridícula, sí, pero locura, al fin y al cabo.
Solo el larguísimo prólogo de la película basta para dejar en ridículo a toda la saga de Fast & Furious. A partir de ahí solo cabe esperar como superar el nivel de cafrería, con las explosiones más grandes y ruidosas, los desmembramientos más bestias y las muestras de testosterona (da igual que sea en manos de un hombre o una mujer) más ridículas.
6 en la sombra es una película para no tomarse en serio en ningún momento. Una colección de excesos, violenta y sádica, pero muy cachonda, que incluso supera en esos términos a la propia Deadpool, aunque con mucho mejor ritmo que las últimas de Transformers. Si se acepta como tal, podrá considerarse todo un descubrimiento del que solo cabe lamentar no poderla disfrutar en pantalla grande. Si se espera algo con un mínimo de inteligencia, esta no es vuestra película, desde luego.
6 en la sombra es puro rock’n’roll. Ni más ni menos. El cerebro mejor lo guardamos para otro momento.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 17 de mayo de 2019

POKÉMON. DETECTIVE PIKACHU

Resulta difícil entra a valorar una película de este tipo que va dirigida a un público muy concreto, aunque puede que precisamente ahí radica uno de sus principales méritos: no hay que ser un gran conocedor de la cultura Pokémon para poder entender la película. Yo mismo no he jugado nunca ni he visto un solo capítulo de los dibujos animados y no tuve problemas en seguir una trama bien explicada e, incluso, intuir cuando estaban haciendo algún guiño a los fans.
Sin embargo, esa intencionalidad de querer llegar a todo tipo de público hace que la película navegue siempre entre dos aguas, incapaz de definirse por un estilo concreto. Por un lado, quiere tener ese toque gamberro y descarado que podrían recordar a Ted o incluso (con la aportación de Ryan Reynols en el doblaje) a Deadpool, pero en una versión muy infantilizada, con lo que no se llega a sacar el partido suficiente a la socarronería que podría aspirar.
También a nivel narrativo avanza a medias tintas. En su arranque, repite la fórmula de otras películas de éxito que exploran la relación entre un  humano y… bueno, ora cosa, como ¿Quién engañó a Roger Rabbit? o ¿Quién está matando a los moñecos?, proponiendo una trama propia del cine negro, con todos sus tópicos (el detective, el amnésico, la femme fatalle…), jugada que ya funcionaba muy bien también en Zootrópolis, pero mientras que en las mencionadas producciones Disney (dejemos la horrible de los Moñecos aparte) se incluía un subtexto bastante adulto, poco de ello se puede ver en esta Pokémon: Detective Pikachu. Además, una vez asentadas las bases, la cosa se transforma para da al espectador un espectáculo propio de los tiempos que corren, y toda la intriga pasa a un segundo plano para pasar a la acción pura y dura, con sus explosiones y amenazas habituales, lo que deriva en un cierto aburrimiento en su previsibilidad.
Con todo, hay que reconocerle los méritos de unos efectos visuales muy logrados, haciendo bastante efectiva la aportación de este Pikachu que, viendo como termina la película, no sé si tendrá un largo recorrido, y consiguiendo ser tierna y divertida en muchos momentos.
Una recreación, en fin, bastante acertada para los más pequeños, pero a la que los espectadores más alejados de los bichos que digievolucionan deberíamos exigir un toque más gamberro.


Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 20 de mayo de 2018

DEADPOOL 2


Hace apenas dos años Deadpool fue una de las mayores sorpresas de la temporada. Convencidos por el director Tim Miller y el actor Ryan Reynols, los directivos de la Fox, en vista de que sus licencias Marvel empezaban a flojear de la mano de los mutantes de Singer (del batacazo de Los cuatro Fantásticos mejor ni hablar), se arriesgaron a autorizar la realización de una película no apta para menores, muy gamberra, malhablada, políticamente incorrecta y con bastantes toques de sexo, escatología y gore. 
Pero, sobre todo, con un humor muy bestia y tremendamente ácido. El resultado fue un éxito abrumador, rompiendo récords y descubriendo al personaje (ya había aparecido brevemente en X-Men Orígenes: Lobezno, pero de eso mejor tampoco hablar) al gran público.
Era evidente que el Mercenario Bocazas debía volver más pronto que tarde, y en medio de la tormenta mediática que supone la inminente (aunque eterna) compra de la Fox por parte de Disney, Deadpool 2 se estrena con las expectativas por las nubes y un relevo en la silla del director.
Estos dos factores son los que más determinan el destino de este Deadpool 2. Por un lado, el factor sorpresa que tan bien jugó a su favor en el 2016 ya ha desaparecido, y todo el mundo espera esta secuela con ganas, quizá demasiadas, lo que sin duda es más fácil que provoque decepciones que aplausos.
Deadpool 2 es, en realidad, más de lo mismo, de manera que quien no disfrutara con el humor cafre de Wade Wilson y su alter ego Masacre (tal y como es conocido en España en el mundo del cómic), no debería ni acercarse a esta continuación. Por otro lado, en la Fox han puesto toda la carne en el asador y, aun sin contar con un presupuesto a la altura de colegas superheróicos como los liderados por Iron Man o el Capi, en Deadpool 2 hay muchos más personajes, más acción y una trama que, sin la lacra que supone hacer la presentación de un personaje, puede ir directa a la acción. Así que sí, tal y como dice la campaña publicitaria, Deadpool 2 es más larga y más dura, lo cual no quiere decir necesariamente que mejor.
El segundo aspecto a tener en cuenta, decía, era el cambio de director. Tim Miller debutó con Deadpool en el mundo de la realización de largometrajes, aunque ya había trabajado como director de segunda unidad en otros títulos Marvel, estando especializado en la confección de inolvidables títulos de crédito como los de Thor, el Mundo Oscuro o Millenium: Los hombres que no amaban a las mujeres, por lo que el aspecto visual era lo primordial del film. El director de la secuela, David Leitch, también surge de la parte más técnica de la industria (en su caso era especialista de escenas de acción) y ya había codirigido la primera parte de John Wick y, ya en solitario, Atómica. Con semejante currículo, las diferencias entre ambos realizadores parecían evidentes y, ciertamente, el estilo de cada uno es lo que define y diferencia las dos películas. Deadpool 2 no ha perdido su cachondeo y salvajismo, pero la espectacularidad proviene más de los momentos de acción ante las cámaras que de los virtuosismos tras ellas. Y es por ello que durante gran parte del metraje hay un aroma dramático muy heredero de la mencionada John Wick que rechina en algún momento.
Con todo, Deadpool 2 sigue siendo un estupendo divertimento, lo suficientemente diferente a la primera como para no resultar una simple copia, pero sin la frescura y originalidad de aquella, que sabe aprovechar el dúo que el protagonista forma con Cable, el personaje de Josh Brolin pero que tiene en la Domino de Zazie Beetz una de sus mejores bazas. La escena intercréditos, por cierto (y aprovecho para avisar que no hay escena al final de los mismos), es de lo mejor del film, tan hilarante que por sí misma ya merece el precio de la entrada, aunque quizá muchos no terminarán de pillar las referencias. Y lo mismo podría decirse de los cameos, tan hilarantes como fugaces, que hay que buscar casi con lupa.
Deslenguada, incorrecta y muy sangrienta (aunque, por contra, mucho menos sensual/sexual), Deadpool 2 es una buena secuela, que seguramente no supere a la original pero que tampoco la desluce.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 1 de septiembre de 2017

EL OTRO GUARDAESPALDAS, la tontería más divertida del verano

Por algún motivo que no alcanzo a comprender, la promoción de El otro guardaespaldas hace hincapié en definir la película como una especie de parodia de El guardaespaldas, aquella peliculilla simpática sin más pero que recaudó dinero a raudales que dirigió Mick Jackson en 1992 para mayor gloria de Kevin Costner y Whitney Houston: el título en español (tipografía incluida), el poster promocional (ridículo, por cierto) y hasta la incursión del tema principal de aquella en el tráiler de esta.
Y todo para resultar que El otro guardaespaldas no tiene nada que ver con aquella más que el hecho de que el protagonista es un guardaespaldas. Puestos a comparar, esta budymovie en toda regla tendría más en común con Límite 48 horas, por aquello de los dos antagonistas (en aquella era un policía y un delincuente, aquí un guardaespaldas y un asesino, en ambos casos uno blanco y el otro negro) y la carrera contrarreloj en la que se ven envueltos, en una comedia de acción alocada y espectacular. Aunque lo cierto es que en los ochenta y los noventa eso de juntar dos protagonistas opuestos y darles una trama criminal era algo bastante corriente, y las referencias que se pueden encontrar en esta película que dirige Patrick Hugles son infinitas.
Al final, estamos ante un entretenimiento funcional pero muy convencional que basa casi todas sus armas en la química entre los dos protagonistas, enemigos condenados a entenderse, que tampoco tienen demasiada base como para hacer interpretaciones demasiado esforzadas. Jack Reynols recupera el rol cómico de Deadpool, mucho mejor que cuando se quiere poner serio, y Samuel L. Jackson se limita a hacer de Samuel L. Jackson, que para eso es lo que mejor se le da. 
Al menos Gary Oldman compone a un villano algo menos histriónico y exagerado de lo que nos tiene acostumbrados y Salma Hayek (muy efímera) y Elodie Yung (la Elektra del Daredevil de Netflix) aportan el toque femenino.
La película sirve, además, como guía turística, sobretodo de Londres y Ámsterdam, recreándose Hugles durante las interminables persecuciones y tiroteos en mostrar lo más destacado de ambas ciudades.
El otro guardaespaldas no engaña, y es lo que aspira a ser, una comedia con mucha acción, explosiones, disparos y muertes a gogo, exagerada e inverosímil, que no se toma en serio a sí misma casi nunca (quizá solo en el flashback sobre el personaje de Samuel L. Jackson) y que como tal puede funcionar, abrazando el absurdo y alternando la espectacularidad (y con esa moda de hoy en día de incluir varias peleas en un plano secuencia, algunas efectivas pero ni de lejos a la altura de cosas más serias y trabajadas como Atómica) con el ridículo.
El otro guardaespaldas es eso y poco más. Diversión y chascarrillos repetitivos que pueden refrescar el final de las vacaciones, pero que no ayudan a elevar el nivel de un verano relativamente flojo en lo que a producciones cinematográficas se refiere.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 9 de abril de 2017

LIFE (VIDA): Lujoso aperitivo para el nuevo Alien

Que la nueva película de Daniel Espinosa (director de la entretenida El invitado y la irregular El niño 44) con guion de Rhett Reese y Paul Wernick (los mismos que se inventaron ese pelotazo que fue Deadpool) está claramente inspirada en Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott es una obviedad tan grande que ni los propios responsables son capaces de negarlo.
Hay mucho más en Life (vida) que huele a fotocopia de otras películas, pero tal y como suceda con Redención, lo importante es el resultado final, y en este caso el resultado final es ciertamente estimulante.
Se podría decir de esta epopeya claustrofóbica y aterradora sobre un alien mortal que amenaza a los cinco integrantes de la Estación Espacial Internacional que no deja una huella demasiado profunda en el espectador, pero hay que reconocerle que durante la proyección logra cumplir con creces todos sus objetivos, resultando emocionante, emotiva y angustiante. Con una clasificación R se permite ser algo más sangrienta que otras producciones del estilo y su construcción en formato de cine de slasher (que eso era, al fin y al cabo, el Alien de Scott) atrapa desde el primer momento, como en un macabro juego de ruleta rusa en el que nunca se sabe quién será la siguiente víctima.
Resulta curioso que en el mismo fin de semana se estrenen dos films de corte similar (y Life, como Órbita 9, también tiene un cartel algo tramposo), pero en el caso del film de Espinosa el dilema moral que se plantea no se esquiva a la primera de cambio, sino que resulta tan contundente que no genera debate posible: si es necesario, todos deben morir con tal de que el alienígena no llegue a la Tierra. Esta amenaza (y el detalle de que estemos ante una recreación casi perfecta de la auténtica Estación Internacional) son los dos puntos diferenciadores más claros con respecto a Alien.
Espinosa busca siempre el horror mediante la sensación de claustrofobia, moviendo la cámara con delicadeza entre los recovecos de la nave (atención al magnífico plano secuencia que abre el film) y recreándose en la gravedad cero que sufren sus protagonistas (esto la aúna, a su vez, con Gravity), y aunque apenas tenga tiempo de definir mejor a sus personajes, las cuatro pinceladas que se da de cada uno me resulta suficiente. Al fin y al cabo, esto no va a ser el inicio de una franquicia como comentaba al respecto de Power Rangers.
Sí se echa en falta algo más de valentía a la hora de plasmar el terror, ya que no se llega a jugar bien las bazas de la clasificación R y Espinosa apuesta más por la luz y la limpieza de lo que lo hacía Scott, pero la mezcla de unos efectos especiales que crean un ser creíble y terrorífico, el lujoso reparto y el ritmo de la acción que penas deja respiro convierten Life (Vida) en un entretenimiento apasionante y muy recomendable.
Puede que sea injusto compararla constantemente con Alien, pero eso es a lo que sus creadores han querido jugar. Al fin y al cabo, en unos días el propio Scott lo sufrirá en sus propias carnes con el estreno de Alien: Covenant.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 4 de septiembre de 2016

CRIMINAL: entretenimiento puro y duro.

Ya he ha hablado mucho de la falta de originalidad que hay en el Hollywood actual. En algunos casos, como el que nos ocupa hoy, la cosa es mucho más curiosa, pues Criminal no solo tiene el mismo planteamiento que una película muy reciente como Eternal sino que es capaz de traerse aquí incluso a su actor protagonista para repetir la jugada aunque cambiando de bando.
En ambos casos el punto de partida es una tecnología capaz de traspasar los recuerdos del cerebro de un fallecido a los de un cuerpo nuevo aunque claro, la cosa no es tan sencilla y el receptor sufrirá la confrontación de sus dos identidades, luchando por sobrevivir una a la otra. Si en Eternal Ryan Reynols era el joven en cuyo cuerpo re iba a reubicar la conciencia de Ben Kingsley aquí es el marido de Blake Lively quien fallece y sus recuerdos deben trasplantarse a la mente del asesino y sociópata que interpreta Kevin Costner, que en los últimos años parece empeñado a recuperar todo el prestigio perdido.
Afortunadamente, en manos de Douglas Cook y David Weisberg, autores del guion de La Roca (posiblemente la mejor película hasta la fecha de Michael Bay), la película desemboca en un frenesí de acción y emociones que permite que lo absurdo de su planteamiento se diluya en más de dos horas de puro entretenimiento.
Con un reparto de auténtico lujo (acompañan a Costner y Reynols  Gary Oldman, Tommy Lee Jones, Jordi Mollà y Gal Gadot, aunque también aparecen en papeles menores Alice Eve, Michael Pitt, Antje Traue y los televisivos Amaury Nolasco y Colin Salmon), la película es un thriller de acción dirigido con eficacia por el israelí Ariel Vromen que con un estilo que recuerda a las producciones de Luc Besson consigue imponer un ritmo trepidante a la acción que disimula las absurdeces de un guion algo loco e irregular.
Pese a todo, quizá sea Costner el único que verdaderamente destaca interpretativamente, dando lo mejor de sí mismo consciente de que cada fracaso en taquilla es una oportunidad perdida para él. También es su personaje el que mejor evoluciona a lo largo del film lo que le permite mayor variedad de registros, cosa que el actor sabe agradecer sosteniendo por si solo la película.
Todo es muy enrevesado, muy cogido por los pelos, pero estamos ante una de esas películas que es conveniente no analizar mucho y dejarse llevar por su ritmo y sus persecuciones, tiroteos y sus momentitos de emotividad, que también los tiene. Y todo ello con una cámara muy limpia y luminosa. Es decir, todo de lo que carece una película a priori mucho más seria e interesante como se suponía que era la simplona Jason Bourne.
Criminal no inventa nada nuevo, ni tampoco lo pretende. Ni siquiera prueba a sacar partido a las decisiones médicas moralmente discutibles en las que se basa. Es un producto de lucimiento para la acción y poco más. Y con ello debería bastar.

Valoración: siete sobre diez.

viernes, 26 de febrero de 2016

DEADPOOL: una jo**da gamberrada francamente divertida.

Mientras todo el mundo pensaba que lo más llamativo de este año (cinematográficamente hablando) iba a ser el doble duelo entre Batman y Superman por un lado y el Capitán américa e Iron Man por otro, hete aquí que ha aparecido casi de la nada Deadpool y lo ha revolucionado todo.
Estrenada en los USA en el fin de semana largo de San Valentín (un fin de semana reservado a películas románticas para ver en pareja), la película ha batido records de manera alucinante. Algunos ejemplos: Fue el mejor estreno de la 20th Century Fox con 135 millones sobre un presupuesto de 58, ha batido el record de recaudación en el mes de febrero que ostentaba Cincuenta sombras de Grey y ha supuesto el mejor estreno de todos los tiempos de una película de clasificación R (sólo para adultos). En la actualidad ha superado los quinientos millones en todo el mundo, siendo la película más exitosa de la franquicia de X-men, y ya ha confirmado su secuela.
¿Y de dónde viene todo este éxito? Quizá de la necesidad del público por ver algo diferente dentro de un género tan en boga como el superheróico. Aunque en Marvel parecen esforzarse por acariciar diferentes subgéneros en sus producciones (películas de robos, thrillers políticos, fantasía, comedia…) todo parecía cortado por el mismo patrón, y Deadpool (pese a que no acabo de soportar que en España no la hayan llamado Masacre, como en el comic) ofrece un soplo de aire fresco con ese tono tan gamberro y políticamente incorrecto que supera los excesos de películas relativamente similares como Kick-Ass o Kingman.
Sin embargo, casi tan interesante como la propia película es la historia de cómo llegó a existir. Quizá muchos no recordéis (lo cual es bueno para vuestra salud mental) que Masacre Deadpool ya había debutado en cine. Fue en ese compendio de despropósitos llamado X-men Origenes: Lobezno donde el Mercenario Bocazas aparecía gran parte de la película ¡¡¡con la boca cosida!!! Ver para creer. Lo curioso del caso es que ya fue interpretado por Ryan Reynols, y no sé bien si fue preparándose para el papel o si la cosa venía de antes pero el caso es que el ex de la Johansson se enamoró del personaje y se empeñó en hacer su propia película, por más que la Fox parecía negarse en rotundo. Incluso había posible director, un Tim Miller que incluso rodó una espectacular escena (utilizada en el metraje definitivo) para convencer al estudio. Pero no fue hasta que las imágenes se filtraron en internet y los fans se alzaron pidiendo la película que la Fox no decidió dar luz verde al proyecto. Y al fin Reynols ha conseguido triunfar como personaje de comic tras el denostado paso por Lobezno, su olvidada participación en Blade: Trinity y su desastrosa Green Lantern.
Pero realmente, ¿tan buena es esta Deadpool? Pues para ser sinceros, no. Bajo un prisma cinematográfico el guion no es especialmente inteligente, las interpretaciones no son memorables y a Tim Miller se le nota la falta de experiencia (es su debut como realizador, aunque tiene algún corto digital impresionante y ha trabajado en escenas aisladas y de créditos en varias películas Marvel). Sin embargo, una muy inteligente campaña publicitaria, la extraña pero perfectamente ajustada unión del humor de cacaculopedopis con la épica superheróica y el corazón que todos sus responsables han puesto en la película han conseguido que el producto final sea, por lo menos, una estupenda gamberrada plagada de chistes y referencias imposibles de localizar todas en un primer visionado que resulta gratamente divertida.
Por una vez, y esta ha sido la clave del éxito, la premisa de la película era ser completamente fiel al espíritu de comic, en especial a la etapa guionizada por Joe Kelly, aquella que dio forma a la personalidad de Wade Wilson (el hombre bajo la máscara de Deadpool), incluyendo la violencia extrema que ha obligado a la Fox a aceptar eso tan “poco comercial” de otorgar a una película la clasificación R.
Ryan Reynols está que se sale (mejorando, por descontado, en su versión original), hay un villano suficientemente interesante para que, sin ser lo más importante del film, no rechine, hay cameos mutantes (con un Coloso bastante impresionante) e incluso una historia de amor que no sólo no molesta sino que provoca una larga escena tan erótica como divertida que parece burlarse directamente de títulos blandengues y mojigatos como Cincuenta sombras de Grey.
Deadpool dispara con bala no solo a sus enemigos, sino a todo bicho viviente que pase por ahí, no dejando títere con cabeza. Son burlas de todo tipo, pero las que mejor funcionan son las autoreferenciales, las que se mofan del propio universo Marvel o las que señalan directamente hacia aquel bodrio que fue el Green Lantern de DC. Deadpool es salvaje, grosero, malhablado, irritante, ofensivo, apasionado y macarra y consigue formar parte del mundo de los X-men sin perder su identidad como solitario.
Al concluir, puede que un leve toque de convencionalidad amenace con afectar a la película (al final hay que entregarse a la lógica y recordar que el rollo de los superhéroes va de buenos luchando –y venciendo- con los malos), pero incluso en su momento final Deadpool logra mantener su esencia y salir airoso de un clímax de destrucción cerrando la aventura con una escena postcréditos que se atreve a homenajear al recientemente fallecido John Hughes.
Deadpool no es más que eso, una gamberrada, una película muy macarra llena de insultos, violencia gratuita, algo de gore e incluso desnudos. Quien busque la excelencia se equivocará, pero quien pretenda disfrutar de un buen rato y (nunca mejor dicho) partirse el culo, esta es su película.

Valoración: siete sobre diez.

miércoles, 29 de julio de 2015

ETERNAL (6d10)

Antes de empezar mi comentario quiero dejar claro un tema: la mayoría de críticas de medios especializados que he escuchado/leído por ahí han puesto está película a caer de un burro. Pero siendo objetivos, no lo han hecho por su calidad, sino por el pequeño detalle de ser un remake y perder en comparación con respecto al original. Soy el primero en criticar ciertos remakes innecesarios que sabemos de antemano que van a ser inferiores al imitado (me vienen a las mente casos recientes como RoboCop, Poltergeist o la polémica que recorre la red últimamente ante el rumor -desmentido por el propio Zemeckis- de que se podría estar planeando una nueva saga de Regreso al futuro). Pero eso tiene cierta lógica cuando
se trata de auténticos clásicos (nadie en su sano juicio se atrevería a hacer un remake de Casablanca, Gus Van Sant lo intentó con Psicosis y así le fue) o de películas míticas como las mencionadas. Pero no creo que eso se de en el caso de Plan diabólico, el título del que se referencia Eternal. La película de John Frankenheimer es sin duda una gran obra, pero tampoco original, pues se basaba en una novela de David Ely, así que ¿por qué rasgarse las vestiduras comparando está peli con una de 1966 que tampoco es que forme parte de la historia más imprescindible del cine en lugar de disfrutar (o no) del trabajo de Tarsem Singh por sus propios méritos?
Y el caso es que la película no está nada mal, le pese a quien le pese. No es magnífica pero logra su propósito de entretener e intrigar durante un buen rato. Aunque arrastra un problema, eso hay que reconocérselo.
Al crear una historia, ya sea para cine o en novela, es relativamente fácil hallar una buena idea de base. El problema es saber desarrollarla. Es lo que pasaba en títulos a priori tan interesantes como La noche de las Bestias (The Purgue) o Tú eres el siguiente, cuyas premisas llamaban mucho la atención pero terminaban cayendo hacia la rutina a medida que avanzaba el metraje.
Así, el punto de partida es muy interesante. Un acaudalado empresario está próximo a morir y como medida desesperada para alcanzar la inmortalidad acepta realizar una intervención médica mediante la cual su conciencia pasará a ocupar un cuerpo más joven, creado artificialmente en un laboratorio. El problema es cuando se descubre que el nuevo cuerpo que ocupa no es tan artificial como le habían asegurado y los recuerdos de su anterior propietario comienza a mezclarse con los suyos propios. Como podéis ver, ciencia ficción sesuda y con dilema moral incluido que puede recordarnos a las historias clásicas de Philip K. Dick. Es una parte de la película, además, protagonizada por el siempre excelente Ben Kingsley.
Lo que sucede es que una vez descubierto el meollo nuestro protagonista, ahora interpretado por un correcto pero para nada genial Ryan Reynols, emprende una carrera contrarreloj por salvar su vida y la de los inocentes que lo acompañan (no daré más detalles, que para spoilers ya está el tráiler) que convierten la ciencia ficción del principio en algo anecdótico para convertirse en una peli de acción más, como si de un film del desaparecido Tony Scott se tratase. Aunque claro, Singh no es Scott, por desgracia.
Así, la película es correcta y funciona bien si la tomamos como un simple entretenimiento de acción, con persecuciones intensas bien ejecutadas y algunos rostros conocidos (Matthew Goode, Natalie Martinez y Victor Garber completan el quinteto protagonista), aunque puede decepcionar el que no se apostara más por la dualidad interna del protagonista como se intuía al principio.
Quien quiera buscar en Eternal algo más, como los señores a los que me refería al principio, se sentirán defraudados. Estafados incluso. Los que sepan que van a ver una simple peli de acción con giros de guion y algo de drama, se sentirán satisfechos. El problema es que a veces el espectador pretende decidir lo que quiere que le enseñen, en lugar de recordar que el cine consiste en disfrutar con lo que el director decide mostrarte. Y con un guion, por cierto, de los hermanos Pastor, que parecen afianzarse cada vez más en Hollywood.

jueves, 16 de abril de 2015

LA DAMA DE ORO (5d10)

Basada en un reciente episodio de la historia europea, La dama de oro es una buena muestra de cómo lo mejor y lo peor puede confluir en una película dotando al resultado final de un agridulce regusto totalmente irregular, haciendo caer en la mediocridad algo que, con muy poquito esfuerzo, podría haber sido un film notable e, incluso, oscarizable.
Eso mismo debió pensar el bueno de Ryan Reynols, ese muchacho empeñado en ser un héroe de comic que no hace más que encadenar fracasos y que Masacre puede ser su última oportunidad para demostrar que es una estrella en firme, cuando le pasaron el guion. Parecía una oportunidad de oro para demostrar que también puede ser un “actor de verdad”, y que las alabanzas recibidas por Buried no fueron fruto de la casualidad. Sin embargo, su mera presencia ya parece intuir que no es oro todo lo que reluce, y que lo único que resplandece en la película es el papel de oro utilizado por  Gustav Klimt para su cuadro Retrato de Adele Bloch-Bauer I, su obra más famosa (fue definida como la Gioconda austriaca) cuyo nombre popular da título a la película.
Al lado de Reynols, que se esfuerza pero demuestra una falta de carisma total, aparecen un desaprovechado Charles Dance, el correcto sin más Daniel Brülh y una Katie Holmes que simplemente pasaba por ahí, actores de renombre que actúan como meros comparsas de la estrella de la función, la Oscarizada Helen Mirren que se come a todos sus compañeros de plano sin parecer esforzarse demasiado para ello.
Con un tono que recuerda a la amable Philomena de Stephen Frears, La dama de oro cuenta la historia de Maria Altmann, una austriaca que tuvo que abandonar su país y a su familia tras la invasión nazi y que, tras la muerte de su hermana que la convierte en la última superviviente de la dinastía familiar, decide emprender una lucha legal contra el gobierno austriaco para recuperar la colección de cuadros que los nazis saquearon durante la Segunda Guerra Mundial y que al término de la misma fueron expuestos en el museo Belvedere de Viena, considerándolos patrimonio familiar.
Podríamos decir que la película contienen todos los elementos para ser un gran film: una historia interesante (además de real), unos actores de calidad y una efectiva combinación de géneros, ya que pese al marcado tono dramático hay en el film elementos de comedia, intriga, conflictos bélicos, persecuciones y sobretodo, el siempre atractivo fondo judicial. Sin embargo, Simon Curtis (que en Mi semana con Marilyn ya se encargaba de retratar una historia real con bastante más acierto) fracasa estrepitosamente en el momento de dar forma a su historia, confiriendo a la función un claro tono de telefilm y abusando del recurso del flashback con más presencia del pasado de los que precisa la historia.
No consigue Curtis, en ningún momento, hacerse con el mando de la historia, haciéndola plana e insípida y transformando en aburrida una trama que deberías ser muy interesante, dotándola además de una dirección torpe y excesivamente simplista, con errores de encuadre y fallos de record clamorosos.
Y es que más allá de conocer la historia real (o por lo menos la versión de Altmann de lo que sucedió) de la pugna por la propiedad de unos cuadros (en especial el mencionado retrato de Adele, tía de la protagonista, que posee un valor sentimental más allá de su cotización económica). Lo que supuso la primer demanda judicial contra una nación entera, Curtis no sabe aprovechar la oportunidad de plantear un retrato sobre la codicia, el orgullo y la propiedad de los patrimonios culturales (¿pertenece una obra a su dueño legítimo o al pueblo que merece distrutar de la misma?), elementos todos ellos inherentes a la historia pero apenas pincelados.
Una lástima, porque los cimientos ya estaban plantados. Solo había que trabajarlos un poco.

lunes, 23 de septiembre de 2013

R.I.P.D. (3d10)

Se podría decir que Ryan Reynolds es un actor empeñado en tener su propia franquicia comiquera, aunque desde aquí ya le adelanto que mejor le irían las cosas si simplemente se empeñara en ser actor, pues hasta el momento no lo ha conseguido demasiado. 
Primero participó en la tercera (y última ¿casualidades de la vida?) entrega de Blade (Blade Trinity), después puso cara a ese desastre de DC llamado Green Lantern (dicen que todavía se escuchan las carcajadas de los jefazos de Marvel) y ahora le toca el turno a esta puesta adaptación de la obra de Peter M. Lenkov para Dark House (por lo menos tiene la decencia de ir cambiando de editoriales, así puede repartirse el odio de todos los fans sin excepción). Por cierto, su paso por X-men orígenes: Lobezno simplemente lo obvio; he borrado su paso por esa película de mi cabeza. Quizá Reynolds debería plantearse cambiar de agente, o tal vez incluso de profesión, ya que solo ha triunfado en dos papeles en toda su vida: enterrado vivo en un ataúd y casándose con Scarlett Johansson. Y ninguna de las dos experiencias tuvo final feliz.
Pero que R.I.P.D. sea una soberana tontería no es solo culpa de este pobre canadiense, así que vamos a repartir culpas:
Por un lado tenemos a los guionistas, Phil Hay y Matt Manfredi, que componen una historia que poco tiene que ver con el comic original (bastante inclasificable también, por cierto), copiando descaradamente los esquemas de Hombres de Negro (con unos toques de Ghost y un puntito de Cazafantasmas) para formar un batiburrillo que pretende ser una comedia de acción pero que ni divierte ni emociona.
Continuamos con el director, Robert Schwentke, que ya tiene experiencia en esto de adaptar comics (y RED le salió francamente bien) y que aquí se encuentra totalmente perdido, imitándose (y encima mal) a sí mismo cuando hasta ahora había demostrado ser un buen artesano en todos los campos (suyas son las películas de intriga Plan de vuelo: desaparecida y el drama romántico Más allá del tiempo). No lo voy a responsabilizar de que los chistes no tengan gracia y que la química entre actores brille por su ausencia, pero sí de no saber manejar el tempo de la acción (hay muchos momentos de aburrimiento en los que no pasa nada y cuando hay acción es tan repetitiva y atropellada que poco le importa al espectador lo que está pasando en pantalla) y parece contagiado de esa máxima tan de moda últimamente que dice que cuando las cosas se te vayan de las manos y no tengas ni idea de qué camino tomar, limítate a destruir edificios y hacer explotar coches. Mal, señor Schwentke, muy mal.
Y finalmente, los actores. Ya he hablado de Reynolds, que en ningún momento sabe transmitir el drama, el dolor y el odio que debe mover a su personaje, poniendo la misma cara de pasmo en toda la película. Kevin Bacon se limita a repetir clichés, demostrando que no le importa interpretar mil veces el mismo personaje con tal de cobrar su cheque a tiempo. Mary-Louise Parker está, sencillamente, horrenda, continuamente haciendo muecas con las que trata de paliar su inexpresividad. Y Jeff Bridges, simplemente, pasa por ahí. No voy a decir que lo haga mal porque es un actor tan grande que es imposible que haga algo mal, pero tampoco parece demasiado interesado en aportar algo. Recita sus diálogos con el piloto automático y a otra cosa, mariposa.
La historia va sobre un poli enamorado de su mujer que es asesinado por su mejor amigo, el cual posteriormente se acercará a la esposa ofreciendo consuelo mientras el poli muerto trata de hablar con ella mediante un cuerpo diferente (y no, ella no es Demi Moore). El caso es que en lugar de enfrentarse al (creía yo) inevitable juicio final le ofrecen trabajar en el Departamento de Policía Mortal, que por lo visto en el cielo van cortos de polis muertos, y él no se lo piensa mucho para aceptar. El compañero, claro está, será un veterano cascarrabias (todo un vaquero) con el que se llevará fatal, tratando de convertirse en una especie de peli de colegas sin demasiada gracia y repitiendo el modo de presentarnos a la división policial que ya hiciera Sonnenfeld en la mencionada Hombres de Negro, donde Jay (Will Smith) era el novato y Kay (Tommy Lee Jones) el veterano cascarrabias.
La cosa va de perseguir a muertos que se han quedado escondidos en la tierra haciéndose pasar por vivos, pero en lugar de jugar estas cartas (o de dedicarse a perseguir zombies, es bien sabido que a todo el mundo le gustan los zombies, ¿no?) se sacan de la manga un rollo apocalíptico en plan Fin del Mundo con portales que se abren hacia el cielo y no sé qué sandeces más. Una tontería sin mucha base con la que parecen querer decir: “sí, hemos estado copiando todo el rato a Hombres de Negro, pero ahora vamos a destruir el mundo, así que nosotros molamos más”
Y ahora que lo pienso, la verdad es que no sé por qué me estoy extendiendo tanto en esta crítica, cuando podría haberla liquidado en una sola línea diciendo: “por favor, aléjense de ella”.

Ya saben. Más claro, agua.