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domingo, 9 de abril de 2017

LIFE (VIDA): Lujoso aperitivo para el nuevo Alien

Que la nueva película de Daniel Espinosa (director de la entretenida El invitado y la irregular El niño 44) con guion de Rhett Reese y Paul Wernick (los mismos que se inventaron ese pelotazo que fue Deadpool) está claramente inspirada en Alien, el octavo pasajero de Ridley Scott es una obviedad tan grande que ni los propios responsables son capaces de negarlo.
Hay mucho más en Life (vida) que huele a fotocopia de otras películas, pero tal y como suceda con Redención, lo importante es el resultado final, y en este caso el resultado final es ciertamente estimulante.
Se podría decir de esta epopeya claustrofóbica y aterradora sobre un alien mortal que amenaza a los cinco integrantes de la Estación Espacial Internacional que no deja una huella demasiado profunda en el espectador, pero hay que reconocerle que durante la proyección logra cumplir con creces todos sus objetivos, resultando emocionante, emotiva y angustiante. Con una clasificación R se permite ser algo más sangrienta que otras producciones del estilo y su construcción en formato de cine de slasher (que eso era, al fin y al cabo, el Alien de Scott) atrapa desde el primer momento, como en un macabro juego de ruleta rusa en el que nunca se sabe quién será la siguiente víctima.
Resulta curioso que en el mismo fin de semana se estrenen dos films de corte similar (y Life, como Órbita 9, también tiene un cartel algo tramposo), pero en el caso del film de Espinosa el dilema moral que se plantea no se esquiva a la primera de cambio, sino que resulta tan contundente que no genera debate posible: si es necesario, todos deben morir con tal de que el alienígena no llegue a la Tierra. Esta amenaza (y el detalle de que estemos ante una recreación casi perfecta de la auténtica Estación Internacional) son los dos puntos diferenciadores más claros con respecto a Alien.
Espinosa busca siempre el horror mediante la sensación de claustrofobia, moviendo la cámara con delicadeza entre los recovecos de la nave (atención al magnífico plano secuencia que abre el film) y recreándose en la gravedad cero que sufren sus protagonistas (esto la aúna, a su vez, con Gravity), y aunque apenas tenga tiempo de definir mejor a sus personajes, las cuatro pinceladas que se da de cada uno me resulta suficiente. Al fin y al cabo, esto no va a ser el inicio de una franquicia como comentaba al respecto de Power Rangers.
Sí se echa en falta algo más de valentía a la hora de plasmar el terror, ya que no se llega a jugar bien las bazas de la clasificación R y Espinosa apuesta más por la luz y la limpieza de lo que lo hacía Scott, pero la mezcla de unos efectos especiales que crean un ser creíble y terrorífico, el lujoso reparto y el ritmo de la acción que penas deja respiro convierten Life (Vida) en un entretenimiento apasionante y muy recomendable.
Puede que sea injusto compararla constantemente con Alien, pero eso es a lo que sus creadores han querido jugar. Al fin y al cabo, en unos días el propio Scott lo sufrirá en sus propias carnes con el estreno de Alien: Covenant.

Valoración: Siete sobre diez.

jueves, 19 de noviembre de 2015

MR. HOLMES (6d10)

Mr. Holmes es la última película de Bill Condon, ese director que empezó su prometedora carrera con títulos como Dioses y Monstruos, Kinsey o Dreamgirls y que aún está cumpliendo pena en el purgatorio por haber perpetrado en dos partes el definitivo final a la insulsa saga de Crepúsculo.
Basada en una obra de Mitch Cullin, la película nos presenta a un decrépito Sherlock Holmes, refugiado en una aislada casa en la campiña inglesa sin más compañía que su cuidadora, la señora Munro, y su hijo Roger. Ya retirado desde hace años de sus aventuras detectivescas, Holmes trata de recomponer en su cabeza su último caso, aquel que le invitó a abandonar de vida y cuya versión novelada, obra de su fiel Watson, podría tener más datos de ficción de los deseados. Así, con el pequeño Roger como ayudante y escudero, Holmes se enfrentará a los tortuosos recuerdos de su pasado mientras la senilidad y la pérdida de memoria amenazan con embarrarlo en un mundo de sombras y misterios.
Mr. Holmes, lejos de la leyenda icónica que supuso la creación de Conan Doyle y sus muchas y variadas representaciones cinematográficas, nos muestra a un héroe con pies de barro, huraño, decrépito y egoísta, una sombra de lo que fue incapaz de sentir nada por nadie más que por él mismo o por su también desahuciada colmena de abejas.
Sin embargo, las ansias de conocimiento del pequeño Roger y la incapacidad de Holmes para recordar todos los detalles del caso que Watson bautizó como “Sherlock Holmes y la dama de gris”, un misterio trágico que finalizará con la visita de Holmes al mismísimo Japón.
Nostálgica, intimista y crepuscular, Mr. Holmes es un canto a la amistad y a las oportunidades perdidas, a los remordimientos y a la vejez. Una hermosa historia que, sin embargo, difícilmente hubiese funcionado igual de bien de no ser por la imponente y magistral presencia de Ian McKeller, bastante más demacrado que la última vez que lo vimos ejercer de Magneto, que se mimetiza a la perfección en la piel del caballero británico hasta el punto que cuesta creer que nunca antes hubiese tenido la oportunidad de encarnar al detective de Baker Street.
Mucha más relajada y reflexiva que las versiones recientes de Guy Ritchie o la frescura de la soberbia serie de Steven Moffat , es una buena oportunidad para ver otra cara del popular personaje, una vuelta de tuerca al mito tal y como hicieran, en otro contexto, Barry Levinson en El secreto de la Pirámide o Billy Wilder en La vida privada de Sherlock Holmes, por citar dos ejemplos más.

sábado, 28 de diciembre de 2013

LA LEYENDA DEL SAMURÁI (47 RONIN) (5d10)

La historia de los 47 ronin es un cuento tradicional japonés, una leyenda de esas de toda la vida que se transmiten de padres a hijos y que podría creerse que está inspirada en una base real si no fuese por la presencia de espíritus demoníacos, brujas y dragones.
Y es importante resaltar esto porque quien se  acerque a este film sin tener claro que, desde el punto de vista occidental, está englobado en un mundo fantástico puede quedarse descolocado ante la primera aparición mitológica, en contraposición con el aspecto realista, e incluso histórico, que de la sociedad feudal japonesa se ofrece. Y aquí se encuentra el primer error de la película, la pretensión de tomarse en serio a sí misma en lugar de apostar abiertamente por la ficción,  pretendiendo (sin conseguirlo) comunicar los valores de un pueblo que, visto lo visto en pantalla, resulta fascista, absurdo y carente de sentido. No basta con repetir hasta la saciedad la palabra honor para transmitir dicho concepto, pues lo que nos plasma en pantalla el director Carl Rinsch (un debutante, por cierto, lo cual dice bien poco en nombre de la ambición de los productores) corresponde más a la sumisión ciega que al honor.
Interpretada con corrección por un recuperado Keanu Reeves (que en breve presentará su debut como director, Man of Tai Chi, también de tono oriental, lo que sugiere que su participación en este film sea casi un capricho más que simple confianza en un proyecto), Hiroyuki Sanada (visto recientemente en Lobezno inmortal), Tadanobu Asano (el Hogun de las dos Thor, va de comics la cosa) y las féminas Kô Shibasaki (estrella televisiva en el país nipón) y Rinko Kikuchi (que ya mancilló el espíritu japo en la cansina Pacific Rin), la segunda traba de La leyenda del Samurái es responsabilidad de su director, un artesano del copia y pega (Japón es algo más que árboles en flor y puentes curvos) que ha visto demasiadas veces El Señor de los Anillos, aunque no las suficientes como para aprender algo de Peter Jackson. El Japón de esta película tiene unos bonitos colores, pero poco más, demostrando que el señor Rinsch quiere jugar a ser Yimou Zhang, Chan-wook Park o Ang Lee pero las buenas intenciones pocas veces son suficientes. Aunque quizá el problema no sea sólo suyo. Quizá radique también en querer disfrazar de oriental una producción americana.
El tercer punto negativo está en su guion. Desconozco la leyenda original y lo fieles que han sido a la historia de estos 47 samuráis que buscan vengar la muerte de su señor, pero una cosa es el argumento y otra muy diferente el guion. Y por mucho que pueda ser normal intuir cómo va a acabar una película, saber después del primer cuarto de hora quién va a morir antes, cuáles y  cómo van a ser los enfrentamientos finales y cómo se va a desarrollar prácticamente todo no es muy positivo.
Pese a todo, la película es entretenida y no aburre en ningún momento (¿cómo hacerlo? ¡Es una peli de samuráis con peleas y monstruos!), con luchas bien coreografiadas y una adecuada ambientación, pero cuyo resultado final más bien sabe a poco.
¿Quién sabe? Igual es cosa mía, que me estoy haciendo mayor. ¿Quién le iba a decir a un fan incondicional en los 80 del cine de Schwarzenegger que iba a puntuar igual a La mirada del amor que a El Hobbit: La desolación de Smaug y que iba a pasarlo mejor con Ismael que con una de samuráis.

Definitivamente, los años no perdonan…