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viernes, 31 de enero de 2020

AGUAS OSCURAS

Dirigida por Todd Haynes, autor de películas tan interesantes como Lejos del cieloCarol o la desconcertante (aunque visualmente hermosa) Wonderstruck: El museo de las maravillasAguas oscuras es una de esas películas de denuncia basadas en un caso real que pueden recordar a clásicos como Erin Brockovich, en el que una sola persona se enfrenta al sistema y al poder y termina por vencer.
De hecho, el escándalo del teflón es tan reciente (o su conclusión, al menos) que es fácil que todo el mundo lo recuerde, aunque quizá convenga recordar todo lo que sucedió durante el proceso y las cosas que se taparon a consta de nuestra salud.
Con Mark Ruffalo al frente del reparto (y en la producción), la película tiene un aire solemne que recuerda, por aquello de tratar sobre descubrir la verdad (y tener además al mismo protagonista) al estilo de Spotligth. Ruffalo interpreta con solvencia y un aspecto bastante peculiar a Rob Bilott, el abogado que comienza a investigar un caso de daños al medio ambiente pensando que sería coser y cantar y que una vez empieza a tirar del hilo no puede detenerse hasta llegar al fondo del asunto, sin importar lo altas que sean las torres que deban caer. Un caso que empieza con unas aguas contaminadas de un pueblecito de mala muerte y termina afectando a la totalidad de la humanidad.
Cabe destacar, además, la importancia de su mujer en todo esto, interpretada por Anne Hathaway, y su cambio de rol de mujer florero (estamos en la América de los setenta) hasta ser apoyo fundamental del protagonista, mientras que Tim Robbins lo borda en el papel de Tom Terp, el jefe de Bilott, que debe debatirse entre hacer lo correcto o lo conveniente para su buffette.
Dirigida con solvencia y presentando unos hechos irrefutables con claridad, Aguas oscuras resulta un aterrador relato de como pueden estar engañándonos y, más aún, como podemos incluso desearlo, pues otra de las variantes de gran interés en el film es el retrato de los afectados que prefieren hacer la vista gorda a cambio de conseguir mantener sus puestos de trabajo.


Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 23 de noviembre de 2015

SICARIO (7d10)

Resulta especialmente difícil en estos tiempos tan convulsos con los últimos ataques terroristas por tierras francesas tan recientes, atreverse a disfrutar con una película pretendidamente realista sobre asesinos y fuerzas de la ley capaces de saltarse cualquier norma o código moral por tal de conseguir sus objetivos. No obstante, tal y como mencionaba en mi comentario del mes, conviene saber diferenciar cine y realidad ya que solo así podemos disfrutar de los tiroteos y las matanzas que nos propone Villeneuve en su nuevo film sin necesidad de sentirnos culpables.
Entrando de lleno en la película, otro elemento a priori preocupante es la participación de Denis Villeneuve como director en la que se supone será su última película antes de abordar la secuela / remake de Blade Runner. Con dos estrenos presentados el año pasado de forma casi simultánea uno no podía evitar preguntarse: ¿nos encontraremos con el Villeneuve duro e impactante pero de firmes resoluciones y visualmente atrayente de Prisioneros o al autor de la fascinante pero estúpidamente incomprensible y casi insultante Enemy? No hay peligro. Estamos ante una obra que evoca el realismo frío pero estremecedor de la película que unió los destinos de Hugh Jackman y Jake Gyllenhaal en una historia para nada amable pero completamente coherente y cerrada.
Incluso concede Villeneuve un regalo al espectador en forma del personaje al que da vida Emily Blunt. Así com o en la vida, la película comienza casi a mitad de una historia, con una operación que engloba a la CIA, a agentes del FBI y a la propia policía, tanto americana como mejicana, de manera que el espectador puede sentirse un poco perdido al principio, con la sensación de subirse al carro en marcha y faltándole información para atar todos los cabos. Afoirtunadamente a Kate Macer (Blunt) le pasa exactamente lo mismo y eso nos permite identificarnos a la perfección con ella y sentirnos aliviados de poder descubrir juntos las respuestas necesarias.
Sicario narra la operación orquestada por las fuerzas del gobierno estadounidense por capturar a uno de los más importantes capos de la droga personificaos en tres personajes principales de caracteres fuertes pero distantes convincentemente interpretados por la mencionada Blunt, Benicio el Toro y Josh Brolin. Hay que decir, no obstante, que si bien los tres rallan a muy buen nivel ninguno de ellos se aleja demasiado a personajes a los que ya hubiesen interpretado con anterioridad (la chica fuerte pero superada por las circunstancias, el latino despiadado e impertubable y el tipo duro), siendo por tanto elecciones tan acertadas como poco arriesgadas. Hay por ahí algún decundario de lujo como Victor Garber o Jon Bernthal que terminan de dar lustro al reparto.
Sicario es una película emocionante y tensa, algo previsible en su desenlace (estamos de nuevo ante esos títulos redundantes que estropean la trama a poco que uno sea algo hábil), viulenta pero curiosamente esquiva a la hora de mostrar la violencia más explicita (muchoas de las muertes más impactantes ocurren fuera de plano), con un buen ritmo narrativo que mide con sabiduría las escenas de acción con los momentos más íntimos, aunque quizá se eche en falta algún aporte más sobre el análisis interno de los personajes, de los ncuales apenas conocemos más que lo que vemos y lo poco que podemos intuir.
En resumen, un buen trabajo de Villeneuve que, de ir por este camino, puede darme alguna esperanza de cara a retomar el trabajo de Ridley Scott con los replicantes. El de Enemy, cuanto más lejos mejor.

miércoles, 29 de julio de 2015

ETERNAL (6d10)

Antes de empezar mi comentario quiero dejar claro un tema: la mayoría de críticas de medios especializados que he escuchado/leído por ahí han puesto está película a caer de un burro. Pero siendo objetivos, no lo han hecho por su calidad, sino por el pequeño detalle de ser un remake y perder en comparación con respecto al original. Soy el primero en criticar ciertos remakes innecesarios que sabemos de antemano que van a ser inferiores al imitado (me vienen a las mente casos recientes como RoboCop, Poltergeist o la polémica que recorre la red últimamente ante el rumor -desmentido por el propio Zemeckis- de que se podría estar planeando una nueva saga de Regreso al futuro). Pero eso tiene cierta lógica cuando
se trata de auténticos clásicos (nadie en su sano juicio se atrevería a hacer un remake de Casablanca, Gus Van Sant lo intentó con Psicosis y así le fue) o de películas míticas como las mencionadas. Pero no creo que eso se de en el caso de Plan diabólico, el título del que se referencia Eternal. La película de John Frankenheimer es sin duda una gran obra, pero tampoco original, pues se basaba en una novela de David Ely, así que ¿por qué rasgarse las vestiduras comparando está peli con una de 1966 que tampoco es que forme parte de la historia más imprescindible del cine en lugar de disfrutar (o no) del trabajo de Tarsem Singh por sus propios méritos?
Y el caso es que la película no está nada mal, le pese a quien le pese. No es magnífica pero logra su propósito de entretener e intrigar durante un buen rato. Aunque arrastra un problema, eso hay que reconocérselo.
Al crear una historia, ya sea para cine o en novela, es relativamente fácil hallar una buena idea de base. El problema es saber desarrollarla. Es lo que pasaba en títulos a priori tan interesantes como La noche de las Bestias (The Purgue) o Tú eres el siguiente, cuyas premisas llamaban mucho la atención pero terminaban cayendo hacia la rutina a medida que avanzaba el metraje.
Así, el punto de partida es muy interesante. Un acaudalado empresario está próximo a morir y como medida desesperada para alcanzar la inmortalidad acepta realizar una intervención médica mediante la cual su conciencia pasará a ocupar un cuerpo más joven, creado artificialmente en un laboratorio. El problema es cuando se descubre que el nuevo cuerpo que ocupa no es tan artificial como le habían asegurado y los recuerdos de su anterior propietario comienza a mezclarse con los suyos propios. Como podéis ver, ciencia ficción sesuda y con dilema moral incluido que puede recordarnos a las historias clásicas de Philip K. Dick. Es una parte de la película, además, protagonizada por el siempre excelente Ben Kingsley.
Lo que sucede es que una vez descubierto el meollo nuestro protagonista, ahora interpretado por un correcto pero para nada genial Ryan Reynols, emprende una carrera contrarreloj por salvar su vida y la de los inocentes que lo acompañan (no daré más detalles, que para spoilers ya está el tráiler) que convierten la ciencia ficción del principio en algo anecdótico para convertirse en una peli de acción más, como si de un film del desaparecido Tony Scott se tratase. Aunque claro, Singh no es Scott, por desgracia.
Así, la película es correcta y funciona bien si la tomamos como un simple entretenimiento de acción, con persecuciones intensas bien ejecutadas y algunos rostros conocidos (Matthew Goode, Natalie Martinez y Victor Garber completan el quinteto protagonista), aunque puede decepcionar el que no se apostara más por la dualidad interna del protagonista como se intuía al principio.
Quien quiera buscar en Eternal algo más, como los señores a los que me refería al principio, se sentirán defraudados. Estafados incluso. Los que sepan que van a ver una simple peli de acción con giros de guion y algo de drama, se sentirán satisfechos. El problema es que a veces el espectador pretende decidir lo que quiere que le enseñen, en lugar de recordar que el cine consiste en disfrutar con lo que el director decide mostrarte. Y con un guion, por cierto, de los hermanos Pastor, que parecen afianzarse cada vez más en Hollywood.

domingo, 27 de enero de 2013

ARGO (8d10)

Después de las aburridas La noche más oscura y Lincoln, Argo se postura como la única esperanza del buen cine de cara a la próxima edición de los Oscars de Hollywood. Partiendo de una historia real Argo relata la misión casi imposible de extraer de Irak a varios diplomáticos americanos confinados en la embajada canadiense durante la crisis de los rehenes en Irán, entre noviembre del 79 y enero del 81. Tras sopesar varias opciones suicidas, la mejor (o única) alternativa es enviar un grupo de rescate haciéndose pasar por un equipo de rodaje de una productora de cine en busca de localizaciones para una película. Un plan tan rocambolesco e inverosímil que hasta podría funcionar.

No hay duda que una historia como esta es casi un caramelo, un regalo que Ben Affleck no dudó en aceptar y convertir en su tercera película, después de las buenas acogidas que tuvieron Adiós, pequeña, adiós y, sobretodo, The town, ciudad de ladrones. Con Argo Affleck cierra el círculo,  consiguiendo su película más completa y madura que, en una de esas decisiones que no se comprenden, no le reportara el Oscar como director por no estar nominado, pero que a buen seguro le abrirá las puertas a la gloria que parecía haber perdido como actor. Y es que si bien la historia es buena, no es menos cierto que en manos de cualquier otro director podía haber derivado bien en un drama político tedioso o, por el contrario, derivar en la pantomima más absoluta. No quiero ni imaginar que habría resultado de caer este proyecto en manos de Spielberg o Bigelow, por poner dos ejemplos de directores que ya han ganado un Oscar. Affleck, sin embargo, logra encontrar el punto exacto entre drama y comedia, consiguiendo un relato intenso y emocionante cuando se centra Irán pero divertido y relajado en el retrato del Hollywood de la época, ayudado también por las extraordinarias interpretaciones de Allan Arkin y John Boorman. La puesta en escena de Affleck es elegante y sobria, limitándose a narrar unos hechos sin ceder a las tentaciones del maniqueísmo político. Tan solo en la breve introducción hay un atisbo de critica a la política exterior de los Estados Unidos, promovida más por la realidad de lo que sucedió que por la ideología política del director (que por otro lado ni conozco ni me interesa), eludiendo luego una reinterpretación de la historia con la supuesta distinción entre buenos y malos. No se pretende, pues, ni alzar ni quemar la bandera de las barras y estrellas, y si queremos buscar en la narración un héroe de verdad habría que señalar al embajador canadiense (notable Victor Garber),  quien verdaderamente arriesga su vida y la de su familia no por cumplir con su trabajo (como podía ser el caso del personaje de Affleck) sino por actuar según le dicta su conciencia.

Y quiero finalizar con un apunte dedicado a aquellos que disfrutan atacando sin motivos la calidad interpretativa de un actor (que, reconozcámoslo, no es demasiado acertado a la hora de elegir de sus papeles). Ya está bien de recurrir al tópico fácil de que Affleck es tan buen director como mal actor. Él mismo ha protagonizados sus dos últimas películas, así que si son alabadas es que tampoco lo hará tan mal, digo yo.