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viernes, 31 de enero de 2020

AGUAS OSCURAS

Dirigida por Todd Haynes, autor de películas tan interesantes como Lejos del cieloCarol o la desconcertante (aunque visualmente hermosa) Wonderstruck: El museo de las maravillasAguas oscuras es una de esas películas de denuncia basadas en un caso real que pueden recordar a clásicos como Erin Brockovich, en el que una sola persona se enfrenta al sistema y al poder y termina por vencer.
De hecho, el escándalo del teflón es tan reciente (o su conclusión, al menos) que es fácil que todo el mundo lo recuerde, aunque quizá convenga recordar todo lo que sucedió durante el proceso y las cosas que se taparon a consta de nuestra salud.
Con Mark Ruffalo al frente del reparto (y en la producción), la película tiene un aire solemne que recuerda, por aquello de tratar sobre descubrir la verdad (y tener además al mismo protagonista) al estilo de Spotligth. Ruffalo interpreta con solvencia y un aspecto bastante peculiar a Rob Bilott, el abogado que comienza a investigar un caso de daños al medio ambiente pensando que sería coser y cantar y que una vez empieza a tirar del hilo no puede detenerse hasta llegar al fondo del asunto, sin importar lo altas que sean las torres que deban caer. Un caso que empieza con unas aguas contaminadas de un pueblecito de mala muerte y termina afectando a la totalidad de la humanidad.
Cabe destacar, además, la importancia de su mujer en todo esto, interpretada por Anne Hathaway, y su cambio de rol de mujer florero (estamos en la América de los setenta) hasta ser apoyo fundamental del protagonista, mientras que Tim Robbins lo borda en el papel de Tom Terp, el jefe de Bilott, que debe debatirse entre hacer lo correcto o lo conveniente para su buffette.
Dirigida con solvencia y presentando unos hechos irrefutables con claridad, Aguas oscuras resulta un aterrador relato de como pueden estar engañándonos y, más aún, como podemos incluso desearlo, pues otra de las variantes de gran interés en el film es el retrato de los afectados que prefieren hacer la vista gorda a cambio de conseguir mantener sus puestos de trabajo.


Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 4 de junio de 2018

WONDERSTRUCK, EL MUSEO DE LAS MARAVILLAS

Wonderstruck, el museo de las maravillas, es un drama infantil que, sin embargo, sabe huir perfectamente de la sensibilidad y la ñoñería barata. Bastante distanciada de Carol, la anterior película del director Todd Haynes, la película que adapta un relato de Brian Selznick (autor también de La invención de Hugo) es casi una fábula, un cuento de hadas que aúna dos líneas temporales que, separadas en el tiempo por cincuenta años, terminan por converger en un mismo punto tras mostrarnos dos historias relativamente simétricas. Algo parecido, en otro tipo de concepto, a la animada Your name.
Ben es un chico de Minnesota de los años setenta que, tras quedar sordo debido a un accidente, decide abandonar su ciudad en busca de un padre al que nunca llegó a conocer. Paralelamente, en los años 20, Rose, sordomuda de nacimiento, también emprenderá un viaje desde New Jersey con el objetivo de conocer a una famosa actriz con la que parece obsesionada. Con semejantes protagonistas, es evidente que los problemas de comunicación jugarán un importante papel en la película de Haynes, por lo que la aportación de la joven actriz Milicent Simmonds, sordomuda en la vida real y a la que vimos recientemente en Un lugar tranquilo, jugará un papel fundamental.
Con la ausencia de diálogos que enriquezcan el guion, Haynes se esfuerza por conseguir un planteamiento visual llamativo, empezando por el uso del blanco y negro en la parte correspondiente a Rose que ayude a diferenciar ambas líneas temporales.
Siendo la ruptura de la estabilidad familiar un elemento que aúna ambas historias, Haynes podría haber optado por la crudeza del drama más dickensiano en su propuesta, pero prefiere ir por un camino más agradable y ofrecer una historia dulce y positiva, de buenos sentimientos y donde un aroma de magia impregna constantemente el ambiente. Eso siempre es de agradecer, por más que, una vez puestas las cartas sobre la mesa, la apuesta de Haynes empieza a perder fuelle, teniendo la película un final algo alargado y deslucido. Una vez se unifican las dos historias da la sensación de que el asunto queda algo forzado, impuesto, quizá, y aunque la película no llega a venirse abajo deja un regusto amargo de decepción que impide que se disfrute de la misma como se merecía.
Con todo, la simpatía de la propuesta es suficiente para aprobar su visionado y poder disfrutar del mismo, pese a que la pomposidad del título quede algo en evidencia y las maravillas prometidas sepan, posiblemente, a poco.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 28 de febrero de 2016

CAROL: amor en estado puro

Dirigida por Todd Haynes y basada en la célebre novela de Patricia Highsmith, Carol es un dulce melodrama romántico muy heredera del estilo de Douglas Sirk que parece haber sido confeccionada con una exactitud milimétrica.
Todo en Carol está perfectamente medido, todo está calculado de manera que nada falta ni sobra en una apasionada historia de amor donde, a mi parecer, el hecho de que las enamoradas sean dos mujeres no constituye más que un simple detalle, una excusa para, como en La chica Danesa, demostrar las mentes cerradas de una sociedad (la América de los años cincuenta) que posiblemente no ha avanzado aún lo suficiente en cuestión de comprensión y tolerancia.
Más allá de eso, la película podría funcionar perfectamente igual si de un amor heterosexual se tratase. No deja de ser la clásica historia de un personaje roto, un ángel de infinita fragilidad y sueños perdidos (Rooney Mara, perfecta encarnación de la melancolía) que termina siendo seducida por la personalidad fuerte y cautivadora de alguien que, para colmo, está en una clase social superior a la suya (Cate Blanchet). Así, Therese, que es la protagonista de la novela, es como una nueva Cenicienta, mientras que Carol, personaje dominante en el film, es su mentora, quien le abre las puertas al mundo y la incita a romper con la esclavitud de un trabajo que no la satisface, un novio que no la comprende y unas fantasías (ser fotógrafa) por las que no se atreve a luchar.
Carol es una gran historia de amor, pero también es una gran historia humana, donde momentos aparentemente alejados de la trama principal, como la pugna entre Carol y su marido del que se está divorciando por la custodia de su única hija, brillan con luz propia, consiguiendo una película que mantiene su nivel desde el primer minuto hasta el último, con un trabajo de dirección impecable y una interpretación por parte de sus dos protagonistas abrumadora.
Carol es emoción en estado puro, y pese a aparentar ser una película relativamente pequeña y sin pretensiones muchos la consideran ya la ganadora moral en cuestión de premios, pues si bien no se espera que rasque nada en los Oscars sus seis nominaciones, junto a las cinco que tuvo en los Globos de Oro, las seis de los Bafta y otros tantos en los Spirit Awards (donde se llevó el de mejor fotografía), junto al premio a la mejor actriz para Mara en Cannes la consagran entre lo más alto del año.

Valoración: Ocho sobre diez.