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sábado, 14 de septiembre de 2019

PLAYMOBIL

No voy a descubrir nada que no sepáis ya si digo que la existencia de una película como Playmobil, the movie, es la consecuencia directa del éxito de La Lego Película y sus derivados. En ambos casos se trata historias que versionan figuras de juguetes, manteniendo su identidad estética, siendo casi en realidad más un anuncio de hora y media que otra cosa.
La diferencia entre ambas es que mientras que el film de Phil Lord y Christopher Miller apostaba por un metacine ingenioso y con una gran historia en su guion, pudiendo describirse incluso de arriesgado, en Playmobil van a lo fácil, proponiendo una aventura mucho más plana y sencilla, donde repiten el juego de entremezclar el mundo fantástico con el real pero esta vez sin ese trasfondo con menaje incluido de la anterior. Esto hace que, en cuanto a lo que a sus valores se refiere, Playmobil debería ser considerada claramente inferior a La Lego Película, sin dejar lugar a dudas.
Sin embargo, las cosas no siempre se rigen por unas normas escritas, y el factor personal puede llegar a influir en este caso más que nunca. La de Lego es superior, de acuerdo, pero también en su ambición se puede tornar caótica y desmedida, provocando que haya cierto tipo de espectador (entre el que yo mismo me incluyo) que no consiga conectar con ella. En el caso de Playmobil, dejando de lado el origen juguetero, estamos ante una clásica aventura infantil, con sus héroes, princesas y villanos y el (parece que) obligado rol de heroína femenina. La parte realista funciona como detonante melodramático (siempre es agradable ver a Anya Taylor-Joy en pantalla) sin que sea demasiado importante una justificación sobre el elemento mágico que da pie al conflicto del film (es como tratar de explicar la lógica científica de películas como Big o El último gran héroe), siendo la parte animada una propuesta efectiva y funcional.
Por ello, Playmobil no propone nada novedoso ni revoluciona el cine de animación, pero sirve como película infantil al uso, tan justita como aceptable, que no aspira a más que a gustar a los niños con una aventurilla simpática, pero del montón.
Y a vender muñequitos, por supuesto.

Valoración: Cinco sobre diez.

sábado, 19 de enero de 2019

GLASS

Después de tocar techo con su película más redonda, El Protegido, y volver a saborear las mieles del éxito tras una etapa sombría con Múltiple, el director M. Night Shyamalan se decidió para su próximo proyecto por la apuesta segura que era unir ambas historias (como ya apuntaba en el epílogo de Múltiple), conformando así una trilogía que, aunque en la desasosegante intriga psicológica de James McAvoy no se llegaba a adivinar todavía, supone en realidad una carta de amor hacia el noveno arte.
Efectivamente, hablar de Glass es hablar de comic, y Shyamalan demuestra ser un gran aficionado con esta radiografía exhaustiva sobre el mundo de las viñetas en papel que, en muchos momentos, se sitúa por encima de las adaptaciones más o menos simplistas de los dos referentes esenciales, Marvel y DC.
Puede que no esté dispuesto a rendir pleitesía a Glass de manera infinita como algunas críticas que estoy leyendo por ahí, pero reconozco los méritos de su autor para saber transmitir esa pasión y completar una historia con coherencia, sin traicionar a sus dos precedentes y logrando que la conjugación entre tipos tan dispares como David Dunn y Kevin Wendell Crumb (o cualquiera de las diversas personalidades que lo poseen) sea efectiva y muy razonable. En este sentido, la puesta en escena es impecable, dividiendo la historia en tres actos: uno para situar a los personajes en la trama, todo un capítulo centrado en el internamiento en un psiquiátrico y la confrontación final. Es toda la parte central la verdadera declaración de intenciones de la película y donde Shyamalan hace su apuesta más arriesgada: desmitificar a los héroes, especular con que todo sea una farsa, un producto de sus propias psiques y que en realidad ni David, ni Kevin ni, por supuesto, Elijah (más conocido como el Señor Cristal al que hace referencia el título) tienen poder especial alguno.
Aunque quizá flaquea en las escenas de más acción, recordando que a Shyamalan lo que de verdad se le da bien es la intriga, Glass cuenta con tres protagonistas de lujo que se toman muy en serio sus personajes, lo cual ya de por sí es una estupenda noticia, sobre todo en el caso de un Bruce Willis que (quizá a excepción de El justiciero) lleva años trabajando con el piloto automático puesto. Además, recupera a secundarios imprescindibles, como el hijo de David o Casey, la única a la que La bestia ha dejado vivir en el pasado, para terminar de elaborar una telaraña en el centro de la cual se encuentra el personaje de Sarah Paulson, la única cara nueva de la película. Con sus giros de guion y las maniobras para despistar al público, pero sin alejarse de los arquetipos del lenguaje del comic, Glass es casi más un ensayo sobre el noveno arte que una película de acción, y ahí es donde radica su mayor mérito que es, a la vez, su principal debilidad. Glass es, sin duda, una delicia para los amantes del mundo del comic en general y de los superhéroes en particular (muchos aplaudirán al reconocer la mano de Alex Ross en la portada que ojea en cierto momento Joseph Dunn), pero que puede terminar por decepcionar a los que busquen una película de acción más, esos que sin duda no comprenderán dónde demonios está ese gran clímax final que se viene anunciando desde mitad del metraje y que nunca termina de llegar.
Puede que no esté a la altura de El protegido, y que la historia ni siquiera sorprenda tanto como El sexto sentido, pero sin duda confirma definitivamente la recuperación de un Shyamalan que se encuentra cómodo entre los presupuestos más bajos de la industria y cuyo talento parece tener cuerda para rato, aunque su saga sobre superhéroes parece definitivamente culminada.

Valoración: Siete sobre diez.

viernes, 13 de octubre de 2017

Sitges 2017: MARROWBONE

El secreto de Marrowbone (que es como se llamará la película en España) es la última gran apuesta de Telecinco, que ya empieza a sobresaturar sus espacios publicitarios con anuncios que quizá puedan adelantar demasiado de la trama. Con reparto internacional y filmada en inglés, supone el debut tras las cámaras de Sergio G. Sánchez, guionista de títulos tan taquilleros como El orfanato, Lo imposible o Palmeras en la nieve.
Sánchez sale airoso de su estreno con una película donde la ambientación y el clima que envuelve a los personajes lo es todo. Marrowbone es el apellido de soltera de una mujer que, huyendo de su pasado, inicia una nueva vida con sus cuatro hijos en un solitario caserón antigua propiedad de la familia.
Allí, los cuatro chicos, en compañía de una amistosa joven que vive relativamente cerca, deberán enfrentarse a los fantasmas de su pasado, que los acechará sin compasión, y a un terrible secreto que los atormenta en forma de aparente fantasma.
Marrowbone es una de esas películas en las que conviene saber lo menos posible de su argumento, dejando que la propia narración nos llevé por donde a Sergio G. Sánchez le plazca, engañándonos en ciertos momentos con escenas incompletas o aparentes errores de raccord que, como si fuesen esas piezas de un puzle que caen bajo la mesa, son agujeros que toman sentido al contemplar el resultado final.
En el aspecto interpretativo, todo el peso recae en esos cuatro muchachos de diversas edades entre los que destacan los ya curtidos George MacKay (Amanece en Edimburgo, Pride, Captain Fantastic) y Charlie Heaton (Stranger Things y la futura X-men: the new mutants), acompañados por Mia Goth y Matthew Stagg y con la nueva musa del género, Anya Taylor-Joy (La bruja, Morgan, Múltiple) completando la ecuación.
Marrowbone funciona como un engranaje de relojería, pero cuenta con un obstáculo que puede resultar insalvable para mucho aficionado. Teniendo en cuenta el currículo del guionista y estando J.A. Bayona detrás como productor, el resultado final, por interesante que sea, puede sonar un poco a más de lo mismo, desluciendo la sorpresa final y rozando la frontera de la previsibilidad.
No obstante, dejando de lado las comparaciones o el costumbrismo al que se está aferrando el género, El secreto de Marrowbone es sumamente entretenida y engancha con sus interrogantes hasta su conclusión final.

Actualización: Estrenada en España como El secreto de Marrowbone, una de las críticas que más se le está haciendo es su tramposo final. Ya he comentado más arriba que es importante no conocer su desenlace para disfrutar más de ella, pero pudiendola haber visto una segunda vez lo cierto es que, descubierto el secreto, la película continua funcionando perfectamente. Sánchez afila su guion con una exactitud de relojero y, fijándote en los detalles y buscando el más mínimo fallo, la experiencia resulta incluso superior.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 28 de enero de 2017

MÚLTIPLE, terrible identidad oculta.

El titular fácil para esta película es reconocer que M. Night Shyamalan ha vuelto. Esto no es del todo cierto, pues el director de origen indio, tras los estrepitosos y merecidos fracasos de Airbander, el último guerrero y After Earth ya había dado síntomas de su recuperación con la muy interesante La Visita y ahora, habiendo aprendido de sus errores, no ha tenido más que repetir la fórmula. Es decir: menor presupuesto, mayor libertad.
Haciendo equipo de nuevo con Jason Blum y su compañía Blumhouse, Shyamalan ha contado con el apoyo y la confianza para poder plasmar sus ideas en la pantalla sin imposiciones llegadas desde arriba o de la estrellita de turno y con ello recupera el aroma de sus películas originales, esa trilogía magnífica e impecable que supone El sexto sentido, El protegido y Señales, y aunque Múltiple quizá no llegue a estar aún a la altura de esas al menos se puede confirmar que el rumbo es el correcto.
Y es que es muy difícil superar el guion de aquellas tres pequeñas obras maestras, por lo que es el libreto de Múltiple quizá lo más endeble, por lo retorcido y tramposo que pueda llegar a ser por momentos, aunque en ningún momento sirva como lastre para la historia. Incluso aquello que más pueda molestar (los flashbacks) terminan siendo definitivos para comprender el desenlace y la personalidad de los protagonistas.
Múltiple cuenta como un enfermo de personalidad múltiple (hasta veintitrés identidades conviven dentro de la mente del protagonista) secuestra a tres jóvenes a causa de la aparición de una nueva personalidad, la número veinticuatro, posiblemente la más dominante y poderosa de todas. James McAvoy, reconocible por ser el profesor Xavier de los X-men pero que ya ha dado sobradas muestras de su talento en títulos tan dispares como Trance o Filth, el sucio, es quien más se juega en esta empresa, consciente de que todo el peso de la narración va a recaer sobre su interpretación. De cómo diese vida a esas múltiples personalidades (de las que en realidad vemos apenas a ocho o nueve) iba a depender que la película fuese aterradora o cayese en el ridículo, y el actor escoses supera el desafío con nota alta. Sus miradas, sus gestos, su expresión corporal… todo vale para lograr diferenciar a cada uno de los personajes que se esconden en su interior y lograr provocar desconcierto, ternura o angustia según el momento. Y eso que no he tenido oportunidad de verla en versión original, con lo que me he perdido una de sus mejores herramientas para ello.
Sin embargo, sería injusto olvidarse de Anya Taylor-Joy. Esta joven de veinte años fue el gran descubrimiento de La Bruja, una de las mejores películas de terror del año pasado, y aunque en Morgan no lograse desarrollar todo su potencial por las limitaciones que su personaje le requerían, aquí vuelve a estar de sobresaliente, siendo el contrapunto ideal para McAvoy y logrando que la química entre ambos se prolongue durante todo el film.
Shyamalan regresa a los juegos mentales que tanto le gustan y tomando alguna idea de Identidad, aquella entretenida película del 2003 con John Cusack y Ray Liotta entre otros, y muchas (como siempre) del cine de Hitchcock, la película navega entre la precipitación de los acontecimientos provocada por el enfermo y los propios secretos que guarda el personaje de Taylor-Joy, complementando a dos animales heridos que se necesitan uno del otro para sacar a relucir sus verdaderos rostros. No estamos, sin embargo, ante una película excesivamente tramposa, donde Shyamalan se saque de la chistera un truco final que lo gire todo, sino que la coherencia argumental es más lineal que en sus trabajos anteriores y ello le permite centrarse en otros aspectos de lucimiento como las composiciones fílmicas y la creación de una angustia latente y malsana.
Shyamalan es un gran director y aquí, libre de las ataduras del found fotage de La Visita, puede demostrarlo en su máximo esplendor, recordándonos que es mucho más que un buen guionista y sacando todo el partido posible a esos primeros planos tan expresivos e inquietantes de los dos protagonistas.
Da la sensación, tras los mencionados tropiezos, que el realizador indio vuelve a divertirse tras las cámaras, haciendo el cine que le gusta e interesa y contagiando su entusiasmo al espectador, y eso es capaz de llevarlo hasta las últimas consecuencias, permitiéndose un chiste final, casi a modo de escena postcréditos, que podría parecer un homenaje a las películas Marvel, pero que en realidad es un homenaje onanista a sí mismo, una especie de reivindicación de su regreso y, quien sabe, un guiño al futuro.

Valoración: Siete sobre diez.

miércoles, 21 de septiembre de 2016

MORGAN: Inocencia aterradora.

Apenas una semana después de aplaudir el brillante debut como director de Raúl Arévalo con Tarde para la ira, llega a las carteleras otra ópera prima. En esta ocasión, sin embargo, Luke Scott lo ha tenido mucho más fácil que el español, ya que es hijo de Ridley Scott y es papá quien le produce su primer largometraje.
Con todo, Morgan es una película pequeñita, con un presupuesto casi ridículo de ocho millones de dólares, y el primer gran mérito de Scott es que esto no se note en pantalla. Cierto es que los escenarios son escasos, pero podría haberse limitado a reducirlo todo a cuatro paredes y en lugar de eso apuesta por espacios abiertos para su desenlace final.
Morgan cuenta la historia de un grupo de científicos que logran crear a un ser artificial y de la mujer enviada por la empresa contratante para comprobar si, tras un grave incidente, este experimento debe ser clausurado o no. Morgan, una niña brillantemente interpretada por Anya Taylor-Joy (el descubrimiento de La Bruja), es un ser en busca de su propia identidad, un alma perdida que necesita saber el sentido de la existencia para saber quién es ella realmente. Así, hay reminiscencias desde al I.A. de Spielberg pasando por el propio Blade Runner de papá Ridley o incluso el Under the skin de Jonathan Glazer. Y puestos a buscar referencias, he querido ver algo también de la Calle Cloverfield, 10 de Dan Trachtenberg, por aquello del cambio narrativo que hace que casi haya dos películas en una. Incluso algo de Stephen King (o, por extensión, de la magnífica serie Stranger things) hay por aquí. Pero a lo que más se parece de verdad este film, y con quien está siendo injustamente comparado por todos, es con la magnífica Ex Machina de Alex Garland, por más que esta vaya hacia otros derroteros.
Precisamente esto último es lo que más se ha criticado, cuando para mi es la clave para que Morgan pueda tener una identidad propia diferente a Ex Machina. Cierto que la película que nos descubrió a Alicia Vikander es muy superior a esta, pero eso no significa que a partir de ahora tratar el tema de la Inteligencia Artificial deba seguir sus mismos pasos.
Con un reparto de verdadero lujo donde sobresalen como protagonistas Kate Mara y Rose Leslie, pero donde también están los estupendos Toby Jones y Paul Giamatti, Morgan es una película sobre la empatía, el amor y la maternidad, como una nueva vuelta de tuerca al mito de Frankenstein y donde los momentos de acción parecen toda una declaración de intenciones de Luke Scott por homenajear el cine de su padre y su tío (el malogrado Tony Scott). Su debut no es perfecto, pero tiene algunas escenas visualmente bellas que le auguran un buen futuro.
Así, yo soy de los que se han dejado seducir por esta niña misteriosa y su enfrentamiento interior, que la llevan a cometer actos terribles forzada por su propio destino, sin importarme que adivinara mucho antes de lo previsto el giro sorpresa, que la claustrofobia y el hacinamiento den paso a la acción pura y dura ni que a Scott se le vaya un poco la mano en las escenas de lucha.
Morgan es un buen thriller de ciencia ficción, quizá menos reflexivo de lo que podría ser, pero muy entretenido y emotivo.

Valoración: Siete sobre diez.

martes, 17 de mayo de 2016

LA BRUJA, inquietante recuperación del mito.

Cuando parecía que ya no cabría un hilillo de esperanza por el cine de terror llega el señor Robert Eggers y debuta en el mundillo del cine con esta angustiante película para nada convencional que sin duda dividirá a la afición, haciendo que muchos se rindan ante su aterradora visión de la Nueva Inglaterra del S. XVIII mientras otros tantos odien la película y su abrupto final.
La Bruja no es, desde luego, terror al uso. No busca Eggers sustos fáciles con primeros planos repentinos y manipulando al personal con subidas aleatorias del volumen de la música. Él prefiere cocinar la historia a fuego lento, dejar que sea el propio espectador quien se inquiete ante lo que está sucediendo, aún sin saber a ciencia cierta si lo que se ve en pantalla es real o producto de la imaginación de sus protagonistas.
Una familia puritana es expulsada de su colonia por las diferencias del padre de familia con respecto a la iglesia del lugar y deben apañárselas para vivir de una tierra árida aislados de todos y a escasos metros de un tenebroso bosque. La desaparición del bebé de la familia les hará sospechar de la presencia de una bruja oculta cerca de ellos, pero sucesos posteriores les inducirán pensar si no será uno de ellos el responsable de todo el mal que les corroe.
Centrándose en una fe que raya el fanatismo pero que no por ello rehúye de las mentiras y de cierta hipocresía, La Bruja posee una atmosfera insana jugando con elementos tan útiles como las canciones de los hijos mellizos o las tímidas miradas lascivas del pequeño Caleb a su hermana Thomasin, verdadero centro de interés el film.
Con una muy cuidada ambientación y una música que trasmite toda la soledad y la desesperación de los áridos campos de cultivo (filmados en realidad en Canadá), es la joven protagonista, Anya Taylor-Joy, quien brilla con luz propia. Con apenas veinte años, esta jovencita de Miami pero de origen argentino prácticamente debuta en la pantalla grande, aunque se le acumulan ya los proyectos. Sin duda su interpretación de Thomasin, una chiquilla asustada pero de rabia acumulada, una especia de Lolita colonial, es de lo mejor del film y merece todos los elogios que se le puedan hacer, aunque en realidad nadie del mínimo reparto parece estar de más y todos forman una familia homogénea y maltratada, tanto por las circunstancias como por ellos mismos.
No es terror al uso, insisto, y muchos se van a sentir decepcionados. El truco está en dejarse llevar por la historia, en aceptar el juego que Eggers propone y quedar atrapados por las redes el fanatismo y la obsesión que, a la postre, es lo que provoca el verdadero temor, más allá de los entes sobrenaturales o las brujas en las que, según se dicen, se han basado para esta historia.
Perturbadora, inquietante y malsana. Pero a la vez, deliciosa.

Valoración: Siete sobre diez.