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jueves, 30 de enero de 2020

1917

Sam Mendes siempre será recordado por dramas intensos y cargados de buenas interpretaciones como American Beauty o Revolucionary road (aunque mi película preferida de esa época sigue siendo Camino a la perdición). Por eso a muchos extrañó que fuese elegido para dirigir a James Bond, en concreto a la exitosa Skyfall y a la aparente (pero falsa) despedida de Daniel Craig del personaje en la inferior Spectre.
Parece ser que algo sacó de positivo el director de semejante experiencia, y en 1917 consigue aunar con efectividad el drama personal y la espectacularidad heroica al narrar la historia de dos jóvenes soldados que, durante la Gran Guerra, deben atravesar un amplio terreno enemigo para alertar a las tropas, preparadas para un ataque con tintes suicidas, de que la reciente retirada de los alemanes no es sino una trampa mortal.
Protagonizada por George MacKay (El secreto de Marrowbone) y con una serie de apariciones/cameos de lo más estimulantes (Colin Firth, Benedict Cumberbatch, Mark Strong…), la película arranca en una especie de “trinchera infinita” nada que ver con la claustrofóbica película española, con cierto aroma argumental a Salvar al soldado Ryan.
En su fondo, 1917 es una gran película bélica, pero es en sus formas donde mejor luce, estando compuesta por un eterno plano secuencia que, más allá de la pericia técnica que pueda suponer, consigue transmitir al espectador la angustia y el desasosiego del protagonista, convirtiendo la experiencia de ver la película en algo tan incómodo y aterrador como si fuésemos nosotros mismos quienes tuviéramos que esquivar las balas enemigas.
No se si estamos ante la mejor película del año (aunque el Oscar parece tenerlo casi garantizado), pero es sin duda una obra muy destacada y quizá el retorno de Mendes a los altares.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 14 de abril de 2019

¡SHAZAM!

El Universo DC está muerto y enterrado. Esto no es una opinión personal mía (marvelita declarado), sino de sus propios responsables, que tras el fiasco de Liga de la Justicia han optado por dejar que cada película vaya a su aire y tenga una personalidad y estilo propio. Esto no es necesariamente malo, pero implica que vayamos a dejar de ver a los grandes nombres del mundo del comic como Batman y Superman haciendo equipo (algo que siempre debería molar) para acabar saturados de los meros comparsas, como Aquaman, Wonder Woman, Harley Quinn, Joker (cualquiera de ellos) o este “Capitán Marvel”, que fue el nombre inicial que tuvo en los comics Shazam.
Lo bueno es que, con esta desestructuración, Shazam se puede permitir volar a sus anchas y ser libres de las ataduras que impuso en su momento Christopher Nolan con su trilogía del murciélago, en el recuerdo como algunas de las mejores películas de la casa (aunque para mí muy sobrevaloradas) pero que a la postre terminó por condenar el DCEU antes incluso de su nacimiento. Tras los pasos en el buen camino que dio Wonder Woman y, sobre todo, con la aceptación definitiva a la mal llamada fórmula Marvel que supuso AquamanShazam puede presumir de ser la primera película decididamente cómica de DC, quizá algo menos gamberra de lo que cabría esperar viendo alguno de los avances (y es que la campaña publicitaria recordaba bastante a la de Deadpool), pero con un aroma al cine de los ochenta con John Hugles como máximo referente que resulta muy entrañable.
No en vano ha sido definida como un cruce entre Big (escena homenaje incluida) y Superman, aunque le veo muchas aproximaciones a aquella serie mítica (y que tuvieron que cancelar por culpa, precisamente, de un litigio con DC que la acusaba de ser un trasunto del Hombre de Acero) que era El gran héroe americano, donde también había un tipo con superpoderes que no tenía ni idea de cómo utilizarlos.
La apuesta por la comedia sin complejos es un buen argumento a favor de Shazam, que se toma su tiempo en presentar el héroe a cambio de algo insólito en estas películas como es centrarse en una más que correcta creación de personajes. Es, posiblemente, la aparición del villano lo que más lastra el film, que pese a tener escenas de acción muy logradas (algo que no cabría esperar, a priori, de un director cuya máxima referencia en su currículo era Annabelle: Creation), no despiertan el mismo interés que la familia de acogida que rodea al protagonista, ese disfuncional grupo de falsos hermanos que se acerca más al cine de Spielberg más familiar y blanco que a un grupo de superhéroes como tal. Es esta una dualidad que no termina de funcionar, y que amenaza con estropear el tono final de la película, donde es inevitable la gran batalla final de caos y destrucción propia de DC, pero lo cierto es que la sangre nunca llega al río, y mientras en Wonder Woman un final horrible arruinaba una prometedora película, aquí el conjunto está bastante mejor medido (algún chiste durante la batalla final es hilarante), haciendo que pese al poco interés que genera la trama del villano (y en especial la extraña representación de los siete pecados capitales, quizá lo peor del film) la película se pueda disfrutar con agrado y sin llegar a caer nunca en el aburrimiento.
Es exagerado hablar de la mejor película del Universo DC (a no ser que quien lo diga odie directamente al Universo DC), pero sí es una comedia amable, muy blanca y familiar, que cojea un poco en su apartado interpretativo, pero atrapa con sus bondades y ternura. Otra cosa es que el personaje, cuya principal gracia es la de ser un niño en el cuerpo de un adulto, de para mucho más, y si bien he disfrutado con este Shazam no es que esté loco de ganas por ver la secuela, la cual, por cierto, ya está anunciada.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 25 de septiembre de 2017

KINGSMAN: EL CÍRCULO DORADO, divertida pero desinflada.

Después de que en 2014 Kingsman: Servicio Secreto se alzara por sorpresa como una de las películas más exitosas del año, era indudable que su continuación no tardaría en llegar. 
A diferencia de lo que sucediera con los otros grandes éxitos de Matthew Vaughn, como X-men: Primera generación o Kick-Ass, esta vez el realizador británico sí ha continuado al frente de la secuela y, si todo va según lo previsto, aquí seguirá para la tercera parte. Eso permite que Kingsman: El Círculo Dorado tenga una línea continuista y de coherencia que se agradece, aunque también se siente algo anquilosado por su incapacidad de sorprender como lo hiciera hace tres años.
De hecho, es tal la ausencia de sorpresa en este nuevo episodio de los agentes Kingsman que ni siquiera el regreso de Harry, fallecido en el anterior film, se puede considerar como tal, puesto que lo anunciaban en los propios posters promocionales.
Las cosas han cambiado, y el choque cultural entre la flema británica y el descaro marginal cockney es sustituido ahora por las diferencias de tópicos entre los británicos y los americanos, representados por la agencia Statesman, alcanzando cotas que rozan el absurdo. Este permite a Vaughn añadir un buen surtido de personajes nuevos que, con apellidos de renombre por detrás, aumenten el imaginario alrededor de Kingsman, aunque demasiado personaje puede terminar por abrumar, haciendo que la presencia de Halle Berry o la propia Julianne Moore sepan a poco.
Si se permite, por otro lado, hacer evolucionar a los protagonistas de verdad, aunque no siempre con éxito. Más allá de lo forzada de la resurrección de Harry, al menos Vaughn sabe darle un toque diferente al personaje, y lo mismo ocurre con Merlín, mucho más interesante en esta secuela. Sim embargo, el camino elegido con Eggsy no me parece acertado. Ahora sí que, más que una parodia, se ha convertido en una copia versión calzonazos de James Bond, y su relación con la princesa Tilde no hace sino estropear el chiste más macarra de la primera película.
No os confundáis. No quiero que parezca que la nueva entrega de Kingsman es una mala película. En realidad, ofrece todo lo que promete. Es divertida, loca y con mucha acción, más o menos lo que uno le debe pedir a una secuela como esta. Quizá el problema es que el listón estaba muy alto, y el propio Vaughn se ha visto tan forzado a superarse que se ha visto superado por la presión. 
Hay muchas peleas espectaculares, por ejemplo, pero todas parecen querer buscar la grandiosidad que en Kingsman: Servicio Secreto tuviese la escena de la iglesia, sin conseguirlo. Tampoco ayuda que el CGI cante en algunos momentos, como si el guion buscase siempre una grandiosidad que no es equitativa con su presupuesto y, como villano (o como secuaz, más bien), el Charlie de brazo mecánico superviviente de la primera película tampoco está a la altura de la implacable Gazelle que encarnara Sofia Boutella.
Sí mejora la cosa con la presencia de Juliane Moore, que encarna a una villana tan ida de la olla como el Valentine de Samuel L. Jackson pero mucho más divertida y psicótica, aunque, como me sucediera con Sigmouney Weaver en The Defenders, su final me pareció precipitado e insatisfactorio.
Kingsman: Servicio Secreto era una pieza de relojería donde todo encajaba a la perfección, y aunque Kingsman: El Círculo Dorado lo tiene todo para ser un reloj más caro y más grande, algo hay que chirría en la maquinaria, algo que no consigue convencer y llega, incluso, tras varias peleas, a cansar. Quizá no tener una obra como la de Mark Millar debajo haya sido suficiente para lastrar un guion simplemente complaciente y nada arriesgado. Incluso la burla a Donald Trump me pareció poca cosa.
Kingsman: Servicio Secreto fue una grata sorpresa, una película que me divirtió mucho y que he revisionado en varias ocasiones. En el caso de El Círculo Dorado, la diversión ha sido casi la misma, pero las ganas de volver a sumergirme en ella han desaparecido. Este sí es, simplemente, un producto de consumir y olvidar.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 28 de mayo de 2017

EL CASO SLOANE, ganar a cualquier precio

El caso Sloane es una interesantísima historia dirigida por John Madden y cuyo guion es de Jonathan Parera, un chaval que entró a trabajar en un lobby tras terminar su carrera de derecho y que quedó tan asqueado con lo que allí se encontró que decidió dejarlo todo, trasladarse a China enseñar inglés y dedicó su tiempo libre a escribir esta película cuyo libreto enamoró al instante en Hollywood.
Elizabeth Sloane es una brillante abogada entregada por completo a su trabajo hasta el punto que el tener una vida privada, con novios o momentos de desconexión es un lujo que no se puede permitir. Trabaja para un lobby donde le encargan potenciar el uso de armas en mujeres para así aumentar las ventas, pero sorprendentemente recibe una oferta para pasarse al bando contrario y usar todas sus habilidades para tratar de derrocar una futura ley que amplíe el derecho a llevar armas, granjeándose por su carácter y su forma de actuar enemigos en uno y otro bando.
El caso Sloane parece una película confeccionada a medida de su protagonista, una excelente Jessica Chastain que prácticamente copa todas las escenas, pero ello no significa que no haya buenos momentos de lucimiento para su interesante reparto, entre quienes destacan Mark Strong, Gugu Mbatha- Raw, John Lihgow o Jack Lacy entre otros.
La película tiene muy presente el debate sobre la posesión de armas y me mueve en torno a ello constantemente, pero no pretende ser una película aleccionadora ni polemizar al respecto. En el fondo, no se trata más que de un thriller judicial (en una escena se ve a Sloane leyendo una novela de John Grisham, notable declaración de intenciones) y que sus autores sean plenamente conscientes de ello es una gran ventaja.
Sin tintes de moralina barata, la película sí reflexiona sobre la soledad y la total falta de empatía de la protagonista, reflejando en ella un síntoma de nuestra sociedad donde el fin justifica los medios. 
Es este el único apunte sobre el que realmente invita a meditar El caso Sloane: ¿cuales son los límites que se pueden/deben cruzar para conseguir los resultados requeridos?
Con giros inesperados, traiciones y sorpresas varias, El caso Sloane consigue mantener en todo momento el interés del espectador, logrando atraparlo desde el inicio y consiguiendo que, si bien no es posible llegar a empatizar con esa abogada de gélido corazón, sí al menos apreciar (y admirar) su trabajo gracias, sobre todo, a una sobresaliente Chastain.
El caso Sloane es una película emocionante, intensa e inteligente que la convierten en una de las mejores opciones de la cartelera actual.
Todo un descubrimiento.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 20 de marzo de 2016

AGENTE CONTRAINTELIGENTE: Inteligencia banal

Aunque eso de parodiar algún género cinematográfico es algo que se ha hecho toda la vida y los agentes secretos siempre han sido propicios para ello, parece que en los últimos tiempos es un tema más recurrente de lo habitual. Se pueden hacer parodias desde la ironía, como Casino Royal (John Huston y compañía), desde la pleitesía, como en Mentiras Arriesgadas (James Cameron), desde el absurdo, como Anacleto, agentesecreto (Javier Ruíz Caldera), burlándose de ciertos estamentos, como Zoolander (Ben Stiller), o simplemente, haciendo una comedia simplona alternando chistes con dosis de acción, como Espías (Paul Feig). Y luego hay cosas como Agente Contrainteligente (Louis Leterrier).
Puede que no sea el más indicado para hablar de esta película, pues pese a pretender ser siempre objetivo en mis opiniones hay ocasiones en que uno se encuentra con cierta predisposición para enfrentarse a un film determinado, y el humor de Sacha Baron Cohen nunca ha sido muy de mi agrado, por más que me lo pasé moderadamente bien con El dictador. Sin embargo, en su nueva película, Cohen (guionista y productor) ha querido poner el listón bien alto y abusar de los excesos hasta límites tan insospechados que, si algo hay que reconocerle, es su originalidad. Hay en la película cosas nunca vistas antes en el cine, desde luego. Lo malo es que habría vivido más feliz si hubiese continuado sin verlas jamás.
La escatología elevada al infinito es lo que define a una película burda, soez y hasta desagradable, que contiene algún momento inspirado y algún chiste bien conseguido, pedo cuyo hedor a basura es siempre más profundo que cualquier mérito que se le pueda encontrar y eso hace que su simple visionado sea una ejercicio de tortura visual e insulto a la inteligencia.
Aun sin gustarme ciertas bromas como la del SIDA, está bien que se atreva a meterse con todo y con todos, pero cuando se pierde la elegancia sin ningún tipo de complejos se renuncia directamente al derecho de ser juzgado con total imparcialidad. Los que me conocen saben que no soy dado a poner ceros (ni dieces, ya puestos) a una película, pero en esta me he visto ciertamente tentado. Solo tres cosas me obligan a elevar un mínimo la nota: la buena química entre Mark Strong (Marc, con lo gran actor que eres, ¿por qué te metiste en esto?) y Sacha Baron Cohen que podría haber dado mucho más de sí, algunas secuencias de acción, como la primera, filmada desde el punto de vista del protagonista, al más puro estilo shooter (ejercicio que pierde su gracia al repetirse demasiado, haciendo de algunas secuencias confusas y mareantes) y el hecho de que muchos presentes en la sala reían a carcajada limpia viendo chorros de semen contra el rosto de los protagonistas, culos reventados y lindezas semejantes. Y no hablo desde el puritarismo más radical, que con Deadpool me lo pasé pipa, pero es que mi paciencia tiene un límite…
Y ya borda el ridículo cuando pretende ponerse seria y emotiva con esos flashbacks con los protagonistas cuando eran niños.
Me pregunto qué le habrá pasado a Louis Leterrier, un tipo que en su currículo tiene Transporter, El increíble Hulk y Ahora me ves… para haberse metido en esto.
No me veo con valor de recomendaros huir lo más lejos posible de esta película (insisto, había gente a mi alrededor que se reía), pero sí os digo que solo hay dos alternativas para enfrentarse a ella: o es una completa y absoluta basura (aunque visto el nivel de la peli quedaría mejor decir directamente mierda, con perdón) o resulta que el marciano soy yo.
Vosotros mismos…

Valoración: Dos sobre diez.

sábado, 28 de febrero de 2015

KINGSMAN: SERVICIO SECRETO (8d10)

Ya desde que se diese a conocer en el 2007 con su segunda película, Stardust, Matthew Vaughn demostró su afición al mundillo del comic y su buen hacer adaptando obras ajenas.
Tres años después convenció a propios y extraños con Kick-Ass, película en la que colaboró por primera vez con el enfant terrible del comic Mark Millar, y un año después logró el gran mérito de resucitar una saga agónica como los X-Men que heredó de Bryan Singer. Ya en aquella X-Men: primera generación se intuía además un gusto estético que recordaba al espíritu más clásico de los films del agente 007, hasta el punto de que su versión de Emma Frost parecía más una chica Bond que una supervillana de comic.
De esta manera, juntando todos estos elementos, parecía el director más lógico para un film de estas características, la adaptación de un comic del amigo Millar que es a su vez una especie de homenaje a los míticos films de Bond, James Bond.
Aunque el guion que el propio Vaughn ha escrito a cuatro manos con su colaboradora habitual, Jane Goldman, se distancia en ciertos momentos de la obra original de Millar y el dibujante Dave Gibbons, no cabe duda que sabe ser perfectamente fiel a la saga de seis números publicada por Icon Comics (un sello dependiente de Marvel), consiguiendo que hasta los cambios más radicales se conviertan en celebrados guiños (un simple ejemplo: en el comic la acción arranca con el secuestro del actor Mark Hammil; en la película el secuestrado es un profesor universitario que, obviamente, está interpretado por el propio Hammil). También es cierto que el propio Millar es uno de los productores del film, y que la relación Millar-Vaughn es tan buena que ya está en marcha su próximo proyecto conjunto: Superior.
Kingsman: Servicio Secreto cuenta, por un lado, la historia de un grupo de agentes secretos de financiación privada que tratan de averiguar que siniestro plan se oculta tras la desaparición, a nivel mundial, de diversas personalidades sin que haya ninguna petición de rescate por ellos. Por otro lado, el reciente fallecimiento de uno de sus agentes propicia que la organización busque un sustituto mediante un duro proceso de selección entre las propuestas de los respectivos miembros. Harry Hart propone a un chaval de los bajos barrios, hijo de un aspirante a agente fallecido diecisiete años atrás, en el que deposita una total confianza.
Lejos de caer en la burda parodia, Kingsman: Servicio Secreto es una película de acción con todos los ingredientes propios del género, reuniendo las mejores virtudes pero acompañándolas con un sentido del humor inteligente y, por momentos, muy negro en una combinación arriesgada pero que, en las hábiles manos de Vaughn, es totalmente acertada.
Aun habiendo sido muy tentador caer en la rutina de haber seguido de forma textual el comic (lo que nos habría permitido escenas tan delirantes como una masacre entre parejas de novios participantes en una boda múltiple a pie de playa), el guion se constituye con vida propia, resultando muy meritorio que el homenaje a algo tan trillado como las películas de espionaje pueda resultar fresco, divertido y original (y quizá me estoy dejando llevar por la emoción, pero adivino incluso algún guiño a, por ejemplo, el Superman fílmico).
Sin renunciar al drama cuando es necesario (y con momentos de gran dureza visual), Kingsman: Servicio Secreto es, ante todo, una gran diversión, emocionante y muy gamberra, con momentos de puro delirio (esa escena en la iglesia) y recursos visuales impagables (las prótesis en las piernas de la chica del malo son una delicia).
Pero no todas las virtudes de la película deben recaer en sus creadores, pues Vaughn ha sabido rodearse de un gran elenco interpretativo que están superlativos, encabezado por un Colin Firth impecable en ese porte extremando al máximo su flema británica (y que nada tiene que ver con su apática interpretación en la reciente No confíes en nadie) y siguiendo por la demencial aportación de Samuel L. Jackson (ese megalómano villano de libro), un inevitable Michael Caine (no hay caballero británico más icónico que él) o un Mark Strong en su salsa como operativo en las sombras de la asociación, aparte del descubrimiento que suponen la argelina Sofia Bouella y el galés Taron Egerton, un desconocido que se ha tenido que enfrentar al desafío de protagonizar un film con semejantes estrellas y que sale totalmente airoso del trance.
Filmada con impecable elegancia, con un ritmo endemoniado que ni siquiera durante los momentos más relajados decae, irreverente y sorpresiva, Kinsman: Servicio Secreto reúne algunas de las mejores secuencias de acción de los últimos años (imposible esa persecución automovilística en marcha atrás del comienzo) con momentos de delirio puro que lamento no poder mencionar aquí por no revelar nada pero que resumiré, para quien ya la haya visto, con el desquiciante y demencial momento “fuegos artificiales”, para culminar, en la escena final, en el guiño definitivo al Bond más canalla y seductor, tal y como se podía intuir en uno de los carteles, homenaje directo a Sólo para sus ojos.
Brillante y muy recomendable, Kingsman: Servicio Secreto es la demostración perfecta de como una obra puede ser adaptada sin impedirle tener personalidad propia y ensalza a Vaughn como uno de los mejores directores de su generación, aunque nunca se le reconocerá por no hacer un cine tan oscuro y sesudo como los aclamados Nolan o Fincher.

NO CONFÍES EN NADIE * (4d10)

Dirigida (es un decir) por Rowan Joffre , que también se ocupa del guion (faceta que se le da algo mejor, a tenor de sus libretos en El Americano y 28 semanas después), No confíes en nadie recuerda a aquellos thrillers desconcertantes y rocambolescos que tan de  molda se pusieron en los noventa a raíz de títulos como Instinto Básico, Análisis Final o incluso El sexto sentido donde engañar al espectador y llevarlo por caminos equivocados hasta la inesperada y sorprendente revelación final que tras pasar la moda quedaron relegados a simples telefilmes de sobremesa.
Poco merecedora de reclamar nuestra atención por su escasa calidad es su interesante reparto lo que invita a acercarse a la adaptación de la novela de S.J.Watson, un reparto que solo puede comprenderse por un tema de amiguismo entre ellos. En resumidas cuentas, el matrimonio sobre el que gira la ficción tiene los rostros de Nicole Kidman y Colin Firth, que acababan de coincidir en la también prescindible Un largo viaje, mientras que Firth y Mark Strong (el tercero en discordia) ya debían estar enfrascados en el rodaje de Kingsman, servicio secreto.
La premisa puede parecer interesante, lo cual no es sinónimo de original. Una mujer, debido a un accidente, tiene graves lesiones cerebrales que le reducen su campo de memoria a un solo día. Así, cada vez que se va a dormir se despierta al día siguiente sin recordar absolutamente nada sobre sí misma y su paciente marido tiene que repetirle una agotadora rutina para permitirle acercarse a algo ligeramente parecido a la normalidad. Ya ven, algo así como el tipo de Memento o, ya cayendo por lo bajo, la Drew Barrymore de 50 primeras citas. Además, la repetición de la escena de Kidman despertándose amnésica cada mañana recuerda los momentos repetitivos de Atrapado en el tiempo o Al filo del mañana, pero sin su gracia, eso sí.
Todo cambia cuando entra en juego el doctor que interpreta Strong, que tras aconsejar a la mujer que grabe sus vivencias diarias en una cámara de vídeo a escondidas del marido consigue que empiece a recordar cosas.
Como digo, un planteamiento interesante que podría dar algo de juego (o haberlo dado, al menos, hace un par de décadas) si no fuese por la total incompetencia de su realizador, que bien poco ha debido aprender de su padre Roland Joffre, artífice de grandes títulos como La misión, La ciudad de la alegría o La letra escarlata. La realización no solo es plana, sino que la insistencia en saltar contantemente en el tiempo del Joffre hijo, como queriendo ser más descarado todavía en su imitación a Nolan, aburre soberanamente, haciendo que veamos una y otra vez escenas idénticas que no aportan nada y que solo consiguen entorpecer el ritmo de la narración. Hay un momento en que nada nos importa ya, y perder el interés por sus protagonistas es lo peor que puede pasarle a una película de intriga, que apunta a remontar cuando se alcanza el tercer acto y se descubren las trampas ocultas, pero que ya es demasiado tarde como para salvar la situación.
Parece como si, en un ataque de pedantería, Joffre considerase indigno el género del thriller y quisiera disfrazar su historia de drama intimista con lo que naufraga sin remisión, ayudado, en parte, por la total falta de química existente entre la Kidman y Filth.
Al final, se trata se una simple pérdida de tiempo que podría haber dado el pego como episodio aislado en una de aquellas series al estilo Alfred Hitchcock presenta pero nunca como un largometraje digno de ser estrenado en cine. Se puede soportar por el siempre solvente Strong (que también está lejos de sus mejores interpretaciones) y poco más.

sábado, 3 de enero de 2015

THE IMITATION GAME (DESCIFRANDO ENIGMA) (8d10)

El debut en Hollywood del noruego Morten Tyldum es una interesante película sobre el descubrimiento científico más importante de la década de los cuarenta y que pudo suponer la inclinación de la balanza hacia el lado de los aliados durante la II Guerra Mundial.
Sin embargo, podría parecer también un vehículo destinado solamente al lucimiento de uno de los actores más en forma del panorama actual, un Benedict Cumberbatch que se hace dueño y señor del film y llena la pantalla en cada plano en que aparece, que –también es cierto- son la mayoría.
Emparentado a simple vista con su televisivo Sherlock, Alan Turing es un personaje de inteligencia extrema, calculador y extremadamente lógico, pero a la vez incapaz de mostrar cualquier síntoma de empatía con su entorno. Engreído, soberbio y cruelmente sincero, el problema de Turing no es que esté por encima de los demás, sino que es plenamente consciente de ello. Por eso el programa secreto en el que participa junto a otros matemáticos  para desvelar las claves de las comunicaciones encriptadas de los nazis (mediante el ingenio denominado Enigma) parece condenado al fracaso. Pero su dedicación absoluta y obsesiva, junto con la entrada en el proyecto de Joan Clarke (¡¡una mujer inteligente en un mundo de hombres!! ¡qué escándalo!), que logrará sacar el lado más humano de Turing hasta hacer que colabore con sus compañeros, propiciará que se invente una máquina (antecedente de los ordenadores actuales) que interprete los mensajes alemanes y permita a los aliados anticiparse a sus movimientos.
The imitation game (que es el nombre del primer estudio que publicó Turing sobre su invento, mucho antes de entrar en el equipo secreto del gobierno británico) es una drama basado en la historia real de este proyecto que había permanecido oculto hasta hace un par de años y de un hombre que realizó uno de los mayores avances científicos de la época y que, por su condición de homosexual, no fue reconocido hasta ahora como el principal causante del final de la guerra. Quizá el film no logra transmitir con acierto la construcción de la máquina definitiva, llamada Christopher (quien no sea matemático, informático o ingeniero seguramente no alcanzará a comprender como funciona exactamente el invento) pero sí ahonda a la perfección en la psique del matemático protagonista, empleando unos flashbacks para mostrar su infancia que, si bien al principio parecen estorbar a la historia principal, a medida que las dos tramas avanzan en paralelo lo sucedido en una termina influyendo en la otra, logrando un paralelismo armónico y consecuente.
El guion, obra del debutante Graham Moore a partir de un libro de Andrew Hodges, roza la perfección para un relato de ficción, pero se muestra demasiado preciso para tratarse de una historia real. Todo cuadra en su justa medida, todo se estropea y se arregla justo cuando se tiene que estropear y arreglar, y eso resta algo de verosimilitud a la historia que, por otro lado, se permite invitar a la reflexión en temas como la homosexualidad o el poder de decisión que, con el código Enigma descubierto, les permite decidir quién va a vivir y quien va a morir en una de las guerras más horribles de la historia de la humanidad (en cierto momento se dice, muy acertadamente, que están incluso por encima de Dios).
Es posible que, debido a la escasa experiencia de director y guionista para un proyecto de cierta envergadura, falte algo de alma en la historia, pero allí donde ellos no llegan se encuentra Cumberbatch, que si ya acostumbra a estar excelente en personajes aparententemente tópicos (me viene a la memoria su Khan de Star Trek: En la oscuridad y ardo en deseos en verlo interpretar al Doctor Extraño en el Universo Marvel) raya la perfección con interpretaciones más complejas como su versión de Julian Assange o el esclavista Ford de 12 años de esclavitud. Aquí está magistral, con unos matices que, como dije al principio, puede recordar mucho a su Sherlock pero al que dota de una humanidad y unas debilidades ocultas bajo su fachada de perfección que logra que veamos las diferencias en el personaje de ficción que es el detective de Baker Street y el personaje real que fue Alan Turing. Tanto es así que logra, incluso, minimizar la aparición de secundarios de renombre como la cada vez más excelente Keira Knightley, el enigmático Matthew Goode o las presencias siempre efectivas de Mark Strong o Charles Dance.
En definitiva, una interesante escenificación de un hecho que cambió la historia, una reflexión sobre el poder de decisión y la represión social de la época y una interpretación genial que debía llevar a Cumberbatch camino del Oscar.


domingo, 26 de enero de 2014

MINDSCAPE (6d10)

Mindscape es el debut del cortometrista y ayudante de dirección español Jorge Dorado como director, con el apadrinamiento del catalán Jaume Collet-Serra mediante su productora Ombra Films, empresa cuyo propósito es la de abrir camino futuras promesas de la dirección española en las siempre difíciles tierras americanas. Así, Mindscape es una película hispanoamericana con un equipo técnico patrio y un reparto puramente hollywoodiense, encabezado por el siempre solvente Mark Strong y la sorprendentemente deslumbrante Taissa Farmiga, prometedora hermana de Vera y ya vista en la serie American Horror Story y en la flojilla The Bling Ring, aunque podemos encontrar en el reparto otros rostros conocidos como el veterano Brian Cox o la breve pero importante aparición de Alberto Ammann.
En la línea de los últimos grandes éxitos del cine español, cabría definir Mindscape como una película de género, un thriller de constantes giros de guion y sorprendentes revelaciones. Pero más allá de eso, hay en el film de Jorge Dorado una mezcla de estilos en el que se puede adivinar los muchos referentes del director a la hora de embarcarse en su aventura yanqui, partiendo por la presencia de una jovencísima femme fatale con reminiscencias al cine noar de los años 60 pero recordando también a la Lolita de Kubrick.
Con un ligero (y a la postre irrelevante) toque fantástico que nos acerca a la obra de Philiph K. Dick, Mindscape nos introduce a un futuro cercano en el que los “detectives de la memoria” son el pan nuestro de cada día. Se trata de personas con la capacidad de sumergirse en los recuerdos de sus clientes, práctica suficientemente aceptada por la sociedad que es incluso admitida en los tribunales como pruebas en un juicio, por debajo, eso sí, de las habituales pruebas de ADN. John Washington era el mejor detective de su empresa hasta que la muerte de su esposa le obligó a retirarse temporalmente. Necesitado de dinero, decide aceptar un caso aparentemente sencillo, averiguar los traumas ocultos en la mente de Anna, una chica de dieciséis años de acaudalada familia que se encuentra en huelga de hambre. Pero una vez se inicia la relación entre ambos John comprobará que hay puertas que quizá deberían seguir cerradas.
Así, ignorando el elemento futurista, nos encontramos ante la clásica historia de un detective atrapado en las garras del magnetismo salvaje de una dama que pese a su aparente fragilidad podría terminar siendo quien mantenga en todo el momento el control de la situación. O quizá no, y todo sea un intento desesperado de su padrastro por controlar la increíble fortuna de su esposa que, en buena ley, debería heredar la adolescente a no ser que fuese internada en un  psiquiátrico y declarada incapacitada. Existe, por tanto, el juego de la dualidad visto en películas como Las dos caras de la verdad o Instinto básico (película que el propio director pidió a Taissa que viera para ayudar a entender su personaje), mientras que los juegos mentales –con alguna que otra trampa que busca despistar de forma algo artificial al espectador- recuerda también títulos recientes como el Origen de Christopher Nolan o el Shutter Island de Scorsese (casualmente ambas con Di Caprio).
Las mejores armas de la película son, qué duda cabe, sus factura técnica y la gran química entre sus protagonistas, con una Taissa Farmiga brillante cuyo trabajo remite a la Mia Wasikowska de Stoker, consiguiendo transmitir una dulce fragilidad a la vez que produce cierto desasosiego con su sola mirada.
El talón de Aquiles, por su parte, está en las nobles intenciones de engañar al público con sus trucos argumentales, con una sinceridad  tal que obliga a dejar pequeñas miguitas por el camino para demostrar que no hay nada improvisado sobre la marcha, de manera que se corre el peligro de que el avispado espectador puede  llegar –como me sucedió a mí- a adivinar el desenlace apenas alcanzado el ecuador de la película, con lo que tengo la duda de si la película podría resistir con éxito un segundo visionado.
De lo que no cabe la menor duda es de que la película está muy bien hecha, es fácil de seguir (en eso se agradece su ausencia de pretenciosidad intelectualoide que se encontraba en la paja mental de Nolan) y entretiene.

Y de paso, invita a reflexionar sobre porqué una película que no precisa de un gran presupuesto, debe emigrar al otro lado del charco pese a que sus principales talentos son españoles. ¿Este es el apoyo que merece nuestro cine?