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sábado, 6 de abril de 2019

CEMENTERIO DE ANIMALES

Cementerio de animales es una de las novelas más impactantes y aterradoras de Stephen King. Es, sin embargo, una de las más fáciles de adaptar, ya que tiene una estructura bastante lineal y muy pocos personajes, lo que hace extraño que no tuviese más películas aparte de la estimable versión de Mary Lambert de 1989 (aquí llamada Cementerio viviente), que pese a ser una producción bastante humilde lograba funcionar francamente bien.
Ahora, a rebufo del tremendo éxito de It, el autor de Maine vuelve a estar más de moda que nunca y esta nueva Cementerio de animales, firmada por Kevin Kölsch y Dennis Widmyer es buena prueba de ello. Estamos, en esta ocasión, de una producción más lujosa y cuidada, de presupuesto más holgado que las habituales producciones de terror de la firma Blummhouse, por ejemplo, lo cual se demuestra en la utilización de dos actores de prestigio para sus papeles protagonistas como son Jason Clarke (Terminator GénesisEl amanecer del Planeta de los Simios o, también en el género del terror, Winchester) y, sobre todo John Lithgow (tan grandioso haciendo reír como aterrando).
Hay que reconocerle a la película una puesta en escena sobria y elegante, quizá incluso un poco tramposa, con la utilización de esa procesión de niños enmascarados que tan bien quedan en el poster y que luego apenas son aprovechados en pantalla. La mezcla entre el drama familiar y el terror (con algún susto gratuito pero necesario para el público de hoy en día) está bien medido y aunque pueda ser algo inferior al film de Lambert (me cansa ya tanta comparación de los que definen esta película como un “remake innecesario”; no estamos ante un remake, sino ante una nueva adaptación de una novela) es en comparación con el trabajo de King cuando se desinflan un poco sus virtudes. Por un lado, porque todo el aspecto reflexivo alrededor de la pérdida y la muerte está mucho más difuminado que en el papel, y por otro por la manía de Hollywood de cambiar los finales (¿para qué compran los derechos de un libro si luego no parece gustarles como es el libro?), algo que pocas veces sirve para mejorar el trabajo de base (La Niebla de Darabont es de las pocas excepciones que recuerdo). Sí, el éxito de It ha propiciado una nueva moda por King, pero parece que el estrepitoso fracaso de La Torre Oscura no ha servido de lección. Y no me quiero quejar de algunos cambios relativos y que son simplemente decorativos (como el cambio de roles de los hijos, por ejemplo), sino en el clímax final que, aunque efectivo en pantalla, desmitifica toda la tensión y el terror interior que desprendía la idea original.
Con todo, Cementerio de animales es un producto más que digno, de buena factura y con un gato lo suficientemente malrollero como para comerse en muchas secuencias a los protagonistas humanos (curiosamente, algo parecido, en otro tono completamente opuesto, a lo que sucedía ya en Capitana Marvel).
Interesante pero mejorable.


Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 30 de diciembre de 2017

DANDO LA NOTA 3: merecida despedida a las Bellas

El humor gamberro y estereotipado es un subgénero en sí mismo que ha causado no pocos bodrios, habitualmente inclinados al chiste fácil y de sal gruesa. Si buscamos su vertiente femenina y lo disfrazamos de musical (a capella, nada menos), el desastre podría estar confirmado.
Y, sin embargo, Dando la nota demostró en el 2012 que cuando las cosas se hacen bien no es tan difícil que algo así funcione.
No creo que en su momento Jason Moore imaginara que su película daba para convertirse en franquicia, pero Dando la nota 2: aún más alto llegó en 2015, siendo una obra muy disfrutable, casi de lo más divertido de ese año, con lo que una nueva secuela era casi obligatorio.
Con el deseo de dar un cierre de oro a la historia de las Bellas antes de caer en el agotamiento, Dando la nota 3 cambia de directora (la primera secuela vino de la mano de Elizabeth Banks) para que sea la debutante Trish Sie quien de forma al reencuentro final de este grupo de amigas (más una familia) para una última gira que las lleve hacia la madurez definitiva.
Aunque casi todas ellas tienen su propia historia y hay un momentito de lucimiento para cada una, siguen siendo Beca y Amy la gorda (Anna Kendrick y Rebel Wilson) quienes llevan la voz cantante (nunca mejor dicho), una de ellas por enfrentarse definitivamente a lo que pretende sea su futuro y la otra para resolver su conflicto paternal (con John Lithgow debutando en la franquicia).
Con un final desmadrado al más puro estilo de las comedias de acción, con buenos números musicales, interesantes coreografías y, sobretodo, un sentido del humor suficientemente ácido (y bastante políticamente incorrecto, principalmente en boca de los imprescindibles John y Gail), la película supone una buena despedida, con espacio para la nostalgia, que, si bien deja un cierto regusto rancio a gala de reencuentro de Operación Triunfo, resulta eficaz y suficientemente divertida como para perdonarle los defectos (que los tiene).
Aun sin ser imprescindible haber visto las películas anteriores para disfrutar de esta continuación, Dando la nota 3 es como el reencuentro con unas viejas amigas a las que, quizá sin ser plenamente conscientes de ello, echábamos de menos. Y si, además, la fiesta pasa por Cádiz, miel sobre hojuelas.
Dando la nota 3 es alegre, divertida y estimulante, y es el adiós que las Bellas se merecían.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

DOS PADRES POR DESIGUAL, repitiendo la fórmula original

Empezaba el 2016 con el visionado de una comedia que, sin más atractivos aparentes que su reparto (y eso que yo nunca he sido un gran defensor de Will Ferrer) resultó ser una entretenida comedia, eficaz en su planteamiento y suficientemente bien resuelta como para recordarla con agrado.
Casi dos años después de aquella Padres por desigual nos llega su inevitable secuela, estrenada un poco antes por estar ambientada en plenas fiestas navideñas, a la que hay que reconocerle, cuanto menos, que logra estar a la altura de su predecesora.
Dos padres por desigual se sitúa en la línea de las comedias navideñas que parecen escasear últimamente. Por ello no debe extrañarnos que sea una comedia blanca, lo cual es de agradecer de vez en cuando.
La premisa inicial es la misma: el conflicto entre el exmarido y la actual pareja de una mujer que deciden criar a los niños a medias, convirtiéndose así en lo que ellos llaman “copadres”. Pero, como sucediera en la saga de Los padres de ella, la mejor manera de complicar las cosas es añadir a la historia a los abuelos, naturalmente de caracteres contrapuestos.
El gran acierto del film es contar para ello con dos actores de la talla de John Lithgow y Mel Gibson. Ellos son los que hacen brillar una película que, sin ser nada del otro mundo, logra sacar unas cuantas carcajadas y se disfruta sin demasiada dificultad.
Quizá el secreto de la misma es como logra contagiar al espectador el bueno rollo que se intuye en el rodaje. Mel Gibson en concreto se lo debió pasar bomba, y así lo refleja su personajes, un republicano extremo que de burla de todo y de todos en casi cada plano.
Frente a ellos, Will Ferrer y Mark Mahlberg funcionan correctamente como enemigos íntimos orbitando alrededor de Linda Cardellini, con la modelo Alessandra Ambrosio y el luchador John Cena como secundarios de lujo.
Tópicos navideños, amoríos adolescentes, secretos revelados y todo lo que cabría esperar de una secuela como esta, muy edulcorada y previsible pero suficientemente divertida como para merecer ser vista como aperitivo navideño.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 28 de mayo de 2017

EL CASO SLOANE, ganar a cualquier precio

El caso Sloane es una interesantísima historia dirigida por John Madden y cuyo guion es de Jonathan Parera, un chaval que entró a trabajar en un lobby tras terminar su carrera de derecho y que quedó tan asqueado con lo que allí se encontró que decidió dejarlo todo, trasladarse a China enseñar inglés y dedicó su tiempo libre a escribir esta película cuyo libreto enamoró al instante en Hollywood.
Elizabeth Sloane es una brillante abogada entregada por completo a su trabajo hasta el punto que el tener una vida privada, con novios o momentos de desconexión es un lujo que no se puede permitir. Trabaja para un lobby donde le encargan potenciar el uso de armas en mujeres para así aumentar las ventas, pero sorprendentemente recibe una oferta para pasarse al bando contrario y usar todas sus habilidades para tratar de derrocar una futura ley que amplíe el derecho a llevar armas, granjeándose por su carácter y su forma de actuar enemigos en uno y otro bando.
El caso Sloane parece una película confeccionada a medida de su protagonista, una excelente Jessica Chastain que prácticamente copa todas las escenas, pero ello no significa que no haya buenos momentos de lucimiento para su interesante reparto, entre quienes destacan Mark Strong, Gugu Mbatha- Raw, John Lihgow o Jack Lacy entre otros.
La película tiene muy presente el debate sobre la posesión de armas y me mueve en torno a ello constantemente, pero no pretende ser una película aleccionadora ni polemizar al respecto. En el fondo, no se trata más que de un thriller judicial (en una escena se ve a Sloane leyendo una novela de John Grisham, notable declaración de intenciones) y que sus autores sean plenamente conscientes de ello es una gran ventaja.
Sin tintes de moralina barata, la película sí reflexiona sobre la soledad y la total falta de empatía de la protagonista, reflejando en ella un síntoma de nuestra sociedad donde el fin justifica los medios. 
Es este el único apunte sobre el que realmente invita a meditar El caso Sloane: ¿cuales son los límites que se pueden/deben cruzar para conseguir los resultados requeridos?
Con giros inesperados, traiciones y sorpresas varias, El caso Sloane consigue mantener en todo momento el interés del espectador, logrando atraparlo desde el inicio y consiguiendo que, si bien no es posible llegar a empatizar con esa abogada de gélido corazón, sí al menos apreciar (y admirar) su trabajo gracias, sobre todo, a una sobresaliente Chastain.
El caso Sloane es una película emocionante, intensa e inteligente que la convierten en una de las mejores opciones de la cartelera actual.
Todo un descubrimiento.

Valoración: Ocho sobre diez.

lunes, 24 de octubre de 2016

EL CONTABLE: Ben Affleck puede con todos.

El Contable es un interesante thriller de acción ideado a mayor gloria de Ben Affleck, cuya habitual expresividad le sienta a su personaje como un guante, pero al que han rodeado de un buen puñado de grandes actores para completar la función.
Siendo algo simplistas, podíamos definir la película como la respuesta a la pregunta de qué pasaría si Sheldon Cooper hubiese sido educado por un estricto padre de formación militar. Y es que, con un trasfondo presuntamente dramático, El contable cuenta la historia de Christian Wolff, un asesor fiscal con síntomas de autismo y síndrome de asperger que lo convierten en un ser asocial y falto de empatía, a la par que un genio con los números, pero al que la dureza de su pasado le reserva sorprendentes secretos.
Bueno, para hacer honor a la verdad lo cierto es que de sorprendente tienen poco, ya que la gran revelación de aguarda al final del film se intuye en sus primeros compases, pero en realidad no es algo que importe demasiado. Tampoco la trama empresarial que hay de fondo. Lo interesante es la ambición de su director, Gavin O'Connor (del que recientemente pudimos ver Lavenganza de Jane), que busca un trasfondo dramático a una historia de acción que rememora en cierto modo a los justicieros implacables de los años ochenta, con un violento e insensible Ben Affleck que recuerda por momentos al Equalizer al que dio vida Denzel Washington en la película de Antoine Fuqua.
Junto a Affleck aparecen grandes figuras como J.K.Simmons, John Lithgow, Jeffrey Tambor, Jon Bernthal y una sorprendente Anna Kendrick bastante alejada de los papeles más cómicos o musicales habituales en ella.
Es El Contable una película con más ambición que méritos, y su guion no es tan redondo como pretende, pero siempre se agradece un buen film de acción que ofrezca un análisis algo más profundo de su protagonista y dote de  una vida tras la máscara de tío duro al protagonista, aunque es cierto que deja con cierta sensación de que se podría haber sacado algo más con estos elementos. Al final, queda una especie de versión pobre de Jason Bourne, otro héroe de acción moderno con problemas de personalidad, aunque por diferentes motivos.
Como sea, Affleck convence y la dirección de O’Connor es electrizante y elegante, lo cual basta para disfrutar de un buen entretenimiento con buenas dosis de acción.

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 23 de noviembre de 2015

DEUDA DE HONOR (7d10)

Deuda de honor es la nueva película de Tommy Lee Jones como director basándose en la novela The homesman de Glendon Swarthout.
A diferencia de los westerns clásicos de cielos azules y héroes impolutos, Jones nos retrata un oeste americano sucio, despreciable y lleno de tipos oscuros de difícil caladura moral. Sólo la protagonista de la historia, Mary Bee Cuddy (interpretada por una magnífica Hilary Swank), parece una mujer transparente y de fuertes convicciones. Demasiado, quizás, para el mundo que la rodea, que la mantiene aislada de sus vecinos como si de un bicho raro (y feo) se tratase.
La trama arranca cuando Mary se ofrece voluntaria para transportar en un carruaje a tres mujeres del pueblo que han enloquecido por diversos motivos (incómodos y desasosegantes flashbacks que nos anuncian de buen principio la dureza de la dirección de Jones) hasta una lejana ciudad donde puedan hacerse cargo de ellas sin más ayuda que la de George Briggs, un maleante despreciable y poco de fiar (Tommy Lee Jones) al que salva la vida de ser ahorcado por ladrón.
Siguiendo muchas de las convicciones del género (hay grandes desiertos, indios y vaqueros, tiroteos y persecuciones a caballo), Deuda de honor es en realidad un drama existencial, una historia de redención donde la verdadera fuerza reside en la confrontación entre las personalidades de Mary y George cuya moralidad y personalidad definirán el devenir de la película. Pese a los mencionados flashbacks, la historia se sigue de una manera muy lineal, muy convencional, casi hasta rutinaria, lo cual nos deja totalmente desamparados para el duro golpe que pervierte la esencia de los personajes y transforma la historia de forma para la que no estábamos preparados.
Con interesantes secundarios como William Fichtner o John Lithgow y el extraordinario y complicado trabajo del trío de dementes (Miranda Otto, Sonja Richter y Grace Gummer, hija de Meryl Streep que se reserva además una breve aparición), que logran transmitir sus miserias sin caer en el esperpento, Tommy Lee Jones logra concebir una cruel historia sobre la condición humana, usando la suciedad y la decadencia de muchos personajes para dar forma a la amistad, la lealtad y la responsabilidad, convirtiendo así su obra en un mensaje de (amarga) esperanza.

sábado, 8 de noviembre de 2014

INTERSTELLAR (5d10)

Los que sois seguidores habituales del blog ya debéis saber que el señor Christopher Nolan no es precisamente santo de mi devoción. No comparto la opinión de aquellos que lo consideran el gran genio del siglo XXI y lo encuentro pomposo y endiosado, en búsqueda constante de una trascendencia que la mayoría de sus películas no necesitan. Creo que la bomba de humo que se formó alrededor de su trilogía sobre Batman es completamente exagerada 8la última película era, de hecho, muy mala) y lo considero culpable también de estropear todo lo interesante que Zack Snyder podría haber hecho con Superman.
Aparte de eso, os doy mi palabra de honor que entré a ver Interstellar con la mente completamente en blanco y dispuesto a dejarme arrastrar por la propuesta del británico, dejando mis prejuicios junto a la tienda de chuches. Y durante el innecesariamente alargado prólogo la cosa no iba del todo mal, con una historia interesante y bien contada que no tenía nada que ver con viajes por el espacio sino con dramas familiares en el campo (¿Qué les pasa a las madres americanas, que todas se mueren jóvenes?), con un padre viudo a cargo de sus retoños muy al estilo de Señales o la última Transformers.
Y de repente, todo cambia.
Dicen los que saben de esto del cine (y a los que les ha gustado la película) que es mejor no saber nada del argumento y dejarse llevar por las sorpresas que esconde el guion, algo así como lo que sucede también con Perdida, de David Fincher (director con quien se empeñan en comparar siempre a Nolan pero que para mí está años luz por encima), pero lo cierto es que yo creo que da más o menos lo mismo (siempre que no se revele ninguna sorpresa crucial, claro). Y es que es posible que cuanto más se sepa del argumento de antemano más posible sea entender algo de la película.
El resumen rápido sería este: la Tierra se está muriendo y deben enviar a Cooper (un expiloto de la NASA que lleva años dedicado a cultivar el campo) sin preparación previa ni puesta en forma ni mandangas al espacio en busca de un lugar habitable.
El primer problema es que en cuanto se deja atrás la tierra la cosa se precipita tanto que se vuelve confusa, como si las casi tres horas que dura el invento no fuesen suficientes para narrar una buena historia. Nolan es un gran vendedor de humo, y por eso prefiere pasar más tiempo tras una enorme cámara IMAX para hacer bonitos planos de la nada que en la mesa del ordenador escribiendo unas buenas líneas de guion junto a su hermano del alma, y eso afecta negativamente a la película que peca de elíptica y de algunos personajes mal presentados y peor desarrollados (como por ejemplo los dos astronautas que acompañan al prota y a la chica de turno en el viaje).
Nolan, que debía ser un director de fotografía de primera, parece dudar entre contar una historia épica o intimista, y por eso intenta hacer largos y oníricos planos espaciales pero sin mostrar apenas nada, por lo que en las pocas ocasiones en la que se enseña algo (hay algunos paisajes que no voy a describir que son espectaculares) lucen más todavía.  Pero demasiado obsesionado en rendir tributo a Kubrick y su 2001, Odisea en el espacio, Nolan repite los errores principales de Spielberg (otro alumno aventajado de Kubrick) en cargar demasiado las tintas sobre el drama familiar (ya la pasaba en Origen y en su tercer Batman), de manera que el hipotético reencuentro entre un padre y su hija termina siendo más importante que el destino de toda la humanidad.
Mucho se quiere comparar esta película con la mencionada 2001, Odisea en el espacio, y sus defensores más acérrimos insisten hasta el hastío que ya no se hace ciencia ficción de verdad, como si todas las películas del espacio fueran fantasías como Star Trek o Guardianes de la Galaxia, pero yo encuentro en Interstellar muchas influencias de Contact de Zemeckis, con todo ese aire de misticismo, algo de Moon (que ya en sí era un homenaje a 2001) con el tema del robot compañero (por cierto, que diseño más feo y poco práctico el de los robots de Interstellar) y, sobre todo, ahí está el recuerdo de la reciente y excelente Gravity.
No sé si nuestra percepción de Interstellar sería diferente de no haber visto hace apenas un año la magnífica película de Cuarón. O si incluso habría sido Interstellar diferente sin la existencia de dicho film, pero lo cierto es que Nolan pretende insistir más en la parte dramática y pasional que en la fantástica, y en eso, le pese a quien le pese, no supera ni de lejos a Cuarón. Con solo un actor y medio, muchos silencios y la mitad de duración, Cuarón lograba transportarnos al espacio y que nos asfixiásemos con la angustia de Sandra Bullock, hablando, de forma muy sutil, de cosas como la vida, la esperanza y el renacer. Nolan, simplemente, aspira a algo parecido.
Y lo peor de todo es que, pese al espectáculo innegable que se nos ofrece, en ocasiones algo desequilibrado por el montaje paralelo entre la Tierra y el espacio, la historia acaba derivando en una solemne tontería, un giro radical de la trama que pretende sorprender y descolocar y, sí, lo segundo lo consigue, pero para mal. Hasta risas escuché en la sala en uno de los momentos más intensos del clímax final.
Nolan es un gran visionario, pero carece del espíritu de narrador necesario para las complejidades que pretende acometer. Quiere abarcar más de lo que puede, totalmente inconsciente de las limitaciones de su talento, y termina desaprovechando buenas ideas, como era el caso de Decepción Inception (Origen) y, desde luego, es el caso de la que nos ocupa ahora.
Al terminar la proyección escuché a unos chicos de la fila de atrás entablar un animado debate sobre si debían recomendar la película a sus amigos o no. No es una mala película, argumentaban. Pero tampoco es buena.
Muy bonita, muy visual, muy bien interpretada (al final voy a tener que acabar creyéndome que el McConaughey es buen actor) pero también muy larga, muy pesada, muy tediosa y, por momentos, muy aburrida.
Nolan pretende trascender, estar por encima del bien y del mal, ser una mezcla entre mentor y profeta. Y hay por ahí unos cuantos que lo veneran como si del líder de una secta se tratase. Yo no soy de esos.
Y como los chicos de la fila de detrás, yo también pienso que no es una mala peli. Pero tampoco una buena peli. Ahí lo dejo.