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viernes, 28 de julio de 2017

DUNKERQUE. Espantosa tomadora de pelo.

Siempre que me he enfrentado al hecho de escribir una opinión sobre una película he tratado de ser elegante y objetivo, más allá de que luego mis valoraciones puedan gustar más o menos al lector habitual. Sin embargo, en el caso de Dunkerque salí del cine tan ofendido e indignado por semejante tomadura de pelo que se me va a hacer muy cuesta arriba semejante propósito. Así que he decidido dividir este comentario en dos partes, la primera en la que me contendré lo mejor posible y una segunda, ya con spoilers, donde daré rienda suelta a todo lo que la película me provocó.
Aunque nunca he sido un gran admirador del señor Nolan, al que siempre he considerado mejor creador de imágenes que director (de guionista ya ni hablamos), pensaba sinceramente que esta iba a ser la película que me reconciliaría con él. No en vano narrar un episodio crucial de la historia (y más si corresponde, además, a la II guerra Mundial) siempre luce mucho, como demostró Spielberg en la irregular Salvar al soldado Ryan o Gibson en la magnífica Hasta el último hombre. Pero no. Me bastaron quince minutos de película para descubrir que esto no era para mí y ha sido esta una de las pocas veces que he estado a punto de abandonar una sala de cine a la media hora de película.
Nolan no filma, experimenta. No digo eso como algo negativo: el loable que en estos tiempos de convencionalismo alguien trate de innovar en algo, pero el experimentar no es sinónimo de triunfar. Su experimento es, para mí, a todas luces fallido, consiguiendo sin duda su peor película y, posiblemente, una de las peores del año. Y es que para inventos ya teníamos a David Lynch o a Terrence Malick. Zapatero a tus zapatos, como se suele decir…
La película pretende narrar la historia de Dunkerque, la mayor derrota militar de los aliados y que propició la participación de los Estados Unidos en la guerra, alentados por el famoso (y ventajista) discurso de Churchill. Y digo pretende porque no estamos, en realidad, ante la historia de Dunkerque. Esto es más bien una trivialización de la misma, una insultante edulcoración que ni explica lo que sucedió ni se corresponde con la realidad.
Nolan no está interesado en hacer una clase de historia, lo cual es decisión suya, y en dos pinceladas (la idea de los panfletos es buena) nos pone en situación, pero luego se corta a la hora de plasmar en imágenes el escenario real, no dando sensación, en ningún momento, del sufrimiento que debieron sufrir los soldados acorralados como ratones en esta playa rodeada de nazis y a apenas unos quilómetros de su Inglaterra natal (en el caso de la película, poco pintan aquí los franceses, polacos, belgas, etc.). Entiendo la decisión de no querer mostrar al ejército alemán para centrar toda la atención en el protagonismo de los británicos, pero ya jugó a lo mismo Spielberg en la miniserie Hermanos de Sangre y allí sí se sentía la amenaza alemana como algo tangible.
En un ejercicio de arrogancia donde la estrella es siempre el director, no la historia, Nolan juega a dividir la trama en tres líneas temporales diferentes, que muestra en paralelo hasta unirlas al final de la película. Este recurso podría resultar interesante bien ejecutado, pero en sus manos resulta confuso, un simple truco de ilusionismo para mostrarnos, las pocas escenas de interés, repetidas por tres, como si él mismo fuese consciente de que narrada en orden convencional la historia es extremadamente mínima. Y es que no todos los hechos históricos, por importantes que sean para el desarrollo de la humanidad, pueden ser bien llevados a la pantalla. Pero de eso hablaré más adelante.
Finalmente, me queda hablar de los actores, entre los que solo puedo destacar a un magnífico Kenneth Branagh, que con apenas unos minutos transmite en sus miradas más que la película entera, y algo (muy poco) de Cillian Murphy, cuya historia, bien desarrollada, podría haber sido interesante. Del resto nada se puede destacar, sobre todo en el caso de Mark Rylance, un gran actor (aunque su carrera comercial parece haber empezado y acabado con El puente de los espías, más después de esa ridiculez que fue Mi amigo el gigante) y que aquí está horrible, sobre todo en la primera parte de la película.
En fin, una película mala no por un cúmulo de situaciones sino por decisión del propio señor Nolan, que aquí actúa como autor completo y es el único responsable de todo lo bueno o malo que haya en el film. Y para mí es todo, o casi todo, malo.
Dicho esto, permitidme dejar algo de libertad a mi parte más emocional (es en esta parte donde puede haber algún spoiler). Dicen los más críticos con la película (y es que a muchos les ha encantado, considerándola una obra maestra, que no quiero yo ser profeta de nada y reconozco que puede que en este caso esté solo contra el mundo) que es fría y deja indiferente. La historia, desde luego, sí. Es imposible simpatizar con ninguno de los soldados a los que no llegas a conocer para nada. Pero a nivel general, la frialdad no fue conmigo. A mí sí me produjo sensaciones, todas negativas.
Hay una metáfora que ilustra la película. Al principio del todo está el chico protagonista (un cantante de esos de moda que de cine poco sabe) intentando hacer de vientre en varias ocasiones. Así creo que apareció el germen del film. Estaba Nolan tan a gusto en el lujoso retrete de su mansión de California, soltó todo lo que tenía que soltar y pensó: “he aquí mi próxima película”. Porque eso es lo único que se me vino a la cabeza viendo Dunkerque: ¡menuda mierda!
Visualmente es espantosa. Las escenas de combate aéreo no lucen nada, son precipitadas y hasta incomodas de ver. Y el chiste ese de que lo que hace es buscar un realismo total, sumergiendo al espectador en el contexto, se van al garete al ver ese Dunkerque con edificaciones de los años setenta, ventanas de cristales impolutos y antenas de televisión. Por su parte, el señor Tom Hardy debe ser el actor más caradura de todos los tiempos. Ya en ese despropósito que sirvió para cerrar la trilogía del murciélago de Nolan hizo un personaje al que nunca se le veía la cara, como en media película de Mad Max, pero al menos ahí tenía acción corporal. Recibió alabanzas por pasarse una hora y media hablando por el móvil desde su coche en Locke y dicen hace un cameo perfecto en Star Wars: Los últimos Jedi, oculto bajo la armadura de Stormtrooper. Aquí, sin embargo, riza el rizo. Oculto bajo el casco y las gafas de aviador (solo se le ve la cara en la bochornosa escena final, cuando planeando con un avión sin gasolina derriba a un enemigo alemán, cual Cid Campeador cabalgando después de muerto) se limita a sacudir la cabeza a un lado y otro de su cabina, como los muñecotes esos que uno pone en el salpicadero del coche para echarse unas risas.
Decía antes que no todas las historias pueden ser bien adaptadas. Esta, visto lo visto, no lo es. La cosa va de unos navegantes civiles que atravesaron el canal de la Mancha para efectuar la evacuación de los militares atrapados. Así que lo que vemos en la película es a los navegantes civiles cruzando el canal de la Mancha y evacuando a unos militares atrapados. Punto. Eso lo cuento yo en diez minutos, ya que no hay en ningún momento sensación de verdadero peligro. Tal y como está narrado, parece como si el único obstáculo fuesen cuatro aviones alemanes mal contados y un submarino fantasma que no está claro que existiese realmente.
Y decorando el pastel, como para rellenar trama, la historia del George este, al que pintan de héroe pero que en realidad es el tonto del pueblo que solo quiere salir de excursión con sus amigos (o los únicos que lo soportan, parece ser) y que demuestra que normalmente los héroes se sustentan en mentiras.
Para enmarcarlo todo, el ruido la música de Hanz Zimmer, absolutamente horrible, pero al menos efectiva, de lo poco que transmite algo de emoción en la película (porque si la escena más emocionante debe ser esa situación absurda dentro de un barco varado, apaga y vámonos).
Quizá el mayor chiste de todos sea escuchar a Christopher Nolan, después de criticar a Netflix, defender que el cine debe verse en espacios que permitan disfrutarlo tal y como fue concebido. Dunkerque ha sido rodada en una combinación de cinta 15/70mm IMAX y Super Panavision 65 mm, lo que significa que no se puede apreciar en la calidad adecuada en el 99% de los cines de todo el mundo. Así que quizá deberíamos hacerle caso y no ir a ver su película a ningún cine que no sea una sala IMAX o un Phenomena. Y de paso, gritarle: ¡Qué tonto eres, Christopher Nolan!
En resumen, que más allá de mis filias y fobias por este sobrevalorado y prepotente director, la película es una sarta de falsificaciones sobre lo que ocurrió, narrada sin fuerza (os dejo a continuación un clip con un magnífico plano secuencia de Expiación: Más allá de la pasión, de Joe Wright que nos recordaban los amigos de Espinof, donde se puede adivinar como fue realmente estar en Dunkerque, ya que Nolan ha obviado las muertes, el dolor y el sufrimiento. Mala historia, malas interpretaciones, horrible dirección y, sobre todo, muy, muy, muy aburrida.
Aunque, como casi siempre, seguramente seré yo quien esté equivocado…

Valoración: Tres sobre diez.

sábado, 8 de noviembre de 2014

INTERSTELLAR (5d10)

Los que sois seguidores habituales del blog ya debéis saber que el señor Christopher Nolan no es precisamente santo de mi devoción. No comparto la opinión de aquellos que lo consideran el gran genio del siglo XXI y lo encuentro pomposo y endiosado, en búsqueda constante de una trascendencia que la mayoría de sus películas no necesitan. Creo que la bomba de humo que se formó alrededor de su trilogía sobre Batman es completamente exagerada 8la última película era, de hecho, muy mala) y lo considero culpable también de estropear todo lo interesante que Zack Snyder podría haber hecho con Superman.
Aparte de eso, os doy mi palabra de honor que entré a ver Interstellar con la mente completamente en blanco y dispuesto a dejarme arrastrar por la propuesta del británico, dejando mis prejuicios junto a la tienda de chuches. Y durante el innecesariamente alargado prólogo la cosa no iba del todo mal, con una historia interesante y bien contada que no tenía nada que ver con viajes por el espacio sino con dramas familiares en el campo (¿Qué les pasa a las madres americanas, que todas se mueren jóvenes?), con un padre viudo a cargo de sus retoños muy al estilo de Señales o la última Transformers.
Y de repente, todo cambia.
Dicen los que saben de esto del cine (y a los que les ha gustado la película) que es mejor no saber nada del argumento y dejarse llevar por las sorpresas que esconde el guion, algo así como lo que sucede también con Perdida, de David Fincher (director con quien se empeñan en comparar siempre a Nolan pero que para mí está años luz por encima), pero lo cierto es que yo creo que da más o menos lo mismo (siempre que no se revele ninguna sorpresa crucial, claro). Y es que es posible que cuanto más se sepa del argumento de antemano más posible sea entender algo de la película.
El resumen rápido sería este: la Tierra se está muriendo y deben enviar a Cooper (un expiloto de la NASA que lleva años dedicado a cultivar el campo) sin preparación previa ni puesta en forma ni mandangas al espacio en busca de un lugar habitable.
El primer problema es que en cuanto se deja atrás la tierra la cosa se precipita tanto que se vuelve confusa, como si las casi tres horas que dura el invento no fuesen suficientes para narrar una buena historia. Nolan es un gran vendedor de humo, y por eso prefiere pasar más tiempo tras una enorme cámara IMAX para hacer bonitos planos de la nada que en la mesa del ordenador escribiendo unas buenas líneas de guion junto a su hermano del alma, y eso afecta negativamente a la película que peca de elíptica y de algunos personajes mal presentados y peor desarrollados (como por ejemplo los dos astronautas que acompañan al prota y a la chica de turno en el viaje).
Nolan, que debía ser un director de fotografía de primera, parece dudar entre contar una historia épica o intimista, y por eso intenta hacer largos y oníricos planos espaciales pero sin mostrar apenas nada, por lo que en las pocas ocasiones en la que se enseña algo (hay algunos paisajes que no voy a describir que son espectaculares) lucen más todavía.  Pero demasiado obsesionado en rendir tributo a Kubrick y su 2001, Odisea en el espacio, Nolan repite los errores principales de Spielberg (otro alumno aventajado de Kubrick) en cargar demasiado las tintas sobre el drama familiar (ya la pasaba en Origen y en su tercer Batman), de manera que el hipotético reencuentro entre un padre y su hija termina siendo más importante que el destino de toda la humanidad.
Mucho se quiere comparar esta película con la mencionada 2001, Odisea en el espacio, y sus defensores más acérrimos insisten hasta el hastío que ya no se hace ciencia ficción de verdad, como si todas las películas del espacio fueran fantasías como Star Trek o Guardianes de la Galaxia, pero yo encuentro en Interstellar muchas influencias de Contact de Zemeckis, con todo ese aire de misticismo, algo de Moon (que ya en sí era un homenaje a 2001) con el tema del robot compañero (por cierto, que diseño más feo y poco práctico el de los robots de Interstellar) y, sobre todo, ahí está el recuerdo de la reciente y excelente Gravity.
No sé si nuestra percepción de Interstellar sería diferente de no haber visto hace apenas un año la magnífica película de Cuarón. O si incluso habría sido Interstellar diferente sin la existencia de dicho film, pero lo cierto es que Nolan pretende insistir más en la parte dramática y pasional que en la fantástica, y en eso, le pese a quien le pese, no supera ni de lejos a Cuarón. Con solo un actor y medio, muchos silencios y la mitad de duración, Cuarón lograba transportarnos al espacio y que nos asfixiásemos con la angustia de Sandra Bullock, hablando, de forma muy sutil, de cosas como la vida, la esperanza y el renacer. Nolan, simplemente, aspira a algo parecido.
Y lo peor de todo es que, pese al espectáculo innegable que se nos ofrece, en ocasiones algo desequilibrado por el montaje paralelo entre la Tierra y el espacio, la historia acaba derivando en una solemne tontería, un giro radical de la trama que pretende sorprender y descolocar y, sí, lo segundo lo consigue, pero para mal. Hasta risas escuché en la sala en uno de los momentos más intensos del clímax final.
Nolan es un gran visionario, pero carece del espíritu de narrador necesario para las complejidades que pretende acometer. Quiere abarcar más de lo que puede, totalmente inconsciente de las limitaciones de su talento, y termina desaprovechando buenas ideas, como era el caso de Decepción Inception (Origen) y, desde luego, es el caso de la que nos ocupa ahora.
Al terminar la proyección escuché a unos chicos de la fila de atrás entablar un animado debate sobre si debían recomendar la película a sus amigos o no. No es una mala película, argumentaban. Pero tampoco es buena.
Muy bonita, muy visual, muy bien interpretada (al final voy a tener que acabar creyéndome que el McConaughey es buen actor) pero también muy larga, muy pesada, muy tediosa y, por momentos, muy aburrida.
Nolan pretende trascender, estar por encima del bien y del mal, ser una mezcla entre mentor y profeta. Y hay por ahí unos cuantos que lo veneran como si del líder de una secta se tratase. Yo no soy de esos.
Y como los chicos de la fila de detrás, yo también pienso que no es una mala peli. Pero tampoco una buena peli. Ahí lo dejo.

martes, 25 de junio de 2013

EL HOMBRE DE ACERO (5d10)

Extraña la nueva versión del héroe de DC así como extraña ha sido mi percepción de la misma. Mientras veía la película estaba disfrutando, considerando puntuarla con un mínimo de 8. Superado el ecuador de la obra la cosa decae sobremanera, de manera que he salido de la sala del cine con un 6 en la cabeza, y en el tiempo que he tardado en empezar a escribir estas líneas (apenas un par de horas) la he dejado reposar lo suficiente para quedarme con un aprobado rascado. Y gracias.
Ante sentimientos tan encontrados he decidido escribir una crítica un poco diferente a lo habitual, enumerando al principio lo que me ha gustado y a continuación lo que no, de manera que cada uno de vosotros valoréis lo que consideréis que tenga más peso.
La historia, por más que nos la sepamos de memoria, está narrada de forma bastante interesante, fusionando el argumento de las dos primeras películas clásicas (¡que larga es la sombra de Richard Donner!). Había cierta duda sobre si iba a pesar más la dirección de Zack Snyder o la producción de Christopher Nolan (ese tipo que debe odiar tanto a los superhéroes que le alimentan que se empeña en que sus nombres no aparezcan ni en el tíitulo), y por fortuna ha sido el director quien se ha llevado el gato al agua, con una dirección sobria y elegante (me sobra el uso de algún zoom), no tan excesiva como nos podíamos temer y con algunas secuencias realmente impactantes (esas peleas en vuelo, casi en primera persona). También encuentro interesante la manera de alternar dos líneas temporales, tal y como ya hiciera en la brillante Watchmen, y la recreación de Kripton es muy buena, desmarcándose de lo que habíamos visto hasta ahora e insinuando una mitología propia que sabe a poco. Otro aspecto destacado es el interpretativo. Henry Cavill (conocido por su participación en Los Tudor y por ser el hijo de Bruce Willis en esa flojita peli de intriga rodada en España llamada  En la fría luz del día) está a la altura de Christopher Reeve y a años luz del soso de Brandon Routh, haciendo un Superman creíble, con toques de humanidad y gran poder de seducción, mientras que Amy Adams consigue con esa mezcla de determinación y ternura confeccionar a la mejor Lois Lane posible (por encima de la histriónica Margot Kidder y... ¿alguien se acuerda quien hacía el papel en Superman returns?). Parecía imposible evitar comparaciones odiosas con Marlon Brandon y Glenn Ford, pero Russell Crowe y Kevin Coster aprueban con nota, mientras que Michael Shannon (al que hemos visto en Broadward Empire y poco más) cumple como villano, pese al horrible doblaje español. Así que: perfecto, el personaje se presenta con buen ritmo (el uso de los flashback nos permiten ver al héroe vestido con su característico traje apenas a la media hora de película) y la parte dedicada a su juventud es emotiva sin empalagar, así como interesante la manera de darse a conocer al mundo (me gusta especialmente que Lois descubra enseguida su identidad, nunca entendí que la ganadora de un Pulizzer pudiera ser tan torpe como periodista).
Si hasta ahora me gustaba todo... ¿Qué pasa para que me venga abajo? Para empezar, el villano. Por más que se esfuerce el actor y por mucho que a priori aplaudiésemos la ausencia de Lex Luthor en esta primera película,  lo cierto es que la amenaza que supone el general Zod es terriblemente plana. Una vez enfrentado a Superman desaparecen las subtramas y todo se reduce a más de una hora de una batalla interminable, explosiones a tutiplén y edificios derrumbándose. No creo que exagere nada si afirmo que a partir del ecuador de la película el guion brilla por su ausencia,  ignorando esa máxima del cine de calidad que afirma que, en ocasiones, más es menos. Todo ahora se reduce a un exceso de violencia y destrucción que termina por aburrir soberanamente, haciéndose eterno y recodando poderosamente además (aunque en malo) a la batalla final de Los Vengadores. Además,  tiene el film un tufillo a trascendencia épica (aquí si que se adivina la mano de Nolan) que lastra al personaje, que por momentos parece contagiarse del aurea de divinidad que ya insinuó Bryan Singer en la fallida Superman Returns, y desechando totalmente el sentido del humor que Josh Wedon tan sabiamente usó para aderezar a Los Vengadores. Sí,  este es un mundo más real, parecen decir Nolan y Snyder, pero la conclusión se me antoja muy Happy End cuando media ciudad es destruida y ni por asomo se ve o menciona a una sola víctima civil. En serio, quée terriblemente decepcionante y soporífera segunda hora de película (y dicen que el montaje inicial superaba las tres horas).
Quiero concluir esta crítica analizando dos escenas concretas que me parecen determinantes en la definición del personaje, pero que podrían tratarse de SPOILERS (bueno, una seguro que lo es) así que estáis avisados por si no queréis continuar leyendo.
No soy un especialista en la mitología de Superman, he leído mucho más Marvel (especialmente Spiderman, como veréis a continuación), pero me consta que Johnatan Kent muere por un infarto, y aunque siempre se esforzó por dar una buena educación a su hijo no lo recuerdo en el comic original como una guía espiritual tan marcada en la vida de Clark Kent como en esta película (algo así sucedía también en Smallville), donde aquí además el personaje interpretado por Kevin Costner muere a consecuencia de la no intervención de Clark en un momento dado.¿ Es cosa mía o sobrevuela por ahí el recuerdo del tío Ben? Solo falta que en algún momento el bueno de Johnatan le suelte a su hijo adoptivo eso de que "todo gran poder..." ¿Ya sabéis cómo sigue, no?
Lo segundo que quería comentar, e insisto con lo del spoiler, concierne a la escena final, al momento culminante en que Superman, para salvar la vida de tres civiles mata al general Zod. Vamos a ver, quizá esto os parezca de alguien muy cuadriculado, pero esto es así: Superman no mata. Punto. Es casi una definición del personaje. Batman es el oscuro y violento. Superman, no. Y verse en esa tesitura en la que se supone es su primera película y su primera acción como superhéroe debería marcarlo de por vida. Algo parecido pasa en Marvel. Lobezno no tiene reparos a la hora de desgarrar a alguien, pero en sus más de cincuenta años de historia Spiderman nunca ha provocado voluntariamente ninguna muerte, conocedor de que una vez que se cruce la línea ya no habrá marcha atrás. Superman la ha cruzado (da igual que hubiesen inocentes en peligro, Spiderman habría encontrado otra manera de solucionarlo o habría muerto en intento; y el verdadero Superman, tanto el del comic o como el de Donner, también), y eso hace que deje de ser nuestro héroe tal y como lo conocemos.
Otro héroe deformado, oscuro y amargado. Sigue así,  Nolan. En  Marvel te lo agradecerán.

Resumiendo, brillante arranque con una buena historia y unas grandes interpretaciones que deriva en una copia mala, burda y aburrida de la épica batalla de Nueva York de Los Vengadores. No es tan mala como el final de la estúpida y sobrevalorada trilogía del murciélago llorica,  pero sí muy decepcionante.