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lunes, 23 de noviembre de 2015

DEUDA DE HONOR (7d10)

Deuda de honor es la nueva película de Tommy Lee Jones como director basándose en la novela The homesman de Glendon Swarthout.
A diferencia de los westerns clásicos de cielos azules y héroes impolutos, Jones nos retrata un oeste americano sucio, despreciable y lleno de tipos oscuros de difícil caladura moral. Sólo la protagonista de la historia, Mary Bee Cuddy (interpretada por una magnífica Hilary Swank), parece una mujer transparente y de fuertes convicciones. Demasiado, quizás, para el mundo que la rodea, que la mantiene aislada de sus vecinos como si de un bicho raro (y feo) se tratase.
La trama arranca cuando Mary se ofrece voluntaria para transportar en un carruaje a tres mujeres del pueblo que han enloquecido por diversos motivos (incómodos y desasosegantes flashbacks que nos anuncian de buen principio la dureza de la dirección de Jones) hasta una lejana ciudad donde puedan hacerse cargo de ellas sin más ayuda que la de George Briggs, un maleante despreciable y poco de fiar (Tommy Lee Jones) al que salva la vida de ser ahorcado por ladrón.
Siguiendo muchas de las convicciones del género (hay grandes desiertos, indios y vaqueros, tiroteos y persecuciones a caballo), Deuda de honor es en realidad un drama existencial, una historia de redención donde la verdadera fuerza reside en la confrontación entre las personalidades de Mary y George cuya moralidad y personalidad definirán el devenir de la película. Pese a los mencionados flashbacks, la historia se sigue de una manera muy lineal, muy convencional, casi hasta rutinaria, lo cual nos deja totalmente desamparados para el duro golpe que pervierte la esencia de los personajes y transforma la historia de forma para la que no estábamos preparados.
Con interesantes secundarios como William Fichtner o John Lithgow y el extraordinario y complicado trabajo del trío de dementes (Miranda Otto, Sonja Richter y Grace Gummer, hija de Meryl Streep que se reserva además una breve aparición), que logran transmitir sus miserias sin caer en el esperpento, Tommy Lee Jones logra concebir una cruel historia sobre la condición humana, usando la suciedad y la decadencia de muchos personajes para dar forma a la amistad, la lealtad y la responsabilidad, convirtiendo así su obra en un mensaje de (amarga) esperanza.

domingo, 13 de septiembre de 2015

APRENDIENDO A CONDUCIR (6d10)

Tras cuatro entradas consecutivas dedicadas a películas españolas podría esperarse cambiar algo de tercio, pero tampoco va a ser exactamente así, ya que aunque Aprendiendo a conducir sea un film completamente anglosajón está dirigido por nuestra Isabel Coixet, así que algo sigue quedando en casa.
No soy un gran conocedor del cine de Coixet, el cual parece haberse desinflado en sus últimos trabajos, y quizá este Aprendiendo a conducir no sea el mejor ejemplo para fijarse en ella. Y no porque sea una mala película o porque no funcione su historia, sino porque están convencional, tan alejada de alguno de las señales de identidad de la realizadora de Sant Adrià del Besos, que difícilmente podría definirse bajo el estigma de “una película de Coixet”.
No es malo, sin embargo, que de vez en cuando un director de fuerte personalidad renuncie a sus rasgos distintivos al aceptar una peli de encargo (Coixet no ha participado en nada del guion) para realizar un buen trabajo, funcional y carente de riesgo, que le permita coger fuerzas para futuros proyectos en los que su involucración sea más definitoria, para bien o para mal.
Y es que si no fuese por la fuerza que tiene el nombre de Coixet tras las cámaras, posiblemente esta sería recordada simplemente como “la nueva peli de Ben Kingsley”.
Treinta y tres años después de Ghandi, el brillante actor británico vuelve a interpretar a un indio (posiblemente sea el intérprete que más nacionalidades diferentes ha representado en cine), en el papel de un refugiado político afincado en Nueva York que pese a ser un hombre de estudios debe subsistir dando clases prácticas en una autoescuela.
Por otro lado, Patricia Clarkson (conformando el reencuentro de los dos actores y la directora tras Elegy), interpreta a una crítica literaria que se encuentra completamente desorientada en la vida tras el repentino abandono de su marido.
Darwan y Wendy, los protagonistas, son dos personajes atrapados por su pasado y enfrentados a sus propios miedos cuyo encuentro provocará una relación de aprendizaje mutuo. Así, las clases de conducción que toma Wendy se convierten en realidad en una excusa para que dos personas aprendan el uno del otro, siendo el título del film un equivalente metafórico de lo que podría haber sido “Aprendiendo a vivir”.
Posiblemente la historia sea algo rutinaria y, en algunos momentos, incluso tediosa, pero ello no es suficiente para lastrar una historia simpática y que funciona correctamente, sin que sus deliberadas gotas de sabiduría lleguen a resultar cargantes ni rezuma una pretenciosidad trascendental excesiva. Aprendiendo a conducir funciona como sencillo manual de autoayuda en el que la soledad (entendida esta como el aislamiento de los que nos rodean, ya sea por razones sentimentales, culturales o sociales) es la madre de todos los males y donde la improbable amistad de los dos protagonistas revelará el camino a seguir.
Completan un eficiente reparto Grace Grummer (una de las hijas de Meryl Streep), Jake Weber (recordado sobre todo por su papel de marido de Patricia Arquette en Medium) y Sarita Choudhury (vista recientemente en Hommeland), siendo la propia ciudad de Nueva York un elemento determinante más.