Mostrando entradas con la etiqueta sean anders. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sean anders. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de enero de 2019

FAMILIA AL INSTANTE

Dentro del género de la comedia existe una ramificación que a mi me gusta llamar “comedia de llorar”, es decir, esas historias cargadas de chistes y gracietas pero que al final rocían al espectador con una empalagosa dosis de sentimentalidad que buscan conmover más que divertir abusando, generalmente, de un buenrollismo disfrazado de falsa realidad.
Familia al instante se inspira en historias reales para adentrarse en el mundo de las familias de acogida siguiendo las peripecias de un matrimonio que, dudosos sobre si deberían tener hijos propios debido a su edad, deciden acoger a un niño, terminando con un lote conformado por tres hermanos, para descubrir que el mundo de la paternidad no es el camino de rosas que ellos imaginaban.
Más allá de ser esta una comedia sobre la paternidad, hay un momento en que deriva hacia el debate entre el conflicto entre padres (solamente madre en este caso) biológicos y padres “postizos”, algo que podría recordar, por ejemplo, a la película española Marsella, aunque mientras aquella era un drama centrado en los diferentes puntos de vista entre las dos madres, invitando a la reflexión y el debate sobre quien debe tener la custodia de un hijo, aquí el tema es una simple excusa para apretar un poco el corazoncito de los espectadores y desembocar en un final que se adivina desde el primer minuto y que redunda en la condición de comedia ligera y muy blanca que es de lo que en realidad se trata.
Teniendo claro, pues, que no estamos ante una película de gran profundidad (a habidas cuentas el director es Sean Anders, responsable de títulos como Como acabar sin tu jefe 2 y Padres por desigual y su secuela), podemos conformarnos con una comedia simpática, bienintencionada y que funciona gracias a la potenciación de la vis cómica de Mark Wahlberg (la aportación del personaje de Rose Byrne me parece lo más flojo del film) y la simpatía que puedan llegar a despertar en el espectador los tres hermanos acogidos.
Es previsible, irreal y empalagosa, pero efectiva y cumplidora con sus aspiraciones, fiel a una fórmula casi matemática de hacer cine y que con ver el tráiler ya casi es suficiente para desgranar todo lo que hay en su fondo.


Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

DOS PADRES POR DESIGUAL, repitiendo la fórmula original

Empezaba el 2016 con el visionado de una comedia que, sin más atractivos aparentes que su reparto (y eso que yo nunca he sido un gran defensor de Will Ferrer) resultó ser una entretenida comedia, eficaz en su planteamiento y suficientemente bien resuelta como para recordarla con agrado.
Casi dos años después de aquella Padres por desigual nos llega su inevitable secuela, estrenada un poco antes por estar ambientada en plenas fiestas navideñas, a la que hay que reconocerle, cuanto menos, que logra estar a la altura de su predecesora.
Dos padres por desigual se sitúa en la línea de las comedias navideñas que parecen escasear últimamente. Por ello no debe extrañarnos que sea una comedia blanca, lo cual es de agradecer de vez en cuando.
La premisa inicial es la misma: el conflicto entre el exmarido y la actual pareja de una mujer que deciden criar a los niños a medias, convirtiéndose así en lo que ellos llaman “copadres”. Pero, como sucediera en la saga de Los padres de ella, la mejor manera de complicar las cosas es añadir a la historia a los abuelos, naturalmente de caracteres contrapuestos.
El gran acierto del film es contar para ello con dos actores de la talla de John Lithgow y Mel Gibson. Ellos son los que hacen brillar una película que, sin ser nada del otro mundo, logra sacar unas cuantas carcajadas y se disfruta sin demasiada dificultad.
Quizá el secreto de la misma es como logra contagiar al espectador el bueno rollo que se intuye en el rodaje. Mel Gibson en concreto se lo debió pasar bomba, y así lo refleja su personajes, un republicano extremo que de burla de todo y de todos en casi cada plano.
Frente a ellos, Will Ferrer y Mark Mahlberg funcionan correctamente como enemigos íntimos orbitando alrededor de Linda Cardellini, con la modelo Alessandra Ambrosio y el luchador John Cena como secundarios de lujo.
Tópicos navideños, amoríos adolescentes, secretos revelados y todo lo que cabría esperar de una secuela como esta, muy edulcorada y previsible pero suficientemente divertida como para merecer ser vista como aperitivo navideño.

Valoración: Seis sobre diez.

sábado, 3 de enero de 2015

COMO ACABAR SIN TU JEFE 2 (6d10)

Hace ya cuatro años Seth Gordon, directos básicamente dedicado a las comedias de televisión, consiguió un razonable taquillazo con la gamberra comedia Como acabar con tu jefe, en la que tres empleados machacados continuamente por sus respectivos jefes tramaban un descabellado plan para liquidarlos.
Pese a lo divertida que pudiera ser, la clave del éxito habría que buscarla, sobre todo, en su atractivo reparto y claro, en Hollywood el refrán popular que reza: cuando una cosa funciona, ¿para qué cambiarla? suele llevarse a rajatabla. Así, con el director como único cambio de cromos, se estrena la secuela de aquel simpático éxito que repite casting y esquema con eficacia.
De esta manera, nos volvemos a encontrar con Jason Bateman, Jason Sudeikis y Charlie Day repitiendo como el patoso trío de amigos que se ven abocados a la vía delictiva para solucionar sus problemas laborales. Y eso que esta vez parecían haber dado con la solución perfecta: ser sus propios jefes. Pero la cosa, por descontado, no podía salir bien, y cuando son estafados y quedan en la ruina sólo se les ocurre secuestrar al hijo del empresario que los ha hundido en la miseria para resarcirse. Las cosas, claro está, no saldrán según lo previsto y los disparates se van a suceder uno detrás de otro.
Pese a la premisa argumental que parte del pretexto completamente antagónico de la primera entrega (de ahí que en el título en español se sustituya la palabra “con” por “sin”), la fórmula se copia de forma tan milimétrica que repiten los mismos secundarios: Jennifer Alliston, Kevin Spacey y Jamie Foxx, sustituyendo a los difuntos (en la ficción) Donald Sutherland y Colin Farrell por Christoph Waltz y Chris Pine, que para que nadie note mucha diferencia también interpretan a un padre y un hijo.
La silla de dirección, en esta ocasión, la ocupa  Sean Anders, prolífico guionista de comedias en los últimos años pero de escasa repercusión hasta ahora como director. Da lo mismo. Igual podían haber dejado el puesto vacante. La película es de esas que se filman con el piloto automático puesto, en el que los actores se han hecho ya a los personajes y los desarrollan con una sana sensación de colegueo, contando con la simpatía de un público que tiene que ser fan de la primera película para que esta les funcione y dejando la necesidad de arriesgar para otra ocasión.
Si uno es poco exigente y acepta la premisa la película funciona bien, siendo en algunos momentos incluso más divertida que la primera. Y de eso se trata, de pasárselo bien sin buscar segundas lecturas, moralejas complejas ni diálogos excesivamente brillantes. Es, ni más ni menos, un culto a la estupidez. Y como tal, provoca las suficientes risas como para merecer su aprobado.
No es una genialidad. Ni lo pretende ni la mayoría de sus participantes aspiraría nunca a nada semejante, pero consigue una complicidad que hace que nos sintamos como uno más del grupo, dejándonos incluso con ganas de ver qué tontería se les ocurre para la tercera entrega.
A veces es sano ir al cine a reírse un rato sin más. Y esa es una de esas veces.