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domingo, 14 de abril de 2019

¡SHAZAM!

El Universo DC está muerto y enterrado. Esto no es una opinión personal mía (marvelita declarado), sino de sus propios responsables, que tras el fiasco de Liga de la Justicia han optado por dejar que cada película vaya a su aire y tenga una personalidad y estilo propio. Esto no es necesariamente malo, pero implica que vayamos a dejar de ver a los grandes nombres del mundo del comic como Batman y Superman haciendo equipo (algo que siempre debería molar) para acabar saturados de los meros comparsas, como Aquaman, Wonder Woman, Harley Quinn, Joker (cualquiera de ellos) o este “Capitán Marvel”, que fue el nombre inicial que tuvo en los comics Shazam.
Lo bueno es que, con esta desestructuración, Shazam se puede permitir volar a sus anchas y ser libres de las ataduras que impuso en su momento Christopher Nolan con su trilogía del murciélago, en el recuerdo como algunas de las mejores películas de la casa (aunque para mí muy sobrevaloradas) pero que a la postre terminó por condenar el DCEU antes incluso de su nacimiento. Tras los pasos en el buen camino que dio Wonder Woman y, sobre todo, con la aceptación definitiva a la mal llamada fórmula Marvel que supuso AquamanShazam puede presumir de ser la primera película decididamente cómica de DC, quizá algo menos gamberra de lo que cabría esperar viendo alguno de los avances (y es que la campaña publicitaria recordaba bastante a la de Deadpool), pero con un aroma al cine de los ochenta con John Hugles como máximo referente que resulta muy entrañable.
No en vano ha sido definida como un cruce entre Big (escena homenaje incluida) y Superman, aunque le veo muchas aproximaciones a aquella serie mítica (y que tuvieron que cancelar por culpa, precisamente, de un litigio con DC que la acusaba de ser un trasunto del Hombre de Acero) que era El gran héroe americano, donde también había un tipo con superpoderes que no tenía ni idea de cómo utilizarlos.
La apuesta por la comedia sin complejos es un buen argumento a favor de Shazam, que se toma su tiempo en presentar el héroe a cambio de algo insólito en estas películas como es centrarse en una más que correcta creación de personajes. Es, posiblemente, la aparición del villano lo que más lastra el film, que pese a tener escenas de acción muy logradas (algo que no cabría esperar, a priori, de un director cuya máxima referencia en su currículo era Annabelle: Creation), no despiertan el mismo interés que la familia de acogida que rodea al protagonista, ese disfuncional grupo de falsos hermanos que se acerca más al cine de Spielberg más familiar y blanco que a un grupo de superhéroes como tal. Es esta una dualidad que no termina de funcionar, y que amenaza con estropear el tono final de la película, donde es inevitable la gran batalla final de caos y destrucción propia de DC, pero lo cierto es que la sangre nunca llega al río, y mientras en Wonder Woman un final horrible arruinaba una prometedora película, aquí el conjunto está bastante mejor medido (algún chiste durante la batalla final es hilarante), haciendo que pese al poco interés que genera la trama del villano (y en especial la extraña representación de los siete pecados capitales, quizá lo peor del film) la película se pueda disfrutar con agrado y sin llegar a caer nunca en el aburrimiento.
Es exagerado hablar de la mejor película del Universo DC (a no ser que quien lo diga odie directamente al Universo DC), pero sí es una comedia amable, muy blanca y familiar, que cojea un poco en su apartado interpretativo, pero atrapa con sus bondades y ternura. Otra cosa es que el personaje, cuya principal gracia es la de ser un niño en el cuerpo de un adulto, de para mucho más, y si bien he disfrutado con este Shazam no es que esté loco de ganas por ver la secuela, la cual, por cierto, ya está anunciada.

Valoración: Siete sobre diez.

sábado, 9 de septiembre de 2017

IT, adaptación casi perfecta del King más genuino.

Todavía no estando repuestos los aficionados a Stephen King a la gran decepción que supuso la mediocre La Torre Oscura, casi daba miedo (literalmente) enfrentarse a la nueva adaptación de la que probablemente sea su novela más popular: It, por más que las primeras impresiones que llegaban desde los Estados Unidos auguraban algo bueno. Y eso que el único precedente es aquella miniserie televisiva de calidad justita pero convertida en obra de culto gracias sobre todo a la caracterización de Tim Curry como Pennywise.

Sin embargo, una vez vista, cabe decir que el It de Andy Muschietti ha superado todas las expectativas. Ya en Mamá el argentino demostró que no solo domina el género del terror, sino que es capaz de dar un empaque suficiente a sus personajes para que estos sean suficientemente interesantes por sí mismos.
Eso precisamente ocurre en It, donde los protagonistas (tanto principales como secundarios) son mucho más que víctimas potenciales para el monstruo de turno. De hecho, Muschietti destina gran parte de las dos horas y cuarto de metraje a permitirnos conocer bien a los personajes, a poder encariñarnos con ellos antes de acompañarlos por ese viaje alrededor de sus miedos más profundos de los que se alimenta ese ser denominado simplemente como It (Eso) y que adquiere la forma física de un payaso.
Más allá de las licencias literarias que se haya podido tomar respecto a la novela (y la más destacable es limitar la historia a una sola línea temporal en lugar de las dos del libro, dejando así las puertas abiertas a una más que probable secuela), lo cierto es que It consigue captar a la perfección el espíritu de King. Con una pandilla de chavales que bien podría estar agermanada a la del clásico Cuenta conmigo (otra de las mejores adaptaciones que ha tenido el escritor de Maine) o a la reciente (y referencial) Stranger things, el gran mérito de la película está en que nos preocupen tanto las relaciones entre los protagonistas, sus huidas de los abusones del instituto, sus coqueteos con el romance o el peso de una rigidez paternal en algún caso enfermiza tanto como de la propia amenaza sobrenatural.
Esto nos lleva a preguntarnos si It es realmente una película de terror. Resulta difícil asegurarlo. Contiene unos cuantos sustos bien orquestados, desde luego, y es muy malrollera, de esas que te puedes llevar las imágenes de Pennywise a la cama contigo, pero a la vez resulta muy emocionante, costumbrista e incluso divertida, con momentos de humor negro muy acertados. Gran mérito de ello es la correcta definición de los chavales protagonistas, que si bien recrean los tópicos de las pandillas dela época (el gordito, el bocazas, el quejica…), tópicos, por otra parte, que bien podrían estar influenciados por las novelas del propio King, y del buen trabajo de sus jóvenes protagonistas, unos desconocidos con una gran carrera por delante. Y es que el propio King ha sido considerado siempre como el maestro del terror cuando en la mayoría de sus historias, por escalofriantes que sean, hay mucho más de lo que se pueda ver a simple vista, mucho más que simples sustos y sangre a borbotones. Por ello, It es una historia que se cuece a fuego lento y, quitando algún truquito de libro, está en las antípodas del terror machacón de James Wan o, por mencionar otra película en cartelera, de la excelente Verónica, de Paco Plaza.
Seguimos con la moda de los maravillosos ochenta, con sus chavales en bici, sus problemas de instituto, sus cines con marquesinas y sus posters de música pop. Otro baño de pura nostalgia.
Y sí, por supuesto, ahí sigue ese Pennywise tan aterrador o más que el de Tim Curry, adecuadamente digitalizado, pero tan cruel y de sonrisa desquiciante como siempre.
Recuperamos al mejor King en una historia de terror, pero, sobre todo, de amistad. De unión ante las adversidades. De superación. Una historia de la que ya estoy esperando su continuación…

Valoración: Ocho sobre diez.