Mostrando entradas con la etiqueta alexander skarsgård. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta alexander skarsgård. Mostrar todas las entradas

domingo, 19 de mayo de 2019

CASI IMPOSIBLE

Uno de los principales problemas de las comedias románticas es que se trata de un subgénero tan definido que es casi imposible romper unos esquemas básicos sobre los que se sustenta la historia. Esto hace que resulten demasiado predecible y, por consiguiente, hasta aburridas, ya que casi aparece telegrafiado el momento en el que uno debe reír, llorar o emocionarse.

No es que el caso de Casi imposible sea diferente, y desde luego sigue la línea del chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico se distancia de chica y final feliz. La diferencia con el resto de películas de su generación (recordemos que el gran momento de las comedias románticas fue a finales de los ochenta, cuando estaban lideradas por Meg Ryan, Julia Roberts o, ya dando sus últimos coletazos, por Sandra Bullock, aunque tuvo un ligero despunte gracias al buen hacer del británico Richard Curtis) es que sabe apostar sus cartas por una comedia bien definida e incluso algo gamberra, de manera que, por mucho que pueda pesar la historia de amor, resulta en todo momento sumamente divertida, sin abusar del melodrama lacrimógeno que suele empañar estas producciones.
Ello se puede deber en parte a la presencia de Seth Rogen en el plantel protagonista, un cómico más dado al cine burdo y desfasado que a las historias románticas, que demuestra tener una química impecable con una magnífica Charlize Theron, y encabeza un film donde se demuestra que un guion ingenioso e inteligente es la base de toda buena obra. El libreto de Dan Sterling y Liz Hannah, bien conducido por un Jonathan Levine que ya me convenció con su propósito de acercar al terreno de la comedia romántica al género zombie con Memorias de un zombie adolescente (aunque su siguiente película, Descontroladas, fuese un claro retroceso), sin pretender resultar moralista ni extremadamente ácido, se basa de la comedia para poner su granito de arena en el empoderamiento femenino (¿una mujer como Presidente de los Estados Unidos?), hacer burla de la corrupción política y sus intereses económicos y reivindicar el periodismo de antaño, íntegro y deseoso de luchar por la verdad por encima de todo. Esto no son más que, insisto, detalles secundarios en una trama donde, amores (casi) imposibles mediante, lo importante es pasárselo bien y reírse mucho con una serie de gags muy generacional (si no están al día de Juego de Tronos ya aviso que hay spoilers), cuya moraleja podría ser que hasta los frikis seguidores del Universo Cinematográfico Marvel puede aspirar a seducir algún día a alguien como Charlize Theron, diosa de la belleza, pero, además, una mujer inteligente e íntegra. Y con poder.
Es por ello muy significativo que sea precisamente la Theron quien de vida a la protagonista femenina. Al fin y al cabo, aun siendo una gran actriz, ha tenido que renunciar a su belleza y “restregarse por el barro” para conseguir ser tenida en cuenta como algo más que una cara bonita. En la película parece sacarse la espinita y vengarse interpretando a una mujer de gran belleza que, pese a que parece ser juzgada solo por sus atributos femeninos, consigue imponerse a tópicos y machismos y ser la reina del mundo. O de los Estados unidos, que para ellos es más o menos lo mismo.
En resumen, una comedia suficientemente gamberra como para romper algunos moldes (ha sido calificada para adultos en los USA), pero suficientemente blanca también como para ofender demasiado, con dos grandes interpretaciones y algunos momentos verdaderamente tronchantes. Y, lo más importante, a partir de una construcción de personajes cuya evolución permite que todo lo que ves en pantalla resulte creíble y hasta probable.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 20 de abril de 2019

EL DÍA QUE VENDRÁ

Se podría pensar que las películas sobre la Alemania nazi empiezan a amenazar con saturar. Aún siendo un periodo histórico que me atrae y cuyo horror conviene recordar (no ya para tratar de evitarlo, que visto lo visto no parece muy factible, pero sí al menos para estar avisados de ello), llevamos un tiempo en el que tenemos casi un estreno sobre el tema por semana, lo cual hace que uno se pregunte si realmente quedan historias interesantes que contar sobre ello.
El día que vendrá, aparte de utilizar la victoria aliada sobre los alemanes como paralelismo a la historia de amor de sus protagonistas, sirve para reflejar un punto de vista algo menos trillado sobre el desenlace de la guerra. Estamos acostumbrados a ver a los nazis como los perfectos villanos, mientras que los aliados, con sus inevitables claroscuros, suelen ser los salvadores del mundo. No es que aquí sea diferente, `pero sí resulta interesante comprobar como tras la resolución de la guerra, y siguiendo un símil futbolístico, no solo hay que saber perder, sino también saber ganar. Y no parece que todos los ganadores sepan hacerlo ni entender que no todos los alemanes fueron nazis.
Es en este momento de deconstrucción germánico en el que nos encontramos con una mujer arrastrada a una Hamburgo arrasada por los bombardeos cuya percepción de los derrotados, a la par que la del propio espectador, irá cambiando a la par que se moleste en conocer mejor a las personas que la rodean y sea capaz de descubrir que, al final, los dramas personales durante una guerra son tan terribles en un bando como en el otro. Esa simetría entre los inocentes de un conflicto, las consabidas bajas colaterales, es lo que debe unir a las personas por encima de sus diferencias y con ella alcanzar la comprensión y el perdón.
Esto es lo que oculta la historia de El día que vendrá, una película en la que sus tres pilares fundamentales (el triángulo amoroso, el relato histórico y el mensaje moralista) podrían molestarse entre ellos pero que el realizador James Kent consigue unificar con eficacia, consiguiendo un empaque muy interesante y merecedor de nuestra atención.
Resulta imprescindible, por ello, un buen cartel de actores que terminen por dar brillo a la propuesta, y en ello Keira Knightley (muy dada a estos tipos de dramas), Jason Clarke (al que también parece gustarle el conflicto nazi) y Alexander Skarsgård están a la altura de las circunstancias.
Interesante e intensa, no es que nos muestre nada nuevo, pero lo que refleja lo hace con convicción y buen tino, siendo un film histórico sobre la II Guerra Mundial que sabe mirar hacia delante en vez de hacia atrás.


Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 12 de marzo de 2018

MUTE (MUDO)


Reina indiscutible de la televisión por streaming, Netflix sigue apostando fuerte por su ficción. Aunque hasta ahora se la reconoce más por sus series que por sus largometrajes, poco a poco va abriéndose un hueco en la industria (las cuatro nominaciones al Oscar de Mudbound son un claro ejemplo) y pese al discutible éxito de Bright, no hay duda de que cada nuevo estreno es casi un acontecimiento.
Tal es el caso de Mute (Mudo), la que se supone es una especie de secuela espiritual (sea lo que sea lo que eso significa) de la extraordinaria Moon y que representa el intento de su director, Duncan Jones, de recuperar las buenas sensaciones que causó con su debut, después de la irregular Código fuente y del estrepitoso fracaso crítico y comercial (China aparte) de WarCraft.
Tal y como sucedió hace unas semanas con The Cloverfield Paradox, las expectativas estaban algo bajas debido a haber llegado precedida por unas críticas nefastas (justo lo contrario que el próximo gran estreno/evento, Anhiquilation), lo cual ha ayudado, posiblemente, a reducir el hype y permitir disfrutar mejor de la película.
Ciertamente, Mute no está ni de lejos a la altura de Moon, y se le pueden encontrar múltiples fallos, principalmente en un guion que no parece tener nunca muy claro hacia dónde va, demostrando la propia inseguridad de su autor con los numerosos flashbacks con los que nos recuerda escenas ya vistas. Sin embargo, esto no quita para que la narrativa sea suficientemente entretenida como para atrapar al espectador, con una trama criminal llena de violencia, en algunos momentos algo extrema, que disfraza en realidad una historia sobre el amor y la soledad.
Alexander Skarsgård, Paul Rudd y Seyneb Saleh componen tres personajes desgarrados por su pasado, cada uno por situaciones completamente diferentes, que tiñen de drama la película. Es el desarrollo de estos personajes y lo que sucede cuando interactúan entre ellos lo que más debía interesar a Jones del proyecto, pero fracasa a la hora de dar forma al laberinto en el que se internan todos ellos atrapados en una Berlín futurista y ultratecnológica.
Es el apartado fotográfico lo más llamativo del film, heredero directo del cyberpunk de Blade Runner, donde Duncan Jones juega con la luz y el color y logra grandes aciertos visuales, pero el derroche de imaginería es tal que en ocasiones amenaza con colapsar al espectador, enfrentándose directamente al barullo argumental y terminando por desdibujarlo todo.
No sería injusto calificar Mute (Mudo) como otro patinazo más en la carrera de Duncan Jones, con más intenciones que aciertos (¿hasta qué punto aporta algo a la trama el que el protagonista sea mudo, más allá de conferir una metáfora más sobre la incomunicación en una época extremadamente tecnológica -los orígenes amish del personaje son otro elemento diferenciador-?), pero tampoco veo la razón de cebarse sobre un film que arriesga en su planteamiento y compone un interesante retrato futurista visualmente impecable y que no aburre en ningún momento.
Se le debe exigir más a Duncan Jones (o quizá ya no, de cómo cierre su supuesta trilogía dependerá la cosa), pero Mute es un film aceptable más allá de las (buenas o malas) expectativas que se hayan puesto sobre él.

Valoración: Seis sobre diez.

martes, 26 de julio de 2016

LA LEYENDA DE TARZÁN: descafeinado regreso de un mito.

Cuando se anunció que se estaba planeando la realización de una nueva versión de Tarzán la pregunta más habitual era: ¿es necesario? ¿Hay algo que añadir a la historia de sobras conocida tanto en sus versiones en imagen real (con Johnny Weissmuller como imagen insuperable del hombre mono) con en animación
Quizá por eso los productores optaron por ir un paso más allá y en lugar de limitarse a contar la misma historia inventaron una especie de secuela, un ¿qué paso después? que narra la historia de Tarzán tras adaptarse a la vida civilizada y tener que regresar a la selva que le vio crecer.
En esta línea se encontraba ya la versión que protagonizó Christopher Lambert, Greystoke: la leyenda de Tarzán, rey de los monos, pero que dejaba demasiado de lado el aspecto aventurero de la obra de Edgar Rice Burroughs   y se acercaba casi a un drama romántico a lo Jane  Austen. La leyenda de Tarzán quiere ir por el camino de en medio y mezclar ambas vertientes, presentándonos a un Tarzán reconvertido en lord John Clayton, un caballero de la nobleza británica, casado con su inseparable Jane, que acepta regresar al Congo para comprobar las intenciones del rey de Bélgica con respecto a sus antaño amigos indígenas.
No es un mal punto de partida si no fuese por las carencias de un guion que no sabe exactamente hacia donde se dirige. Quiere ser una película aventurera pero la acción tarda demasiado en llegar, quiere tener una vertiente realista pero se olvida de profundizar en la personalidad de Clayton, quiere mostrar a una Jane independiente y fuerte pero termina convirtiéndola en la clásica damisela en apuros sin más recursos que esperar la llegada de su amado, quiere dar una carga de denuncia social con el tema de los esclavos y los diamantes que anhela el rey de Bélgica y termina olvidándose de seguir por ese camino… 
Pero es, por encima de todo, su director, un errático David Yates que trabaja tanto con el piloto automático que incluso se rumorea que dejó la película a medias para poder dedicarse a su nueva incursión en el mundo de Harry Potter. Es a Yates a quien hay que culpar de los altibajos de ritmo, de la frialdad que demuestra Alexander Skarsgård como Tarzán, de la fotocopia de casi todas sus interpretaciones anteriores que presenta Christoph Waltz o de la simpleza de algunos efectos visuales, demasiados dependientes del CGI y que en algunos omentos (como el horrendo desenlace) lucen verdaderamente mal.
Quizá uno de los problemas de La leyenda de Tarzán haya sido haberse estrenado tan poco tiempo después de El libro de la Selva, otra película “selvática” donde los animales, también creados por CGI tenían vida e incluso personalidad. Aquí estamos ante una mezcla de estos animales y la captura de movimiento empleada en la saga de El planeta de los Simios.
Con todo, la película no aburre, tiene a un Samuel L. Jackson recuperado para el bando de los buenos y a una Margot Robbie que termina siendo lo mejor de la película (y promete ser también lo mejor de Escuadrón suicida el mes que viene) y alguna escena de acción ligeramente inspirada.

Poco bagaje para una película que podría haber aspirado a mucho más y que no pasa de simple entretenimiento veraniego, un producto de usar y tirar que apenas será recordado al finalizar el verano y que deja cierto aroma a decepción.
Valoración: cinco sobre diez.

lunes, 15 de julio de 2013

THE EAST (7d10)

Hace dos años Brit Marling se hizo popular con la película Otra Tierra, de la que también era guionista, y gracias a la cual se ha convertido en una especie de musa del cine más independiente de Estados Unidos, aunque se deje ver de vez en cuando en alguna producción más comercial (hacía de hija de Richard Gere en El Fraude, por ejemplo). Ella y el director de cine Zal Batmanglij pasaron un tiempo conviviendo con una comunidad ecologista y juntos se les ocurrió la idea que sirvió como simiente para esta película. En ella, Marling interpreta a una joven ex agente del FBI que decide entrar a trabajar en el sector de la seguridad privada, siendo su primera misión encontrar a una organización terrorista llamada The East.
Como la comunidad en la que estuvieron Marling y Batmanglij, The East son un grupo anarquista antisistema, que desprecia los productos químicos y se alimentan de aquello que los restaurantes y supermercados arrojan a la basura. Nobles ideales si se quedasen en eso, pero The East, influenciados por las experiencias personales de cada uno de sus miembros, deciden ir más allá y atentar contra aquellas organizaciones que se enriquecen egoístamente sin pensar en las consecuencias: farmacéuticas que ocultan efectos secundarios, petroleras que arrojan flujo al mar o empresas energéticas que contaminan ríos  están bajo su punto de mira.
Sarah se infiltra en el grupo y conseguirá ganarse su confianza, pero cuanto más tiempo pase con ellos más dudará de su misión.
Estrenadas de manera minoritaria, como corresponde a una película relativamente independiente (su presupuesto lo es, pero para hacer honor a la verdad los hermanos Scott –posiblemente en una de sus últimas aportaciones al cine del desaparecido Tony- están detrás de la producción), The East es una interesante película que aprovecha una trama de intriga para realizar una denuncia social, intentando afectar a nuestras conciencias e invitándonos a reflexionar al salir del cine. Naturalmente, no todo será blanco y negro. No es cuestión de defender a los terroristas ni de condenar a todas las multinacionales. Hay escalas de grises y cada uno debe cargar con su propia cruz. Así lo entiende Sarah, que debe decidir a quién debe lealtad, si es que se la debe a alguien.

La película funciona perfectamente, las situaciones son creíbles y es fácil empatizar con los integrantes de The East, por más que podamos estar más o menos de acuerdo con ellos. Cuenta además con unas buenas interpretaciones (aparte de Marling, constantemente en el punto de mira de la cámara), destacando el sueco Alexander Skarsgärd (visto en True Blood), Ellen Page (Juno, X-men, Origen), Toby Kebbell (Ira de Titanes, Prince of Persia), Shiloh Fernandez (uno de los mutilados de la nueva Posesión Infernal) y con breves apariciones de veteranos como Patricia Clarkson (Shutter Island, La milla verde), Julia Ormond (Leyendas de Pasión, Sabrina y sus amores) o Jamey Sheridan (últimamente visto como el vicepresidente Walden en Homeland). Quizá la única pega es el esfuerzo de Marling y Batmanglij por dar un punto de esperanza a la historia, con un final –durante los títulos de crédito- demasiado poco creíble y muy optimista.