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domingo, 19 de mayo de 2019

CASI IMPOSIBLE

Uno de los principales problemas de las comedias románticas es que se trata de un subgénero tan definido que es casi imposible romper unos esquemas básicos sobre los que se sustenta la historia. Esto hace que resulten demasiado predecible y, por consiguiente, hasta aburridas, ya que casi aparece telegrafiado el momento en el que uno debe reír, llorar o emocionarse.

No es que el caso de Casi imposible sea diferente, y desde luego sigue la línea del chico conoce a chica, chico se enamora de chica, chico se distancia de chica y final feliz. La diferencia con el resto de películas de su generación (recordemos que el gran momento de las comedias románticas fue a finales de los ochenta, cuando estaban lideradas por Meg Ryan, Julia Roberts o, ya dando sus últimos coletazos, por Sandra Bullock, aunque tuvo un ligero despunte gracias al buen hacer del británico Richard Curtis) es que sabe apostar sus cartas por una comedia bien definida e incluso algo gamberra, de manera que, por mucho que pueda pesar la historia de amor, resulta en todo momento sumamente divertida, sin abusar del melodrama lacrimógeno que suele empañar estas producciones.
Ello se puede deber en parte a la presencia de Seth Rogen en el plantel protagonista, un cómico más dado al cine burdo y desfasado que a las historias románticas, que demuestra tener una química impecable con una magnífica Charlize Theron, y encabeza un film donde se demuestra que un guion ingenioso e inteligente es la base de toda buena obra. El libreto de Dan Sterling y Liz Hannah, bien conducido por un Jonathan Levine que ya me convenció con su propósito de acercar al terreno de la comedia romántica al género zombie con Memorias de un zombie adolescente (aunque su siguiente película, Descontroladas, fuese un claro retroceso), sin pretender resultar moralista ni extremadamente ácido, se basa de la comedia para poner su granito de arena en el empoderamiento femenino (¿una mujer como Presidente de los Estados Unidos?), hacer burla de la corrupción política y sus intereses económicos y reivindicar el periodismo de antaño, íntegro y deseoso de luchar por la verdad por encima de todo. Esto no son más que, insisto, detalles secundarios en una trama donde, amores (casi) imposibles mediante, lo importante es pasárselo bien y reírse mucho con una serie de gags muy generacional (si no están al día de Juego de Tronos ya aviso que hay spoilers), cuya moraleja podría ser que hasta los frikis seguidores del Universo Cinematográfico Marvel puede aspirar a seducir algún día a alguien como Charlize Theron, diosa de la belleza, pero, además, una mujer inteligente e íntegra. Y con poder.
Es por ello muy significativo que sea precisamente la Theron quien de vida a la protagonista femenina. Al fin y al cabo, aun siendo una gran actriz, ha tenido que renunciar a su belleza y “restregarse por el barro” para conseguir ser tenida en cuenta como algo más que una cara bonita. En la película parece sacarse la espinita y vengarse interpretando a una mujer de gran belleza que, pese a que parece ser juzgada solo por sus atributos femeninos, consigue imponerse a tópicos y machismos y ser la reina del mundo. O de los Estados unidos, que para ellos es más o menos lo mismo.
En resumen, una comedia suficientemente gamberra como para romper algunos moldes (ha sido calificada para adultos en los USA), pero suficientemente blanca también como para ofender demasiado, con dos grandes interpretaciones y algunos momentos verdaderamente tronchantes. Y, lo más importante, a partir de una construcción de personajes cuya evolución permite que todo lo que ves en pantalla resulte creíble y hasta probable.

Valoración: Ocho sobre diez.

domingo, 23 de diciembre de 2018

AQUAMAN

Cada vez se me hace más difícil acercarme a una película del DCEU, y mucho más hablar sobre uno de sus estrenos. Tras el desastre que supuso Liga de la Justicia, había muchas dudas de hacia donde debía encaminares en Universo Expandido de DC, y solo el éxito (y sobre todo buen sabor de boca) que dejó Wonder Woman impidió que se replantearan ciertamente hacer un borrón y cuenta nueva y comenzar de cero, aunque Aquaman se preveía como el toque de atención definitivo. De su éxito o su fracaso se levantaría el futuro de la franquicia.
Pues bien, si se trata solo de dinero, la cosa está clara. En su estreno en China Aquaman arrasó, y no le está yendo nada mal en el resto de países donde se ha podido ver ya, así que en Warner pueden respirar tranquilos: hay futuro.
Pero si se trata del aspecto cinematográfico… Ahí la cosa se pone peliaguda. Podría despacharme a gusto con la obra de James Wan y decir que es una película horrorosa, podría argumentarlo durante varios párrafos y nadie podría quitarme la razón sobre mis argumentaciones. Y, a la vez, podría defenderla a capa y espada y decir que se trata de una de las mejores películas de la saga, que es tremendamente divertida, alucinante y todo un placer sensorial y tampoco se me podría reprochar nada.
¿Es posible esto? ¿Puede Aquaman ser la mejor y peor película de una franquicia a la vez? Pues resulta que sí. Y es que con la libertad creativa que han dejado en manos de Wan (es lo que tiene cuando se contrata a un director de renombre en las horas más bajas de DC) les ha salido un extraño híbrido, una obra sumamente entretenida, que se disfruta con los ojos como platos y que resume todo lo que debería ser una película de superhéroes: emocionante, épica, espectacular y con mucha diversión, pero lo ha hecho despojándose de sus complejos de una manera tan atroz que no solo roza, sino que se zambulle directamente en el ridículo en muchos momentos de su metraje, con una puesta en escena que es por momentos de vergüenza ajena y que supone la parodia más absurda y tosca de toda la serie, robando ideas ajenas y metiéndolas en una batidora y situándose en las antípodas de películas “serias” y cargadas de trascendentalismo como fue El hombre de acero, resultando incoherente que ambas `producciones puedan compartir una misma saga.
Esa es, probablemente, la mejor palabra que define a Aquaman: ridícula. Ya cuando se anunció el proyecto abundaron los memes con imágenes del comic en el que el héroe (en las viñetas un rubito bien aseado y bastante melodramático) contaba sin complejos a lomos de un caballito de mar. Wan, en la versión más “garrula” del héroe, desmelenado y barbudo como ya se mostró en Liga de la Justicia, tiene las narices de replicar la escena, buscando también una fidelidad en ciertos uniformes (Manta Negra o El Señor del Océano, sin ir más lejos) que provocan también estupor y risa ajena.
Wan y sus guionistas, como ya he dicho, copian todo lo que pueden, y su película parce por momentos una variante del Thor de Kenneth Branagh, con esa lucha shakesperiana entre hermanos por heredar el trono del reino (aunque en este aspecto Branagh es perro viejo y ganaba la partida al director malayo), que ya se vio también, por cierto, en Black Panther, con un origen a modo flashback que evoca a Romeo y Julieta. Pero es que en esta aventura submarina (con una Atlantis que bien podría haber compartido plató con la producción de alguna de las secuelas de Avatar) también se inspira (sin demasiados disimulos) en los mitos artúricos, se hacen expediciones muy propias de Indiana Jones y se lucha contra monstruos xenomorfos, se visita una playa sacada de Jurassic World, se presenta un monstruo al más puro estilo Kaiju y eso sin contar conque la primera manifestación de los poderes del héroe se muestran de manera casi idéntica a cómo lo hiciera Harry Potter en La Piedra Filosofal.
Los efectos visuales también son bastante bipolares, yendo de lo sublime a lo mediocre, estando la gente de Warner todavía muy por debajo de Marvel en lo que a rejuvenecimiento por CGI se refiere (me dolía cada vez que aparecía en pantalla el inexpresivo Willem Dafoe de los flashbacks), y con una puesta en escena decididamente hortera, con influencias del Flash Gordon de Mike Hodges o incluso de los Power Rangers más alucinógenos. Pero el gran mérito del film es que todo esto lo hace Wan sin complejos, conocedor de que se la está jugando con estos excesos de LSD que terminan por revertir la situación y convertirse en algo positivo. Al final, los aparentes horrores de Aquaman se vuelven hipnóticos y uno puede hasta llegar a disfrutar de un espectáculo de luces y colores bastante adictivo.
Con un reparto correcto pero sin grandes alardes y una historia que, más allá de los refritos ya comentados, no es especialmente atractiva (aunque al menos no se pierde en subtramas que no van a ninguna parte ni en personajes decorativos, como le pasaba a la reciente Mortal Engines), con un Momoa carismático en su papel de canalla gracioso y una Amber Heard que por momentos parece incluso más protagonista que él mismo, la gran estrella de la función es Wan que, en medio de todo este delirio pirotécnico, resalta como el gran director que es y consigue alguna de las mejores secuencias de acción de toda la franquicia. Además, apuesta por el amor por el exceso también en cuanto a ritmo se refiere, planteando combates que en cualquier otro film podrían ser parte del clímax y que aquí es tan solo un aperitivo de lo que está por llegar.
Así, Aquaman es como una montaña rusa con constantes subidas y bajadas que hace que uno permanezca pegado a la butaca y se deje arrastrar por el absurdo sin llegarse a plantear en ningún momento el porqué de las cosas, aceptando todo lo que le está entrando por los ojos y disfrutando con un héroe que se dedica a “dar estopa” y que prefiere pelear con espada que con ese “tenedor” que heredó de su madre.
Pues ya lo saben: Aquaman puede ser una película espantosa, pero gracias al buen hacer de James Wan (y parte del mérito habría que dárselo también a una gran banda sonora de Rupert Gregson-Williams) y la total falta de complejos y carencia de sentido del ridículo, se convierte en un espectáculo muy entretenido, una divertida locura de más de dos horas que, al final, pasan en un suspiro. Y, al final, de esto es de lo que se trata, ¿no? De ir al cine a disfrutar.
De manera que al final puede que en Warner/DC lo estén haciendo bien y, tras hacer un cambio de rumbo de 180º, al fin hayan encontrado el camino correcto. La pregunta, ahora, es si sabrán seguir en esa dirección o volverán a los tumbos habituales. Eso, solo el tiempo lo dirá…

Valoración: Siete sobre diez.

lunes, 5 de octubre de 2015

Y DE REPENTE, TÚ * (3d10)

Judd Apatow pertenece a esa generación de cineastas americanos que, como los hermanos Farrelly, irrumpió en el nuevo siglo con un estilo de humor de sal gruesa que, guste más o menos, logró revitalizar un género que parecía adormecido después de la época dorada que vivieron las comedias románticas de principio de los noventa.
Pero, como los Farrelly, la mala leche y el gamberrismo parece haberse diluido con los años, suavizando sus maneras hasta el punto que los toques más bestias de sus comedias parecen metidos con calzador de manera poco afortunada.
Esto sucede con Y de repente, tú, cuya premisa argumental nos presenta a una chica habituada a seguir los clichés masculinos más cafres (juerga toda la noche, desenfreno etílico y sexo de una sola noche) cuya aparente originalidad desaparece en cuanto se establece el inevitable conflicto romántico para derivar en una comedia simplona y algo cursi totalmente convencional y sin demasiada gracia.
Apatow, más centrado en producir comedias a sus amigos que en dirigir, se muestra aquí torpe tanto a la hora de mover la cámara, con elipsis fallidas y ritmo desacertado, como en la traslación de un guion escrito por la protagonista que no funciona como debe no sólo por seguir unos esquemas prefijados de una forma tan lineal que todo es suficiente previsible sino porque la mayoría de los gags no funcionan. Claro que tampoco es todo culpa suya. La elección de los actos no es que ayude demasiado. Amy Schumer, humorista televisiva pero totalmente falta de experiencia para el cine, poco aporta a un personaje que parece más pensado para clásicas como Jennifer Aniston o Katherine Heigl. Lo mismo sucede con su partenaire masculino, Bill Hacer. Ambos son poseedores de un Emmy, pero se muestran incapaces de sostener el peso de la película.
En comedia el lenguaje corporal y facial es muy importante y no soy capaz de apreciar en ningún momento que quieren decirme estos dos actores. Ni siquiera la caracterización de sus personajes es la adecuada. Sigo tratando de averiguar si Apatow habla sobre una tía buena con problemas de identidad o si la protagonista es un patito feo a la que hay que descubrir su belleza interior. Tampoco sé si él es un torpe y patético hombrecillo o un cirujano respetado y de fuerte personalidad. Todo depende de la escena en cuestión.
Sólo Brie Person, una actriz que está pidiendo una gran oportunidad a gritos (y quizá Kong: Skull Island lo sea), aporta algo de frescura al film.
En definitiva, comedia muy flojita a la que ni los desaprovechados cameos activan, aburrida y aconsejable tan sólo para los más incondicionales de Apatow. Si es que queda alguno...

lunes, 9 de febrero de 2015

THE INTERVIEW (5d10)

Permítanme ustedes que realice un comentario un poco más largo de lo que la propia peli se merece. Y es que si The Interview en sí no es un film para nada relevante, su estreno sí lo ha sido.
Por ello, comenzaré realizando un análisis puramente cinematográfico.
The Interview es una de las tonterías típicas paridas por Seth Rogen y Evan Goldberg, firmantes de maravillas como Superfumados, Supersalidos o Juerga hasta el fin, y con estos antecedentes se puede adivinar por dónde van los tiros. Con la delirante historia de una entrevista al líder coreano Kim Jong Un como telón de fondo, Rogen y Goldberg crean una payasada bastante lujosa que podría haber funcionado como crítica política ácida contra el dictador comunista y los recursos pseudoterroristas del propio gobierno americano, aprovechando de paso en burlarse de la telebasura (y que nadie pretenda comparar ni por error esto con la espléndida Nightcrawler), pero que prefieren decantarse por los chistes escatológicos y sexuales que son casi la marca de la casa de los cómicos y convierten una película con posible interés en una más del montón. De esta manera, y con la colaboración de otro habitual de la casa, James Franco (un actor capaz de alternar interpretaciones dignas de Oscar con patochadas como esta), The Interview es una sátira que dispara con balas de fogueo y que divierte a los menos exigentes pese a lo tontorrón de su discurso.
He querido limitarme hasta ahora en la reflexión fílmica porque, independientemente del favor que Kim Jong Un y su supuesto enfado con la película (aún no está del todo claro que las infiltraciones sobre las supuestas amenazas terroristas emitidas desde Corea del Norte en caso de estrenarse el film así como los cacareador ciberataques que se han dado en llamar el Sony leaks sean totalmente ciertos) haya hecho a la recaudación del film me parecen injustas las muchas críticas que se apuntan al dicho de mucho ruido y pocas nueces, que han pretendido cargarse cruelmente la película como si la posible ofensa al líder comunista invitara a pensar que estamos ante una obra maestra. Debemos analizar la película como lo que es, una comedia gamberra a imagen y semejanza a otras estupideces paridas por Rogen y Goldberg (el propio cartel remite a Malditos vecinos), recordando las pretensiones de sus autores al realizarla, más allá de el maremágnum de polémicas y asuntos turbios en los que se ha visto envuelta y del que para nada se debe responsabilizar a Rogen, Golberg o Franco. La película debe gustar o no libre e independientemente de asuntos externos, y muchos que se consideran críticos en el fácil mundillo de la bloggesfera lo olvidan con relativa facilidad.
En fin, al cine lo que es del cine, y en este caso se trata de cine simple y plano con algunas pretensiones a juzgar por el desorbitado clímax final y que no es, al final, más que una comedia gamberra en la que la verdadera triunfadora termina siendo, ni más ni menos, Katy Perry.