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sábado, 6 de abril de 2019

DUMBO

Empiezo a estar francamente cansado de este nuevo invento de Disney que consiste en revisionar sus grandes clásicos de la animación para reinterpretarlos con actores de carne y hueso. Aunque no haya tenido todavía ningún descalabro (ya veremos que pasa con Aladdin), lo cierto es que el público empieza a revelar síntomas de agotamiento y las taquillas están respondiendo a la baja.
Dumbo es el último ejemplo de esta dejadez literaria y este camino por la vía fácil que parece haber tomado definitivamente la casa del ratón, temerosa quizá de que todos sus productos originales se conviertan en fracasos (El Cascanueces y los cuatro reinos tuvo una tibia acogida mientras que Un pliegue en el tiempo fue directamente un merecido fracaso). Y eso que no reparan en gastos a la hora de contratar a realizadores de prestigio para sus proyectos, aunque de poco sirven si luego se encuentran demasiado maniatados para dejar que su estilo brille por sí solo.
Posiblemente este sea uno de los grandes problemas de Dumbo. Siendo su antecesora animada una obra maestra, resultaba difícil estar a la altura, pero en manos de cualquier director artesanal del montón uno se podría conformar que el pasatiempo entretenido y por momentos emotivo que es esta nueva adaptación del elefantito volador. Aprovechando el avance técnico para construir a un Dumbo realmente enternecedor y creando una historia tópica pero funcional alrededor de unos protagonistas humanos que no existían en la primera película, no haría falta pedirle mucho más al film para que cumpliese con creces como cine familiar mucho menos dramático que la antecesora, pero muy correcta, al fin y al cabo. Sin embargo, la presencia de Tim Burton tras las cámaras, y más con el tema circense de por medio, invitaba a pensar que íbamos a poder disfrutar del derroche visual característico de este director, de una imaginería loca y casi surrealista que iba a hacer que olvidásemos las comparaciones con la película de 1941. Sin embargo, esto no es así, y Burton se limita a hacer un trabajo correcto, pero para nada arriesgado, una película que solo en un par de momentos se puede intuir que es de su autoría y que está a años luz de su mejor época. Añade dolor al asunto que se cuente con la participación de Michael Keaton y Danny DeVito en el reparto (además de la música de Danny Elfman), lo cual hace que añoremos aún más la época de Batman vuelve en la que coincidieron ya los cuatro artistas (aunque los actores, curiosamente, con los roles intercambiados).
Así pues, Dumbo es una película visualmente interesante y divertida, algo alargada y sin la emotividad tan potente que cabría esperar, pero a la que le falta algo más de magia, algo de chispa que nos invite a dejarnos de comparaciones y disfrutarla como si el clásico de animación no fuese un referente inevitable.
Pero, cuando la sensación es que el único objetivo de estas películas es hacer dinero, la cosa no termina de funcionar nunca. Y ni siquiera Eva Green es un as suficientemente ganador para esta bajara de cartas marcadas.

Valoración: Cinco sobre diez.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

VIUDAS

Si nos ponemos estrictos, Viudas debería ser una buena película solo por definición. Repasemos los nombres que se encuentran implicados en ella:
A los mandos se encuentra Steve Mc-Queen, director sobradamente contrastado y que con 12 años de esclavitud se consagró definitivamente. En el guion, junto al propio McQueen, se encuentra Gillian Flynn, la autora de las novelas que dieron pie a la serie Heridas Abiertas y a la magnífica película Perdida, y se trata, además, de una adaptación de una serie de televisión de los ochenta. La historia va sobre las mujeres de unos peligrosos atracadores interpretadas popr  Viola Davis, Michelle Williams, Elizabeth Debicki y Carrie Conn, que tras la muerte de estos en un atraco (interpretados, entre otros, por Liam Neeson y Jon Bernthal) deciden culminar el último plan que tenían en mente para salir del pozo de deudas al que la desaparición de los hombres les ha condenado y empezar una nueva vida. Además, hay de fondo una trama política comandada por el duelo electoral entre el personaje al que da vida Colin Farrell (que es hijo de Robert Duvall) y el de Brian Tyree Henry, cuya mano derecha tiene el rostro de Daniel Kaluuya.
Como pueden ver, solo por los nombres que hay en film ya vale la pena darle una oportunidad, pero es que, además, con todo este cóctel, McQueen no se conforma con hacer una película de atracos al uso, siendo muy fácil caer en la trampa de repetir la jugada de Ocean’s 8 y hacer una peli de atracos femenina sin más. McQueen decide con inteligencia concebir una historia que va mucho más allá del cine policiaco sin más y logra imponer una reflexión social de varias capas, tocando, de pasada, pero con suficiente contundencia, la moralidad de la clase política, el racismo, la dominación machista e incluso la presión provocada por la necesidad de soportar la presión paterna y necesitar de su aprobación.
Para ello, McQueen elabora unos personajes muy bien construidos, con una presentación de los mismos muy lenta, cuidando los detalles y tomándose las cosas con calma. No es esta una película frenética de grandes dosis de acción (aunque también la hay), por lo que reniega del cine de espectáculo al uso. Viudas tiene un guion inteligente y con giros sorprendentes, pero para que estos funcionen es necesario que los personajes resulten creíbles, cosa que solo puede ser posible mediante ese análisis exhaustivo que nos permite conocer hasta el más mínimo pensamiento de cada una de las tres protagonistas y reforzadas con el gran trabajo interpretativo, en especial una Viola Davis que ya suena en las primeras apuestas para la temporada de premios que está a punto de comenzar.
Así, pues, Viudas es una película entretenida, salvaje, emocionante y sorprendente, pero es también una película intimista, dramática y reflexiva. Un film que invita a la reflexión y cuyas escenas no se diluyen en la memoria apenas salir de la sala. Y lo consigue, además, con una serie de mensajes que no resultan para nada moralistas ni provienen de slogans vacíos y adoctrinadores. Es, por ejemplo, una película feminista sin necesidad de recurrir a ese ponderamiento de la mujer que en ocasiones roza el ridículo, y tiene un mensaje racial sin redundar en el drama negro como quizá si lo hiciera la anterior película de su director.
Es, en resumen, una gran película, cuyo único pero puede encontrarlo alguien más acostumbrado a la adrenalina que a la deconstrucción de personajes. Allá cada uno…

Valoración: Ocho sobre diez.

jueves, 19 de octubre de 2017

Sitges 2017: EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO

Resulta difícil, a estas alturas, presentar a Yorgos Lanthimos a quien desconozca su filmografía. Encumbrado en su Grecia natal por Canino y tras dar el salto al cine rodado en inglés con Langosta, que le supuso además una nominación al Oscar al mejor guion, este extraño y poco convencional autor repite con el actor de esta última, Colin Farrell es una fábula más enfermiza si cabe pero de narrativa algo más convencional.
Steven Murphy es un brillante cirujano, felizmente casado y con dos estupendos hijos. Mantiene, además, una indefinida relación con un adolescente con el que se ve a escondidas, al que parece acoger bajo su tutela y al que ofrece una puerta de entrada a su propia familia sin saber que, con ello, se está abocando a un fatídico desenlace.
Lanthimos vuelve a presentarnos a unos personajes fríos, distantes, parcos en palabras y de melancólicas miradas. De nuevo utiliza una fábula irreal y algo surrealista para hablar de la soledad y la pérdida, envolviéndolo todo en una atmósfera aséptica y ayudándose por unos actores que ofrecen lo mejor de sí mismos. Barry Keoghan vuelve a parecer el pajarillo indefenso de Dunkerque pero con un aterrador halo de oscuridad en su interior, Colin Farrell logra una sobriedad impasible casi carente de sentimientos y Nicole Kidman vuelve a ofrecer un recital interpretativo que confirma que se encuentra en una magnífica segunda juventud.
Lo más terrible de El sacrificio de un ciervo sagrado es que consigue hacernos reír en diversas ocasiones, pese a lo terrible de los hechos que narra, jugando a retorcer los sentimientos del espectador que se puede llegar a sentir culpable divirtiéndose ante la inminente muerte de uno de los miembros de la familia.
Como suele suceder con Lanthimos, la película no es redonda, pero sí se me antoja mejor cerrada que Langosta, a la que pesaba demasiado su tramo final. No es, desde luego, una película para todos los públicos, y el espectador debe estar preparado de antemano de lo que le espera (aunque el surrealismo del título ya ayuda a ello), consciente además de que la historia que se cuenta y los sentimientos que provoca a su alrededor es más importante, a la postre, que su conclusión.
Interesante nuevo paso de Lanthimos, quizá algo menos excesivo en cuanto a surrealismo que en otras ocasiones pero a cambio con más coherencia formal , logrando una película de imposible intriga que engancha desde el principio y a la que es tan fácil amar como odiar. O, incluso, hacer ambas cosas a la vez.

Valoración: Ocho sobre diez.

sábado, 19 de agosto de 2017

LA SEDUCCIÓN, hermosa intriga sureña

Resulta difícil enfrentarse a una película como La Seducción sin tener presente la anterior adaptación de la novela de Thomas Cullinan, El seductor, de Barry Siegel. Sin embargo, esto propicia el debate sobre si se trata, en realidad, de un remake o simplemente una nueva adaptación.
Sea como sea, resulta innegable que los paralelismos entre la película de Sofía Coppola y la que protagonizara Clint Eastwood son constantes, si bien en esta ocasión se ha dejado un poco de lado la oscuridad casi terrorífica para incidir, sobre todo al inicio, en un humor ligero y algo sarcástico que se va volviendo muy negro a medida que avanza la trama.
Estamos en plena Guerra de Secesión y un desertor yanqui es encontrado por una niña que lo lleva al instituto donde estudia. En total, dos mujeres, una jovencita y cuatro niñas tendrán que convivir con el soldado herido hasta decidir qué hacer con él, iniciándose un juego de seducción y celos entre ellas totalmente insano.
Coppola no ha querido retorcer demasiado la historia, manteniendo una puesta en escena muy clásica y dejando que sea la calidad de los actores (en especial en el apartado femenino) quienes mejor hagan avanzar la historia, limitándose ella (que no es poco) a conseguir imágenes de belleza plástica, auténticos cuadros en movimiento que dotan al film de una desasosegante dulzura que, como el propio título indica, seduce al propio espectador.
Es esta una película sobre la fuerza de la mujer, sin que por ello sea necesariamente una obra de reivindicación femenina. Las mujeres son dueñas de su propio destino y así lo proclama Coppola, por más que el camino para llegar a él sea arduo y competitivo.
La seducción es divertida y angustiante a la vez, conmovedora y hermosa, y con una superlativa Nicole Kidman que definitivamente ha recuperado el buen camino trasunos años de dudas, aunque Kirsten Dunst (una fija para la directora), Elle Fanning o Angourice Rice no le van a la zaga.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 22 de enero de 2017

CdS: LANGOSTA, el encanto de la rareza.

Viendo la pasada edición de los Globos de Oro me sorprendió que muchos echaran en falta la presencia entre las nominaciones a los integrantes de Langosta, una película que se llevó el premio del jurado en la edición de Cannes del 2015 pero que se estrenó en el 2016 sin demasiado ruido. Así que la curiosidad me ha invitado a recuperarla antes de dejar pasar más tiempo.
Siendo obra del griego autor de Canino, Yorgos Lanthimos, estaba claro que no iba a ser una película convencional, pero el hecho de tratarse de su primer trabajo en inglés y con un reparto de renombre hacía sospechar que se hubiese domesticado algo en su estilo. Sin embargo, ya el planteamiento argumental demostraba por donde iban a ir los tiros:
Estamos ante una distopía donde la soledad es perseguida y los solteros deben ingresar en un peculiar hotel donde encontrar pareja antes de cuarenta y cinco días o, de lo contrario, terminar convertidos en un animal de su elección y abandonados en un bosque cercano. El protagonista, obviamente, elige para su teórica transformación a la langosta del título.
Con esta premisa, Lanthimos, que también es autor del guion, elabora una película bizarra, de ritmo pausado y totalmente alejada de los cánones habituales. Con un reparto de gran nivel a los que exige una prueba de contención extrema de la que salen todos airosos (magnifico Colin Farrell), la película es una metáfora sobre los miedos a la soledad y los problemas de incomunicación del mundo actual, descrita con una sutileza inaudita mediante un humor negro que desde luego no es apto para todos los públicos.
Langosta en una película difícil, incómoda de ver, incluso, desconcertante en su planteamiento y algo irregular en su giro argumental (no estoy seguro de que el momento en que el protagonista sale del hotel esté bien situado en el metraje final), de esas que suele provocar pasiones exageradas u odios profundos y que a mí me suelen situar en una zona intermedia. No me dejé atrapar totalmente por esta absurda pantomima cruel y descarnada que se cocina a un fuego tan lento que llega a irritar por momentos, pero tampoco soy capaz de despreciarla ya que Lanthinos consigue algo hipnótico con su narración y uno siente la necesidad de saber cómo va a acabar todo el asunto, aunque desde el primer minuto se intuye que no hay un final feliz posible. Un final feliz, al menos, al estilo Hollywood.
Langosta es una de las películas más raras de los últimos tiempos, una marcianada que a mi parecer dista mucho de ser una obra maestra pero que resulta interesante en su ejecución y que tiene su mejor arma en los trabajos actorales (acompañan a Farrell Rachel Weisz, Ben Whishaw, Léa Seydoux, John C. Reilly y Olivia Colman entre otros) y en la incomodidad que la banda sonora y la voz en off (molesta pero eficaz a la vez) provocan.
En fin, una película que no me atrevería a recomendar a muchos de mis allegados pero que resulta interesante y debe aceptarse como un  ejercicio diferente a todo lo que uno acostumbra a ver, aunque por momentos tengo la sensación de que Lanthinos está tan pendiente de buscar esas diferencias de forma intencionada que eso le hace perder su propia libertad creativa.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 20 de noviembre de 2016

ANIMALES FANTÁSTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS: Simple entretenimiento falto de épica.

Después de que la saga de Harry Potter concluyese por todo lo alto, lo lógico sería preguntarse si tiene algún sentido resucitar el mundo mágico imaginado por J.K.Rowling si no es más que por motivos puramente económicos.
Sin embargo, una vez dentro de la sala de cine, con una entrada bastante maja para ser viernes, mayoritariamente adulta, al contemplar los gemidos de emoción al aparecer el logotipo de Warner Bros en pantalla y escucharse unas notas reconocibles (aprended, fans de DC) y sobre todo tras los entusiastas aplausos al final de la proyección (y llevaba tiempo sin oír aplausos en una sala comercial), comprendí que la saga merece seguir viva, aunque solo sea como señal de agradecimiento a unos fans que convirtieron a la escritora en una superventas y a las películas como el gran estandarte de Warner.
Dicho esto, ¿qué podemos esperar de Animales fantásticos y dónde encontrarlos aquellos que no somos unos fans inquebrantables del mago de la cicatriz en la frente y su universo mágico?
Con Harry, Ron y Hermione fuera de la ecuación era necesario encontrar oros protagonistas capaces de aguantar el tirón durante un buen puñado de películas (cinco, se pretenden hacer) así como a unos actores suficientemente carismáticos como para darles vida. Sobre lo primero, parecía lógico recurrir a algo ya existente dentro del mundo creado por Rowling y el elegido ha sido Newt Scamander, quien escribiera el ensayo sobre animales fantásticos que da nombre al film y que los estudiantes de Hotwarts debían estudiar desde su primer curso en la academia de magia. No existe en este caso una novela previa a la película, pero sí un libro de texto a imagen y semejanza al que se supone escribió el tal Scamander. Eso no significa que no esté el sello Rowling en la historia, pues ella es la que se ha encargado de escribir el guion en su primer trabajo para Hollywood.
Tenemos, pues, al protagonista. Y la sombra de un mago tenebroso, Grindelward, aquel del que ya sabíamos su historia por las películas de la saga original. Esto significa que Animales fantásticos y dónde encontrarlos es una especie de precuela de Harry Potter, y lo que esta primera película nos relata es la llegada del joven mago, recién terminado el manuscrito de su obra, a Nueva York como última escala en sus investigaciones, por lo que las diversas referencias a Hotwarts, Dumblemore y demás es tanto un guiño a los fans colmo unas bases de referencia.
Scamander funciona como motor de la historia y se crea un equipo bastante simpático a su alrededor, aunque carece la historia de la épica a la que nos estábamos acostumbrando en las últimas películas de Harry Potter. Puede que ello se deba al hecho de ser una película de origen (pese a que no se sabe por el momento si será también el protagonista de la secuela, aunque se le supone), a que  Rowling puede ser una escritora interesante pero no la más apropiada para crear un guion de cine, con las diferencias de ritmo que hay entre ambos géneros, o a que David Yates nunca ha sido un gran director, como demostró en la reciente Tarzán, viviendo sobre todo del cuento (del cuento de Harry Potter, me refiero, pues ha dirigido las cuatro últimas películas de la saga y parece confirmado para la pentalogía que nos ocupa). Hay un buen trabajo de ambientación, con la recreación del Nueva York de los años cuarenta, y los efectos digitales, centrados sobretodo en el diseño de esos animales fantásticos, pero la historia carece de la fuerza necesaria para lograr emocionar y tras la película queda una amarga sensación de haberse quedado a medio camino de algo, interesante visualmente pero vacía de contenido. Algo parecido a lo que le sucedía a El hogar de Miss Pelegrine para niños peculiares de Tim Burton.
Y luego está el tema interpretativo. Adelanto mis disculpas a sus defensores, pero llevo tiempo pensando (y cada nuevo trabajo suyo me da más la razón) que Eddie Redmayne es uno de los peores actores del mundo, por más que le hayan regalado un Oscar. Y es que tiene su Scamander exactamente los mismos irritantes tics que tenía su Einar Wegener/Lili Elbe de La chica danesa o su Stephen Hawking de La teoría del todo (de su presencia en El destino de Júpiter mejor ni hablar). Sólo él es capaz de destrozar una película con una interpretación espantosa en la que nunca se sabe si ríe o llora y donde parece imposible que hable con alguien mirándole a los ojos.
Más allá de Collin Farrell, correcto como casi siempre, el resto del reparto pasa sin molestar por la pantalla. No parece que ni Katherine Waterston ni Alison Sudol vayan a robarnos el corazón, aunque Dan Fogler sí logra componer un personaje que pese a ser el típico alivio cómico logra la empatía necesaria al espectador como para aplaudir su trabajo. También anda por ahí un divertido aunque irreconocible Ron Perlman, un John Voigh bastante desaprovechado y alguien más que prefiero no comentar dado la sorpresa que su aparición provocó en el respetable por más que su participación en el film (y sobretodo en la secuela) ha sido suficientemente cacareado por la prensa (bendita inocencia del espectador ocasional). Quizá lo más llamativo y rompedor con el estilo visual de toda la saga anterior es la presencia de esa extraña familia encabezada por Samantha Morton con Ezra Miller (el nuevo juguete de Warner) como un inquietante hijo adoptivo suyo, que más bien parece haberse escapado de un film de terror de James Wan que del mundo de Harry Potter.
En definitiva, film muy centrado en contentar a sus fans que sin duda hará las delicias de los más pequeños con sus chistes simples y sus animalillos (algunos excesivamente cómicos) pero demasiado irregular para aquellos que busquen una gran aventura y que tras la creciente oscuridad que dominaba la saga de Harry Potter pensaba que la cosa iría por ahí.

Valoración: Seis sobre diez.

lunes, 25 de julio de 2016

PREMONICIÓN: aceptable sucedáneo de Seven.

Cuentan que tras el gran éxito de crítica y taquilla de Seven en 1995 los productores se pusieron de inmediato manos a la obra para trabajar en una secuela. El resultado parece ser que es el guion de esta Premonición, en la que el personaje encarnado por Morgan Freeman resultaba tener poderes mentales que lo ayudaban a resolver el siguiente caso. Afortunadamente algo de control creativo quedó sobre David Fincher que se horrorizó con la idea y logró frenar el proyecto.
Ahora, más de dos décadas después, la película se ha hecho realidad, aunque totalmente desvinculada de los míticos personajes a los que dieron vida Freeman y Brad Pitt.
Anthony Hopkins interpreta a John Clancy, un vidente que vive aislado del mundo acosado por los fantasmas de su pasado (la muerte de su hija y el abandono de su mujer) al que la policía debe recurrir de nuevo para tratar de detener a un asesino en serie que los tiene totalmente desconcertados.
El esquema básico de pareja de investigadores que la propia Seven promovía se convierta ahora en trío cuando el agente Joe Merriwether, amigo desde hace años de Clancy, le obliga a colaborar con la joven y escéptica  Katherine Cowles (Abbie Cornish), creando un ambiente de animadversión mutua inicial que derivará, como era previsible, en una relación paterno filial.
Puede que en los arranques del film los esfuerzos del inexperto director Afonso Poyart por realizar un ejercicio visual efectivo inviten a injustas comparaciones con un David Fincher a todas luces inalcanzable, pero a medida que la narración te va atrapando y logras olvidarte completamente de Seven la película se revela como un interesante thriller, quizá con un esquema algo noventero (algo así sucedía con la reciente El secreto de una obsesión). Así, Poyart se esfuerza por dotar de dinamismo visual a una historia interesante de la cual quizá el tráiler nos había revelado demasiado pero que más allá del clásico conflicto entre buenos y malos propone una reflexión sobre quienes son en realidad los buenos y los malos. ¿Es el odio, como suele ser habitual en estos casos, lo que impulsa al villano de la función al que pone rostro Colin Farrell, o es más bien el amor? ¿Acaso no haríamos lo mismo que él nosotros mismos de encontrarnos en su situación y con sus poderes? Este es el trasfondo de Premonición, y lo que la diferencia de un capítulo más de las muchas series de televisión que abordan personajes similares.
No esperaba salir del cine con un tema de debate en la cabeza, y aunque tampoco es que estemos hablando de una profundidad reflexiva como para lanzar cohetes, en los tiempos que corren que un film te invite a reflexionar sobre algo (y de una u otra manera llevo ya tres seguidos) no es moco de pavo.
Como thriller policíaco, Premonición es una película interesante, bien filmada y con buenos actores, aunque sin demasiadas armas como para desmarcarse de la media del género. Es este punto de dualidad en su supuesta maldad lo que le da un pequeño aliciente. No es lo bastante como para que sea una gran película, pero al menos si consigue que las dos horas invertidas en su visionado valgan la pena.

Valoración: Seis sobre diez.

miércoles, 21 de enero de 2015

LA SEÑORITA JULIA (5d10)

Tras haber sido musa de Ingmar Bergman, Liv Ullman tiene una incipiente pero leve carrera como directora (su anterior película, Infiel, data del 2000), estrenando ahora su última película hasta la fecha (y sin proyectos conocidos) en la que ella misma adapta la obra teatral de August Strindberg.
Extremadamente fiel a la obra original, La señorita Julia es una apasionado alegato sobre la lucha de clases, el domino del hombre sobre la mujer (hablamos de 1890) y de la sumisión y el respeto alrededor de un poder superior que aun sin aparecer en toda la obra tiene presencia física en forma de unas botas o un puñado de billetes.
La señorita Julia es la hija de un aristócrata irlandés, afectada aún por la muerte, años atrás, de su madre, consentida y caprichosa, que en la noche de San Juan se propone seducir, sin fines muy concretos, a uno de sus sirvientes, John, sin importarle que esté emparejado con la cocinera de la casa.
Pese a recurrir a algunos exteriores y recorrer brevemente varias estancias de la casa (sobre todo en un breve prólogo donde vemos a la Julia niña), la acción se sitúa básicamente en la cocina de la mansión. Esto, y la presencia de tres únicos actores (más la mencionada y anecdótica niña) dan una clara idea de por dónde van los tiros. Y es que pese a una intensa interpretación de los tres protagonistas (sorprende especialmente un Colin Farrell al que no creía dotado para tales embistes, aunque es Jessica Chastain la que mejor logra sacar a relucir la desdoblada personalidad de Julia), una puesta en escena impecable y con algunos planos muy bellos y casi fotográficos (aunque, eso sí, alguien debería explicar a la directora la diferencia entre el día y la noche), la realización de Ullman es exageradamente teatral. Los actores caminan por la cocina como por un escenario, forzando las entradas y salidas y dando una sensación de irrealidad que da al traste con todo el realismo de los decorados. Además, el texto, que bien podría resultar muy adecuado para la escena, es artificioso para una película, no llegando a comprender en ningún momento hacia donde pretenden ir los personajes, siendo imposible por lo tanto comprenderlos y mucho menos aceptarlos. Julia, al menos, se puede excusar en esa especie de locura que la arroja a su cruel desenlace, pero sigo sin ver claras las intenciones de John y Katherine (la cocinera, correcta Samantha Morton), siendo incapaz de decidirme si John actúa movido por su amor, por su codicia, por miedo o por las tres cosas a la vez, resultando tan enfermo como su señora.
Al final, uno se limita a quedarse embobado con unos discursos perfectamente ejecutados por tres actores en estado de gracia sin que le importe mucho los constantes cambios de rumbo de las situaciones, dejándose llevar sin más en espera de un desenlace que se hace de rogar demasiado.
Tan apasionada y enfermiza como distante y confusa, Ullman busca una conjugación entre sátira social y poesía con toques de lujuria apasionada que se le va delas manos. Podría haber conseguido una excelente película. Al final se queda en una obra de teatro filmada. Muy bien filmada, de acuerdo, pero teatro al fin y al cabo.
El concepto adaptación es inexistente. Y eso desmorona el resultado final.

lunes, 17 de febrero de 2014

CUENTO DE INVIERNO (7d10)

Cuento de Invierno es una película extraña, desconcertante, que comienza (prólogo confuso aparte) con la acción ya arrancada y el prota, Peter Lake, perseguido con saña por el malo de la función, Pearly Soames, y sus secuaces.
Y si no han leído ustedes nada sobre este film antes de entrar en la sala de cine quizá deberían dejar de leer y entregarse a la aventura de una historia de fantasía y emociones que, como poco, les intrigará y sorprenderá. Advertidos quedan.
Y es que enseguida nos encontramos con caballos voladores, seres demoníacos y la eterna lucha del bien contra el mal con milagros de por medio.
Si han continuado leyendo es que no quieren arriesgarse a la incertidumbre de una película que posiblemente atraerá sobre todo por su reparto (y perdonen si se dienten tratados como incultos por dar por sentado que desconocen, como yo, la novela que adapta) con dos grandes figuras y un buen puñado de sorprendentes secundarios (algunos casi cameos), así que permítanme entrar al trapo con la trama:
Abandonado a su suerte en la maqueta de un barco siendo apenas un bebé (¿alguien ve aquí una revisión de la historia de Moisés?), Peter Lake es acogido por el siniestro Pearly Soames, que descubre en él innatas dotes como ladrón y lo apadrina con la esperanza de que algún día herede su imperio criminal. Pero cuando comprueba que el tal Lake oculta un corazón decente decide eliminarlo. Hasta aquí, todo normal. Pero cabe señalar que Soames es un demonio a las órdenes de Lucifer que se codea con ángeles caídos mientras que Lake está destinado a realizar un milagro que cambiará la vida de una joven y moribunda pelirroja. Y aquí la cosa se empieza a poner ya más rara.
Injustamente maltratada por la crítica, Cuento de Invierno es el debut como director de Akiva Goldsman, prestigioso guionista que está detrás de piezas tan infumables como los Batman de Schumacher como de Una mente maravillosa (por la que ganó el Oscar), El código Da Vinci o una docena de episodios de Fringe, entre muchas otras. Y a mi parecer se lleva el gato al agua con secuencias visualmente muy hermosas y una narración acertada (toda confusión inicial se disipa por el paso de los minutos), por más que en ocasiones abuse de planos demasiado forzados, muy fotográficos o “de posturitas”.
En el apartado interpretativo el peso se lo reparten Colin Farrell (del que ya he dicho que encuentro algo cansino cuando ejerce de protagonista) y Russell Crowe (con un papel que recuerda demasiado a su Javert de Los Miserables), aunque Jessica Brown Findlay brilla con luz propia (solo se le puede acusar de deslumbrar demasiado para representar que la muerte le ronda, aunque eso no es culpa suya) y las aportaciones breves pero interesantes de Jennifer Connelly, William Hurt, Graham Greene, Kevin Durant, Will Smith y ¡atención! Eva Marie Saint (sí, la veterana estrella de Con la muerte en los talones).
Me resulta muy curioso (incluso arriesgado) el ofrecer hoy en día un título tan “espiritual” como este, que hable de milagros con total normalidad y que aunque evite referirse directamente a Dios (supongo que para hacerla más universal en estos tiempos de Fe inestable), con explicaciones como “el Universo nos protege a todos”, las alusiones no engañan a nadie. El amor vence al odio. El bien al mal. Y Dios al Diablo. Así son las cosas.
No voy a ensalzar la película hasta considerarla una obra maestra, pero sí la defenderé sin miedo por atreverse, pese a sus evidentes deficiencias, a emocionar, a provocar un nudo en el corazón y humedecer en más de una ocasión los ojos.
Tanto es así que me atrevería a asegurar que, si hubiesen sido un poco más arriesgados y hubiesen apostado más en la promoción de la película y su temática fuese navideña (parte de la acción trascurre alrededor de Fin de Año, pero no hay ninguna alusión directa a la Navidad), esta merecería ser el Qué bello es vivir del siglo XXI.

Ahí lo dejo.

lunes, 3 de febrero de 2014

AL ENCUENTRO DE MR. BANKS (7d10)

Existen dos formas diferentes de analizar esta película.
La primera, y más importante, es analizándola como lo que es, un producto Disney, una historia entrañable, tierna y simpática basada en los esfuerzos de Walt Disney para conseguir que la escritora Pamela Travers le ceda los derechos de su obra más personal: Mary Poppins, de la que el mandatario de la multinacional de las orejas lleva veinte años enamorado. Así, la película discurre por un lado entre las negociaciones con la autora, la confección del guion a ocho manos (la propia Travers interviene de forma determinante en la escritura del mismo junto al guionista Don DaGradi y los autores musicales Robert y Richard Sherman) y el esperado estreno, mientras que por otro lado conoceremos los orígenes de la popular niñera mediante un recorrido por la infancia de Travers y su relación con su admirado padre, un hombre fantasioso y soñador pero con preocupantes problemas que arrastrarán a toda su familia).
Así, podríamos pensar que es una película en la línea de Mi semana con Marilyn o Hitchcock, que no eran realmente biopics de los dos artistas, sino crónicas del rodaje de El Príncipe y la Corista y Psicosis respectivamente, pero yo la acercaría más bien a la deliciosa (y finalmente trágica) Descubriendo nunca jamás, la historia de como James Barrie consigue estrenar la obra teatral basada en su célebre Peter Pan (otro personaje que, curiosamente, ha logrado pasar parte del imaginario infantil gracias a Disney). Como aquella, Al encuentro de Mr. Banks no es tanto un estudio del mundo de Hollywood (el célebre concepto de cine dentro de cine) como un análisis de lo que pasa por la cabeza de la excéntrica y gruñona escritora, por lo que aquí importa es más la parte literaria de Mary Poppins que no la parte cinematográfica.
Con esta base, la historia está repleta de toques de humor, sensibilidad y algo de dramatismo (este es el mundo real, aquí no hay magia que valga), que funciona perfectamente gracias a una brillante dirección a manos de John Lee Hancock, que filma de manera muy clásica y tradicional, y consiguiendo equilibrar a la perfección las dos historias paralelas. Pero de nada nos valdría todo esto si no fuese por el gran nivel de sus intérpretes, con un Tom Hanks muy convincentemente transformado en Walt Disney, con Colin Farrell demostrando una vez más que brilla mejor como secundario que cuando debe llevar el peso de la película (por cierto, un inciso: ¿por qué es tan ninguneado tanto en los títulos de crédito como en algunos de los carteles del film cuando su presencia en pantalla es tan grande –si no más- que la del propio Hanks y quizá más relevante), y secundarios brillantes como Bradley Whitford, Jason Schwartzman, B.J. Novak o Paul Giamatti.
Mención especial merece Emma Thompson, posiblemente la opción más lógica para interpretar este personaje si tenemos en cuenta sus dos recientes experiencias como guionista con La niñera mágica y La niñera mágica y el Big Bang, en las que interpreta a una niñera claramente inspirada en Mary Poppins. Thompson está brutalmente genial, recreando en las poco más de dos horas de metraje todos los registros posibles en un actor, mimetizándose perfectamente en la estirada escritora de portes británicos, consiguiendo traspasar su antipatía cuando es preciso pero provocando también nuestra simpatía a su antojo. Es incomprensible como puede haber quedado fuera de la terma de los Oscars, pues pocas interpretaciones pueden tener la fuerza de la Thompson a excepción, probablemente, de Cate Blanchett, cuyos respectivos personajes (recuerden la desequilibrada Blue Jasmine) guardan ciertas similitudes.
La segunda forma de analizar la película es confrontándola a la realidad que pretende trasladarnos. Y ahí es donde falla la cosa. Como es natural, no vamos a exigir una fidelidad fiel a un retrato de Walt Disney producido por los estudios Walt Disney Productions, ya que se prefiere apostar por las tiranteces entre Disney y Travers apostando por la comicidad que produce la diferencia de caracteres y el choque cultural entre la flema británica y el Hollywood más artificial, pero nada se dice del carácter tiránico del creador de Mickey Mouse ni de lo mucho que finalmente llegó a odiar Travers la película, cuya excesiva caracterización como mujer amargada y antipática (por momentos parece la mala de la peli, en contraposición con el amable y generoso Walt) y el desprecio que siente ante la pérdida de los valores y la venta de su propia integridad en favor del dinero americano se debe simplemente a un trauma infantil.

Si se tratase de una película de corte histórico o de la biografía de una personalidad clave sin duda me sentiría decepcionado, pero la fidelidad alcanzada en una historia casi anecdótica que sirve de paso para mostrarnos una vez más el Hollywood dorado y sus entresijos no me resulta fundamental a la hora de decantarme por disfrutar de una película entrañable y muy bien hecha que incita irremediablemente a revisar la Mary Poppins original apenas llegar a casa.

lunes, 27 de mayo de 2013

DEAD MAN DOWN (LA VENGANZA DEL HOMBRE MUERTO) (6d10)

Dead man down es una película triste, intencionadamente triste. Sus personajes son muñecos rotos, gente destrozada por su pasado y que encontrarse solo les va a servir, en lugar de para consolarse, para avanzar un paso más en el camino de su propia autodestrucción. Y para ello la mejor baza con la que cuenta el film es su pareja protagonista,  formada por dos actores tristes que pueden resultar odiosos en cualquier otra producción pero que aquí se adaptan al paisaje a la perfección,  transmitiendo al espectador la apatía por la vida a la que su desesperación ha arrastrado. 
Colin Farrew, ese insípido actor que pone la misma expresión a un policía de antivicio de Miami que a un escritor sin ideas o a un villano de superhéroe, y Rooney Rapace, sin duda lo peor de Sherlock Holmes 2 y un lastre constante a la belleza visual de Prometheus, cumplen aquí con creces haciendo creíble esa ambigua relación entre Victor y Beatrice, un matón de tres al cuarto y una vecina que lo chantajea tras haberle visto cometiendo un asesinato. Una relación nacida por interés pero que al desnudar los secretos de sus respectivos pasados (él perdió a su familia asesinada, ella tiene traumáticas cicatrices en el rostro gracias a un conductor borracho) el telón del egoísmo cae para descubrir que se necesitan el uno al otro si es que pueden aspirar a recuperar algo parecido a una vida.
La película tiene un ritmo lento, casi anodino al principio, que nos permite sin embargo poder conocer mejor a este par de perdedores que el destino -y unas terrazas enfrentadas- ha unido,  mientras que la velocidad impulsiva corre a cargo de Alphonse y Darcy, jefe y compañero (a la par que lo más parecido a un amigo) de Victor, unos muy correctos Terence Howard y Dominic Cooper.

¿Dónde es, entonces, donde cojea la historia? En su final. Sin querer adentrarme demasiado en spoilers, al director Niels Arden Oplev (descubridor de Rapace en la primera Millenium) pierde el control del film al aproximarse al clímax final y convertir al personaje de Farrew en una suerte de John McClane con aires tarantinescos en un tiroteo frenético que echa por la borda el agradable regusto agridulce que hasta ahora tenía la película.  Pese a ello, Dead man down cumple con creces y nos recuerda que si dos seres abandonados como estos pueden salir de sus cloacas, ¿qué no podemos hacer nosotros, la gente corriente? Triste historia, sí,  pero finalmente esperanzadora.

domingo, 14 de abril de 2013

SIETE PSICÓPATAS * (7d10)

Estamos ante lo que, a priori, debería ser una película pequeñita, una de esas joyas del cine independiente que posiblemente nunca hubiera visto la luz en España a no ser en los circuitos de V.O. Sin embargo, no sé si por avatares del destino,  por amiguismo o simplemente por el poder de seducción de su guion, ha conseguido reunir a un grupo extraordinario de intérpretes que nos invita a verla con otros ojos, por más que nos encontremos de nuevo ante uno de esos flagrantes maltratos por parte de la distribuidora que ha fechado su estreno en cines muchos meses después de su pase en Sitges y con una paupérrima publicidad, prácticamente limitada al poder de convocatoria que poseen los nombres que aparecen en el cartel, demostrando la poca confianza hacia un producto de demostrada calidad. Pero bueno, luego, cuando las cuentas no cuadren, siempre podrán culpar a la piratería. Es lo que se lleva.
Siete psicópatas narra las historias paralelas de un guionista del montón que piensa que va a cambiar el mundo con la trama sobre un grupo de psicópatas en el que está trabajando sin ser capaz de reconocer que copia más que crea, mientras por otro lado conoceremos a un pobre desgraciado con un "negocio" de secuestro de perros para cobrar una recompensa por su devolución cuya vida se complicará al robar una perrita que es la niña mimada de un peligroso (y psicópata, por supuesto) mafioso.

Esta es la historia concebida por Martin McDonagh (que ya destacó por Escondidos en Brujas), cargada con mucho humor negro, situaciones estrambóticas y diálogos brillantes que la hacen en conjunto delirante y divertida con el refuerzo de un magnífico reparto encabezado por Colin Farrell (que una vez más demuestra que luce mejor en películas pequeñas que en superproducciones como la mediocre Desafío Total), Sam Rockwell, Woody Harrelson (tan desquiciado como nos tiene acostumbrados), Tom Waits, Harry Dean Stanton o Olga Kurylenko (aunque su aportación es casi testimonial, como para dar un toque femenino al póster) entre otros, aunque quien realmente se lleva la palma es Christopher Walken, al que teníamos un poco perdido últimamente (pronto lo veremos en Tipos legales junto a Al Pacino y Alan Arkin) que está sencillamente inmenso, comiéndose a sus compañeros cada vez que aparece en pantalla y haciendo suya la película,  pese al rol de secundario que sobre el papel le corresponde.