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domingo, 21 de enero de 2018

LOS ARCHIVOS DEL PENTÁGONO

Hace ya bastante tiempo que Spielberg perdió su tirón comercial. Pese a haber sido capaz en los últimos tiempos de grandes películas como El puente de los espías, han sido más sus meteduras de pata, tanto en el terreno “serio” como eran War Horse o Lincoln como en el campo de lo fantástico, con Las aventuras de Tintín: El secreto del Unicornio o Mi amigo el gigante.
Este año, el antaño Rey Midas de Hollywood va a probar suerte en ambos géneros, siendo Los archivos del Pentágono la primera en llegar.
Inspirada en los hechos reales acontecidos a principios de los años 70 con el descubrimiento por parte del New York Times de un informe encargado por el propio gobierno de los Estados Unidos según el cual la guerra de Vietnam estaba condenada desde el principio, revelando las mentiras que contaron indiscriminadamente varios presidentes hasta llegar al Nixon actual, Spielberg constituye una película brillante y muy honesta sobre el ejercicio periodístico y la búsqueda de la verdad, sin importar el precio a pagar por ello.
Con el New York times momentáneamente fuera de juego es turno del Washington Post, en una difícil situación por la muerte de su dueño y las dudas sobre la capacidad de su viuda (¡¡una mujer!!) de mantenerse al frente del mismo, quien debe decidir si seguir con las revelaciones o agachar la cabeza ante el gabinete de Nixon.
Poco importa lo que suceda con la noticia. No solo por ser un caso real de sobras conocido, aunque el desarrollo de la trama tampoco deja mucho hueco para las sorpresas. Hay alguna subtrama, como la del futuro en bolsa del diario de la capital, que tampoco termina por resultar demasiado relevante. Lo que en el fondo pretende Spielberg es ofrecer un tributo al ejercicio periodístico, una profesión demasiado en tela de juicio últimamente, y aprovecha la coyuntura actual del gobierno de Trump para realizar una interesante metáfora entre el pasado y el presente que demuestra lo poco que cambian las cosas. Incluso el mensaje feminista que oculta tras el personaje al que da vida Meryl Streep podría pertenecer a un contexto actual, más con el movimiento contra los abusos sexuales y de poder que se están propagando por todo Hollywood.
En ese sentido, Spielberg apuesta sobre seguro y confía en actores del talento de la Streep y Tom Hanks para dar vida a los protagonistas, aunque el listado de secundarios no es nada baladí, con gente como Bradley Whitford, Bob Odenkirk, Bruce Greenwood, Michael Stuhlbarg o la cada vez más destacable Allison Brie. Sin embargo, esa apuesta segura en el reparto, junto a la visión tan clasisista de su realización, restan sensación de riesgo a una película que, aún siendo muy buena no alcanza la categoría de brillante. Es, posiblemente, la película donde se ve menos la mano del director, mientas que el noble tributo que se ofrece a la profesión de prensa se ve empañado por la sencillez de la historia. Hay muchas referencias (y la escena final así lo demuestra) a Todos los hombres del presidente, aunque no hay aquí la intriga de aquel estimulante thriller político, mientras que pierde también en la comparativa de otra película de similares intenciones como fue la reciente Spotlight, la cual no solo recordaba como era la época en la que el periodismo luchaba por defender la verdad por encima de todo sino que invitaba, además,al debate con respecto al tema a tratar, debate que no llega a existir en ningún momento de Los archivos del Pentágono.
Es por ello que esta última película de Spielberg es una gran obra, emotiva y muy intensa, pero que no llega a aportar nada suficientemente destacable como para mantenerla en la memoria tras su visionado. Sí, refleja una época y acusa a aquel que abusa de su poder, pero todo suena a ya visto y sabido y más allá de la corrección visual y narrativa se diría que uno espera mucho más de Spielberg, al que el instinto parece haberle caducado (¿o quizá sea simple acomodamiento?).
En un par de meses llega el Spielberg fantástico con Ready Player One. Será la prueba definitiva de si este otrora gran director sigue en la cresta de la ola o debemos aceptarlo como un correcto artesano, pero poco más.

Valoración: Siete sobre diez.

domingo, 7 de mayo de 2017

EL CÍRCULO, un Black Mirrow alargado y descafeinado.

El Círculo, la nueva película de James Ponsoldt, contaba a priori con unos cuantos detalles interesantes. Para empezar, la adaptación de la novela de Dave Eggers que nos alerta sobre los peligros de la tecnología y la falta de privacidad. Por otro lado, Ponsoldt ha logrado reunir un interesante casting donde destaca de forma casi omnipresente Emma Watson pero que va bien arropada por Tom Hanks, Karen Gillian, John Boyega o Patton Oswalt. Y por último, por tener la oportunidad de despedirnos del actor Bill Paxton, que realiza aquí su último trabajo cinematográfico antes de su fallecimiento.
Sin embargo, ninguno de estos elementos es suficientes como para justificar la visualización de El Círculo. Quizá demasiado lastrada por la existencia de una serie tan interesante como Black Mirrow, nada de lo que nos explica Ponsoldt parece novedoso, siendo su puesta en escena, además, apática y previsible. Todo parece estar diseñado para molar mucho, con esas imágenes virtuales, esos planos circulares y la envolvente música de Danny Elfman, pero a la hora de la verdad todo resulta ser estéril e insulso.
Mae es una ambiciosa y capacitada chica que logra entrar a trabajar en una puntera compañía tecnológica que, siempre con la bandera del buen samaritano, aspira a convertirse en un Gran hermano mundial, el ojo que todo lo ve y todo lo controla. Información es poder, y en estos tiempos más que nunca.
Pese a una desconfianza inicial, Mae pronto se dejará seducir por los cantos de sirena de El Círculo, terminando por ser ella misma la más convencida, como si de una secta absorbe cerebros se tratase, por más que las pistas de que algo no es trigo limpio se nos muestren enseguida. Sin embargo, si se supone que esto debe funcionar como thriller de intriga, la cosa no va a buen puerto.
Al final, la película termina pecando de ingenua, sin saber arriesgar cuando más lo necesita y conformándose con ser un cuento muy simplista donde las cosas suceden porque sí y los personajes no tienen oportunidad de ser desarrollados, desaprovechando con ello a los actores que los interpretan. Así, Boyega se limita a dejarse ver en un par de ocasiones muy forzadas, Hanks solo aporta algo de carisma en su primera aparición, sumándose luego en la desidia general y Watson no posee aún las tablas suficientes como para levantar por sí misma un proyecto condenado al fracaso, aunque en Coloniaestaba más cerca de conseguirlo. Quizá el ejemplo más fragante sea que Karen Gilliam tiene oportunidad de demostrar su talento interpretativo mucho mejor en Los guardianes de la Galaxia, Vol. 2, pese a los kilos de maquillaje y las prótesis que lleva, que aquí.
El Círculo no es abominable. Simplemente es insustancial. Se puede ver y entretiene medianamente durante su visionado, pero ni consigue emocionar (aunque lo pretende) ni el (previsible) giro final logra convencer lo más mínimo.
Puede que las nuevas tecnologías y el poder que ejercen sobre nosotros sea algo aterrador, pero si la forma de denunciarlo es con películas como estas, vamos mal encaminados.
Sirve para pasar la tarde, pero poco más.

Valoración: Cinco sobre diez.

lunes, 24 de octubre de 2016

INFERNO: Más símbolos para descifrar.

Inferno es la película que cruza por tercera vez los caminos de Tom Hanks, Ron Howard y Dan Brown tras el éxito de El Código DaVinci y Ángeles y demonios.
Una vez más nos encontramos ante las andanzas del profesor Robert Langdon que de nuevo es perseguido por un misterio indescifrable que lo llevará a recorrer los más recónditos lugares de Europa (ahora toca Florencia y Estambul). Quizá eso sea lo mejor de la película, el recorrido turístico que las obras de Brown siempre hacen por los templos y palacios europeos y que permiten al espectador disfrutar con la belleza de tan maravillosos lugares.
Por lo demás, estamos ante un simple entretenimiento que no pasará a la historia, con una trama donde se riza el rizo hasta el exceso consiguiendo ser más inverosímil aún que las anteriores entregas de la saga. Si en la primera película Langdon luchaba por salvar su propia vida y la de su compañera (lo de resolver la clave que podría poner en jaque a todo el estamento eclesiástico iba de propina) y en la segunda salvaba la vida al mismísimo Papa, en esta es la humanidad entera (o un gran porcentaje de la misma) la que dependerá de que el profesor y su nueva acompañante resuelvan los acertijos que vayan encontrando por el camino. Un más difícil todavía con giros bastante poco creíbles aunque no por ello menos previsibles y con demasiadas cosas cogidas por los pelos.
El problema de esta saga es que depende demasiado de las novelas de Dan Brown, una obra mucho más modesta de lo que su fama parece indicar, y que el guion de David Koep logra mejorar.  
De los tres títulos protagonizados por Robert Langdon (en cine, pues queda aún otra novela sin adaptar, El Símbolo perdido) este es el más enrevesado y tramposo, y quizá también el más flojo, aunque el buen hacer de sus actores protagonistas y la efectividad con la que trabaja siempre Howard consiguen sacarla adelante. Con el Infierno de Dante como telón de fondo la base de la historia recurre a algo demasiado mascado ya, el multimillonario que con la pretensión de salvar a la humanidad de sí misma encuentra la manera de eliminar a gran parte de la población de la Tierra. Vamos, algo parecido a lo que pretendía Valentine (Samuel L. Jackson) en Kingsman: Servicio Secreto o el Hugo Drax de Moonraker.
Al menos se puede asegurar que Tom Hanks se siente cómodo en la piel de Langdon y que hace una convincente interpretación, probablemente la más trabajada de la saga, mientras que, como viene siendo marca de la casa, está rodeado por un competente reparto donde destaca la chica de moda Felicity Jones (rompiendo taquillas con Un monstruo viene a verme y protagonista absoluta estas Navidades en Roge One, a Star Wars history), Ben Foster, Irrfan Khan y Omar Sy.
En fin, película a la que no se le puede exigir más que pasar un buen rato con ella, emocionante y bastante superior a la novela que adapta. Y es que, alejado de polémicas eclesiásticas, Dan Brown tampoco da para mucho más.

Valoración: Seis sobre diez.

domingo, 10 de julio de 2016

ESPERANDO AL REY: Con el rumbo algo perdido.

Esperando al rey es la nueva película como director de Tom Tykwer tras saltar a la fama por la interesante adaptación de El perfume, aunque sin olvidarnos de su colaboración en la infravalorada El atlas de las nubes con los/las Wachowski.
Basándose en la novela Un holograma para el rey, de Dave Eggers, Esperando al rey es el reencuentro del director con el actor Tom Hanks, tras conocerse en la extraña epopeya a través el tiempo y el espacio que fue la mencionada El atlas de las nubes.
A partir de una historia sencilla e universal (la confusión, indefensión y posterior enamoramiento hacia una cultura contrapuesta a la habitual), Tom Hanks se hace con los mandos de una obra que pretende abarcar demasiados temas y fracasa en la mayoría, no por hacerlo mal sino por el distanciamiento que provoca. Eggers utiliza la excusa de un comercial en plena crisis (laboral y personal) que busca una última oportunidad de redención (fue el responsable de una gran cantidad de despidos en su última “hazaña”) en el cierre de un importante negocio que le llevará a entrevistarse con el mismísimo rey de Arabia Saudí para hablar sobre el choque cultural entre el país de Oriente Medio y los Estados Unidos (o los países occidentales, por extensión), para retratar la amenaza del capitalismo (una amenaza identificada ahora con China, aunque para Hollywood el gigante oriental es a la vez amenaza y salvación, que se lo digan a los productores de Warcraft), la crisis de valores empresariales, la dependencia de la tecnología, las consecuencias de la crisis financiera en la vida personal, el miedo al fracaso y la soledad y, cómo no, el amor intercultural. Todo un batiburrillo que Tykwer no consigue mezclar correctamente en su coctelera y que en ocasiones se pierde por deambuleos que pueden distraer e incluso aburrir al personal.
Afortunadamente, cuando ese aburrimiento amenaza con hundir el film aparece el buen hacer de Hanks que, pese a interpretar un poco el mismo papel de siempre, consigue conectar con el público logrando una empatía que salva los muebles a la obre, invitando a que nos fijemos sólo en la historia central (su propio periplo por esas tierras extrañas) y nos dejemos de segundas lecturas.
Así, las andanzas de este comercial y su relación con un chófer con el que terminará forjando una buena amistad (el desconocido Alexander Black, con quien Hanks demuestra tener una brillante química) evitan el naufragio de una película que se deja ver sin demasiados problemas pero que aspiraba a más, a mucho más.
En fin, un simpático viaje de descubrimiento interior que no ofrece demasiadas novedades alrededor de un género algo trillado pero que gracias al trabajo de sus actores logra despertar un ligero interés.

Valoración: Cinco sobre diez.

domingo, 13 de diciembre de 2015

EL PUENTE DE LOS ESPÍAS (9d10)

Siempre he pensado que existen dos Spielberg totalmente diferentes: el palomitero y el trascendental. No vamos a descubrir aquí a ninguno de los dos, pero sí diré que a mí personalmente siempre me ha convencido más el primero que el segundo. E.T., Tiburón, las sagas de Indiana Jones o Parque Jurásico… formarán para siempre parte de la historia del cine mientras que en su vertiente más seria y dramática solo La lista de Schiedler me convenció totalmente.
En los últimos años se podría decir que el antaño rey Midas de Hollywood estaba patinando en ambos campos. Tras el alud de críticas negativas que tuvo con Indiana Jones y la calavera de cristal el realizador de Cincinnati estuvo tres años para decidir su próximo proyecto. Fue Las aventuras de Tintín: el secreto del unicornio, inicio de una trilogía que de momento está en dique seco, a las que siguió la irregular War Horse y la soporífera Lincoln. Spielberg sabía rodar magníficamente bien, pero había perdido su magia.
Pero cuando estábamos todos a punto de tirar la toalla, el realizador se ha aliado con los hermanos Coen y Matt Charman para adaptar en pantalla grande un episodio de la historia de James Donovan, un abogado de seguros de origen irlandés al que la CIA encomienda el difícil caso de defender ante un jurado a un espía ruso en plena guerra fría. No se trataba de una labor humanitaria, desde luego, sino de aparentar que en los Estados Unidos se protegen los derechos básicos de cualquier persona, aunque el veredicto estaba ya asegurado antes del juicio. Pero Donovan, fiel a sus principios, hizo lo imposible por evitar que el soviético Rudolf Abel fuese condenado a muerte y… Bueno, y si queréis saber más tendréis que ir la peli aunque, como se suele decir, el resto es historia.
La primera gran baza del guion es no limitar la función a una película de juicios, sino ampliar sus horizontes para configurar un debate sobre el bien y el mal y como varía la objetividad de cada uno según el punto de vista en el que se encuentra. Así, la película reflexiona sobre si “el malo” de la película es malo por lo que hace o por para quién lo hace, de la misma manera que si un espía americano hiciese lo mismo en el bando contrario sería definido como el héroe.
Una interesante propuesta que los guionistas manejan con brillantez, aportando ligeras gotas de humor e ironía que ayuda a simpatizar con todos los personajes y a comprender un poquito mejor una etapa histórica muy confusa  donde las guerras se libraban en los despachos y salas de negociación.
Con semejante premisa Spielberg, ahora sí, ha podido dar rienda suelta a todo su conocimiento para elaborar una película fantástica, no sé si la mejor de su carrera pero desde luego la mejor en muchos años, en la que consigue crear el tono y el ritmo que la historia necesita con una elegancia y estilismo en cada uno de los planos que invitan al aplauso constante. Baste como ejemplo pensar en la magnífica caracterización del Berlín de la época, un Berlín rodado completamente en estudios.
Dejando por una vez (y me temo que debido a su avanzada edad no será la última) al compositor John Williams de la ecuación, el tercer gran acierto del film está en la elección de sus intérpretes, con un Tom Hanks inmenso a la par que contenido y un Mark Rylance que te atrapa desde la primera (y absolutamente definitoria) escena, transformado en un espía de sangre fría y corazón caliente, capaz de ganarse la simpatía de todo el público.
En conclusión, un coctel perfecto para una historia increíblemente real y que, conociendo la biografía del protagonista, invitaría incluso a una posible secuela por tierras cubanas. No creo que esto llegue a producirse, pero nos contentaremos con disfrutar de esta (ahora sí) obra maestra, una de las mejores películas de este año y cuyas casi dos horas y media pasan como un suspiro.
Así sí, Steve. Así sí.

lunes, 3 de febrero de 2014

AL ENCUENTRO DE MR. BANKS (7d10)

Existen dos formas diferentes de analizar esta película.
La primera, y más importante, es analizándola como lo que es, un producto Disney, una historia entrañable, tierna y simpática basada en los esfuerzos de Walt Disney para conseguir que la escritora Pamela Travers le ceda los derechos de su obra más personal: Mary Poppins, de la que el mandatario de la multinacional de las orejas lleva veinte años enamorado. Así, la película discurre por un lado entre las negociaciones con la autora, la confección del guion a ocho manos (la propia Travers interviene de forma determinante en la escritura del mismo junto al guionista Don DaGradi y los autores musicales Robert y Richard Sherman) y el esperado estreno, mientras que por otro lado conoceremos los orígenes de la popular niñera mediante un recorrido por la infancia de Travers y su relación con su admirado padre, un hombre fantasioso y soñador pero con preocupantes problemas que arrastrarán a toda su familia).
Así, podríamos pensar que es una película en la línea de Mi semana con Marilyn o Hitchcock, que no eran realmente biopics de los dos artistas, sino crónicas del rodaje de El Príncipe y la Corista y Psicosis respectivamente, pero yo la acercaría más bien a la deliciosa (y finalmente trágica) Descubriendo nunca jamás, la historia de como James Barrie consigue estrenar la obra teatral basada en su célebre Peter Pan (otro personaje que, curiosamente, ha logrado pasar parte del imaginario infantil gracias a Disney). Como aquella, Al encuentro de Mr. Banks no es tanto un estudio del mundo de Hollywood (el célebre concepto de cine dentro de cine) como un análisis de lo que pasa por la cabeza de la excéntrica y gruñona escritora, por lo que aquí importa es más la parte literaria de Mary Poppins que no la parte cinematográfica.
Con esta base, la historia está repleta de toques de humor, sensibilidad y algo de dramatismo (este es el mundo real, aquí no hay magia que valga), que funciona perfectamente gracias a una brillante dirección a manos de John Lee Hancock, que filma de manera muy clásica y tradicional, y consiguiendo equilibrar a la perfección las dos historias paralelas. Pero de nada nos valdría todo esto si no fuese por el gran nivel de sus intérpretes, con un Tom Hanks muy convincentemente transformado en Walt Disney, con Colin Farrell demostrando una vez más que brilla mejor como secundario que cuando debe llevar el peso de la película (por cierto, un inciso: ¿por qué es tan ninguneado tanto en los títulos de crédito como en algunos de los carteles del film cuando su presencia en pantalla es tan grande –si no más- que la del propio Hanks y quizá más relevante), y secundarios brillantes como Bradley Whitford, Jason Schwartzman, B.J. Novak o Paul Giamatti.
Mención especial merece Emma Thompson, posiblemente la opción más lógica para interpretar este personaje si tenemos en cuenta sus dos recientes experiencias como guionista con La niñera mágica y La niñera mágica y el Big Bang, en las que interpreta a una niñera claramente inspirada en Mary Poppins. Thompson está brutalmente genial, recreando en las poco más de dos horas de metraje todos los registros posibles en un actor, mimetizándose perfectamente en la estirada escritora de portes británicos, consiguiendo traspasar su antipatía cuando es preciso pero provocando también nuestra simpatía a su antojo. Es incomprensible como puede haber quedado fuera de la terma de los Oscars, pues pocas interpretaciones pueden tener la fuerza de la Thompson a excepción, probablemente, de Cate Blanchett, cuyos respectivos personajes (recuerden la desequilibrada Blue Jasmine) guardan ciertas similitudes.
La segunda forma de analizar la película es confrontándola a la realidad que pretende trasladarnos. Y ahí es donde falla la cosa. Como es natural, no vamos a exigir una fidelidad fiel a un retrato de Walt Disney producido por los estudios Walt Disney Productions, ya que se prefiere apostar por las tiranteces entre Disney y Travers apostando por la comicidad que produce la diferencia de caracteres y el choque cultural entre la flema británica y el Hollywood más artificial, pero nada se dice del carácter tiránico del creador de Mickey Mouse ni de lo mucho que finalmente llegó a odiar Travers la película, cuya excesiva caracterización como mujer amargada y antipática (por momentos parece la mala de la peli, en contraposición con el amable y generoso Walt) y el desprecio que siente ante la pérdida de los valores y la venta de su propia integridad en favor del dinero americano se debe simplemente a un trauma infantil.

Si se tratase de una película de corte histórico o de la biografía de una personalidad clave sin duda me sentiría decepcionado, pero la fidelidad alcanzada en una historia casi anecdótica que sirve de paso para mostrarnos una vez más el Hollywood dorado y sus entresijos no me resulta fundamental a la hora de decantarme por disfrutar de una película entrañable y muy bien hecha que incita irremediablemente a revisar la Mary Poppins original apenas llegar a casa.

miércoles, 30 de octubre de 2013

CAPITÁN PHILLIPS (7d10)

Después de que Green zone: Distrito protegido pasara casi desapercibida por las carteleras, Paul Greenglass, realizador de la interesante United 93 necesitaba un éxito que lo devolviese  al nivel conseguido con sus dos aproximaciones a la saga Bourne.
Cambiando a Matt Damon por Tom Hanks, Capitán Phillips es el vehículo elegido para reconciliarse con el gran público –no por casualidad ha sido estrenada en época pre-Oscars-, inspirándose en la historia real de Richard Phillips, el capitán del carguero Alabama secuestrado por un grupo de piratas somalíes.
Con un estilo rozando por momentos el documental, Greenglas nos ofrece una epopeya intensa, emocionante y angustiosa sobre el secuestro, evitando la moralina barata y sin que en ningún momento se nos ofrezca simpatizar con los piratas, al final meros servidores de un mando superior, por más que en algunos momentos sean tan víctimas de su sociedad como el propio secuestrado.
Así, con una historia potente, un actor brillante y una dirección firme, Greenglass podría haber culminado una película digna de destacar en la temporada de premios que está a punto de comenzar, logrando su mejor título hasta la fecha. Y digo podría porque, aun siendo una muy interesante película, hay demasiados momentos en los que hace aguas como para considerarla obra maestra.
El primer problema está en el abuso de la cámara en mano, un recurso que funcionaba muy bien en United 93 para conseguir convertir al espectador en parte protagonista del drama pero que aquí resulta más molesta que otra cosa, no siendo ni siquiera constante, ya que en las escenas navales hay unos traveling aéreos mucho más que correctos.
El segundo problema es la indefinición hacia lo que se quiere contar y como se pretende hacer. El slogan de la película es “Nadie elige ser un héroe”, invitando a pensar que Phillips terminará convertido en héroe a su pesar, pero nada más lejos de la realidad. La película contiene dos partes muy diferenciadas, la que corresponde al secuestro del barco y la que describe el intento de huida de los somalíes con Phillips de rehén. En la primera de ellas el personaje de Hanks se comporta con firmeza e ingenio durante la crisis  en el carguero, y aunque lejos de actuar como un héroe sí demuestra estar a la altura de los acontecimientos. En la segunda, sin embargo, Hanks se limita a permanecer secuestrado, con algunos esfuerzos interpretativos notables, no lo niego, pero sin un ápice de heroísmo, cosa por otro lado natural, ya que es una historia real sobre un capitán de barco, pero que puede llevar a engaño. 
Tras hora larga intensa y emocionante, la película deriva en una operación de rescate militar, donde la personalidad de Phillips queda en segundo plano y, aunque observemos la acción con interés, no se puede evitar una sensación de alejamiento, como si se nos sacara de golpe de la escena del secuestro y nos descubriésemos sentados en el sofá viendo por la tele un documental de Xplora o algún canal similar.
Posiblemente, el principal error de Greenglass sea hacer recaer el protagonismo en exceso en Tom Hanks, sin permitir que ningún secundario se sume a la fiesta (con excepción de los somalíes). Los marineros del barco desaparecen en un momento dado y ninguno de los militares cuenta con ninguna escena mínima para convertirse en un personaje propio. Así que cuando Phillips queda anulado por el secuestro la identificación del espectador con algún protagonista se anula también.
Y no será por falta de tiempo, ya que Greenglass alarga en exceso el metraje (recuerdo con desesperación la escena de una revisión médica interminable) al que el espantoso doblaje español no le hace favor alguno (una vez más parece que estemos ante un drocudrama de la tele).
Greenglass tenía las herramientas a su disposición. Contaba con la historia y el actor perfecto, además de un puñado de actores para el papel de secuestradores totalmente amateurs pero de excelente factura, pero no ha sabido jugar bien sus cartas, y constantemente parece que su film se quede a falta de dar un último y definitivo paso hacia delante.

Interesante, emocionante, pero falta de alma. 

martes, 26 de febrero de 2013

EL ATLAS DE LAS NUBES (8d10)

¡Buff! Qué increíblemente difícil es comentar esta película. Tanto es así que lo único que se me ocurre es deciros que si no la habéis visto dejéis de perder el tiempo leyendo esto y vayáis a verla. Porque esta es una de esas obras que, en lugar de aconsejarlas o no, hay que debatirla. Así que, hacedme caso, vedla y luego hablamos.
¿Ya habéis vuelto? Bien, espero que os haya gustado. Si no os ha entusiasmado, no os preocupéis. Leeros esto, esperad a que pasen unos días y volvedla a ver. Y si entonces aún no estáis embriagados con la película… pues lo siento, eso significa que no tenéis ni idea de cine.
¿Qué significa esto? ¿Estamos ante la mejor película del año? No, ni mucho menos. ¿Es, al menos, una obra majestuosa y brillante, de diálogos perfectos e interpretaciones inolvidables? Pues tampoco, mire usted. ¿Entonces?
Entonces, El Atlas de las Nubes es emoción, poesía, amor por el cine y pasión por la imagen. Y por encima de todo, un prodigio del montaje que no me cabe en la cabeza que no se llevara el Oscar directamente, sin perder el tiempo con más nominados. Pero ya sabéis, en la Academia hay de todo menos coherencia.
Explicar el Atlas de las Nubes es tan difícil como explicar lo que provoca. Se trata de seis historias (siete si contamos el prólogo y el epílogo) que ocurren en diversos lugares y épocas que se conectan entre sí por pequeños detalles, un momento, un sentimiento, una música… A diferencia de la novela en la que se basa, estas historias no se nos presentan de manera ordenada, ni siquiera se entremezclan con cierto orden al estilo de Pulp fiction o Vidas Cruzadas. Lo que nos vamos a encontrar es un collage endiablado conde apenas dos segundos de una historia dará pie a dos segundos de la siguiente, mezclándolas con enloquecedor frenesí sin tiempo para que un diálogo o una voz en off que pertenece a un segmento finalice antes de diluirse en el otro. Y esto está realizado con una maestría que no creía posible en los hermanos Wachowski (que desde la hipnótica Matrix no habían hecho nada que llamase mi atención como directores) que en este caso se apoyan en la labor de Tom Tykwer (realizador de Corre, Lola, corre y El Perfume) en un insólito caso de película rodada a seis manos, aunque viendo las diferentes secuencias se puede intuir en que relatos ha tenido más peso unos u otro.
No contentos con semejante desafío, los Wachowski proponen un juego del Más difícil todavía invitando a su fiesta a un puñado de actores a los que repartirán a lo largo de diferentes épocas y lugares para que, con ayuda de un (generalmente) soberbio maquillaje encarnen a diferentes personajes. Así Tom Hanks, Halle Berry, Jim Broadbent, Hugo Weaving, Jim Sturgess, James D’Arcy, Doona Bae, Susan Sarandon y Hugh Grant se reparten decenas de personajes algunos de ellos tan difíciles de reconocer que nos quedaremos enganchados a los títulos de créditos en los que se nos revela la identidad de cada uno, como la solución al final de un libro de pasatiempos.
Las historias narradas van desde el Sur del Océano Pacífico en 1849 hasta unas islas Hawaianas postapocalípticas en el año 2321, pasando por Cambridge y Edimburgo en 1936, San Francisco en el 73, Reino Unido en el presente y Neo Seúl en el 2144 (el apocalipsis, aquí llamado “La Caída” será en el 2215). En estas épocas viviremos historias de amor y superación en tramas tan dispares como la de un médico que trata de envenenar a su paciente para robarle sus pertenencias, un aspirante a compositor musical, una periodista que investiga el peligro nuclear, un veterano editor encerrado en un asilo contra su voluntad, una clon que trabaja en un restaurante de comida rápida y termina encabezando una revolución por la libertad y un cobarde miembro de una tribu masacrada por sus enemigos. Situaciones aparentemente sin relación (ni coherencia) entre ellas pero que terminan encajando como piezas de engranaje de un reloj suizo para conformar, al final, en una historia épica, hermosa e hipnótica.
Regreso al inicio de mi comentario: Vedla. Dejaos arrastrar por ella, permitid que os atrape durante sus casi tres horas de metraje y, simplemente, disfrutadla.

Y si no lo conseguís, ya sabéis… Un poco más abajo tenéis espacio para dejar vuestros comentarios. Hacedlo si os atrevéis.