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lunes, 17 de febrero de 2014

CUENTO DE INVIERNO (7d10)

Cuento de Invierno es una película extraña, desconcertante, que comienza (prólogo confuso aparte) con la acción ya arrancada y el prota, Peter Lake, perseguido con saña por el malo de la función, Pearly Soames, y sus secuaces.
Y si no han leído ustedes nada sobre este film antes de entrar en la sala de cine quizá deberían dejar de leer y entregarse a la aventura de una historia de fantasía y emociones que, como poco, les intrigará y sorprenderá. Advertidos quedan.
Y es que enseguida nos encontramos con caballos voladores, seres demoníacos y la eterna lucha del bien contra el mal con milagros de por medio.
Si han continuado leyendo es que no quieren arriesgarse a la incertidumbre de una película que posiblemente atraerá sobre todo por su reparto (y perdonen si se dienten tratados como incultos por dar por sentado que desconocen, como yo, la novela que adapta) con dos grandes figuras y un buen puñado de sorprendentes secundarios (algunos casi cameos), así que permítanme entrar al trapo con la trama:
Abandonado a su suerte en la maqueta de un barco siendo apenas un bebé (¿alguien ve aquí una revisión de la historia de Moisés?), Peter Lake es acogido por el siniestro Pearly Soames, que descubre en él innatas dotes como ladrón y lo apadrina con la esperanza de que algún día herede su imperio criminal. Pero cuando comprueba que el tal Lake oculta un corazón decente decide eliminarlo. Hasta aquí, todo normal. Pero cabe señalar que Soames es un demonio a las órdenes de Lucifer que se codea con ángeles caídos mientras que Lake está destinado a realizar un milagro que cambiará la vida de una joven y moribunda pelirroja. Y aquí la cosa se empieza a poner ya más rara.
Injustamente maltratada por la crítica, Cuento de Invierno es el debut como director de Akiva Goldsman, prestigioso guionista que está detrás de piezas tan infumables como los Batman de Schumacher como de Una mente maravillosa (por la que ganó el Oscar), El código Da Vinci o una docena de episodios de Fringe, entre muchas otras. Y a mi parecer se lleva el gato al agua con secuencias visualmente muy hermosas y una narración acertada (toda confusión inicial se disipa por el paso de los minutos), por más que en ocasiones abuse de planos demasiado forzados, muy fotográficos o “de posturitas”.
En el apartado interpretativo el peso se lo reparten Colin Farrell (del que ya he dicho que encuentro algo cansino cuando ejerce de protagonista) y Russell Crowe (con un papel que recuerda demasiado a su Javert de Los Miserables), aunque Jessica Brown Findlay brilla con luz propia (solo se le puede acusar de deslumbrar demasiado para representar que la muerte le ronda, aunque eso no es culpa suya) y las aportaciones breves pero interesantes de Jennifer Connelly, William Hurt, Graham Greene, Kevin Durant, Will Smith y ¡atención! Eva Marie Saint (sí, la veterana estrella de Con la muerte en los talones).
Me resulta muy curioso (incluso arriesgado) el ofrecer hoy en día un título tan “espiritual” como este, que hable de milagros con total normalidad y que aunque evite referirse directamente a Dios (supongo que para hacerla más universal en estos tiempos de Fe inestable), con explicaciones como “el Universo nos protege a todos”, las alusiones no engañan a nadie. El amor vence al odio. El bien al mal. Y Dios al Diablo. Así son las cosas.
No voy a ensalzar la película hasta considerarla una obra maestra, pero sí la defenderé sin miedo por atreverse, pese a sus evidentes deficiencias, a emocionar, a provocar un nudo en el corazón y humedecer en más de una ocasión los ojos.
Tanto es así que me atrevería a asegurar que, si hubiesen sido un poco más arriesgados y hubiesen apostado más en la promoción de la película y su temática fuese navideña (parte de la acción trascurre alrededor de Fin de Año, pero no hay ninguna alusión directa a la Navidad), esta merecería ser el Qué bello es vivir del siglo XXI.

Ahí lo dejo.

domingo, 8 de septiembre de 2013

CAZADORES DE SOMBRAS: CIUDAD DE HUESO (6d10)

Llevábamos ya unas semanitas sin nuestra ración crepuscular en los cines, y tras los discretos estrenos de Memorias de un zombie adolescente, Hermosas Criaturas o The Host (La Huesped) llega el turno a la producción más ambiciosa de todas, nacida descaradamente con el propósito de dar pie a una saga (el título y subtítulo ya lo reflejan claramente) y con los mismos componentes que la maldita Crepúsculo que tanto daño ha hecho al mundo del cine (aunque sé de millones de adolescentes que no estarán para nada de acuerdo conmigo). Repasemos: está basada en una novela (curiosamente la autora, Cassandra Clare, es también mujer), protagonizada por una chica joven, hay triángulo amoroso, elementos sobrenaturales y drama y al final todo se reduce en la lucha del bien contra el mal. Más claro, agua. Con semejante entradilla parece que lo más lógico sería huir corriendo del cine pero, una vez más, como ya ocurriera con los zombies y los aliens enamorados, la copia (el libro se publicó por primera vez en 2007, dos años después de Crepúsculo) supera a la original. Y me refiero, claro está, a la película, cuya fidelidad con respecto al libro no voy a valorar ya que no he leído la novela en la que se basa y espero poder morir dentro de muchos años sin cambiar ese hecho.
La cosa, como vais a comprobar, no tiene nada de original. Una muchacha, al llegar a la adolescencia, detecta fenómenos extraños a su alrededor. Las cosas no son lo que parecen y descubre que debe cargar el peso de una herencia genética especial y que la salvación de la humanidad (o de sus amiguetes, tampoco nos pongamos tan trascendentales) está en sus manos. Vamos, como Harry Potter, Percy Jackson… Mira que hay madres embusteras por la vida, ¿eh? El caso es que cuando descubre que ella es, en realidad, una Cazadora de sombras no tiene más remedio que entrar en el juego y luchar contra brujas, demonios y vampiros (los hombres lobo, parece, son de momento aliados), sobre todo porque la vida de su propia madre está en juego. Junto a ella, claro está, su mejor amigo, ese que todo el mundo sabe que está enamorado de ella menos ella. Y sus nuevos compañeros Cazadores no podrián ser gordos frikis llenos de granos adictos a los videojuegos de Dragones y Mazmorras, como sería lógico, sino buenorros de pecho depilado y porte angelical. Así que ya tenemos conflicto amoroso, que en este caso va un paso más allá que sus predecesoras y se atreve a tocar temas tabús como el amor homosexual y el incesto.
Al frente de todo esto se encuentra Harald Zwart, un director cuyos mayores logros son La pantera Rosa 2 y The Karate Kid, mientras que el guion corre a cargo de la propia Clare junto a Jessica Postigo, autora de… de… Bueno, este es su primer guion, a decir verdad, pero en breve parece ser que tendrá listo el libreto de la continuación de la saga (¡Que Dios nos coja confesados!)
Ante tal panorama, cuesta creer que haya algo en la película, aparte de las fans que pueda arrastrar la novela, que llame la atención, amén de su reparto, donde destaca la casi omnipresente Lily Collins (conocida tanto por ser la Blancanieves que le toca las narices a Julia Roberts como por ser la niñita de papá Phil) acompañada de Jamie Campbell Bower (que se ha paseado por tres Crepúsculos, dos Harry Potters y ha sido el Arturo de Camelot) y Robert Sheehan (el más insoportable de la pandilla de Misfits), actores jóvenes pero con algo de currículo, aunque como suele ser propio de estas producciones, la calidad real la aportan los secundarios, donde destacan Kevin Durand, Jared Harris, Jonathan Rhys Meyers y, sobre todo, Lena Headey, que aunque parezca huir de su personaje de Juego de Tronos se está encasillando demasiado en su papel de “madre coraje” (Las crónicas de Sarah Connor, The Purge: la noche de las bestias).
Ante este puzle tan variopinto, lo mejor que se puede decir de la película es que entretiene, manteniendo correctamente el equilibrio entre la acción y el drama, dando tiempo suficiente a los personajes para demostrar sus debilidades y evoluciones (el precio a pagar por ello es alto: más de dos horas de duración), siendo completamente sincera en su propuesta pero enfocando más el punto de mira en la lucha contra los demonios que en los asuntos de corazón, que saben mantenerse siempre latentes pero en un sabio segundo plano. Tanto es así, que en ocasiones parece que estemos más ante una versión más adulta de Harry Potter (el uso de la magia, el diseño de la iglesia-escuela, las espadas…)
No va a convertirse esta saga en un clásico del cine contemporáneo, ni Ciudad de hueso nos va a dejar impacientes ante el estreno de su secuela, como sí está pasando con la odisea de Los Juegos del Hambre (claro que Jennifer Lawrence juega en otra liga), pero al menos servirá para demostrar que se puede hacer un cine destinado a adolescentes sin que tenga necesariamente que insultar su inteligencia, creando además una mitología propia en lugar de destruir absurdamente leyendas ancestrales. Sólo llegando al final, quizá por miedo a alargar más aun el metraje, se nota una cierta precipitación, hasta el punto que el destino de algunos personajes queda un poco desdibujado, dejándolo a nuestra imaginación. Pero bueno, para eso están las secuelas.

Y debo advertiros que sólo de novelas hay la friolera de doce, así que si el público responde, hay Cazadores de sombras para rato.